MODERNISMO Y MODERNISTAS POR J. F. RAFOLS INS7 ■ EDICIONES DESTINO, S. L-BARCELONA Capítulo primero DEFINICIÓN Y CRONOLOGIA Modernismo : movimiento intelectual que tiende a infiltrarañoslas ideas nuevas omodernas en las letras, el arte y la sociología durante los últimos años del siglo xix y los primeros delsiglo xx. (¿Será del caso aclarar que el modernismo que se estudia enel presente libro no tiene nada que ver — a excepción de derivar ambos del libre examen — con la corriente filosófica, pretendida¬ mente reformadora de la Iglesia, condenada por Pío X en 1907?). El modernismo de que vamos a tratar se desarrolló en varios países europeos. La España de lengua castellana recibe su influjo en el campo literario; sus artes plásticas, excepto en las creaciones de contados artistas, no suelenreflejarlo. La Cataluña estricta, en cam¬ bio, recibe y entremezcla tendencias ideológicas y artísticas del mo¬ vimiento, formando con ellas un particular conglomerado que es el modernismo catalán. Son tan personalidades que en distintas las esta corriente desembocan que nada o casi nada de aglutinante po¬ demos descubrir a menudo entre ellas; por lo cual, más que tratar del modernismo como supuesta escuela o tendencia, departiremos de los modernistas, fracciones de una abigarrada suma que al matemᬠtico más sagaz le fuera difícil poderlas reducir a común denominador, ya que a veces incluso unas con otras se contradicen. De la tesis sociológica a la búsqueda de un sentido del miste¬ rio más o menos abstruso, más o menos demencial; de los restos de un naturalismo literario (que ha ido cediendo ya su importancia a otras nuevas escuelas) a un simbolismo y a un decadentismo de poé- tico fulgor, habrá de todo ello algo en el total del modernismo en Cataluña; de una u otra de tales posiciones se percibirá el eco en determinado escritor, en determinado poeta o en determinado teó¬ rico de los que constituyen nuestro modernismo. Digamos sin em¬ bargo que una tendencia idealista dominará en gran parte de sus fases. Digamos también aquí que Mallorca, catalana, esmvo tranqui¬ la y gozosa en los años del modernismo, oreando su poesía con la clásica madurez y las corrandes de sabor isleño. Digamos asimis¬ mo que en Cataluña, en sus letras vernáculas, no se extiende el modernismo al total ámbito de su extensión territorial. Vicb, por ejemplo, seguirá con su «Catalunya Vella», mientras en Barcelona el Morera titulará maestro «Catalunya Nova» a la masa coral que funda y dirige ; en Gerona debiéramos buscar, en todo caso, algo tar¬ díamente, destellos modernistas en la prosa del poeta de Solius, Xa¬ vier Montsalvatje, y en la arquitectura y el decorativismo del ca¬ talanista y católico Rafael Masó y Valentí, que en un momento de efusión artística no niega su concurso ilustrativo al «Josafat» de Prudencio Bertrana. Ni Tarragona, patria de Yxart, ni las Bor jas Blancas leridanas, que acunaron a José Soler y Miquel, tuvieron otros contactos que los que tales escritores representan con las corrientes del modernismo; tampoco las ciudades fabriles de nuestra provin¬ cia barcelonesa reciben influencias marcadas modernistas si des¬ contamos las que trascienden a las pinturas del terrásense Joa¬ quín Vancells y posiblemente a las de los compañeros de éste, los hermanos Viver; y, en el último período, la labor periodística y culmral del maestro Llongueras. Es en Barcelona donde el modernismo catalán se concentra; y, por la voluntad de Rusiñol, también en Sitges, la población costera del mar azul, del cielo azul, de las casitas encaladas. En música la grandiosidad de Wagner sedujo particularmente a los compositores de la época;si el célebre renovador alemán par¬ tía de leyendas, también en las leyendas catalanas debieron buscar los compositores adscritos al movimiento modernista inspiración y tema para sus creaciones. No precisamente de la arqueología, antes bien de la vida, de la poesía popular, de las canciones captadas en costas, en valles y en montañas, reciben impulso — por el excursio- 8 nismo las obras musicales catalanas. Al — influjo de Wagner segui¬ rán las admiraciones por César Franck y por D'Indy; la sentida hacia este último, más viva aún por el trato personal que con los modernistas tuvo el maestro las dos o tres veces que a fines del pasa¬ do siglo visitó Barcelona. Asimismo se relacionarían con Chausson algunos de los compositores modernistas. Debussy debió ser ante ellos interpretado—rcomo última novedad — por un descubridor de nuevos