LA LITURGIA 317 sacristía con mitra en medio de los asistentes, con Gremial a quien sigue el Maestro de Ceremonias y el que sirve de mitra y sube al presbiterio en la parte de la pila del agua bendita, en llegando a vista del Sacramento, se le quita la mitra. «Llegado el Abad delante del Sacramento, hace genufle¬ xión (delante del Tabernáculo se ha de poner una almohada) y, en pie, pone incienso en los incensarios sin bendición, ni ósculos y de rodillas inciensa el Sacramento, lo que ejecu¬ tado entonan los cantores el himno «Sacris solemnis» y se comienza la procesión ; el Convento con Pluviales y velas encendidas en las manos, pasa por el coro, da vuelta por San;- ta Tecla, entra por la puerta de Monjes al claustro, circu¬ yéndolo todo con sus estaciones, entra a la iglesia por la misma puerta y hace el mismo curso que a la salida, llevando los cuatro Sacerdotes en hombros el Sacramento ; el Abad, sin mitra, con los Ministros dice por el camino algunos salmos. «Vuelto el Sacramento al altar y colocado otra vez en¬ cima la mesa, vuelve el Abad a incensarlo como antes de la procesión y, hecha genuflexión, se va con los ministros a la sacristía por la vía breve. Luego un Sacerdote con estola pone el Sacramento en el altar al lugar preparado y com'- puestas sus luces y Reliquias (excepto Cruz que no la ha de haber en las misas de esta Octava y siempre que el Sacra¬ mento esté patente) se da principio la misa por un anciano, a observando en ellapuntualmente las ceremonias que dispone el misal de la misa «Coram Sacramento«, a cuyo fin es bien 318 HISTORIA DE POBLET asista en ella y en toda la Octava, el Maestro de ceremonias.» Según el ya mencionado manuscrito de Dom José Sentís, Monje sacristán en 1807, era costumbre adornar la iglesia y claustro mayor con los riquísimos tapices que guardaba la Casa. Su colocación, ejecutada ordinariamente por los Mon¬ jes jóvenes y algunos mozos o criados, recibía el nombre de «Empaliada». La colocación seguía el siguiente orden en el claustro : ala del Capítulo : i.°, el Angel ; 2.°, el Nacimien¬ to ; 3.°, las Puertas ; 4.°, el Santo Cristo del buen ladrón ; 5.°, las Bodas ; 6°, las Zorras ; 7.°, Nuestra Señora, y se¬ guían otros dos sin nombre. Ala del comedor ; 8.", los Fi¬ listeos ; 9.°, el León ; io.° Sansón ; 11.°, los Barberos ; 12.°, el Templo; 13.°, la Sepultura; 14.°, José vendido a los Ismaelitas; 15.°, los Reyes. Ala del Palacio; 16.°, San Pe¬ dro ; 17.°, la Resurrección ; 18.°, el Crucifijo ; 19.°, David llamado de la puerta. Ala de la Iglesia : 20.°, David y Ber- sabé ; 21, 22 y 23 sin título, llamados por los Monjes, las tres Cocinas ; 24.°, Santa Ursula, y 25.°, David Bueno. Las columnas de la iglesia y el presbiterio eran también adornadas en las grandes solemnidades con tapices reposte¬ ros y riquísimos damascos, ofreciendo el templo magnífico alarde de belleza. Tesoro Para la celebración de las funciones litúrgicas contaba el Monasterio con un tesoroespléndido que se ha hecho pro¬ verbial por su riqueza, valor artístico y litúrgico, teniendo LA LITURGIA 319-- en cuenta que cada siglo dejó huellas de generosidad^ su estilo innovaciones, aunque el buen gusto presidió ordina¬ e riamente las adquisiciones que durante los mismos hizo el. Monasterio. La evolución que impusieron los Papas y los Capítulos generales de la Orden permitió a los Monasterios adquirir' toda suerte de ornamentos y objetos del culto que distaban mucho por su riqueza, hermosura y valor artístico de la aus¬ teridad, de los primeros tiempos de la Orden. Al fin los Mon¬ jes blancos en ésto eran fieles seguidores de la tradición, litúrgica de la gran familia benedictina. Siguiendo esta evo¬ lución, Poblet vió aumentar rápidamente por compras, do¬ naciones reales y de personas aristocráticas su tesoro litúr¬ gico. Los reyes de Aragón tuvieron gran interés en que el templo pobletano estuviese enriquecido con toda suerte de preciosidades ; desde Alfonso II, el Casto, que donó su co¬ rona al Monasterio, hasta el célebre don Pedro Antonio de Aragón, último protector, las donaciones son numerosísimas ■ y de una riqueza verdaderamente fabulosa. Jaime I, antes de hacerse Monje de Poblet, legó al Mo-- nasferio toda su capilla real. En 1341, su hijo don Jaime, legó una riquísima púrpura llamada por los Monjes la Dal¬ mática del rey don Jaime. En 1378, Pedro IV dió unos or¬ namentos al Abad Dom Guillermo de Agulló, acompañados- de una carta que, traducida del catalán, dice lo siguiente : «El Rey. — Abad ; Nos por reverencia a Dios y a Nues¬ tra Señora Santa María y por devoción y afición que tenemos- a vuestro Monasterio, os transmitimos por fray A. Çabadiai 320 HISTORIA DE POBLET vestidos de oro bermejo, a saber, una Casulla que corren en que os rogamos llevéis por la fiesta próxima de Navidad en las misas que diréis y dos dalmáticas con sus estolas y ma¬ nípulos y tres capas procesionales, palio y retroaltar todo de la misma clase.» En 1375, consta que don Carlos de Navarra dió bellos ornamentos y crecida suma de dinero para el culto. En 1384, la infanta doña Juana de Ampurias, hija de Pedro IV, legó una gran cruz de plata y los mejores ornamentos de su capilla. En 1417, doña Margarita de Prades dió un relicario con medio muslo de San Martín. En 1444, don Alfonso de Aragón y de Nápoles, dió un retablo dos cofres de ornamentos. En 1468, y la reina doña Juana, segunda mujer de don Juan II de Ara¬ gón, legó al Convento de Poblet unos ornamentos de brocado carmesí. En 1500, el infante Fortuna, don Enrique de Ara¬ gón, hizo importantes donativos para el templo. En 1516, legó en su testamento unos ornamentos de brocado carmesí ,y otros de damasco blanco alcarchofado. En 1532 el mismo infante Fortuna legó cuatro tapices de Arrás, que contienen las historias del Credo y Profetas, más un dosel riquísimo de brocado para, cubrir su sepultura. En 1542, el duque de Cardona, don Fernando Juan Folch, legó seis reposteros de terciopelo carmesí bordados de oro y plata, con las divisas de su casa. En 1610, el duque de Segor- be, don Enrique Fernández de Córdoba, dió un paño y tapi¬ cería tejido de sedas, oro y plata muy grande y tan rico que fué estimado en dos mil escudos. En 1660, la duquesa, doña Catalina Fernández de Córdoba y Figueroa, mujer del antes LA LITURGIA ' 321 citado don Enrique, dió un repostero de terciopelo verde todo bordado de oro con los escudos de Aragón y Sicilia. En 1671, don Pedro Antonio de Aragón envió el célebre paño mortuorio todo él bordado grande relieve, en oro con con doce borlas de lo mismo, tres en cada esquina, cuyas dimensiones son 34 palmos de alto y 24 de ancho. Además un aderezo de ébano y bronce dorado que consiste en doce candelabros para rodear el féretro y seis medianos para el altar mayor, nn Santo Cristo grande de bronce dorado en cruz de ébano como los candelabros, con dos ángeles que tienen en las manos la lanza, la esponja, martillo y tenazas ; seis cetros de plata, dos ciriales de lo mismo y un Santo Cristo pequeño de plata dorada, una silla de ébano y bronces dorados para el Pontifical con su asiento de tela de oro y cuatro taburetes de lo mismo ; un Crucifijo de marfil de grandes dimensiones, un sepulcro un hermoso Cristo con yacente. En 1678, el mismo don Pedro Antonio de Aragón, envió un Palio de tela de color anteado guarnecido de fran¬ jónos de oro. En 1690, regaló 16 reposteros de tapicería de Bruselas. ÜRN-í^MENTOS SAGRADOS Además de los yamencionados, donación de la casa real, los duques de Cardona y Segorbe enriquecieron prodigiosa¬ mente el Monasterio ornamentos de valor con inaprecia¬ un ble. En 1522, don Enrique de Aragón y Sicilia legó unos ornamentos riquísimos de brocado carmesí, esto es, casulla, 21 322 HISTOEiIA DE POBLET dos dalmáticas con los escudos de la casa de Aragón y Sici¬ lia, capa pluvial, gremial, toalla para el facistol, todo bor¬ dado en oro ; un frontal de oro y seda en que están bordados los misterios del Nacimiento de Cristo y la adoración de los Reyes. En 1671, don Pedro Antonio de Aragón dió al Con¬ vento de Poblet un temo para difuntos, ricamente bor¬ dado y con grande relieve, que consta de tres casullas, dos dalmáticas, cuatro estolas, seis manípulos, tres estolas an¬ chas, ocho capas pluviales, una almohadilla, una toalla de tela de oro, un gremial, un frontal trepado' y bordado de oro. En 1673, el mismo don Pedro Antonio dió un temo blanco de tela de oro, que consta de ocho capas pluviales, una casu¬ lla, dos dalmáticas, dos estolas, tres manípulos, un gre¬ mial, un cubre cáliz y bolsa de corporales, una mitra, una toalla, un faldistorio, un paño de p-úlpito, un frontal grande parael altar mayor y otro pequeño para la credencia. Dió, además, un temo morado de damasco guarnecido de galón de oro, que consta de los mismos ornamentos que el anterior, añadiendo un hermoso palio, un temo colorado de tela car¬ mesí y oro, que consta también de ocho capas, una casulla, dos dalmáticas y de todo lo demás que los otros donativos. En 1675, el Cardenal don Pascual de Aragón, hijo de los duques de Segorbe y Cardona, dió los pontificales si¬ guientes : pontifical blanco, que era de lastra de plata, con encajes de oro por guarnición con broches de plata sobre do¬ rada y las armas de Su Eminencia ; pontifical carmesí, que era de lo mismo que el anterior ; pontifical morado, que cons- LA LITURGIA 323 taba de capa de lastra de plata con encajes de oro ; una casu¬ lla de lo mismo gremial que tenía una cruz en medio con un bordada de oro, un pontifical negro también de lastra y ocho mitras, una de las cuales estaba bordada en realce de oro y tenía 24 piedras de diversos colores con un báculo de plata. A toda esta lista de preciosos ornamentos donados por los reyes y grandes de la tierra, hay que añadir los muy preciosos y numerosos adquiridos por los Abades en el trans¬ curso de los siglos, junto con los regalos hechos a Monjes en solemnidades notables, como primeras misas y bendiciones abaciales. Así ha llegado hasta nosotros una hermosa casu¬ lla, que fué del Abad Dom Félix Genover, actualmente do¬ nada al Monasterio por sus descendientes. Por no hacernos prolijos y en gracia a la brevedad, omitiremos la lista de todo ello. Merecen relación aparte los objetos de oro, plata, piedras preciosas y sagradas reliquias que recibió el Monasterio de reyes, príncipes y casas nobles del país. En otras partes de esta historia se ha hecho mención de los donativos reales de esta categoría, algunos de ellos de un valor incalculable, como la corona del rey Alfonso II, la capilla de Jaime I, el Lignum Crucis de Pedro IV, unas espinas de la Cruz de Cristo, donativo de la casa real de Francia a la de Aragón y luego donada por ésta al Abad Agulló y otros. Merecen párrafo aparte los legados verdaderamente re¬ gios de la casa de Segorbe y Cardona. En 1522, el tantas ve¬ ces nombrado don Enrique de Aragón y Sicilia legó cuatro imágenes de plata dorada, con sus reliquias dentro, de los 324 HISTOiRilA DE POBLET Santos Apóstoles Pedro, Pablo, Andrés y San Juan Bautista, más una imagen del Salvador rodeado de Serafines y otra de Nuestra Señora con el Niño Jesús, y una Cruz de oro con Lignum Crucis atril de plata para el altar mayor. En y un 1610, don Luis Fernández de Córdoba donó «dos mazorcas de hilo hilado» por manos de Nuestra Señora en un hermosísimo relicario. Desde el año 1671 al de 1677 los descendientes de la misma familia dieron las siguientes alhajas : una urna de plata do¬ rada guarnecida de coral para el Jueves Santo ; otra urna, riquísima, guarnecida por todas las esquinas y pedestal de ramos de oro bordados con mucho relieve : un frontal para el altar mayor con muchas incrustaciones de lapizlázuli, ágatas y jaspes finísimos, guarnecido de plata y bronce do¬ rado, dividido en tres tercios ; en el centro había la Inma¬ culada Concepción, en el de mano derecha había en medio re¬ lieve de plata el patriarca de los Monjes, San Benito, San Pedro y San Pablo, con ocho tarjetas de plata de la vida de San Benito, y en el tercio de la mano izquierda tenía dos figuras de plata de medio relieve de San Bernardo y de Nues¬ tra Señora, con otras ocho tarjetas de la vida del patriarca de los Monjes blancos. Favoreció, además, al Cenobio con ocho grandes can¬ delabros de plata para la capilla, real y seis medianos para la mesa del altar mayor, junto con un oratorio que consta de un peñasco de plata con su cruz y Cristo, que tiraba ocho palmos de ancho, trece de alto y cuatro de LA LITURGIA 325 entrada con su cerradura llave y dentro una Santa Verónica milagrosa con su cristal y cortina de oro carmesí. Al pe- irasco sirven de pie cuatro querubines grandes enlazados con cartelas y, al pie de la cruz, dos ángeles de rodillas sobre peañas de nubes ; en cada peaña tres querubines pequeños, adornando dicho peñasco catorze querubines diez estatuas y que son de nuestro Padre San Benito, San Bernardo, de la templanza, de la fe, de la prudencia, de la esperanza, de la caridad, de la fortaleza, de la paciencia y de la humildad, todo de plata, más una Custodia de oro mantenida por un ángel sobre una base exagonal guarnecida de alto a abajo, así la Custodia como el ángel y la base, de diamantes, rubíes y turquesas. En sólo el viril, que está a manera de un sol, se han contado mil quinientos diamantes : en toda la Custodia hubo curioso que contó doce mil diamantes, pero lo más cierto es que no pueden reducirse a número (fué apreciada en 50.000 ducados). Un relicario grande de plata, oro, cristal de roca, diamantes y rubíes, con siete espinas de la corona de Cristo y otras reliquias muy insignes, como es un pedazo de la Cruz del Redentor. Otro relicario grande de plata y cristal de roca, con re¬ liquias de Santa Ana y otras de otros santos. En 1700, se recibieron de la misma Casa de Cardona seis relicarios de pla¬ ta con peañas de bronce, una imagen de Santa Bárbara de plata, una cruz de plata, otro relicario de plata con la verdade¬ ra efigie de San Carlos Borromeo, más una cruz de oro a ma¬ nera de pectoral con Lignum Crucis, que solía llevar don Pedro de Aragón con una soguilla de oro de seis palmos, tres 21» 326 HISTORIA DE POBLET relicarios de oro, más uno de acero plata. bordado de oro y Los más de estos relicarios y otros 72 donativos de la misma casa de Segorbe fueron colocados en los dos bellísimos re¬ tablos que flanquean el altar mayor. Como nota curiosa, si¬ guiendo al P. Finestres, podemos decir que nuestro Cenobio era riquísimo en reliquias de Santos, llegando su número a la cantidad de 6.666, además de cuarenta cuerpos de Santos que custodiaban nuestra basílica. Y es que para nuestros reyes y grandes flguras del país el Monasterio de Poblet se había convertido, a través de si¬ glos de santidad monástica, de cultura y de patriotismo, en un Santuario de Dios y de la Patria. Era prácticamente un Templo nacional en el que se habían enterrado los reyes y los caudillos militares, los jefes políticos y los eclesiásticos, todo lo que es alma, cerebro y fortaleza de una nación. Poblet era algo más que un simple Monasterio cisterciense, era una Institución a la que debía enriquecerse litúrgicamente para conservar con decoro su misión. Como final del apéndice dedica el P. Finestres al que tesoro de Poblet, añade un catálogo del oro, plata, orna¬ mentos y colgaduras que de tiempo antiguo tenía el Monas¬ terio. Primeramente, Cruz de oro de más de un palmo de una alta, con Lignum Crucis ; tres pectorales de oro, dos de ellos esmaltados y trece anillos de lo mismo con pedrerías ; tres pectorales de plata dorada, un báculo de lo mismo labrado de mucha imagenería, pedrería y perfiles primorosos ; un jarro, dos fuentes grandes y otras dos medianas de plata dorada muy labradas ; un cáliz y vinagreras de plata dorada LA LITLTRGIA 327 con infinitas labores y una riquísima mitra con mucha pe¬ drería, todo lo cual servía los Pontificales. Una cruz de para plata que servía en la adoración del Viernes Santo y contenía un notable fragmento de la Cruz de Cristo ; era de plata do¬ rada ; otra cruzprocesional de cuatro palmos de alta muy labrada de imagenería, también de plata dorada ; cuatro efi¬ gies de cuerpo entero de seis palmos de alto, que represen¬ taban la Virgen, San Benito, San Bernardo y Santa Colum¬ bina, más otras dos de medio reliquias de las cuerpo con santas vírgenes y mártires Candia y Verena ; un taber¬ náculo de plata para llevar el Santísimo en las procesiones, más un dosel de plata para el altar mayor, que servía para la exposición del Santísimo o del Lignum Crucis, y, en fin, multitud de cálices de plata dorada, cuatro incensarios, dos atriles, varias palmatorias, ocho candeleros, varias lámparas de la iglesia y relicarios muy ricos como los de San Bernar¬ do, Abad de Claraval ; el de Santa Ursula, San Bernardo de Alcira y otros muchos, al decir del P. Finestres. Los ornamentos sagrados, sigue el mismo Monje histo¬ riador, son muchísimos y ricos los que nos están acor¬ ; pero dando su antigüedad, son seis frontales de brocado y otros tantos temos de casullas y dalmáticas y catorce capas pluvia¬ les del mismo corte. Las colgaduras o tapicería se dividían en dos series, unas de invierno y todas ellas, otras de verano, bien de brocados, brocadeles, terciopelos bordados de oro, ra¬ sos y otros, entre los cuales sobresale el repostero grande de terciopelo carmesí con bordados de seda y oro, cuyo relieve .328 HISTORIA DE POBLET principal es la letra O, inicial del apellido Oliver, que lo fué el Abad que lo mandó hacer. Las de invierno o eran de grana colorada bellas bor- con ■daduras tapices historiados muy a lo natural con pasajes o del antiguo y nuevo Testamento. Señala el tantas veces ci¬ tado P. Finestres muy notable la historia de Sansón, como en seis reposteros muy grandes de vivísimos colores y figu¬ ras muy naturales, que los compró el Abad Dom Pedro Boqués». Este era el tesoro de Poblet utilizado grandes so¬en las lemnidades litúrgicas, por iglesias superado. muy pocas Tesoro que se conservó casi íntegro hasta el año 1835, en que, al abandonar la Comunidad el Monasterio, debió ser escondido en su mayor parte, según de ello nos convencen varios hallazgos ocurridos en los años siguientes a la des¬ trucción. Así, en el año 1837, un labriego de Vimbodí po¬ pularmente llamado «el Jaio Mahó», dió con los tapices en el hueco de paredes que existe a la entrada del archivo. La riqnísima colección fué distribuida entre varios habitantes de Vimbodí, que