SIGLO XV 161 cargo de Diputado eclesiástico de Cataluña. Pero el que más había sufrido era el mismo Monasterio, herido en las fibras más delicadas del hasta entonces incólume espíritu cister- ciense. Tal fué la actuación de Poblet durante esta primera gue¬ rra civil de Cataluña, actuación oficial, política si se quiere, pero que da la impresión de servilismo al monarca ; ello se logró por esfuerzos e imposición del Abad Delgado, pero no se pudo evitar que algunos Monjes influyentes se inclinasen decididamente por el partido catalán, mencionemosa Dom Luis Pons, Prior de Nazaret y miembro del Consejo de la Generalidad que asistió enj sus últimos momentos a don Pe¬ dro de Portugal, al cual se había comisionado para informar diariamente al Gobierno del estado del regio moribtmdo. (Archivo de la Corona de Aragón. Generalidad. Deliberacio¬ nes. 1465-1469, folio 49.) De su gobierno material dejó buena memoria como Abad constructor, así nos lo indica su escudo de armas — un tigre que pasa por dos torres — puesto en las obras que empren¬ dió : tales son la casa de Riudavella, la capillita de la Piedad en el Claustro mayor, hoy desaparecida como tal, y el atrio de la Puerta dorada, comenzado por él y rematado por Dom Juan Payo Coello. Gobernó casi veinte años, falleciendo el día 26 de noviem¬ bre de 1478 y siendo enterrado en el Priorato de Nazaret, después Monasterio de Valldoncella de Monjas cistercienses. La actuación en las guerras civiles de Cataluña ensom¬ brece la figura de este Prelado. II 162 HISTORIA DE POBLET DomJuan de Estaña (1478-1480). Acabada la guerra ci¬ vil, debió quedar el Monasterio alterado en su tradicional observancia, como así lo corrobora la elección del sucesor. Los 72electores no concordaron en señalarse Prelado, debien¬ do poner porunanimidad en manos del Prior, Dom Juan Ruíz de Moros, varón ejemplarísimo, el poder absoluto de elegir Abad. Nombró aquél a Dom Juan de Estaña, «diciendo que lo elegía porque era un varón santo, en virtudes y costumbres insignes y en todas sus cosas muy prudente y circunspecto». (Finestres.) Como el designado se negara a obli¬ aceptar el cargo, le garon los presidentes, onerándole la conciencia, si rehusaba aceptar, lo que todos unánimemente qnerían. Indudablemente que un sentimiento de humildad profun¬ damente sentido le impelió a pronunciar su negativa, pero debió sumarse a aquél el estado del Monasterio que se hallaba «muy alcanzado por los trabajos de las guerras y aun intro¬ ducida una tal cual relajación». (Finestres.) Este hastío por el gobierno del Monasterio no le abandonó convirtiéndose en una voluntad firme e irrevocable de ceder la Abadía. Con todo, gobernó durante quince meses al fin de los cuales dimitió el cargo en manos del maestro Dom Juan Ruíz de Moros. Pero Fernando, el Católico, en carta de 27 de febrero de 1480, a que renunciase en favor del Ce¬ le indujo nobio, cuyos Monjes debían quedar con libertad entera de elección. Tal vez el rey Católico tenía otras intenciones que haría viables una elección. Vista la voluntad real, Dom Juan de Estaña renunció llanamente en favor de la Comunidad el SIGLO XV 163 cargo que ella le impusiera, entregándose vida de com¬ a una pleto retiro y de inhibición en los asuntos del Monasterio, 18 de marzo de 1480. Con todo, la petición de que se permitiese renun¬ con ciar al Abad Estaña, había partido hacia Roma un Monje que llevaba una nota adicional a la petición de que el más indicado y digno de sucederle era Dom Juan Ruíz de Mo¬ ros, pero este monje ejemplar en todas ocasiones, lo fué en ésta, renunciando a toda posibilidad y derecho de elección para bien del Monasterio. Retiróse también este santo varón a la vida privada, quedando Prior Presidente Dom Gabriel Escuder, el cual reunió a la Comunidad y en varias sesiones celebradas en el Capítulo hicieron ciertos estatutos por los que se imponía al futuro Abad la obligación del silencio para todos, la sencillez en todas las cosas, el abandono de las su¬ perfluidades y los gastos inútiles. Estos estatutos fueron ju¬ rados por toda la Comunidad, expresando su firme decisión de no usar licencias y dispensaciones contra los mismos. Al bienio del Abad Estañá va unido otro hecho im¬ portante de nuestra historia : la separación de Poblet de Fontfroide. Como fruto en sazón, la independencia vino para Poblet cuando nuestra Casa no sólo había llegado a una ple¬ nitud ubérrima de vida cisterciense, había sido conser¬ que vada intacta, sino que, además. Abades como Dom Juan Martínez de Mengucho, el Beato Bartolomé Conill, el Padre Marginet y aun el mismo Abad Delgado, durante los dos primeros tercios del siglo xv, habían aumentado en eficacia y en espíritu monástico. La independencia, tal vez fué siem- 164 HISTORIA DE POBLET pre deseada, pero siguiendo el espíritu de la Orden de que las Abadías Madres conservasen ciertos derechos sobre sus hijas : elección de Abad, visita, etc., jamás se había plan¬ teado esta cuestión que, además de oponerse a la Carta de Caridad, hubiera sido inconveniente y de resultados negati¬ vos, cuando Fontfroide era institución cisterciense de primer orden, durante los siglos xii, xiii y aun xiv. La Abadía que fundó a Poblet y a tantas otras filiales, que produjo hombres como Pedro de Castelnau y Benedicto Xll era digna de ser madre y modelo de nuestra Casapodría ser un estorbo y no para la exp^sión de Poblet, para su vida regular y su ad¬ ministración. Pero, a fines del siglo xiv y todo el xv, Font¬ froide dejó mucho que desear en sus Abades, administración y vida regular ; a tal punto llegó aquella Casa que hubo de ser visitada por Poblet y Santes Creus ante la conducta nada edificante del Abad Miguel Ferrer (1444-1453). A esto una¬ mos la entrada en el gobierno de Abades comendatarios y tenemos las causas principales que influyeron decisivamente enceste hecho. El Abad Estañá acudió al Rey Católico y éste al Papa Sixto IV, el cual a 16 de las calendas de diciembre de 1480 dio una Bula en la que se leía este párrafo : «Después de la muerte del Abad de Poblet los Monjes de aquel Monasterio están obligados a dirigirse al Abad de Fontfreda, en la Dió¬ cesis de Narbona, como Abad padre, para asistir por sí o por comisarios especiales a la elección. El Monasterio de Fontfreda está muy lejos del de Poblet y los viajes que hacen los Monjes para anunciar las vacantes resultan muy costosos. SIGLO XV 165 a causa de las distancias y de la poca seguridad que ofrecen los caminos ; de aquí resulta que la elección sufre muchas demoras, lo cual perjudicial para el buen orden. El es muy rey Fernando nos ha dirigido sus muy humildes súplicas, a fin de que según Nuestra Autoridad Apostólica Nos digne¬ mos suprimir aquellos inconvenientes a que está ligado el Monasterio. Ahora bien. Nos, siempre prontos a asegurar la felicidad y la prosperidad de los Monasterios, y que gustosos, siempre que Dios lo permite, les quitamos las incomodidades a que están sometidos, hemos acogido con favor las peticio¬ nes que nos elevó dicho rey y en virtud de Nuestra autoridad apostólica y a tenor de las presentes. Nos sancionamos, deci¬ dimos y ordenamos por esta Constitución perpetua e irre¬ fragable, que jamás, siempre Poblet se produzca una que en vacante, los Monjes estarán obligados a dirigirse al Abad de Fontfreda, para que él presida la elección del nuevo Abad, ui envíe sus delegados especiales para anunciarle la vacante. Al contrario, podrán elegir Abad bajo la presidencia del Prior claustral, o de cualquier otro Abad de dicha Orden...» F1 de¬ recho de Visita quedaba intacto, pero prácticamente irreali¬ zable. La distancia era mucha, cierto, pero el ser Fontfreda de" otra nacionalidad era otro factor también decisivo en este hecho. Las consecuencias de Muret dejaban sentir. Desde se entonces presidieron las elecciones de Poblet o los Abades de Piedra, nuestra mejor filial, o los del Monasterio hermano de Santes Creus. Además, las relaciones entre nuestra Casa y Fontfreda disminuyeron y acabaron por ser nulas al poco tiempo. Los 166 HISTORIA DE POBLET Abades comendatarios poseyeroñ aquella Abadía como seño¬ res feudales. Seglares no pocas veces, se preocupaban muy poco de vida monástica y aquella gran Comunidad fué lan¬ guideciendo rápidamente hasta no contar más que con siete miembros, Monjes señores que se dispersaron en la época del Terror. Dom Juan Payo Cobllo (1480-149S). Este Abad, de lina¬ je portugués, natural de Zamora, y perteneciente a aunque una había sido durante su mocedad bravo e familia ilustre, inteligente soldado al servicio de los reyes de Castilla. He¬ redero único de una cuantiosa fortuna, la ofñeció a Poblet, cuando trocó la milicia terrena por la monástica, permitiendo los superiores después de su profesión que con los réditos de la misma se sustentase durante sus estudios en la Universi¬ dad de Salamanca hasta tomar el doctorado en Sagrada Teo¬ logía. Al elegido Abad, hallábase sirviendo al rey en calidad ser de limosnero, oficio que le granjeó la estimación y confianza del Rey Católico que le consultaba consejero privado, como siendo ello la que más movió a aquel monarca a amar causa tanto al Monasterio, que tal vez puedan unirse a los favores recibidos durante