7 HISTORIA DE POBLET por Dom Bernardo Morgades, S. O. Cist, Monje del mLimo Monasterio PRÓLOGO POR El, Ilmo. Sr, Don Felipe Bertrán Güell rara W M C M X L V I I I BARCELONA i Selección fotográfica de I Alberto Balcells Gorina PRÓLOGO Pronto cumplirá el lustro de cierta mañana de invierno, en que se visitaba el Monasterio de Poblet, acompañado de uno de mis hijos. Sobre las lápidas sepulcrales de los viejos Abades, situadas en los restos de lo que fué Sala Capitular, adquiría con mi propia conciencia compromisos materiales y espirituales a muy largo plazo. Quién me iba a decir que aquel paseo matinal, entre curioso y artístico, había de producirme la profunda impresión que tanto había de influir en la orientación y disciplina de mi vida futura. Es, sin duda, una de las gracias mayores que debo al Creador, después del don de la Fe, único y verdadero consuelo en tantos trances duros que la vida nos proporciona. No era para mí nuevo ese Monasterio ; como todo buen catalán, lo conocía desde mi infancia... pero, ¿cómo comparar el Poblet anterior a la guerra con el actual? No dejes, lector, de visitarlo ahora, cuidado de nuevo solícitamente por los Monjes del Císter, pues, aparte de su aspecto artís¬ tico de siempre enaltecido por tantos antiguos y modernos historiadores y filósofos, apreciaréis el admirable esfuerzo de una Comunidad que con¬ serva en él las huellas vivientes del pasado, recordándonos tantos hechos gloriosos de nuestra historia, que constituye perenne atractivo para nosotros. Estos Monjes, merecedores seguros del premio que para la eternidad tenemos prometido ; por su vida de sacrificios sin límites y por su renuncia voluntaria a las riquezas, placeres y libertades del mundo, no se confor¬ man con ser monjes de trabajo y oración: sus horas libres las dedican a estudios profundos, dando en todo tiempo verdaderos santos y sabios a la Iglesia Católica y a la humanidad entera; de allí saldrán nuevamente (como de nuestro querido Montserrat) eminentes teólogos, historiadores, filósofos e investigadores de las ciencias humanas y divinas. Que la Ciencia y la Historia puedan otra vez volver a disfrutar de la profunda y sabia preparación de estos Monjes; y si el fruto es producto de la alta jerarquía espiritual y del rendimiento de sus cerebros, sea este libro, basado en un tema de poca novedad, pero de constante actualidad, el galardón más preciado de su valer, pues hoy con esta obra coronan el esfuerzo intelectual de primeros años. sus Del mérito de esta obra juzgarán por sí mismos los lectores. De las virtudes y dotes del Autor me correspondería hacer su relato; pero, te¬ niendo en cuenta su modestia y su firmísimo propósito de que en aquella Casa no se atribuyan méritos personales, sino todos a la Comunidad y a la Orden en general, sólo diré que, después de tratar varios años y en momentos, algunos de ellos bien difíciles, a Dom Bernardo Morgades, a través de todos sus actos, no he visto en su alma más que el reflejo de dos grandes ideales: JESUS... y Poblet. * * ♦ En esta vida, cada uno interpretaa su modo y, generalmente, de la manera más cómoda posible, los límites de lo permitido y de lo prohibido, del deber y del capricho. Es grave e imperdonable legítimo beneficiario y poseedor error creerse de los bienes materiales, por mucho esfuerzo que haya costado el adqui¬ rirlos; o por muchas que sean las generaciones de su casa que los vengan disfrutando. Nada somos y nada poseemos en verdad; administramos, cir- cunstancialmente, unos caudales por designio divino ; y cuanto mayor es ese caudal que custodiamos, más cuidado debemos poner en el uso que de él hacemos acudiendo en remedio de los necesitados, con caridad evangé¬ lica y con cautela ; poniendo también en su reparto y en su aplicación a los diversos fines que nos recomiende la Iglesia, toda nuestra inteligencia y corazón. Es ley moral histórica, no obstante, que los hombres de doctrina sean ayudados por hombres de acción, por aquellos que anhelan que su paso por el mundo les permita poder dejar alguna estela que refleje los actos de su vida para ejemplo de sus sucesores y el bien de los que les sigan, estando dispuestos,para conseguir, a luchar, padecer lo que sea preciso, lo que el Creador les imponga, y algunos de esos hombres han de prepararse de nuevo a esta lucha por el bien, pues no ha de tardar mucho tiempo en que la Orden del Císter constituya legalmente la Congregación española y será entonces el momento más oportuno para solicitar del Gobierno del Caudillo la devolución y Monasterios de que fueron despojados, retorno de aquellos entre los cuales, el primero deberá ser el Real Monasterio de Santes Creus. Que el pasado de las Ordenes religiosas en general y del de la del Císter en particular, sea la raíz y tronco del árbol divino que, copioso de frutos de ciencia y santidad, crezca de nuevo en nuestro solar, como en sus más gloriosos días pasados. Que las clases pudientes y los cerebros capacitados lleguen a cumplir su verdadera misión social y practiquen esta doctrina de vida, para el mayor bien de su Iglesia y para la paz del mundo que tanto necesita y exige de una manera perentoria la práctica de esta norma universal de conducta en las clases rectoras de la sociedad y de las naciones. Felipe Bertrán v Güell P A X Ty^ARIOS amigos y bienhechores del Monasterio de y Poblet, acabado de restaurar monásticamente, nos ma¬ nifestaron el deseo de conocer su historia por medio de uno de sus monjes. Accediendo a estos deseos, hemos compuesto esta Historia de PobeET, en la que trazamos mía visión de conjunto de lo que fué nuestra Casa en sus siete primeros siglos de vida monástica. Y plácenos hacer constar en las primeras líneas de esta advertencia preliminar que nuestra modesta obra ha sido posible llevarla a término gracias a la generosa ayuda que hemos enctíntrado en don Francisco Vives Oller, Mecenas de la restaurctción del Cenobio, y miem¬ bro de la Hermandad de Bienhechores de Sctnia María de Poblet, al que desde estas páginas rendimos el homenaje de nuestro cordial agradecimiento. Esta obra no es la historia de Poblet, ni tan siquiera es una síntesis del pasado maravilloso de nuestra - Casa. Es, propiamente, un fruto no bien sazonado de tres años de la¬ bor en nuestro archivo, de estudio de nuestros magníficos escritores del tiempo brillante y fuerte de nuestra Confede¬ ración y aun de todas las épocas subsiguientesla funda¬ a ción de Poblet (1151). Es fruto no bien sazonado, porque la restauración motnústica del Cenobio, la solución de las 8 HISTORIA DE POBLET dificultades inherentesa aauella y la formación propia y de nuestros jóvenes hkün arrastrado nuestros principales es¬ fuerzos y atenciones. ' Favorece, además, a la pequenez de la obra im¬ y- a su perfección, el hecho de que nuestro archivo de Poblet in¬ completo — el mayor y mejor fondo está en Madrid —, 110 ha podido ser debidamente consultado. Y" esta es- difi¬ cultad tanto más grave cuanto que la vida y actuación de nuestra Casa fué tan exuberante y potente que dió lugar a una expansión tcti ramificada que alcanza la vida de la Orden, de la Iglesia, del Estado y de toda la Sociedad, creando con ello un archivo particular ingente y dejando, ¡ras de sí, a medida que los siglos sucedían, tantas hue¬ se llas en ajenos archivos que no permiten escribir nuestra historia sin acudir a todos ellos. Por esta causa no pocos hechos quedan completamente desconocidos, otros palidecen bastante y otros, en fin, quedan en unasemiobscuridad, tan¬ to más penosa cuanto que se adivina próxima la luz docu¬ mental. Con todo, hemos escrito con amor y con trabajo este opúsculo de divulgación. Ante el'hecho de la ruina material del Monasterio caído y ante el desastre moral — leyenda negra — subsiguiente a aquella y que persiste gracias a escritores que no com¬ prendieron la grandeza espiritual de nuestros antepasados, hemos estudiado la magnífica aunque incompleta documen¬ tación de nuestro archivo doméstico, y la historia de la Or¬ den en el mundo, en nuestra patria y en Poblet, la biblio- pax 9 grafía abundante que las estudia y sus relaciones con toda la sociedad de aquellos tiempos, nos han llei-adto a la con¬ clusión de que Poblet fué grande materialmente, porque lo fué espiritualmente, monásticamente. La grandeza de Poblet debe hechos no se a políticos, ni a intervenciones sociales o militares, unas y otras más o me¬ nos acertadas, sino que se debe al cumplimiento de la Regla de San Benito', a la adhesión al espíritu del Cister, a la unión inquebrantable a los Poderes Supremos de la Orden —■ Abad General y Capitulo General — que evitaron la ca¬ rencia de vocaciones, la peste de los Oíbades comendatarios A' el aseglaramiento que esteriliza todas las magnificas rea¬ lidades monásticas. A esta convicción adquirida por el estu¬ dio de las fuentes que nos han sido de posible acceso, corres¬ ponde el plan dado a trabajo, que prácticamente tiene este dos partes: una histérico-cronológica y otra que estudia, las actividades más bellas y propias de la vida mdnástica. No hemos adornado este libro con notas bibliográficas, arqueológicas o archivisticas porque la obra no va dirigida a los estudiosos que desearían consultar las fuentes de las que mana la iterdad de nuestras qtserciones, sino a los amigos y bienhechores y al gran público que ama a Poblet, porque en él ve el alma, el corazón y el edpiritu cristiano de mnestra tierra. Para otro día, si Dios nos lo depara, dejamas la obra monumental y critica de da Historia de Poblet. Asi que, antes de comenzar, considere y tenga en cuenta el lector de este esbozo de Historia de Pobeet que ésta no es obra grande, ni definitiva ; ni se presenta con pretensiones 10 HISTORIA DE POBLET criticas o útil para consulta, sino una divulgación de lo que fué la gran Casa Cisterciense: una institución monástica venerable y siempre modélica y ello en grado tal que todo su esplendor externo, político, artístico cultural es fruto y de aquella vitalidad cisterciense, profundamente sentida y vi¬ vida durante siete siglos por nuestros monjes, hasta la trᬠgica destrucción de 183^. Si el lector va con estas disposiciones de alma, damos por útil su lectura y el haberla escrito. FUNDACION El siglo XIICruzadas, de lasfué la edad heroica la Caballería fué,, aldemismo pero feudal y tiempo, la edad heroica del fervor religioso medieval que cubría de nuevas órdenes monásticas la Europa católica. Desde fines del sigloxi, San Esteban de Auvernia había comenzado en la ciudad de Muret el Instituto de Grandmont (1076) ;■San Bruno, canónigo de Reims, huyendo del mun¬ do y de las dignidades eclesiásticas, se había retirado en 1086 a las soledades de la Chartreuse, donde, siguiendo los consejos de San Roberto de Molesmes —• según opinan algunos historiadores — fundó su fervorosísima Orden ; más tarde, en neo, Roberto de Arbrissel, superando enor¬ mes dificultades, creó la Congregación de Eontevrolt y una década después Vital de Saint Evroul la de Saviguy, mientras el alemán San Norberto fundaba en 1121, en las Selvas de Coucy, la Orden de los Canónigos Premonstra- tenses y en Italia se multiplicaban las no menos ilustres familias benedictinas de Valumbrosanos y Motntevérgine. Pero a todas superó, ya en aquella misma época, la Orden de Citeaux. Hablemos poco de ella ya que nuestro Poblet un es un retoño de la misma, fundado en los tiempos del gran esplendor cisterciense. 12 HISTORIA DE POBLET San Roberto había fundado 1075 el Monasterio de en Molesmes, en el que implantó el primitivo fervor benedicti¬ no, pero pronto las demasiadas riquezas le hicieron caer en la relajación. San Roberto resistió cuanto pudo aquellas corrientes antimonásticas ; de aquí cierto malestar y des¬ contento entre los que preferían una vida más fácil. Este malestar fué en aumento hasta culminar en abiertas des¬ obediencias y rebeliones contra el Santo Fundador. Acosado éste por un deseo profundo de vida benedictina y alentado por algunos de sus súbditos, resolvió con ellos abandonar un lugar que no correspondía a sus nobles aspiraciones. Auto¬ rizados por Hugo, Legado de la Santa Sede en Francia 3" Arzobispo de Lyón, partieron a principios de 1098, no lle¬ vando consigo más que los ornamentos y vasos sagrados para la celebración del Santo Sacrificio y un Breviario para or¬ denar el Oficio Divino. Fos fugitivos eran en número de veinticinco y entre todos se distinguían, por sn virtud, fer¬ vor monástico y formación cultural, San Roberto, San .Al- berico y el inglés San Esteban Harding, que fueron el alma V los padres de los benedictinos blancos. Paróse la piadosa comitiva de desterrados voluntarios en los bosques de Citeaux, lugar bravio, cubierto de bosques, erizado de malezas, siempre desierto de hombres y habitado por las fieras. Después de haber arrancado algunas malezas y árboles, levantaron unas humildes chozas, alrededor de un pequeño y sencillo Oratorio, todo con permiso del Obispo de Chalons y del Vizconde de Fa Beaume, a quien pertene¬ cían aquellas tierras. Fn el original, se lee a continuación lo FUNDACIÓN 13 que sigue : «Hicieron soios, sin concurso de nadie, la dedi¬ cación de aquel pobre Monasterio el día 21 de mayo, fiesta del Patriarca San Benito, que aquel año era Domingo de Peamos. Las dificultades comenzaron a llover copiosamente sobre la insignificante semilla acabada de plantar». Fué la primera, que los Monjes de Molesmes obtuvieron delPapa Urbano II un Breve por el cual se obligaba a San Roberio a regresar a su primer monasterio. Fste obedeció con humilde sumisión y, habiendo devuelto al Obispo de Chalons el báculo pastoral algunos meses que un año y antes había recibido de sus manos, fuése a Molesmes con objeto de tomar otra vez su antiguo cargo. Murió el año 1110. Sucedióle en Citeaux San Alberico, el cual envió inme¬ diatamente dos monjes a Roma para poner la naciente Orden bajo el poder pontificio. Pascual II, que hacía poco ocujaaba el Solio papal, les atendió benignamente y por letras apos¬ tólicas de 1100 les concedió todo cuanto pedían y pronunció sentencia de excomunión contra todos cuantos atentaran contra la nueva Abadía, aunque fuesen Arzobispos o Em¬ peradores. Apenas el Abad Alberico hubo recibido este Pri¬ vilegio insigne, se aplicó con todo su ardor a la estricta observancia de la Regla de San Benito, rechazando todo lo que en la comida, el vestido, en los usos y costumbres era contrario a su recto y tradicional sentido. Dió a sus coher¬ manos un hábito blanco, por mandato recibido de la misma Virgen Santísima. Así lo afirma una venerable tradición que se remonta al mismo siglo xii y que ya aparece escrita en el mismo. El gran medio de santificación sería la vida litúr- HISTORIA HE POBLET gica — el «Opus Dei» —• y el trabajo manual e intelectual, tomado como «lectio divina», a los que se dedicaron aque¬ llos santos con gran fervor, como lo prueban sus magníficas empresas de colonización agrícola los bellos trabajos de y San Esteban Harding, San Bernardo y de los innumerables autores y copistas de libros, pues es bien conocido el empuje que a esta labor manual dieron ya en aquellos primeros años. Para más libremente la vida vacar litúrgica, admitieron a monjes conversos que, sin llegar al sacerdocio y practicando la misma vida de santificación y participando de los bienes espirituales y temporales de la Orden, se dedicasen con más intensidad al trabajo manual. Esta organización ■— reseñada muy por encima —■ fué perfeccionada y completada por la cabeza creadora del Císter, San Esteban Harding. San Esteban tal vez por intnición sobrenatural — pre- — vió que los Monjes blancos aumentarían extraordinariamente y qne los Monasterios serían numerosísimos — con la venida de San Bernardo había sido posible abrir cuatro filiales de Citeaux — por lo cual sería necesario un vínculo que los uniese a la Casa Matriz de todos. Cluny había ya introdu¬ cido la Confederación de todos los miembros entre sí, por el lazo de la unidad y de la dependencia. San Esteban añadió el Capítulo General, cada año, y la Visita Regular hecha por el Abad Padre a los Monasterios filiales. Capítulo Al General debían asistir todos los Abades y se admitían los Obispos que eran Monjes de la Orden. Así, la vigilancia mutua, la rendición de cuentas de la Administración, el examen de la disciplina, corrección de abusos, eran otros FUNDACION 15 tantos medios de conservar el primitivo fervor. Nunca el benedictinismo se había presentado tan fuerte y compacto. El conjunto de Estatutos en donde están contenidas tan sabias disposiciones, fué la llamada «Carta de Caridad». Esteban la presentó a sus hermanos en el Capítulo General de II19 y el mismo año Calixto II, Sumo Pontífice, que se encontraba Erancia, la aprobó, lo mismo que el «Libro en de los Usos» y algunas otras disposiciones. Por esta Constitución, una de las más bellas creaciones medievales, la Orden Cisterciense estaba organizada defini¬ tivamente- San Esteban pudo abandonar con gozo este valle de lágrimas el día 14 de marzo de 1134, dejando fundados al morir más de ochenta Monasterios. La admiración que despertaba la nueva Orden de los Cistercienses crecía de día en día, de suerte superada que, por la entrada de San Bernardo y sus compañeros la crisis primera de vocaciones, no cesó la Orden de aumentar y expansionarse tan prodigiosamente que será difícil d4f con otro caso parecido en la Historia de los grandes movimien¬ tos monásticos. Reyes, Príncipes, Papas, Prelados, grandes y poderosos señores, deseosos de dotar a sus tierras y sub¬ ditos de excelentes fuentes de santidad, civilización y cultura cristianas, llamaban a los Cistercienses para que llenasen mediante la fundación de Abadías aqnel objetivo. A su vez, los pueblos, los Papas y reyes arrancaban no pocas veces a aquellos santos Monjes —■ que nunca se opusieron a la vida de apostolado — de sus claustros para ponerlos al frente de la Iglesia, del Colegio Cardenalicio y de las Sedes Episco- 16 HISTORIA DE POBLET pales. Recordemos a San Eugenio III, a San Juan de Bon- neval, Hugo de Pontigny en Auxere, al Beato Otón de Mo- rimond, obispo de Frisingen, San Amadeo de Hautecombe, de Lausana, y tantos otros. No pocas Congregaciones abandonaban sus antiguas ob¬ servancias para adherirse a Citeaux. Ya en 1148 el Papa Eugenio III, presidiendo el Capítulo General había unido bajo la filiación de Citeaux la Congregación de Obazine y bajo la de Claraval toda la Orden de Savigny. LosTemplarios pidieron a los Cistercienses la legisla¬ ción que les informó siempre y las principales Órdenes Mi¬ litares de España y Portugal son tan cistercienses que aun su profesión y hábito es de la Orden, además de la legis¬ lación. Además, los Papas y los reyes eligen —■ dada la perfecta formación que recibían aquellos benedictinos blancos — para sus legaciones, embajadas y empresas eclesiásticas a monjes cistercienses y en el Concilio cuarto de Letrán se decide que, para trabajar más eficazmente en el mantenimiento de la disciplina monástica, se celebren Capítulos Generales a imitación de los cistercienses y bajo la dirección de los Aba¬ des Generales de aquella Orden. « * « De esta nuestra Orden magnífica y de la filiación de Claraval —• mediante Fontfroide — vinieron a Poblet los doce Monjes que lo habitaron y fundaron a petición de Don Pamies-Vtg) ~S£ti:- ¿sí ijissfi, 2î£e ¥ ^^dbS%-5Xî§or:i.ni .^-nrlásssM ~^áfc-^. ™.^vv. ^ jf, :«»•?-í4«. =- ' ' ■• W'-&.: i.'ií·- • A LAS PRIMERAS VOCACIONES El, cipios. éxito deLatodas las grandes constancia, energía depende de susaquellos- obras tenacidad y prin¬ en momentos delicados suelen ser siempre las bases fundamen¬ tales sobre las que se asienta su grandeza posterior. Poblet, en este primer cincuentenario de su vida, hubo de pasar dificultades duras, pero contó con Abades emi¬ muy nentes, vocaciones decididas y la voluntad práctica y firme de realizar en elevada escala el idéal cisterciense el Ceno¬ en bio recién fundado. Como consecuencia, se atrajo la admira¬ ción y el amor de reyes, príncipes, personas de alta alcurnia y aun del pueblo humilde, que ayudaron con aportaciones y donaciones de todo orden al Monasterio, ofreciéndose, en muchos casos, como Hermanos de la Orden. Aquellos Monjes venidos de la casa madre de Fuenfría- vivían la vida cisterciense toda en su plenitud y pureza, pro¬ duciéndose en nuestra tierra el mismo fenómeno de admira¬ ción y entusiasmo que en otros países. El Císter aparecía como el mejor camino del servicio divino, de la Iglesia y de la humanidad. En pos de este ideal, vióse a los hijos de las más relevantes familias, de nuestra nobleza pedir a aquellos santos Monjes la gracia de ser admitidos en el claustro y ves¬ tir la blanca cogulla de los hijos de San Bernardo. Documen- 32 HISTORIA DE POBLET tos existentes en nuestro archivo, firmados por los Monjes que integraban la Comunidad en aquellos primeros años, nos dan una lista harto incompleta, porque hay décadas enteras sin ningún documento escrito, pero los conservados son su¬ ficientes para darnos a conocer los nombres de los primeros Monjes de Poblet, que fueron el punto de pai'tida en su mar¬ cha ascendente hacia la plenitud. He aquí algunos nombres ilustres de estos primeros Monjes : Arnaldo de Artesa, Berenguer de Concabella, Ber¬ nardo de Portaregia, probable arquitecto de las grandes construcciones primitivas ; Arnaldo Oñaler, San Bernardo de Alcira, príncipe moro. Monje y mártir canonizado por la Iglesia Guillermo de Gualter, Gerardo de Alentorn, ; Bernardo de Sant Martí, don Fernando de Aragón, hijo de don Alfonso II el Casto ; Arnaldo de 'Carcasona, Gerardo de Maldá, Gaufredo de Rocaberti, primer Abad de Piedra ; Guillén Rostany, Odes de Trens, Ramón de Rivelles y Ra¬ món de Alós, por no citar otros muchos que podríamos añadir. El promedio de Monjes que en aquellos cincuenta años iniciales integraba nuestra Comunidad era de unos ochenta a cien, especialmente en la última década del siglo xii. De ha¬ berse seguido la costumbre de registrar todas las vesticio- nes y profesiones habidas desde un principio, ofreceríamos catálogos completos, que nos darían el movimiento del perso- sonal monástico, pero esto no se hizo hasta muy entrado el siglo XV, en tiempos del Abad Payo Cpello, 1480-1498. Difícil es fijar la fecha de estas primeras vesticiones y fundaciones ; la documentación correspondiente ha desaparecido en su to- Claustro, sobreclaustro y Cimborio. (Polo A. Balcells) LAS PRIMERAS VOCACIONES 33 talidad. Gon todo, la lectura atenta del Padre Finestres, au¬ tor doméstico y concienzudo indagador que ha podido formar catálogos preciosísimos, aunque incompletos, copiando los nombres de los firmantes de documentos que tuvo a la vista, nos da alguna idea de lo que afirmamos. Aunque muy defi¬ ciente, esta serie de nombres da idea del entusiasmo y admi¬ ración que en todas las clases sociales de nuestra tierra sus¬ citó el nombre del Císter y de Poblet. Aquella afluencia de vocaciones permitió a la joven institución tomar rango de gran abadía. Por otra parte, los primeros Monjes, pertenecientes, los más de ellos, a familias nobles, eran una de las bases más firmes que cimentaron el prestigio y el porvenir econó¬ mico de la Casa, mediante sus aportaciones. Así vemos que Arnaldo Ostaler lega, al entrar monje, un campo y una huerta en Vimbodí ; Gerardo de Alentom cede una viña Fspallargues, en el año 1154 de la Encar¬ en nación, a 4 de las calendas de septiembre ; los dos hermanos Bernardo y Berenguer de Cervera ceden un molino con su término, la viña de Matacarnera, la mitad del derecho y alo¬ dio que poseen en Vilagrasa y doscientos sueldos censuales dentro de los términos de Cervera y Vilagrasa. Hay otras ofrendas más humildes más importantes aun, hechas por o los profesos movidos por el amor al Cenobio, que, consigna¬ das en el testamento que el nuevo Monje hacía al profesar, constituían verdaderos títulos de propiedad para la Casa. Ya en estos primeros años se hace distinción de las tres categorías completamente diferentes de miembros que inte- 34 HISTORIA DE POBLET graban la Comunidad : Monjes, Conversos y Donados. Más tarde habremos de consignar otra, los Oblatos, niños ofre¬ cidos por sus padres a Dios y al Monasterio. Eran Monjes los que, después del noviciado y emitida la profesión solemne, aspiraban al sacerdocio, dedicando la parte principal de su vida al servicio divino, al estudio y al trabajo manual, construcciones y cultivos de los campos. Documentalmente es difícil hablar de los Conversos, puesto de ordinario la documentación sólo se refiere a que Monjes, sin precisar otras particularidades. Nos consta, em¬ pero, de un Bernardo de Manresa, que manifiesta expresa¬ mente al entrar en el Monasterio la voluntad de ser Conver¬ so impone la conclusión de que la tal categoría existía ; y se por el hecho de que para ella se fijan reglamentos que les prohiben, entre otras cosas, comunicar con las otras catego¬ rías que integran la Comunidad ; tienen coro aparte, duer¬ men, comen, trabajan y tienen locutorio distinto. Estos hom¬ bres dedicados a su santificación, al trabajo manual, a obras de construcción o a cultivar las tierras del Cenobio encubrían a bajo apariencias humildes, nombres ilustres de mag¬ veces, nates, guerreros, artistas, hombres de Estado y de negocios, que la virtud ocultaba. Formaban parte del Monasterio, también como miembros del mismo, otra suerte de personas, los Donados. Estos, si bien no eran Monjes, ni tan siquiera Conversos, pues ningu¬ na profesión monástica los unía a la Comunidad, participa¬ ban, con todo, mediante una promesa de obediencia, de todos los beneficios espirituales del Monasterio, pues eran consi- LAS PRIMERAS VOCACIONES 35 derados como miembros hermanos de los Monjes. Había por parte del Donado la voluntad de entrega personal y de bienes que adquiría carácter jurídico mediante escritura de oferta y de aceptación por parte del Cenobio. Veamos como estaban formuladas estas donaciones, fiján¬ donos en la lectura de ejemplar llegado hasta nosotros y un que es, probablemente, el primero que debió extenderse, ya que data de 1153. Dice así : «En nombre de Dios y de la Divina Clemencia. Yo, Gerardo de Jorba, junto con mi mu¬ jer Saurina y mis hijos, por amor de Dios y por las almas del padre y de la madre y mis parientes y en remisión de todos nuestros pecados, hago a ti, Gerardo, Abad de Poblet, y a todos tus subditos en Cristo, monjes y hermanos, según la Regla de San Benito, conforme a las instituciones de la Orden Cisterciense, esta Carta de Donación, para que ten¬ gas y poseas tú y todos tus sucesores, que en dicho Monas¬ terio de Poblet sirvieren a Dios y a su Bienaventurada Madre la Virgen María, aquella torre que está entre Alcarraz y Fraga, sobre el camino real que también se llama torre de .Avinganya ; conviene a saber, con toda la heredad y pertenen¬ cia que me competen. Y para que la tengáis libre y franca, en honor de Santa María de Poblet ; hago esta sefñal y por mi mujer y por todos mis hijos de espontánea voluntad y de mi propia mano. Y para que este donativo tenga mayor fir¬ meza, me doy a mí mismo, a mi mujer y a mis hijos en vida y en muerte a Dios y a la Bienaventurada Santa María de Poblet, en vida para amar y servir, y en muerte para la sepultura. Cualquiera empero que intentare romper esta Do- 36 HISTORIA DE POBLET nación ora fuera extraño, ora fuera de los míos, sea exco¬ mulgado siempre. Hecha la carta, año de la Encarnación para del Señor, 1153, el día antes de las calendas de diciembre. — Y este el sigfno