los dedicaron a usos domésticos. El Padre José Ribas escribió lo siguiente con relación al tesoro : «Por el año 1837 se descubrieron las alhajas y vasos sagrados de la Sacristía junto con el precioso relicario de plata, después de haberse empleado más de trescientas per¬ sonas entre hombres y mujeres, grandes y pequeños, oca¬ sionando la muerte al descubridor de tan precioso tesoro. Como los Monjes habían salvado en el mismo escondrijo las mismas preciosidades, por el 1821 al 22 que tuvieron que LA LITURGIA 329 abandonar el Monasterio, confiaron en que lo mismo sucede¬ ría. Pero no fué así.» Otros objetos fueron piadosamente re¬ cogidos por los Monjes, que los llevaron, bien a sus casas, dejándolos en calidad de depósito hasta una próxima restau¬ ración muy deseada y que no debía llegar hasta el siglo veinte, bien a Monasterios de Monjas cistercienses que los guardaron hasta nuestros días, restituyéndolos fidelísima- mente al Monasterio el día de su repoblación monástica. Nada más emocionante que el gesto de doña Margarita Suñol al ofrecer al Abad geueral de la Orden el Cáliz del Abad Examuç, guardado en el Monasterio de Valldoncella y traído allí por un Monje fugitivo de Poblet. Las piezas de este famoso tesoro litúrgico que han llegado a nosotros son muy pocas y, ni de lejos, representan los ob¬ jetos de más valor que atesoró el Monasterio. Son las si¬ guientes : el Crucifijo de marfil donado por Pedro Antonio de Aragón, maravilloso trabajo de escultura, notable además por sus dimensiones ; el citado Cáliz de plata dorada con finísimas labores góticas y varios esmaltes ; una casulla del Abad Genover, con urdimbre de plata y oro abundantísimo, es de comienzos delsiglo xviii, y un magnífico relicario que contiene Lignum Crucis, de plata dorada, sembrado de finí¬ simas labores, pertenece al siglo xiv, más otro cáliz de plata de construcción más sencilla pero no menos bella. Otros objetos hermosísimos se conservan en diversas iglesias, como el célebre paño mortuorio donado por Pedro Antonio de Aragón, que de la Sacristía de Poblet fué a pa¬ rar a la casa de un burgués liberal, en la segunda mitad del 330 HISTORIA DE POBLET siglo pasado, quien lo usó algunas veces como alfombra en fiestas y bailes de sociedad. La hecatombe antireligiosa de la última década, que ha tenido por colofón la oleada roja que se desencadenó en julio de 1936, ha hecho desaparecer varias piezas del tesoro pobletano. La repoblación monástica de Poblet indudablemente trae¬ rá la recuperación de otras preciosidades que el amor al Monasterio, huérfano de los que crearon su grandeza, les obligó a conservar en piadoso recuerdo. Esta fué la grandeza litúrgica de Poblet : magnificencia en las ceremonias y en el canto y riqueza para honrar a Dios. Las fiestas litúrgicas de Poblet nunca tuvieron decadencias, tanto en los siglos de plenitud y máximo esplendor como en las horas grises del siglo xviii y comienzos del xix, en los que la protección real y la de los grandes de la tierra era un recuerdo secular. Los Monjes de nuestra Casa eran gran¬ des liturgistas, como verdaderos y buenos hijos del Patriarca San Benito. / EXPANSION A vida d-e los Monjes de Poblet, pletórica de espíritu cis- terciense, hubo de tener una expansión natural ; nos referimos a la fundación de Abadías filiales, prioratos y residencias. Nuestros reyes protegen esta expansión, siguiendo el plan tradicional de levantar Monasterios en los territorios redimidos del poder musulmán. En el intento esfuerzo de y colonizar los territorios de Poblet y Santes Creus hemos de ver un hecho que repetirán los sucesores de Ramón Beren¬ guer TV y Alfonso II. Así Jaime I, que fundó la Real de Ma¬ llorca y Benifazá de Valencia en territorios recién liberados, sigue el ejemplo de su padre había hecho la fundación de que Piedra, incoada por don Alfonso II. Piedra, que se levanta en un país extraordinario por su belleza agreste y salvaje, es un islote perdido en un mar inculto, territorio que no contaba, además, con centros civilizadores y exponentes de nuestra religión y cultura. El mirífico Santuario del Tallat es una manifestación popular de amor a María, a la que se unen nuestros Reyes y los Monjes pobletanos en el afán común que hace de una capillita un soberbio Priorato, que es la admiración de las comarcas de Cataluña. San Vicente de Valencia recuerda un 332 HISTORIA DE POBLET rasgo de generosidad real que da a Poblet su más rica -baro¬ nía, Quart y Adaya. El Priorato de Nazaret de Barcelona, casa fundada por una noble dama, tiene porfinalidad servir de Casa-procura 'en la que residían nuestros representantes ante el poder su¬ premo del Estado, sirviendo, además, espiritualmente, al pueblo fiel que acudía a aquella iglesia nuestra para unirse con Dios. En el orden civil, tuvo Poblet notable expansión por sus ■señoríos, baronías y propiedades que le hacen el señor más rico y potente de Cataluña, después de la Casa de Cardona. Una legislación sabia, dignísima y ponderada, hacía de los Estados del Cenobio modelos de administración, al mismo tiempo que una influencia espiritual intensa y una huella cultural indeleble hacen de sus pueblos subditos, pueblos muy dignos, para los que se levantan iglesias, ermitas, hos¬ pitales, murallas y castillos, contribuyendo con esto a la expansión de un arte que le era propio. Por fin, el nombre de Poblet viene a ser el de una insti¬ tución que se deja sentir en la Orden y en la Iglesia y aun bajo todos los aspectos de las actividades humanas, como son el gobierno eclesiástico y civil, santidad, ciencia, arte, literatura, poesía, según ya en parte dejamos consignado. Veamos, aunque sea brevemente, de descubrir esta expansión finalidad, fundación, vida y evolución monástica nos es has¬ ta hoy muy poco conocida, de su archivo. por carecer Como oficialmente Poblet hizo cuanto pudo para el triun¬ fo de don Juan II, éste, a petición de nuestros Monjes, donó el Convento de San Pablo de Manresa, a 20 de octubre de 1472. Fué primer administrador Fray Juan Quello. Este Monasterio fué fundado el año 1300 como hospital, administrado por seglares consagrados al servicio de Dios y del prójimo, que hacían vida de Comunidad en él. Siempre llevó vida muy precaria, que hizo fracasar a todas las Co¬ munidades que quisieron poseerlo y administrarlo. Al prin¬ cipio, tal vez desde 1308, época en que fué construida la iglesia, la casa-hospital estuvo bajo la custodia de una pia¬ dosa persona que recibía un modestísimo sueldo del Concejo de la ciudad. Durante aquella época, el custodio es llamada comúnmente «Ermitaño» o «Deodato». Esta casa-hospital vino a ser de Poblet por dos cartas de don Juan II dirigidas a nuestro Monje Eray Juan de Ossó, de 28 de septiembre y 20 de octubre de 1472. Estas cartas. 366 HISTORIA DE POBLET hoy desaparecidas, las citarlas varias autores conocemos por que han tratado de las cosas de Poblet. La Comunidad que residía en el Priorato tenía como fina¬ lidad de su existencia, además de la vida litúrgica — que es la propia de toda entidad monástica — la cura de almas. Un documento que los Concellers de Manresa dirigieron a nues¬ tro Abad Dom Simón Trilla, a i6 de enero de l6i6, después de lamentarse del estado ruinoso del Priorato, expone lo si¬ guiente : «De dende signe que no pudiéndose habitar la se casa hemos quedado defraudados los habitantes de la misma del fruto que los Padres que habitan en ella han hecho en provecho de las almas, lo cual ha de ser de notable senti¬ miento, porque siempre los señores Abades de Poblet y aho¬ ra V. R., se han honrado mandando aquí personas de mucha virtud y letras que, con su buen ejemplo y doctrina, así en sus confesionarios como en el pulpito, han dado doctrina, luz y buenas obras a este pueblo.» En momentos difíciles para la cristiana ciudad de Manresa, fué nuestro Priorato lugar de romerías, porque la Virgen del Alba y San Pablo eran abogados contra la peste. La romería que se hacía el día de la Conversión de vSan Pablo, 25 de enero, en forma de «Aplec», quedó como de costumbre popular, con bello sabor folklórico. El título de Prior fué desgraciadamente alguna que otra vez título honorífico que se daba a algún Monje prestigioso |de Poblet, mientras humildes y santos procuradores suyos cumplían con la vida monástica del Priorato y finalidad de la fundación. EXPANSIÓN 367- En 1478, Prior de San Pablo-Valldaura el Monje era Dom Luis Çabadies, el cual nombró procurador suyo, el día 8 de junio del mismo ano, a Dom Juan Saragossa, y en 1484,, Dom Juan Vinyoles tiene como procurador a Guillermo Fe¬ rrer, que no es Monje de Poblet sino Canónigo de la Seo de Manresa. Entre 1512-1520, Poblet se preocupa del Priorato,., eran los tiempos del gran Abad Porta y se nombra al Padre- Dom Pedro Teixidor, un santo Monje, Prior de San Pablo. Siguen unos años que hoy nos quedan en una cierta obscu¬ ridad por carecer de documentación. Joaquín Serret y Arbós ha escrito en su obra «Historia religiosa de Manresa. Iglésies- i Convents. Monuments histories», vol. IV. Manresa, 1924 : «Das historias publicadas y los escritos referentes a la vida, de San Ignacio en Manresa dicen que el Prior de San Pablo, entonces era Fray Alfonso Aguerreta de Aragón, el cual re¬ cibía y servía de maestro a Ignacio, venerándolo por sus vir¬ tudes, abnegación y amor hacia los pobres de la ciudad.» El Priorato decayó. Poblet, luchando contra la obra con- gregacionista durante el primer tercio del siglo xvii y aso¬ lado materialmente por la guerra de los Segadores, no pudo cuidarse de aquella veneranda casa. Este estado lamentable- se prolonga durante el siglo xvii hasta que, en 1700, el Abadr Tresánchez vende aquel histórico Priorato a los Padres Je¬ suítas, quienes lo adquirieron pensando en los recuerdos que conservaba de su Santo Fundador. En 1767, por la Pragmática de 27 de febrero, fué expul¬ sada la Compañía de Jesús, pasando desde entonces el edi¬ ficio a manos de particulares. 368 HISTORIA DE POBLET Poco queda, casi nada, de las edificaciones que, más o menos monumentales, levantaron nuestros Monjes a través de los siglos. Merece atención la bella iglesia gótica, obra del siglo xiv, de pequeñas dimensiones, dedicada a la Virgen del Alba y al gran penitente San Pablo, el ermitaño. LA CULTURA os Padres de la Orden hicieron estimación de los es¬ tudios, porque pretendían, al fundarla, crear una arma puesta al servicio de la Iglesia, qiie debía ser eficaz en todos sentidos. Se ha escrito, incluso se han suscitado polé¬ micas violentas, sobre la prohibición de los estudios en el Císter, cuando en realidad puede afirmarse, históricamente, que la Orden cisterciense siempre ha hecho gran aprecio de los estudios eclesiásticos. Ciertamente qne se puso en vigor el trabajo manual sobre todo el de roturar y cultivar campos, pero no fueron olvidados, ni mucho menos, los trabajos in¬ telectuales y así sabemos que las Comunidades del nuevo Instituto pusieron en uso el trabajo de los antiguos Monjes que consistía en copiar libros. Porque es cierto —■ según afirma Mabillon en sus «Es¬ tudios monásticos» «que en todos los Monasterios de — la Orden, desde principios, ese ejercicio fué muy sus común y se practicó con gran perfección. Léase lo que Nicolás de Clara val, secretario de San Bernardo, dejó es¬ crito en la carta 25, donde describe el gabinete o celda, que él llama «Scriptorium», donde el Santo copiaba libros. Esta celda estaba a un lado de la librería de Claraval, en la cual había toda suerte de libros que los Monjes leían con gran 24 370 HISTORIA DE POBLET cuidado, no para hacer ostentación de una ciencia vana,, sino para excitarse a la virtud y a la compunción. Aun se ven en el Císter muchas de estas celdillas— sigue escribiendo el mismo autor — los copiadores y encuadernadores en que de librostrabajaban : y el grande número de libros que se conservan en los más célebres Monasterios de esta Congre¬ gación Francia, como el Cisterciense, Claravalense, Pon-" en cianense, Longopontense y Valuciense son buenos testigos de lo que aquí decimos.» Puédese aún aducir la estimación que tuvieron los primeros Padres de la Orden a las Sagradas Letras por lo que hizo San Esteban Harding, tercer Abad general, en la primera década del siglo xii, cerca del año 1109, o sea diez años después de la fundación del primer Monas¬ terio ; esto es, el cuidado que puso en corregir la Biblia, cuyo original se conservó en Cíteaux hasta la revolución francesa, coleccionando muchos manuscritos, consultando a sabios de su tiempo y reuniendo judíos hábiles para corregir lo que pertenecía al antiguo Testamento. San Bernardo' mismo, en varios pasajes de sus obras, se declara en favor de los estudios monásticos, sobre todo en los sermones 36 sobre el «Cantar de los Cantares», y y 37 en todas sus obras resplandece nn profundo conocimiento de las letras eclesiásticas que supone ciertamente un don del cielo, pero no menos que un intenso trabajo intelectual. El Abad Gilberto, formado monásticamente por San Bernardo, en la continuación que hizo de sus sermones sobre los «Cánticos», se declara en muchas partes en favor de la LA CULTURA 371 ciencia y condena la ignorancia sobre todo en los Prelados y este mismo autor aprueba también el trabajo de los que es¬ criben libros, aun que por otra parte aprueba la prohibición de que no se componga cosa alguna, ni se publique, sin per¬ miso de los superiores. En 1127, se permitió al príncipe Otón, Monje de la Or¬ den, ir a la Universidad de París a estudiar, no solamente las letras humanas, sino también la filosofía y la teología, y aprovechó tanto que, por su saber, fué hecho Obispo de Frisingen. Conocida es, además, la fundación de los Cole¬ gios de París, de Tolosa y otros que después se fundaron para recibir en ellos a Monjes de la Orden que iban a estudiar a las Universidades y, aun que es cierto queel de París costó algunas contradicciones, también lo es que las autoridades supremas de la Orden aprobaron y loaron aquella magna obra. Los estudios, pues, en la Orden cisterciense fueron apreciados desde la fundación de la misma y todo Monasterio que ha querido ser modelo se ha dedicado con intensidad a los trabajos intelectuales. Así, vemos que todas nuestras Abadías, después de consagrar a sus Monjes a la propia san¬ tificación, los dedican al estudio, alcanzando nuestros ante¬ pasados un nivel tan alto de cultura eclesiástica que fueron aptos para ocupar los más elevados puestos de la Orden, de la Iglesia y del Estado. Poblet, ya en sus comienzos y fiel a esas directrices, consagra gran parte de sus actividades a la vida cultural abarcando todas las ramas del humano saber. Así, siguiendo la tradición de las grandes Abadías benedictinas, tiene su 372 HISTORIA DE POBLET «Scriptorium» en el que Monjes pacientes copian libros de la antigüedad, tienen un archivo abnndantísimo y una biblio¬ teca riquísima en aquellos tiempos, en los que un libro era un verdadero tesoro. De nuestra Abadía salen Monjes que, no sólo por suvirtud, sino también por su saber, ocupan Sedes episcopales, cátedras honrosísimas en Universidades famosas, puestos importantes en los Consejos de la Corona de Aragón y son al mismo tiempo conductores del humano saber a través de todos los siglos. Multitud de Monjes nues¬ tros estuvieron adornados con los grados académicos y ocu¬ paron cátedras de Filosofía, Derecho, Teologíatoda suerte y de ciencias París, en Lérida, en Tolosa, en Cervera, en en Salamanca y en la célebre Universidad de Alcalá. De éstos, no pocos fueron escritores cuyas obras, si bien no siempre vieron la Inz pública, no por ello serían menos apreciables de haberse conservado. El vandalismo del año 1835 aventó la casi totalidad de nuestros manuscritos originales y, por tanto, forzosamente debe ser muy limitada e incompleta la relación de éstos últi¬ mos, mientras una indagación concienzuda, larga y pacien¬ te, que aun es posible, no logre descubrimientos que, sin ser definitivos, sean más consoladores. LA CULTURA 373 SCRIPTORIUM Poblet tuvo desde sus principios indudablemente un «Scriptorium», útil lo menos para la transcripción de por documentos oficiales, libros de Coro y códices para el Ar¬ marium o Biblioteca que en el Claustro de todos nuestros Monasterios había. Pero la existencia de códices de los siglos medios varias cartas de los reyes de Aragón, diri¬ y gidas a nuestros Abades, prueban la existencia de una es¬ cuela de copistas notables y de exquisitos miniaturistas. El códice más antiguo que ha llegado hasta nosotros es una copia de la Crónica del rey Jaime, hecha por el Monje Des- torrents en tiempos del Abad Dom Poncio de Copons (13x6- 1348). Esta copia la mandó hacer Pedro IV, el monarca culto, que sintió verdadero orgullo y entusiasta amor un a la dinastía de la que era jefe y representante. Eix X243, escribía a Dom Ponce que «le enviase la historia del Santo Rey Jaime que en el Monasterio había hecho copiar». Hoy este precioso manuscrito se guarda en la biblioteca de la Universidad de Barcelona. Es notable por la hermosura cali¬ gráfica y por las miniaturasle adornan, exponente mag- que níllco de una escuela de artistas muy aventajados. Recorde¬ mos el convite en que se sugirió la conquista de la Isla en¬ cantada, miniatura muy vulgarizada, pero siempre nueva, que es una de las páginas bellas de aquel famoso códice. La documentación real, que sigue pidiendo favores a nuestro «Scriptorium», es abundante hasta el compromiso de 374 HISTORIA DE POBLET Caspe o quizás, hablando con más propiedad, hasta la muerte de don Martín, el Humano, debiendo consignar el hecho de que la labor de nuestros copistas y miniaturistas nos es más conocida por los documentos reales y por los libros que en¬ cargaba la familia real que no porlas obras hechas para el uso del Cenobio, pues son rarísimas las conservadas. Con todo, si el Monasterio no hubiera tenido una buena escuela, perfecta en sus procedimientos y magistral en sus ejecucio¬ nes, indudablemente no hubieran acudido a nuestra Casa en busca de libros para su uso los reyes de Aragón. La ya citada Crónica del rey Jaime y la famosa Biblia llamada de Poblet, obra de Monjes nuestros que residían en la filial de Piedra, ponen a gran altura las cualidades eminentes de nuestros copistas y miniaturistas. En 1437, desde Valencia, pide don Pedro IV al mismo Abad Dom Ponce de Copons que se le copien los libros que necesita para la capilla real : un Epistolario y un Evangelia¬ rio. vSi debiéramos juzgar