horizontes : el pianista Ricardo Viñes. En pinmra se suman, dentro del modernismo catalán, las co¬ rrientes impresionistas con las neoimpresionistas, con todo el rena¬ cer amoroso del oficio predicado por Morris y Ruskin en Inglate¬ rra, con el destello prerrafaelista de los sucesores de la Hermandad londinense, con el simbolismo entre ■wagneriano y nietzschiano que va de Boecklin a Stuck ; y con la despreocupación temática — abier¬ tamente opuesta al aludido simbolismo plástico — que, si tuvo su origen en momentos artísticos algo lejanos, no fué por el impresio¬ nismo menospreciada. La escultura derivará hasta cierto punto de la vitalidad rodi- niana, bien que transpuesta, por ensoñadora aportación, a un mundo de dulces quimeras. En la arquitectura, más que en las pequeñas artes aplicadas, la nostalgia por la belleza del pasado — nacida en el excursionismo — entroncará extrañamente con las novedades exornativas e incluso es¬ tructurales llegadas particularmente de Viena. Gaudí, en el apoteó- sico final de vida, de modo su especial en la Casa Milá, determí¬ un nase a derretir todas las búsquedas, influencias y ensayos en la cre¬ pitante pira de su vitalismo insólito. Aunque muchos fueron sus contactos con el popularismo ar¬ queológico, con la tradición, con la historia, no nos parece lícito inscribir el movimiento modernista catalán en las filas del catala¬ nismo político. Si éste se basa, en el determinismo histórico, en Al¬ mirall y, en la tradición, en Torras y Bages, el modernismo arranca en buena parte de la quimera, del eterno devenir, de la ilusión inde¬ finida, de los inabordables confines, de la infinita oda de Maragall, que a tantas mentes deleitan. A un sector de artistas plásticos subs¬ trajo Torras y Bages del «ideal sin ideal» referido por uno de los escasos disectores del fenómeno modernista y, con este sector y para este sector, dio orientadora doctrina desde la consiliaria del «Círcol Artístic de Sant Lluc». Si varios de los modernistas considerábanse a ellos mismos «su- pernacionales», no seremos nosotros quienes los adheriremos a la «Unió Catalanista», o intentaremos enlazarlos con las campañas electorales de la Lliga, o los consideraremos como espectadores de mitin del «Centre Nacionalista Republicà». Tan sólo el uso corrien¬ te del idioma catalán en la producción literaria modernista puede inducir al equívoco, pues no afecta esencialmente al conjunto del fenómeno la colaboración de determinados modernistas en tales o cuales periódicos de diversos sectores de la política catalanista. En música, temáticamente por lo menos, se presta a dudas sobre el caso parte de la producción del maestro Morera, y aun el «Orfeó Ca¬ talà» en su revalorización de las canciones populares, que conmueve y se adentra en lo más hondo de los sectores políticos más sanos. Por ello debemos ya desde ahora indicar que si en nuestro estudio pensamos ocuparnos del «Orfeó» será situando su noble valor ar¬ tístico en enlace con el catalanismo y en coexistencia de trayectoria con el modernismo. El prurito especial de los más representativos modernistas de Els Quatre Gats, de la revista «Pèl & Ploma» y del «Teatre íntim» fué no prestar atención ni al determinismo histórico ni al determi- nismo geográfico, y embelesarse por completo en la sucesión de no¬ vedades ideológicas. Con todo, consideramos de utilidad para el estudio del moder¬ nismo catalán, para la presentación de los más destacados moder¬ nistas nuestros, que se establezca, ya desde ahora, unasucesión de hechos, o, mejor, dos ordenaciones de efemérides : la primera con las que hacen referencia a los sucesos políticos y sociales españoles y a los vaivenes del catalanismo, y la segunda con hacen re¬ las que ferencia al modernismo y a los modernistas, y aun a ciertas perso¬ nalidades que sin entrar de lleno en el movimiento tienen relación con el mismo en una forma u otra. Concretemos fechas-límite : El movimiento artístico de que va¬ mos a tratar lo consideramos comprendido entre el año 1890, en que tuvo lugar en Barcelona la primera exposición del trío artístico Casas- Rusiñol-Clarasó, y la fecha de la muerte del pintor Isidro Nonell 10 (22 de febrero de 1911), o aquella de la muerte de Maragall unos me¬ ses más tarde; si quisiéramos dar años límite terroristas, fijaríamos los de la bomba del Liceo (1893) y de la Semana Trágica (1909); y si a fastos ciudadanos queremos referirnos (tal vez con buen sentido mnemotécnico a causa de la importancia de los mismos), partiremos