de Saurina. Sigfno de Gerardo, hijo de Gerardo de Jorba. Sigfno de Guillén de Alcarraz. Sigfno de Bernardo de Pujalt. Sigfno de Guillen de Cervera. Sigfno de Arnaldo de Montoliu. Sigfno del Maestro Pedro, que escribió esta carta, mandándolo el señor Gerardo de Jorba. A su vez, el Monasterio aceptó a dicho don Gerardo de Jorba, a su mujer y a sus hijos, como Donados, mediante una escritura que todo el Con¬ firma el Prior Grimoaldo y vento. Son dignos de atención los párrafos siguientes de esta escritura : aTe recibo Gerardo de Jorba, con tu mujer e hijos, así en vida como en muerte, para que seas hermano de todos los monjes de la Orden Cisterciense : digo para que seas hermano y participante de todos los beneficios de nuestra Orden, en vigilias, en ayunos, en oraciones y limosnas, en misas y sacrificios. Además de esto establezco, que a ti, a tu mujer y a tus hijos, siempre en vida mía y de todos mis sucesores se os señale un monje sacerdote. Establecemos también hacer perpetuamente un aniversario después de tu muerte y de tu mujer y de tus hijos, en el Monasterio de Poblet, por todos vosotros, del mismo modo que por los hermanos y monjes de nuestra Orden. Hecha la recepción, año de la Encarnación del Señor 1153.» Eran, por tanto, cristianos piadosos y amantes del san- Claustro de S. Esteban. Emplazamiento del primitivo Poblet. Siglo Xll. (Fou> Qarcia-Nieio) Ábside de la Iglesia. Capitel. Siglo XII. (Foto Garcia-Ntcto) LAS PRIMERAS VOCACIONES 37 tuario que por hallarse atados por el vínculo matrimonial, no podían ofrecerse como monjes, pero prometían solemnemen¬ te obligarse ellos y sus bienes o parte de los mismos, en ser¬ vicio de Santa María de Poblet, residiendo en el mismo y trabajando para su mayor prosperidad. A esta donación de la casa de Jorba siguieron otras muchas de magnates y baro¬ nes de Cataluña ; en 1163 es don Guillermo de Cervera con su esposa Hermisenda quien se dona a Poblet ; en 1182 un Boixadors, señor de Fulleda ; en 1183, don Bernardo de An¬ glesola y varios miembros de las casas de Queralt, Guardia, Cardona, Bellmunt, Cabrera y otros muchos que podríamos entresacar de nuestro Cartulario más viejo, providencial¬ mente salvado y publicado. La institución de los Donados prolonga a través de los se siglos hasta los mismos días de la destrucción, contando no pocas veces con personajes que fueron honra del Cenobio, como los doctores Fernós y Peña, que acabaron vistiendo la cogulla monacal y murieron en olor de santidad y fueron causa eficientísima del prestigio de Poblet y apoyo de su vida económica ; por esto damos más extensión al describir esta clase de personas que se integraban en el conjunto del Monasterio. Monjes, Legos y Donados ; he aquí las tres clases que integrarán la Comunidad hasta los días de su destrucción y que vuelven a integrarla al restaurarse la vida monástica de nuestra Casa. A estas tres clases hay añadir los niños oblatos de los que que ya antes se hizo mención. Recordemos aquel Infante, 38 HISTORIA DE POBLET hijo de don Alfonso II de Aragon, llamado don Fernando, que entró en el Cenobio a la tierna edad de ocho años, y a no pocos de nuestros Monjes que entraban muy jóvenes ; do- cumentalmente podemos aducir ejemplos de niños de catorce años que ingresan en Poblet y són más frecuentes aun los de quince. LOS ABADES DE ESTE TIEMPO Estos primeros pasos de la joven institución pobletana fueron decididos y trazaron seguir hacia la ple¬ el camino a nitud, a pesar de tiempos fáciles, en los que la prospe¬ no ser ridad material y los hechos y acontecimientos que se des¬ arrollaban en torno al Cenobio, le favorecieran. Ciertamente hallamos días claros, pero damos también con jornadas tris¬ tes, hoscas y aun trágicas. Poblet, durante su primer siglo, tropieza con dificultades muy serias, capaces algunas de ellas de tronchar la flor recién plantada. Los primeros Abades hu¬ bieron de pasar, con sus Monjes, largos años de pobreza y sacrificios, iban más allá de lo que pide la austeridad que benedictina, y persecuciones muy dolorosas, que atemoriza¬ ran al más intrépido e hicieran abandonar la empresa a quien no se hubiera guiado sino por móviles muy superiores. Ade¬ más, los primeros abadiatos de esta época fueron harto cor¬ tos para dejar huella indeleble de un gobierno que supiera orillar estos contratiempos y encauzar las cosas de Poblet. Señalemos como primera dificultad, por creerla mayor. LAS PRIMERAS VOCACIONES 39 la muerte prematura de los Abades que regentaron nuestra Abadía durante aquel primer período de su historia. Cuan¬ do las tierras donadas por Ramón Berenguer IV eran un erial baldío que ningún rendimiento daba, ni tan siquiera la manutención menguada y austera de los Monjes, cuando las construcciones monacales apenas salían a flor de tierra y las primeras vocaciones necesitaban una dirección firme y perseverante, los tres primeros Abades desapare¬ vemos que cen, arrebatados por la muerte, de la Casa que tanto los ne¬ cesitaba ; Dom Esteban y Dom Vidal no alcanzan un bienio (1151-1153) ; Dom Gerardo es elegido en septiembre de 1153 y muere en febrero de 1154 le sucede en marzo de 1154 Dom ; Grimaldo, que dedica toda su actividad a la formación de la joven Comunidad, al progreso de las obras en construc¬ ción y estructura un vasto plan monástico, pero no puede completar su obra, ya que muere en 1160, viendo aumentado aquel Monasterio. En julio del mismo año 1160, designado Abad Dom es Esteban de Sant Martí formado el Abad Dom Grimal¬ por do. Era del país, hombre de grandes cualidades, logra la protección de Alfonso II y marca la impronta de grandio¬ sidad a Poblet ; pero, nacido para grandes destinos, en 1166 es elevado a la Sede episcopal de Huesca. Alto honor ciertamente para Poblet, pero gran pérdida para el Cenobio que en aquellas horas decisivas ve desaparecer a sus grandes figuras. Con todo la Providencia favorece al Monasterio ron un abadiato más prolongado : Dom Hugo, 1166-1181. Obtie¬ ne durante estos quince años de abadiato grandes donacio- / / 40 HISTORIA DE POBLET / nés, protección real y de la nobleza, que empieza a enterrarse en Poblet. Oficialmente el mismo monarca hace un acto por el que designa como lugar de su enterramiento al Monasterio. Dom Esteban Droch, 1181-1185, figura relevante por su actividad espiritual y material, que realiza las primeras in¬ tervenciones político-religiosas encaminadas a pacificar al rey de Aragón y al conde de Tolosa, enemigos irreconciliables, muere el 5 de junio de 1185. Dom Pedro de Talladell le sucedió en el mismo año, impulsó las obras del Monasterio, pero muere en 1187. Dom Esteban tiene el abadiato desde 1188 a Dom Pedro Massanet gobierna durante seis 1190 ; años, 1190-1196, planeando la fundación de Piedra, primera filial de Poblet, 1194. El beato Amaldo de Amalrich sólo puede comenzar con entusiasmo su gobierno en el que se di¬ bujaban vastos planes, dignos de aquel gran hombre, pero en 1198 es arrebatado al Monasterio para comenzar su gi¬ gantesca carrera ; le sucede Dom Pedro de Concabella, que muere en 1204. Resumiendo : en los primeros cincuenta años de nuestra historia, gobiernan el Cenobio once Abades, sin que se logre estabilizar la vida de la incipiente fundación mediante un go¬ bierno largo, tan necesario en aquellas circunstancias, dán¬ dose el caso de que, a la muerte de Dom Gerardo, hubo ne¬ cesidad de enviar más Monjes procedentes de la Casa Madre de Fontfroide. Sólo las grandes cualidades de estos primeros Prelados pudieron compensar lo breve de sus mandatos. Con todo, su actuación fué de gran provecho y marca un ritmo ascendente ininterrumpido en la nueva fundación. LAS PRIMERAS VOCACIONES 41 A esta dificultad vínose a unir otra de consecuencias mu¬ cho más lamentables y que sólo los grandes de la tierra, se¬ cundando los esfuerzos y prudencia de nuestros primeros Abades, pudieron resolver favorablemente. Intentamos hablar de los enemigos de aquel Poblet incipiente. Nuestro Cenobio había sido dotado de tierras y granjas, bosques y montes por Ramón Berenguer IV, tierras éstas- que excitaron con harta frecuencia la codicia de los vecinos de Poblet, gentes humildes a veces, soberbios feudales otras, cuando no se presentaban estos últimos en son de guerra acaudillando sus mesnadas de braceros humildes y siervos de la gleba. Estas luchas contra el Cenobio se prolongan hasta muy entrado el siglo trece, hasta más allá de su se¬ gunda mitad. De todo hay en estos primeros cien años, que van desde la fundación hasta la plenitud de la gran Casa de benedictinos blancos. Ya en primeros días del Cenobio ofrecen las mismas los tierras dificultades, casi insuperables, para su cultivo, por falta de agua, de brazos que las trabajen y por haber sido abandonadas durante largas décadas en las que eran tierras fronterizas sometidas a los rigores y vaivenes de la re¬ conquista. En 1172 las gentes de Vimbodí asaltan, golpean y mal¬ tratan a unos pacíficos Monjes pobletanos que las labraban. Hay encarcelamientos, pleitos y una decidida intervención real que dirime la contienda, sometiendo dicha villa al seño¬ río de Poblet. La loma de Codos es, en otra ocasión, invadida por gentes 42 HISTORIA DE POBLET de la Espluga de Francolí, dirigidas por Raimundo de To¬ rroja ;hieren a algunos Monjes, roban aperos de labranza, caballerías y la cosecha. El Rey interviene ; se celebra un juicio de magnates, los braceros de Espluga son excomulga¬ dos, Raimundo de Torroja y sus vasallos van descalzos hasta el Monasterio en penitencia, ofrecen doscientos sueldos a los pies de Santa María de Poblet y marchan Cruzados a Tierra Santa. Era la edad de oro del feudalismo y estos lances eran frecuentes. Guillermo de Cardona, que antes habíase mostra¬ do con toda su familia decidido protector del Santuario, co¬ mete semejantes fechorías viene al Monasterio y a pedir perdón. Pedro de Anglesola arma sus mesnadas, se pone al frente de las mismas y, atravesando en son de guerra sus tierras de Urgel, entra violentamente en la villa de Verdú, señorío de Poblet. Poco después, arrepentido, se impone la peniten¬ cia de marchar peregrino a Santiago de Galicia, comenzando la ruta penosa en Poblet, donde pide humildemente, en las puertas del Monasterio, ser reconciliado con la Iglesia y la Comunidad. Ante una multitud que actúa de testigo, el Prior claustral le absuelve. Muy de notar es que estos mismos nobles, Anglesolas, Ca¬ breras, Torrojas, Cardonas y tantos otros, son los mismos •que con sus beneficios y donaciones apoyan la naciente insti¬ tución. Quizás su generosidad era el castigo voluntario de sus depredaciones. La impresión que estos hechos trágicos y harto frecuen- LAS PRIMERAS VOCACIONES 43 tes —■ hemos citado los más sobresalientes —, debían de pro¬ ducir en profunda y desalenta¬ aquellos Monjes, había de ser dora. Ver que un día comparecen los Monjes perseguidos, maltratados, robados y heridos, constatar que las tierras del abadiato caen en poder del pueblo o de los magnates, cuando no entraba por la puerta de la Casa Santa, el cadáver ensan¬ grentado de algún Monje, víctima de su amor al Cenobio y mártir de la obediencia, que de todo hubo en aquellos tiem¬ pos y a toda suerte de personas monásticas alcanzó, desde humildes Donados, Monjes legos y coristas, hasta atacar y herir un Prior. El dolor, el miedo y el desaliento hubieron de cundir por fuerza entre los Monjes de aquella comunidad incipiente. Pronto Poblet, llegado a su plenitud, di6 fin a estas tro¬ pelías, que, si bien es cierto que en lo sucesivo se repiten, sólo era muy de tarde en tarde. Todavía hemos de constatar otro contratiempo que hubo de afrontar nuestro Monasterio, en aquellos días tan duros. Aún no se había extinguido el primer decenio de la funda¬ ción, cuando moría don Ramón Berenguer IV, el Santo. Aquella muerte significaba la pérdida del magnánimo fun¬ dador y enérgico propulsor de la obra comenzada. Ramón Berenguer IV, en aquella hora postrera de su vida, vuelve sus ojos a otro Monasterio benedictino, al ve¬ nerable y cultísimo Cenobio de Ripoll, panteón de sus ante¬ pasados, y le confía la custodia de su cuerpo, siguiendo una tradición que le obligaba, como conde de Barcelona, pues siem¬ pre se sintió profundamente catalán. En su testamento nada 44 HISTORIA DE POBLET se dice sobre Poblet, que en aquellos días difíciles no reunía las condiciones de grandeza y estabilidad que tuvo años des¬ pués para ser hecho Monasterio-Panteón de la dinastía cata- lano-aragonesa. Con todo, el Monasterio le quedó muy reconocido, cele¬ brándole exequias cada aniversario hasta el infausto de 1835 que acabó con todo. Un pequeño manuscrito de principios del siglo xix, obra del padre Dom José Sentís, sacristán mayor de Poblet, des¬ cribe así este aniversario inmemorial. «Agosto — el día siete se canta una Misa... para el alma del fundador del Monaste¬ rio, la cual celebra el hebdomadario mayor, se ponen los seis candelabros de ébano, el tapiz azul listado de oro y el temo de monjes número 9. Se pone lo antedicho por reputarse aniversario solemne.» PROTECCIÓN REAL Y DE LA NOBLEZA Hemos visto cual fué la idea del Conde-rey al fundar Poblet : ayudar en todo sentido las tierras recién liberadas. Hombre consciente de su misión de gobernante, la cumple siempre, aun en los negocios más pequeños en los que tiene intervenciones personales muy directas tal fué, ejemplo, ; por la fundación de nuestro Cenobio cuyos primeros años, si son menos duros, es debido a sus frecuentes visitas, donaciones e incremento que dió a las obras en construcción, subvencio¬ nadas por él, si hemos de creer a viejos cronistas domésticos. Vista desde el Cimborio. (Foto A. BdicelU) Claustro mayor. (Polo A. Balcells) Siglo XIII. LAS PRIMERAS VOCACIONES 45 En 1156 donó sin condiciones el lugar de Cherta, poco des¬ pués el manso llamado Hort d'en Bas y a continuación la hermosa y señorial granja de Doldellops. El Cartulario me¬ nor contiene abundante documentación de su obra bienhe¬ chora en Poblet, del que, además, era Hermano. En 1157 quiere que el Abad de Poblet, Dom Grimoaldo, le acompañe a tierras de Castilla para arreglar el matrimo¬ nio de su heredero don Alfonso con la Infanta doña Sancha- Con ello Poblet interviene por primera vez en los destinos de la Patria y será voluntad de los reyes y príncipes de la misma que estas intervenciones vayan en aumento, a medida que el Estado lo requiera. Muerto Ramón Berenguer IV, hijo don Alfonso H, su rey de Aragón conde de Barcelona, da ya la preferencia, y entre los otros Monasterios, al de Poblet, que al poco tiempo es visitado por él, hecho panteón de sus restos, y alma de la Confederación catalano-arágonesa. Notemos que este rey era Hermano de la Orden y tenía carta de filiación extendi¬ da por el Abad de Cíteaux. Por este tiempo y no obstante todas las dificultades, el prestigio monástico y la fama de Poblet habían adquirido gran incremento ; las familias más nobles del país tenían representantes suyos entre los Monjes ; había salido un Monje para regir la silla episcopal de Huesca. En 1156 tuvo lugar, efecto del trato con nuestros Monjes, la conversión de Amete, príncipe moro, hijo del rey de Carlet, el cual ingresó en el Monasterio y fué martirizado junto con sus hermanas, María y Gracia, en 1180, por su hermano Alman- 46 HISTORIA DE POBLET zor. La Iglesia lo ha canonizado con el nombre de San Ber¬ nardo de Alcira. Todo ello movió a don Alfonso II, que en 1162 había sucedido a su Berenguer IV, a padre don Ramón favore¬ cer al Monasterio añadiendo privilegios a nuevos los ya concedidos, hizo donaciones extraordinarias y, sin que se pueda precisar la fecha, cambió el plano de la Iglesia enton¬ ces en construcción ampliándola extraordinariamente y dán¬ dole la forma que actualmente ostenta. Los dos Cartularios de nuestraCasa, el Mayor y el Menor, contienen múltiple do¬ cumentación de Alfonso II favoreciendo al Monasterio, documentación que alcanza todo su reinado. En II75 hizo uno de los actos que más influyó en el cre¬ cimiento y prestigio ulteriores del Cenobio, cual fué la en¬ trega que de su cuerpo hizo a Poblet, para que fuese enterra¬ do en iglesia. Este acto oficial tuvo lugar en la villa nuestra de Anglesola, atestiguándolo y firmándolo muchos nobles y eclesiásticos del país. Esta entrega del cadáver real, si bien no es la dedicación oficial de nuestro templo como panteón real, es, sin embargo, un hecho tan significativo que influyó sobremanera en nues¬ tros condes-reyes. El primer conde de Barcelona se enterraba en Ripollle imitaban todos sus descendientes hasta Ramón y Berenguer IV ; el primer rey de la Confederación lo hacía en Poblet y siguen su ejemplo la mayor parte de sus descen¬ dientes, hasta que Pedro IV lo consagra oficialmente como panteón real, dando con ello al Cenobio uno de sus más gran¬ des timbres de gloria. Poblet llegó a contar las tumbas de LAS PRIMERAS VOCACIONES 47 siete reyes, doce reinas y más de cuarenta infantes y prínci¬ pes. A lo cual debemos añadir la voluntad de la nobleza que hizo construir sus panteones donde lo hicieron sus reyes. Otra prueba de amor de aquel rey —> costumbre muy pro¬ pia de aquellos tiempos — fué la de ofrecer a su hijo don Fernando para Monje del Monasterio. El año 1194 fué decisivo para Poblet. Alfonso II vino al Cenobio con el propósito de realizar grandes proyectos que fueron, a nuestro entender al llevarlos a la práctica, las pie¬ dras fnndamentales de la grandeza patriótica del Monasterio. Le acompañaban próceres de los dos Estados confederados : Dalmau de Palau, Bernardo de Portella, Blasco Romeo, en¬ tre otros, que dan aquellos actos el valor y realce que me¬ a recían. Donó el rey a un tal Donato y a su mujer Astruga con todo sus bienes ; a este acto siguió su testamento, en el que nombraba su albacea, entre otros magnates, a nuestro- Abad Dom Pedro de Massanet, la figura más representativa y de mayor realce que tuvo el Monasterio durante los cincuenta primeros años de su existencia. En este testamento hay un sin fin de donaciones monasterios, iglesias, entidades mo¬ a násticas ysantuarios, resultando privilegiados los cistercien- ses y, de entre éstos, nuestro Monasterio de Poblet, al que dona entre otros bienes su corona y su cadáver para que sea enterrado en nuestra iglesia mayor. Significativo por demás, es este acto público ; la corona- de Aragón, queda depositada en Poblet, y nuestro Cenobio en las horas grandes de la Patria la guardará con inquebran¬ table lealtad mediante sus santos, sus sabios, sus artistas y 48 HISTORIA DE POBLET hombres de Estado. Por fin, el infante don Pedro, príncipe heredero de Aragón, siguiendo el ejemplo paterno, extiende escritura pública de ser enterrado junto a su padre. Indu¬ dablemente nuestro Cenobio tenía desde entonces motivos suficientes para ser panteón de la Casa condal-real de Bar¬ celona. Las donaciones reales siguiéronse unas a otras con tanta frecuencia que sería prolijo enumerarlas todas en este breve esbozo histórico. Recordemos, sin embargo, que en 1194 por voluntad de Alfonso II y mediante la donación de las tierras y castillos de Piedra, Poblet puede fundar la primera Abadía filial que será el mojón más ilustre de la historia de la ex¬ pansión de la Abadía Madre. En 1196 muere Alfonso II, el Casto, en Perpiñán, des¬ gracia de consecuencias trascendentales para la Iglesia y la Patria, dado que moría a los cuarenta y cuatro años de edad .sin poder completar la obra de dar cohesión a sus inmensos Estados del sur de Francia, de Aragón y Cataluña, y cer¬ niéndose sobre las tierras de Languedoc la tempestad albi- gense. De haberse prolongado la vida de este rey prudente y católico práctico, hubieran sido otros los destinos de los Es¬ tados de Francia y de la lucha albigense. En su testamento había esta cláusula : «Ruego humildemente al convento de Cíteaux me haga participante, como uno de sus monjes, de las oraciones y beneficios en la dicha Casa y en todos sus miembros ya me lo concedieron.» como Ocho días después llegaba el cadáver del joven rey al Monasterio, quedando depositado en el presbiterio de la igle- LAS PRIMERAS VOCACIONES 49 sia que él mandara construir y ampliar. En aquel mismo año murió Dom Pedro Massanet, según las más prudentes con¬ jeturas. Le habían sido suficientes menos de seis años para dejar la nueva institución tan pujante que pudo entrar, en el próximo siglo, ya en período de plenitud. Poblet pesaba ya en la Iglesia, en la Orden y en la Patria. La nobleza de nuestro país siguió el ejemplo de los reyes en su amor a Poblet. Ya los primeros días de la fundación en encontramos donaciones de las familias más preclaras : los Cardona cedieron ciertos derechos sobre sus salinas, en 1150 ; los Cervera, Queralt, Jorba, Timor, Boixadors, An¬ glesola y Urgel hicieron importantes donaciones, según ates¬ tigua el Cartulario antes mencionado. Estas donaciones eran, en los más de los casos, recompensas por el privilegio ob¬ tenido de ser enterrados en el recinto del Cenobio. En 1159 uno grandes bienhechores, Guillermo de Angle¬ de nuestros sola, señor de Bellpuig, llamado el Peregrino, es enterrado en el cementerio de Legos y una colección de lápidas fune¬ rarias, muchas de las cuales pertenecen a esta época, tienen sin duda el mismo origen, aunque modestas y toscas. Un Granyana en 1166 obtiene de Poblet el privilegio de ser enterrado en el Monasterio a cambio del castillo y derechos de Milmanda. En 1168, la condesa de Tarragona cedió toda la dominicatura que tenía en el término de Riudoms y una casa en su ciudad condal, haciéndose con sus hijos Hermana de la Orden. Los condes de Ampurias extienden privilegios a favor de Poblet de tener barcas de pesca en la costa de sus 4 ÒO HISTORIA DE POBLET dominios. Ramón de Cervera, en 1180, cede un molino en Espluga licencia sin límite de sacar piedra de sus tierras. y Sería muy larga la lista de donaciones de esta época, si hu¬ biéramos de recordarlas todas ; las mencionadas nos prueban el favor que de la nobleza recibía nuestro Cenobio. Laprotección pontificia viene a colaborar en la obra de Poblet. Honorio III otorgó cuatro privilegios ; Eugenio III, uno en 1152, y el Papa Adriano otro en 1156, poniendo bajo la protección de la Santa Sede al nuevo Monasterio. Alejan¬ dro III dió dos Bulas en 1162 y hay otros documentos ponti¬ ficios de los años 1171 y 1178; privilegios del Papa Inocen¬ cio III y otros, que son exponentes del alto favor que merecía Poblet en la Corte pontificia. Por último, en estos primeros años de nuestra Abadía, se creó la célebre institución de Hermanos de Poblet, que tenía por fin hacer participantes de la vida cisterciense a los seglares, para lo cual se extendían Cartas de Hermandad en favor de hombres y mujeres, por las que se les daba el pri¬ vilegio de participar, como los Monjes, en toda la vida espi¬ ritual y santificadora del Císter, regulando su vida de segla¬ res, en cuanto les era posible, con las prescripciones de la vida monástica. Es el preludio de las Ordenes Terceras qne en el siglo trece invadirán el mundo cristiano y, quizás con más exactitud, el patrón que servirá de modelo a aquéllas. Todos los estamentos sociales de Cataluña tuvieron nu¬ merosos representantes en esta Hermandad, que no era crea¬ ción de Poblet, sino más bien de las Abadías matrices de la Orden, con tradición benedictina. LAS PRIMERAS VOCACIONES 51 Resumiendo : Poblet enprimeros cincuenta años, estos si bien tropieza, en su marcha ascendente hacia la plenitud, con dificultades de todo género, tiene no obstante vocaciones suficientes para asegurar una espléndida vida monástica ; Abades santos y dignos del Monasterio, que saben afrontar las duras circunstancias y triunfan ; los Papas lo enriquecen con privilegios y con su espiritual protección, mientras los reyes, con sus donaciones voluntad de ser enterrados en el y mismo, elevan a Poblet al de Monasterio-Panteón y la rango nobleza con sus aportaciones lo enriquece. Poblet tenía, pues, al acabar el siglo xii, todos los elementos necesarios para entrar de lleno en su vida de plenitud. GRANDEZA MONASTICA Nuestro Monasterio entra en el siglo xiii con todo fervor de las fundaciones que empiezan el empuje con y con la protección de la Iglesia, del Estado y del pueblo. Poblet, con tales factores de grandeza, avanza, a través de este siglo de oro de la Iglesia y de la Orden, como institu¬ ción monástica modelo en nuestra tierra y logra hacer de este siglo su siglo más puro y más cisterciense. Ciertamente que el siglo xiv traerá nuevos resplandores al gran Cenobio y estos resplandores serán fruto de su vitalidad monástica, pero es también indudable que aquel gran siglo xiv, que convertirá a Poblet en un coloso, obrará a impulsos de la Casa de Barcelona-Aragón que hace de nuestra Casa una institución a su servicio. Todo lo contrario pasa en este siglo xiii ; Poblet acoge el poder real, el del pueblo y de los magnates que piden su ayuda. Los grandes Abades de esta centuria son bus¬ cados por los reyes y los reyes son lealmente servidos por los Abades y cuando el poder real consecuencia, el y, en país son arrastrados a vivir horas difíciles las religiosas — del Languedoc — Poblet, fiel a Roma y a la Orden, se opone a la herejía albigense, aunque el favor real y el aristocrático 4» 54 HISTORIA DE POBLET mengüen durante unos años. Pero, así que el amor a la Pa¬ exige, le ofrece con desinterés todo el prestigio que tria lo le dan sus sabios, sus santos y sus hombres de Bstado. Lo mismo podemos afirmar lo que atañe a sus servicios por prestados a la Iglesia ; se desprende de sus más relevantes figuras que van a servir la causa de Dios en varias diócesis. Este es el Poblet del siglo decimotercero : Institución modélica cisterciense al servicio de Dios y de la Iglesia, do¬ tada de santos, sabios y hombres de gobierno. Materialmente todo estaba en construcción : el claustro de San Esteban y sus dependencias ; igle¬ el claustro mayor e sia, y este mismo siglo verá levantar otras construcciones monumentales, como el dormitorio mayor, el aula capitu¬ lar, bodega, sala de Monjes, atrio de la Galilea y otras, más difíciles de calendar, pudiendo asegurar que todas ellas o la mayoría quedaron terminadas. Así, en este siglo, Poblet, terminada la construcción de sus magnas dependencias, queda organizado definitivamente. En una obra como la presente, no caben todas las figuras pobletanas que con su actuación ilustraron a nuestro Ceno¬ bio ; hemos de atenernos a la ligera narración de los hechos más destacados de las personalidades de gran relieve. El Beato Aenaelo de Amalric (1196-1198). Monje for¬ mado en Poblet, con gran inteligencia y voluntad, cualida¬ des que le valieron de sns hermanos la dignidad abacial, al morir Dom Pedro de Massanet. Durante su mandato, si¬ guieron con creciente empuje las obras ; su vida ejemplarí- sima hizo florecer la santidad en el Monasterio ; organizó GRANDEZA MONASTICA 55 definitivamente las Instituciojies de los Donados y de Her¬ manos de la Orden. En 1198 marchó al Cenobio de Gran-Selva, fué Abad de Cíteaux, Arzobispo de Narbona, Inquisidor general y Dele¬ gado pontificio en la Cruzada contra los albigenses. Asistió con nuestro rey don Pedro II a la batalla de las Navas, de la que dejó una descripción. Su actuación en la lucha contra los albigenses ha sido discutida, sobre todo al analizar cier¬ tas maneras de proceder de ello, es ciertamente una ; a pesar de las figuras preeminentes del primer tercio del siglo xiii. Dom Pedro de Concabeela (1198-1204). La figura de este Abad ha sido