el tiempo del Abad Delgado, cuando las guerras de Cataluña. Confirmó el rey todos los privilegios y exenciones de que gozaba el Cenobio, especialmente el que prohibía que pudiera ser Abad comendatario de Poblet, ninguna persona, aunque fuese cardenal, debiendo sólo ser elegidos Monjes del Monas¬ terio, prometiendo Su Majestad que dicho Privilegio se cum- SIGLO XV 167 pliría observaría, porque tal era su voluntad, a pesar de y que años más tarde pareció olvidarse de todo ello. Aunque rey de Castilla por su matrimonio con doña Isa¬ bel, nunca se olvidó don Fernando de favorecer al Monasterio y así hallamos en sus cartas, dirigidas a nuestros Abades o a los que regían el Principado, frases de gran encomio para Poblet y pide atienda al Monasterio y se le favorezca que se en todo y, por una Provisión ñeal de 6 de julio de 1488, nom¬ bró diputado eclesiástico del General de Cataluña, cargo que equivalía a la presidencia, a Dom Juan Payo Coello, procu¬ rando éste servir mucho al rey y dejando un tanto descui¬ dadas obligaciones de Prelado monástico. sus Con todo, durante su Abadiato se preocupó del bien del Monasterio reparando los daños causados por la guerra civil, los perjuicios de orden espiritual frutos de la misma, y em¬ belleció algunas partes del Cenobio con obras nuevas o aca¬ bando otras comenzadas en los Abadiatos anteriores, como el atrio de la Puerta dorada. Escribió una «Historia de Poblet», inédita y desconocida porque no ha sido hallada. Se debe a este mismo Abad la erección de la bella ermita «deis torrents», en la que se honra una devotísima y muy antigua imagen de María Santísima, hallada en aquel poé¬ tico lugar en 1484. Además del cargo de Diputado eclesiástico de la Gene¬ ralidad, Calixto III le nombró juez conservador de la Orden de la Merced y " Alejandro VI, por Bula de 1498, le hizo juez conservador de la Congregación benedictina de Valla¬ dolid y Dom Juan IX, de Cíteaux, le hizo su Comisario 168 HISTORIA DE POBLET General con jurisdicción sobre todos los Monasterios de España. Con todo, el acontecimiento que más ilustró su Abadiato fué la visita que los Reyes Católicos hicieron a Poblet en 1493. En enero de después de prolongado asedio, en 1492, el que se prodigaron el heroísmo y caballerosidad más emocio¬ nantes, se rindió la ciudad de Granada, terminando así la re¬ conquista, después de 781 años de lucha sin igual entre la civilización cristiana y la árabe. Pasóse lo que del año res¬ taba en componer las cosas del nuevo reino, arreglar las de Castilla y preparar Cortes los catalanes, que se reunieron a en el mes de mayo de 1492 en la capital del condado. A ellas asistió el Abad, como de derecho le tocaba, informando al rey de todos los asuntos del país. El rey le comunicó su in¬ tento de visitar el Cenobio de sus mayores con toda la fa¬ milia real. , El día 9 de noviembre, a las tres de la tarde, llegaron los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel, acompañados de un séquito enorme que rebasaba la cifra de mil personas entre caballeros que acompañaban al rey, damas de la corte y señoras de palacio — más de quinientas — las escoltas de todas estas gentes,hombres de armas y pajes, capilla real, capellanes reales, número de Prelados, entre ellos el gran Arzobispo de Toledo, Cardenal de España y Patriarca de Alejandría, los Arzobispos de Sevilla, Càller, y el Obispo de Mallorca. Magnífico conjunto lleno de vida rebosante de color y belleza ; caballeros con sus ricos trajes o bruñidas ar¬ maduras, las damas con sus indumentarias elegantes, los SIGLO XV 169 Prelados con sus majestuosos hábitos talares el Abad reves¬y tido de pontifical con sus ministros diácono y subdiácono co¬ locados en el atrio de la Puerta dorada y, siguiéndoles, toda la Comunidad que se componía de noventa y cuatro Monjes profesos, ocho Novicios y ciento treinta y cinco Conversos. Al desmontar los reyes delante de la iglesia de San Jorge, se abrió luego la Puerta dorada y, entrando Sus Majestades en el atrio, se arrodillaron cada uno en su estrado y adoraron las santas reliquias que el Abad llevaba Tomaron en sus manos. los señores más principales el palio debajo del cual fueron los reyes hasta la puerta de la iglesia, siguiendo inmediatamen¬ te detrás de sus padres las tres infantas, doña Juana, doña María y doña Catalina, más tarde mujer de Bnrique VIII de Inglaterra. El Convento fué procesionalmente cantando el «Te Deum laudamus», que al llegar a la iglesia acompañó la música del órgano. Los reyes se arrodillaron en sus estradosprevenidos de¬ bajo de las gradas del presbiterio y el Abad, habiendo dicho las oraciones a este fin ordenadas, dió la bendición ; después Sus Majestades subieron al presbiterio y besaron las tumbas de sus padres, los reyes don Juan y doña Juana Enríquez ; finalmente, salieron de la iglesia y subieron a las cámaras abadiales, donde tenían preparado el aposento. La princesa doña Isabel y las infantas con su comitiva tuvieron también el aposento en el mismo barrio. El Carde¬ nal de España, los Arzobispos y Obispos, con otros grandes de los más principales, fueron hospedados en las cámaras rea¬ les y aposentos vecinos a ellos. Y, en fin, más de trescientas 170 HISTORIA DE POBLET damas fueron aposentadas en el salón de arcos que caía a las espaldas de las cámaras abadiales, donde posaban los reyes, y advierten los manuscritos que fué cosa de grande ejemplo tanto silencio entre tantas mujeres que más parecían religio¬ sas en dormitorio que damas en palacio. Poco antes de anochecer vino el príncipe don Juan, hijo y heredero de los reyes católicos, mozo de unos quince años de edad, que venía cazando por el camino acompañado de lucida comitiva y, no obstante estar sus majestades en el Monaste¬ rio, fueron el Abad y el Convento a recibir a su Alteza con la misma ceremonia y forma que a sus padres y después fué hospedado en el aposento más cercano ai de los reyes. Había procurado tener gran provisión de todo lo necesario 3' no obstante la multitud de gente así de hombres como de mujeres, a todo se acudió con abundancia. El domingo día lo de noviembre, el Abad dijo la misa de pontifical, que oyó el rey en su capilla del presbiterio con el príncipe, y la reina con las infantas en la otra. Sólo el Car¬ denal tuvo sitial en el Después de haber comido bajaron coro. Sus Majestades a la iglesia a ver los cuerpos reales y compa-. reció también la princesa viuda escondidamente. Da reina quiso ver y mirar a la infanta doña Catalina, su tía, que fué mujer del infante don Enrique, duque de Segorbe, hermano del rey don Juan IT de Aragón, la cual había sido muy her¬ mosa y, tomando algunos cabellos que eran muy rubios, ha¬ biéndolos mostrado al rey, mandó éste que los dejase. ■ Cierto manuscrito doméstico, sin nombre de autor, dice que en esta ocasión mostraron los Reyes Católicos notable hu- SIGLO XV 171 manidad con los Monjes hablando llanamente con algunos en la iglesia la y que reina pidió a dos o tres de ellos que acompa¬ ñasen por la iglesia a las tres infantas, entreteniéndolas mien¬ tras Sus Majestades miraban las sepulturas y cuerpos de la Casa Real de Aragón, para que, como niñas, no se espantasen de la vista de los cadáveres. La reina, después de haber visto los difuntos, reposó algún rato en el coro bajo en una silla frontera al órgano que ella misma abajó de su propia mano y, sentada en ella, habló muy familiarmente con los Monjes que habían entretenido a las infantas. El lunes, día de San Martín Obispo, se celebró misa ge¬ neral por todos los difuntos de la Casa de Aragón que yacen en esta por los cuales cada Monje dijo también misa iglesia, privada, y el resto del día lo pasaron los reyes y su comitiva mirando las oficinas del convento ; al anochecer, vieron la sacristía, las reliquias y los demás ornamentos de la iglesia. El martes día 12, habiendo resuelto partir, oyeron misa Sus Majestades cada cual en donde comieron su aposento, algo más temprano que los otros días. Y antes que partieran, estando la Comunidad en el Coro, el Abad suplicó a Sus Ma¬ jestades hiciesen a todo el convento la honra de darle a besar sus manos. Condescendiendo los reyes, se sentaron en sillas sobre las gradas del presbiterio el príncipe de pie al lado ; de su madre y las infantas detrás del príncipe, todos por su orden, y llegando los Monjes, que iban saliendo del Coro de uno en uno, arrodillados besaban las manos de Sus Majesta¬ des y Altezas y fué tanta la benignidad de los Reyes Católi¬ cos que a cada uno de los Monjes hablaron alguna palabra. 