de la Exposición Universal celebrada en Barcelona en 1888, y dare¬ mos fin a nuestro ensayo cuando tuvo lugar la fundación del «Ins¬ titut d'Estudis Catalans», bajo la égida política del patricio Prat de la Riba, a comienzos de junio de 1907. Vamos a ver qué es lo que acontece entre los años 1888 y 1907 ambos inclusive : 1888 : Barcelona. Se celebra la Exposición Año de fiestas para Universal, bajo el impulso del Alcalde don Francisco de Paula Rius y Taulet; la inaugura doña María Cristina de Habsburgo al lado de su hijo. Su Majestad don Alfonso XIII, de dos años de edad, acompa¬ ñándose de las infantitas Mercedes y María Teresa; el Presidente del Consejo de Ministros, don Práxedes Mateo Sagasta, ocupa el primer lugar en el cortejo de los Reyes; otro monarca, Oscar I de Suecia, está también Barcelona; nuestra urbe vibra de júbilo; Gayarre, en en el Liceo, canta «I Puritani» en la función de gala; doña María Cristina es doblada en realeza en los Juegos Florales; Menéndez y Pelayo los preside. Grandes espectáculos se celebran; se exhiben dos bellos panoramas: el panorama de Plewna y el panorama de Wa¬ terloo; unos prefieren el primero, a otros les place más el segundo; atracciones importantes son la Fuente Mágica y el Globo Cautivo. Vi¬ sitan Barcelona Cánovas y Castelar: el primero, en el discurso que pronuncia en el homenaje que le rinden sus correligionarios, induce a la substitución de la benevolencia por el combate respecto al partido gobernante; Castelar en el Círculo Artístico hace una apología de la Catedral. Se encarga de la dirección de «La Vanguardia» Modes¬ to Sánchez Ortiz; remoza el periódico; en sus páginas, José Yxart publica detenidos comentarios sobre las varias secciones de la Expo¬ sición. En ésta son particularmente celebradas dos obras del arqui¬ tecto Luis Domènech y Montaner : el Restaurante del Parque y el Hotel Internacional. Rusiñol inicia su labor periodística en el men¬ tado cotidiano. El profesor Farinelli —- en el Ateneo, presidido por José Coroleu — da una conferencia sobre Berlioz y Wagner. Jaime 11 Massó y Torrents publica el «Llibre del cor». Gaudí termina el Pa¬ lacio Güell en la calle Nueva de la Rambla. 1889: Estalla un petardo junto a la puerta del primer piso de la casa de la Rambla de Cataluña donde viven los fabricantes señores Batlló; resulta herido dependiente, el cual fallece a los pocos días. un Instálase la compañía «Buffalo Bill's West» en Gracia. Cierra sus puertas la famosa Buñolería del Tío Nelo. En el Teatro Inrico actúa el célebre actor italiano Novelli y la Fortunacci, su esposa. Apasiona al público barcelonés el misterioso asesinato acaecido en Madrid, en la calle de Fuencarral; escribe Mañé y Plaquer con su delicioso re¬ tintín de adoctrinador incansable que «en la vista de la causa del pro¬ ceso dióse el triste espectáculo de que señoras de las principales fami¬ lias de Madrid llevaran allí la merienda a imitación de los baturros cuando asisten a la función de tarde» ; es condenada a la última pena Higinia Balaguer, como autora del crimen. Sánchez Ortiz habíase hecho ruedo ya, con su singular don de simpatía, en las peñas lite¬ rarias y políticas de Barcelona; se funda una Asociación de Pese- bristas con Mañé y Plaquer en la presidencia honoraria, con Emilio Junoy y Modesto Sánchez Ortiz formando parte de la Junta Direc¬ tiva. José-Luis Pellicer visita la Exposición Universal de París como enviado especial de «La Vanguardia», a cuyo periódico remite sus impresiones literarias y gráficas. El pianista Enrique Granados da sus primeros conciertos. Por Carnaval, en el Teatro Lírico, Baile de Trajes organizado por el Círculo Artístico; concurren a él los más destacados personajes de la primera etapa del modernismo, con dis¬ fraces a cual más histórico. 1890 : Se aprueba la ley del Sufragio Universal : «la elección del padre de familia por sus hijos», diría Léon Bloy. Se celebra a pleno tumulto la Piesta del Primero de Mayo; es el momento álgido de la Federación de las Tres Clases de Vapor de Cataluña; se implantan las ocho horas de jornada legal de trabajo. Muere Rius y Taulet. Prat de la Riba es elegido presidente del «Centre Escolar Catalanista». Crisis del Gabinete Sagasta; le sucede Cánovas. En el Salón Parés: exposición Barran; primera exposición del trío Rusiñol-Casas-Cla- rasó. Miguel Utrillo actúa diligentemente como corresponsal de «La Vanguardia» en París; se ocupa, en largo artículo, del Salón de pintura y escultura de la Ville Lumière. Empiezan a ser publicadas 12 las cartas «Desde el Molino», escritas por Rusiñol, ilustradas por Casas. 