de la belleza de estos dos libros litúrgicos — hoy desaparecidos — por lo que es la Crónica del rey Jaime antes mencionada, forzosamente deberíamos ponderarla extraordinariamente. Nuestros copistas estaban ocupados con frecuencia en copiar libros litúrgicos para la familia real. En 1398, el rey don Martín pide al Abad Ferrer (1393-1409) que le hagan un Breviario romano y, en 1408, encarga un Leccionario cisterciense. En otras ocasiones, es otra suerte de libros la que se encarga a nuestro «Scripto¬ rium». Así, Pedro IV, en 1391, ordena que el Pablo Orosio de su biblioteca, escrito sobre papel, sea de nuevo copiado LA CULTURA 375 en pergamino, para asegnrar su conservación ; el mismo rey compra y manda a Poblet las preciadas membranas y el rey don Martín, el Humano, pregunta, en una carta que dirigió desde Tarragona a 27 de febrero de 1398, por qué causa aun no está terminado el libro «De civitate Dei» de San Agustín. Hoy sólo además de la citada Crónica del conocemos, rey don Jaime, tres códices pobletanos salidos de nuestro «Scriptorium». El cartulario mayor que se conserva en el Archivo histórico-nacional, de Madrid, el cartulario menor y «lyCS funeralies deis Reis d'Aragó», del Monje, maestro en teología, Dom Miguel Longares, felizmente conservado en nuestro archivo. El primero, o sea el cartulario mayor, de proporciones extraordinarias — 510x355 milímetros —, es del siglo xiii. Tiene diez hojas no numeradas y 218 folios que lo están en árabe, más tres hojas en blanco al final, que están sin numerar. Está escrito sobre pergamino a dos co¬ lumnas, el tipo de letra gótico, muy hermosa y clara. El es cartulario que se ha conservado en Tarragona es un menor volumen de 285 x 200 milímetros, con cubiertas de madera y lomo de piel. La foliación antigua va de la hoja 27 a la 232. Está escrito a toda página y en hermoso pergamino, debiendo fijarse su fecha, por el tipo de letra, en las postrimerías del siglo XIII. Faltan veintidós documentos que ocupaban las veintiséis primeras páginas que han sido arrancadas ; llegó a contener unos trescientos ochenta documentos. «Les funeralies deis Reis d'Aragó» es de proporciones más modestas—200 x milímetros—, consta de dieciocho 140 membranas de pergamino sin numerar y las tres finales están 376 HISTORIA DE POBLET eu blanco. La escritura es clara y elegante, pero no tiene la belleza de otros códices pobletanos. La huella de la letra ini¬ cial, que delata a los que la han robado, es suficiente para pregonar su hermosura. Véase el colofón : «Fineixen les fu- neralies deis reis darago fetes e ordenades per hun monge del Monestir de la Verga Maria de Poblet quis din Mestre Miquel Longares.» La importancia de este códice está, más que en su calidad y forma externas, en su contenido interno, por ser un documento inapreciable que relata con todos los de¬ talles el magnífico ceremonial usado en los enterramientos de nuestros reyes, siguiendo paso a paso la pompa fúnebre des¬ arrollada desde la capilla ardiente en que descansaba el ca¬ dáver del rey hasta el momento culminante en que era enterrado en los bellísimos panteones reales de Poblet. Tenemos otros recuerdos de nuestros «Scriptorium», pero de menos importancia y mérito. Para hacer un examen de la labor de nuestros escribas sería preciso conocer a fondo nuestra biblioteca, totalmente perdida, sobre todo en la sec¬ ción de manuscritos y códices que, al decir del erudito Padre Villanueva, guardaba muchos y notables y sería, además, preciso conocer nuestro archivo de Madrid, lo cual han hecho imposible las presentes circunstancias del Monas¬ terio en restauración. Con todo, los documentos reales antes aducidos y los pocos códices salvados del naufragio de 1835 dan noticias muy preciosas de nuestros Monjes copistas. Añadamos que en Tarragona conserva el Cabildo catedral en magnífico estado varios libros de coro, manuscritos sobre LA CULTURA 377 pergamino, desnudos de delicadeza, arte y claridad : sólo no tienen el defecto de ser obras de tiempos decadentes. Sería interesante conocer el lugar del emplazamiento de nuestro «Scriptorium», pero las transformaciones que ha sufrido el Monasterio y sobre todo la evolución en los proce¬ dimientos de escribir han hecho que varios siglos atrás que¬ dara esta famosa dependencia del Monasterio sin utilidad y sin el ñn práctico por el que fué construida. Indudable¬ mente el «Scriptorium» de Poblet es anterior al siglo xiv y aun el que documentalmente conocemos por las cartas de Pedro IV y otros reyes de Aragón es anterior a las grandes reformas que sufrió el Monasterio en tiempo del Abad Co¬ pons, pudiéndose tal vez pensar y emitir la hipótesis de que las llamadas Salas de Música y alguna otra dependencia ad¬ yacente, pudieron ser en la segunda mitad del siglo xiv y en todo el XV el «Scriptorium» de Poblet. Con todo, mientras ulteriores investigaciones sobre el archivo de nuestro Mo¬ nasterio y aun en su parte monumental no den otros datos, nada podrá formularse defiuitivamente, sino sólo meras conjeturas. BIBLIOTECA Si el «Scriptorium» de Poblet fué importante manantial de cultura, no menos trascendencia alcanzó nuestra Biblio¬ teca, famosa por la cantidad, importancia y antigüedad de los libros que guardaba. Desde los primeros días de la fundación tuvo nuestro 378 HISTORIA DE POBLET Cenobio, Biblioteca, cuyo contenido e importancia desconoce¬ mos. Probablemente era humilde en cantidad ; no obstante, dada la importancia que se concedía al trabajo manual de copiar libros los primeros tiempos de la Orden y aun en en toda la Edad Media, hemos de suponer que esta magnífica labor proporcionó al Monasterio una buena colección de có¬ dices, y a medida que ocupaban la sede abacial hombres de estudio como Dom Arnaldo Amalrioh (1196-1198), Dom Ar- naldo de Gallart (1229-1231), Dom Egidio Roselló (1297- 1302) y otros como Dom Ponce de Copons (1316-1348), la colección de libros necesarios para los programas de estudio que estos Abades habían planeado vigor aumen¬ y puesto en tó considerablemente pocas veces con originales de nues¬ no tros Monjes. Del siglo xii (1180) tenemos un documento del Abad Hugo (1166-1181) en que, a propósito de la herencia de nuestro Monje-Obispo Dom Esteban de Sant Martí, se exigen los siguientes códices ; Papias, Benjamín, Orígenes y doce Profetas y Speculum lycclesiae. Pero, la gran Biblioteca pobletana comienza documental- mente en el reinado de Pedro IV, que enriquece la monástica con sus notabilísimos y abundantes códices que constituían la biblioteca real, depositándolos Poblet y creando así la en librería real tiempo del Abad Agulló (1361-1393). en El origen de esta determinación del rey Ceremonioso hay que buscarla en la orientación que dió a su vida de dinasta catalano-aragonés. Porque don Pedro IV era un historiador entusiasta e incansable lector de las gestas de los reyes y condes de su estirpe él mismo inspirador de y ui:a historia LA CULTURA 379 de su reinado, llegando apatria y familia un sentir por su amor verdaderamente apoteósico. Todo lo de la monarquía y todo lo de su Casa le interesa extraordinariamente ; dotado de grandes cualidades, trabajador infatigable y capaz de en¬ frentarse con los asuntos más diversos y a veces más antité¬ ticos, le vemos dedicar a los mismos aquella frenética activi¬ dad que le caracterizaba. Empuña la espada en guerra y conquistas de defensa y de pacificación de sus nobles rebeldes o toma la pluma para escribir hasta los más apartados rinco¬ nes de su monarquía sobre asuntos administrativos, cultura¬ les o arduos problemas políticos artísticos ; soluciona los más o se ocupa ceremonia ; de las flores de de los detalles de una sus vergeles, de las obras de sus palacios, de sus vestidos o de los archivos reales. A todo alcanza aquel hombre prodi¬ gio, menudo en su cuerpo, pero de gran espíritu, aunque no siempre de recta conciencia. A todo alcanza en su empeño de elevar más y más el esplendor de sus Estados y el honor de la casa de Barcelona-Aragón. Desde la tumba de Iñigo Arista hasta los sepulcros reales de Ripoll y el panteón familiar de Poblet digno de la dinastía ; desde las diecinueve estatuas de los con¬ des y reyes antepasados suyos que deben adornar el pala¬ cio real de Barcelona, hasta los diecinueve esmaltes de la espada real en la que Pedro Yernera debía representar a los reyes aragoneses y condes de Barcelona, todo le inte¬ resa con entusiasmo y de todo ello se ocupa personalmen¬ te, y, arrastrado por esta mismanoble pasión, concentra su afecto de rey sobre Poblet, fundado por don Ramón Be- 380 HISTORIA DE POBLET renguer IV, y enriquecido por su hijo don Alfonso, que le lega hace enterrar en él. Jaime I, para Pedro su corona y se el Ceremonioso, figura señera de la dinastía, lleva sus huestes a Poblet y sus banderas para ponerlas bajo la pro¬ tección de Santa María, antes de emprender la legendaria conquista de Mallorca y ordena en su testamento que se le entierre en nuestro Monasterio y muere Monje profeso del mismo. De Poblet salen alientos y consejos y ayuda econó¬ mica para todas las empresas nacionales y en Poblet está la mejor Comunidad monástica de los Estados de Aragón. Por ello construye, dándoles forma definitiva, sus cᬠmaras reales, fortifica el Monasterio, crea el panteón de sus antepasados, de sus hijos y de toda su familia y, cuando ya el Monasterio palacio, castillo y panteón, manda edificar era la Biblioteca real, obra rica y suntuosa digna de la magnani¬ midad del rey a quien siempre gustó y admiró lo grande. Vamos a historiar brevemente, siguiendo la documenta¬ ción real, lo que hubo de ser la Biblioteca de Poblet. Una carta, que escribió desde Valencia a nuestro Abad Dom Guillermo de Agulló (1360-1387), fechada el día 20 de agosto de 1382), dice así : «El Rey. — Honrado Abad : Ya por dos letras anteriores os hemos escrito y rogado que nues¬ tras obras se despachen y principalmente c[ue la librería fuese acabada de bóveda de piedra picada que sea honra de Dios y nuestra que la hacemos construir para el mayor decoro de este Monasterio y como la tenemos puesto muy en el co¬ razón os rogamos y encargamos que con cuidado y soberana diligencia hagáis que se trabaje y por nada mudéis que sea LA CULTURA 381 de bóveda de piedra a fin de que jamás pueda venir a menos, ni los libros puedan recibir daño y que mandéis hacer mi¬ rando al Claustro nuestras armas con nuestro timbre y con buenas y grandes letras este escrito : «Esta es la librería de don Pedro III, en diferencia de los otros reyes llamados Pe¬ dro». Haced trabajar bancos con escudos reales y con mtichas cadenas para que Nos hagamos clavar en ellos los libros y que delante de Nos se pongan antes de partir y se hagan venir los otros libros que están en Barcelona.» Tal era el proyecto qi;e soñó aquel gran rey, que no sabemos si llegó a ejecutarse y, por tanto, es imposible fijar el lugar de su emplazamiento, fechas y detalles. Lo que nos consta es que a Poblet llegaron los libros de la biblioteca real.Algunas disposiciones reales lo prueban. La idea de que Poblet tuviera sus libros comenzó a realizarla en el año 1369 al enviar las «Crónicas de los Godos y de los Reyes de España» guardaran en nuestro archivo. para que se Así lo escribía el rey, a 24 de mayo de 1359, al Abad Agulló. Durante el mes de junio del mismo año nuestro Monje Fran¬ cisco de Albiñana, Capellán real, lleva a Poblet las «Crónicas de los reyes de Aragón» y el «Testamento del rey», el cual dice a nuestro Abad «que las manda para que sean puestas en la librería de nuestro Monasterio para c[ue sean conser¬ vadas». Otro documento real, de 15 de diciembre de 1378, explica que se envía a Poblet un astrolario y que «los libros irán cuando esté ultimado el inventario». En 1378, es nuestro Abad quien dirige, el día i de julio. 382 HISTORIA DE POBLET un memorial al rey, en el que se lee lo siguiente : «Item sea V. Merced servido que vuestros libros habéis donado que vos a mi Señora Santa María de Poblet que antes que Vos par- tais a Sicilia los mandéis y que Vos señor ahora que vendréis se los ofrezcáis.» Contesta don Pedro : «Place al Sr. Rej'.» junio de 1381, escribe el mismo don Pedro al El día 7 de Abad Agulló que, entre los libros qne antaño mandaron a Poblet, había un «Pablo Orosio» que el rey pide se copie de nuevo añadiendo a continuación ; «Que nuestra librería sea acabada cuanto antes porque hemos acordado que todos nuestros libros, donde sea que estén, sean colocados y con¬ servados en ella». Apenas transcurrido un año, la correspondencia del mis¬ mo Pedro IV vuelve a ocuparse «de la casa de nuestra rey librería», en la cual quiere guardar todos sus libros. El infatigable P. Ribera, en su obra «Real Patronato de la Merced», Barcelona, 1725, cuenta que vió la lista o inven¬ tario de los libros de Pedro IV que vinieron a Poblet. Don Martín, el Humano, pide, por carta de 12 de enero de 1404, dirigida al Abad Eerrer (1393-1409), que preste a Montserrat el «Catholicón» que fué de Pedro III, añadiendo que, después de copiado, lo recobre y que se tome un® prenda en fianza, porque ya son dos los libros perdidos. Einalmente, el día 9 de septiembre de 1405, pide al mis¬ mo Abad Ferrer el libro de Paulo Orosio titulado «Ormesta Mundi» — se refería el rey a la obra «Mesta Mundi», regalo del Papa Clemente a su hermano don Juan —. Recalca el LA CULTURA 383 rey don Martín que lo confíe a persona segura para que no sufra daño alguno. Cuantos fueron los libros que don Pedro IV donó a nues¬ tra Biblioteca, al trasladar la suya a Poblet, no podemos precisarlo, mientras no venga a nuestras manos el Inventa¬ rio que se hizo en aquella circunstancia por mandato del regio donador. Serra y Postius, en su libro «Prodigios y finezas de los Santos Angeles hechas en el Principado de Cataluña», Bar¬ celona, en 1726, escribe : «La segunda biblioteca es también por la mayor parte de libros y manuscritos y son cerca de cuatrocientos, muchos de ellos originales y escritos por va¬ rios Monjes de aquel Monasterio doctos y santos. En esta librería sin duda estará la que dió a Poblet el señor don Pedro tercero en Cataluña.» (Sabido es que los reyes de la Confederación seguían en Cataluña la cronología que comen¬ zaba en el rey don Alfonso, hijo de don Ramón Beren¬ guer IV.) Es una lástima que Serra y Postius no nos diga donde estaba esta librería ni especifique las características de aquellos códices, hoy irremisiblemente perdidos en su casi totalidad. Debemos añadir otro donativo real a la biblioteca medie¬ val pobletana, hecho en 1361, por los embajadores de Jai¬ me III deMallorca, los cuales entregaron, en nombre de su rey, cuarenta grandes códices. La Biblioteca del Monasterio estaba situada en dos gran¬ des salas construidas debajo del dormitorio mayor o de novi¬ cios, aun hoy conocidas por el nombre de librería o biblioteca. 384 HISTORIA DE POBLET Construidas probablemente durante la primera mitad del siglo xiii^ sirvieron de Sala de Estudio y luego de granero de la Comunidad durante varios siglos hasta que, en 1690, fue¬ ron enyesadas, niveladas ydecoradas siguiendo más o menos los gustos entonces en vigor, pintando en sus paredes imitaciones de mármoles, «muy al natural», según dice el P. Finestres, y, dotadas del mobiliario propio de tales severo dependencias, recibieron la notable colección de libros que donara años antes, don Pedro Antonio de Aragón, duque de Segorbe. En la sala segunda había otra biblioteca que podríamos llamar general o común, que guardaba, en los úl¬ timos tiempos de la casa, de doce a quince mil volúmenes, adquiridos por los Abades mediante compras o legados — al¬ gunos ejemplares salvados de la destrucción lo pregonan —. Otros habían sido donados por bienhechores y no pocos, usa¬ dos por nuestros Monjes, pasaban a engrosar el fondo común, después de su muerte. De esta librería dice el P. Villanueva en su «Viaje lite¬ rario» : «En otra biblioteca interior, que es la primitiva del Monasterio, hay también una buena porción de códices ecle¬ siásticos, señaladamente obras de los Santos Padres que aun que son preciosos, no lo parecen tanto como una Biblia del siglo XI y acaso anterior. Es un volumen, folio máximo, en vi¬ tela de doscientas dieciocho hojas escrito a dos columnas que comprende hasta el libro de los Salmos... El principio de cada libro está ilnminado con lujo ; de lo cual para formar una idea completa basta decir quela primera sola plana de los Salmos ocupan estas solas palabras «Beatus Vir.». Balces) A.