poco apreciada por nuestros historiadores y no será porque carezca de interés su actuación ; esta negli¬ gencia es debida a su manera de gobernar, que tuvo muy poca trascendencia fuera del Monasterio. Auténtico Monje, había fijado su morada en el Cenobio y de ella no saldría nunca, si no fuera en seguimiento de la obediencia. Así discurrió su vida viendo desfilar por la Casa príncipes, magnates, reyes, monjes y gentes humildes sin que este trasiego mudara su norma de vida humilde y calla¬ da. Elegido Abad, resolvió hacerse víctima de sus monjes y de la institución pobletana. Sus desvelos fueron dedicados a la santificación de sus hermanos y al progreso de la Casa. El ruido del mundo, las luchas de religión, los juegos polí¬ ticos, no existían para él sino en el sentido más puro en que puede tomarlos un monje-sacerdote. Esta actuación suele ser la más beneficiosa y fructífera para toda Comunidad, ya que le hace vivir su vida y el fin 56 HISTORIA DE POBLET para que fué instituida. Fuera de esto, es poco lo que de él conocemos. Sabemos que, en 1198, enterró al señor feudal de Eoca- mora, llamado don Guillermo de Montpahó, «donado», que ivivía en recibió muchos y fuertes donativos para Poblet ; que el Monasterio y que raramente salió del santo recinto para viajar o resolver asuntos políticos. Murió en 1204. Se des¬ conoce el lugar de su enterramiento. Su paso por la silla abacial marca un período de gran vida cisterciense ; no obs¬ tante, como otros Abades nuestros de este siglo xiii, queda en la sombra para muchos historiadores que sólo prestan atención a los hombres dedicados a negocios públicos y de vida agitada, aunque más o menos ejemplar y provechosa. Tengamos presente que gobiernos de Abades, como el de Dom Pedro de Concabella, obscuro y sin relieve, son, no pocas veces, los que forman a las grandes figuras monásti¬ cas, al dedicarse en el interior de su Cenobio a una vida de intensa formación cultural y de santidad. Dom Pedro de Curtacans (1205-1214). Dotado de gran¬ des cualidades de virtud, sabiduría y energía, sucedió a Dom Pedro de Concabella en 1205, teniendo la confianza de sus hermanos de monasterio y el amor y respeto de los grandes de su tiempo. Fué amigo y consejero de don Pedro II de Aragón y el mismo Sumo Pontífice Inocencio III le demostró en varias ocasiones la confianza que le merecía ; así vemos que en 1207 le comisionó, junto con el Obispo de Tarragona, para que examinase la causa del Obispo de Vich, Dom Gui¬ llermo de Tavertet. Fn 14 de noviembre de 1207 obtuvo de GRANDEZA MONASTICA 57 don Pedro II, casualmente residía que en Montblanch, el tí¬ tulo de notario público para el archivero de Poblet y en 1212 confirmó al Monasterio todos los privilegios, donaciones y legados hechos por sus predecesores. Las luchas religiosas del sur de Francia, entonces feudo de Aragón, ocuparon mucho su actividad y amargaron no poco sus días. Se había extendido profusamente por aquellas tierras de oro la herejía de los cátharos o albigenses. Fsta secta de origen oriental, que sostenía el principio de la dualidad di¬ vina, considerando como detestable todo lo que es material, predicaba un radicalismo moral y negaba o desfiguraba los principales dogmas y misterios del Catolicismo. Su ascetis¬ mo exacerbado y fanático, obligatorio que era para los ini¬ ciados en la secta, los hacía peligrosísimos, aun socialmente hablando. Habíanse empleado para combatirla todos los procedimien¬ tos pacíficos de predicación, dirigida en general por monjes cistercienses ; habíase incitado inútilmente a los barones de aquel país a que ayudaran a la Iglesia en su lucha contra la herejía ; pero aquellas doctrinas se habían extendido tanto y eran tan poderosas que se hubiera precisado diezmar a la población civil y desgraciadamente no pocos de aquellos se¬ ñores feudales herejes. Con frecuencia, incendios de eran iglesias, de poblaciones y castillos extendían el terror entre la población católica e incluso llegó a correr sangre de már¬ tires como la de San Pedro de Castelnau, monje de Fuenfría. Pensó entonces el Papa Inocencio III en predicar una cru- 58 HISTORIA DE POBLET zada, ofreciendo su dirección al de Francia, el cual re¬ rey husó, pero y caballeros que se alistasen permitió a sus nobles en la misma. Reunióse ésta, en 1209, en Fyón, invadiendo a finales de junio del mismo año las tierras de Languedoc. Dirigíala espiritualmente, como Legado pontificio, Arnaldo de Amalric, antiguo Monje y Abad de Poblet (1196-1198). Beziers fué tomada por asalto, sus habitantes degollados y la ciudad, una vez saqueada, fué entregada a las llamas. Car- casona capituló después de una resistencia breve, aunque muy viva ; su vizconde Ramón Roger I, feudatario de nues¬ tro rey don Pedro II, fué aprisionado y desposeído de sus señoríos. F1 conde Simón de Monfort, caudillo militar de la cruzada, fué investido de estos feudos por Arnaldo de Amalric, pero nuestro rey no quiso recibir su homenaje. Mientras tanto las miras de Simón de Monfort y de los Le¬ gados pontificios fijaron sobre Tolosa, cabeza visible de se laherejía ; impuestas condiciones durísimas a su conde Ra¬ món VI, también feudatario de Aragón y próximo pariente de nuestro monarca, hubo de aceptar aquel ultimátum que le decidió a la lucha. Se le unieron los condes de Foix y de Comenges yel vizconde Beam, que fueron excomulgados y atacados por las huestes cruzadas. La situación de don Pedro II ante el hecho militar de la Cruzada era Comprendía que, además de la fina¬ dificilísima. lidad religiosa, los jefes católicos tenían ambiciones políticas, como la de sustraer los estados del mediodía de Francia del poder de Aragón, y el mismo Simón de Monfort, hombre de una fe vivísima y de un talento político y militar extra- GRANDEZA MONASTICA 59' ordinarios, soñó instaurar su dinastía en aquel hermoso país. Por esto el rey de Aragón, dadas sus convicciones de fer¬ viente católico, no pudo ponerse de una manera ostensible de parte de los herejes. Trabajó diplomáticamente ante el Papa y ante Simón de Monfort, al que procuró atraerse re¬ conociéndole el feudo de Carcasona y entregándole a su hija don Jaime, que debía casar, cuando lo permitieran sus años, con una hija del noble cruzado. Inocencio III pareció moverse hacia una solución pacífica y propuso poner fin a la Cruzada. Pero el partido intransi¬ gente cambió la dirección de aquellos hechos desgraciados ; rehusadas las proposiciones de nuestro monarca por el Con¬ cilio de Lavaur, hubo de lanzarse a la defensa de sus feuda¬ tarios, aliados suyos y familiares, decidiéndose a intervenir con las armas. El acercamiento tradicional de aquellos señores del me¬ diodía francés hacia la Casa de Aragón había aumentado, hasta jurarse mutua alianza en Amilau (1204), donde se re¬ unieron Pedro I, su hermano don Alfonso de Provenza, el conde de Tolosa, por doña Leonor, hermana del rey, y otros muchos señores de aquel país. Además, casado don Pedro II con María de Montpeller, exigióle la donación de aquella ciu¬ dad, que era su señoría y, logrando atraerse al conde de Comenges (1201) y a su hermano el conde Forcalquer, había conseguido, con una política sutil unas veces y violenta otras, sojuzgar todo el Languedoc, ponerlo bajo los domi¬ nios de la Casa de Aragón, y crear — siguiendo la tradición de sus antepasados — un Estado languedociano unido a la. >60 HISTORIA DE POBLET Confederación, Se comprende, pues, cuán difícil hubo de :ser la situación de nuestro joven rey, explicando estas cir¬ cunstancias su decisión de oponerse por las armas a Simón >de Monfort. Dominadas fácilmente por éste varios castillos de la re- .gión de Tolosa y cuando ya iba a tomar aquella ciudad, pre¬ sentóse Pedro II con su ejército y el de sus aliados sitiando la plaza de Muret. Estaba la plaza a punto de rendirse cuan¬ do llegó en su socorro, a marchas forzadas, el valeroso Simón de Monfort ; dejóle don Pedro penetrar en el recinto amu¬ rallado pensando terminar de una vez con la cruzada, aca¬ bando con su jefe. El día 12 de septiembre de 1213 se encontraron frente a frente en las afueras de Muret con el fin de combatirse -en campo abierto, ambas huestes enemigas. Comenzó la lucha con ventajas para los de Aragón, pero la caballería del de Monfort, organizada en tres cuerpos compactos, dió tres cargas sucesivas muy inmediatas, las cuales le dieron la victoria. Unos caballeros franceses que habían jurado, antes de el combate, matar a nuestro rey, lo bus¬ comenzar caron desde el comienzo de la batalla, dióse a conocer don Pedro y acompañado de unos pocos caballeros que luego le abandonaron, se lanzó valerosamente sobre ellos ; pronto es rodeado, pero su juventud y destreza le sostienen en aquella hora difícil ; alos pocos momentos mana abundante la san¬ gre de sus heridas, hasta que no pudiendo ya tenerse sobre su caballo, cae desfallecido en el suelo donde le rematan los ■cruzados. «Así murió nuestro Padre — escribe don Jaime I Gran dormitorio, llamado de «novicios» (87 m. de longitud). GRANDEZA MONÁSTICA 61 en su Crónica — porque así lo han acostumbrado siempre los de nuestro linaje, vencer o morir». Quedó el cuerpo del rey abandonado y parece que la profanación y el sacrilegio se cebaron sobre el mismo, basta que, recogido por los caballeros de San Juan, fué llevado a enterrar al Monasterio de Sigena de Religiosas Hospitalarias donde fuera sepultada su madre, la reina doña Sancha, en 1208. Las horas que vivió nuestro país después del desastre de Muret fueron bastante confusas y preñadas de desorien¬ tación para que se pensara en la voluntad del desgraciado monarca, manifiesta y públicamente escrita en 1191, de que se le diera sepultura junto a su padre, en Poblet. Nuestro Abad, Dom Pedro de Curtacans, gran amigo del rey don Pedro II y excelente temperamento monástico, encontróse a su vez en una situación también muy compro¬ metida. Por una parte, estaba el amor debido a la Iglesia, la cual perseguía y miraba de exterminar a los albigenses, y, además, como Abad de Poblet se debía a la Orden, que dirigía la cruzada, espiritualmente, por sus Monjes, siendo su cabeza visible, como Legado pontificio, Dom Amaldo de Amalric, antes mencionado ; por otra parte, el amor que profesaba al joven rey aragonés, los favores que de él había recibido y su amor a la Patria le inclinaban a seguir la voz del monarca. Al fin, la santidad de nuestro Prelado y su posición social y monástica hubieron de hacerle partidario de lá Iglesia y de la Orden, apartándose de don Pedro II, y así, cuando con la derrota de Muret se perdió nuestra 62 HISTORIA DE POBLET hegemonía en aquellos tierras de oro y el sueño de un gran Estado languedociano se desvanecía, lo_s poderosos descar¬ garon sus antipatías contra el Císter, organizador de la lucha antiherética, y en nuestro país se dejó sentir sobre Poblet, prototipo de la Orden blanca en la Confederación. La protección de los magnates y pueblos faltan durante al¬ gún tiempo, se insinúan enemigos del Cenobio y del Abad y aun se adivina una sombra fatídica de tragedia, revolotean¬ do sobre la austera personalidad de aquel santo Prelado. Murió asesinado en 1214. Manrique ha escrito de él. «Anuo 1214 die 16 mensis maji, occisus, optata caruit sepultura simul cum vita.» «En 1214, 16 de mayo, murió asesinado, quedando privado de la sepultura deseada así como de la vida.» Nada más sabemos del fin trágico de Dom Pedro de Cur- tacans. Todo hace pensar que esta muerte violenta fué una consecuencia de la postguerra albigense. A pesarde los tiempos difíciles en que hubo de gobernar, conservó la disciplina monástica, prosiguió las obras en cons¬ trucción y edificó el Hospital de Pobres, gracias a donacio¬ nes abundantes del señor de Montesquiu, don Bernardo de Granyena. Dom Arnatdo de Filelea (1215-1220). Parece ser que después de la muerte de Dom Pedro de Curtacans, quedó el Monasterio algún tiempo sin Abad, siendo gobernado por Priores ; así nos obligan a creerlo algunos documentos de nuestro archivo que van dirigidos a la Comunidad y no a ningún personaje que ostente el título de Prelado de la abadía. GRANDEZA MONASTICA 63. El primer documento que cita al Abad sucesor del desgra¬ ciado Dom Pedro es de 15 de abril de 1215, por el que Ponce de Montt)lancli hace donación al Abad Dom Amaldo de Fi- lella yal convento de Poblet del lugar y señorío de Mont- blanquet, al hacerse Monje de nuestro Monasterio, y, en 1220, otro, que es una escritura de compra del castillo y villa de Bellcaire. Durante su gobierno, encontramos enterramientos de personajes en el Monasterio. En 1216 lo hace don Ramón de Montpalau, señor de Belltall, cediendo a la Comunidad un molino que poseía en Vimbodí. A 27 de julio del mismo año don Arnaldo de Ribelles pidió y obtuvo la misma gracia, donando el señorío de Monsuar. En julio de 1219 don Arnal¬ do de Timor, de consentimiento de Guillén de Zaguardia, dió un molino que tenía en la ribera del Francolí y una limosna perpetua que percibiría el Monasterio el día del aniversario- del entierro de su hermano. En 1220, Pedro de Sassala eli¬ gió sepultura Poblet, legándole el castillo y villa de Vall¬ en clara, y don Bernardo de Grañena, señor de Montesquiu y otros lugares, donó para el Hospital que había fundado en 1207 en nuestro Cenobio, un campo y una viña junto a Be¬ lianes y en 1218 todo el honor y señorío que en Lérida y sus- términos había sido de Ramón de Vallebrera, Monje de Poblet. En 1214 los nobles de Cataluña y Aragón pidieron al Papa Inocencio III el infante don Jaime, prisionero del con¬ de Simón de Monfort, el cual lo entregó al Legado apostó¬ lico y éste, a su vez, a los catalanes y aragoneses, los cuales HISTORIA DE POBLET lo juraren señor en Lérida, donde, teniéndolo por su rey y ■en sus brazos, niño de seis años, don Aspargo de la por ser Barca, arzobispo de Tarragona, hicieron homenaje y Je pres- "taron juramento de fidelidad todos los representantes de la Confederación, aclamándole por su rey y señor ; ceremonia ■que, no habiéndose jamás practicado con ningún predecesor, -se introdujo desde entonces y se guardó desjmés con lós re¬ yes que le sucedieren. Tomó, pues, el infante el nombre de :rey y posesión de la monarquía aragonesa y condado de Bar¬ celona, poseyéndolo todo pacíficamente hasta que sus dos tíos los infantes don Sancho, conde Rosellón, y don Femando, Abad de Montearagón, que pretendían la corona, le combatie- -ron. Este don Femando, tío del rey conquistador, era Monje de Poblet, Monje a quien mejor le venía una espada que la -austeridad monástica. Fué don Jaime I uno de los mejores y más grandes pro- lectores que tuvo nuestro Monasterio, lo cual pmeban los muchos privilegios y legados con que lo engrandeció duran¬ te su largo reinado. De nuestro Abad Dom Arnaldo, dice el ilustrísimo Pa- •dre Angel Manrique, que don Jaime en Bar- asistió al rey .celona cuando fundó la Orden de la Merced. En 1220 fué promovido al obispado de Elna, el cual gobernó sabiamente "hasta 1224. Dom Ramón de Ostalrich (1221-1224). Durante su aba¬ diato, aunque breve, fué muy favorecido del rey don Jaime ■el Conquistador y de la Santa Sede Apostólica, el primero ■de los cuales, durante el verano de 1222, hallándose en el El Cimborio construido en el siglo XIl por el Abad Dom Ponce de (Foto A. Baicclls) Copons. GRANDEZA MONASTICA 65 asedio de Castellón, despachó un decreto por el que tomó bajo su protección los castillos de Verdú y Preixana y todos los señoríos que fueron de Dom Guillén de Cervera, entonces Monje de Poblet ; y poco después, estando en la ciudad de Lérida por el mes de septiembre del mismo año, confirmó todos los privilegios de Poblet ; manda expresa¬ mente en ocasión, a sus Bayles y ministros que man¬ esta tengan, protejan y defiendan todos los bienes del Cenobio como bienes reales y, para que ninguno pudiera alegar ig¬ norancia, ordenó poner pendones reales én todos los ca'stillos, villas ylugares pertenecientes al Monasterio. Por parte, Honorio III favoreció al Convento dispen¬ su sándole del pago de diezmos y primicias a que le obligaban sus posesiones, aunque las diese a renta, por razón de que el Monasterio y sus granjas no estaban en parroquias de iglesia alguna, sino sólo en la de Poblet, la cual era exenta. El mismo Papa, a tres de las nonas de mayo de 1220, concedió al Abad y Convento de Poblet una bula de protec¬ ción y salvaguarda apostólica, semejante a la que en 1201 había concedido Inocencio III. Porque en ella, la de 1220, van nombradas las heredades que a la sazón poseía el Mo¬ nasterio, la transcribimos, para conocer cuánto había crecido nuestro Cenobio. ocHonorio obispo, siervo de los siervos de Dios, a los amados hijos el Abad y religiosos del Monasterio de San¬ ta María de Poblet»... Después de mandar que se man¬ tengan enteramente los bienes que entonces poseía la Casa, añade : dEn los cuales ha nos parecido expresar por sus 66 HISTORIA DE POBLET propios nombres los siguientes lugares : El lugar en que el sobredicho Monasterio está situado con todas sus pertenen¬ cias : las Riudavella, de granjas de Milmanda, de Codoz, de Teillar, de Castellfullit, Mitjana, de la Pena, de Doldellops, de Sérvoles, la Nueva, o Fumada, de Ferrán, la Torre Ber- narvert, de Barbens, y todos los derechos que tiene en los lugares de Vimbodí, Avingaña, Torre de Oreus, Torre de la Huerta de Balaguer, Rubioncel, Mas de Bas, Rufea, las casas y posesiones que tiene en la ciudad de Lérida, en Me- nargues, Balaguer, Alguaire, Albesa, Alfarraz, Tamarit, Albela, Barbastro, Monzón, Huesca, Fraga, Aytona, Tor¬ tosa, Montblanch, Espluga de Francolí, Cervera, Tàrrega, Anglesola, Camarasa, Alós, Agramunt, Berga, Gerona, Castelló de Ampuries, Villafranca de Panadés, Tarragona, Vinaixa, Omells, de Tàrrega, y de Nagaya, Guardia dels Prats, Conesa, Vallclara, Terres, Fulleda, Verdú, y Torres de Ramón de posesiones y Cervera, Puertos de Cerdaña, y rentas que Berenguer, Galceran, Guillén y Humberto de Preixens dieron al Monasterio, con los prados, viñas, tie¬ rras, bosques, usages, y pasturas en bosques y llanos, en aguas y molinos, en caminos públicos y sendas, y todas las otras libertades e inmunidades del Monasterio de Poblet. Confirmándolo todo con autoridad apostólica y tomándolo bajo la protección de la Santa Sede.» Luego, a 8 de mayo del mismo año, expidió el mismo Honorio HI un rescripto dirigido al Arzobispo de Tarrago¬ na, a los Obispos sufragáneos y a los demás Prelados de la provincia tarraconense, mandándoles que excomulgasen a GRANDEZA MONASTICA 67 cuantos exigieren décimas de las posesiones adquiridas por Poblet ; y, en fin, fué tanto el aprecio de Honorio III hacia nuestro Monasterio que en 1224, a la muerte de Dom Arnal- do de Filella, promovió al Abad Ostalrich al obispado de Elna. Se ignora el año de su muerte. Dom Ramón de Cervera (1224-1229). Pertenecía a la casa de Cervera y estaba emparentado con el Arzobispo As- párrago de Tarragona y aun con la misma familia real, se¬ gún creen algunos historiadores. Por su posición social, por sus dotes y patriotismo, intervino en la dirección de los ne¬ gocios públicos durante los primeros años del reinado de don Jaime I, el cual visitó el Cenobio más de una vez para pedir consejo a este santo varón ; sabemos que estuvo en Poblet durante el mes de febrero de 1225. En esta ocasión — han escrito algunos cronistas domésticos — asistió el joven mo¬ narca a un Capítulo en el Aula capitular recién acabada, ofreciendo doscientos morabatines para el Clanstro mayor entonces en plena construcción. Tres años más tarde, a fines de 1228, volvió don Jaime a Poblet gran séqnito de nobles, varones y guerreros a con pedir la protección de María Santísima sobre la proyectada empresa de conquistar Mallorca y bendecir los estandartes y banderas qne debían guiar a nuestro ejército en aquella gue¬ rra que tuvo carácter de Cruzada. Eué su consejero en la preparación y desarrollo de aquella gesta nuestro Abad Dom Ramón de Cervera, que asistió a las Cortes de Barcelona en las que definitivamente fué aprobada aquella empresa y fija¬ da la fecha en que debía realizarse. 68 HISTORIA DE POBLET Poblet, por vez primera, es considerado el alma inspira¬ dora y alentadora de una gloria nacional de grandes alcances. Partió el rey a la conquista de Mallorca desde Salou, di¬ rigiendo una conducía al ejército innumerable escuadra que expedicionario, y nuestro Abad hubo de marchar, por asun¬ tos de la Orden, a Francia de donde no regresó porque al¬ canzóle la muerte en el Monasterio de La Ferté en 1229, no pudiendo ver desde este mundo el Poblet de aque¬ regreso a lla hueste victoriosa que de nuevo venía al Cenobio a dar gracias al Altísimo por la conquista de Mallorca. Una vez conquistada la isla, el rey y los obisilos pensa¬ ron en organizaría eclesiásticamente, pero, apenas se hubo planteado aquel negocio, vióse que era harto espinoso y deli¬ cado, porque algunos Prelados y eclesiásticos de la Provincia Tarraconense no quisieron renunciar a ciertos derechos muy discutibles, mientras otros adoptaban opiniones irreducti¬ bles. Más tarde, fueron dos santos Monjes cistercienses los que dieron solución definitiva a aquella cuestión, como vere¬ mos al narrar el próximo abadiato. DoM Arnaldo de Gallart (i229-123i). La figura de este Abad resulta altamente simpática y produce la sensa¬ ción de amor respetuoso que inspiran los hombres verdade¬ ramente grandes. Digno sucesor de Dom Ramón de Cervera por su santi¬ dad y ciencia, fué muy los hombres de su apreciado por tiempo. Cuentan viejas crónicas pobletanas que se resistió cuanto pudo a aceptar la dignidad abacial, pero que una vez GRANDEZA MONASTICA 69 puesto al frente de la abadía, sólo pensó en hacerse digno de la alta dignidad. En el poco tiempo que son dos años vivió grandes hechos y de algunos fué protagonista. Fué él quien, a últimos de 1230, recibió al rey conquis¬ tador que volvía victorioso de la gesta baleárica, acompaña¬ do de no Prelados pocos y caballeros que venían junto con su monarca a dar gracias a Santa María de Poblet por el éxito obtenido. Fué en esta ocasión y en esta estancia en Poblet cuando pensó el rey dar solución definitiva a los asuntos eclesiásti¬ cos de Mallorca. Como las opiniones y puntos de vista eran muy diversos y encontrados, pensó el rey acabar aquel ne¬ gocio mediante una sentencia arbitral que pronunciarían, después de estudiarlo y examinar a las partes interesadas, los dos jueces árbitros que serían el Abad de Poblet, Dom Arnaldo, y San Bernardo Calvó, que lo era de Santes Creus. FI 9 de noviembre del mismo año el rey marchó del Mo¬ nasterio, mientras allí quedaban los dos santos Prelados es¬ tudiando la sentencia que formularon así : Mallorca sería diócesis independiente, el rey nombraría al primer Obispo y los sucesores serían propuestos por el Prelado de Barce¬ lona y su Cabildo que debían buscarlo entre lo miembros de su clero. San Bernardo partió a su Monasterio y nuestro Abad Tudela de Navarra, en donde residía el a rey, acci¬ dentalmente. A 10 de enero de 1231 fué recibido por don Jaime, que aceptó y loó la sentencia de los dos monjes. Cumplida esta misión, retiróse a Poblet con el intento 70 HISTORIA DE POBLET de empezar sus obligaciones de Prelado, pero al poco tiempo le sorprendió el nombramiento hecho en favor de su persona, de Arzobispo de la ciudad de Aix en Francia. Sus servicios a la Iglesia fueron recompensados con este honor. Acompañado de dos Monjes, que serían en adelante sus familiares, marchó a pie hacia su Sede, a la que consagró los grandes recursos de su celo, santidad, sabiduría y dotes de gobierno. La silueta grande y simpática de este Abad- Arzobispo ha ido perdiéndose a través de los tiempos porque la humildad monástica dejó consignadas pocas cosas gran¬ des ; sólo sabemos que fué llamado a Cíteaux para asistir a un Capítulo general y, precisamente, fué allí a buscarle la hermana muerte a 22 de un septiembre de año incierto. Dom Vidal de Alguaire (1232-1236). De él ha escrito Dom Jaime Finestres : «Con tanta prudencia, satisfacción y aplausos gobernaba el Abad Dom Vidal, que fueron muchí¬ simos los caballeros que en ese tiempo vistieron el hábito de Poblet ; muchos los que mandaron ser aquí sepultados y muchos los que con sus donaciones iban aumentando la renta del Monasterio.» Fué muy apreciado del rey don Jaime, que le prometió en sus manos que quería ser enterrado en Poblet, y en 1233 le hizo donación del castillo de Benifazá y otros lugares del reino de Valencia, para quefundase un Monasterio Elial del nuestro, lo cual fué cumplido al poco tiempo. Algunos historiadores le acusan de haber sido aficionado a pleitear y aun de haber perdido todos los litigios, menos aquellos en que las partes llegaron a una transacción. GRANDEZA MONASTICA 71 Ciertamente, Dom Vidal hubo de entablar cuatro plei¬ tos. Uno contra el Obispo de Lérida en 1235 sobre derechos que ambas partes decían tener en la villa de Castelldasens. En 1236 acabó con una amigable composición. Otro tuvo el Obispo de Vicb sobre el patronato de con la iglesia de Verdú. San Bernardo Calvó, que ocupaba aque¬ lla Sede, obtüvo de Roma sentencia favorable en julio de 1236. En 1234 Dom Simón de Palacio y nuestro Monasterio plantearon litigio sobre derechos a algunas tierras que ro¬ deaban el Cenobio y que de tiempo antiguo era motivo de discusiones. Este pleito fué suspendido y don Simón de Pa¬ lacio, señor de Espluga de Francolí, y nuestro Abad llega¬ ron en 1235 ^ concordia favorable al Cenobio. Pero el pleito más ruidoso y violento hubo de sostenerlo contra la villa de Prades, que le discutía y violaba la pro¬ piedad del bosque donado por Ramón Berenguer IV, dona¬ ción que había sido renovada por todos los sucesores de aquel monarca. Eran tan claros los hechos y tan irrebatibles los documentos y títulos de propiedad, que por sentencia real y pontificia (1235) fueron reconocidos los derechos im¬ prescriptibles de Poblet sobre aquellos montes. Estos son los pleitos del Abad Dom Vidal, que tanto han hecho hablar a algún historiador poco enterado de las cosas viejas del Cenobio. Más bien fué Dom Vidal un acérrimo defensor de los de¬ rechos y bienes del Monasterio que como Abad dirigía, que no un pleiteador empedernido. 