172 HISTORIA DE POBLET Hasta aquí el manuscrito citado, escrito probablemente por un Monje que vivió aquellos días grandes del Monasterio. Este viaje de los Reyes Católicos es altamente significa¬ tivo. Lograda la unidad hispana con la alta comprensión y elevadas miras con que la realizaron los Reyes Católicos y terminada la reconquista nada más bello podían hacer que retirarse unos días en nuestro Monasterio y prestar home¬ naje a los restos mortales de todos sus antepasados de la Casa Real de Cataluña-Aragón, porque aquellos próceres y reyes con sus empresas militares, cualidades diplomáticas y acier¬ tos políticos, habían acumulado dilatados dominios y un gran prestigio internacional que se basaba la hegemonía del en Mediterráneo y en la directa intervención en la vida política de Europa. Y esta poderosa obra de tres siglos llevada a cabo por la Confederación Catalano - Aragonesa — base primordial de nuestro imperialismo europeo —, toma alientos, consejos, directrices, apoyo moral y económico en nuestro Cenobio po- bletano. Cuando nace la Confederación, nace Poblet ; cuan¬ do la realidad de un Estado occitano-aragonés va gran a des¬ vanecerse por la rebeldía albigense, Poblet señala el camino de la fidelidad a la Iglesia ; recordemos la figura noble del Abad Amaldo de Amalrich. La empresa de Mallorca sale de Poblet y en Poblet termina, la gesta siciliana es apoyada por nuestros Abades, económica y diplomáticamente. Cerdeña consume fuertes del erario sumas pobletano ; Nápoles ve desfilar a nuestros Monjes que son embajadores ante los Papas, reyes y Concilios, y en la hora de la unidad SIGLO XV 173 hispana Poblet acoge a los dos regios representantes más genuinos de la misma, que vienen a saturarse de amor hacia el sagrario de la Confederación aragonesa. Dom Juan Payo Coello fué el primer Abad que hizo po¬ ner en lista los que vestían el hábito, constando que desde -octubre de 1481 a 10 de noviembre de 1491, lo dió a sesenta aspirantes. Murió este Abad a 10 de noviembre de 1498, siendo se¬ pultado en el Aula Capitular con una inscripción sobre su tumba que dice : «Debajo de esta losa duerme Dom Juan Payo Coello, Abad 40 de Poblet, de noble linaje, el cual trocó la milicia seglar por el monacato, antes electo por los reli¬ giosos, hermoseó la casa muy quebrantada por las guerras. Finalmente restituyó su espíritu al Criador.» A su muerte tuvo lugar la vacante más larga que se co¬ noce en nuestra historia y que se prolonga desde 10 de no¬ viembre de 1498 a 3 de mayo siguiente, porque había algunos grandes personajes que pretendían la Abadía en encomienda — entre otros Dom Alon.so de Aragón, hijo natural del rey ■ católico —, Monje de Piedra y Arzobispo de Zaragoza —, gobernando durante todo este tiempo, en calidad de Prior- presidente, Dom Miguel Gastó, varón ejemplarísimo. Ante las pretensiones del Infante Arzobispo, pensó con fundamento nuestra Comunidad que el rey, su padre, le fa¬ vorecía, y convencida del peligro de las encomiendas por una parte, mientras por otra preveía la pérdida de la gracia real, temió que un acto de fuerza le impondría como Prelado a aquel Monje de Piedra. Providencialmente don Fernando tuvo 174 HISTORIA DE POBLET en aquellos momentos un rasgo de grandeza de espíritu, prue¬ ba de su amor a Poblet, condensado en esta carta ; «A los devotos religiosos e bien amados nuestros los monjes e con¬ vento del Monasterio de Poblet. Religiosos devotos y bien amados nuestros. Sabido haremos la muerte de don fray Payo Coello, Abad deste Monasterio que Dios perdone, de la cual sin duda havemos ovido gran enojo, porque era per¬ sona digna e religiosa e muy afectada al servicio nuestro. Plegue a Dios lo reciba en su Gloria. E ansí bien havemos sabido que assí el ilustre Arzobispo de Zaragoza, nuestro muy caro e muy amado fijo, como otros algunos con Bulas o Re¬ servaciones Apostólicas, han aceptado o quieren aceptar ,el dicho abadiado, para tenerlo in Commendam : lo qual nos sería muy molesto que por todas las del mundo no da¬ cosas ríamos lugar a ello, antes queremos y es nuestra voluntad inconmutable que la dicha Abadía sea confiada a religioso digno e bien meresciente de tal dignidad, e por tanto vos encargamos e mandamos, que no obstante cualquiera acepta¬ ción e otros actos por virtud de Bulas Apostólicas fechos, como Nos seamos patrón e fundador de dicho Monasterio, e solo a Nos pertenezca la presentación de dicho Abad, en nom¬ bre de Nuestro Señor, con buena concordia e unanimidad, fagades vuestra elección de Abad, según la regla e definicio¬ nes de vuestra Orden, que sea. persona digna e tal que Nues¬ tro Señor Dios sea servido y el dicho Monasterio bien regido e governado. E fecha la dicha elección e nominación, nos la enviedes para que podamos escribir e suplicar a nuestro Santo Padre de la provisión e confirmación de aquella. Habiendo en SIGLO XV 175 esto solo respecto al Señor Dios e bien del dicho Monasterio, toda passion posposada según de buenos religiosos se espera. Dada en Valladolid a veintitrés de noviembre de mil cuatro¬ cientos noveinta y nueve. Yo el rey. — Clement Secret.» Avisó, además, el rey a su primo don Enrique, lugar¬ teniente de Cataluña, que en todo favoreciese al Monasterio en negocio del que tanto dependía el porvenir del Ceno¬ este bio, «lográndose derribar gracias al empeño de los monjes y al bien entendido amor del rey, las pretensiones de los Co¬ mendatarios ». (Finestres.) Recibió el Monasterio otra carta del rey en la que exhor¬ taba a los Monjes a que eligieran Abad trienal, porque a su parecer se cerraba con ello toda pretensión comendataria. Esta carta movió a la Comunidad a hacer elección de Abad trienal, pero alguien debió insinuar que aquel acto no podía hacerse sin Rescripto o Bula Apostólica que lo hiciese un lícito o válido y así enviaron dos Monjes al-rey rogándole pu¬ siese su real autoridad ante el Papa para obtener dicha Bula. Antes de pasar a la elección de Abad trienal, para aquel caso único, comprometiéronse los electores a que el futuro electo debía renunciar la Abadía expirado aquel trie¬ una vez nio, para que, en caso de que no llegase la Bula Apostólica, quedase libre el Monasterio de elegir nuevo Abad que podía ser perpetuo o trienal. Contestó el rey en abril de 1499 que hiciesen elección de Abad trienal que él cuidaría de pedir a Roma las Bulas, con lo cual, vueltos a Poblet los Monjes comisionados, presidien¬ do Dom Bernardo Llorens, Abad de Benifassà, se procedió 176 HISTORIA DE POBLET a la elección, recayendo la mayoría de votos en Dom Antonio Buada, quien acto seguido renunció la Abadía para después de tres años (2 de mayo de 1499). Este capítulo de nuestra historia habla muy favorablemente de aquellos Monjes aman¬ tes de la Orden y de su Monasterio, que con su prudencia y perspicacia supieron alejar el peligro de las encomiendas, las cuales no volvieron a aparecer más en toda la historia de nuestro Cenobio. Dom Antonio Buada (1499-1502). Una vez elegido, es¬ cribió al rey dándole la noticia y que, por cumplir con sus mandatos, había renunciado la Abadía para después de tres años. (Finestres). En consecuencia, le pedía que urgiera de Roma las Bulas de confirmación. El rey escribió a Alejan¬ dro VI suplicándole le despachase aquellos documentos y a su Embajador encargándole agenciara el mismo asunto. Remi¬ tidas a Poblet estas Letras reales, nombróse procurador para este efecto al Padre Maestro Dom Domingo Porta, el cual marchó a Roma el mismo verano. Con todo, la Curia romana no concedió de momento ninguna de aquellas Bulas, a pesar de las instancias reales, de las intervenciones de nuestro Em¬ bajador y de los esfuerzos de Dom Domingo Porta. Enterado el rey de todo ello, llamó a Granada al Prior del Monasterio que siendo imposible la obtención aconsejándole de dichas Bulas eligieran Abad perpetuo, para lo cual a su entender bastaba confirmar al elegido temporalmente, previa absolución del juramento emitido en 1499, absolución que debía dar el Abad que presidió aquella elección. Reunidos los 55 electores en el Aula Capitular a 8 de (Foto Garcia-Nieto) Estatua procedente del Altar Mayor. Siglo XVI. SIGLO XV 177 febrero de 1502 y presididos por el Abad de Benifassà Dom Bernardo Llorens, salió elegido Abad perpetuo Dom Antonio Buada. Este, aunque Abad perpetuo, no pudo hacer ningún acto de gobierno porque no tenía Bulas Pontificias que le confir¬ masen Prelacia, de manera que sólo gozó del título de en la Abad porque murió a 21 de febrero de 1502. Fué enterrado en el Aula Capitular al pie de la primera columna que se ve entrando a mano derecha, en tierra plana cubierta la huesa de una capa de yeso. Hecho notable de su Abadiato fué el entierro de los pa¬ católico, don Juan II y doña Juana Enríquez. dres del rey Por ser el último entierro que se hizo en los Panteones que mandara construir Pedro IV, transcribiremos la relación o acta que la Comunidad mandó de aquella solemnidad célebre, al rey : «Deseando el Prior y Convento del Monasterio de Poblet, presente el Rvdo. Fray Antonio Buada, electo en Abad de dicho Monasterio, efectuar el entierro de los cuer¬ pos de los serenísimos don Fernando y don Juan y doña reyes Juana y dre la infanta doña Marina, abuelo, padres y her¬ mana respective del rey don Fernando ahora felizmente rei¬ nante, conforme a la intención de Su Majestad, día sábado que contamos 4 de mayo de 1499, llamado presente e intre- veniente yo don Pedro de Clergue por la Real Autoridad notario de la villa de Montblanch y presentes por testigos los muy magníficos Ramón Berenguer de Llorach, señor del castillo y lugar de Solivella ; Mateo de Medianilla, domici¬ liado de Espluga de Francolí, y el maestro Egidio Morían, 12 178 HISTORIA DE POBLET obrero de los Reales Sepulcros a donde han de ser traslada¬ dos los dichos cuerpos : «celebrada la Misa de Pontifical por el Rvdo. Fray Bernardo de Llorens, Abad