(Foto Hl1(reers9matpaau4nodn6dr). Bibloteca LA CULTURA S85 Pero el verdadero tesoro bibliográfico de Poblet lo cons¬ tituye hasta 1835 la magnífica colección de libros donada por don Pedro Antonio de Aragón hacia, la segunda mitad del siglo XVII, que ha sido llamada el erudito don Pablo Font por de Rubinat «una de las más notables colecciones de Europa». La montaron nuestros antepasadosla primera de las en dos salas antes mencionadas, la inmediata al lugar llamado locutorio. Encerrados los libros en riquísimos armarios de ébano, se gnardaban unos cuatro mil doscientos volúmenes que constituían el fondo de aquella famosa colección y esta¬ ban encuadernados con uniformidad, dando — los pocos ejemplares conservados agradable impresión de igual¬ — una dad de colores y trazos. El estilo de la encuademación es el romano, severo, elegante y muy usado en España, entonces prácticamente dueña de Italia. Sobre marroquín granate, se destaca un cuadro ejecutado a la rueda con florones interio¬ res y el recuadro con la misma u otra rueda y en el ángulo exterior castillos y leones, destacandoel centro el escudo en del donante, en los más de los volúmenes, o el de su casa, en otros, o el de su hermano, el cardenal don Pascual, y no pocas veces el de Cataluña, según puede verse en algunos ejemplares conservados. El contenido o calidad de estos libros diverso. era muy Hoy poseemos ejemplares impresos, riquísimos como lo son los tomos de la Geografía Blaviana, la Roma subterránea, de Bossio, y algún otro. Los incunables son rarísimos, si existe alguno. El resto eran obras de actualidad en el si¬ glo XVII o reediciones. El Padre Villanueva, que conoció aquel 25 386 HISTORIA DE POBLET tesoro en su total integridad, dice que «a la preciosidad de la estantería, toda de ébano, cerrada con cristales, y a la uniformidad de las buenas encuademaciones corresponde la importancia de los códices contiene, los cuales no son de que gran antigüedad, aun los padres y poetas griegos y latinos e historiadores que por lo común son manuscritos italianos de los siglos XIV y XV.» Cita a continuación los códices que contenían las obras de Píndaro, la Liturgia de San Juan Cri- sóstomo, el Examerón de San Basilio, las Retractaciones de San Agustín y el libro de Natura y de Gracia, los Sínodos de San Hilario de Poitiers, el Periarcon de Orígenes co¬ mentado por Rufino, las Obras de San Ambrosio y otros au¬ tores, entre ellos unas obras de Séneca en italiano. Hoy conservamosde esta famosa Biblioteca algo más de cien ejemplares, procedentes de devoluciones generosas y de entusiastas amigos de nuestro Cenobio y algunos adqui¬ ridos por la actual Comunidad. Esparcidos por todo el mundo, se conservan y conocen unos setecientos ejemplares. ARCHIVO El Archivo de Poblet es tan antiguo como el Monasterio. Estaba instalado en las tres evocadoras salas que corren pa¬ ralelas al dormitorio, sobre el Aula Capitular. En sesenta y ocho muebles armarios, divididos en varios compartimentos yéstos en cajones, se custodiaba el tesoro documental del Monasterio, abundantísimo y de suma importancia. LA CULTURA 387 Nopudiendo ofrecer al lector cifras exactas de lo que contenía, porque la desaparición de índices, registros y ca¬ tálogos de documentos es casi total y, en lo que se conserva en Madrid, en el Archivo de la Corona de Aragón y en Po¬ blet, no hay todos los documentos del mismo, anotemos que se han salvado unos veinticinco mil pergaminos, muchísimos papeles, legajos y libros. Englobando lo que actualmente se conserva en una sola cifra, nos dará como resultado la exis¬ tencia de más de cien mil documentos. El Archivo de Poblet tenía gran importancia. Lo consti¬ tuían multitud de Privilegios pontificios y reales otorgados a la gran Casa desde su fundación hasta sus últimos tiempos, escritos en numerosos pergaminos, correspondencia real in¬ teresantísima bajo todos los aspectos, incluso el político, dada la huella que nuestro Cenobio marcó en los destinos patrios ; documentación de otros Monasterios, que alcanza desde la que se refiere a Cíteaux hasta los más humildes Prioratos que, en su empuje expansivo, fundó Poblet. Los títulos de sus propiedades, tierras, casas, castillos y baronías, con la administración de los mismos, la legislación peculiar y mo¬ délica de unos veinte mil súbditos, en los que hay que contar multitud de procesos, libros de rentas, de censales, de lau- demios y de toda la balumba propia de los señoríos feudales. Los protocolos de las escrituras hechas ante los Monjes ar¬ chiveros, reconocidos como notarios reales y con facultad de actuar como tales desde comienzos del siglo xiii (1209), y la documentación de la Comunidad, no pequeña y de gran importancia dada la universalidad que siempre conservo 388 HISTORIA DE POBLET — todos los estamentos de la sociedad tuvieron represen- ciones entre nuestros Monjes — y las misiones que con fre¬ cuencia desempeñaron de carácter religioso y político. Todo nos da sobradamente una idea algo aproximada de lo que fué nuestro Archivo : un verdadero arsenal de cultura, prin¬ cipalmente histórica. La instalación del Archivo era perfecta, gracias al celo que demostraron los Abades de todos los tiempos, que no ahorraron esfuerzos económicos para la custodia y conser¬ vación digna de aquel tesoro y una serie de Monjes archive¬ ros, verdaderos maestros de la ciencia de ordenar documen¬ tos, hacían muy fácil el manejo de aquella vida de varios siglos conservada en pergaminos y papeles de todas las épocas. Recordemos algunos de estos notables ardhiveros, no todos, que han sido notables y verdaderas providencias para el mismo, sino los más destacados, cuyas huellas nos son más conocidas. En el siglo xvi, encontramos al P. Martín Marquina, que revisó toda la documentación que hasta en¬ tonces había conservado el Monasterio, la cual copió en gran parte y extractó en su totalidad. Trabajo ímprobo, verda¬ deramente monástico y de gran utilidad. Por desgracia, su meritísima labor apenas ha podido conservarse y muy im¬ perfectamente utilizarse, porque el papel usado por el Padre Marquina era de muy mala calidad y la tinta con que escri¬ bió, sobrecargada de óxido de hierro, ha destruido en gran¬ des sectores la labor caligráfica de aquel Monje benemérito. Otro Monje celoso de nuestro Archivo era Dom Juan Va- LA CULTURA 389 llespinosa, varón cultísimo todas las ciencias eclesiásticas, en trabajó en la organización y catalogación del Archivo y con¬ fección de índices que hacían accesible aquel depósito inapre¬ ciable. Perfectamente distribuido en nuevas tecas y armarios, era de los mejores archivos de su tiempo. Vivió durante la primera mitad del siglo xvii. moría el P. Justo Coll, que pasó gran parte de su En 1795, vida leyendo y estudiando una por una todas las piezas ar¬ chivadas en Poblet, confeccionando índices que daban un fiel extracto de cada documento, índices afortunadamente con¬ servados, aunque muy parcialmente, en lo más esencial de los mismos y que aun hoy podrían servir de pauta para nuevas catalogaciones, en el caso de que viniera una provi¬ dencial recuperación del archivo pobletano. En la actualidad, nuestro Archivo contiene unos quince mil documentos, en su inmensa mayoría originales. LOS COLEGIOS El Abad de Claraval Dom Esteban Lesington fundó en París el célebre Colegio de San Bernardo, Colegio que fué aprobado por el Capítulo general de 1245, y agregado a la Sorbona. Poblet, que era de la filiación de Claraval, envió desde entonces sus Monjes más aprovechados a completar sus estudios y ampliar su formación científica a aquel centro cultural, recibiendo los grados académicos en la Sorbona. Obtenida una parte del edificio en usufructo perpetuo 390 HISTORIA DE POBLET para residencia de los estudiantes de Poblet, partían éstos todos los años del Monasterio hacia París. Hacíase el viaje no pocas veces apie, o en cabalgaduras, hospedándose, cuan¬ do los encontraban, en Monasterios de la Orden, en mesones o donde les posible. Pero estos viajes a París resultaban era muy pesados, difíciles, económicamente caros y sobremanera peligrosos, por la mala organización de los servicios de orden público en aquellos tiempos que nunca supieron o pudieron acabar con los salteadores de caminos. Indudablemente en alguno de estos viajes debióse dar algún hecho trágico que la correspondencia del rey don Pedro IV registra y no es aven¬ turado decir que más de una vocación debió salir harto per¬ judicada. Todo ello movió al Abad Copons a pedir la influen¬ cia del rey Ceremonioso ante la Santa Sede, a fln de que se concediese ala Universidad de Lérida el privilegio de con¬ ceder grados académicos de Teología, para que los Monjes de Poblet no se viesen en la precisión de hacer aquellos viajes y estancias París. El documento es honrosísimo para nues¬ en tra Casa, comenzando con este elogio : «Dicho Monasterio (Poblet) es reputado solemne no sólo en España sino entre los monasterios del mundo.» Sigue inmediatamente una lista de privilegios que el monarca Cenobio», uno pide para «su de los cuales es el mencionado de poder tomar los grados aca¬ démicos en Lérida, que evitaría expensas excesivas, viajes penosos, enfermedades y aun parece al lector del menciona¬ do documento que alguna tragedia dejó huella de aquellas peregrinaciones científlcas a través de aquel mundo feudal. LA CULTURA 391 Don Pedro IV dice textualmente en su exposición ; «Al ir o al regresar pasanpeligros diversos y han de hacer dispendios extraordinarios, tanto en sus bienes como también en sus personas, de suerte que algunos de ellos por aquellos viajes pasaron graves e inacabables enfermedades y algunos no pudieron escapar a la muerte.» La gracia pedida fué benignamente otorgada ; nuestros Monjes acudieron para obtener el doctorado a la Universidad de Lérida sin abandonar con todo el Colegio de París. Hemos de observar, no obstante, que hasta la mitad del siglo xvi (año 1570) no fué edificado nuestro Colegio de San Bernardo, anejo a la Universidad leridana. Nuestros Monjes lograron marcar huella profunda en el célebre Colegio parisiense, no sólo material en la porción que en el mismo ocupaban — hasta la revolución francesa, se destacaba por el escudo de nuestro Cenobio —, sino por las virtudes monásticas de que dieron ejemplo y por la ciencia y amor al estudio. No pocos de nuestros estudiantes fueron agraciados con todos los grados académicos ; otros, conoci¬ das sus cualidades por los superiores, fueron honrados con misiones delicadas que les confió la Orden hubo algu¬ y aun nos que explicaron Teología en aquella célebre Universidad. Todo lo cual era motivo de orgullo para nuestros Monjes, Abades y reyes que miraban con tanto amor las cosas po- bletanas cual si fueran propias. De este amor y entusiasmo tenemos pruebas documenta¬ les importantes. Los reyes, en su afán de que nuestro Ceno¬ bio fuese un centro de cultura religiosa, llegan incluso a 392 LA CULTURA sufragar las pensiones viajes de nuestros Monjes estudio¬ y sos que los superiores enviaban a París. En 1378, don Pedro, el Ceremonioso, concede al Monje Jaime Gallur ciento diez sueldos para sufragarse los gastos del viaje que debe empren¬ der de Poblet a París. En 1381, el día 4 de septiembre, se conceden del tesoro real cien sueldos para que puedan ir los PP. Jaime Carbó y Antonio Eranco, Monjes de Poblet, al Colegio de San Bernardo de París a completar sus estudios. En 1400, el rey don Martín, el Humano, escribe a nuestro Abad pidiendo que el P. Dom Bartolomé Escuder, que estu¬ diaba en la Universidad de París, sea nombrado Limosnero de la Casa real. El era, según la carta del rey, quien Papa se interesaba en ello. El Capítulo general y el Abad de Cí- teaux sacan, en 1377, a Dom Bernardo de Sanromá del Mo¬ nasterio de Poblet para que vuelva a ocupar su cátedra de Teología, a pesar de la oposición de don Martín, el Humano, y cuando éste quiere prohibir sn estancia en París y que enseñe en su cátedra, las autoridades supremas de la Orden le acogen y le confían misiones honrosas de importancia. De las aulas parisienses salieron Monjes poble taños eminentes en letras y dignidades, como el P. Magdale, doc¬ tor y profesor de Teología en la ETniversidad de Tolosa, ciu¬ dad la que había otro Colegio cisterciense ; el P. Ripoll, en que ocupó una cátedra en la Sorbona ; el P. Jaime Ricart, censor de los libros de Arnaldo de Vilanova ; Dom Guillermo de Agulló, Abad de Poblet, y Dom Vicente Eerrer, doctor en Teología y Abad sucesor del antes mencionado Dora Gui¬ llermo y otros recordados en diversas partes de este libro. LA CULTURA 393 En 1570, dejaron definitivamente nuestros Monjes de acudir a París para hacerlo desde entonces en el Colegio de Lérida o en Roma. Tuvo nuestro Monasterio, además del Colegio de Lérida que acabamos de nombrar, el de Cervera, agregado a aquella Universidad creada por Felipe V, y asistían últimamente nuestros estudiantes al Colegio que la Congregación cister- ciense aragonesa edificó en Huesca y que perduró hasta 1835. Pero estos Colegios nunca tuvieron la importancia del de San Bernardo de París. Para colofón de este breve repaso de la obra cultural de Poblet, a través de siete siglos de vida monástica, damos una breve noticia de nuestros escritores, noticia forzosamente incompleta por las razones expuestas al comenzar este capí¬ tulo. No nos atrevemos a llamar nota bibliográfica a estos apuntes que siguen, porque la desaparición de nuestra bi¬ blioteca — casi total — encerraba en de los manuscritos que sus repletos armarios, la rareza de las publicaciones poble- tanas de obras escritas por nuestros Monjes y la obscuridad muy densa que aun reina en tomo de las filiales de Poblet — Piedra, La Real, Benifaçà y San Vicente de Valencia — hacen imposible la redacción de la bibliogrMía pobletana. Se ha escrito que Poblet no ha tenido escritores. Esta aseveración no es exacta porque ha sido hecha después de la ruina de nuestro Cenobio, cuando el musgo y las román¬ ticas trepadoras cubrían el esqueleto del gran caído y cuando el abandono, la rapiña y el polvo ocultaban, tal vez para siempre, los escritos de nuestros antepasados. Serra y Pos- 394 HISTORIA DE POBLET tius en su lioro «Finezas», escribe que vió «en una segunda librería que es también por la mayor parte de libros manus¬ critos y son cerca de cuatrocientos, muchos de ellos origina¬ les, escritos por varios Monjes de aquel Monasterio doctos y santos». Más fundada la afirmación de que estas es obras manuscritas no vieron la luz pública ni fueron impresas, al menos en su totalidad. Una labor, que forzosamente ha sido incompleta por falta de tiempo y medios, ha dado por resultado la confección de la siguiente nota de escritores de Poblet, que ofrecemos al lector, teniendo en cuenta el sistema de clasificar los estu¬ dios eclesiásticos. Teólogos. — Hasta muy entrado el siglo xiv, no hemos encontrado ninguna obra original escrita pornuestros Mon¬ jes y, a pesar de que se sabe que escribieron, ni de los Ricard, Sanromá, Ferrer, Ripoll y otros que fueron eminentes doc¬ tores de la ciencia de Dios, han quedado obras escritas por ellos mismos. El Monje Dom Miguel Aparicio fué el primero que nos ofrece un volumen en folio que tituló «Tractatus Historico- Canonicus et Moralis de Sacramentis». El P. Finestres pondera esta obra, que tal vez conoció, ya que habla muy elocuentemente del Monje santo, estudioso y defensor de las fuentes de la gracia divina. Era de un lugar vecino de Calatayud, había entrado muy joven en la Orden y, después de haber ocupado cargos importantísimos en la misma, fué elevado a la Sede episcopal de Sácer. Otro teólogo profundo y gran escritor fué el P. Gaspar LA CULTURA 395 Valpedrosa, sacerdote valenciano que en la segunda mitad del siglo XVI se retiró a Poblet y, después de su profesión monástica, dedicóse a su santificación y al estudio. Conoce¬ mos de él los siguientes tratados : «De Perfeccionibus Chris- ti», «De Trinitate» y algún otro de más reducidas propor¬ ciones, como el tratado «De Sacramentis». El P. Félix Genover, natural de Vilanant (Gerona), entró niño en el Monasterio, edificando a todos por su conducta observante y amor al estudio, al mismo tiempo que sus gran¬ des cualidades le hicieron capaz de desempeñar los más difí¬ ciles cargos de la Orden hasta alcanzar la dignidad abacial en 1728-1732. Escribió «Selectae Disputationes in Theolo- giam». Volumen en folio, impreso en Barcelona en 1732, debiéndosele además varias obrillas apologéticas. Como moralistas, cabe señalar al P. Vallpedrosa que pu¬ blicó un tratado «De Praeceptis Decalogi» y otro que tituló «Observationes de casibus conscientiae in Inchiridion Doc¬ toris Navarri». El ya mencionado P. Genover publicó una obra titulada «Tractatus de Praeceptis juxta mentem divi Thomae» y «Tortura Tortaurae». Tampoco han faltado en nuestro Cenobio Monjes cultos que se dedicaran a estudios bíblicos. Ya en el Capítulo general celebrado en 1198, se trató de un Monje de Poblet que, para mejor entender en los estudios de la Sagrada Escritura, había aprendido la lengua hebrea de un famoso maestro rabino. En el siglo xviii, Dom Baltasar Sayol, hombre doctísimo 396 HISTORIA DE POBLET y que fué Abad en el cuatrienio 1736 a 1741, escribió santo, una «Exposición literaria de los libros primero y segundo de Esdras» en dos tomos y folio, signiendo a ésta, otra obra, también en dos tomos como la anterior, que tituló «Exposi¬ ción literaria de los Paralipómenos». El Monje-Cardenal Dom Juan Martínez de Murillo es¬ cribió una obra muy voluminosa de Derecho eclesiástico, que tituló «Opera variae utriusque juris». El libro «De Sacrificio Missae», del P. Genover y el «Sa- crificium Missae» dos volúmenes, original del P. Dom en José Queralt ; el áureo librito del P. Cercos, titulado «Ra¬ millete litúrgico», con las obras del Abad Dor da, del Padre Sentís y el Ordinario, según la sagrada Orden del Císter, nos certifican de una tradición litúrgica, que extiende sus manifestaciones escritas desde el siglo xv hasta muy entrado el XIX. También ha tenido Poblet una escuela de formación mo¬ nástica que, aunque no nos ha dejado todas las obras que produjo, algunas de ellas, de carácter ascético-místico, ponen a gran altura aquellos escritores. a Arnaldo de Amalrich, que fué Abad de Poblet (iigó- 1198), recopiló para la formación de los jóvenes los estatutos de la Orden que tituló «Statuta Ordinis». El P. Baltasar Sayol escribió una colección de conferen¬ cias ascéticas que dirigió a sus Monjes durante el tiempo de su Abadiato (1736-1741), y una hermosa exposición de la Regla de San Benito. El P. Cercos, que fué uno de los postreros Maestros de LA CULTURA 397 Novicios, escribió un bellísimo tratadito titulado «Deberes monásticos para religiosas cistercienses según la regla de nuestro P. San Benito». Quedan algunos manuscritos bre¬ ves que versansobre formación monástica. Pero la lista bibliográfica más extensa la dan nuestros historiadores y cronistas, que dejaron multitud de obras so¬ bre este importante ramo del saber. Desde los primeros tiempos del Cenobio no faltaron Mon¬ jes amantes de la Casa que, en manuscritos anónimos, con¬ signaban los hechos más notables a medida que iban suce- diéndose y, aunque estos cronistas resultan poco interesantes porque no dan vida a las gestas por ellos presenciadas, ni sus afirmaciones tienen siempre una sólida base crítica y do¬ cumental, prestaron servicio a los historiadores que les gran sucedieron. El P. Finestres aprovechó para su «Historia de Poblet» no pocos de estos humildes documentos, citándolos con frecuencia, y otros analistas hicieron lo propio. En Madrid, donde se guarda el fondo principal del ar¬ chivo del Monasterio, se conservan muchos de estos trabajos y tal búsqueda paciente sería premiada con hallazgos vez una grandemente útiles. lina vez más brota el agradecimiento hacia aquellos Monjes de 1835 salvaron el archivo. que No pudiendo ni mencionar tan siquiera a alguno de estos innominados autores que se conservan, daremos una ligera nota de los de mejor prestancia. Dom Miguel Delgado, natural de Villaipun (Calahorra), que desempeñó por sus cualidades los cargos del Monasterio de más responsabilidad y ocupó como hemos visto, puestos 398 HISTORIA DE POBLET muy importantes de consejero, confesor albacea testamen¬ y tario de los reyes de Aragón y fué varias veces embajador ante los Papas Nicolás V y Calixto III, hecho Abad de Poblet (1458-1478), dejó manuscritas las Crónicas de Alfon¬ so V de Aragón, de don Juan II y la del infortunado Carlos de Viana. Dom Juan Payo Coello, de nación portuguesa, pero nacido en Zamora, trocóse de militar en Monje de Poblet y fué de tan enérgica voluntad qne a pesar de sus años, no sólo estudió con provecho, sino que se doctoró en Teología laen Universidad de Salamanca. Fué hecho Abad en 1480. Fscri- bió una obra monumental, que tituló «Historia cronológica en que se trata todo lo concerniente a la historia general hasta el año», obra muy respetada y consultada en aquellos tiempos. El célebre archivero Dom Martín Marqnina escribió un «Epítome de la historia de Poblet, 1564-1583», en dos volú¬ menes. De su labor de archivero hicimos breve mención al hablar del Archivo. Dom Vicente Prada, natural de Valencia, fué diputado de la Generalidad de Valencia y Abad de Poblet (1680-1684). Conservamos en nuestro Archivo un precioso manuscrito suyo, titulado «Pallida Mors», que es la historia e inventario de los grandes enterramientos de Poblet. Da obra está dedi¬ cada a la Inmaculada Concepción. Dom Joaquín Arbolí, Abad en 1660-1664, una obra titulada «Antigüedades de Poblet». El P. José Queralt y Noet, natural de Conesa, escribió, en 1706, una relación histórica del serenísimo príncipe de LA CULTURA 399 Viana don Carlos, dedicada al Abad Dorda y una «Relación histórica de la religión benedictina : Congregación Cister- ciense y Real Monasterio de Poblet». Bien conocida es la obra del P. Dom Jaime Finestres, en cinco tomos, titulada «Historia de Poblet». Fué impresa desde el año 1753-1765 ; es un verdadero arsenal de nuestra historia, y, ante el hecho irreparable de la destrucción, será siempre cantera riquísima de la que se podrán sacar noticias preciosísimas de lo desaparecido. El P. Carlos Fortuny, natural de Catllar, entró en Po¬ blet el año i6go. Fué secretario del Abad Dorda, conser¬ vándose de él una colección de cuadernos que tituló «Cua- derns del Pare Fortuny», los en que describe con detalles curiosos la historia de nuestra Casa. Escribió, además, una «Vida del príncipe de Viana». El P. Maestro Pocurull publicó un gran volumen de ser¬ mones y escribió, en nueve apretados tomos, los sucesos ocurridos en Europa desde 1640 a 1755, de los cuales se con- servau pequeños fragmentos. Del P. Baltasar Sayol, gran temperamento monástico y Abad durante el cuadrienio 1732-1736, queda un volumen que se titula «Grandezas de Poblet» y que también se con¬ serva en Madrid. Estos son los autores pobletanos de obras históricas conocidas hasta hoy, quedando en la sombra una verdadera multitud de cronistas innominados y de obras más humildes, a los que no hemos querido dar cabida en gracia a la bre¬ vedad. 