72 HISTORIA DE POBLET Dom Jimeno (1236-1237). Varón de gran virtud y cien¬ cia, fué este Abad de Poblet, según han escrito nuestros vie¬ jos cronistas y todos los historiadores que han hablado de él. Apenas gobernó un año nuestra iglesia abacial, porque fué promovido a la Sede episcopal de Segorbe-Albarracín en 1237. «Acabó sus días este celoso Prelado, después de haber defendido varonilmente así los derechos de su obispado se- gorbicense como los de su Metropolitano el Arzobispo de Toledo.» (Finestres, t. Ill, p. 339.) Dom Ramón de Siscar (1237-1238). De él escribe nues¬ tro historiador el P. Finestres ; «Lo que más sobresalía en nuestro Dom Ramón de Siscar fué la virtud y religiosidad hermanada con muchas letras y doctrina, de manera que movió a los monjes a elegirlo una y otra vez por su Abad y Prelado.» En su gobierno, y puede decirse que en todos los actos de su vida, la nota más destacada es la de su santidad extraordinaria. «En la abadía fué tan ejemplar que más que con palabras mandaba el ejemplo ; porque ejecutaba en con sí mismo la observancia y mortificaciones que había de mandar después a sus súbditos. De manera que divulgán¬ dose la fama del Abad y convento de Poblet iba creciendo la afición de los devotos al Monasterio.» Los rasgos edifican¬ tes de su vida de Prelado austero, pobre y caritativo están consignados en todos los manuscritos que tratan de él. En 1237 filé nombrado obispo de Lérida, diócesis que gobernó diez años. Su vida de Prelado es la realización práctica del Pastor de almas según lo que quería San Pablo. GRANDEZA MONASTICA De su paso por la Abadía pobletana quedan unas orde* naciones que regulaban la vida monástica, dividiendo las jornadas del Monje en dos grandes partes ; una principal, dedicada a la vida del alma y perfeccionamiento espiritual' (liturgia, meditaciones y lecturas) y otra consagrada al tra¬ bajo (estudio, lecciones y labores manuales). La piedad y el estudio eran para el santo Abad las obligaciones que más debían interesar al verdadero Monje. Murió en la paz del Señor el día 20 de agosto de 1247 en la ciudad de Lión donde, al había ido como em¬ parecer, bajador de don Jaime I ante Inocencio IV, que entonces re¬ sidía en aquella ciudad. Su muerte fué la de un verdadero santo, según testifican los monjes que le asistieron en cali¬ dad de familiares. El milagro y lo sobrenatural se han re¬ unido para engrandecer la figura de este personaje poble- tano que merece estudio aparte. Notemos los hechos mila¬ grosos ocurridos cuando aun no había sido sepultado algu¬ : nos ciegos adquirieron repentinamente la vista al besarle la. mano, y algunos otros enfermos se vieron instantáneamente curados con sólo rogarle les fuera devuelta la salud. En 1249 volviendo del Capítulo general de Cíteaux nues¬ tro Abad Dom Berenguer de Castellets, trajo consigo el ca¬ dáver y dióle sepultura en nuestro Monasterio, conforme lo- había dispuesto el santo Obispo en su testamento. Por el camino siguió obrando el Señor algunos milagros a la pre¬ sencia de sus restos y en 1638, cuando fué trasladado de su tumba antigua a la que aun actualmente se conserva, se en- 74 HISTORIA DE POBLET íontró su cuerpo incorrupto y el Menologia cisterciense le da el título de Venerable. Dom Ramón Donato (1238-1241). Durante su gobierno se fundó el Monasterio de La Real de Mallorca y puso en vigor las ordenanzas que hiciera Dom Raimundo de Sisear. Siguen unos años un tanto confusos en la historia de Po¬ blet después del gobierno de este Abad ; sábese que le su¬ cedió Dom Vidal, cuyo apellido desconocemos. A este Abad escribía don Jaime I desde Montpeller el día 12 de agosto de 1242, prometiéndole ayuda económica para la grande obra del Dormitorio mayor entonces en construcción, recibiendo además auxilios y donativos de otros personajes nobles. Parece que murió en 1243. Dom Domingo de Semeno (1243-1245). Al decir del con¬ cienzudo Padre Finestres, fué «Dom Domingo de Semeno varón ejemplarísimo de los más insignes de Poblet». Ha¬ y bía pasado el año 1237 al Monasterio de Piedra, casa hija de Poblet, a regir aquella abadía. Fué hombre de confianza de las autoridades eclesiásticas de su tiempo, consejero del rey don Jaime y muy respetado por la aristocracia de nuestro país. Se le hicieron donativos importantísimos de castillos, villas y tierras, no pudiendo precisar en un resumen como el presente ni los datos y fechas, que constan en nuestro archivo. Varios caballeros de los que favorecían el Monas¬ terio, tomaron el hábito en Poblet y muchos se afiliaron a la Hermandad cisterciense fundada en los comienzos del Monasterio, la cual fué muy protegida por este Prelado. GRANDEZA MONASTICA 75 A 21 de febrero de 1245 nuestro Abad Dom Domin¬ go promovido a la abadía del Monasterio de Fontfroide, Casa madre de Poblet ; así el corto espacio de catorce años que en llegó a ser cabeza de tres Monasterios, siendo indicio no pequeño de sus admirables talentos, el haber sido deseado de tres Casas ; hija, madre y abuela, que fueron Piedra, Poblet y Fuenfría». Notemos, aunque sea de paso, que sobre la gran abadía cisterciense sigue pesando el mal de los abadiatos breves. Grandes figuras que fueron fundadas esperanzas de los monjes electores, desaparecen del Cenobio o bién arrebata¬ das porla muerte o elevadas a cargos y dignidades de más responsabilidad. Dom Berenguer de Casteelot (1246-1253). Fué comi¬ sionado por el Capítulo general de la Orden para visitar todos los Monasterios de la Confederación aragonesa. Hecho este que debemos anotar, porque es el primer nombramiento que de tal cargo recaía personaje pobletano y porque en es prueba fehaciente de la estima y alta consideración en que era tenido Poblet. Acudió con su santo predecesor Dom Siscart al Capítulo general de 1247. Consagró la capilla de Santa Catalina, ceremonia que su amigo Dom Andrés de Albalat quiso celebrar personal¬ mente. Dió también culto a la Virgen del Ciprés, en la capilla hoy casi desaparecida, y enterró al gran bienhechor del Monasterio Dom Pedro de Albalat, Arzobispo de Ta¬ rragona. Dom Arnaldo de Preixens (1254-1267). Fué muy apre- 76 HISTORIA DE POBLET ciado de los personajes que durante su abadiato dirigían los negocios de la Iglesia y del Estado, siendo por su ex¬ periencia, prudencia y otras virtudes consejero del rey don Jaime y de varios Prelados de la Confederación aragonesa. En 1254 intervino en las Cortes de Valencia, en las que produjo honda impresión su dictamen en favor de la expul¬ sión radical de los árabes que quedaban en aquel reino re¬ cién conquistado. Cuando en suscitaron entre San Luis, rey de 1255 se Francia, Jaime el Conquistador las diferencias sobre los y Estados del sur de aquella nación, fué llamado Dom Arnal- do como arbitro para zanjarlas, ya que era consejero real. En 1257 fué convocado a una junta de ricos-hombres y Obispos, en la que debían tratarse asuntos importantes del reino, confiándole la resolución de cuestiones muy arduas. En 1260 le vemos en Tortosa asistir a una reunión de dignidades eclesiásticas y Priores de las Ordenes militares, pronunciando una sentencia arbitral en el pleito que se¬ guían, por diferencias de jurisdicciones y derechos eclesiás¬ ticos, el Obispo de Tortosa y la Orden del Temple. Tuvo, pues, una actuación pública brillantísima. Favorecido del rey don Jaime, que repitió el voto hecho en el año 1257 de ser enterrado en Poblet, murió en 1267. Dom Arnaldo de Uliola (1267-1276). Era natural de la próxima villa de Montblanch y, según el P. Finestres, hombre dotado de grandes cualidades de gobierno. Obtuvo del rey don Jaime I varios privilegios y donacio¬ nes. En 1275 hubo de luchar contra don Calcarán de Josa, GRANDEZA MONÁSTICA 77 Comendador de los Templarios de Espluga de Francolí, el cual entró en son de guerra en laspropiedades de Poblet. Un comisario real dictó sentencia contra el castellano de Espluga. Dom Bernardo de Cervera (1276-1287). Pertenecía a la gran familia de este nombre, que tantos personajes diera a laIglesia, al Estado y al Ejército. Sus eminentes virtudes y espíritu monástico fueron causa de su elección. Tenía gran conocimiento de los hombres, que aprendió durante su vida de cortesano y hombre de gobierno, pues había sido, antes de monje, ministro de don Jaime y un gran militar cola¬ borador del rey en sus empresas de conquista. El suceso que más ilustra su Abadiato y que señala tal vez el punto culminante de la grandeza monástica de Poblet, es el haber recibido la profesión de monje cisterciense de nuestro Cenobio que hizo don en sus manos Jaime el Con¬ quistador. A pesar de todas sus debilidades de hombre, siempre ha¬ brá de reconocer la historia don Jaime I grandes dotes en de rey, de militar, de hombre y de cristiano ferviente, cua¬ lidades que hacen de este monarca el prototipo del caballero cristiano. Esta gran figura de la historia humana llena con su amor todos los ámbitos de Poblet ; visita varias veces la institución madre de los Monjes blancos, lleva sus ejércitos expedicionarios al Cenobio a pedir la protección de Santa María y cuando la victoria le ha sonreído, regresa a dar gra¬ cias ; funda filiales de Poblet, llena el archivo de privile¬ gios, donaciones y cartas de protección, y a tanto alcanza 78 HISTORIA DE POBLET SU fervor por el Santuario él hizo nacional, qne en la que hora postrera de su vida viste el hábito de novicio y profesa como monje. El Monasterio llevaba en vida pu¬ aquel entonces una jante en todos sentidos : grandes Abades habían plasmado el timbre de gloria más grande que ha tenido Poblet, su ob¬ servancia regular y perfecta vida cistercÍense. No maravi¬ lla, hecho el amor que a nuestro Monas¬ pues, que ante este terio tenía el rey Conquistador acabara por infiltrar en su espíritu eminentemente mariano la resolución de pasar el resto de su vida siendo monje cisterciense en nuestra Casa. Hallábase el rey, en 20 de julio de 1276, en la villa de Alcira, lugar en donde le acometió su postrer mal, el cual fué aviso para disponer su último testamento, del que nom¬ bró uno de los albaceas a nuestro Abad Dom Bernardo de Cervera. Después, en los codicilos dispuso muchas dona¬ ciones de las que fueron las más señaladas las hechas a Poblet, legándole su capilla real, anillos preciosos, sus vajillas y un cinto militar valorado en treinta mil sueldos. Todo lo cual iba destinado al culto de nuestra iglesia. Al día siguiente, 21 de julio, vino el príncipe heredero don Pedro, el cual recibió profundamente emocionado los consejos que le dictaban el amor de su padre moribundo, su experiencia de la convicción de cristiano fervoroso. rey y Dióle espada, que recibió el príncipe besando la mano su paterna, y finalmente le bendijo. Entonces mandó a los que le acompañaban que, en vez del manto real, le vistieran el hábito de los monjes blancos, prometiendo partir luego al GRANDEZA MONASTICA 19- Monasterio de Poblet, donde daría comienzo su noviciado. Vistióselo Dom Bernardo de Cervera y luego empezó la im¬ paciencia de don Jaime a disponer el viaje al Monasterio, para cumplir lo propuesto. Contra el parecer de todos, em¬ prendióse aquella jornada, la cual fué tan pesada y dura que el real novicio hubo de pararse en Valencia, entrando ya he¬ cho Monje en aquella ciudad, en la cual años antes desfilara con su ejército triunfador. Desahuciado de los médicos, pensó morir como había sus¬ pirado vivir : cual monje cisterciense ; así que, en manos del Abad pobletano y siendo testigos los cortesanos y va¬ rios monjes, emitió su profesión monástica según la Regla del Patriarca San Benito.Luego recibió la cogulla blanca y a poco los Santos Sacramentos, muriendo en la paz del Se¬ ñor y con la bendición de los santos Padres de la Orden. Transitoriamente, el real cadáver quedó depositado en la catedral de Valencia. Poco tiempo después, fué necesario que para acabar la guerra contra los moros, se cumplió su voluntad de ser en¬ terrado en Poblet. Así narra Ramón Muntaner la pompa fú¬ nebre de aquel entierro «Dejó ordenado : que su cuerpo fue¬ setrasladado al Monasterio de Poblet, que está en medio de Cataluña y es de monjes blancos. Y el llanto y el lloro y los alaridos fueron muy grandes en toda la ciudad de Va¬ lencia que no hubo ni rico hombre ni mesnadero ni caballero, ni ciudadano ni mujer ni doncella que no fuera en segui¬ miento de su bandera y escudo, y diez caballos con la cola depilada ; llorando todos y dando grandes voces. Y este due- 80 HISTORIA DE POBLET lo duró en la ciudad cuatro días y luego todos aquellos que eran de alcurnia acompañaron su cadáver ; y en todos los castillos, villas lugares donde llegaban, así como antes so¬ y líanlo recibir grandes bailes y regocijos grandes, ahora con lo recibieron con grandes lamentos y gritos y llantos ; así -que, con las demostraciones de dolor que he dicho, el cadál- ver fué llevado al Monasterio de Poblet. Y al llegar allá, ■encontráronse con arzobispos, obispos, abades, priores, aba¬ desas, caballeros, ciudadanos, hombres de villas y hombres de todas condiciones, de todas las tierras que fueron suyas, •de tal manera, que en una extensión de seis leguas, por ca¬ minos ni por lugares, no se podía caber. Y aquí estuvieron los reyes, sus hijos y las reinas y los nietos que de ellos na¬ cieron. ¿Qué os diré? Que era tan grande la muchedumbre de gente que era sin número ; de tal manera que jamás hasta ■entonces se encontró haberse reunido tan grande multitud para enterrar a un señor. Y todos juntos, con grandes pro¬ cesiones y con copiosas oraciones y con grandes lloros y alaridos fué enterrado.!) Quedó en urna de madera en el suelo del presbiterio de la partedel Evangelio, hasta que su segundo nieto Pedro IV hizo de Poblet panteón real. Para el gran rey se labró un bello sareófago con estatuas yacentes, una representándole con cogulla cisterciense, otra en traje de corte. Hoy todo ha desaparecido, miserables fragmentos de las estatuas nos hablan de grandezas pasadas y las cenizas ve¬ nerables depositadas en modesto panteón, piden el regreso piadoso a Poblet. (Foto A. Balcells; Kntrada al Palacio del rey Martín. GRANDEZA MONÁSTICA 81 Asistió nuestro Abad Dom Bernardo años más tarde a otra muerte real, cual fué la de don Pedro el Grande, que en plena Felipe el Atrevido, moría en Villa- guerra contra franca rodeado de las primeras autoridades eclesiásticas de la tierra, que en aquella hora decisiva y habiendo constatado la piedad profunda de don Pedro, le absolvieron de todas las censuras que le impusiera Roma. Tuvo la satisfacción en T287 de tomar, posesión del Prio¬ rato de San Vicente en la ciudad de Valencia. Murió este gran hombre principios del año 1287. a Dom Guillermo de EIstanyol {1288-1297). Fué Dom Guillermo hombre de grandes cualidades que le granjearon la estima y consideración de sus monjes, de los reyes y del Papa Bonifacio VIII. Los primeros tiempos de su Abadiato fueron prósperos y diéronle muchas satisfacciones, pero, a partir de su em¬ bajada de Sicilia, hubo de pasar grandes tribulaciones. Por noviembre de 1289 vino a Poblet don Alfonso III para ofrecer una honrosa misión a nuestro Abad, misión relacio¬ nada con la guerra de Sicilia. Fsto nos obliga a exponer, aunque sea brevemente, los hechos que precedieron y moti¬ varon esta intervención diplomática del Abad de Poblet. El Pontificado, siguiendo su plan de destruir a los últi¬ mos representantes de la dinastía imperial de los Hohens- taufen, enemiga eterna de la Silla Apostólica, había dado la investidura del reino de Sicilia a Carlos de Anjou, hermano de San Luis, de Francia. Vencido rey y muerto el rey Man- fredo en la batalla de Benevento y su sobrino en la de Ta- 82- HISTORIA DE POBLET gliacozzo en Carlos quedaba libre de sus enemi¬ 1278, el rey gos ; pero, con el ajusticiamiento de Conradino en Nápoles, los derechos de la Corona siciliana pasaban a Pedro III de Aragón por su dona Constanza, hija del rey matrimonio con Manfredo, y en nuestro monarca había de encontrar el an- jevino, el formidable adversario, que haciéndose campeón de les jibelinos, partidarios'del poder temporal del emperador en Italia y adversarios^ de la influencia política del Pontificado, destruiría al fin todos sus sueños de dominación. La corte real catalana fué muy pronto el refugio de los más signi¬ ficados partidarios y parientes del rey Manfredo, entre los cuales se contaba su hermana Constanza, emperatriz viuda de Grecia. La dominación francesa, odiosa a los sicilianos y las cruel¬ dades cometidas por los soldados del rey Carlos y aun por sus oficiales, exasperaron los ánimos de los habitantes de la isla, lanzándose en Palermo, el día 31 de marzo de 1282, el grito de rebelión, ante el ultraje inferido por un francés a una dama que se dirigía a una reunión piadosa. Al grito de mue¬ ran los franceses, comenzó una horrible matanza de éstos que dió la libertad a Sicilia. Pedro III, que desde finales de 1281 había hecho grandes armamentos y preparativos que habían suscitado una inquieta expectación en casi toda Europa, salió el 7 de junio de 1282 con una fuerte armada hacia el norte de Africa com el pre¬ texto de combatir a los moros, para lo cual pidió socorros a la Santa Sede, le fueron negados. que Por su parte, Carlos de Anjou, que había preparado una GRANDEZA MONASTICA 83 gran expedición para conquistar el Imperio griego, al saber lo de las Vísperas Sicilianas, pasó a aquella isla con parle de su ejército, y puso asedio a la ciudad de Mesiua. Débiles ante un enemigo tan poderoso, los sicilianos, que se sentían pro¬ fundamente republicanos, transmitieron, para salvar a su patria, una embajada al rey de Aragón, que aun estaba en el norte de Africa, ofreciéndole la corona y gobierno de su país. Pedro el Grande, venciendo las vacilaciones de algunos próceres de su Consejo, aceptó aquella invitación ya que por derechos hereditarios era su esposa, la reina doña Constanza, quien podía alegar mejores derechos a la monarquía de Tri¬ na cria, y en las postrimerías de agosto de 1282 lanzóse a tra¬ vés del canal de Sicilia sobre la codiciada isla, desembarcando en Trápani y siendo recibido por sus habitantes como liber¬ tador. Coronado Palermo y reconocido rey por el país, en avanzó sobre Mesina mientras su escuadra se dirigía a ocu¬ par el estrecho. Carlos de Anjou, temiendo una maniobra envolvente, levantó el sitio y se retiró precipitadamente a Calabria ; mientras tanto, las naves catalanas se habían adueñado del mar. Había comenzado, con estos hechos una guerra terrible entre Aragón, de parte, y Carlos de una Anjou, Francia y el Pontificado con todo {>oder, por otra. su Siguieron, después de estos hechos, una serie de luchas y enormes dificultades para nuestro rey don Pedro que vió a un tiempo pesar sobre su persona la excomunión pontificia de Martín IV, predicar la Cruzada contra sus Fstados, pues¬ tos en entredicho e invadidos en 1285 por un ejército de más 84 HISTORIA DE POBLET de doscientos mil cruzados procedentes de todo el occidente de Europa. Y la indiferencia de no pocos de sus subditos. Con todo, el prestigio, caballerosidad y valor personal que le eran proverbiales, hicieron que sus mejores gentes no abandona¬ ran a Pedro el Grande, en quien admiraban las más bellas cualidades, ya que no en vano, según el gran poeta florentino Dante Alighieri, «d'ogni valor portó cinta la corda». Quedó vencedor absoluto nuestro monarca el año 1285, en que murieron los protagonistas de aquellas luchas implaca¬ bles: Carlos de Anjou, 7 de enero ; Martín IV, durante el mes de marzo ; Felipe el Atrevido, en 5 de noviembre, y Pedro III el día 11 del mismo mes, asistido por el Arzobispo de Tarragona, el Abad de Santes Creus y el de Poblet, que le en aquellas horas decisivas a reconciliarse coni ayudaron Dios y con la Iglesia, levantando las censuras que sobre él pesaban, después de escucharle en confesión que duró tres días. Su cadáver descansa en el Monasterio de Santes Creus. Su sucesor don Alfonso III vióse forzado a negociar con Francia y con intermediario en¬ la Santa Sede, sirviendo de tre ambaspotencias su futuro suegro el rey Eduardo I de Inglaterra, que emprendió una serie de negociaciones en este sentido, negociaciones que sufrieron grandes vicisitudes e interrupciones. Alfonso III las reanudó personalmente y las llevó a feliz término en 1291 en la Conferencia Internacional de Taras¬ cón, sirviéndole de consejero en aquellas circunstancias nues¬ tro Abad Dom Guillermo de Estanyol. Este fué nombrado, por el mes de mayo de aquel mismo año 1291, embajador GRANDEZA MONÁSTICA 85 ante el rey don Jaime de Sicilia, hermano del de Aragón, encargo que cumplió conforme se esperaba de sus cualidades. Esta embajada costó a este Prelado no pocos disgustos y sinsabores, porque el coste de la misma convínose en que de momento lo pagara el Monasterio de Poblet, pero con la con¬ dición de que la Hacienda real satisfaría la deuda. Aquella misión diplomática revistió — como todas las de aquella épo¬ ca — gran pompa y lujo, siendo muy considerables las expen¬ sas costó, en merma todo ello del erario pobletano. Cuando que Dom Guillermo.de Estanyol acabó su misión hubo de com¬ probar que la vida económica de Poblet había sufrido un gran quebranto por las deudas que se acumulaban y que cre¬ cían de día en día. El Estado, por su parte, no cumplía con el compromiso de devolver las cantidades que nuestro Abad adelantara, mientras por otros conceptos nuestro Cenobio no tenía entradas, sino más bien gastos y deudas — el Priorato de San Vicente de Valencia, recién fundado, costaba, por li¬ tigios, seis mil morabatines y no era ésta la única y mayor de las deudas, lo cual hubo por que empezar el doloroso capí¬ tulo de las ventas. Vendióse Burriana y el castillo de Mon¬ tornès por doscientos noventa mil morabatines que no fueron suficientes para cubrir el enorme déficit. En julio de 1297 vino a Poblet el Abad de Fontfroide, en calidad de visitador extraordinario y como padre del Monas¬ terio. Ante él, con mucha humildad y edificación de sus co¬ hermanos, Dom Guillermo de Estanyol renunció espontánea¬ mente la prelatura, pidiendo perdón en la Sala Capitular, de sus yerros. Rasgo edificante el de este dignísimo Prelado que 86 HISTORIA DE POBLET después de haber ocupado los mejores puestos en el mundo y en la Orden desciende voluntariamente ante yerros más bien ajenos que propios. Dom Guillermo marchó a Benifazá, Monasterio filial de Poblet, viviendo allí santamente hastael año 1302. Dom Egidio misión fué salvar Rosselló (i297-1302). Su Poblet en aquel trance durísimo. El gran Cenobio estaba arruinado y esta ruina material podía ser el principio de la decadencia monástica, que en definitiva hubiera sido el fin de una historia que aun había de prolongarse cinco siglos. Forzosamente hemos de resumir la relación de este Aba¬ diato breve, pero fructuosísimo. El prestigio de virtud, pru¬ dencia, dotes de gobierno del nuevo Abad Dom Egidio, le llevaron a la consecución del objetivo suspirado. Para ello tuvo dos cooperadores magnánimos que le apoyaron con sus donativos y fundaciones ; tales fueron don Berenguer de Puigyert y don Bernardo de Montpahó. El primero de los cuales en 1297, residiendo en Poblet, fué acometido de su postrer mal y otorgó testamento en favor del Cenobio, legan¬ do para la obra del dormitorio y del claustro el castillo de Puigvert, y confirmó de nuevo las donaciones de los castillos y villas de Prenafeta, Figarola, Miramar, Montornès y ios bienes que poseía en Montblanch, Alilla y en otros lugares ; dió además los censos de Agramunt y otros bienes de cuyos réditos se sustentaba la Comunidad y treinta monjes más ; fué enterrado en Poblet, y hasta el año 1835 la Comunidad ofrecía preces y sufragios por su alma. Don Bernardo de Montpahó mandó en su testamento que nada se dispusiese GRANDEZA MONASTICA 8V de sus bienes sin el consejo del Abad de Poblet, al cual hizo legados en moneda; muy importantes. Por su parte Dom Egidio Rosselló hizo establecimiento de varias posesiones distantes del Monasterio, que no podían ser cultivadas directamente por los Monjes, de manera que redituasen algunos frutos sin gasto de ninguna clase, todo lo cual niveló la vida económica de la Casa. En 1301 asistió, como Abad de Poblet, a las Cortes que tuvo en Lérida don Jaime II, tomando asiento entre los miembros que componían el brazo eclesiástico. Prueba del prestigio del Cenobio en aquellos tiempos, es el hecho de que el año 1300 el santo e intrépido don Juan II, Abad general de la Orden, dió a nuestro Abad Dom Egidio jurisdicción sobre todos los monasterios de Aragón y Cas¬ tilla. En el desempeño de esta delicada misión le acompaña¬ ban dos monjes de grandes cualidades : Dom Ponce de Co¬ pons y Dom Andrés de Timor que, andando el tiempo, ha¬ bían de ocupar la suprema dignidad de Poblet. Dom Egidio Rosselló cierra el siglo xçi, pues murió en 1302, con la alegria de ver al Monasterio fiel a la vida cis- terciense 3' en estado económico que, si no era próspero, era por lo menos tranquilizador. Este siglo marca en la historia pobletana el período culmi¬ nante de su-grandeza monástica. De Poblet hemos visto sa¬ lir durante el transcurso de esta centuria Obispos y a santos Abades, que asisten a Cortes, aconsejan a los reyes, presiden embajadas, fundan filiales y llegan incluso a ocupar la sede 88 HISTORIA DE POBLET abacial de la Abadía Madre y dirigir desde Cîteaux a toda la Orden. El siglo XII, con sus hondos problemas y serias dificul¬ tades, logra encauzar la vida de Poblet hacia un futuro pró¬ ximo de plenitud monástica, y el siglo xiii, a pesar de algún lunar que ofrece, responde plenamente a aquella preparación degrandeza. Los siglos venideros sólo podrán conservarla, rarísima- mente aumentarla, por lo menos con la pureza monástica, desinterés por parte de los reyes y con tanta austeridad y belleza en su conjunto artístico, como este siglo trece. PLENITUD SIGLO blet, XIV. Comoel institución al morir siglo benedictino-cisterciense, gozaba xiii,de vitalidad Po¬ una mo¬ nástica insuperable. La santidad, cultura y trabajo habían alcanzado todo el desarrollo de que eran susceptibles según el espíritu del Patriarca de los Monjes de Occidente, llegando_ a inspirar en varias ocasiones el desenvolvimiento de nuestra vida religiosa política nacional. y Elsiglo XIV no podía perfeccionar la obra ni desarrollarla ni completarla ; monásticamente hablando, todo estaba he¬ cho ; sólo podía políticamente adornarla con la admiración y beneficios de una sociedad agradecida por la alta colaboración que Poblet le prestaba en todas las manifestaciones de su vida. Así el poder real, que tantos favores debía al gran Cenobio, se cobija en el mismo como en su propia morada y hace de nuestro templo el mayor panteón de la Casa de Barcelona y recinto fortificado de primer orden, dándole un aspecto im¬ ponente de fortaleza medieval. El Monasterio sigue siendo fiel servidor de la Orden, de la Iglesia del Estado y ; sus Abades simples Monjes son o Comisarios del Abad de Cíteaux para visitar los monasterios- peninsulares ; asisten a Concilios, coadyuban a la extinción de ciertos errores, son consejeros reales y apoyan económica- HISTORIA DE POBLET mente nuestras mediterráneas. En justa recompen¬ empresas sa, Poblet recibe de la Orden comisiones honrosísimas ; de la Iglesia el uso para sus Abades de los ornamentos ponti¬ ficales y los reyes los nombran limosneros perpetuos suyos, dándoles categoría de consejeros del reino. Y es que la .santidad y cultura pobletanas propagan y extienden su in¬ fluencia por todos los grandes centros de aquella Europa agi¬ tada. En París hallamos doctores que enseñan en la Sorbona ; Monjes nuestros son enviados a la Corte Pontificia en repre- •sentación de nuestros reyes y con sus predicadores, histo¬ riadores, juristas, teólogos y hombres de ciencia llegan a todos los ámbitos de la sociedad. Este siglo, diferencia de los dos precedentes, logra a abadiatos muy y sus monjes raras veces salen prolongados fiel monasterio definitivamente para ocupar sedes episcopales ■o puestos de mayorresponsabilidad. Tampoco registran nuestras viejas crónicas y papeles del Archivo trastornos que interrumpan la vida monástica. La peste, que asoló a Europa entera y en consecuencia a nuestro ■Cenobio a mediados de aquella centuria, es pasajera, logran¬ do el Abad Examuç llenar los huecos numerosos que dejara en la Comunidad el terrible azote, sin merma de la espiri¬ tualidad monástica. Además los Abades que gobiernan la Abadía dirigen y son grandes temperamentos benedictinos y hombres empren¬ dedores que logran para Poblet la solidez y perseverancia fie su grandeza en todos los órdenes. Y, si es cierto que el poder real — Pedro IV, Juan I y Martín el Humano — hacen PLENITUD 91 del Monasterio algo propio como una institución en favor suyo, ello perjuicio del bien monástico, porque no es en Monjes y Abades logran