del Monasterio de Benifassà, y hechos devotamente por el Prior y convento de Poblet los demás oficios de difuntos, el Rvdo. Fray Mi¬ guel Gastó, Prior, en nombre suyo y de todo el convento, por manos de los Monjes y del maestro Morlán pusieron honorífica y devotamente los cuerpos de los dichos serenísi¬ mos reyes, reina e infanta en su regio sepulcro ; es a saber al del rey don Fernando en el sepulcro ya de antes fabricado, a la derecha del Altar Mayor más cercano a la silla prioral y a los cuerpos del rey don Juan, de la reina doña Juana y de la Infanta doña Marina en el sepulcro últimamente fabricado a la izquierda de dicho altar y más cercano a la silla Abadial ; de todas las cuales cosas el dicho Prior pidió se hiciese ins¬ trumento para perpetua memoria». Este fué el último enterramiento real celebrado en Po¬ blet ; el cuerpo de Alfonso V, el Magnánimo,perdió casi se totalmente en un incendio de la iglesia de Santo Domingo de Ñapóles, donde estaba depositado (1506) ; con él se cierra la Edad Media en nuestro Cenobio que es su Edad de Oro. SIGLO XVI MÁS de un escritor, tra vida al historiar pobletana, siglo, quinto lo hace este tonos dedepri¬ tanto con nues¬ un mentes porque comienza, a su entender, la decadencia de la más pujante de nuestras instituciones monásticas. Sin en¬ trar en discusiones sobre los motivos y criterios en qué apo¬ yan esta observación, afirmamos, una vez estudiados estos 120 años — 1500-1620 — de nuestra historia, que fué unsi¬ glo de plenitud tan extraordinaria como los precedentes. Monásticamente, Poblet sigue fiel a su observancia : vida regular en común, esplendor litúrgico, vida de trabajo, que alcanza desde la labor quieta de nuestros escritores y catedráticos hasta las pesadas tareas agrícolas, desde la di¬ rección de almas, hasta las manifestaciones artísticas más bellas. El número crecido de vocaciones, las sanciones im¬ puestas a desórdenes individuales y a transgresiones momen¬ táneas de la Regla, no menos que la austeridad en la vida ordinaria de los Monjes, prueban lo que venimos diciendo y que se verá en el decurso de este capítulo. Esta vida monástica, conocida por los vSuperiores de la Orden, mué¬ veles a nombrar a nuestros Abades — todos sin excepción — de dicho siglo sus Vicarios generales, dada la imposibili- 180 HISTORIA DE POBLET dad de acudir visitar el centenar de Monas¬ regularmente a terios cistercienses diseminados por toda la península — Castilla, Portugal y Aragón —. Nuestros Abades, más de una vez, además de Vicarios generales y Visitadores, son reformadores y encargados de hacer cumplir las reformas emanadas del Sacro Concilio Tridentino. Se lucha contra las corrientes poco austeras del Rena- ciniientc — caso del Abad Caixal ■—■ y contra ciertas ten¬ dencias secesionistas de la Orden que alimentaba alguna Congregación peninsular. La patria acude a Poblet en no pocos negocios de orden, religioso y alguna vez de orden social : así vemos al Abad Boqués ocupar la primera magistratura foral de Valencia y a Dom Francisco Oliver la misma y dos veces la presidencia de la Generalidad catalana. Felipe II dos ocasiones distintas la Semana San¬ pasa en ta en nuestro Cenobio y hay quien asegura que la admirable organización de un Poblet Monasterio, Palacio Real y Pan¬ teón sugerió al gran rey la magna concepción de F1 Plsco- rial. Obras grandiosas, por su valor artístico y utilitario a la vez, nos recuerdan a Abades constructores : Dom Pedro Caixal con su retablo mayor ; Dom Pedro Boqués con sus construcciones en debía ser Colegio de Riudovelles, que Monjes jóvenes, y en el Monasterio el edificio anejo a la cocina, que más bien parece un palacio señorial del siglo de oro ; Dom Francisco Oliver levanta el nuevo palacio de los Abades y el Abad Dom Juan de Guimerà, artista entregado SIGLO XVI 181 al Renacimiento, nos deja el coro nuevo y la magnífica capilla del Santo Sepulcro. ha relación de lo más importante de este siglo prueba sobradamente que el dieciséis no fué ni por asomo siglo de decadencia para Poblet. Dom Domingo Porta (1502-1526). Estaba en Roma por negocios de la Orden, algunos de ellos tocantes a Poblet, cuando se le presentó un Monje de esta Casa, el P. Pujol, comisionado por la Comunidad, para notificarle su elección. Sabido y aceptado el cargo, recibió la bendición abacial de manos del Cardenal Cibo y el día 5 de julio de 1502 vínose a Poblet. Como Abad debe figurar al lado de nuestros mejores Prelados por sus eminentes dotes de gobierno y su excelente formación monástica que, al decir de sus contemporáneos, hizo de él un un sabio y un prudentísimo Prelado. santo, Doctor Teología y Catedrático de ella en la Universi¬ en dad de Lérida y de tanta ciencia que decían los que le trata¬ ban que era un pozo del saber humano. Tenía gran habilidad en el manejo y solución de los negocios, habilidad que le valió en 1500 el nombramiento de Procurador general de la Orden ante la Santa Sede y desde el comienzo de su pontificado el cargo de Vicario general de la Orden con jurisdicción sobre los Monasterios de España. En 1515 le fué cedido todo el derecho de paternidad que tenía el Abad de Claraval sobre los Cenobios de Aragón, Castilla y Portugal, filiales de aque¬ lla Abadía, y en los veinticuatro años de su gobierno dejó grandes huellas de su paso, granjeándose la estimación de sus súbditos por el amor a la observancia regular, por la 12* 182 HISTORIA DE POBLET prudencia que le adornaba y por su inagotable bondad de padre. Cuando don Carlos, el Emperador, confirmó los privile¬ gios del Cenobio, nuestro Abad exigió y obtuvo la confirma¬ ción del concedido por don Juan II, según el cual el Rey nunca permitiría que tuviese la prelacia pobletana ningún sujeto que no fuera de la Orden y Monje de Poblet, añadien¬ do el César que se opondría a las encomiendas y aun a cual¬ quier escrito apostólico que confiriera el Abadiato a Monje cistexciense que no fuera elegido por la Comunidad. Es ad¬ mirable el tesón con que Poblet se precave de las funestas encomiendas. El predicamento de nuestra Abadía y de nuestro Abad por aquellos tiempos era tal Alejandro VI que en 1498 movió a a nombrarle Juez Conservador de la Congregación benedic¬ tina vallisoletana, en fuerza de lo cual a 20 de octubre de 1520 el Abad del Monasterio hermano de Montserrat, Dom Pedro de Burgos, instó judicialmente a Dom Domingo Porta, por su Procurador Fray Pedro Lloret, para que procediese contra unos caballeros catalanes que habían usurpado bienes de aquel Monasterio. Asimismo prueba de la observancia regular muy en es vigor por aquel entonces el hecho de visitar o retirarse tem¬ poralmente Cenobio «muchos obispos» (Finestres), en nuestro que concedieron gracias importantes de orden espiritual. En 1503 hospedó a don Fernando, el Católico, que iba a Barcelona a celebrar Cortes convocadas por Real Carta dada en Zaragoza a 22 de febrero de 1503. Muy diferente fué esta SIGLO XVI 183 visita de la que hizo en 1493, cuando vino rey joven, lleno de vigor, rodeado de la Reina Católica, de sus su esposa, hijos, los infantes, niños entonces y rebosantes de espe¬ ranzas para sus regios padres y Estados. Ahora don Feman¬ do era ya viejo por los trabajos de su largo gobierno y de las guerras más que por la edad ; era un monarca que había su¬ frido mucho y un padre cuyos hijos habían fallecido casi to¬ dos, y el báculo que le sostuvo durante su vida, la virtuosí¬ sima reina doña Isabel, anciana y llena de pesares y tristes presentimientos, se preparaba ya a trocar de reino, lo cual acaeció en 1504. Por tanto, esta visita debió ser hecha como de incógnito, sin solemnidades y sin alegrías ; se trataba más bien del anciano que busca calor en la padres y casa de sus antepasados, que del rey glorioso visitaba un Cenobio que y, por ello, en los memoriales de Poblet nuestros anotadores domésticos cuentan que dicha visita no dejó las huellas de la primera. Deseaba entonces el rey dejar sus Estados de Aragón in¬ dependientes como los recibiera de su padre don Jnan II — no fueron poca causa en tomar esta resolución extrema los sin¬ sabores pasados en los últimos años — y para ello resolvió casar con doña Germana de Foix, sobrina del rey de Francia y nieta de doña Leonor de Navarra. Dicho desposorio efec¬ tuóse en Barcelona en 1505, asistiendo en la ceremonia nues¬ tro Abad Porta. Pareció que el cielo bendecía aqnella nnión porque en 1509 nació un príncipe heredero que se llamó Juan, por su abuelo, pero hubo gozo sin alegría, porque el pequeño monarca mu- 184 HISTORIA DE POBLET rió al mismo día de su nacimiento, y fué traído a Poblet por orden de su padre. Este fué el último hijo de reyes que nació con solos derechos a la Corona de Aragón y el último que se sepultó en Poblet. Todavía asistió el anciano Abad a las Cortes de Monzón que se reunieron en abril de 1511 y en 1512 ; asimismo asis¬ tió a las que hubo en la misma villa, presididas por la reina doña Germana de Foix, y aún fué convocado por carta dada en Burgos a 19 de julio de 1505 para las de Lérida. A principios de 1516, llegando el Rey Católico a Madri- galejo, aldea de Trujillo, le sobrevino la enfermedad postre¬ ra. En aquellas horas angustiosas tuvo el rey aragonés