400 HISTORIA DE POBLET Del Abad Delgado se había escrito una sabe además que obra titulada «Asuntos político-morales», relativos a las con¬ diciones, cargos y confianzas debidas a los Papas, reyes y principado de Cataluña. . Al comenzar el siglo xvi, gobernó la Casa un gran Abad, Dom Domingo Porta (1512-1525), varón muy ejemplar y cultísimo. De él se tienen noticias de haber escrito «Obras político-morales» y una obra en verso, en la que se narra la fundación de Poblet. Esta es la obra cultural de superficialmente Poblet, muy bosquejada por desconocida, que, desarrollándose a tra¬ vés de siete siglos de intensa vida monástica, llega hasta el áño 1835, sufriendo un golpe definitivo con la destrucción revolucionaria del Monasterio ; obra cultural alentada por hombres sabios, que desde los primeros tiempos de Poblet, conscientes de su vocación de Monje, crearon junto a un gran «Scriptorium», una magnífica Biblioteca y un Archivo repleto de historia monacal y patria. Saliendo una pléyade de historiadores, teólogos, moralistas, escrituristas, hombres consagrados a la liturgia, al estudio de las leyes y a la ora¬ toria sagrada. Y esta visión cultural de Poblet, dotada de espíritu de expansión, irradió en sus célebres filiales : Piedra, Da se Real de Mallorca y Benifacá, saturadas del mismo espíritu emprendedor y dotadas de amor a la ciencia que les infundie¬ ra Poblet. ortsualC ,royam ala .acinámor otoF( .A )slecaB EL ARTE A parte monumental de 'nuestra Abadía es la que todavía sorprende cual ninguna a sus admiradores y excita su imaginación que, ante el espectáculo de este conjunto de edi¬ ficaciones de todas las edades v estilos, los transporta tiem¬ a pos remotos y les hace vivir los días grandes de la historia patria del Cenobio. Aquel conjunto que forman las torres, y cimborios y campanarios, el cielo recortado por las almenas del recinto amurallado, la imponente puerta real, el austero atrio que da ingreso al claustro mayor, riquísimo de luces, deperspectivas y de tumbas ; el aula capitular y el templo mayor, los dormitorios y sacristías, los palacios y capillas y tantas otras dependencias, muestran aún al amante de las obras maestras de la humanidad, al Monasterio que llevó la vida cisterciense hasta las últimas consecuencias en la san¬ tidad, en la cultura, en la austeridad y en su impresionante arte monástico. Porque, aun hoy, después de cien años de destrucción sis¬ temática y de varias centurias de superposiciones a la obra medioeval, la auténticamente nuestra, es Poblet el modelo, el tipo acabado de la vida cisterciense que ofrece el plan más completo, y, en su desarrollo, de máxima austeridad decora- 2o 402 HISTORIA DE POBLET tiva y de elegancia arquitectónica, atreviéndonos a afirmar que, siguiendo en peregrinación artística los antiguos Mo¬ nasterios de la Orden que subsisten, pocos hallaremos que puedan comparársele y acaso en ninguno se conservan con tanta fidelidad y grandiosidad la disposición ideada y luego impuesta porlos Padres de la Orden y legislada por el Su¬ premo Organismo de la misma, el Capítulo General. Al escribir esta última parte de nuestro libro, nos propo¬ nemos dar a conocer al gran público el origen, funciones y valor arqueológico de las grandes construcciones de Poblet, de aquellas, sobre todo, que son esenciales a su organización de Casa Cisterciense. En toda organización monacal de nuestra Orden des¬ tacan siempre estas tres notas que la hacen inconfundible : situación geográfica, igualdad de plan con idéntica función de cada una de las dependencias y austeridad en la deco¬ ración, con una belleza arquitectónica notabilísima debida a la grandiosidad y a la elegancia. Situación, austeridad e igualdad de plan fueron creadas, organizadas, legisladas y sumamente vigiladas en todas las fundaciones de los si¬ glos XII y XIII y Poblet fué fidelísimo en sus períodos de oro a estas directrices, a las que obedece siempre su empuje constructor durante sus siete centurias de vida. El «Exordium Parvum» de 1120, la «Charta Charitatis» de San Esteban Harding, confirmada Calixto II en 1119, por las «Consuetudines» de 1134, las «Institutiones» de 1240 y 1256, contienen la legislación sobre fundación de Monaste- EL ARTE 403 rios, elección de su emplazamiento y todas las normas para la construcción emanadas de los fundadores del Císter y de los Capítulos Generales. Estos monumentos literarios y le¬ gislativos no pueden ser hoy críticamente discutidos : su au¬ tenticidad y veracidad son inconmovibles y de ellos nos ser¬ vimos para la redacción de este capítulo. El espíritu de la Regla de San Benito impone el empla¬ zamiento del Monasterio lejos de lugares poblados. Todas las necesidades que la vida monástica requiere deben satisfacerse dentro del recinto conventual, porque no conviene a los Mon¬ jes vagar fuera del Monasterio y los «Instituía Generalis Capituli» de 1134 comentan la Regla con estas palabras : «Los Cenobios no deben ser construidos en las ciudades, en los castillos o en las villas, sino en lugares apartados del bu¬ llicio de los hombres.» Había que buscar, pues, lugares so¬ litarios, desiertos y alejados de los núcleos de población de los que cada Monasterio debía estar apartado por lo menos dos leguas borgoñonas. Para escoger estos parajes solitarios, dábase libertad en los primeros años de la Orden al primer Abad de la nueva fundación el cual podía aceptar el terreno para la edificación de la nueva Abadía, si le parecía apto para el emplazamiento y reunía todas las condiciones para una vida cisterciense aus¬ tera. Además debía estar también separada de cualquier otra Abadía cisterciense diez leguas borgoñonas según los «Ins¬ tituía» de 1134 poco ha citados. Pero en 1152, un año antes de la inauguración del Poblet 404 HISTORIA DE POBLET actual (8-IX-1153) el Capitulo General, ante ciertos abusos debidos a celo poco moderado de algunos Abades fundadores, hubo de intervenir prohibiendo toda fundación y elección de emplazamiento sin la aprobación de aquel Supremo Poder de la Orden que debía nombrar una comisión examinadora de las condiciones de la futura casa y de su emplazamiento. Nuestros Monasterios están ordinariamente emplazados en lugares maravillosos por su belleza natural, por su abun¬ dante vegetación, soledad y copiosas Poblet, Santes aguas ; Creus, Piedra, escogidos al Cenobios que tanto im¬ azar, son presionan por su grandiosidad artística como por la belleza natural que les rodea. Y es que, pensando en la grandeza de la Obra del Creador y en las necesidades de la vida monástica, fueron siempre los valles, predilectos parajes para nnestras fundaciones : allí el silencio y la soledad invitan al recogi¬ miento, la abundancia de aguas permite la limpieza, la crea¬ ción de industrias, de talleres, oficinas, molinos y fecunda los prados, huertas y jardines. A veces era una pequeña hondonada cerrada a todos los vientos ; otras,las más, un gran valle, como en el caso de Poblet. Siempre, empero, hay al lado un río o por lo menos un torrente y jamás falta un abundante manantial de agua que debe llenar de sobras las exigencias de un gran monas¬ terio ; este es el caso de nuestro Poblet. Encontrar lugares bellos y útiles requería cuidado y visión práctica del triple objetivo que se pretendía espiritual, sanitario y útil a la : vida material. Este triple objetivo era tan básico en la nueva fundación que, si faltaba uno, el Capítulo General la recha- EL ARTE 405 zaba o permitía el cambio de emplazamiento, como lo impuso San Bernardo a Belleperche y Hantecombe y rehusó fundar en Palestina, a pesar del apoyo económico y magníficas do¬ naciones que le ofreció Balduíno 11, rey de Jerusalén, «ob incursus paganorum et aëris intemperies» (Bernardi vita. Lib. Ill, cap. VIII, n.° 22) y bien conocido nos es el cambio dë emplazamiento de Santes Creus por falta de agua su¬ ficiente. Y en pleno siglo xiii, entre los decretos emanados de varios Capítulos Generales, encontramos los siguientes he¬ chos que se refieren a Poblet : En 1234 los Abades de Poblet y de Santes Creus son comisionados para examinar el em¬ plazamiento de Valldonzella e informar de la necesidad del cambio de la casa a otro paraje ; en 1294 el mismo organismo de la Orden delega a los Abades de Poblet y de Escarpe para que visiten el Monasterio de Santa Ee (Fuenclara hasta en¬ tonces) dictaminen sobre el cambio de emplazamiento ; y en y 1297 el rey de Aragón quiere fundar un monasterio que el Capítulo General no nombra y encomienda el examen del emplazamiento a nuestro Abad y al de Piedra. Otro aspecto que debe tenerse en cuenta en la hora de la fundación de una de nuestras Abadías y de la que dependía siempre su capacidad de ser una gran casa cisterciense, es la de los medios económicos para obtener su fin. Con frecuen¬ cia el estancamiento inicial de un monasterio no tanto se debe a insuficiencia de energías espirituales sino también, y esta dificultad pesa mucho, a escasez económica que coharta las posibilidades de am.p]itud y expansión, imponiendo una vida 4C6 HISTORIA DE POBLET miserable, no pobre, que acaba por dejar perecer en esterili¬ dad terrible a las mismas vocaciones. Con sobrada razón vi¬ gilaba tanto el Capítulo General durante aquellos tiempos toda fundación que se le proponía. Orderic Vital, en su «Historia Eclesiástica» publicada por Migue, explica como «todos los Monasterios cistercienses se levantan en desiertos y en bosques y que los religiosos los construyen por sus propias manos». Una vieja estampa del Museo Germánico de Nuremberg prueba esta aserción y, si bien de Poblet tenemos vagas pruebas de este aserto, no obs¬ tante el P. Finestres nos explica como los Monjes de Benifazá, fundación filial de Poblet, iban todos los días desde el cas¬ tillo de Santa Escolástica, que les servía de morada transito¬ ria hasta 1250, a trabajar en las obras del nuevo y definitivo Cenobio. Encargado de la construcción lo siempre un Monje, el es «operarius», y como tal suscriben muchos los documentos que se refieren a las obras y aun en otros ajenos a ellas, lo cual demuestra que este cargo era tenido en consideración ; en Poblet conocemos el nombre de varios por constar en docu¬ mentos en los que firman como tales. En el Cartulario Menor que hemos tenido a mano leemos los nombres de Bernardo de Portaregia, otro llamado P. Salas, etc., a quienes vemos arrendar canteras, comprarlas o recibirlas en donación. Junto a los Monjes Conversos trabajan siempre obreros a quienes y el Cillerero provee de comida, bebida y reparte el sueldo. Para e.stos últimos los manjares son de superior calidad que los EL ARTE 407 de los Monjes y Conversos ; se les permite el uso de grasas y carne según los Estatutos del Capítulo General de 1134, pero deben comer fuera del Monasterio. Ea identidad de las marcas de los canteros de Poblet y de los de la Catedral Vieja de Lérida puede probar la existencia de mismos obreros unos en ambas obras. La dirección económica corría por cuenta del Monje Celerario y la constructiva atañía al Monje obrero, «operarius». Los materiales que se empleaban eran piedra, madera, ladrillos de grandes dimensiones, cal y arena para mortero y aun tierra ; en Poblet encontramos algo de todo ello : grandes muros de piedra, otros de ladrillo y tapia, con cubierta de madera sin pretensión de artesonado. La piedra en los fundamentos era algo desbastada y solía emplearse por lo menos en Poblet conglomerado pudinga, mientras que la o que salía a flor de tierra y formaba los grandes lienzos de las dependencias o construcciones solía ser arenisca o caliza y tenía los paramentos y fachada desbastadas al menos a punta de escoda ; casi siempre era piedra labrada. Ejemplo de lo que venimos afirmando nos lo proporciona la bodega de Poblet que fué el antiguo comedor de los Monjes Legos. En orden a las construcciones, impusieron las Autoridades de la Orden, mediante Decretos y Estatutos, verdaderas ins¬ pecciones lograr las medidas de prudencia necesarias para para terminar las dependencias de los Monasterios recién fundados ; esta legislación comienza en 11,34 y ss prolonga hasta comienzos del siglo xiv y, si bien es cierto que se per¬ mitió pedir limosna para terminar las Abadías comenzadas y que eran pobres, el Capítulo General de 1198 prohibió, con 408 HISTORIA DE POBLET todo, emplear como medio la predicación y el de 1204 la or¬ ganización de colectas, y anteriormente en el de 1188 fueron condenadas las deudas superiores a 50 marcos de plata. Se pre¬ tendía y se logró que jamás se fundase una Abadía sin los medios suficientes para todas las edificaciones que le eran ne¬ cesarias y con la debida amplitud construidas, para llevar una vida material que, mediante el trabajo regular, rindiera los medios necesarios. Cuando Ramón Berenguer IV fundó el Monasterio (1149- 1153)) pasaba la Patria por un momento político muy favora¬ ble a Poblet. Terminada la reconquista de Cataluña, con una frontera militar segura en la zona del Ebro y hecha ya la Unión Catalano-Aragonesa, nuestro mundo de entonces pudo ayudar a Poblet de una manera tan extraordinaria que los dos Cartularios que se conservan, el Menor y el Mayor, no contienen otros documentos que los de las fundaciones piado¬ sas, donaciones, contratos ventajosísimos, poder real y de la nobleza puestos a favor de la nueva Casa que fueron de una eficacia tal que, al acabar los cincuenta primeros años (1153- 1203) tiene nuestro Cenobio toda la base suficiente para ser una de las mayores instituciones monásticas que han existido. La Hermandad abre sus puertas a todos los estamentos sociales del país, los cuales aportan los medios necesarios para crear y edificar una gran Abadía. En sólo el Cartulario Menor encontramos multitud de donaciones para la iglesia, oficinas, y otras dependencias regulares ; donaciones de reyes, obis pos, nobles y gente de pueblo que tanto dan dinero, como EL ARTE 409 legan libros o tierras o canteras o bien ellos mismos se ofrecen «en vida para servir y en muerte para gozar de Dios». La nueva Abadía quedaba siempre dentro de un recinto de piedra de madera sobre todo en los comienzos siempre o difíciles y pobres. L1 recinto exterior de Poblet data del tiem¬ po del Abad Porta (1502-1526) ; nada sabemos del antiguo. Dentro de esta muralla quedaban la iglesia, las dependencias monásticas, la enfermería, la hospedería, las oficinas de los monjes artesanos, las de los conversos, como panadería, laga¬ res,bodegas, almacenes, talleres, molinos, huertas, jardines y corrales. Como indicamos recordando la Regla, todo lo ya, necesario para la vida de los Monjes. Junto a la Puerta de este recinto estaba la hospedería que tenía un comedor, un dormitorio en común y una enfermería, en las grandes Abadías, había un hospital para pobres y, casi pegada a la puerta, la capilla de los seglares y mujeres. En Poblet, estos edificios se extienden desde la Puerta dorada hasta la capilla de Santa Catalina, contando el Hospital de pobres y peregrinos. Cuando en el siglo xv se permitió por el Capítulo General que la limpieza y cuidado de la ropa fuese confiada a mujeres, por escasez de Conversos, esta ca¬ pilla se impuso a todas las Abadías y quedó fuera del recinto monacal para evitar infracciones de la clausura. Tal pudo ser el origen de la capilla de San Jorge, además de la conquista de Nápoles. Con frecuencia este oratorio tuvo mayores propor¬ ciones, llegando a ser una iglesia y, en no pocos casos, ver¬ dadera parroquia, como en Santes Creus. 