servir a la realeza y al Estado sin que se desmorone el espíritu cisterciense del Cenobio. Dom Pedro de Alberich (1302-1311.) Al decir de Fi¬ nestres «fué varón de loables costumbres, prudente, circuns¬ pecto y tan solícito en la administración de los bienes así espirituales como temporales, que, aplicando al aumento de la Comunidad las rentas que a ese fin había legado años antes don Berenguer de Puigvert, llegó a su tiempo a com¬ ponerse de ochenta y ocho monjes y ochenta y cinco con¬ versos.» Ilustró su abadiato el monje Dom Jaime Despereres, tan estimado del rey don Jaime II de Mallorca que le encargó la dirección de su Hacienda Pública. Enriqueció sobre al Cenobio, gastando más de manera doscientos mil sueldos la compra de los lugares de Las en Bessas, Vallseca, Cogul y Fulleda, 1306-1307. En 13ii doña Sibila de Saga le donó en los alrededores de Barcelona la casa llamada Mas d'En Moneder, la cual fué convertida en el célebre Priorato de Santa María de Nazaret. Hacia el año 1308, hubo de intervenir en el delicado y difícil pleito de los Templarios, los a que defendió bizarra¬ mente como buen cisterciense y varón convencido de su ino¬ cencia. Este hecho, por la resonancia que tuvo y por la re¬ lación que unía a aquellos caballeros con la Orden por su origen 3^ desarrollo, nos obligan a detallar, aunque sea 92 HISTORIA DE POBLET brevemente, los hechos y pasiones que motivaron la supre¬ sión de la benemérita Orden monástico-militar, inspirada en sus orígenes reglamentada por San Bernardo (1119). y Extendida rápidamente por Europa y recibiendo multitud, de donaciones y bienes, había llegado a constituir una gran potencia más bien financiera que monástico-militar. Poseía grandes riquezas que la desviaron no poco de su primitiva finalidad, sobre todo después de la pérdida de Tierra Santa en 1291, convirtiéndola Comunidad algo materializada en una dentro de la cual no faltaron algunos países abusos y re¬ en lajaciones. El rey de Francia, movido por interés político y económico, procedió violentamente contra la misma acusán¬ dola de graves crímenes y herejías. Por instigación suya, el Papa Clemente V había comenzado contra ella un proceso, cuyo fin fué en 1312 suprimir por precaución y no por con¬ denación a la benemérita Orden. Jaime II de Aragón, que de momento se había resistido a las instigaciones del rey francés, decidióse a proceder con¬ tra la Orden, pero sinadoptar los medios de violencia de aquél. Las inquisiciones que contra los Templarios se hicie¬ ron probaron su inculpabilidad y el Concilio de Tarragona sentenció en favor suyo. Con todo, se llegó por presiones superiores a la extinción definitiva, pasando la mayor parte de sus bienes los Hospitalarios y en Valencia, por inspi¬ a ración del Císter y en especial del Abad de Santes Creus Dom Pedro Alegre (1309-1335), se fundó, de acuerdo con el Papa, la Orden de Montesa, 1317, destinada a combatir a los musulmanes. PLENITUD 93 Nuestro Abad tomó parte muy directa eu todo este nego¬ cio y, según don Vicente Boix, en las deliberaciones de Va¬ lencia, pronunció estas enérgicas frases : — oLos Templa¬ rios no son contrarios a la Iglesia y es preciso escucharles sin prevenciones. Yo han hecho creo que vituperables cosas algunos de los miembros de la Orden, pero es a su vez muy vituperable la conducta y procedimientos empleados por el rey don Felipe con el fin de incautarse de sus personas y propiedades.» ■—• Algunos historiadores han creído que la firmeza de nuestro Abad logró evitar torturas, muertes, su¬ plicios y hogueras como las del malaventurado Jacobo de Molay, y un Concilio provincial Tarraconense, al que asistió nuestro Abad, tomando parte muy directa en sus delibera¬ ciones, los declaró inocentes, como ya hemos dicho. Y debía ser así porque el espíritu de justicia la tradición de y pro¬ verbial lealtad de estos caballeros, que en sus orígenes tanto debieron a San Bernardo, inspiraron su noble actuación en aquellas circunstancias. Asistió a las Cortes que don Jaime II celebró en Mont- blanch en 1307 y en las de 1311 de Barcelona, apoyando con prudencia y entereza el poder real y sus empresas. Murió en 12 de marzo de 1311, siendo enterrado en el Aula Capitular, donde en la losa puesta sobre su tumba y alrededor de su figura esculpida relieve, lee en se : «Aquí yace don Pedro de Alberich que fué Abad XXVII de Poblet.» Fué el primero que así quiso ser enterrado. Dom Andrés de Timor (1312-1316) era prior del Ceno¬ bio desde 1295, cuyo cargo le dió la experiencia de gobierno 94 HISTORIA DE POBLET que durante su abadiato demostró poseer en alto grado. Era hombre de altos méritos y pertenecía a una familia noble de nuestro país. Hubo de tomar parte en el pleito y proceso, aun no zan¬ jado, de los Templarios, siendo uno de los llamados a poner en práctica la Bula de Juan XXII que reconoce la inculpa¬ bilidad de aquellos religiosos en Cataluña, pero los obliga a dejar su hábito y Orden, permitiéndoseles entrar en una religión cualquiera aprobada por la Iglesia. En 1313, hospedó en el Monasterio al rey don Jaime II, que vino a preparar las Cortes generales que un mes más tarde debían celebrarse en Horta, en pidió doscientos las que mil sueldos para el casamiento de sus hijas, aprontando nues¬ tro Abad, en nombre del Monasterio, nueve mil, rasgo éste que fué imitado por otros personajes que al parecer se resis¬ tían a aprobar aquella subvención extraordinaria. Agradeci¬ do el Rey, obtuvo de don Guillermo de Rocabertí la resolu¬ ción de un pleito en que Poblet y el Arzobispo andaban mez¬ clados sobre la parroquia de Ulldemolins, quedando nuestra Abadía encargada de la cura de almas de la misma. También fué requerido para que dictaminara sobre las doctrinas del ilustre Arnaldo de Vilanova, cuyos errores filo¬ sóficos y aun dogmáticos suscitaban fuertes discusiones. Este encargo lo confió el Abad Timor al insigne teólogo y monje pobletano Dom Jaime Ricart, el cual expurgó los libros de aquel prestigio de las letras. Murió el Abad Dom Andrés de Timor en 1316 y fué en- plenitud 95- terrado en el Aula Capitular, sin poder precisar el lugar de su tumba. Dom Ponce de Copons (1316-1348). Pertenecía a la fa¬ milia de este nombre, entonces en el período álgido de su prestigio de su grandeza. Sus hermanos tenían cargos de- y mucha importancia en el Ejército, en la Corte y en la Ma¬ gistratura. Su misma hermana doña Elisenda de Copons era abadesa de Vallbona de las Monjas (1340-1348), dejando como bella muestra de su valer el magnífico cimborio que adorna aquella iglesia, y nuestro Monje de Poblet prontoi escaló cargosde gran importancia, hasta que en 1311 fué elegido Abad de Benifassà, construyendo en aquella Abadía la hermosa Sala Capitular ; pasando de allí, en 1316, a la sede abacial de Poblet. El nuevo Abad comenzó su gobierno en un Monasterio que era modelo de observancia monástica, sin preocupaeionea de orden económico, y con Monjes que le habían elegido- por unanimidad. Afirmamos esto, porque el relato de una visita canónica abierta el jueves inmediato a la fiesta de¬ Pentecostés del año 1316 por Dom Guillermo de Aiguabella. y Dom Raimundo de la Iglesia, Monje éste de la Casa- Madre de Fontfroide, hicieron constar la admiración que les causó la caridad existente entre los Monjes, el orden,, la observancia ejemplarísima y la vida económica que era muy floreciente, que hacían de nuestro Monasterio una ins¬ titución modelo. Sus grandes planes de gobierno podían desarrollarse, pues, con toda amplitud y seguridad de éxito. Consistían és- 96 HISTORIA DE POBLET tos en fomentar la vida monástica en su parte esencial de santidad, litúrgica y vida cultural, ampliar el Monasterio y y afianzar los lazos que lo unían a la Casa de Aragón. Este programa nos es conocido por los resultados que dió y que perduran en muchas construcciones pobletanas, constan en nuestro Archivo y en memorias de aquella época. El Abad Copons, interpretando varios capítulos de la Santa Regla de nuestro Padre San Benito en un sentido amplio, ordenó que durante el tiempo que se considera de invierno, durmieran los Monjes siete horas seguidas, mien¬ tras en verano se dormirían menos, por el Oficio litúrgico que debe acabarse antes de amanecer. La lectura y estudio de los Salmos que se recomienda hasta amanecer, ordenó que fuese un estudio de ciencias eclesiásticas. Los capítulos en que el Santo Padre recomienda el trabajo, las disposiciones propias para cada edad y tempe¬ ramento, las cualidades intelectuales que son don de Dios, la huida de la ociosidad y otras particularidades debieron ser profundamente meditadas por nuestro Abad y, situándose en aquel siglo xiv con sus miserias, necesidades y grandezas, resolvió dar a sus Monjes una formación cultural digna de la Orden a que pertenecían, estudió el plan de vida monás¬ tica del Abad Siscart, lo reformó en el sentido de dar más amplitud al trabajo intelectual y litúrgico, ofreciendo el re¬ sultado de todo ello a los Monjes ancianos, los cuales, a 30 de mayo de 1337, dieron su opinión favorable ante toda la Comunidad congregada en el Aula Capitular, que aprobó la sabia reforma con una votación unánime. El esplendor que Balces) A.(Foto XSPdomiIbguVeralelts.. Toyr es PLENITUD 97 desde entonces brilló Poblet orden la cultura y a en en a la liturgia perduró hasta los últimos días del Cenobio. Creemos muy verosímil lo que afirman ciertos historia¬ dores y que tal estudio detenido de nuestro vez un Archivo, hoy en Madrid, en su parte más interesante, confirmaría , que el Abad Ponce de Copons, previo examen de sus Monjes, consagró a cada uno de ellos a la ciencia eclesiástica a que le inclinaban cualidades y sus aficiones. Es en esta época cuando los jóvenes estudiantes del Monasterio van a per¬ feccionar sus estudios a París y a otras Universidades eu¬ ropeas, en que oficialmente se menciona a nuestro «Scrip¬ torium» diplomas reales, en se enriquece la Biblioteca de bellos y sabios códices por la ciencia y arte de nuestros Mon¬ jes y a los pocos años todos los ramos del saber humano tenían cultivadores prestigiosos. Así vemos a Dom Guiller¬ mo de Ripoll enseñar teología en París, Dom Bernardo de Palacio es arquitecto, Dom Jaime de Fontseca escribe bellí¬ simos comentarios sobre nuestra antigua legislación, Dom Jaime Domènech es historiador, mientras otros por sus cua¬ lidades de orden diferente ocupan puestos destacados en la organización estatal de la entonces omnipotente Confede¬ ración aragonesa. La ingente obra del Abad Copons le obligó a ampliar el Monasterio para dotarle de las dependencias que requerían sus grandes empresas monásticas. Construye el severo atrio que precede al claustro ; a su derecha, la obra de los Lagares de una austeridad asom¬ brosa y no menos magnífica ; en el viejo patio de Los Cla- 7 98 HISTORIA DE POBLET veles levanta una serie de obradores notables para los mon¬ jes no sacerdotes ; su escudo domina en la casa del Maestro de Novicios y en las bellísimas dependencias conocidas por Salas de Música ; con teda probabilidad puede afirmarse que en el claustro de San Esteban levantó un segundo piso con capiteles, arcos y columnas y otros elementos constructivos que llevan sus armas, elementos hallados en dicha dependen¬ cia que a pesar de posteriores obras y revoques han quedado en su puesto convenciéndonos de lo dicho. En la iglesia mayor edificó la nave de todo el mundo conocida y en sus últimos tiempos comenzó el maravilloso Cimborio que, aun inacabado y horrorosamente mutilado como le vemos, nos hace pensar en un trabajo de orfebrería ejecutado en piedra ; tanta es su cortó las alas de hermosura. Ea peste negra aquel proyecto bellísimo y así, como un poco por todas par¬ tes de la Abadía se descubren las armas de este gran monje, también se descubren infinitas piezas del malogrado Cimbo¬ rio en paredes, rincones y montones de ruinas. La vida espiritual de la Abadía, tradicionalmente pujan¬ te, no disminuyó durante los días del Abad Copons, que recibió un cúmulo de grandezas de este orden digno de ser tenido en cuenta, conservado y aumentado. Recordemos los abadiatos anteriores al suyo, los Obispos y dignidades ecle¬ siásticas procedentes de Poblet y aun los casos de santidad heroica—San Bernardo de Alcira, el beato Arnaldo de Amal- rich, el venerable obispo Sisear y otros — y concluiremos que las esencias más puras del monaquismo existían en Po¬ blet en tiempo de este Abad, el cual sólo hubo de dar impul- PLENITUD 99 SO a la «Obra de Dios», como el medio más extraordinario de santificación. Haciendo uso de varios decretos y dispo¬ sicionespontificias, así como de ordenaciones emanadas del Capítulo General de la Orden, dotó al Monasterio de orna¬ mentos, imágenes, vasos sagrados y libros riquísimos, mien¬ tras el canto, el ceremonial y todo lo referente al Santo Sacri¬ ficio de la Misa eran ejecutados con unción edificante e impresionante dignidad. La iglesia mayor fué ampliada en 1337 y se obtuvo de Benedicto XII el privilegio de usar el ceremonial y ornamentos pontificales, privilegio que confir¬ mó a perpetuidad Clemente VI. Así la unción monástica y lagrandiosidad litúrgica, elementos esenciales de la vida es¬ piritual del Monje benedictino alcanzaron una perfección que, prolongándose a través de los siglos, quedó incólume hasta la brutal destrucción de 1835. Otro aspecto de las actividades de este Abad es el de sus relaciones con la familia real de Aragón-Cataluña que llegan a ser de una intimidad notable y sin perjuicio de la norma¬ lidad regular de la Abadía. El amor de los reyes a Poblet es fruto y consecuencia de la vitalidad cisterciense de los Monjes y de su amor a la patria. Los reyes saben prácticamente que en Poblet hay hom¬ bres que pueden ser sus mejores consejeros, embajadores, obispos, escritores, limosneros y allí acuden en busca de los elementos que necesitan para el gobierno del Estado. Así, las grandes empresas de Aragón encuentran en Poblet, no sólo entusiasmo y alientos, sino también dirección y aun subsidios económicos. En 1331 Jaime II recibe ayuda eco- 100 HISTORIA DE POBLET nómica, cuya cantidad podemos precisar, en su empresa no de pacificar la isla de Cerdeña ; Alfonso IV el Benigno ob¬ tiene una contribución de 40.000 sueldos en 134a y en otra ocasión 50.000. Cuando el casamiento de doña Constanza con Jaime III de Mallorca dio el Monasterio 3.000 sueldos para la dote y al celebrarse el de Pedro IV con María de Navarra acudió con 6.000. Personalmente concurre a las Cortes que el Rey celebra y la palabra de este Abad más de una ocasión la que es en apoya y decide las empresas del Estado, cuando son justas y de verdadero interés nacional ; en este sentido le hallamos ocupando puestos preferentes en las Cortes de 1319, 1320, 1321 y en otras de aquellas magnas asambleas. Los reyes, a su vez, recompensan estos favores con visi¬ tas y donaciones, que honran y enriquecen al Cenobio. Jai¬ me II y Alfonso IV vienen con frecuencia a Poblet, a pesar de su predilección por Santes Creus. Hay documentos de Jaime II y de su hijo el infante don Alfonso fechados en Poblet en 1319 y 1320. Pero es Pedro IV quien busca enAbadía una nuestra residencia prolongada. Habla del" Cenobio como de algo pro¬ pio, le llama anostre Monestir», ordena obras, cuida de sus propiedades y defiende el bosque inmenso, donde quiere ca¬ zar. En 1341 la familia real pasa todo el verano en la Abadía, donde nace y es bautizada la infanta doña Constanza, años después esposa de Federico II de Sicilia. El rey se lanza con sus monteros y cortesanos por las frondas del bosque en rui¬ dosas cacerías, las horas que el gobierno de sus Estados le PLENITUD 101 deja libres. El bosque de Poblet aquellos tiempos algo era en único por su ingente arbolado, riquísimas fuentes y abun¬ dante caza de ciervos, cabras montaraces, jabalíes y aves muy apreciadas. Además, las granjas que, diseminadas por la inmensidad de sus tierras eran alhajadas lujosamente, ser¬ vían de albergue digno de los reyes y nobles de la tierra. En Poblet Pedro IV celebra Cortes en 1340, recibe a los embajadores de su cuñado el rey de Mallorca don Jaime III —■ los cuales dan al Monasterio, de parte de su señor, una fuerte cantidad de dinero para sufragios, cuarenta grandes códices y una púrpura riquísima que, aun en tiempos del P. Finestres, s. xviii, era la admiración de los que la veían ; en Poblet despacha asuntos yresuelve problemas de la Con¬ federación y de Poblet salen nombramientos de altos cargos, como el de Guillermo de Cervelló para el gobierno de la isla de Cerdeña. Otros favores reales recibió el Monasterio de este Rey como el de 1341 que le exime de la mitad del tributo sobre el sello. En 1345 prohibe al Veguer de Montblanch hacer ejecuciones en el término de Poblet. Hay recuerdo de un donativo hecho por Pedro IV con¬ sistente en un notable fragmento de la Cruz del Redentor y una espina de la Corona de Cristo que se veneraba en la Santa Capilla de París, ofrecida por Felipe IV de Francia a nuestro rey. Asistió Dom Ponce de Copons a varios Conci¬ lios tarraconenses, como, entre otros, el de 1333, en el que declaró que acudía voluntariamente servir por a la Iglesia, pero no por estar sujeto al Ordinario. 102 HISTORIA DE POBLET de esta asombrosa actividad y amor intenso al A pesar Monasterio, en 1333 una reducida fracción de la Comunidad se indispuso contra este santo varón por pequeñas pasiones muy humanas, llegando en su empeño de destruir su buen nombre a denunciarle ante la Santa Sede, la cual ordenó una visita que resultado el siguiente dictamen, que ex¬ dió por ponemos en sus líneas generales : Poblet era una Comuni¬ dad observantísima, en la cual reinaba la sujección a los superiores edificante caridad, así como una espléndida y una vida cultural ylitúrgica. Económicamente contaba con 33.000 libras y 23.000 sueldos en depósito; se habían hecho obras muy importantes, a pesar de lo cual los bienes del Monas¬ terio habían aumentado, quedando con ella desecha la acusa¬ ción de malversación de los bienes monásticos. Un amplio perdón del Abad en favor de los reos estrechó de nuevo los vínculos de la caridad. En 1347 la pesteinvadió al país logrando inmunizarse nuestra verano de aquel año, pero ya en julio Abadía hasta el la mortandad entre los Monjes era general ; asistidos por el padre de todos Dom Ponce de Copons, iban desapareciendo aquellos dos centenares de cistercienses. Al fin, víctima de su celo y caridad, cayó el santo Abad el día 29 de julio de 1348. Se ve su tumba en el Aula Capitular. Muerto el Abad Copons, fué elegido en 8 de agosto de 1348, Dom Bernardo de Palacio, el cual había sido gran servidor del rey Alfonso IV el Benigno y su embajador en Sicilia por los años de 1328. Su gobierno sólo duró ocho días, porque, murió a 16 de agosto del mismo año, asistiendo per- PLENITUD 103 sonalmente a sus cohermanos apestados. La figura de este Monje, militar y diplomático antes de su entrada en Poblet y arquitecto una vez profeso de la Orden, merece un estudio más detenido, hoy por hoy imposible falta de materiales. por Sus actividades científicas que se desarrollaban en el campo de las ciencias exactas — matemáticas, geometría y arqui¬ tectura — y suentrada en el Monasterio despnés del entierro, de su rey amado Alfonso IV el Benigno, y otros detalles de su vida aun imprecisos, hacen de él una personalidad poble- tana atractiva. La peste seguía haciendo estragos entre los Monjes, que en poquísimo tiempo perdieron dos Abades, viéndose redu¬ cidos al número de treinta de doscientos que eran. Fué una hora trágica la de Poblet en aquel trienio 1348-1351 ; pér¬ dida de personal, ruina económica y peligro para la obser¬ vancia regular y vida monástica hasta entonces sólidamente consolidadas, todo lo cual podía degenerar, como en otros Monasterios, en una crisis total y definitiva. Nuestra Abadía tuvo, con todo; Monjes conscientes de su profesión que dieron un gran ejemplo de perfección monástica al morir el Abad Copons, reuniéndose Capítulo y eligiéndole un sucesor, y, en muerto éste a los ocho días, entre lamentos, cantos fúnebres y lúgubres tañidos de campanas volvióse a congregar la Co¬ munidad para nombrar prelado y evitar que se truncara la vida del Monasterio. Resultó elegido DoM Arnaldo de Eixamuç que gobernó trece años : 1348-1361. Este Abad supo ante el peligro de relajación y derrumbamiento del prestigio de Poblet—tengamos presente que muchas otras comunidades lü-i HISTORIA DE POBLET sucumbieron en aquellas circunstancias, espiritualmente —, , encauzar la vida del Cenobio mediante buenas y numerosas vocaciones. Sus doce años de gobierno fueron años de restau¬ ración total con algunas intervenciones en los negocios de la patria de la Iglesia. En 1354 Inocencio VI le nombró y miembro de una Comisión encargada de restaurar la discipli¬ na en la Provincia tarraconense, maltrecha por el terrible azote de 1348. En 1350 bautizó en Perpiñán al infante don Juan, años después rey de Aragón ; indudablemente nuestro Abad de¬ bió acudir a aquella ciudad con motivo de las Cortes que allí reunió don Pedro IV, en las cuales con toda su entereza y energía mantuvo en varias sesiones su criterio opuesto a la alianza Venecia, señalando, al mismo tiempo, los peli¬ con gros quepodía reportar una guerra con Génova — entonces, como siempre, eterna y potente rival de nuestra dominación en Cerdeña. La mayoría empero se adhirió al dictamen del omnipotente primer ministro don Bernardo de Cabrera, de¬ clarándose la guerra a los genoveses, guerra que fué, por cierto, muy popular. A pesar de ello, fiel a su rey, acudió al puerto de Barcelona a bendecir a las huestes y a la escuadra expedicionaria, que mandaba como general en jefe Ponce de Santa Pan, dirigiendo al ejército una alocución de tonos muy patrióticos antes de la solemne ceremonia. Los hechos dieron la razón a nuestro Abad : en el mar de Mármara se avistaron las dos escuadras, y frente a la misma Constantinopla entraron en combate. Génova perdió trece unidades y la escuadra catalana doce, muriendo en la PLENITUD 105 demanda don Ponce de Santa Pan. Fué una victoria cara. Asistió años más tarde a las Cortes de Zaragoza, reuni¬ das para jurar heredero de la corona al infante don Juan, pasando de esta ciudad a los alrededores de Tarazona, donde se avistó con don Pedro I de Castilla, resultando de su ges¬ tión diplomática Una alianza de ambos reinos hermanos. Esta fué la actuación pública de este gran Abad, retoño de una noble familia de Valls. Su actuación en el Monasterio fué muy fructuosa y ha sido elogiada de todos los historiadores y cronistas. No obs¬ tante, esta actuación interior es desconocida porque en aque¬ llos tiempos se escribía poco de lo que acontecía en el Monasterio. Sabemos, a pesar de todo, que aceptó la profe¬ sión de más de treinta Monjes, dejando al morir una Co¬ munidad que contaba más de setenta y, por escrituras, do- . naciones y otros documentos que cita el Padre Dom Jaime Finestres, sabemos que su labor en lo económico fué intensa y provechosa. Murió en 1361, siendo enterrado en lugar desconocido de la Sala Capitular. Dom Guillermo de Agulló (1361-1393). La reorganiza¬ ción de Poblet llevada a cabo por Dom Arnaldo de Examuç permitió a nuestra Abadía proseguir su vida pujante durante el Abadiato de este gran Monje, que gobernó treinta y dos años. Según nuestro P. Finestres, el Abad Agulló procedía de una gran familia catalana, mientras otros historiadores lo hacen mallorquín, si bien oriundo del Principado, pero sea 106 HISTORIA DE POBEET de ello lo que fuere, lo cierto es que compenetrado estaba tan. con nuestro Monasterio y con la familia la Comunidad y con real que al ser elegido Abad tenía los cargos de confesor, consejero y capellán de aquel gran hombre de Estado, el infante don Pedro de Aragón, conde Ribagorza, y había te¬ nido los cargos principales del Cenobio. Filé uno de sus primeros actos oficiales aceptar, en nom¬ bre del Monasterio, el testamento que hizo Juan Miró, de Espluga de Francolí, en el que pedía ser enterrado en Poblet, legando en compensación algunas posesiones en el término de aquella villa. La guerra con Castilla hizo que Pedro IV pensara en fortificar el Monasterio de Poblet hasta el punto de que entre Lérida y Tarragona pudiera contar con una fortaleza de primer orden y, aunque el rey en su correspondencia dirigida a nuestro Abad habla de amor al Monasterio y la seguridad de la iglesia en la que descansaban los cuerpos reales casa e de algunos de sus antepasados, es indudable que le movió más bien un fin militar y político que no miras idealistas. Las construcciones del Abad Agulló, o más bien las ejecu¬ tadas durante su gobierno, no obedecen en realidad a un ideal de expansión de la Comunidad, ni a necesidades surgidas en su seno, ni tan siquiera las imponen fines utilitarios de la misma, como las que levantó Dom Ponce de Copons. Poblet estaba ya plenamente organizado. Las obras del Abad Agulló son hijas de la voluntad real de Pedro IV, de aquel rey que no reconocía otra necesidad, ley, utilidad y bien pfiblico, que su voluntad. Pedro IV amaba a Poblet ; algunos de sus PLENITUD 107 egregios antepasados estaban sepultados en el Monasterio ; y la idea de una gran Abadía, panteón, residencia real y castillo, y al amor del Jefe de Estado y de la dinastía, se unió el cálculo del gobernante político y militar y surgió en 1367 el decreto dirigido al Gobernador general de Cataluña Gui¬ llén de Guimerà, ordenándole fortificar el recinto de Poblet, eximiendo a los vasallos de la Abadía de pagar las contribu¬ ciones de muros y defensas de la veguería en favor de la fortificación pobletana. Esta obra, opuesta al espíritu benedictino, avanzaba con harta lentitud, lentitud que al rey causaba disgusto y ma¬ lestar que flotan en una serie de cartas expedidas por la Cancillería real y dirigidas al Abad de Poblet hasta que en 1374, ante el temor de invasión del ejército castellano en¬ trado ya en Aragón, surgió un decreto con el que eran obli¬ gados a trabajar en nuestras fortificaciones todos los subditos del Cenobio. Así pudieron terminarse en 1377. Con ellas, Poblet perdió toda la silueta exterior de Monasterio bene¬ dictino y adquirió la de un inmenso castillo. A esta obra siguió la construcción de los Panteones rea¬ les, labor riquísima y algo más en consonancia con la vida monástica de Poblet. Ya en tiempo del Abad Eixamuç pro¬ yectó Pedro TV la construcción de aquel hermoso monumento funerario, que indudablemente quería que fuese el panteón de su Casa y dinastía, según nos lo prueba la corespondencia oficial y privada del rey «Ceremonioso» dirigida a Dom Ar- naldo y a Dom Guillermo. Dom Guillermo de Agulló, Abad del Monasterio y leal servidor del rey y del Estado, fué el 108 HISTORIA DE POBLET monje inteligente y patriota, dócil ejecutor de los planes de Pedro IV. El rey durante veintinueve años — 1359-1387 — se ocupó muy personalmente y con incansable frecuencia de la gran obra, dando prisas, señalando detalles, mudando el orden y colocación de las estatuas de los regios difuntos y aun se¬ ñalando la manera un poco original de satisfacer a los acree¬ dores surgidos de aquella empresa. Murió en 1387 y no vió completada su creación. En un principio, el rey quería unos sarcófagos que des¬ cansaran sobre el pavimiento de la iglesia, colocados dos en cada arco lateral del crucero, uno con la cabeza descansando hacia el altar mayor y la parte posterior con la cabeza di¬ rigida al atrio, el panteón opuesto a éste estaría con la ca¬ beza dirigida al atrio y los pies en dirección del altar mayor. Sería el mismo emplazamiento que el ejecutado en Santes Creus, pero por duplicado. Quedaba con esta solución un pasillo entre ambos panteones por di que transitarían los Monjes en el ejercicio de su vida litúrgica, mientras el cru¬ cero seguiría ostentando su majestuosa austeridad, sin ape¬ nas tener ningún obstáculo que interrumpiera su sencillez. Pero aquel organizador, inteligentísimo y en todo rey ordenado, comprendió que era imposible emplazar los dos monumentos funerarios en el hueco de los arcos que sólo miden siete metros de luz, y dejar un paso con ,1a suficiente anchura para los Monjes y ministros sagrados y entonces se buscó la hermosa solución de los arcos escarzanos que estri¬ barían cada uno en las pilastras del enormes crucero y encima PLENITUD 109 se colocarían los ricos sarcófagos de alabastro con los restos mortales «del santo rey don Jaime, que conquistó Valencia», y de Alfonso el Casto y los suyos propios y los de las «Sras. Reinas esposas nuestras». Habla el rey varias veces viudo. Pero la obra era delicadísima, de larga ejecución y el maestro -Cascalls, encargado de la misma con algunos escla¬ vos, no lograba o no quería adelantarla, tal vez por insol¬ vencia real ; tenía otros encargos honrosísimos y acaso ante¬ riores al de Poblet y probablemente no podía atender a todas partes. El Abad, celoso del prestigio que la obra otorgaba a la Abadía y prudente servidor del rey, daba prisas, pero con todo la obra quedaba rezagada. Pedro IV, al corriente de todo ello, escribió en 1377 a una autoridad de Tarragona ; «Sabed que nos hacemos cons¬ truir dos oratorios (panteones) en la Iglesia del Monasterio de Poblet, oratorios que ha empezado y casi acabado el maestro Jaime de Cascalls, quien a pesar de haberle hecho decir muchas veces que fuese a terminar dichos oratorios tenemos entendido que no ha querido ni quiere hacerlo, a causa de algunas obras que hace en la Seo de Tarra¬ gona. Y como nos tenemos mucho interés en que dichos oratorios se terminen prontamente os ordenamos lo más expresamente que podemos, bajo pena de nuestra gracia y merced, incontinenti hagais partir al dicho maestro que Jaime con su esclavo que es apto para tales obras para que vaya al dicho Monasterio de Poblet y, si esto rehusare o tardare en hacer, enviadle preso juntamente con su dicho esclavo.» 