un recuerdo para el lejano Poblet, con estas palabras de su tes¬ tamento : «Dejamos al Monasterio de Nuestra Señora de Po¬ blet, donde están sepultados el Rey y la Reyna, nuestros Señores, que en gloria sean, el ornamento y brocado raso carmesí y otro damasco blanco alcachofado con todos sus complementos.» Estas fueron las últimas palabras que el último de los reyes de Aragón dijo en favor de Poblet. DomDomingo Porta, vuelto a Poblet una vez acabadas las Cortes de Barcelona, se entregó al gobierno del Cenobio en el que no faltaron al santo varón, ya octogenario, algunos sinsabores notables. Acabó construcciones emprendidas, como la de la mina que conduce las aguas al Monasterio, que es de bóveda y ostenta detalles arquitectónicos muy interesantes ; rodeó el Cenobio con una muralla que tiene varios kilómetros de pe¬ rímetro y que cierra las huertas que lo rodean, coronada de SIGLO XVI 185 almenas, ofreciendo un aspecto muy bello que adorna la casa y el paisaje ; dentro de la clausura hizo construir varias de¬ pendencias, algunas de ellas reconocidas por los escudos que ostentan sus armas. Y de su labor constructiva fuera de Poblet, en tierras y dominios que eran del Monasterio, co¬ nocemos la iglesia parroquial de Vimbodí, la casa de Castell¬ serà, la reforma del castillo de Verdú y otras varias de menor importancia. Sepultó en el Monasterio, además del malogrado príncipe don Juan, antes mencionado, al Infante Fortuna, llamado don Enrique de Aragón y a su esposa doña Guiomar de Por¬ tugal, dama muy virtuosa ; éstos fueron los primeros duques de Segorbe. Ilustraron su Abadía el P. Riquer, cisterciense santo y sabio que acompañó siempre al Rey Católico en calidad de limosnero y consejero privado, y fué en sus últimos años con¬ fesor de la reina doña Germana de Foix. Muy célebre tam¬ bién fué el P. Jaime Pujol, profesor de la Universidad de Salamanca. Dom Domingo Porta, después de un largo y brillante abadiato, entregó su alma al Señor el día 23 de mayo de 1526, a los 85 años de edad... «lleno de méritos y días, siendo enterrado en la Sala Capitular en una tumba que tiene en gran relieve su estatua vestida de cogulla y rodeada de esta inscripción : «Miserere mei Deus secundum magnam misericordiam tuam». Dom Pedro Caixae (1526-1531). La Comunidad de Poblet tuvo, salvo raras excepciones, el acierto de escoger para regir 186 HISTORIA DE POBLET SUS destinos a los Monjes más dotados de virtud, letras y prudencia, logrando con ello mantener su prestigio monás¬ tico a través de todas las vicisitudes. También lo fué Dom Pedro Caixal, Monje tan apreciado de sus hermanos que lo eligieron «concordemente a 4 de junio de 1526 (Finestres), porque vieron en él al hombre santo y sabio y discreto que merecía proseguir y aun mantener las grandezas de Poblet». «Sin embargo de una y otras acciones dignas de memoria — sigue diciendo el P. Finestres —, como todas las cosas se gobiernan por la mudanza de los tiempos y de otros acciden¬ tes que cuando no los haya puede inventarlos la emulación, fué depuesto de Abadía por sentencia de la Orden.» Sus actos dignos de alabanza fueron — según el P. Fines- tres — el ser de los más observantes del Convento, merecien¬ do de Guillermo VI, Abad general de la Orden, le que nombrara 1527 Visitador de todos los Monasterios de la en Corona de Aragón y en 1529 Vicario general, «con poder de reunir Capítulos provinciales y establecer las leyes que le parecieron más proporcionadas a la mayor observancia de la disciplina regular». Sus cinco incompletos años de gobierno fueron de una asombrosa actividad, si se tienen en cuenta sus altos cargos y eminentes servicios prestados la Orden. Fué además gran a constructor, porque dispuso con tabiques el inmenso Dormi¬ torio de Novicios, quedando con ellos «más a propósito que las cortinas para la honestidad religiosa» ; cubrió de tejas la bóveda de la iglesia mayor ; hizo fabricar el horno con las oficinas concernientes ; levantó un esbelto surtidor delante SIGLO XVI 187 de la Botica, y en otro orden que podría llamarse litúrgico, adquirió ornamentos, llamados solemnes por los Monjes an¬ tiguos, con todo el complemento pontifical, más dos capas de terciopelo carmesí y un relicario de San Januario. Su recuerdo más grande fué el célebre Retablo mayor. En 1529 compró a Ponce y Francisco de Peramola el a lugar y término de Tarasó y en 1530 estableció a Antonio Muntaner, labrador de Montblanquet, una casa y tierras en Blancafort y a Pedro Almenara de Espluga de Francolí dos «cázales de molino» en Vimbodí. Carlos V conoció sus méritos por los cuales a 5 de enero de 1528 le comisionó para visitar el Monasterio de Santa Ma¬ ría de las Avellanas de Canónigos Premonstratenses y, por carta de 27 de marzo del mismo año, fué convocado a las Cor¬ tes de Monzón, a las que no asistió personalmente sino por procurador, por andar ocupado en las visitas de Monasterios. Pero cuando en 1529 se continuaron dichas Cortes en Barce¬ lona fué uno de los dos embajadores enviados a Molins de Rey apreguntar al Emperador, según usanza ceremoniosa de aquellos tiempos, cómo quería ser recibido en la capital, porque nunca había entrada en ella un conde que fuera al mismo tiempo emperador. Contestóles el César : «Que más se estimaba ser Conde de Barcelona que Emperador de Ro¬ manos» y que, en consecuencia, fuese recibido como Conde. A pesar de tan brillante actuación, «algunos Monjes jó¬ venes movidos del celo de la conservación de la Casa, inva¬ dieron elpalacio abacial aprisionando al Abad y dejándole incomunicado del resto de la Comunidad, notificando lo ocu- 1«8 HISTORIA DE POBLET .rrido por carta al Emperador y al Abad General, cartas que indudablemente explicaban las causas que les movieron a .aquel acto tan extraordinario». (Finestres. Historia de Po¬ blet, 7-III Disert.) El Abad general y el Emperador contestaron aprobando lo hecho y mandando se incoara proceso, del que salió con- -denado a perder la dignidad abacial y a prisión perpetua. Ante el triste hecho de que fué víctima Dom Pedro Cai- ;xal, bien consideradas las noticias que hemos tenido a mano, la circunspección y prudencia más elementales aconsejan .suspender el juicio sobre la culpabilidad de ambas partes — jueces y víctima —, como ya hicieron otros antiguos his¬ toriadores. Porque si es atrevido alarde dar por completa- -mente inocente al que fué condenado como reo, no lo es menos abrazarse a la suposición lógica que de ellos se sigue : Que los jueces que vieron la causa y sentenciaron fueron crimi¬ nalmente injustos, porque lo terrible de la sentencia recaída forzosamente debe tildar de injustos a los jueces que la dicta- Ton. Téngase en cuenta que éstos vieron la causa después de informar al Rey Emperador, Carlos I, y al Abad de Cíteaux — 18 de junio de 1531 —, los cuales no hubieran permitido incoar el proceso y sentenciar contra un Abad, Sacerdote, Vi¬ cario general y Visitador, si los cargos presentados no hu¬ bieran sido graves y puestos fuera de duda. Por otra parte, el haber firmado Dom Pedro Caixal su sentencia que ante el Monasterio y la Orden y la posteridad le postergaba tan despiadadamente y le imponía una condena :sin razón suficiente — malversación de fondos, apego a los SIGLO XVI 189 parientes y falta de observancia regular —, faltas que no merecían tan terribles penas, sin la menor protesta o apela¬ ción a tribunales superiores y más ecuánimes, es un hecho inexplicable. No puede argüir que la víctima fué privada se de este recurso, porque si entre sus ochenta subditos Monjes no pudo hallar quien le defendiera, a lo menos el Rey, que fué informado, el Abad general de la Orden y la misma Sede Apostólica no hubieran tolerado una sentencia tan dura, in¬ fundada y deshonrosa para la víctima, para el Monasterio y para la Orden. El Padre Finestres, después de exponer brevemente las narraciones de sus antecesores —• archiveros y anotadores domésticos — escribe : «Ello parece que aquellos escritores quisieron encubrir los motivos de la deposición presumiendo acaso que el explicarlos era contra el honor de Doni Pedro Caixal. Bien que con poco o ningún fundamento, porque el escribir sin rebozo alguno que este sujeto fué depuesto de la Abadía y condenado a reclusión perpetua por sentencia de la Orden, que debe presumirse justa, no es contra el honor de Dom Pedro Caixal porque lo ha de ser al explicar los mo¬ tivos que tuvo la Orden para fulminar contra él semejante sentencia. Así que en caso de querer mirar por el honor de Dom Pedro, más que al cumplimiento de la ley de la historia, debían haber callado no solamente los motivos sino aun la misma sentencia que los supone ; pues al publicar la senten¬ cia yescribir los motivos de ella, puede ceder en mayor des¬ honor del sujeto por la ocasión que ofrece a los lectores de juzgar que fueron más enormes los delitos.» 