410 HISTORIA DE POBLET Dejadas atrás estas dependencias, más bien seglares, se entraba en el Monasterio propiamente dicho, o mejor en el doble Monasterio, porque en realidad había dos inmensas construcciones o conjunto de construcciones ; una dedicada a los Conversos y próxima a la Puerta y otra, la regular, cobi¬ jaba a los Monjes ; un camino, corredor o paseo separaba completamente las dos edificaciones. Así lo imponen los «Ins- tituta» de 1134 y así lo vemos en nuestro Monasterio. El ac¬ tual recibidor pudo ser antiguo dormitorio de Conversos y, for¬ mando eje con él en la pared opuesta del atrio, se encuentra la llamada bodega, porque lo fué desde el siglo xvi, pero antes era el comedor de los Adonjes Legos, de cuyo respaldo quedan aún huellas en los muros. Mientras, paralelas a estas dos grandes edificaciones y mirando a noroeste, están todas las dependencias del trabajo, almacenes y oficinas. El claustro es el corazón de la Abadía ; casi siempre radiales, por sus enor¬ mes dimensiones que no les permiten ser paralelas, convergen en él las dependencias propiamente monacales. Siempre una de sus cuatro alas se apoya eu el muro de la iglesia. A co¬ mienzos del siglo XIII, impuso el Capítulo General la cons¬ trucción de otro claustro, reducido, en el que era permitido hablar, llamado Claustro del locutorio. Y aun llegaron los Monasterios poderosos a construir el Claustro de la enferme¬ ría.Poblet, Citeaux y Clairvaux lo tuvieron ; en Poblet, por adaptación del de San Esteban en 1414, y en aquellas Aba¬ días Madres, por creación ya en los tiempos de oro de la Orden, siglos xii y xiii. Las dependencias de los Coristas ocupan la parte opuesta EL ARTE 411 a la de los Conversos. Biblioteca o Scriptorium, Loqutorium, Sala capitular volando por sobre todas ellas, en nuestro y, Poblet, el Dormitorio, que en todas las Abadías comu¬ gran nica directamente con la iglesia, la cual une las viviendas de Conversos y Monjes, comunicando con ambas, mediante arcos o puertas. La iglesia ocupa siempre la parte más alta del lugar del emplazamiento, en oposición al ala del claustro pa¬ ralela, en la que hay el calefactorium, la cocina, el comedor y la salida natural por desnivel de todas las escorias que arrastra el empuje del agua ; en esta parte está también el Lavabo o templete. Siempre el agua impone, por su necesidad y dado el curso de su corriente, el emplazamiento de cada una de las dependencias, y las autoridades de la Orden, cuando fijan este criterio práctico, es porque la necesidad de una or¬ ganización abadial sana, limpia e higiénica les obliga. Cuan¬ do la corriente natural del agua no es constante o sigue un curso que dificulta la orientación normal de la Abadía, se levanta la iglesia en la parte más alta del emplazamiento es¬ cogido y siguen las otras dependencias en degradación, mien¬ tras un sistema práctico de canalizaciones conduce el agua a todas las oficinas monacales. He aquí el de Poblet ; la profundidad del torrente caso «deis Albes» que corre desigual e inconstante y su corriente de sur a norte, impuesta por la configuración del terreno, obli¬ garon a los fundadores a invertir el orden en las construc¬ ciones, si se comparan con la inmensa mayoría de Casas Cisterciensés, Santes Creus por ejemplo. Para lograr una abundante provisión de agua, se hizo el pequeño lago de San 412 HISTORIA DE POBLET Bernardo y varias minas, que casi todos los Abades cuidaron con esmero, asegurando este servicio esencial dentro del orden material. Esta situación de Poblet, el plan de construceiones y su simplicidad decorativa, obedecen a unas normas que por un igual se aplican a todas las Abadías ; las mismas excepciones que hallamos en nuestro Monasterio, motivadas por el terreno o el agna, se imponen dondequiera que se presentan. Así se logró que Poblet, fiel a los «Instituta» de 1134, colaborase ya, desde emplazamiento, hasta su regularidad y fidelidad a la su «Charta Charitatis», a la Santa Regla y a las disposiciones del Capítulo General, a la unidad de la Orden, colaboración que es tal vez la nota más emocionante de la historia de nues¬ tra Casa. Nada se podía edificar sin la autorización suprema de la Orden, o sea del Capítulo General, que se reunía todos los años, que mandaba «fueran suprimidas toda suerte de dispen¬ sas, se derribaran los edificios y perecieran las expensas y las obras», levantadas en contra de los estatutos del Capítulo. Nunca merecieron las edificaciones medioevales de Poblet ser derribadas y aun hoy conservan toda su eficacia para volver a cumplir la misión por la que fueron creadas, formando el conjunto de las mismas, la organización arquitectónica cis- terciense mayor y mejor que nos han legado los tres grandes siglos de su historia, xii, Xlii y xiv. Con todo, esta unidad destierra la variedad que no impo¬ nen el clima, los agentes atmosféricos, los materiales de cons¬ trucción, el paisaje y la misma luz, variedad tan notoria e EL ARTE 413 impresionante que crea notas de belleza en Poblet, que no tiene Sautes Creus, y este Cenobio se distingue de cualquier otro del mundo por su especial situación y emplazamiento. Además, y esta es una gran verdad, la Orden Cisterciense al imponer la austeridad y la simplicidad en sus construcciones monacales, nunca pensó abrazarse a lo antiestético y crear en sus edificios, templos y claustros fealdades que repugnaran al sentido común y aun a las mismas almas contemplativas. Y pasemos ya a describir cada una de las dependencias que forman y completan toda organización cisterciense. Comenzamos por el Oratorio que es el centro que anima la vida del Monje y, en consecuencia, de la Comunidad. En la concepción arquitectónica nada prohibieron los Padres de la Orden, como no fueran las exageradas dimensiones de las dependencias y elevación de torres y campanarios. De estas prohibiciones que datan de los primeros veinticinco años del Císter, la primera fué suprimida por lo menos prácticamente por el número extraordinario de Monjes de cada monasterio y la segunda, respetada en general, da a nuestros templos un aire pacífico y humilde que les es típico. Enun principio, dejando ya los tiempos heroicos de ca¬ pillas de madera — Citeaux, Clairvaux —, nuestras iglesias eran sencillas de una sola nave sin arcos formeros con bóveda algo apuntada y ábside plano, así el llamado «Juego de Pe¬ lota» de Poblet,- pudo muy bien ser el primer templo. El claustro del Locutorio se apoya sobre uno de los muros y la galería, incipiente al menos que se dirige hacia la Plaza de 414 HISTORIA DE POBLET las Casas nuevas ; vendría a corroborar esta hipótesis nuestra la existencia de un Poblet del siglo xii ahogado, desaparecido casi, por las enormes construcciones posteriores que desde II8o hasta 1348 no cesaron de ampliar lo antiguo. Dom Marthène cuenta en su «Viaje literario de dos religiosos bene¬ dictinos de la Cong, de San Mauro», que vió la primera igle¬ sia de Citeaux, que medía 25 x 5, muy parecida a la supuesta de Poblet que, como posible, acabamos de mencionar. Con el número de vocaciones acabó este primer ciclo de Oratorios humildes y comenzaron las grandes iglesias con tres naves, crucero, capillas en éste y ábsides planos o con capillas en el mismo presbiterio ; ejemplos, Preully, Gurscamp, Silvanés en Francia ; Santes Creus y Vallbona en Cataluña. De este plan muy general en el siglo sobre todo en Francia, pa¬ xii, sóse a otro en el que todo es idéntico menos el ábside de la nave mayor que era semicircular y lo mismo los extremos del crucero, como en Chaalis (Oise). Sólo faltaba dar un paso más y se llegaba a los ábsides con deambulatorio y capillas radiales ; prototipo Pontigny y Clairvaux. Este modelo fué copiado de las magníficas catedrales de l'Ille de France y del dominio real, si bien prescindiendo de su riquísima decora¬ ción escultórica. Pero aun la voluntad de la simplificación de los constructores cistercienses suprimió la salida al exterior de estas capillas radiales cerrándolas dentro de un muro ex¬ terior circular. Da última evolución arquitectónica la repre¬ sentan los grandes templos de ábside circular, deambulatorio, capillas radiales y cuerpo posterior de las mismas saliente. Das iglesias de Dongpont (Aisne), de Royaumont (Seine et EL ARTE 415 Oise) yOurscamp (Oise) presentan este plan. Poblet, Fitero y Moremela en España lo copian. El abside solía tener cinco capillas y dos en cada brazo del crucero. Eitero es típico en este aspecto, mientras que Poblet tiene cinco en el ábside y sólo dos repartidas en el crucero. Algo más tarde, siglo xiii, un atrio o pórtico, llamado paraíso o galilea, suprimía parte de la fachada antigua y era añadido al templo como lugar de refugio para los seglares y a veces guardaba tumbas de bien¬ hechores. Poblet tiene este atrio o galilea que como pórtico perdió sus cinco arcos, al el siglo xiv, cuando ser cegados en la construcción de las murallas. 'magnífica iglesia Nuestra acabada en los primeros años del siglo xiii debió ser la admi¬ ración de nuestra tierra, que aun no tenía acabada ninguna de las grandes catedrales que son hoy nuestro orgullo. No es extraño que Alfonso II escogiera este magnífico templo mo¬ nástico como lugar de su sepultura. En el siglo XIV, el Abad Copons (1316-1348) abrió siete enormes boquetes en la nave lateral de la Epístola, derribó probablemente la bóveda y, ante el peligro de desplome tota? del edificio, montó una serie de contrafuertes que cumplen su misión magníficamente. Los boquetes se convirtieron en ca¬ pillas góticas de bella crucería y la bóveda de la nave lateral se elevó algo más. Esta es la única y grande reforma que se hizo en nuestro templo mayor. Con el cimborio terminado, aquella magnífica obra hubiera quitado en el exterior toda la simplicidad y austeridad propias de las iglesias cistercienses, como en el interior en gran parte se la quitaron los panteones reales construidos durante los siglos xiv y xv, como en el xvi 416 HISTORIA DE POBLET el retablo del Abad Caixal (1527-1531) cegó el ábside y nos legó una obra de arte, ciertamente discutible, que es la antíte¬ sis de la austeridad y simplicidad de la iglesia de Poblet en lo tocante a decoración. El siglo xvii vió aparecer los relicarios de la Casa de Cardona, unidos al retablo mayor y en la misma época y ejecutados por los mismos artistas Grau de Manresa fueron construidas las cámaras sepulcrales y las tumbas de don Enrique de Aragón y de Alfonso V el Magnánimo. Desde entonces el crucero, presbiterio y ábside ofrecieron un con¬ junto renacentista y aun algo barroco qne ocultaba la ver¬ dadera iglesia de Poblet. Si a estos elementos unimos el coro, el enlucido de los muros y los retablos barrocos de las capillas absidiales con el sagrario del Abad Genover (1728-1732), los cupulinos que adornan a aquellos y la desaparición de los ven¬ tanales góticos de la nave, que hizo el Abad Copons, la visión de la gran iglesia cisterciense habrá desaparecido. La proscripción del lujo, la noble ambición de austeridad y simplicidad, se entraron en nuestros Oratorios ; todos los documentos de la época de la fundación hablan de ello con enérgicas expresiones. A pesar de todo ello el ábside de Po¬ blet, con la enorme mole que le seguía, presidida por un Cru¬ cifijo, clavado en una mesa que aun conservamos ; la elegante combinación arquitectónica que había huido de toda decora¬ ción escultórica, con capiteles, bases, cornisas, lisos sin nin¬ guna labor y las bellas proporciones que tiene, debían sumir a aquellas almas contemplativas en una sensación de bienes¬ tar que al dirigirse al cielo no encontraba tropiezos en capite¬ les, ni esculturas. Todo volaba hacia el Señor a quien aquellos EL ARTE 417 Monjes realmente buscaban. Y así continuaron las cosas, no sólo en Poblet, sino en toda la Orden. Tal vez por esta razón, no se buscó unasepultura digna de Alfonso II, ni de Jaime I en los siglos xii y xiii. Para estar en sepulcros lisos, sin señales como los de tantos nobles, habían sido reyes dema¬ siado grandes ; y a sepulcros de madera cubier¬ descansar en tos de paños más o menos valiosos les excitaba la Orden. Es en la segunda mitad del siglo xiii que comienza a introducirse la escultura en nuestras iglesias. San Luis, rey de Francia, quiere una imagen de María en Royaumont ; Fontenay con¬ serva una bellísima de la misma época ; Santes Creus posee varias del siglo xiv y lo mismo cabe decir de Vallbona de las Monjas. De la iglesia de Poblet tenemos datos poco concretos sobre este particular y documentadas no encontramos escul¬ turas hasta muy entrado el siglo xiv y aun son esculturas de sabor funerario ; nos referimos a Berenguer de Puigvert y al Obispo de Huesca Jaime Sarroca, fallecido el día 12 de noviembre de 1289 en nuestra Casa. Y no, porque estuvieran prohibidos los enterramientos de extraños a la Comunidad en nuestras Casas. Desde 1134 se prohiben los enterramientos de los que no sean Monjes, pero en 1137 se permite dar se¬ pultura a los fundadores, en 1206 es enterrada en la Abadía de Barbean (Seine et Marne) la reina de Francia, que bien podía llamársele fundadora. Con todo esto, habrá eo cada Abadía dos cementerios que serán para los Hermanos y para los Laicos porque, según los «Instituta» de 1134, cada Monje podrá pedir para dos de sus amigos o dos pariente.s el ser enterrados, con sus mujeres. F1 cementerio siempre se halla 27 418 HISTORIA DE POBLET al lado de la iglesia opuesto al claustro, prosiguiendo basta el ábside y se penetra en él por una puerta abierta en el templo. Permítasenos anotar que nuestra colección de laudas funera¬ rias procede toda de este cementerio de Legos. Así continúan las cosashasta muy entrado el siglo xiii ; pero la prohi bición de grandes enterramientos no puede continuar mucho tiempo porque los hermanos seglares de la Orden, reyes, nobles, ecle¬ siásticos y bienhechores piden esta gracia con insistencia tal que el Capítulo General de 1217 cede a estas demandas, mien¬ tras se haga de acuerdo con los cura-párrocos. Con todo se prohibe levantar monumentos funerarios, sobre todo en el claustro para no interrumpir la circulación litúrgica, espe¬ cialmente las procesiones. Las «Instituciones» de 1240-1256 insistieron sobre este punto ; de aquí los sarcófagos empo¬ trados en los muros del claustro, como se ven en Hauterive (Friburgo-Suiza), en Santes Creus y enEl nuestra Casa. agradecimiento obligaba. Pero en las iglesias cistercienses sólo podían ser enterrados Reyes, Arzobispos y Obispos, re¬ gla que confirma el Capítulo de 1152, renueva el de 1180 y que castiga el de 1193 en el Abad de Salem por haber ente¬ rrado a un muerto en el templo monacal. Los mismos duques de Borgoña fueron sepultados en una capilla especia i. Los Abades necesitaban permiso del Abad general para ello ; re¬ cordemos que en 1583 en Poblet Dom Juan de Guimerà (1564- 1583) lo fué en la iglesia, pero con las debidas licencias. En nuestra Casa madre de Fontfroide es enterrada en 1215 una señora que se llama «Reina» y enel Capítulo General de didho año el Abad es castigado a diez días de a5nino a pan y agua EL ARTE 419 y a permanecer cuarenta fuera de estala en el Coro y, su además, aquel cadáver debía ser enterrado en el cementerio. Los Abades serán enterrados, desde el Capítulo General de 1180, en la Sala capitular. En la segunda mitad del siglo xiii continúan en pie estas prohibiciones, pero se da con cierta facilidad licencia para que, además de Reyes, Arzobispos y Obispos, sean enterrados grandes bienhechores en nuestras iglesias. He aquí el origen, de parte de la Orden, de los ente¬ rramientos en Poblet y de la riqueza decorativa y escultórica, que le prestaron los panteones reales. El siglo xii vio el en¬ tierro de Alfonso el Casto ; el xiii el de Jaime I ; cincuenta años más tarde, 1339, comenzaba el rey Ceremonioso los pan¬ teones, cuando ya los Urgel, Anglesola y Cervera tenían el suyo y no pocos nobles particulares. Ello dió lugar a creacio¬ nes escultóricas tan bellas como las que vemos en la tumba de Berenguer de Puigvert, del Obispo Jaime Sarroca, del vizconde Ramón Pole de Cardona y a las inmortales obras de Castells yJordi de Déu en el panteón real. Con todo, esta riqueza decorativa siempre fué advenediza en nuestras igle¬ sias, y con ella la simplicidad y austeridad típicas iban des¬ apareciendo poco a poco, pero decididamente. Acabamos este esbozo sobre nuestra iglesia haciendo unas breves observaciones sobre las dependencias anejas a la mis¬ ma. Hemos hablado del cementerio, nosqueda por mencionar la sacristía que en las (cConsuetudines» y en los «Ecclesias- tica Officia» (Nom. Cist. 1892, p. 125) es llamada «Vestia- riuniB. Salvo raras excepciones, como en Senanque (Vauclu- se) que toma una edificación aparte, siempre ocupa este 420 HISTORIA DE POBLET mismo emplazamiento. Es una dependencia de bóveda segui¬ da sencilla, con un ventanal, una comunicación con el «ar¬ marium» y otra con la iglesia siempre está emplazada en ; el fondo del crucero y al lado de la escalera del dormitorio. Estos detalles que dan las «Consuetudines» poco ha citadas, el emplazamiento de la de Poblet y su nombre tradicional en nuestro archivo, de «sagristia vella», nos convencen que aquella dependencia siempre fué sacristía y que las tres igle¬ sias o capillas levantadas en honor de las tres celestiales lu¬ ces fueron : San Esteban, la Iglesia Mayor y Santa Catalina. En la sacristía suele haber una piscina en la que el Monje sacristán qnema los lienzos que sirven a los que mueren, tira las aguas y lava los lienzos, vasos sagrados y todo lo utilizado en el culto. Junto a la sacristía, está la gran escalera que desciende del dormitorio. La Santa Regla, queimpone que el Monje, una vez vestida su cogulla y aseado, directamente descienda al Oratorio, obligó a nuestros antepasados a construir la gran dependencia pegada al crucero de la iglesia y comunicada con ésta mediante la escalera casi siempre monumental por sus dimensiones. El claustro, siempre adosado a la iglesia mayor, es el co¬ razón de la Abadía, centro de la vida cisterciense y lugar de confluencia de todas las dependencias monacales. Durante el día, la Comunidad debe pasar por él para ir a Capítulo, al «Opus Dei» diurno, al refectorio, a la colación o lectura que precede a Completas y en las dominicas de Pentecostés y EL ARTE 421 grandes solemnidades pasan por él todas las procesiones li¬ túrgicas. Se levanta al lado norte de la iglesia, según imponga o sur la configuración del terreno, quedando siempre la iglesia en el punto más alto escogido. Es rectangular, formando ordi¬ nariamente un gran cuadrilátero poniente separa las que a dependencias de los Conversos, dejando espacio para la calle