110 HISTORIA DE PORLET Así es toda la abundante, deta¬ correspondencia del rey, llista y siempre dando prisas. Acabada la parte estatuaria de los sarcófagos en 1381, desde Zaragoza daba órdenes y detalles referentes a la construcción de unos doseletes de ri¬ cas maderas y dorados que debían cobijar la obra escultó¬ rica. Y nuestro Abad contrataba al efecto a Bernardo Tei¬ xidó, carpintero de Vimbodí, el precio de mil florines. por Teixidó pidió cuatro años para la ejecución de aquella obra, pero, expirado el plazo, su labor no estaba acabada. Toda¬ vía Peídro IV insistió sobre sus panteones, pero al morir en Barcelona el 5 de enero de 1387 la creación del panteón fa¬ miliar de Poblet en la que trabajara desde 1359, o sea durante 28 años, no estaba terminada ; en cambio, hechos y hombres del siglo XIX la destruyeron en poco tiempo tan lastimosa¬ mente, que hoy nos es imposible formarnos una idea exacta de lo que fué en sus buenos tiempos aquella obra creada por Pedro IV y el Abad Agulló -y completada por los sucesores de ambos. Otra construcción debida a Dom Guillermo de Agulló fueron las célebres Cámaras Reales, construcción que indu¬ dablemente impusieron las frecuentes visitas reales, a veces prolongadas estancias que convertían al Monasterio en una especie de real sitio. Hay correspondencia real en esta época en la que el rey habla dé fortificar sus cámaras, del placer que le causa la construcción de otras nuevas y da instruc¬ ciones para la ampliación de las mismas. Se habla también de una Biblioteca que debe construirse para servicio del rey y honra del Monasterio. PLENITUD 111 Estas Cámaras estaban concluidas en 1375, puesto que en ellas se hospedó aquel año el rey don Carlos II de Na-, varra, hermano de doña María, de Pedro IV. esposa Una de las cartas del rey dirigida al Abad Agulló nos dice lo que eran aquellas habitaciones regias, cuyas ruinas aun subsisten : «Fray Guillermo Deude (vicelimosnero real) nos ha dicho que encima de la capilla de San Esteban habéis construido una hermosa Cámara y de hecho cons¬ truiréis seis arcos a nuestras antiguas cámaras y encima construiréis nuestras nuevas habitaciones, desde las cuales podremos ir al Claustro superior y esperamos de vuestra probidad que habréis terminado parte cuando Nos lleguemos, viniendo de las Cortes Generales y parécenos que habéis de considerar que, para construir en dos o tres años, son ne¬ cesarios tantos albañiles y tantos carpinteros que redunde en honor de Dios y en nuestro honor y agrado vnestro». Todo esto que escribía el gran rey todavía subsiste, si bien en ruinas. Las Cámaras son conforme a las que se es¬ tilaban en los castillos ypalacios medievales : grandes sa¬ lones que sostienen sobre arcos góticos artesonados, venta¬ nales del mismo estilo y enladrillado de azulejos. En las Cámaras de Poblet subsisten fragmentos de una galería romᬠnica construida durante el siglo xiii ; estas Cámaras Reales, como todas las de Poblet, se citaban con el nombre de un santo, nombres que nos han llegado a través de un manus¬ crito del siglo el XVI en puede leerse la que entre otras cosas relación de la visita que Felipe II hizo en 1564. Trabajos posteriores desfiguraron estas elegantes salas. 112 HISTORIA DE POBLET haciendo poco menos que imposible su completa restauración. Estas construcciones sirvieron en todas las visitas reales que siguieron a su edificación, durante el correr' de los siglos. Cuanto más se estudia la acción conjunta en favor de Poblet, llevada a cabo por estos dos grandes temperamentos Pedro IV y el Abad Agulló, tanto más se llega a la conclu¬ sión de que ambos seguían y completaban un mismo plan, quizás con intenciones y fines diversos : hacer de Poblet un gran Monasterio, dotándole de un Palacio y del Panteón de la dinastía, y fortificándolo al mismo tiempo para asegu¬ rar su conservación a través de los siglos. La correspondencia real y la de nuestro Abad — ésta muy reducida — proyectan luz sobre este particular. Se adivina que el rey ambicionaba tener palacio completo, con sus un cámaras, salones, biblioteca, jardinesy todo lo que se estilaba en las mansiones reales de entonces. Citemos por lo menos unas cartas de Pedro IV en las que habla de su Biblioteca, si bien es esta materia propia del capítulo de la cultura de Po¬ blet. «Os rogamos que tengáis diligencia para que nuestra li¬ brería se termine cuanto antes porque Nos queremos y hemos acordado que todos nuestros libros donde quiera se hallen sean en ella puestos y conservados.» Estas palabras del rey ■nos obligan a pensar que la librería eïa, por lo menos, un hecho convenido entre el el Abad. monarca y A 20 de agosto de 1382 escribía de nuevo al Abad dán¬ dole instrucciones sobre la Biblioteca real, «que debía tener bóveda de sillería labrada», para que «en ningún modo pueda menoscabarse ni los libros perderse y que hagais poner en la Antiguo sepulcro del Prohombre Vinculador, Pamón Folch de Cardona. Siglo XIV. (Foto A. Balcells) PLENITUD 113 parte del claustro nuestras armas y que con letras grandes y claras se escriba : Esta es la librería del Rey don Pedro 111 y mandar construir buenos bancos con insignias reales y con muchas cadenas con el fin de que Nos hagamos clavar los li¬ bros y que se haga ante Nos, antes de que partamos y hagamos venir los otros libros que se encuentran en Barcelona». Por su parte, nuestro Abad, cuando don Pedro se propuso llevar a cabo la empresa de Sicilia, escribía al rey pidiéndole que an¬ tes de que partiera donara a Santa María de Poblet su Biblio¬ teca, varias prometida, escribiendo el soberano al mar¬ veces gen, en contestación a esta súplica, las siguientes palabras : «place al señor rey». Pedro IV premió la actitud del Monasterio concediendo a sus Abades a perpetuidad el honroso oficio de limosneros reales. El documento e'stá fechado en i8 de abril de 1375. Este oficio había de ser cumplido por el Abad, el cual empero podía delegar en dos Monjes llamados vicelimosneros o lu¬ gartenientes del Sr. Abad, y éstos serían elegidos por el Consejo de Ancianos de la Abadía. El limosnero de Aragón, y lo mismo cabe decir de sus lugartenientes, debía residir en la Corte seguirla a donde y quiera que se trasladara. En realidad este cargo daba a los Monjes que lo ejercían una representación oficial y prepon¬ derante en Palacio. Signan con frecuencia documentos con el título de Cancilleres. La mayordomía de Palacio debía pagar al limosnero siete raciones de la mesa real y tres para los Monjes. El Padre Finestres nos habla de libros depositados en nuestro Archivo, 8 114 HISTORIA DE POBLET en los que la Casa Real consignan los contadores mayores de los recibos y gastos de las rentas de Aragón que con motivo del oficio hubieron de administrar los Abades y Monjes de Poblet. Cuando la Corte se traslada por empresas militares a otros países, los Monjes limosneros la siguen. Así Dom Bernardo Serra, Dom Juan Jiménez Cerdán y Dom Miguel Delgado están con Alfonso V en Ñapóles. Dom Miguel Del¬ gado es el que cierra sus ojos cuando muere y don Fernando «el Católico», aunque Vive en Castilla, tiene por limosnero a Dom Antonio Riquer, que sigue al Rey en todos sus viajes. El ejemplo de los reyes lo imitan los miembros de la familia real. Juan I, cuando era sólo duque de Gerona, tenía como limosnero a Martín, duque Dom Vicente Ferrer ; don de Montblanch, tiene al Monje Dom Arnaldo de Abella, y su hijo, el príncipe don Martín de Sicilia, eíscoge a Dom Juan Martínez de Mengucho y a Dom Lorenzo Massa, y Carlos de Viana a Dom Juan de Viñoles. El Monasterio destinaba para ocupar estos altos cargos a sus mejores individuos, prueba de ello es que la mayor parte alcanzaron dignidades eclesiásticas. Dom Juan Gimé¬ nez Cerdán ocupó la Sede Episcopal de Barcelona, Dom Ber¬ nardo Serra fué varias veces embajador, Dom Miguel Del¬ gado fué Abad de Poblet, Dom Antonio Riquer de la Real de Mallorca, y Dom Lorenzo Massa fué Obispo de Girgenti, para no citar más. Prueba fehaciente de la confianza que tenía don Pedro al Abad Agulló es la deal otorgar su testamento en que, Barcelona a 17 de agosto de 1379, le nombró su albacea. PLENITUD 115 disposición que confirmó y ratificó en 25 de agosto de 1385 en Figueras. Murió el Rey el 5 de enero de 1387 en la ciudad de Bar¬ celona, mostrando gran pesar de sus yerros y culpas, y dejó dispuesto que vistiesen su cuerpo con camisa romana, anillo, estola, manípulo, tunicela y dalmática, según usan los car¬ denales cuando el Papa celebra ; medias y zapatos de tercio¬ pelo a manera de aquellos con que fué coronado ; sobre su cabeza quiso dé plata sobredorada corona con cristales, cetro en la diestra y en la mano siniestra el pomo, todo de plata, y al lado suespada semejante a la que llevaba en su corona¬ ción, y demás ornamentos de seda y lino ; una tarjeta y el timbre de sus armas sobre túmulo para perpetua su memoria que sólo duró hasta 1835. El monarca Ceremonioso, grande y ordenador de todas sus cosas y persona, no desaparece ni en la hora suprema de los mortales. Juan I, su hijo, continuó la tradición de su padre y de la dinastía por lo que atañe a Poblet así le ; vemos, apenas transcurrido un mes medio de la muerte de Pedro y IV, confirmar, como todos sus antepasados, los privilegios, in¬ munidades y exenciones de nuestra Abadía, 25 de febrero de 1387. Y en los litigios que el Monasterio se ve forzado a sostener contra Montblanch y Prades, el favor rèal acude siempre con soluciones muy ventajosas para la Casa. Poblet es para doii Juan I sitio real el días - en que pasa de descanso, el en que entierra a sus hijos, a sus esposas y aun él mismo, a pesar de su ámór a Montserrat. Se pre^ 116 HISTORIA DE POBLET ocupa de los jardines del palacio dePoblet señalando las flores precauciones para que qne más le gustan ; hace tomar no se pierda la caza del bosque ; encierra en el castillo de Espluga de Francolí a los escultores que no trabajan en las tumbas reales, piensa en los ventanales de las cámaras cons¬ truidas por el Abad Agulló y, en fin, todo lo de Poblet lo mira como cosa propia y de la dinastía que él personificaba. El mismo soberano prosiguió la obra de los Panteones reales, que supadre comenzó y no vió terminados ; a este fin, a 8 de diciembre de 1389, encargó a la dirección del Abad Agulló la construcción de un magnífico sarcófago para él y sus regias consortes. En 1390 los Panteones reales quedaron terminados y el Abad Agulló y el Rey se pusieron de acuerdo para enterrar en ellos los miembros de la familia real, que estaban provi¬ sionalmente en cajas de madera. De esta orden se exceptua¬ ron los infantes hijos de don Pedro IV y los cuatro que perdiera don Juan I. En el sepulcro más próximo al lado de la Epístola y pe¬ gado al presbiterio, fué colocado el venerando rey don Alfonso II, el Casto ; correspondiente a éste y al lado del Evangelio, el cadáver de don Jaime I, el Conquistador ; in¬ mediato a don Jaime, se puso el sepulcro de Pedro IV, estrenándolo de momento los cadáveres de tres de sus espo¬ sas, doña María de Navarra, doña Leonor de Portugal y doña Leonor de Sicilia ; mirando al de don Pedro y en el lado opuesto a continuación del de don Alfonso II, quedaba vàcío el recién labrado de don Juan I ; en él se depositó el PLENITUD 117 cadáver de su esposa la duquesa doña Matha de Armagnac. Los infantes que murieron niños don Pedro, don Jaime, don Alonso y doña María, hijos de Pedro IV, fueron colocados en las paredes laterales de la capilla de San Benito, y los cuatro que perdió, también niños, don Juan I, fueron ente¬ rrados sarcófagos de alabastro de factura bellísima sobre en la puerta de la Sacristía Vieja, una de las tres primitivas iglesias levantadas durante la fundación del Monasterio. En 1384 falleció doña Juana, condesa de Ampurias, hija segunda de Pedro IV, la cual nombró albacea testamentario al Abad Agulló. Legó al Monasterio doscientos sueldos para dos aniversarios y mandó enterrada ser Poblet, en unen sepulcro que hoy es el mejor que nos queda. Confió en de¬ pósito a nuestra Abadía una cruz de plata y los mejores ornamentos de su capilla. Cuando años más tarde se completó la obra de los Sepul¬ cros reales con los enterramientos de Fernando I y Juan II, quedó la obra tan hermosa y llena de majestad que todos los que la vieron intacta la reputan como una de las mayores glorias del Monasterio. Ultimo entierro verificado por el Abad Agulló fué el de don Bartolomé de Castro, Camarero del rey don Juan I. Tal fué la actuación pública, así quizás podría llamarse, de Dom Guillermo de Agulló. Para el Monasterio, su actuación no fué menos provecho¬ sa e ingente, si es que no llegó a superarla. Desgraciada¬ mente poco conocida en sus detalles, pero nuestro nos es Padre Finestres lo alaba de varón lleno de méritos por su 8* 118 HISTORIA DE POBLET «virtud, prudencia, letras y demás prendas». Bn lo espiri¬ tual conservó a la Abadía fiel a su tradición de amor a la Orden, a la Regla y a las costumbres del Cenobio ; sabemos que la abstinencia de carne era perpetua, la ley del silencio monástico celosamente mantenida y la vida litúrgica era intensa, el número de los Monjes pasaba algo más de los dos centenares. Culturalmente Poblet sigue formando Monjes sabios y útiles a Iglesia, a la Orden y a la Patria. Los Guillermo la Tost, mártir de la obediencia ; los Deudé, Piñana, Ferrer, Martínez de Menguclio y otros nos hablan de hombres san¬ tos y cultísimos al mismo tiempo, que sirvieron eficazmente a las grandes instituciones de su tiempo. F1 «Scriptorium» alcanza su punto álgido en estos años produciendo códices que constituyen nuestra admiración. En lo temporal defendió los bienes derechos justos de y la Comunidad. Si esta historia lo fuera de los pleitos y liti¬ gios de Poblet, este Abadiata ocuparía gran parte de ella por los que hubo de sostener aquel Abad en defensa de los derechos imprescriptibles del Monasterio. Aumentó los bienes, ya cuantiosos, con la compra de po¬ sesiones en los términos de Buccenit y Bellmunt (1381), en los lugares de las Bessas, Cogul y Hospital de Ruideset (1385), la jurisdicción de Juncosa, Albagés, Torms, Solerás y Sisquella en 1386 y la criminal de Verdú en 1388. Murió en olor de santidad el día 13 de julio de 1393, siendo enterrado bajo una hermosa lauda en la Sala Capitu¬ lar. Sus armas eran las de su Casa, que hoy vemos en la PLENITUD 119 Puerta real y en su sepulcro ; cuatro losanjes de oro sobre campo de gules. Dom Vicente Ferrer (1393-1409). Fué Dom Vicente Ferrer, supuesto tío del Santo de este mismo nombre, Monje de gran observancia regular, sabio en ciencias eclesiásticas, elprimer maestro de Teología que tuvo el Monasterio y muy prudente en el manejo de los negocios. Su santidad fué ver¬ daderamente providencial para el Monasterio en tiempos en que un cisma desgraciadísimo dividía a la Cristiandad en dos obediencias dos Papas, que contaban con grandes reyes a partidarios de ambos, dignidades eclesiásticas, órdenes mo¬ násticas, sabios y aun santos. Desde 1386 había sido Prior del Monasterio y limosnero de don Juan I cuando era duque de Gerona. En mayo de 1394 mandó el soberano que el cuerpo de su padre don Pedro IV fuese traído a Poblet, para lo cual dió orden a los canónigos de la Seo de Barcelona y a Dom Vicente Ferrer, el cnal, junto con el de Santes Creus y con muchos Monjes de ambos monasterios hermanos, marcharon a la ciudad condal y, habiéndose encargado del cadáver, sa¬ lieron de la capital, acompañados del gobierno, nobleza, concelleres y pueblo. Elevaban el real cadáver en unas andas, cubierto el ataúd con paño de oro con las armas de la ciudad y rodeándolo siempre nuestros Monjes, sin jamás perderlo de vista, según mandara don Juan, atendiendo al ceremonial cortesano. Así llegaron Monjes y personal del cortejo con el real despojo a la villa de Montblanch, donde encontraron al rey 120 HISTORIA DE POBLET don Juan con toda su familia, que p)or jornadas les había precedido desde Valencia. Ya en Poblet, se hicieron con toda la lúgubre y fastuosa solemnidad las exequias reales, celebrando de pontifical, por orden del rey, Dom Vicente Ferrer. A 19 de de 1396 murió don Juan I, andando de caza mayo por los bosques de Foxá, y no pudo ser enterrado en Poblet inmediatamente por la promesa que años antes hiciera al Monasterio hermano de Montserrat, de ser sepultado allí, por lo cual fué depositado en la Catedral de Barcelona, basta que el día 13 de abril de 1401 fué zanjado el litigio entre nuestra Abadía y el Santuario de la «Moreneta» sobre cual de las dos debía enterrar al Amador de la «Gentileza». Entregado el real cadáver el 12 el día del mismo de septiembre de 1401, mes y año fué transportado al Panteón real pobletano con la misma solemnidad y grandeza que se usó en las exequias de su padre. Don Martín, el Humano, que en 1397 había sucedido a su hermano, heredó de sus antepasados la devoción a la Abadía, en la que transcurrieron no pocos días claros de su niñez y juventud. Esa devoción se aumentó por no pocas desgracias en el gobierno de sus Estados y en su misma fa¬ milia basta engendrar en el soberano deseos de un aleja¬ miento del mundo ; la vida monástica de Poblet y tantos recuerdos de su Casa vinculados al Cenobio, no menos que los alrededores del Monasterio con sus bosques y paisajes, hicieron que don Martín tomara la resolución de edificar un palacio que, de haberse terminado, sería de una belleza mara- PLENITUD 121 biliosa, a juzgar por lo que nos queda de aquella obra ; sus ■ventanales, puertas, escaleras, arranques de arcos y amplios ■salones ofrecen un conjunto que, aun incompleto como está, habla de un proyecto magnífico. Para la construcción seña¬ láronse las décimas en 1397 algunos años debía pagar que por -el Monasterio al rey en virtud de un Privilegio pontificio, En 1402 concedió, como hicieron sus antecesores, la sal¬ vaguardia real y en 1405 confirmó todos los privilegios del Monasterio hasta entonces concedidos. En 1401 murió el Infante niño don Fadrique de Sicilia, nieto del rey, y quiso el abuelo que fuese llevado su cadáver .a Poblet y puesto en un sepulcro igual a los ocho de los niños Infantes, tíos y primos hermanos del recién finado. También enterró Dom Vicente Ferrer a la condesa de Foix, doña Juana de Aragón, hija del rey don Juan, la cual ■murió en la ciudad de Valencia el día 13 de septiembre de 1407, legando al Monasterio dos mil sueldos y haciendo al- "bacea testamentario al mismo Abad. Dió también sepultura a doña María de Luna, mujer del rey don Martín, el Hu¬ mano ; su cadáver, que durante unos meses quedó en depó¬ sito en el Monasterio filial de San Vicente de Valencia, fué traído a Poblet por orden del soberano en el mismo año de 1407, siendo enterrada en una urna de madera, que quedó •depositada debajo del arco real de la parte del Evangelio. Continúa durante el abadiato de Dom Vicente Ferrer la tradición ya varias veces secular entre la nobleza catalana •de enterrarse en Poblet. En 1396 fué sepultado en el Claustro mayor don Gom- 122 HISTORIA DE POBLET baldo de Rivelles, colocándole en yacía: el sepulcro en que doña Violante de esposa, y en 1401 el cardenal Cabrera, su don Berenguer de Anglesola trajo el cadáver de su madre doña Constanza, que fué sepultado en el panteón familiar de la iglesia, panteón hoy desaparecido y dando en esta ocasión un rico paño de oro con las armas de su Casa. En 1396 fué convocado a Cortes, que se juntaron en la ciudad de Barcelona por orden de doña María, esposa y lu¬ garteniente del rey don Martín, haciéndose representar por Dom Bernardo de Sanromá, monje nuestro meritísimo y profesor en la Sorbona de París ; los achaques de Dom Vi¬ cente Ferrer y su avanzada edad le retenían en el Monasterio. No obstante, en 1399 no pudo excusar su presencia en la solemne ceremonia de la coronación del rey don Martín que se hizo en Zaragoza. Durante su Abadiato procuró Dom Vicente Ferrer au¬ mentar los bienes de la Abadía con compras y adquisiciones- de tierras. Así compró al conde de Prades la jurisdicción criminal mero y mixto imperio de los lugares de Vilosell, las Poblas, Granjas de Servóles y Fumada por veintidós' mil sueldos barceloneses (30 de junio de 1400). Defendió con tesón y dignidad la baronía de Prenafeta, propiedad del Monasterio, propiedad que había sido puesta en litigio por don Arnaldo de Vergós. espiritual la Abadía siguió su época de oro ; la ob¬ Fd' lo servancia regular, la vida litúrgica y el estudio estaban en auge produciendo óptimos frutos entre los Monjes. Célebre fué en esta época Dom Bernardo de Sanromá, procurador del' PLENITUD 123 Monasterio ante la Santa Sede, lugarteniente de limosnero, profesor en la Universidad de París y Comisario del Abad del Císter y, por último, Abad de Santa María de Rueda (1400) ; por su parte, Dom Bartolomé Escuder, Dom Be¬ renguer Poblet y Dom Arnaldo de Abella ilustran con su ciencia las aulas de París. Honra muyespecial de la Casa era por este tiempo Dom Juan Martínez Murillo, monje de nuestro Monasterio, en el que ocupó cargos brillantísimos, hasta que, hecho Abad de Montearagón, fué creado Cardenal por el antipapa Luna y confirmado en la misma dignidad por Martín V. Antes de monje parece, según opinión de algún ser historiador, que fué canónigo regular de San Agustín y aun prior de la iglesia del Pilar de Zaragoza. Murió en 1420. Bien conocido es el gran Cisma de Occidente que dividió a la Cristiandad en dos fracciones cada una de las cuales obe¬ decía a un Papa diferente. Dada la posición social de Poblet y su influencia en el gobierno de Aragón, debía fijar su pos¬ tura y determinarse por uno de los dos bandos. Los hechos sucedieron así : Al morir el Papa Gregorio XI en Roma, donde había reinstaurado el Pontificado, originóse en la Iglesia Católica el gran Cisma, porque la mayoría de los Cardenales que habían elegido al nuevo Papa Urbano VI, italiano, algunos meses más tarde, declararon inválida aquella elección por haber sido realizada bajo la presión del pueblo romano y proclamaron a Clemente VII, que era francés, el cual re¬ sidió en Aviñón, mientras su contrincante siguió en Italia, teniendo cada de ellos Curia uno pontificia. Colegio cárdena- Ï24 HISTORIA DE POBLET licio y naciones les prestaban más o menos obediencia ; que consideróse, asimismo, cada uno de ellos Vicario legítimo de Cristo y excomulgábanse mutuamente. En medio de la per¬ plejidad que produjo esta desgracia que turbó profrmdamente las conciencias, los reyes de Aragón quedaron a la expecta¬ tiva, especialmente don Pedro IV que no quiso resolver ofi¬ cialmente a que Papa reconocía ; insinuándose, no obstante, •desde un principio, que la tendencia predominante del reino •era favorable al Papa de Aviñón. Pero, cuando fué elegido Sumo Pontífice Benedicto XIII, más bien conocido por su apellido aragonés de Papa Luna, los Estados de la Confederación le reconocieron por Jefe Su¬ premo de la Cristiandad buscando remedio al Cisma con todo su poder diplomático y militar, entonces no pequeño. Poblet siguió la corriente oficial, sin que se significara por ninguna estridencia, de su enorme prestigio y a pesar •del parentesco queunía a nuestro Abad con el santo que más apoyaba a Benedicto XIII, San Vicente Ferrer. Con todo, siguió la acción de nuestros reyes en favor de la extinción del Cisma. Apoyó el viaje de don Martín I a Aviñón en 1397, en el cual Benedicto XIII dió la rosa de oro a nuestro mo¬ narca — recordemos que don Martín, el Humano, estaba casado con María de Luna, próxima pariente del Pontífice — y aprobó la fórmula real, aceptada por el Papa aragonés, de la abdicación de los dos Pontífices, pero que rehusaron los reyes Inglaterra y Castilla. Cuando en 1403 de Francia, Benedicto XIII huyó de Aviñón y se refugió en nuestros Estados, el Abad Vicente Ferrer siguió prestándole obedien- PLENITUD 125 eia. Pero, no convencido probablemente de la legitimidad de aquel antipapa y viendo flotar infinidad de intrigas políticas entorno del gobierno de la Iglesia de Dios, -presentó la re¬ nuncia de la prelatura pobletana en manos de Benedic¬ to XIII, dando poderes para ello Dom Jaime Carbó, monje a muy prestigioso de nuestro Monasterio, dotado de eminentes cualidades y «hechura» del Papa Luna, al decir del Padre Finestres (1409). Aun sobrevivió Dom Vicente Ferrer dos años a la abdi¬ cación de su respetado de la Comunidad cargo, que le obligó a habitar en el Palacio Abacial y tan considerado que era llamado a todas las deliberaciones del Consejo de Ancianos. Sus virtudes, que algunos historiadores han comparado con las de San Vicente Ferrer, le movieron en la hora de su muerte, a hacer un acto de humildad, por el que dejó dis¬ puesto que le enterraran delante la puerta del Capítulo, |)ara que todos hollaran su tumba que debía llevar esta inscrip¬ ción : ^Miserere inei Deus secundum magnam misericordiam tuaniD. «Señor ten compasión d>e mi según tu gran misericor¬ dia». La tradición refiere que estas palabras las repetía fre¬ cuentemente en sus últimos días para alivio de sus accidentes. Murió el día 13 de julio de 1411 en opinión de santidad, según atestiguan los cronistas domésticos. Con la muerte de este Abad, el siglo xiv muere ; siglo grande en la historia pobletana, pero que en sus últimos años, especialmente, debido al Cisma, vió aflojarse un tanto la observancia regular hasta que el Abad Martínez de Mengu- cho, con celo extraordinario y amor intenso a la Casa, la 126 HISTORIA DE POBLET restauro, devolviéndole la primitiva pureza monástica. Con todo, los desórdenes que Poblet, al finalizar constatamos en el siglo XIV, no tienen la trascendencia ni causaron los males que destruyeron a otras comunidades ; era más bien un mal superficial y que una mano enérgica y monástica podía curar. No obstante, este siglo, que prometía en sus principios la conservación de nuestra grandeza monástica y el respeto, amor y admiración de los grandes de la tierra, lo cumple sobradamente por nuestros reyes que hacen del Cenobio su panteón familiar, su palacio, fortaleza y sitio real, mientras la nobleza busca en él su última morada y lo enriquece con sus donaciones ; a su vez, la Comunidad corresponde a todo ello con sus servicios a la Patria, a la Orden y a la Iglesia por medio de no pocos de sus hijos, que con su santidad y ciencia hacen de Poblet un Monasterio que es la admiración de todas las generaciones. SIGLO XV En el siglo xv el acervo es heredado conservado por Poblet. de grandeza Consecuencia monástica natural de la vitalidad cistercienseimpresa durante los siglos anteriores. Sirvieron nuestros Monjes en este siglo a la Iglesia, a la Orden y a la Patria con abnegación, desinterés y abso¬ luta lealtad. Como sus antecesores, laboran para todos estos ideales y grandes instituciones más bien como monjes que como políticos. Sus servicios a la Orden nunca fueron servi¬ cios que buscaran favoritismos, ni halagos a las autoridades superiores y sus misiones cumplidas ante la Iglesia y el Estado tienen un carácter eminentemente apolítico. Aquel siglo xv trajo ya en sus comienzos un hondo pro¬ blema que afectaba a todo el orbe cristiano, el Cisma de Occidente, y para nuestra patria el celebre Compromiso de Caspe, consecuencia de la muerte sin sucesión de don Mar¬ tín, el Humano, y de su voluntad indecisa en aquella hora suprema, y por fin en la segunda mitad de este mismo siglo se plantea la unidad nacional. En todos estos problemas hubieron de intervenir directamente los Monjes de Poblet y de una manera especial nuestros Abades. Su conducta, no bien juzgada por ciertos historiadores, ha sido dura¬ mente criticada de partidista, antimonástica y ántipatriótica. 