190 HISTORIA DE POBLET Algunas de las movían a entablar el proceso causas que debían ser hubieron de ser enviados a Carlos V los tales que monjes Dom Pedro Rausich y Dom Pedro Boques —■ Abad años más tarde —, los cuales informarían largamente a Su Majestad, como si temiera confiar a la escritura algo muy se grave. Lo mismo se hizo con el Abad general, el cual dió una orden comisionando a varios Abades para que vieran y estu¬ diasen aquel vidrioso caso y después incoaran el proceso, que se actuó por el escribano barcelonés Pablo Renart, proceso que en la que no ha desaparecido, quedando la sola sentencia constan los verdaderos motivos que la imponen sino más bien otros aparentes y de menor importancia — los ya conocidos de malversación de fondos, apoyo a su familia y el que más misterio encierra : inobservancia regular — todo lo cual no convence. Han pasado varios siglos desde ocurrió el proceso y que condena de este Abad sin que nadie osara rehabilitar su me¬ moria ; y no podemos decir más sobre lo ocurrido al Abad Caixal mientras el hallazgo de documentos definitivos no per¬ mita formar juicio claro. Dom Fernando de Lerín (1531-1546). La mañana si¬ guiente de la deposición de Dom Pedro Caixal, 16 de no¬ viembre de 1531, presidiendo el Capítulo Dom Bernardino Tolrá, Abad de Santes Creus, Comisario Visitador, eligieron los vocales gran uniformidad a Dom Fernando de Lerín, con sujeto quien las letras se ladeaban con la virtud y cuya en prudencia sabía unir el amor paternal con el fervoroso celo de la observancia fiel. Eligiéronlo Abad trienal, conforme SIGLO XVI 191 a la grave determinación que habían tomado cuando el pro¬ ceso del Abad Caixal, participado ya al Emperador por pa- y recerles que no ser perpetuos los Abades era la solución para evitar los inconvenientes que acababan de experimentar y para tal elección se valieron de la Bula que concedió la San¬ tidad de Alejandro VI, año 1502. (Finestres, tomo IV, pᬠginas 116-117.) Pero los personajes que querían bien al Monasterio y aun algunos miembros del Consejo imperial, enterados de la no¬ vedad de haberse elegido Abad trienal informaron a los Mon¬ jes y a Roma que era más nocivo hacer los Abades temporales que el ser perpétues, porque los abusos de ésos pueden ser evitados disposiciones de la Orden y con sanciones im¬ con puestas por la Santa Sede, que les prohibe obrar sin consejo y sin intervención de los ancianos. Conocidas por Poblet es¬ tas tendencias, la Comunidad, reunida en solemnísimo Ca¬ pítulo, acordó aceptar en perpetuo al Abad Lerín, elegido antes como trienal. Comenzó pacíficamente su Abadiato y con gran provecho para la Casa, pero un gran trabajo interrumpió aquella vida fácil. Durante la noche de Navidad de 1533, mientras los Monjes estaban en Coro, los deudos de Dom Pedro Caixal, que estaba aprisionado en el recinto militar, asaltaron el Mo¬ nasterio en son de guerra, como quien va a tomar una forta¬ leza, «haciendo gravísimos daños», matando a Fray Pedro Mas, el cual, percibido el alboroto, quiso ver qué lo motivaba, siendo asesinado junto al Palacio abacial. Como la refriega vino por querer los asaltantes poner en libertad a Dom Pedro 192 HISTOBIA DE POBLET Caixal, el Monasterio se dió maña para que fuera trasladado a Játiva, donde murió santamente años después. En 1541, el Capítulo General confirmó la sentencia ordenando que, sin licencia de aquel supremo organismo de la Orden, no pudiese salir de su prisión. Requerido por el Rey-Emperador hubo de intervenir Dom Femando de Lerín en varios negocios del reino de Navarra que le impidieron asistir a las Cortes que en 1533 hubo en Monzón. Tampoco asistió a las allí reunidas en 1537, ni a las que en 1542 Barcelona, porque los asuntos de los buho en Monasterios de España y el encargo que en 1534 recibió de Guillermo VI, Abad del Císter, de que visitara los Monaste¬ rios peninsulares como Vicario general suyo no le dejaron tiempo. Era frecuente ver, en aquellos tiempos, a grandes dig¬ natarios de la Iglesia retirarse a Poblet para pensar en sus almas. Estos solían conceder gracias muy especiales ; verbigracia : cuarenta días de perdón a todos los Monjes por cada vez que comieren de abstinencia, que era siempre. Esto hizo el Legado apostólico de Paulo III, don Miguel de Silva, en 1542 ; don Juan Poggio, Legado a Latere del mencionado Papa y su Nuncio en Madrid concedió a siete altares de nues¬ tra iglesia mayor tantas indnlgencias cuantos se ganaban en Roma visitando las siete iglesias principales, y don Francisco Roures hizo muchas y largas visitas a Poblet, en una de las cuales confirió Ordenes en la Sala capitular. Dom Fernando de Lerín fné Abad constructor : así nos lo atestiguan sus armas existentes en varias dependencias po- SIGLO XVI 193 bletanas — sus armas consisten en un jarro del que emergen cinco lirios. Obra suya fué la primera Puerta del Monasterio y Atrio adyacente, construcción destinada a portería franca¬ mente ojival y muy bella. Costeó ricos ornamentos litúrgicos, entre otros el inmenso paño morado que cubría durante la Cuaresma el retablo del altar mayor. Prueba de la vitalidad monástica de Poblet durante los años de su gobierno lo es el hecho de ingresaron setenta que novicios. Murió en 1545 el día 24 de noviembre, «lleno de méritos y dejando grandes deseos de sí». Fué enterrado en el Aula ca¬ pitular con tumba que tiene su estatua esculpida vistiendo cogulla y sosteniendo el báculo abacial. Una inscripción reza ; «Credo quod Redemptor meus vivit et in novísimo die de terra sum, et in came mea videbo Deum Salvatorem meum». 15:45- Dom Gabriel Forés (1545-1546). Fué elegido diez días después de la muerte de su antecesor, presidiendo el Capítu¬ lo el Abad de Santes Creus. Fué Monje muy retirado y dado al estudio, profesor en Derecho y gran celador de la obser¬ vancia y, según escribieron algunos Monjes antiguos, tan pmdente que sabía hermanar lo fuerte y severo con lo afable y benigno. Cuando meses más tarde — mayo, junio y julio de 1546— vinieron los pueblos súbditos de Poblet a prestarle homenaje de fidelidad señor natural que como era, publicó una amnis¬ tía general, conformándose con su carácter benigno y carita¬ tivo y así se hizo muy querido de todos. 13 194 HISTORIA DE POBLET En los nueve meses que gobernó el Monasterio vistió el hábito a trece novicios. Tocándole por su Prelacia visitar el Priorato de San Vi¬ cente de Valencia, que era filial nuestra, hallóle la muerte a 15 de septiembre de 1546. Fué traído más tardeenterrado y en el Aulacapitular de Poblet, entre las tumbas de Dom Pedro de Alferich y Dom Fernando de Lerín, sin señal al¬ guna por expresa voluntad suya. Dom Pedro Boques (1546-1564). A 27 de septiembre del mismo año y presidiendo el Abad de Santes Creus Dom Jaime Valls, fué elegido Abad Dom Pedro Boqués, que era valen¬ ciano y menudo en lo físico de su persona, pero de gran co¬ razón y generosos pensamientos y vivísimo ingenio, muy so¬ lícito del honor monástico y santa reputación del Cenobio y se preciaba mucho de que el Rey conociese en todas ocasiones que tenía servidores fieles en su real casa. De lo cual se ori¬ ginó la gran estimación y aprecio que de su persona hicieron, no sólo los grandes de la Corte, sino también las Majestades del Fmperador-Rey don Carlos I y de su hijo, el rey don Felipe I de Aragón y II de Castilla, que visitó durante su Abadiato este Cenobio. A 6 de abril de 1547 recibió carta del entonces príncipe heredero don Felipe por la que le convocaba a las Cortes que en Santa María de Monzón debían celebrarse, a las que acu¬ dió por medio de procurador, por andar en visitar Monas¬ terios. Fué representante el Monje Dom Onofre Dassio, más tarde Abad de la Real de Mallorca. Ya en estos tiem¬ pos de su gobierno y visitando los Cenobios de Aragón, SIGLO XVI 195 halló algo que reformar y mucho que sufrir de parte del In¬ fante Arzobispo de Zaragoza, don Fernando de Aragón, hijo de don Fernando el Católico y Monje de nuestra filial de Piedra. Sus sinsabores subieron de punto cuando el citado don Fernando quiso nombrar Abad de Veruela a Dom Lope Marco, a lo cual se opuso nuestro Abad y Visitador de aquel Monasterio, cuyos Monjes debían, reunidos en Capítulo según la Santa Regla — elegir Abad y no aceptar a nn ■—• servidor de grande de la tierra. un Poraquellos días de 1548 vinieron a Zaragoza el archidu- qne Maximiliano, que venía a casar con la Infanta doña Ma¬ ría, hija del Emperador-Rey y el hermano de ésta don Felipe y en una sola noche que estuvo en aquella ciudad halló medio elArzobispo cisterciense de hablarle en audiencia privada del pretendido Abad Marco y hacer que el príncipe heredero ex¬ pusiera los deseos del Prelado zaragozano al "Abad general del Císter, que por negocios de la Orden se hallaba en Zaragoza. Todo sucedió como quiso el Arzobispo ; el Abad general habló con don Felipe en la misma noche, nuestro Abad no pudo tan¬ to ydon Lope fué confirmado Abad, Visitador y Comisario general de Aragón, con poder de reunir Capítulos de Abades y hasta se hizo un nombramiento de Prior de la filial poble- tana llamada «Las Franquesas» en favor de don Florián Aguado, que no era de Poblet. Dom Pedro Boqués expuso la verdad de todo en un memorial al rey don Felipe y éste es¬ cribió al Abad general, manifestándole que la buena fe de ambos — del Rey y del Abad general — había sido sorpren¬ dida y que en consecuencia habían obrado mal informados. 