que limita las dependencias de aquellos con las de los Monjes coristas, aunque en el siglo xiii en los más de los monasterios aquel caminal fué suprimido. En Poblet el claustro debía ter¬ minar en el penúltimo arco vecino al dormitorio de Legos, o lagares, actuM recibidor, dejando tras el muro del fondo de la galería aquel corredor antes mencionado que forma una rec¬ ta desde el locutorio de Conversos hasta la puerta que los comunica con la iglesia, pero la galería de poniente fué a descansar sus bóvedas y crucería sobre el muro del actual recibidor. La galería apoyada en el ala de la iglesia se llama de la «Colación» porque en ella se reúnen los Monjes antes de Com¬ pletas para escuchar la lectura de algún libro santo. En Poblet el número de vocaciones impuso que fueran dos las galerías claustrales destinadas a este acto litúrgico y son la que acabamos de mencionar la de poniente. Los Monjes se y sentaban sobre un banco corrido de piedra labrada, recubierta de tablas, más tarde con un respaldo de lo mismo. Tenía aquella ala en el centro un pequeño púlpito para el lector ado¬ sado a la galería y en el muro de la iglesia frente a frente del púlpito estaba el sitial del Abad. En Poblet quedan hue- 422 HISTORIA DE POBLET lias más que suficientes de todo lo que venimos describiendo. llamada del Capítulo, porquî en ella La galería oriental es está tan importante dependencia ; la paralela a la iglesia se llama del refectorio por la misma razón, la de poniente que en Poblet, como ya dijimos, fué también de la Colación, lla¬ móse de los «Conversos» porque en ella pasaban siempre para ir a su coro en el templo mayor. Bn nuestra Casa miden res¬ pectivamente las cuatro alas : la de la Colación, 40 metros ; la del Capítulo, 35 ; la del Refectorio, 41 ; y 35 la de los Conversos o de poniente. El claustro debe comunicar, ade¬ más, con el exterior mediante una puerta que da a la Plaza del Monasterio ; en Poblet lo fué la que comunica actual¬ mente con el vestíbulo o atrio y con el noviciado, la enfermería y las otras dependencias de los coristas, lo cual se logra me¬ diante un corredor situado al oriente del ala del refectorio que en Poblet servía al mismotiempo de «auditorium» o «loqu- torium». Otras puertas comunicaban en el ala del Capítulo con el gran dormitorio y en el ala opuesta al templo mayor con el «calefactorium» y cocina. Nuestro claustro recuerda el de Fontfrolde y aun el de la Catedral de Tarragona, pero la supresión de ciertos detalles en el ala románica, tales como los rosetones que tienen aque¬ llos dos, los calados góticos de las otras tres naves y la mayor riqueza de elementos arquitectónicos en el nuestro, sin des¬ mentir el parentesco, lo diferencian completamente. Además, los ■ sarcófagos que penden de todos sus muros, el templete románico, con el canto perenne de la hermana agua, le dan una belleza tal, junto con la monumentalidad de las depen- EL ARTE 423 dencias que convergen en él, que en pocos Monasterios podrá encontrarse otro modelo igual. Los capiteles son sencillos, puramente románicos, ostentan solamente elementos üe flora y caprichosas lacerías. Es todo él románico, en parte tal vez del siglo XII, pero esta hipótesis tendría que situarse en las dos últimas décadas. Pero la gran obra es del siglo xiii. La familia real contribuyó a pagar los gastos de su edifica¬ ción, nos consta que Jaime I en 1225, reunido con los Monjes en la Sala capitular, ofreció doscientos morabatines. Las ar¬ mas de los condes deUrgel prueban el mismo hecho y la labor e inteligencia de los Monjes hizo el resto. En 1297 aun no debía estar completamente terminado, cuando nos consta que, en el mes dejulio de aquel año, don Berenguer de Puigvert dejó el castillo de aquel lugar para esta obra. En el claustro, y casi siempre adosado al muro oeste del crucero de la iglesia sehalla un nicho, a veces una pequeña dependencia, que custodiaba los libros del Monasterio, lo por menos en los siglos xii y xiii. El Cantor era el encargado de esta minúscula biblioteca, aunque el Abad podía nombrar a otro Monje, según los «Ecclesiastica Officia». Este bibliote¬ cario, siguiendo las prescripciones de los «Officia», todos los días debía abrir el «armarium» después de maitines y cerrar¬ lo después de la colación, al retirar el libro que sirvió para ella. Durante el tiempo del trabajo manual, del sueño, comi¬ da y canto de Vísperas debía quedar igualmente cerrado. Des¬ pués de Maitines, los Monjes que lo deseaban podían leer en la Sala capitular, donde se preparaba la luz conveniente y una candela ardía en el «armarium» para escoger los libros. Si el 424 HISTORIA DE ROBLET lector debía ausentarse del claustro los «Ecclesiastica Officia» leimponen la obligación de volver el libro a su lugar. El Monje enfermero antes de Completas debía devolver todos los libros que habían leído los enfermos. En Poblet el pequeño oratorio, que se ha llamado capilla de San Jerónimo que está en el ala del Capítulo junto a la puerta de la iglesia y apoyada en el muro oeste del crucero de nuestro templo mayor, hay que reconocer el «armarium» como lugar prescrito y usual en la Orden y cuando este armario fué convertido en capilla hay que emplazarlo en el magnífico hueco abovedado que existe entre la Sala capitular y la tumba de la familia Copons. Los libros que guardaba el «armarium» o pequeña biblioteca, además de los libros de coro o manuscritos litúrgicos, deben dividirse en tres grupos : obras de teología, de moral y de pa¬ trística, como comentarios que acompañan a la Santa Escri¬ tura. Un segundo grupo lo constituyen la Santa Regla y obras de ascética y mística. La Constituciones del Císter, que son como su comentario, y un tercer grupo es de ciencias eclesiásticas : Historia de la Iglesia y Vida de los Santos, y aun se dan, no pocas veces, colecciones de clásicos y de cien¬ cias humanas. La colección de Poblet ha perdido en su se totalidad, pero nos queda la de Santes Creus que incluye las siguientes obras en el primer grupo : «Sagrada Biblia», «Los Evangelios», las «Epí.stolas de San Pablo», «Varios comenta¬ rios de Santos Padres San Jerónimo, San : Agustín, San Gregorio, San Ambrosio, San Beda y el «Cantar de los Can¬ tares» En el segundo hay : la «Santa Regla», la «Charta . EL ARTE 425 Charitatis», los «Ecclesiastica Officia», «Usus», «Ritual», «Statuta Cap. Generalis», «Obras de San Bernardo», «Colla- tiones Patruum» de Casiano, etc. Y en el tercer grupo : «En¬ sebio», «Pedro Comestor», «Tractatus de Vitiis et Virtuti- bus», «De Civitate Dei» y hasta clásicos griegos y latinos como : Aristóteles, Platón, Séneca, Cicerón, Julio César, Ovidio, Horacio, Encano, Valerio-Máximo, Qnintiliano, Es¬ tació, Virgilio, Juvenal y libros de ciencias y artes : Gramᬠtica, Lógica, Retórica, Astrologia, Música, Geometría y has¬ ta Medicina : Hipócrates y Galeno no podían faltar en este grupo. En iiSo, el Cartulario Menor, nos consta que don por Esteban de Sant Martí legó a Poblet las sigüientes obras, que debieron engrosar nuestra incipiente biblioteca : San Pa- pias, Benjamín, Orígenes, los Doce Profetas, «Speculum Ecclesiae». He aquí lo que era un «armarium» cisterciense primitivo, lo que debió ser el de Poblet ; una biblioteca que sirvió de núcleo a la que más tarde fué famosa. En su humildad tenía el fondo suficiente para formar aquellos en tiempos Monjes santos, sabios y útiles a la Iglesia y a la humanidad. En Poblet, después del «armarium», en la misma ala del claustro, está la Sala capitular, tal vez la mejor dependencia de nuestra Casa. La Sala capitular en todo monasterio cis¬ terciense tiene la misión de reunir cada día a la hora de Prima a los Monjes piden en ella la bendición del Señor para que pasar en todos trabajos un día santo en el que su ser, sus alma y cuerpo, sea agradable al Todopoderoso ; sigue la lec¬ tura de la Santa Regla, comentada por el P. Abad y en ciertos 426 HISTORIA DE POBLET días, cumpliendo ello el Cap. 46 de la Regla, hay capí¬ con tulo de culpas externas, que atañen al coro, a la disciplina, a la caridad fraterna ; sigue luego la conmemoración de los antepasados. Monjes, familiares y de los bienhechores que ya murieron. Después la Comunidad se retira. Los días que son de ser¬ món, se reúne en ella el Convento para escucharlo de boca del P. Abad o del Monje a quien él lo haya encargado. Los actos más solemnes de la vida del Monje tienen lugar en esta de¬ pendencia ; su ingreso en el Monasterio, su votación como no¬ vicio, la elección del padre del Monasterio, el Abad, los gran¬ des asuntos de la Comunidad son allí tratados, puestos los Monjes en contacto con el Espíritu Santo. Allí se escuchan las confesiones, allí prácticamente nace, se forma, vive, actúa y muere el Monje. He aquí la misión que cumple la Sala ca¬ pitular según la Regla, los usos del Císter y todos los demás monumentos contenidos en el «Nomasticón Cisterciense» de 1892. El emplazamiento de la Sala capitular en todos los Mo¬ nasterios es el mismo, en la planta baja ocupa el espacio que queda vacío entre la sacristía y la escalera del dormitorio ; los casos diferentes sen verdaderas y raras excepciones. Es siempre una pieza cuadrangular que en los principios de la Orden es modesta, tiene una sola nave, pero siempre lo suñcientemente capaz para toda la Comunidad y su cons¬ trucción muy cuidada por las altas funciones que desempe¬ ña en la vida monástica. Un modelo más grandioso y arqui¬ tectónicamente muy superior lo constituyen las Salas capí- EL ARTE 427 tulares que tuvieron dos naves y tres compartimientos en cada una en-Loc-Dieu (Aveyron) en Francia de ellas, como y l'Etoile (Vienne) y quedan otros modelos todos ellos del siglo xii. Del siglo XIII queda Preully (Jonne), magnífica pieza cubierta por seis bóvedas descansan sobre dos que columnas centrales. Cuando muere el siglo xii y comienzan en el xiii las grandes construcciones góticas, no pocas Salas capitulares base de tres naves y tres com¬ se construyen a partimientos, todos ellos sostenidos por cnatro colnmnas. Tres Salas capitnlares han tenido nna inflnencia decisiva, según Marcel Aubert (Architecture Cistercienne en France, tomo II, pág. 62), sobre los Monasterios de Cataluña y Aragón ; Fiaran, 1180-1210 ; Fontfrolde de la misma época y l'Escale-Dieu del siglo xiii, primer tercio. Esta influen¬ cia debió darse porque la organización definitiva de los Monasterios de nuestro país, especialmente en la Confede¬ ración, es de la segunda mitad del siglo xii y más exacta¬ mente del último tercio de aquel siglo y primero del xiii, cuando se generaliza en la construcción de las Salas capitu¬ lares el conjunto de cuatro columnas, tres naves y nueve compartimientos y son los Monasterios de Eangnedoc que adoptan este plan junto con las grandes Casas Madres : Citeaux y Clairvaux. Mientras así se evoluciona, en nuestro país se produce un hecho para las tierras definitivamente reconquistadas de Cataluña y Aragón, cual es la política colonizadora por una parte y por otra la organización de aquellos yermos que la potencia militar del reino conservaría para siempre. Es 428 HISTORIA DE POBLET •el programa de gobierno que en la política interior siguen Ramón Berenguer IV, Alfonso II, Pedro el Católico y el Rey Conquistador, los cuales para esta doble misión colo¬ nizadora y política piensan en los Monjes del Císter como uno de los factores principales. Con Ramón Berenguer IV vienen enviados por su primo Guillermo VI de Montpeller, ahora Abad de Granselva, los cistercienses que en 1163 fun¬ darán definitivamente Santes Creus y en 1151 los que fun¬ daron Poblet procedentes de Fontfroide. Veruela fundóse en 1146 y aun es anterior L,a Oliva de Navarra. Ahora bien. Santes Creus se organiza como su Madre Granselva, mien¬ tras Poblet toma como modelo Fontfroide, Citeaux y Clairvaux a los que llegó a igualar. La Oliva y Veruela son, por su parte, hijas del Monasterio pirenaico de l'Escale- Dieu. Si tenemos presente la unión que existía entre las ■distintas filiaciones — Monjes fundadores, derecho de visita, emplazamiento y construcción del Monasterio — habremos de llegar forzosamente la conclusión de a que aquellos Mo¬ nasterios ; Fiaran, L'Escale-Dieu y Fontfroide, fueron los modelos de las más de nuestras construcciones monacales. Con todo, en Poblet, la Sala capitular, por sus dimensiones 15 X 15, su elevación, la pulcritud de sus líneas, el magnífico aparejo de su bóvedas y muros, la suave línea de los venta¬ nales del fondo recibiendo la luz de oriente y el cuidado que presidió los mínimos detalles constructivos la hacen supe¬ rior a todas ellas. EL ARTE 429- El Capítulo General de 1180, mandó que los Abades fue¬ ran enterrados en la Sala capitular, al fin desde ella habían dirigido la vida del Monasterio en todos sus múltiples as¬ pectos. Para ello se abre en el suelo, en cada caso, una huesa más o menos profunda, en ella se dejan los despojos del Abad fallecido y se le cubre de tierra, luego las losas o simplemente una capa de yeso vuelven a igualar el pavi¬ mento. Así acaba el siglo xii para las Salas capitulares ; si¬ gue el XIII que las engrandece y en el xiv, con la heráldica en su edad de oro y el alejamiento de los primeros tiempos, comienzan nuestros Abades a ser enterrados en bellas se¬ pulturas cubiertas con laudas en las que se admira su figura labrada a más o menos relieve. Con todo, son pocos los Abades así enterrados ; puede afirmarse que sólo los más preclaros obtuvieron este privilegio, después de su muerte probablemente. Con la venida de los Abades temporales aca¬ bó esta costumbre que ha dejado en la Sala capitular de Poblet una nota artística de gran valor documental para el vestuario, tonsura en muchas épocas y heráldica de no pocos Abades. El mobiliario lo formaban un gran banco corrido con arrimadero, el cual era doble, uno superior y otro sobre el pavimento, porque las «Consuetudines» en el cap. EXX «De capitulo et confessione» dicen expresamente, refiriéndose a los Monjes que «cuando dijeren Gloria Patri, póstrense so¬ bre las sillas superiores o se inclinen sobre las rodillas, se¬ gún el tiempo». De la labor de esta obra nada sabemos, sólo nos consta por los grabados de Laborde y otros del primer tercio del siglo xix que pudieron ser góticos y que los muros 430 HISTORIA DE POBLET fueron enyesados cou las bóvedas y que varias telas repre¬ sentaban a Reyes, Abades, Obispostoda suerte de jerar¬ y quías de la Iglesia procedentes de Poblet. En el centro había un gran facistol y nada más. Ea fachada, más simple que otras, es majestuosa y bastante amplia para que cupieran y pudieran escuchar el sermón los Conversos, los días en que el Ritual imponía este rito. Los capiteles de los venta¬ nales y de la fachada son magníficos, aunque ostentan sólo motivos de flora. También en esta dependencia se ha con¬ fiado toda la belleza a la arquitectura, ayudada por la es¬ cultura. Con todo, en esta dependencia, la sencillez es más elegante, los capiteles ostentan labores mucho más finas, las molduras son más caprichosas y las claves de bóveda mucho mejores que las del claustro y es que en general el Capítulo es la construcción mejor pensada, ejecutada y cuidada del Monasterio. Fijar una fecha la Sala capitular que defina la para época de su construcción no es posible. Sólo una podemos ofrecer de mediados del siglo xiii. En 1247, Pedro de Alba¬ lat, Arzobispo de Tarragona y gran amigo de Poblet, con¬ dona los diezmos y primicias de los dominios de nuestro Monasterio en beneficio de la Sala capitular y aun en 1249 Pedro de Guerra hace otra condonación semejante a aquella destinada al mismo fin y ya desde esta fecha no se habla más de esta hermosa dependencia, ya que debía estar ter¬ minada. Debemos aún seguir describiendo otras dependencias del claustro esenciales a la vida monástica, tales son el locu- EL ARTE 431 torio, el refectorio, el calefactorio, las dependencias de los Monjes, Legos o Conversos y el gran dormitorio, y acabare¬ mos con las obras construidas por los reyes y por el palacio del Abad. En la planta superior del claustro de los Monasterios cistercienses, unido al crucero sur de la iglesia, en Poblet es en el crucero norte, o del Evangelio, hay el gran dormi¬ torio en el que duermen todos los Monjes a excepción de los enfermos y no sólo los novicios, como el nombre del nuestro parece indicar. Es muyclara la Santa Regla, cuando en el capítulo 22 prescribe que los Monjes duerman en una sala, en común. El uso de celdas permitido y Citeaux tan no es aferrado al exacto cumplimiento de la Regla se adhirió tam¬ bién a esta prescripción. Las camas de los Monjes se alinean junto a las venta¬ nas, separadas por pequeñas vallas de madera. Durante toda la noche debe arder una lámpara. Ivos Monjes duermen ves¬ tidos para acudir con presteza, vestida la blanca cogulla, al Oficio de Maitines en la iglesia, descendiendo silenciosos por la gran escalera ya descrita anteriormente. En la cúspide del crucero de la iglesia inmediato al dormitorio hay una es¬ padaña con campanas y el reloj, de ellas pende una cuerda que atravesando la bóveda o artesonado del dormitorio, des¬ ciende hasta la cama del Monje campanero que duerme en aquel lugar. Según el rito del Oficio de Maitines, a las dos, o a las tres, desde la misma cama «para mejor tocar», toca la campana cuando en la campiña aun todo duerme. Luego llama a los cohermanos ; de cada lecho surge, en aquella 332 HISTORIA DE POBLET penumbra inmensa, una sombra blanca iluminada por la vela que ardió durante toda la noche y desciende por la es¬ calera regular al transepto de la iglesia. El espectáculo de aquellos ochenta, ciento o doscientos Monjes que, silenciosa¬ mente recogidos, dirigían, sus pasos a su puesto en el Coro, iluminados por la incierta luz de las velas, debía ser emo¬ cionante y saturado de edificación. Los dormitorios cistercienses que se conservan son fiel exponente de la expansión y abundancia de vocaciones que tuvieron nuestras Casas en los siglos xii y xiii, época du¬ rantela cual fueron edificados los más de ellos. Los que da¬ tan del siglo XII son de proporciones algo más reducidas, con enormes muros que tienen multitud de ventanas para ventilación, muros que deben sostener el empuje de una bóveda inmensa, algo apuntada e interrumpida por arcos formeros. Ejemplar magnífico de esta clase lo es el de Se¬ nan que (Vaucluse). Otro tipo y que en general debe colocarse, cronológica¬ mente, en el siglo xiii, presenta la siguiente