128 HISTORIA DE POBLET Hombres como Vicente Ferrer, Dom Jaime Carbó, Dom Juan Martínez de Mengucho, Payo Coello, Dom Bartolomé Cunill y el Abad Delgado, limosneros de nuestros reyes, diplomáticos, consejeros de Estado, influencia grande con en los destinos de Aragón y aun en los de la Iglesia en nuestra patria, no ocupaban dichos cargos por falta de cua¬ lidades ni podían odiar a esas instituciones amadas de todos los espíritus selectos, ni muchos menos perjudicarlas cuan¬ do debieron actuar en la solución de los problemas que les afectaban. Ni en la sentencia de Caspe, ni el en el abandono del antipapa Luna, ni en la aceptación franca y decidida de la unidad nacional, obraron como enemigos de la patria ni mu¬ cho menos de la Iglesia, sino que más bien buscaron el bien general de los subditos de Aragón y de los hijos de la Igle¬ sia Católica. Ciertamente Poblet no intervino directamente en la sen¬ tencia de Caspe, pero su conducta, una vez publicado el dic¬ tamen, fué correcta y propia de Monjes conscientes de sus obligaciones. Pensar que en aquella hora angustiosa de la Patria, Po¬ blet había de observar una actitud hostil, de desobediencia y rebeldía ante el nuevo poder constituido, es algo que re¬ pugna a la misma esencia del monaquismo. . Refiriéndonos al Cisma que desgarraba a la Iglesia, no¬ temos que mientras Benedicto XIII fué reconocido por legíti¬ mo Papa por varias naciones occidentales de Europa, por órdenes religiosas austeras e influyentes, por santos que pa- SIGLO XV 129 recían ser oráculos del Altísimo y portavoces del pueblo fiel —- San Vicente Ferrer —, Poblet no podía ser una nota estridente protestataria de un hecho consumado por lo menos temporalmente ; esta actitud hubiera sido poco edificante y negativa. Pero, cuando la posición de dicho papa fué de una intransigencia cerrada a toda reflexión ante la solución pro¬ pugnada por quienes el Concilio de Constanza prepararon y seguida por los reyes de Aragón, Castilla y Francia con todas las otras naciones católicas de Furopa, Poblet debía seguir la causa del bien común de la Iglesia Universal y abandonar al noble refugiado de Peñíscola. Esta conducta recta y cristiana de nuestros prelados se prolonga a través del siglo xv, tropezando sólo con la actua¬ ción poco monástica del Abad Delgado, el cual en el conflicto suscitado entre el Principado de Cataluña y don Juan II de Aragón, apoyó a éste, militarizando al Monasterio y sus cas¬ tillos y aun tomando él mismo en persona parte activa en operaciones guerreras. Con todo, este Abad, que observó una conducta ejempla- rísima y de alto provecho para la Confederación en las dis¬ cordias suscitadas entre Juan II hijo don Carlos de y su Viana, fomentó la grandeza del Monasterio y puede figurar con los otros Abades de su siglo en el número de los grandes personajes y prelados que ha tenido nuestro Monasterio. Dom Jaime Carbó (i409-i4I3).'Con este Abad se da por primera vez en casi cuatro siglos de historia el hecho excep¬ cional de que un Monje alcanzara la prelacia sin la elección de sus cohermanos. Ello sucedió así. En 1409 Dom Vicente 9 130 HISTORIA DE POBLET Ferrer dió al monje Carbó plenos poderes renuncia¬ para que ra, en su nombre, la Abadía, ante Benedicto XIII. Ya en la Corte pontificia, logró, con el beneplácito del Pontífice, el apoyo del rey don Martín y al parecer alguna recomendación del mismo Abad de Poblet, ser nombrado Abad del Monaste¬ rio, pudiéndose decir que entre unos y otros le negociaron la dignidad abacial, prescindiendo de los votos, de la Comuni¬ dad. El Rey escribió a ésta exhortando a que le aceptaran como prelado por ser voluntad del Papa y suya, quedando el hecho consumado sin protesta de nadie. De él dice el Padre Finestres : «Se refiere ser sujeto de muchos méritos, síndico del convento, lugarteniente de li¬ mosnero real y albacea testamentario de doña Juana, condesa de Foix. Su nombramiento fué hecho, según un docto anota¬ dor doméstico, a primeros de agosto de 1409. Con todo el Abad Carbó trabajó con celo en favor de. la Abadía, com¬ prando al rey don Martín la jurisdicción de la villa de Vim¬ bodí y de Arnaldo de Guiu, el precio de mil florines de por oro la de Junocsa, Albagés, Torms, Solerás y Sisquellas. Y como estas compras apuraron un tanto la situación económi¬ ca de la casa, acudió al rey don Martín y al Papa pidiendo la condonación de la mitad de la décima que el Cenobio pagaba a la Sede Apostólica, gracia que el ascendiente del rey sobre el ánimo pontiflcio obtuvo a 20 de diciembre de 1410.» Murió don Martín en mayo de dispusiera 1410 y, aunque en vida ser enterrado en Poblet, no pudo lograrse que las autoridades del país cumplieran la real voluntad. El inte¬ rregno, sus consecuencias y la incuria de todos, retrasaron SIGLO XV 131 el entierro hasta 1460, no descansando empero con sus pa¬ dres, sino que fué depositado debajo de los arcos de los panteones. •A 25 de junio de 1412 fué elegido en Caspe rey de la Confederación el infante don Fernando de Antequera, lla¬ mado el Honesto. Poblet reconoció plenamente al nuevo rey y éste le confirmó todos los privilegios y honores y a 19 de enero de 1412 convocó a nuestro Abad para las Cortes que debían celebrarse en Barcelona en 1413. A ellas no asistió porque ■— según dice el Padre Fines- tres — «estimulado de su conciencia!), presentó al Papa se Benedicto XIII, en cuyas manos renunció' la Abadía, reti¬ rándose a la real de Mallorca, de donde fué Abad, más tarde. Durante su abadiato, el monje Dom Pedro Marginet apos¬ tató de su estado y, abandonando el monasterio de Poblet, se lanzó a una vida desairada y escandalosa, hasta que la san¬ tidad de Dom Juan Martínez de Mengucho lo convirtió y lo reintegró al Monasterio. Dom Juan Martínez de Mengucho (1413-1433). El ha¬ ber renunciado Dom Jaime Carbó la Abadía en manos del Papa movió a éste a nombrarle sucesor, prescindiendo otra vez de la Comunidad, en la persona de este monje partidario suyo, dotado de virtudes heroicas, de ciencia y de cualidades de gobernante, en alto grado. Era natural de Aragón y sus eminentes dotes le granjea¬ ron la confianza de superiores que le hicieron limosnero sus del rey don Martín, el Joven, y, cuando éste en 1409 murió en Caller, regresó al Cenobio. 132 HISTORIA DE POBLET Las actividades de este santo prelado fueron múltiples y requieren para ser expuestas con la suficiente amplitud un estudio especial de nuestro Archivo, el cual es hoy imposible. Con brevedad vamos a exponerlas destacando los aspectos en qué más se distinguió, que fueron : Poblet, la Orden y la Iglesia. Pocos Abades pobletanos lograron influir tanto como él en los destinos de estas tres Instituciones. Su celo de Abad, consciente de que era padre de los Mon¬ jes, obtuvo la conversión del Padre Marginet adelante que en fué una lumbrera de nuestra Abadía, propuesto para Abad y alma inspiradora de la Casa. 1419. A principios del siglo xv era casi general en la Orden —■ según el Padre Finestres — la dispensa de la abstinencia perpetua de carne. A pesar de ello, quiso el Abad Dom Juan, apoyado por la parte más sana de la Comunidad, continuar como hasta entonces cumpliendo la regla de San Benito y rehusar en todas las comidas las dispensas más o menos legí¬ timas. Este hecho debió costar al celoso Prelado días muy amargos y tristes al ver que parte notable de sus Monjes se marchaban a otros monasterios, menos observantes, o pasa¬ ban a Ordenes no tan austeras, sin .licencia o con licencia subrepticias. Y se dió desgraciadamente el caso de alguna apostasía. Con todo, el mal no era profundo ni se había uni- versalizado ; era una consecuencia del Cisma de Occidente que en Poblet se había dejado sentir con intensidad menor que en otras Ordenes y monasterios que no volvieron a le¬ vantarse de su postración hasta muchas décadas después. Poblet, empero, ante la libre y legítima dispensa de la SIGLO XV 133 abstinencia opta por la observancia rigurosa de la Regla, pa¬ sando por una dolorosa selección de personal a la que puso término una Bula de Martín V que prohibía que ningún monje de Poblet «donde el Abad y convento ofrecen al Altí¬ simo devota y continua servidumbre debajo de la rigurosa observancia de la religión», pueda pasar a otra Orden, ni aun a otro Monasterio de la misma, sin licencia expresa del Abad de Cíteaux». Esto consoló al Abad y le alentó a pedir al mismo Pontífice una Bula o Constitución apostólica que revocaba todas las licencias y dispensaciones hasta allí con¬ cedidas, imponiendo la primitiva observancia y total absti¬ nencia de carnes (Finestres). A lo de abril de 1419 fué pu¬ blicada, concediendo indulgencia plenaria en la hora de la muerte a los Monjes que la hubieren observado. Leída en Capítulo ante la Comunidad y propuesta a la misma su obsevancia fué aceptada plenamente por el Abad, el Prior, treinta y tres Monjes de Coro y veintitrés conver¬ sos. Fueron alma y ayuda de nuestro Abad en esta obra los venerables Padres Marginet, Guillem de Queralt, Miguel Roures y Aparici, de quienes perduran venerables memorias. Fn Cíteaux produjo gran satisfacción este rasgo de nues¬ tra Abadía, donde se supo por una Carta de Alfonso V de Aragón dirigida al Abad Juan VI y por la relación que en Capítulo General de 1419 hizo el delegado de Poblet Padre Bartolomé Escuder. «Carta digna de eterna memoria», fué llamada la de nuestro rey por las excelentes pruebas de ob¬ servancia regular de que era portadora. Contestó Juan VI en carta datada a de septiembre de 19 1419 y que va dirigida 134 HISTORIA DE POBLET a nuestro Abad y a sus hijos los Monjes, alabando la gran¬ deza de la casa singularmente célebre por su observancia rutilante. Luego sigue exponiendo el consuelo que le ha causado aquella noticia y exclama ; «Laetati sumus in his quae dicta sunt nobis, exultavitqus spiriius noster in Deo salutari nos- troy>, que hizo con vosotros cosas tan grandes y os dió corazón para, la observancia de los preceptos y leyes de vida y discipli¬ na.» Siguen unas normas sapientísimas sobre la pobreza y sencillez de los hábitos que han de ser como los querían San Bernardo y los padres de la Orden. Aconseja después la dis¬ creción en todo, de suerte que nunca se separen de la obedien¬ cia de la Orden, aconsejándoles con estas casi proféticas pala¬ bras : «No rompais la unidad inmaculada de la Orden, ni mucho menos la dividáis». Afortunadamente la observancia de Poblet siempre fué bastante sumisa para no llegar a aquel mal deplorable. La escisión vendría de otras partes, pero jamás de Poblet, que siempre se sometió a los Superiores ma¬ yores, defendiendo siempre sus derechos y opiniones con dig¬ nidad, respeto y sumisión. Con la Bula de la abstinencia de la carne, se recibió otra del mismo Martín V que concedía al Abad Dom Juan y a sus sucesores en la Abadía la facultad de bendecir ornamentos sagrados y conferir subditos las cuatro Ordenes Me¬ a sus nores, y dos Breves,enriqueciendo con cuarenta días de uno indulgencia a los Monjes que celebrasen las misas de Beata y de Difuntos, y el segundo facultando a él y a sus sucesores para que puedan absolver a sus subditos de los easos que SIGLO XV 135 absuelven los penitenciarios menores de Roma. Esta facultad podía extenderla a los Monjes que juzgara idóneos. En 1414 el Abad General Juan VI le hizo Vicario suyo y Visitador de España. Benedicto XIII le concedió para sus viajes altar portátil. Cuando aquel gran Monje Dom Martín de Vargas em¬ prendió la reforma de la Orden en Castilla, Martín V le señaló ocho compañeros, Monjes eminentes de Poblet, su¬ jetando todos los monasterios reformados al nuestroi que por «la gran observancia que en él había era la fuente más pura de donde dimanó antiguamente toda la que habían tenido los Monasterios de España», dice el documento pontificio. Si en el bien espiritual de nuestro Cenobio trabajó tanto este gran Prelado, no menos se esforzó en reorganizar la vida cultural de sus Monjes, para lo cual recabó y obtuvo de Martín V, a 10 de abril de 1419, una Bula que le permitía erigir un Colegio en cualquiera de las Universidades próxi¬ mas al Monasterio, resultando escogido el Estudio General de Lérida, en cuya ciudad se construyó un magnífico edificio gótico que, derruido en 1640, hubo de ser restaurado años más tarde. En lo temporal también procuró aumentar los bienes de la Casa cuanto le fué posible mediante compra de lugares, como la hecha en 1414 de la jurisdicción civil y criminal que pudiese tener el rey en Vinaixa, Omells, Tarrés, Senant, Fulleda, Montblanquet, Prenafeta, Montornès, Miramar y Mas de Namoixa, por quince mil florines de oro. Para cubrir esta suma, fué preciso alienar parte de las tierras y bienes / / 136 HISTORIA DE POBLET sitos a distancia del Monasterio, ventas que autorizó el gran antipapa Benedicto XIII por Breve de 1415. En el mismo año 1415 obtuvo de don Fernando I mil flo¬ rines de oro para la restauración del Claustro de San Esteban, que ya entonces era enfermería, dándole en la parte monu¬ mental las características que aun hoy subsisten, quedando casi totalmente borrada sn hermosa y auténtica disposición románica. Siguiendo en su propósito de aumentar la Casa, hizo otra compra de lugares y jurisdicciones, cual fué la de los lugares de Menargues, Bellcaire, Montsuar, Torre de N'Areu, Bell¬ munt, Butcenit, Boldú, BMliola, Tarrós, Tornabous, Mas d'En Guillot, Montalé y Granyanella con todas sus jurisdic¬ ciones civil y criminal, mero y mixto imperio, pagando por todo ello la cantidad de trece mil quinientos florines de oro. Todas estas tierras habían pertenecido al condado de Urgel. Y obtuvo, finalmente, que el nuevo rey dejase dispuesto que después de su muerte le enterraran en Poblet, nombrando albacea testamentario a nuestro Abad. Si tales fueron los actos de servicio en favor de Poblet, no menos notables son los que hizo a la Orden. Veamos los más principales : En 1419 el Capítulo General del Císter nombró una co¬ misión de Abades y Monjes eminentes que debían examinar todas las Constituciones de la Orden, con el fin de estudiar lo que necesitaba reforma, mudanza o corrección ; de ella for¬ maban parte los Abades de Fontdaniel, Aurscamp. Runa y SIGLO XV 137 Cankeim, junto con nuestro Abad y el Monje pobletano Dom Bartolomé Escuder. La observancia de Poblet ya era de por sí un gran servicio prestado a la Orden, porque permitía a los dirigentes de la. misma escoger de entre nuestros Monjes a sujetos que lleva¬ ran el buen olor de la vida cisterciense a Abadías necesitadas de reforma. Hemos visto lo que hubo de hacer Dpm Martín de Vargas, cuando comenzó la reforma de Castilla, y cómo hubo de sujetar su obra a Poblet y forjarla según el patrón de nues¬ tra Abadía. Dom Juan Magdalé fué en este tiempo Abad de Santa María de Huerta ; Dom Arnaldo de Abella ocupó la Sede abacial de Rueda (Aragón), Monasterio muy decaído entonces, y cuando su muerte, en 1433, dejólo en un estado floreciente y próspero sucedióle otro Monje nuestro, Dom ; Berenguer Poblet, dotado de grandes cualidades de santidad, sabiduría y prudencia. Dom Miguel Aparici fué Abad de Veruela y en 14^11 creado Arzobispo de Sacer, en Cerdeña.. Varón de eminentes cualidades debió ser también Dom Fran¬ cisco Roig, que ocupó la Sede abacial de la Real de Mallorca y más tarde la de San Bernardo de Valencia, Abadía que años después vino a ser casa de Jerónimos y hoy nada. Al comenzar estos brevísimos apuntes sobre el Abad' Martínez de Mengucho, hemos insinuado que una de sus bri¬ llantes páginas era aquella constaban los servicios que en que prestó a la Iglesia, colaborando a la obra de extinción del Cisma de Occidente. En 1415, fecha en que se empezó a buscar decididamente- una solución al conflicto, eran tres los llamados Papas i 138 HISTORIA DE POBLET Juan XXIII, Gregorio XII y Benedicto XIII. Los dos pri¬ meros habían renunciado en bien de la paz de laIglesia, facilitando con ello la elección de un verdadero Pontífice. El tercero, el Cardenal Luna, se negaba en absoluto a toda pro¬ puesta de renuncia. Todos los reinos de España reconocíanle por Papa verdadero, más por imposición de los diferentes gobiernos de la Península que por convicción de sus subditos. Como el cisma se prolongaba y no se veía su fin si Benedic¬ to XIII no deponía su actitud intransigente, convínose entre el rey de Aragón y el emperador Segismundo de Alemania celebrar una reunión en Narbona para tratar con Pedro de Luna del remedio de las cosas de la Iglesia. La entrevista hubo de celebrarse, por varias causas, durante el mes de junio de 1415, en Perpiñán, fracasando ambos monarcas en el intento de obtener del acérrimo aragonés la renuncia del Papado. Acompañaba al rey nuestro Abad, en calidad de consejero, que, aunque partidario del de Luna, su conciencia le ligaba por encima de todo al bien mayor de la Iglesia. Y, así, con San Vicente Ferrer y otros varones de gran valer, aconsejó a don Fernando de Antequera, que le negara la obe¬ diencia y mandara a sus súbditos que hicieran lo propio ; así se hizo por ley publicada en 6 de enero de 1416 en Perpiñán. Separáronse aquellos dos príncipes y el nuestro tan acabado en su salud, por graves dolencias, que murió en Igualada a 2 de abril de 1416, después de recibir los Santos Sacramentos. Sucedióle don Alfonso V, a la sazón de 20 años de edad, el cual vino a nuestro Cenobio a sepultar el cadáver de su padre don Fernando y, celebradas las pompas fúnebres, dedicóse el SIGLO XV 139 Magnánimo a disponer todo lo concerniente la celebración a del Concilio de Constanza, ya que su presencia a lo menos por embajadores imprescindible, porque representaba a era la mayor potencia mediterránea, extendiéndose su poder des¬ de el sur de Italia hasta las tierras de Castilla. Desde Poblet escribió el día 15 de abril de 1416 a San Vicente Ferrer, pidiéndole que no dejase de asistir a aquella magna Asamblea y el 17 del mismo mes a Jorge de Ornos, su tesorero, orde¬ nando un libramiento de quinientos florines de oro en favor de dicho santo, para sufragar los gastos de aquella jornada. El de junio de aquel mismo año partió la lucidísima mes misión que los estados aragoneses enviaban a Constanza, figurando en ella, entre otras personalidades, San Vicente Ferrer, don Juan-Ramón Folch de Cardona y el Abad de Poblet. Congregada la Asamblea en 26 de julio de 1417, declaró cismático y depuesto del Pontificado a don Pedro de Luna y vacante la Sede apostólica. Y el día 31 de octubre del mismo año publicó el Concilio otro decreto, aprobado por todas las naciones según el cual debía precederse a la elección de nuevo Pontífice. Serían electores los 28 Cardenales reunidos en Constanza — los del acudieron —, más seis Papa Luna no personalidades eminentes de cada nación que debían ser or¬ denados In sacris, los cuales, reunidos en el Palacio episcopal a II de noviembre de 1417, eligieron Papa a Otón Colonna, que tomó el nombre de Martín V. Según varios historiadores, nuestro Abad fué elector en aquella ocasión y, por tanto, uno de los que coadyuvaron a la yugulación del Cisma. 140 HISTORIA DE POBLET Después de disolverse aquellamagna Asamblea, fué co¬ misionado por el Papa para que extinguiera las reliquias del Cisma, que aun alentaba en Aragón' concediéndole para ello, plenos poderes. Vuelto a la patria el santo Abad, puso manos a la obra que le fuera encomendada y aun que no logró la sumisión del antipapa Luna, convenció de su engaño a los cuatro Cardenales, Martínez de Murillo, Cardenal Presbíte¬ ro de San Lorenzo, monje de Poblet; don Carlos de Urríes, don Alonso Carrillo y don Pedro Fonseca, los cuales vinieron a Poblet y marcharon después a Florencia, donde residía el Papa, al cual prestaron obediencia, marzo de 1419, siendo confirmados en sus títulos y dignidades. En 1419 obtuvo de don Alfonso V un Privilegio for¬ que talecía la autoridad abacial frente los Monjes limosneros, a según el cual, era voluntad del rey que, aunque dichos Mon¬ jes estuviesen en la Corte, continuasen sujetos en todo a su Abad, el cual podría revocarlos y deponerlos del empleo y elegir otros en lugar de los amovidos. Después de haber gobernado hábilmente durante veinte años, murió a 30 de diciembre de 1433, dejando al Monaste¬ rio muy mejorado en todo. Fué enterrado en la Sala Capitu¬ lar, aunque por su humildad no quiso señales que indicaran ellugar de su sepultura, «para que más pronto fuese entre¬ gado al olvido», dice el P. Finestres. Dom Guillermo de Queralt (1434-1435). Dieciséis días después de muerto Dom Juan Martínez, fué elegido Dom Guillermo de Queralt, 14 de enero de 1434, con gran unanimi¬ dad. Dom Guillermo, ausente en Barcelona como Prior de SIGLO XV 141 nuestra Casa Procura de Nazaret, rehusó el cargo, por hu¬ mildad, falta de salud y por sus muchos años. Enterado por de esta oposición. Fray Pedro Marginet dirigió al electo una magnífica carta conminándole a que aceptara la voluntad de Dios, manifestada por sus hermanos y considerara el mayor bien del Monasterio que su gestión reportaría. El P. Marginet era en realidad el alma del Monasterio por sus dotes extraordinarias, siendo paño de lágrimas de unos, consejero de otros y padre espiritual de todos. Así que la carta que dirigió al nuevo Abad tuvo la virtud de hacerle cargar el yugo que sus hermanos le imponían, recibiendo a 2 de mayo de 1434 las Bulas de confirmación, dadas por Eugenio IV. Meses después recibió otra datada en Florencia , a 2 de noviembre del mismo año, por la que se le nombraba juez de recursos en los litigios que surgían entre el reforma¬ dor cistercíense de Castilla y los Monjes reformados o sus Prelados ; se le comisionaba, además, para examinar la ac¬ tuación de Pedro de Vargas. Se concedía a nuestro Abad la facultad de extender la reforma a otros Monasterios, pero con la condición de quedar sujetos al Abad de Poblet. Todo lo cual es una prueba fehaciente del prestigio de que enton¬ ces gozaba nuestra Abadía dirigida por este santo Prelado, pudiéndose esperar de la actuación del mismo grandes bene¬ ficios parala Orden, caso de haber continuado rigiendo el gobierno de Poblet. Pero, a 16 de marzo de 1435, murió el venerable P. Marginet, brazo derecho de nuestro Abad, el cual sintió tanto el golpe que presentó con carácter irrevocable la renuncia de la prelacia a Eugenio IV. El Papa hubo de acep- 142 HISTOlRIA DE POBLET tar la resolución indeclinable de Dom Guillermo de Queralt y el día de julio de 1435 expidió una Bula nombrando suce¬ 4 sor a Dom Miguel Roures, uno de los treinta y cinco que firmaron la adhesión a la Bula de abstinencia de carne en 1419. Dom Miguel Roures (1435-1437). Este Prelado dejó en el poco tiempo que duró gobierno huellas tan notables en su la Abadía que, al hacer el recuento de sus obras, se lamenta el que no se prolongara más su mandato. Le vemos velar por los bienes del Monasterio ante los abusos de toda suerte de gentes ; obtiene confirmación de los condes de Prades de los dominios que el Cenobio tenía en dicho condado y en 1436 hizo el coro tallado en madera, obra de lindísimas labores y que por la época labró debió ser un notable ejemplar en que se de gótico flamígero entonces imperante, ya que, aun en pleno siglo xviii, entusiasmaba al P. Finestres, profesor de arqueo¬ logía en la Universidad de Cervera. Quemado parcialmente en 1575, el Abad Guimerà construyó otro renacentista, de¬ jando intacto lo que respetó el fuego hasta que en 1774 el Abad Sayol lo uniformó suprimiendo los restos que perdura¬ ban de los días del Abad Roures. Por el mes de septiembre de 1436 el Abad General don Juan VII le nombró Comisario Visitador de los Monasterios de Navarra y de toda la corona de Aragón y le confirmaba la superioridad sobre la reforma de Castilla. Por ese tiempo servía el cargo de limosnero real Dom Bernardo Serra, que fué además embajador varias veces ante el Papa Eugenio IV y el Concilio de Basilea, en nombre de SIGLO XV 14Ï nuestro rey Alfonso V, empeñado en la conquista de Ñápe¬ les ; estas embajadas que tendían a apartar el favor pontificia de la Casa de Anjou fracasaron por las veleidades de la reina doña Juana. En 1435 asistió a las Cortes generales convocadas por la reina lugarteniente doña María. Murió en el Priorato de San Vicente Mártir de Valencia, el día 15 de enero de 1437 y fué enterrado en el Aula Capitu¬ lar de Poblet sin señal del lugar de su sepultura. Dom Bartolomé Conill (1437-1458). Es éste uno de Ios- grandes Prelados que rigieron el Monasterio, figura destaca¬ da por su santidad y amor al Cenobio. Cuando fué elegido, se hallaba ausente del Monasterio, empleado en la corte de los reyes de Navarra doña Blanca y don Juan, hermano éste de Alfonso V y aquélla heredera de aquel reino. Antes que monje fué médico, ejerciendo su profesión en la corte arago¬ nesa de Sicilia, sabiéndose que en 1409 era ya profeso en Poblet, según una escritura de nuestro archivo fechada a 24 de abril de 1409. A pesar de la unanimidad de los electores y del bienestar material y espiritual del Monasterio, rehusó aceptar la Pre¬ lacia hasta que se lo mandó el Papa Eugenio IV, a ruegos de doña Blanca de Navarra