196 HISTORIA DE POBLET El Abad de Cîteaux, en lo posible, corrigió el yerro y de esta manera renació la paz al ser puestas las cosas en su lugar. Con esto prosiguió Dom Pedro Boques benemérita ac¬ su tuación en bien de la Orden con el cargo de Comisario que le confirmó Dom Luis de Bessey, Abad de Cîteaux, por letras datadas a i6 de abril de 1560, por las cuales dió poder a los Abades de Poblet y Santas Creus para que convocaran Ca¬ pítulo provincial de todos los Monasterios de estos Reinos y en ellos se viesen y reformasen todos los desórdenes pasados que se reducían a dos Monasterios de Monjes y uno de Mon¬ jas, pues en general la Orden en España era observante por aquellos tiempos. Siguió el resto de Abadía siendo Comisario Visitador su de todos los Monasterios españoles pertenecientes a la línea de Cîteaux, a la que se añadió el comisariado de los de Cla- raval que le dió Dom Gerónimo de Soucherie en 1564 y el de Morimond, que a su vez le confió Dom Juan de Boquey, Abad de aquella famosa Abadía. Las cuales comisiones de¬ muestran, no sólo el aprecio de las insignes dotes de nuestro Abad, sino también la singular observancia que entonces flo¬ recía en Poblet. Todas estas múltiplesocnpaciones no le impidieron tra¬ bajar por el bien acrecentamiento de Poblet, que en lo es¬ y piritual siguió la misma trayectoria de los siglos anteriores y en lo temporal enriqueció el templo con señaladas adquisi¬ ciones de objetos litúrgicos, como ornamentos para las so¬ lemnidades, vasos sagrados y las tapicerías de Arrás de la SIGLO XVI 197 historia de Sansón. Comenzó y dejó casi terminadas las de¬ pendencias de la cocina del Monasterio y prosiguió la cons¬ trucción del Colegio de Riudovelles para los Monjes estu¬ diantes, obra que, interrumpida cuando murió, no fué terminada, quedando hoy en pie el gran muro del lado norte con sus portadas y ventanales marcadamente góticos. Con permiso del Papa Paulo III, compró la Baronía de Algerri, que está en Lérida, para aumentar el patrimonio del Monas¬ terio. En 1550 dió sepultura a doña Juana Folch de Cardona, duquesa de Segorbe Cardona, dama de gran santidad y que, y al don Alfonso de casar con Aragón, unió las dos famosas Casas de nuestra tierra. Enterró, además, a otros miembros de la misma familia, muy bienhechora de Poblet. Todos que¬ daron depositados debajo de los arcos escarzanos que sostiene los panteones de los reyes. Como en el anterior, continúa en este Abadiato el venir grandes personajes eclesiásticos a Poblet, atraídos por la ob¬ servancia monástica, belleza litúrgica del «Opus Dei» y por la grandeza artística del Cenobio. Ahora son Obispos, como los de Tarsos, don Miguel Mayques, que presenció la elección de Dom Juan Guimerà ; el de Lérida, don Fernando de Loa- ces ; don Dionisio Paleólogo, Legado apostólico del Papa Pío IV, todos los cuales concedieron gracias espirituales y privilegios de importancia. A 29 de marzo del año 1564 vino a Poblet el rey don Fer- lipe II, procedente del Monasterio de Montserrat. Adelantᬠronse a recibirle hasta la Puerta del Abad Lerín doce Monjes 198 HISTORIA DE.POBLET ancianos y de éstos los diez iban a los lados y los dos llevaban el caballo del diestro hasta que llegaron al desmontadero cerca de la capilla de San Jorge. Apeado el rey, abrieron la Puerta dorada y entrando en el atrio se arrodilló en el sitial de broca¬ do que estaba allí prevenido y adoró el «Lignus Crucis» que llevaba el Abad y poniéndose entre el Abad y los ministros, bajo palio que llevaban seis Monjes, entonaron el «Te Deum Lfaudamus». Así marchó la solemne procesión a la iglesia ma¬ yor y no se paró hasta que Felipe II, llegado al presbiterio, se postró para orar. Sentóse luego en la capilla real, lado del Evangelio, y saludó a la Comunidad que más tarde le acom¬ pañó a sus aposentos del palacio abacial. Por la noche asistió al canto de Matines y Laudes dando a cada Monje un cirio que llevaba en su recámara. La mañana siguiente volvió al mismo puesto a oír Misa y después acom¬ pañó al Santísimo Sacramento llevando rma vara del palio hasta la capilla de San Benito, donde estaba el Monumento. Acabadas las Vísperas, fué Su Majestad al refectorio con todo el Convento y ministros revestidos y Cruz levantada y allí cantó el diácono el Evangelio «Ante diem festum Paschae» y, cuando llegó al paso «posuit vestimenta sua», el rey dejó el sombrero, la capa y la espada y, ceñido una toalla, lavó los pies a trece pobres y les dió muy buena comida sirviéndola él en persona y luego les dió a cada uno once reales y paño morado para capa y sayo y lienzo para tres camisas. A la tarde volvió a oír Matines y dió un cirio a cada Monje como el día anterior. El Viernes Santo asistió a todos los Oficios divinos de SIGLO XVI 199 aquella jornada y el Sábado Santo confesó y comulgó en la iglesia de San Esteban. Marchó luego a la iglesia donde le bendijeron una vela muy grande y quedóse allí hasta terminar el Oficio del «Exultet», Misa y Vísperas. Después de comer, visitó detenidamente la iglesia mayor preguntando qué re¬ yes estaban allí sepultados. Despidióse de la Comunidad aquella misma tarde, que le acompañó hasta la Galilea, y se fué a dormir a la Cartuja. Durante el Abadiato de Dom Pedro Boqués, vistió el hábi¬ to cisterciense, en 1556, el doctor Juan de la Peña, médico as¬ turiano, filósofo teólogo que era de tan gran santidad y aun que, al decir de ciertos documentos de nuestro Archivo, Dios le hizo grandes mercedes y milagros. Murió nuestro Abad a 26 de octubre de 1564, siendo en¬ terrado en el Aula capitular «con bulto esculpido en la losa». Vistió, dieciocho ,años de gobierno, el hábito a setenta en y nueve Novicios de los que perseveraron setenta dos. Dom Juan de Guimerà (1564-1583). Era hijo del Carian de Belltall, familia de gran prestigio entre la nobleza cata¬ lana, algunos de cuyos hijos habían dado mucha gloria a la patria con sus gestas y servicios. Quisieron algunos del Monasterio, a la muerte del Abad Boqués, resucitar la vieja Bula de Alejandro VI que per¬ mitía la elección de Abades temporales, pero la mayoría más sana de la Comunidad logró imponer la vieja y regular cos¬ tumbre de elegir Prelado perpetuo. No obstante, al convo¬ car para la elección a los Monjes del Priorato de San Vicente de Valencia, fueles dado a conocer aquel nuevo plan reci- 200 HISTORIA DE POBLET biéndose contestación negativa al mismo ; por ello desis¬ tieron quienes lo defendían y, reunidos en Capítulo eligie¬ ron con gran conformidad a Dom Juan de Guimerà. Era éste Monje de grandes cualidades, virtuoso y muy obser¬ vante, gran intelectual y tenía un temperamento artístico muy cultivado. Por sus dotes fué nombrado Comisario y Visitador de todos los Monasterios filiales de Claraval, por decreto de i8 de marzo de 1573, y, por otro de 20 de abril del mismo año, fué hecho Vicario general de los Monasterios de Cataluña, Aragón y Navarra, mereciendo en este cargo y en otros varios la confianza del Abad general y del Capítulo de la Orden. El mismo don Felipe II le confió algunas misiones honrosas, como fué la siguiente, que narra el Rdo. José Pa- lomer en sus «Estampes de Poblet» : «Durante el año 1570 fué comisionado para arreglar diversas dificultades que se habían presentado en la organización del gran ejército que debía luchar contra los turcos conjuntamente con los ejér¬ citos del Papa y los de Venecia ; el Abad de Poblet con gran diplomacia logró la unión de todos los elementos dispersos y enmarañados, pudiéndose crear a principios de 1571 el for¬ midable ejército aliado que venció a los turcos en Lepanto.» El prestigio de nuestro Cenobio seguía la vieja trayec¬ toria de pasados siglos y era la entidad monástica más desta¬ cada del país, tanto en lo eclesiástico como en lo civil, ya que en este último aspecto sólo la Casa de Cardona le aventajaba. Cuando Felipe II proyectó para el bien del Principado abrir el Canal de Urgel para regar con aguas del Segre aque¬ lla llanura, tan fértil ahora, páramo inculto entonces por SIGLO XVI falta de agua, encomendólo a nuestro Abad y a don Fernando de Toledo, lugarteniente del rey en Cataluña, celebrando am¬ bos personajes una reunión en Bellpuig, en la que el Abad ofreció su cooperación mediante la mano de obra que pres¬ tarían sus súbdites de Urgel y cuanta ayuda económica le- fuere posible. Quedó todo el negocio en sus manos con satis¬ facción del rey que mandó a nuestro Abad las órdenes opor¬ tunas para planear, empezar y terminar aquella obra, pero el Gobierno de Barcelona interceptó aquellos documentos rea¬ les y no hubo manera de anticipar en tres siglos aquella obra tan necesaria. Intervino también en el Gobierno foral de Valencia, país que le eligió Diputado eclesiástico como Prior de San Vicen¬ te de aquella ciudad y ser además barón de los lugares de Quart y Aldaya. Su obra en el Monasterio fué meritísima. En lo espiritual conservó la tradicional observancia de la Casa, como lo ates¬ tiguan la afluencia de vocaciones, admitió durante su pues mandato a siete Novicios de los que perseveraron sesenta y en su vocación sesenta y cuatro, y testimonio de lo que vamos- diciendo son los cargos de Vicario general y Visitador gene¬ ral de la Orden España. Su^cartas de visita guardadas eu' en •nuestro Archivo exponente fiel del temperamento monás¬ son tico y observante de este santo Abad y una carta del Venera¬ ble