estructura. Una inmensa nave con muros de gran espesor, de paramentos hechos con sillares labrados ; de partiendo de muro a muro, elevadas ménsulas, brotan los inmensos, elevados, que arcos deben sostener la techumbre de madera, son algo apuntados, ligeros de perfil y adornados con sencillísimas molduras. Doble hilera de ventanas, una inferior junto a las camas austeras de los Monjes y otra a media altura cuya misión es completar la ventilación de la inmensa dependencia. En el centro hay siempre otra escalera que comunica con el oirtmoD ed sejnom .sonaic otoF( ,J )s«ugitrA EL ARTE 433 claustro, porque por ella vau los Monjes al descanso regular del mediodía, llamado «meridiana». Toda esta disposición, con la anterior más antigua pero no menos legislada, es universal en la Orden y el «Nomasticón Cisterciense» la im¬ pone. Tales son los dormitorios de Poblet y Santes Creus, por no citar más modelos de este género. Nuestro dormitorio es el mayor de entre los actualmente conservados, muy ajustado de proporciones, de magnífica perspectiva y, como escribe el Sr. Domènech y Montaner : «la sala parece interminable, más ancha, más alta de lo que es realmente». La decoración es sencilla, consistente la ornamenta¬ en ción de las ménsulas de estilo románico, decoradas con fo¬ llajes, lacerías, trenzados, palmas, rizos y alguna que otra representación de fauna fantástica que parece copia de la condenada por San Bernardo; en una de ellas puede verse una barca atravesando un.pacífico mar, pilotada por un posible Caronte que ultratumba. Estas lleva dos almas a transgresiones de la austeridad cisterciense son únicas en el Poblet monástico, unidas a las del retablo mayor y santo sepulcro. Terminado el dormitorio, se le adhirió por el lado de levante el archivo, dependencia que en nuestros monasterios está la sala de que tratamos, recuérdese siempre próxima a el de Santes Creus, por ejemplo. El nuestro comienza en la sacristía antigua y muere al llegar a la sala de Monjes, ac¬ tual biblioteca. Sostienen la cubierta, que es prolongación de la del dormitorio, varios medios arcos muy bien labrados 28 434 HISTORIA DE POBLET y entra la luz por seis grandes ventanas apuntadas en sus arcos, tienen calados góticos, pero bases, columnas y capi¬ teles románicos. Debió construida esta hermosa ser depen- ■dencia a comienzos del siglo xiv, porque el gran dormitorio no fué acabado por lo menos hasta después de 1297, pues en aquel año Poblet, donde tenía construida una muere en vivienda en el lugar que ocupan las cámaras reales, don Berenguer de Puigvert, que lega el castillo de este nombre para ayudar a la construcción de aquella dependencia, cons¬ trucción que se prolongó durante unos sesenta años. En 1243, Ponç de Cabrera, conde de Urgel, deja en testamento 500 .morabatines de oro para la obra del dormitorio ; en 1247 Arzobispo de Tarragona, Pedro de Albalat, condona los diezmos y primicias que percibía de los dominios de Poblet, en favor de la misma obra y aun en 1249 Pedro de Guerra hace una donación de 500 .sueldos en el mismo sentido. Más de medio siglo se pasó, pues enla construcción de esta her¬ mosa dependencia que es el dormitorio de Poblet. y enorme Tengamos presente, con todo, que no era sólo el dormitorio el que debía construirse sino las magníficas dependencias que están debajo del mismo y, en consecuencia, el volumen de aquella obras aumentaba considerablemente en todos los aspectos. Prueba en parte esta afirmación el hecho del Ar¬ zobispo tarraconense Pedro de Albalat que el día de mayo 5 de 1247 hace la condonación de diezmos antes mencionada, a beneficio de la Sala capitular, de la sacristía con una ca¬ pilla, del locutorio, dormitorio y noviciado. Y la donación de Berenguer de Puigvert de 1297 es en favor también «de EL ARTE 435 las dependencias del claustro, construcción». Obras todas en ellas francamente románicas ; las últimas, con todo, que se hicieron durante este famoso ciclo ; dieciséis años más tarde tomaría el gobierno de Poblet el gran Abad Poncio de Co¬ pons (i3i6-i'348) y con él entraría definitivamente el nuevo estilo gótico. Por ser notable la actuación de don Pedro de Albalat, Arzobispo de Tarragona en favor del Monasterio, transcri¬ bimos un fragmento del privilegio de condonación de diez¬ mos al que repetidas veces nos hemos referido ; dice así : «Nos Pedro por la gracia de Dios Arzobispo de Tarragona, atendiendo que cada día se administran incesantemente en el Monasterio de Poblet muchísimos bienes así en los Sacri¬ ficios y Oraciones como en la Hospitalidad y otros ejercicios agradables a Dios. Y considerando también la buena volun¬ tad y humilde devoción que dicho Monasterio tuvo siempre y de presente tiene a nuestros predecesores, a la Iglesia de Tarragona y a Nos por todas las cuales cosas elegimos en él nuestra sepultura.» Y sigue inmediatamente la famosa do¬ nación que seprolongó hasta el siglo xiv. Cuando tuvo lugar esta donación Abad, Dom Berenguer de Castellots (1246- era 1254), eminente Monje y santo Prelado que dió gran presti¬ gio al Monasterio por su santidad y dotes de gobierno, ha¬ biendo sido nombrado Visitador de los Monasterios de la Confederación por el Capítulo general de 1247, al que acu¬ dió en compañía de su santo predecesor Dom Ramón de Sis- car, Obispo entonces de Lérida.» (Finestres, t. II, p. 398). De este mismo siglo y comienzos del catorce son las 436 HISTORIA DE POBLET dependencias claustrales de los Monjes Legos, o Conversos como se les llamaba, y también la actual biblioteca que fué sala de Monjes, «Aula Monachorum», esto es, lugar de es¬ tudio en el que se dedicaban a la «lectio divina», estudios eclesiásticos, las horas que dejaban libres el Coro y el tra¬ bajo manual. Brevemente debemos hablar de ellas. Entre la Sala capitular y la «Aula Monachorum» está en todos los Monasterios el locutorio, llamado también y tal vez con más propiedad «Auditorium», esto es, el lugar donde el Prior da órdenes a.uno, a varios o a todos los Monjes, como después del Capítulo cuando ordena y distribuye el trabajo manual de la jornada y reparte las herramientas que luego son devueltas allí mism.o. El Maestro de Novicios, según las Consuetudines de 1134, podía sprovecharlo para hablar a los mismos en particular, resolver sus dificultades y ani¬ marlos. En una habitación inmediata al mismo, el P. Prior recibía a los Monjes para tratar con ellos los diferentes asun¬ tos particulares y colectivos que se presentaban en la vida interior del Monasterio. Había otro locutorio para los Conversos, que estaba em¬ plazado junto a la cocina mayor, en el que el Monje Celera- rio les daba órdenes y dirigía sus trabajos, resolvía sus di¬ ficultades y aun trataba con ellos de vida monástica. Era la residencia oficial del Celerario ; ambos locutorios eran algo sagrado, inviolables en orden a conversaciones recreati¬ vas y no podía irse a ellos sin permiso. El de los Monjes I. corroboración de lo que venimos afirmando ; «Y sabed que deja su cuerpo a Poblet, mauda que se deposite aquí en pero San Pedro Mártir su cuerpo, mientras no lo trasladen. Los camarlengos lo han renunciado en mí, con carta pública y yo lo he aceptado, la cual carta ha recibido el protonotario Mos¬ sèn Fenolleda. Al Monasterio no le ha dado nada, al rey de Navarra, su hermano, instituye heredero de esos reinos to¬ dos... Y yo os digo que el testamento lo tengo por mal or¬ denado.» Con todo en acción de la conquista de Ñapó¬ gracias por les, según el P. Finestres, ordenó en 1443, que se constru¬ yera a sus expensas la capilla de San Jorge. Probablemente el dinero tardó en recibirse o por lo menos vino muy racio¬ nado, llegándose al año 1452 sin que la capilla estuviera aca¬ bada", ello nos consta por una carta del rey escrita el día 23 de agosto de 1452, que dice entre otras cosas lo siguiente : «Recordamos que días pasados os remitimos ciertos memo¬ riales conteniendo las cosas que queríamos que se hicieran... y en la construcción de la capilla que en honor de la glorio¬ sísima Virgen María y de los bienaventurados San Miguel y San Jorge protectores nuestros hacemos en este Monaste¬ rio de Poblet edificar.» Pudo ser autor de la parte escultórica de la misma el Maestro Pedro Oller, que en 1442 consta que trabajaba en nuestra Casa la tumba de don Fernando de Antequera. Es la capilla de San Jorge una preciosa joya de nuestro mejor gótico, emplazada a mano derecha del que va a fran¬ quear la puerta dorada y al lado del camino que muere en 464 HISTORIA DE POBLET la plaza mayor del Monasterio ; allí los prelados, visitado¬ res, reyes y grandes descabalgan y .se unen a la Comunidad que sale a recibirlos y no fué elegido vanamente el emplaza¬ miento porque, si aumenta el sabor artístico de aquel paraje, no menos lo embellece ofreciendo la fachada al camino, ya que está orientada de norte a sur. La única nave mide nueve metros de longitud por cinco de anchura y en la bóveda se adorna con bellísimas y delicadas claves que aprisionan una magnífica crucería en estrella en la nave y de nervios radia¬ les en octágono en el ábside que es ochavado. Contrarrestan en el exterior el empuje de las bóvedas robustos contrafuer¬ tes esmoohados, porque sin duda no .se acabaron. Todo el edificio es de piedra muy bien labrada, regular y aparejada en uniformes sillares y la corona un friso de tracerías a compás resguardado por una cornisa, obra muy posterior 3' en parte de ladrillo. La puerta o fachada es lo mejor del monumento : de arco de medio punto que tiene en el intra¬ dós una delicada moldura, dovelas grandes y lisas con ar- chivolta sembrada en el exterior de frondas, remata en una grande maravillosa alcachofa de rizadas hojas de la que y emerge un yelmo con la tarja de Aragón, el caballeresco dragón naciente abiertas sus alas 3^ un gracioso lambrequin adosado al fondo con otra tarja lateral. Los pináculos que adornan tan bella puerta llegan hasta la altura del timbre real. Hay, además, a ambos lados, entre los pináculos y la archivolta dos escudos sostenidos por ángeles o genios ala¬ dos ; el de la derecha del espectador es el nuestro de las cuatro barras y el de la otra parte, lo por poco que del EL ARTE 465 mismo se adivina debe ser el personal de Alfonso V el Mag¬ nánimo con las cnatro barras reales, las fajas de Hungría, las flores de lis de los Anjou-Nápoles y la cruz potenzada con las crncecillas de Jemsalén, título entonces vinculado al reino de Ñapóles, el centro de la archivolta el escudo y en del Abad Conill sostenido por ángeles. Del retablo y orna¬ mentos que envió el rey y del cuadro del venerable príncipe Carlos de Viana nada se ha salvado sino el recuerdo. Y ya no quedan otras grandezas monumentales por des¬ cribir en nuestro Poblet, hora grande en construc¬ porque su ciones había pasado ; los últimos años del siglo xvi sólo en un gran Abad, Dom Francisco Oliver de Botaller (1583- 1598), emprendió la construcción del palacio nuevo abacial, antes destruido que totalmente acabado. Diremos brevemen¬ te algo del mismo. Por lo menos hasta el siglo xiv y con toda seguridad do¬ cumental hasta el xv, los Abades no tuvieron un palacio pro¬ piamente tal dormían, siguiendo las «Consuetudines» de la : Orden con la Comunidaden el gran dormitorio y comían en el refectorio, siguiendo en todo la vida común ; únicamente para despachar sus recibir a los oficiales del negocios, para Monasterio y a seglares quea ellos, tenían depen¬ acudían dencias especiales de las que probablemente nos quedan las últimas, inmediatas cronológicamente, al palacio abacial an¬ tiguo. En el manuscrito pobletano «Antigualles de Poblet» del siglo XVI, actualmente en la Biblioteca Nacional, en el folio 29 se lee lo que sigue : «La Cambia abacial estava prop 466 HISTORIA DE POBLET la Capella de S. Esteve. Après lo abat Copons feu la Sala dels Contes i l'altra que mira a la Porta Real, en las quais menjava. I la que es ara celler de vi blanc de l'abat era la isua cuyna que encare H diuen la cuyna vella. Lo abbat Men- gucho feu la Cambra abacial Ateniéndose al ca¬ que vuy es». pítulo LVI de la Regla Benedictina, el Abad comía con los huéspedes, que no estando sujetos a la vida austera de los Monjes debían comer aparte, y cuando no los había es¬ taba a su arbitrio llamar a su mesa a los cohermanos que gus¬ taba. El cumplimiento de estas prescripciones impone la crea¬ ción de unas dependencias especiales, cuales son cocina, re¬ fectorio, sala de recibir y despacho para el gobierno de la Abadía. Actualmente sala que mire a la puerta real no hay otra que la llamada sin fundamento «Xocolateria», construi¬ da por el Abad Copons como lo demuestran los escudos de las ménsulas que sostienen «Sala deis Contes» sus arcos, 3' debió serlo la contigua a ésta, actual capilla de los Monjes Legos, unidas ambas por una pequeña habitación, ahora sagristia del poco ha mencionado oratorio y que por sus ca¬ racterísticas arquitectónicas y heráldicas es de la misma épo¬ ca del gran Abad Poncio de Copons, dependencia que pudo ser la cocina abacial. Noventa años más tarde, otro eminente prelado Dom Juan Martínez de Mengucho (1413-1433) «feu la cambra abbacial que vuy es», no pudiendo precisar a que dependen¬ cia o cámara se refiere el Manuscrito que venimos comentan¬ do ; tal vez quiera indicar la hermosa sala comunicada con la capilla de Monjes Legos por una escalerilla de caracol, EL ARTE 467 cuyos ventanales más bien son anteriores. del siglo xv y no Además, el palacio abacial antiguo lleva la grandiosa en puerta principal, único elemento de importancia que se ha conservado, las armas del Abad Payo Coello (1480-1499). De este palacio poco podemos decir porque su destrucción ha sido total ; quedan restos que tienden a desaparecer de lo que fué capilla, la puerta más arriba mencionada y un bello ventanal, piezas todas de jdelicada ejecución en estilo gótico muy florido. Grabados del siglo pasado presentan su interesantísima fachada. En varias ocasiones fué residencia del séquito real, como cuando la visita de los Reyes Católicos en 1493 y en las dos de Felipe II en la segunda mitad del siglo XVI. En los últimos tiempos del Monastejio era cerería. El palacio nuevo del Abad lo comenzó Dom Francisco Oliver de Botaller (1583-1599) que no lo pudo ver acabado y fué proseguido por varios Abades, añadiéndole nuevas edificaciones que borraron en parte el plan concebido en el siglo XVI. De éste, deben ser la galería orientado al sur, ha¬ cia el monte de la Pena, magnífico ejemplar; renacentista 3^ la que mira levante, no menos bella, pero actualmente ce¬ a gada por construcciones posteriores. Es digna de mención la caprichosa escalera principal por su combinación arqui¬ tectónica. En este palacio, la grandiosidad, elegancia, buen gusto y sabia orientación fueron muy habidas en cuenta cuando su construcción. Hoy es una espantosa y trágica rui¬ na, de muy costosa restauración. 468 HISTORIA DE POBLET Después de todo lo que llevamos dicho, debemos entrar¬ nos ya en los siglos diecisiete, y dieciocho, cuando en nues¬ tro magnífico Monasterio las obras de albañilería, las pare¬ des de cal y canto, los revoques lustrosos imitando mármoles ocultaron la monástica austeridad medieval de la piedra ; cuando ventanales góticos, puertas románicas, arcos magní¬ ficos y artesonados severos, pero bellísimos, fueron mutila¬ dos, quebrados y desaparecieron tras muros de ladrillos. Digna de mención es la neoclásica sacristía, grandiosa, monumental y de gran sobriedad decorativa. «Su figura es perfectamente cuadrada de cien -palmos en claro — dice el P. Finestres — y ciento cincuenta de elevación hasta la cornisa sobre la cual tiene los cuatro lienzos cada uno con su claraboya redonda muy clara con vidriera que da mucha luz a la pieza. En las cuatro esquinas resaltan unos veinte palmos, unas pilastras adornadas de varios nichos y primo¬ rosas molduras que, disminuyéndole al gran lienzo los vein¬ te palmos, no sólo sirven de estribo a la media naranja sobre la cual remata un cimborio de figura ochavada, que por ocho vidrieras franquean luz a la pieza, sino que a ésta la hacen más proporcionada, dejándole no más que unos ochenta pal¬ mos de claro.» De la decoración interior nada se sabe documentalmente. La imaginación fácilmente la puede crear y aun ver, pero no asegurarnos cual fuera ni quienes sus autores. Los Abades Sayol y Fontanilles hicieron la fachada de la iglesia, muy discutible y por ello muy discutida ; de ella EL ARTE 469 dice el P. Finestres : «Portada suntuosa de buena escultura, sirve de hermoso frontispicio a la plaza.» Finalmente, por siguientes el Abad Félix los años 1730 y Genover construyó la capilla del Sagrario detrás del altar mayor, aprovechando el arco central del ábside, capilla tan horriblemente mutilada que a duras penas podemos formar¬ nos idea exacta de su valor artístico. Con todo, fragmentos que de la misma nos quedan hacen pensar en una obra ver¬ daderamente rica y de auténtico valor artístico. Y al llegar a acabada nuestra labor, este punto damos por tranquilizándonos el deseo de haber servido al Monasterio, cuya historia monástica cultural, social y artística llegó a tanta altura que pudo decirse de él que «Poblet en todo el orbe cristiano a ninguno fué segundo». Tal fué esta gran¬ deza moral, que, si Ripoll se nos ofrece como cuna y cerebro de Cataluña y Montserrat como su corazón, Poblet es la rea¬ lización cristiana, monástica y patriótica de nuestra bendita tierra, por excelencia. INDICE Página Prólogo 5 Pax 7 Fundación ii Las primeras vocaciones 31 Grandeza monástica...' 53 Plenitud 89 Siglo XV 127 Siglo XVI , 179 Siglos XVII - XVIII 229 Destrucción, restauración y repoblación monástica ... 269 La liturgia 303 Expansión 331 La cultura 369 El arte 401 31 EX PARTE ORDINIS NIHIL OBSTAT -j- Gregorius Billi, Abras Prceses CoNGREGATIONIS Sxi. BerNARDI 1N ItALIA In Monasterio Populeti, 14 - X -1947 IMPRÍMASE -}• Gregorio, Obispo de Barcelona Por mandato de Su Excia. Revraa. Dr. Luis Urpí Carbonell, Maest.' Canciller>Sbcretario Barcelona, 4 de agosto de 1947 Esta primera edición de la His¬ toria de Poblet consta de 2.000 ejemplares y la ha patrocinado Don P'rancisco Vives Oller, con la colaboración, en cnanto a la parte gráfica, de Don Aquili¬ no RieussET. Se han terminado de imprimir : el texto, en los Talleres Gráficos Rex y los grabados, en rieusset, S. A., el día 24de noviembre de 1947, séptimo aniversario de la res¬ tauración monástica del Real Cenobio. LAUS DEO fe