y de otras personalidades de las fa¬ milias reinantes en España, que lograron las Bulas ponti¬ ficias fechadas a 29 de abril de 1437, las cuales, diferencia a de otras — sencillos documentos cancillerescos —, refieren las grandes prendas del nuevo Abad, que fué, después de- 144 HISTORIA DE POBLET SU muerte, elevado a los honores de los altares con el título de Beato. De él escribe el ilustre P. Finestres : «Aunque cali¬ para ficar de nuestro venerable Abad sobran los referidos testi¬ monios de personas tan autorizadas, como también el haber escrito su los ilustrísimos Juan Alvaro y fray vida y muerte Angel Manrique y los padres Bernabé de Montalbo y Agus¬ tín Sartorio y, más que todos, con haberle distinguido con el título de Beato el Menologio Cisterciense, con todo no puedo dejar de hacer tal cual memoria de la singular observancia, celo y prudencia y demás partes que acreditaron a su Abadía por una de las más ejemplares.» «En ella se mostró el siervo de Dios, a pesar de la supe¬ rioridad del prelado, el más humilde de todos y en medio ■de una exactísima observancia de los puntos y ápices de la Santa Regla y constituciones de la Orden y otras obras de supererogación cotidianas que añadía, como, entre ellas, rezar por entero el Salterio de David, nunca descuidaba de atender a las materias de gobierno del Monasterio, como lo atestiguan los sucesos siguientes ; mantuvo siempre con entereza los derechos del Monasterio, pero buscando para los litigios que se le presentaron durante sus veintidós años de gobierno soluciones de armonía y paz que siempre halló. Así al examinar los estatutos y concordia escritos por don Juan Martínez de Mengucho, entre el Monasterio y sus vasa¬ llos de la villa de Vimbodí, notó que el Común de dicho lugar los había firmado mientras que nuéstros monjes no habían llenado aquel requisito mandando que inmediatamente se SIGLO XV 145 cumpliese (1437). Amante señor de sus vasallos hizo con cordia con don Guillermo Ferrer, señor del castillo de Mora, sobre las confrontaciones de aquel lugar con el de Grañanella que era de Poblet (1439). En 1442 absolvió a la villa de Vim¬ bodí de la obligación que tenía de entregar a la Abadía ocho fanegas de trigo y otras tantas de cebada, haciendo lo mismo con otros lugares que eran señorío de Poblet.» Rasgo muy notable de su santa vida es el amor que tenía a los pobres. Bien provistas las necesidades de sus coher¬ manos monjes, se dedicaba a socorrer abundantemente las de los infelices a quienes la suerte no había favorecido o la desgracia tenía sumidos en el dolor, a todos los cuales solía repartir en laplaza del Monasterio abundantes limos¬ gran nas y comidas por sus propias manos. Venidos de toda Cataluña, acudían a él los menesterosos, hambrientos, en¬ fermos y pecadores que esperaban la gracia de su limosna o de su bendición paternal, que curaba milagrosamente su cuerpo o una palabra o un consejo que curaba el alma. El hospital que tenía el Monasterio desde hacía varios si¬ glos fué ampliado por él introduciendo multitud de desgracia¬ dos a quienes después visitaba, curaba, ponía su mano sacer¬ dotal sobre su frente, diciendo el Padre Finestres «que llegó a ponerse en duda entre los monjes, si el Abad curaba a los enfermos por la ciencia médica que había profesado antes de ser monje o si la salud era efecto de virtud e intercesión con Dios que se traslucía en todas sus obras». Un suceso extraordinario disipó las dudas. Un joven cayó trabajando de una altura quedando muerto al instante. Mien- 10 146 HISTOIRíIA DE POBLET tras se hacía el entierro, el Abad seguía k ceremonia con pro¬ fundo recogimiento, oraba ; de momento pone su diestra sobre la frente del muerto y luego éste se levanta de las andas com¬ pletamente sano. Después de la tnuerte del Abad se puso en el sitio preciso del milagro una losa con su divisa ; aun hoy puede verse al pasardesde la Galilea a la iglesia mayor, delante de la puerta que los comunica. Un varón tan compenetrado de su vocación monástica forzosamente debía ser amante de la observancia regular, pudiéndose citar sobre esto al P. Finestres, que es el que me¬ jor ha conocido y estudiado las grandes figuras pobleta- nas. «Más que de la salud corporal fue solícito de la espiri¬ tual nuestro venerable prelado — escribe, — y con esta mira puso el principal cuidado en mantener la observancia regular. Para la más exacta del silencio, en que acaso faltarían algu¬ nos subditos menos fervorosos, hizo en el año 1442 una cons¬ titución perpetua que ningún monje entrase en celda de converso y que ningún converso entrase en celda de monje en los dormitorios, bajo pena de excomunión, sin que para ello tuviese licencia expresa suya o del Prior para cada vez : disposición tan acertada que cien años adelante ordenó de nuevo el Abad Dom Pedro Boqués por los años de 1548.» Poblet, lo mismo que el Monasterio hermano de Santes Creus, tenía una singularidad en el hábito, pues seguía la vieja tradición de vestir el escapulario blanco. En 1434 y en 1441 fueron comisionados los Abades de las casas madres de Gran-Selva y Fuenfría para que compeliesen basta con censuras a los dos Monasterios a vestir el hábito ya genera- SIGLO XV 147 lizado en toda la Orden : túnica blanca y escapulario negro. La primera comisión no llegó a actuar, la segunda topó con la oposición del rey y la del Papa ; y, cuando en 1446 vino a Poblet Juan de Vión, Abad de Cíteaux, y encontró el mismo criterio cerrado, fulminó censuras y excomuniones, pero el rey de Aragón el Papa volvieron las cosas a su estado pri¬ y mitivo ; el escapulario blanco fue tolerado, quitadas las ex¬ comuniones y levantadas las censuras. Este mismo Abad se unió al resto de la Orden en este punto. En favor del Monasterio, levantó una serie de obras hoy reconocidas por sus armas. Entre éstas sobresale la iiermo- sísima afiligranada capilla de San Jorge, recuerdo del re\' y Magnánimo, eregida en memoria de nuestra dominación eu Nápoles testimonio fiel de la posesión real del título de so¬ y berano de Jerusalén que ostentaron nuestros monarcas. Cons¬ truyó, además, el canal mayor o de las aguas que las conduce por todo el Monasterio. Vióse su Abadiato adornado con hijos muy ilustres que salieron de la santa Casa ; recordemos, entre otros, a Dom Lorenzo Massa, Obispo de Girgenti ; Dom Bartolomé de Espon, notable arquitecto y autor de obras científicas ; Dom Juan Magdalé, profesor del Colegio de San Bernardo de Pa¬ rís ; Dom Juan Giménez Cerdán, consejero de los reyes de Aragón y de Navarra, nombrado a la postre Obispo de Barcelona. Merece ser mencionado otro aspecto de la vida del Abad Cunill ; sus relaciones con la patria y los hombres que la re¬ presentaban. Durante su mandato, conoció parte de dos rei- 148 HISTOlR'IA DE POBLET nados, el de don Alfonso V y el de don Juan II, los dos bas¬ tante agitados para que no hubiere de intervenir nuestro Abad. Amigo del primero, fué limosnero mayor, médico y consejero del segundo. Don Alfonso V se pasó gran parte de su vida luchando con Nápoles y, cuando lo hubo conquistado, lo dejó el reino de en herencia a su hijo natural, don Alfonso, duque de Cala¬ bria. La vida del rey Magnánimo tuvo momentos poco edi¬ ficantes para sus la guerra de Nápoles no era svibditos ; popular y su prolongadísima ausencia se hacía intolerable, sobre todo cuando sólo se acordaba de la patria para pedirle hombres, armas y dinero, en las horas de aprieto de aquella conquista, que no fueron pocas, lo cual dió origen a cierto malestar que se exteriorizó en 1451 en pleno Parlamento. El Abad Conill, varón que contaba con gran prestigio en el país, demostró una entereza ejemplarísima censurando en uno de sus discursos el proceder de su real amigo. Alfonso V, que le tenía un amor reverencial, le consultaba, desde entonces los más de sus asuntos en orden a su alma y aun muchos ne¬ gocios del reino, mientras por su parte el Abad correspon¬ díale con consejos de hombre entero que no sabe ocultar el mal. En cartas privadas le había fustigado más de una vez su poca fidelidad a la ejemplar reina María, su esposa, y le manifestaba al mismo tiempo su punto de vista con respecto a la empresa de Nápoles y lo perniciosa que era para sus es¬ tados la prolongada ausencia a que le obligaba aquella con¬ quista, no trasluciendo en ninguna ocasión asomos de halago. No por ello dejó don Alfonso la amistad que le unía a Dom SIGLO XV 149 Bartolomé, ni se olvidó de Poblet, porque antes de morir — 3 de julio de 1458 — ordenó que su cuerpo fuese sepultado en nuestro Monasterio, junto con sus antecesores, lo cual no pudo verificarse hasta 1667, fecha en que don Pedro Antonio de Aragón, descendiente de Alfonso V, lo verificó, siendo virrey de Ñápeles. La muerte de Alfonso V, sin hijos que le sucedieran en estos reinos, puso la Corona de Aragón en las sienes de su hermano don Juan II, hasta entonces rey de Navarra, con lo cual las disensiones existentes entre éste y su hijo don Carlos de Viana adquirieron actualidad en los estados de la Confe¬ deración, cuyo origen fué el siguiente : Doña Blanca, reina de Navarra, mujer de don Juan II, legó aquel reino a su primogénito don Carlos, conocido con el nombre de príncipe de Viana. En su testamento había exigido la reina a su hijo que no tomase el título de rey sin el consentimiento de su padre. El cual, no sólo no lo consintió, sino que, arrebatán¬ doselo, le dejó el solo título de lugarteniente. Esta expoliación y el matrimonio contraído por don Juan II con doña Juana Enríquez, hija del almirante de Castilla, le¬ vantó en armas al país navarro, para defender los derechos del príncipe. Vencido éste, púsose bajo la protección de su tío Alfonso V, el Magnánimo, que lo acogió con simpatía en su Corte de Nápoles, interviniendo en su favor. Muerto el Mag¬ nánimo, siguió el príncipe solicitando de su padre la recon¬ ciliación y, llamado por éste, que temía se alzase rey de Sicilia, vino a Cataluña con intención de hacer valer sus derechos de primogénito. Príncipe generoso, amante de las 150 HISTORIA DE POBLET artes y de las letras, don Carlos deViana gozaba en nuestro país de una gran popularidad, por esto se le recibió con tanta alegría y festejos, pero Juan II prohibió inmediatamente que se le considerara sucesor en la corona porque reservaba este título, lo mismo que la mano de Isabel de Castilla — desti¬ nada antes a Carlos de Viana para el infante entonces niño — don Femando, nacido de su segundo matrimonio ; todo el país protestó. En todas estas disensiones quien movía a los personajes y urdía las intrigas políticas era doña Juana En- ríquez, madrastra de don Carlos de Viana. Nuestro Abad veía desde Poblet el mal cariz que iban tomando las cosas de la Confederación y el peligro que se cernía en el horizonte de una guerra civil encendida por la loca ambición de doña Juana Enríquez y las injusticias de don Juan II, el cual, al ser proclamada en Zaragoza rey de Aragón, cedió, a instancias de su mujer, al príncipe don Femando el ducado de Montblanch y el condado de Riba- gorza. Este hecho disgustó a los grandes del país, que acu¬ dieron al rey protestando de lo torcido de su proceder. Acudió también nuestro Abad con una carta en la que una vez más se manifiesta grandeza de alma, su entereza y proceder. su En ella le expone que, encontrándose a lo último de su vida, ve las cosas humanas con mayor claridad y prevé para un futuropróximo luchas terribles y rencores locos, si el rey no muda su comportamiento para con el heredero de la Corona. Este santo varón no vió en este mundo las luchas y ren¬ cores que vaticinara, porque, cargado de años y oprimido el cuerpo por la austeridad y maceraciones, entregó su alma a •SIGLO XV 151 Dios el día 13 de octubre de 1458, siendo enterrado en la Sala Capitular en una urna que ostenta su busto magníficamente tallado. Dom Miguel Delg.ido (1458-1478). Según conjeturas bien fundadas del P. Finestres, fué este Abad natural de Santo Domingo de la Calzada, señalando el lugar de Pun como el de su nacimiento, por ser el solar de los Delgado, nobles hidalgos de aquella tierra. Debió ser varón dotado de grandes cualidades, porque le vemos ocupar cargos de confianza en el Monasterio y aun an la Corte de los reyes. Fué limosnero, confesor, consejero y albacea testamentario de Alfonso V de Aragón y su emba¬ jador varias veces ante los Papas Nicolás V Calixto III. y Cuando fué elegido Abad de Poblet, lo era comendatario de San Salvador de Breda, Monasterio de Benedictinos ne¬ gros ; esa Abadía la renunció al aceptar la nuestra. Aunque el hecho de haber sido Abad comendatario no es ninguna cualidad o virtud que haga recomendable, Dom Miguel Del¬ gado trabajó, con todo, por el engrandecimiento de nuestro Cenobio, para el que logró el inapreciable bien de alejar las encomiendas, si bien él mismo había vivido probablemen¬ te aquel ambiente deletéreo de la vida monástica. Por aquellos tiempos la peste de los Abades comendata¬ rios destruía gran parte de las Abadías benedictinas y cis- tercienses. F1 poder de los reyes y las necesidades en que se vieron algunos Sumos Pontífices dieron origen a que perso¬ a los nas extrañas monasterios, seglares muchas veces, ocu¬ pasen las Prelacias, disfrutando las rentas de los Cenobios, 152 HISTOlRIA DE POBLET viviendo alejados de los mismos y sin preocuparse en abso¬ luto del bien espiritual y material de los Monjes, confinados no pocas veces encualquier rincón del Claustro, mientras ellos los convertían en castillos o palacios a semejanza de grandes señores. Los estragos causados en los mismos por este estado de cosas se adivina fácilmente. La regularidad, el trabajo y la vida litúrgica, en una palabra, el espíritu monástico, preconizado por San Benito, acabaron por des¬ aparecer de los Monasterios. En 3462 ocupó la Abadía de Cíteaux Dom Imberto de Lonne, varón santísimo y dotado de entrañable a la amor Orden, el cual, palpando con su propia experiencia los desas¬ tres causados por las encomiendas, ordenó todos sus esfuer¬ zos al logro de su extinción, para lo cual acudió al poder supremo de la Iglesia, al Papa Sixto IV, y al Colegio Car¬ denalicio, pidiendo la total prohibición con tanto fervor que hizo derramar lágrimas al Pontífice y a los más de los pur¬ purados, la providencia que se pedía no vino y su sucesor pero Juan de Ciray luchó por la misma causa sin lograr ser escu¬ chado de los reyes, príncipes, obispos y pontífices a quienes se dirigió. Dom Miguel Delgado, que había sido Abad comendata¬ rio, como hemos dicho, y ante el peligro de que en Poblet ocurriera lo que en tantos Monasterios había ocurrido, acu¬ dió al rey don Juan II, pidiéndole que proveyese con ley o privilegio a que nadie pudiese ocupar la Sede de Poblet en encomienda, después de la muerte del Abad Delgado ni de SIGLO XV 153 la de ningún otro de sus sucesores. Este privilegio libró a nuestra Abadía de aquella peste. También obtuvo uu Decreto según el cual eran entrega¬ dos a Poblet los restos de donJuan I, de don Martín el Hu¬ mano, y de la reina doña Violante, esposa de éste. Da entrega se efectuó en 1460 y, acompañados de treinta Monjes al efec¬ to venidos a Barcelona, fueron traídos a Poblet aquellos rea¬ les despojos donde se les hicieron las honras fúnebres acos¬ tumbradas. El cadáver de don Juan I y de su esposa fueron puestos en el suntuoso sepulcro que se mandaron labrar en vida y el de don Martín quedó debajo de los arcos de los Panteones. El buen nombre de Poblet le valió grandes honras de los Abades Generales y aun del Sumo Pontífice. Así, en 14 de septiembre de 1460, Dom Guillermo, Abad general, le nom¬ bró su Vicario en los reinos de Aragón y Navarra y, en 1474, hizo lo propio Dom Imberto de Lonne y, en primero de octubre de 1477, repitió el nombramiento Juan de Ciray. Paulo II, en 1471, le comisionó para que, examinadas las causas tenían los Religiosos Menores de Tarragona para que mudar el convento a otro sitio, les diese licencia apostólica. La parte material fué muy atendida por este Prelado, pro¬ curando con celo laudable aumentar sus bienes mediante compras como la hecha a los de Balaguer, en 1459, paeres de los molinos llamados «Cap de Pont», hecha en vistas a la molturación de los frutos que daban las tierras adquiridas en el condado de Urgel ; esta adquisición costó 19.000 suel¬ dos. Compró también los lugares y términos de Filella y 154 HISTORIA DE POBLET Falcons con todas sus jurisdicciones y dominios por el precio •de 83.000 sueldos. Por este tiempo, año 1475, sucedió el prodigioso hallazgo -de la venerable imagen del Tallat por un pastor de don Ra¬ món Berenguer de Llorach, señor de Solivella. Este noble caballero dedicó a la santa Imagen una capillita que puso bajo la custodia del Abad de Poblet, de lo cual tomó origen .aquel Piorato. Examinemos, aunque sea brevemente, lo que el P. Jaime Finestres llama «servicios del Abad Dom Miguel Delgado Eechos al rey don Juan 11». La conducta de este rey, inspirado por su esposa doña Juana Enríquez, constituyeserie de hechos tan mal una aventurados para don Carlos de Viana, como injustos por parte de los regios consortes, de suerte que la historia siem¬ pre deberá tratar duramente a aquellos dos personajes. Esta conducta culminó con la prisión del príncipe llevada a cabo el año 1460, hechoel cual los Estados de la por Confederación protestaron enérgicamente y resolvieron man¬ dar una embajada a don Juan II exigiendo la libertad de don Carlos, para lo cual se deputaron cuarenta y cinco personajes -de lo más representativo de la Corona, uno de los cuales fué nuestro Abad, al que hallamos embajador en enero de 1461. En febrero del mismo año el soberano se llevó, para mayor seguridad, a Zaragoza, a su hijo aprisionado, mandando en¬ tonces el Gobierno de Cataluña a Dom Miguel Delgado en embajada especial doña Juana, a la cual debía exigir que a se diese libertad al príncipe y amenazarle que, a menos SIGLO XV 155 que fuese devuelto con entera libertad al país, jurado sucesor y hecho lugarteniente del reino, no se conseguiría la quietud pública. Alcanzó nuestro Abad todo cuanto pidió fué don ; Carlos puesto en libertad y, acompañado de su madi;astra hasta Villafranca, recibió el gobierno del Principado, que le preparó la entrada triunfal de Barcelona y, como fruto espe¬ rado, se recogió la tranquilidad del pueblo. Con ello nuestro Abad había prestado un gran servicio al príncipe y a toda la Confederación. Después de la entrada triunfal de Barcelona, la reina, haciendo uso de su cargo de lugarteniente del rey, pidió a los diputados que regían el Principado que el ejército catalán se apartase de la línea de Fraga y que depusiera las armas ; no quiso el Gobierno pasar por ese trance sin antes tomar precauciones y tener garantías de que los derechos del prín¬ cipe y de la Confederación serían salvaguardados, para lo cual fijó unas proposiciones que debían firmar los reyes y cuyos puntos principales eran estos : que el príncipe fuese jurado primogénito y heredero de Aragón y lugarteniente del rey sin que pudiera ser revocado ; que el Principado re¬ quiriese al rey de Castilla que dejase de hacer la guerra en Navarra y que don Juan II no pudiese entrar en Cataluña. Exigió, además, el Gobierno que doña Juana firmase aque¬ lla Concordia, para lo cual enviaron como embajador a Vi¬ llafranca, donde aquélla residía, a nuestro Abad que hubo de vencer la oposición tenaz de la reina, que consideraba muy humillantes los puntos que le ofrecía la Concordia. Pero puso el embajador tanto celo en cumplir su misión que consiguió 156 HISTORIA DE POBLET la firma deseada a 17 de junio de 1461. Enterada la Dipu¬ tación del éxito obtenido, en virtud de sola la Concordia de Villafranca, juró a 24 del mismo junio a don Carlos como primogénito y lugarteniente, hecho éste que disgustó sobre¬ manera al rey que aun no había ratificado aquellas Capitu¬ laciones. Con todo, se pasó por alto y, llevando adelante su progra¬ ma, el Gobierno del Principado envió, de acuerdo con don Carlos, una embajada don Juan II, que celebraba Cortes a a los aragoneses en Calatayud ; presidíala el Abad Delgado, que debía suplicar al soberano que ratificase las Capitulacio¬ nes de Villafranca y concluyese el casamiento del príncipe don Carlos con doña Isabel de Castilla. Accedió a todo don Juan II, pero entonces llegó la terrible noticia de la muerte del príncipe heredero. Entonces la embajada suplicó al rey, dueño otra vez de la situación, que enviase a Cataluña a don Fernando para que gobernase el Principado, llegando a Barcelona y entrando en la ciudad junto con la reina y su hijo, que fué jurado sucesor del rey su padre y lugarte¬ niente, prestándole todos los estamentos juramento de fide¬ lidad. Pero la muerte de Carlos de Viana no puso término a la animadversión que Juan II sentía contra Cataluña. Los con¬ flictos promovidos por la reina, tutora del nuevo primogé¬ nito, con la Diputación y el Consejo de Ciento y la aliena¬ ción de los condados de Rosellón y Cerdaña, en favor de Luis XI de Francia, con el cual se había aliado Juan II a trueque de su concurso armado contra los catalanes, excitó SIGLO XV 157 los ánimos estallando la revolución. La reina huyó al Am- purdán, con la idea de unirse a los payeses de remença, diri¬ gidos por el célebre Verntallat, que se sublevaron contra sus señores y, mientras el rey entraba en Cataluña con un pode¬ roso ejército, la Diputación lo declaraba enemigo público, quedándose ésta con la suprema dirección del país. Comenzada, pues, la guerra entre Cataluña y Juan II, Poblet se encontró en una situación muy difícil, por su im¬ portancia política, militar y religiosa. Políticamente, la Aba¬ día había trabajado mucho en bien del príncipe don Carlos, gestionando su libertad y el reconocimiento de sus derechos de primogénito ; y, en bien de la Confederación, exponiendo al soberano reivindicaciones sus y lo injusto de la conducta real. Militarmente, el Monasterio era una verdadera fortaleza desde tiempos de Pedro IV, tal vez la mejor que había entre Lérida y Tarragona, a la cual debemos añadir los muchos castillos que poseía en sus baronías. Religiosamente, el Mo¬ nasterio era la primera comunidad monástica de Cataluña y con un prestigio tal que en toda cuestión que se suscitaba los ojos del país se volvían a Poblet para ver cual era su posición. Por estas causas era difícil la situación del Cenobio en aquellos días tristes de guerra civil y, aunque es cierto que la neutralidad hubiera sido el mejor partido, también lo es que ésta era casi imposible ; además, la tendencia del Abad Delgado se dirigía ante todo a servir al rey, por lo cual, tomando como motivo y fundamento de su conducta el jura- 158 HISTORIA DE POBLET mento de fidelidad hecho poco antes en favor de don Fer¬ nando, optó por el partido del rey. Dom Miguel Delgado arrimóse al partido real con "tanto celo que bien puede calificársele de exagerado, porque pasó más allá de lo que le imponía su misión de Prelado, sacerdote y monje, como a continuación verá. se A raíz de la entrada del rey en la ciudad de Balaguer escribía el rey a nuestro Abad, a 7 de junio de 1462 : «Ha¬ bernos escrito al Patriarca-Arzobispo de Tarragona y al con¬ de de Prades que vengan a Nos, para aconsejarnos lo que debemos hacer. Por lo cual tendríamos por muy conveniente si tal contrariedad no os lo estorba que vinieseis acá a Nos por la dicha razón. Pero si acaso venís dejaréis buena custodia y guarda en vuestros castillos y fortalezas y cuando no podáis venir, ved que podamos hacer por vuestro honor, que lo ha¬ remos como por nuestros propios hechos, sin faltar un punto y si habéis menester alguna gente para socorro de vuestra tierra, escribidnoslo y será hecho luego.» Esta carta era el comienzo de una serie de peticiones rea¬ les que impusieron al Monasterio servicios más propios de aristócratas de aquel tiempo de feudalismo decadente que no de comunidades monásticas. Estas peticiones reales eran las que empeñaron al Abad servir a los reyes hiciese a que por tanto como veremos que hizo, «en cuyas acciones si pareciere haber excedido a lo que según su estado de prelado eclesiás¬ tico le correspondía, se le debe condonar porque el mismo rey expresamente se lo mandaba». (Finestres, Historia de Po¬ blet. T. IV. Apen. a la Disert. I.) SIGLO XV 159^ «Recibida la real carta, sin responder a ella, sino con sola a su obediencia, lo primero de que cuidó el Abad de Poblet: fué guardar sus castillos y fortalezas del Monasterio, que. tuvo no poco que hacer ; a este fin envió a cada castillo un monje que vivieron en ellos hasta que cesaron las guerras. (Finestres. T. IV. Pág. 33.) Estas palabras de nuestro historiador nos prueban como· en realidad Poblet, por primera vez en cuatro siglos de exis¬ tencia, deja penetrar en su recinto un espíritu antimonástico■ y, consumando la gesta de Pedro IV que edificó las murallas, admitió una buena guarnición de soldados a las órdenes de Juan Delgado, hermano del Abad, y de don Hugo de Urries, copero mayor del rey «y tanto los paisanos como los soldados*, que estaban defensa del Monasterio militaban bajo las ór¬ en denes del Abad que tenía el gobierno principal de esta for¬ taleza de la cual decía su majestad que era la que más esti¬ maba de todas las que tenía en Cataluña, después de Lérida, y Tarragona». (Finestres. T. IV. Pág. 35.) Poblet quedaba, pie de pues, en guerra, expuesto a ase¬ dios, talas de sus campos, asaltos, y a todo el atuendo gue¬ rrero de aquellos tiempos, y cuando no fueran males materia¬ les de tantagravedad, podían ser otros mucho más perjudicia¬ les porque herían directamente la vida monástica ; el ruido de¬ armas por torres, murallas y rondas, la vida militar de varias compañías de guarnición, la ligereza del soldado y su licencia, proverbial, en nada favorecían a la vida cisterciense. Forzosamente la paz exterior y aun la interior debieron: resentirse sobremanera dé este estado de cosas, que se pro- !60 HISTORIA DE POBLET longo por algunos años. Los Monjes, recordaban los bue¬ que nos días de los Abades Martínez de Mengucbo y del Beato Conill, debían sentir nostalgia de aquellos tiempos de plácida vida cisterciense. La desconfianza llegó a penetrar en aquellos santos varones dedicados a buscar a Dios en todo, siendo el P. Finestres, entusiasta narrador de estos servicios el que rey recibió de Poblet, quien levanta el velo sobre este parti¬ cular. Explicando el contenido de una carta del rey y de la reina dirigida al Abad y fechada en Tarragona, el día 6 de febrero de 1465, le dicen entre otras cosas : «Que de nadie, ni aun de sus monjes se fiase, sino sólo de los soldados.» Y, siguiendo por este mismo camino de decadencia monásti¬ ca, hallamos que el rey manda al Abad tomar parte en varias operaciones militares y así le vemos levantar a los pacíficos súbditos del Monasterio que hubieron de marchar al Ampur- dán a reforzar elEjército real y finalmente dirigir una ope¬ ración militar, como fué la toma del castillo y lugar de Omells. Acabóse la guerra civil más bien cansancio de los por dos bandos que por hechos de Barcelona armas. resistió a los ejércitos de Juan II y éste, viejo, abatido y medio ciego, queriendo poner fin al conflicto aceptó las condiciones de Ca¬ pitulación que la ciudad propuso (1472) Concedióse un perdón general — que el monarca no respetó lealmente — y aprobó todo cuanto había hecho la ciudad desde el encarcelamiento del príncipe de Viana. El Abad Delgado fué a ocupar un puesto en las Cortes y, en premio de su conducta militar, se le dió en 1476 el honroso