Juan de la Barrière, fundador de la Congregación cis- terciense de los Eulienses, dirigida a nuestro Abad y cuyo^ original ha venido a parar a nuestras manos, después de Jamentar el estado de postración del monaquismo en Eran- 202 HISTORIA DE POBLET ■eia y en las otras nacionescristianas, le pide admita alguno de sus Monjes, puesto Poblet se vive con pureza la que en vida de la Orden y añade que el Monasterio que nuestro Abad ■dirige «es el mejor de los Monasterios de la Orden». Durante este tiempo hallamos con frecuencia a los Prela¬ dos tarraconenses vivir retirados en nuestra Casa ; así lo hi¬ cieron el Cardenal Cervantes y el eruditísimo don Antonio Agustín y lo mismo hacen varios miembros de nuestra prime¬ ra nobleza, como el duque de Segorbe y de Cardona, a cuyo recibimiento acudieron noventa Monjes coristas y cuarenta Monjes legos (1575). En 1577, muy a pesar suyo, dió orden en pleno Capítulo de que cesara la abstinencia perpetua de •carnes, permitiendo su uso tres días cada semana, el martes nas, siendo de una her¬ mosura grandiosidad impresionantes. Cuenta el Abad Payo y Coello que, cuando en 1483 estuvieron los Reyes Católicos en nuestra Abadía, quedó doña Isabel tan prendada del Cre- 312 HISTORIA DE POBLET do, cantado el domingo día lo de noviembre en la Misa de Pontifical, que mandó y uno de sus cantores sacar copia del mismo para ejecutarlo en la real capilla, llamándosele desde entonces el Credo de Poblet. Es también conocido otro Credo con el nombre de Credo de San Bernardo probablemente — posterior — cuya gravedad piadosa ha sido proverbial. Al comenzar el siglo xvii, los Capítulos generales resol¬ vieron poner los libros litúrgicos de la Orden de acuerdo con los libros romanos, siguiendo, tal vez, el espíritu del Con¬ cilio de Trento. Así, un nuevo Breviario, publicado en 1608 siguiendo en conjunto la tradición benedictina señalada en la Regla, marcaba un paso notable de aproximación al «Opus Dei» romano. La Misa, saturada de una piedad venerable con un ceremonial hermosísimo, fué substituida por el «Orde Missae» (1618). Estas innovaciones produjeron una romano pasajera confusión, por lo cual Dom Claudio Vausin, Abad general de Cíteaux, se vió obligado a publicar en 1656 y 1657 un Misal y un Breviario reformados, aprobados por Roma. Su sucesor, Dom Juan Petit, dió a luz en 1689 el Ritual. Con todo, estas reformas mantuvieron, en cuanto fué posi¬ ble, la antigua tradición litúrgica de los Monjes blancos. Estos libros fueron aprobados por toda la Orden, excepción hecha de los Folienses y de la Congregación de la Regular Observancia de Castilla. Esta siguió sus venerables tradicio¬ nes litúrgicas hasta el año 1835. Las funciones más solemnes y grandiosas de Poblet fue¬ ron ordinariamente las celebradas en los enterramientos rea¬ les, rara vez superadas en otras iglesias que no ofrecen LA LITURGIA 313 características tan acentuadas como el Oratorio pcbletano. Dicho ceremonial nos ha sido conservado precioso có¬ en un dice del siglo xv^ escrito por un Monje de la casa llamado Miguel Longares, maestro en teología. Llegada la familia real al Monasterio, es recibida sin la solemnidad ordinaria, dada la tristeza que envuelve al Mo¬ nasterio por las pompas fúnebres ya empezadas. Entrada la noche, tocaba el Sacristán a Vísperas y cuando el Convento las terminaba eran cantadas solemnemente las de difuntos, tocando pausadamente todas las campanas y encendiéndose toda la luminaria de la iglesia y de la capilla mortuoria. Acabadas las Vísperas, salía el Abad vestido de Pontifical con sus ministros y Cruz alzada y, habiendo llegado al ca¬ tafalco entonaba el cantor el responso «Libera me. Domine», seguido por toda la Comunidad. Acabado este responso y rezadas Completas, el Abad administra el agua ben¬ dita como de costumbre, tomándola empero antes que los Monjes, el rey, la reina, el heredero, sus hermanos y her¬ manas y si hubiere algún Cardenal o grande Prelado ecle¬ siástico, siguiendo después la Comunidad. Si el muerto era rey, seguían tres toques de campanas lúgubres, pausados y solemnes, caso de ser reina, eran sólo dos. Cuando a media¬ noche descendían los Monjes por la escalera del gran dormi¬ torio y se dirigían al coro otra vez, las campanas lanzaban por el espacio inmenso sus lamentos fúnebres. Ya de mañana, los Monjes quedan en la iglesia hasta el mediodía para cantar el Oficio de difuntos, la misa de Pon¬ tifical y asistir al enterramiento del rey. Entrada la familia :314 HISTORIA DE POBLET real en la iglesia, se colocaba en el presbiterio en lugar espe¬ cial destinado a ella, mientras los grandes y cortesanos, según -sus oficios y dignidad, se colocaban en torno del catafalco ; los nietos y sobrinos del rey aun solteros deben situarse en el catafalco, vestidos de márragas. También deben ofrecer •en cuatro grandes platos candelas, de no común tamaño, de cera pura, y mientras se hace esta, ofrenda los monteros del rey (haciendo ladrar la jauría real) montados a caballo, co- -rren las armas fuera del santo templo, entrando después en ■el mismo arrastrando las banderas. Los escudos y sellos del monarca difunto son quebrados. Acabada la misa, el Abad deja la casulla, vístese una capa, y mientras el Diácono toma la cruz y el Subdiácono el agua bendita y aspersorio, se dirige al catafalco donde son canta- -dos solemnemente los tres responsorios ; a cada uno de ellos sigue «Kirye eleison» y «Pater noster» con las colectas co¬ rrespondientes. Acabados dichos responsorios, el cantor en¬ dona «Chorus Angelorum» y después «In exitu Israel de Egipto» y otros salmos propios de las pompas fúnebres, mientras los grandes y barones más significados toman el •cuerpo real llevándolo hasta el lugar de la sepultura ; allí, cuatro Monjes escogidos por el Abad lo colocan dentro del .«arcófago. Acabados los salmos y sepultado el rey, se entona •otra vez el responso «Chorus Angelorum», la colecta «Cle- mentissime Dómine» con las otras acostumbradas, que reza el Abad, con lo cual quedaban terminadas las pompas fúne¬ bres que el Monasterio dedicaba a los reyes que escogían .sepultura en nuestra iglesia mayor. LA LITURGIA 315 Las solemnidades del ciclo litúrgico eran celebradas con un esplendor verdaderamente grandioso. Al canto magistral y piadosamente ejecutado, se unía el número siempre nota¬ ble de Monjes que integraban la Comunidad, la riqueza de los ornamentos, la exactitud en la ejecución de las cere¬ monias, la grandiosidad del templo monástico, el soberbio altar mayor y la capilla real integrada por los panteones de la casa de Aragón y el presbiterio, con todo su aparato en los días que el Abad celebra de Pontifical. en Un fragmento de la obra del Abad Dorda titulada «Direc¬ torio perpetuo», ya citado, nos dará una idea aproximada de la solemnidad litúrgica del Corpus Christi. «El altar mayor se ha de preparar con el mayor ornato y ostentación posible (según otro manuscrito del P. Sentís eran colocadas tres gradas de plata y seis estatuas del mismo metal), preparando el lugar alto con dosel, ara y corporales donde se ha de exponer el Santísimo Sacramento desde Tercia hasta des¬ pués de Vísperas. En medio del presbiterio cerca del altar, se ha de preparar una mesa con su tapete rico donde se ha de sentar el Tabernáculo o Andas de plata para llevar el Sacra- piento en la procesión : el Palio se ha de poner en la puerta del coro, dejándose allí mismo a la vuelta de la procesión. A más de lo dicho, se ha de prevenir el pendón, ornamentos y lo demás que se acostumbra a llevar en la procesión ; las velas para el Convento y antorchas necesarias que llevan ^os conversos, pluviales para todo el Convento y ministros del altar, esto es : para el eelebrante o Abad, asistentes, maestro de ceremonias, baculero, cantores y turiferarios.» 316 HISTORIA DE POBLET «Dicha Tercia de la Virgen, mientras el coro canta de rodillas el «Tantum ergo», el celebrante u otro sacer¬ verso dote con alba, estola y pluvial, en pie delante del Taber¬ náculo pone incienso en el incensario sin bendición, ni óscn- los : en el ínterin se descubre el Sacramento ; luego el cele¬ brante se arrodilla e inciensa el Santísimo con inclinación profunda antes y después. Concluido el verso en el coro dice : «Homo quidam. Oremus» y en pie canta la colecta del Sacramento con conclusión breve ; hace genuflexión y vuél¬ vese a su lugar.» DE LA PROCESIÓN «Concluida Tercia mayor, se comienza la procesión con toda solemnidad con este orden ; salen de la sacristía el acó¬ lito con la Cruz medio de los en Ceroferarios, sígnese el Ci- llerero con dalmática y estola sobre la Alba llevando el Pen¬ dón, los Conversos con las antorchas, los Monjes con Plu¬ viales, los Turíbulos, los cuatro Sacerdotes con casullas que han de llevar el Tabernáculo y lo demás acostumbrado, dan la vuelta por la parte de Santa Tecla y entran por la puerta del coro, quedándose en la grada de él, salvo los cuatro Sacerdotes que se llegan al Tabernáculo. Luego, precediendo los cuatro cantores con Pluviales y Cetros (mandólos hacer el Abad Vicente Ferrer en la primera década del siglo xv, eran dey plata maravillosamente cincelados), detrás el Bacu- lero, después el Diácono y Subdiácono, sale el Abad de la