1891 : En el Ateneo, homenaje a Salmerón y a Azcárate, en plena campaña electoral; contra las elecciones, celebran una reunión los obreros anarquistas, quienes atacan rudamente a todos los parti¬ dos; mayoría canovista. Segundo baile de trajes organizado por el Círculo Artístico, esta vez en el gran salón de la Lonja. Primera Ex¬ posición General de Bellas Artes. Segunda exposición, en el Salón Parés, de los tres catalanes — compañeros en París — Casas, Rusiñol y Clarasó; con las obras maestras del primero «Retrato de Erik Sa¬ tie» y «Baile en el Moulin de la Galette» ; con el cuadro de Rusiñol «Cementerio de Montmartre», que está expuesto en el Cau Ferrat. Inauguración de la primera sala del Museo de Pintura y Escultura en el Palacio de Bellas Artes; inauguración, en la nave central del Palacio de la Industria, del Museo Municipal de Reproducciones ar¬ tísticas, dirigido por José-Luis Pellicer. El pintor Juan Llimona pre¬ senta cuadros en el Salón Parés. Los maestros Luis Millet y Ama¬ sus deo Vives fundan el «Orfeó Català». Empieza a publicarse el sema¬ nario «La Ven de Catalunya», que sostendrá vivaces polémicas con «L'Avenç». 1892: En la asamblea celebrada en Manresa por la «Unió Cata¬ lanista», bajo la presidencia de Domènech y Montaner, se aprueban las bases para la constimdón autonómica de Cataluña. Aparece «La Tradició Catalana» de Torras y Bages. Movimiento anarquista en Jerez de la Frontera, y ejecución de algunos de los complicados; huelga de mineros en Bilbao. Cae Cánovas; Sagasta forma el Mi¬ nisterio de notables, con Gamazo, Montero Ríos, Moret, el almi¬ rante Cervera, Maura. Se inaugura en Madrid el primer templo protestante con acuse exterior del fin a que está destinado; protestas y contraprotestas entre los estudiantes; perora en un mitin la anar¬ quista Teresa Claramunt; tumultos y corridas. «Tannhauser» en el Liceo. Primera Fiesta Modernista en Sitges, consistente en una ex¬ posición de obras de artistas catalanes. El «Orfeó Català» se pre¬ senta por primera vez en público, en la Sala Bernareggi de la calle de Poniente. 1893: Martínez Campos, Capitán General de Cataluña, preside el desfile detropas que forman en parada en la Gran Vía; el anar- 14 J. L. PELLICER — Conferencia en el Palacio de Bellas Artes en 1893 quista Paulino Pallas echa dos bombas, hiriendo al General; muere un guardia civil; varios heridos graves; son detenidos diversos anar¬ quistas; Pallás es fusilado en Montjuich. Celébranse manifestaciones conmemorando las ejecuciones de anarquistas en Jerez de la Frontera; otras manifestaciones conmemoran la República. En la inauguración de la temporada del Liceo, mientras se representa el segundo acto de «Guillermo Tell», estalla una bomba; inmensa confusión; duelo ciudadano; veinte muertos y numerosos heridos. Empieza el Pro¬ ceso de Montjuich. Guerra en Melilla por la construcción de un fuer¬ te ocupaba lugar sagrado para los musulmanes por contener res¬ que tos de mezquita arruinada; muerte del general Margallo; man¬ una do del general Macias; protestas de amistad a España; Martínez Campos, embajador extraordinario cerca del Sultán de Marruecos, pone fin al conflicto. La sociedad Catalana de Conciertos inicia sus tareas: intensifica el wagnerismo — preludios del «Tristán» y de «Los Maestros Cantores», cabalgata de las walkyrias—; da a co¬ nocer, con éxito, la introducción de «L'Atlàntida» de Morera. Inau¬ guración del Círculo de San Lucas. Segunda Fiesta Modernista en Sitges, represéntase «La Intrusa» de Maeterlinck, traducida por Pompeyo Labra y tomando parte en ella, como actor, Raimundo Ca- sellas ; una parte de la sesión se dedica a la música : se interpreta César Franck. 1894 : Don Ramón Larrosa, Gobernador Civil de Barcelona, es herido de un balazo al salir de su domicilio. Se dicta acta de proce¬ samiento contra diecisiete presuntos anarquistas complicados en los atentados de la Gran Vía y del Liceo; otros diez anarquistas son trasladados al Castillo de Montjuich, celebrándose seguidamente Con¬ sejo de Guerra; al amanecer del veintiuno de mayo son fusilados seis de ellos; Santiago Salvador, el autor del atentado del Liceo, es ejecutado en el patio de la cárcel. Se dicta una nueva Ley de Orden Público. Se estrena «La Verbena de la Paloma». Blay expone «Els primers freds», escultura adquirida por el Ayuntamiento. En el se¬ manario ((Barcelona Cómica» asume la dirección Carlos Ossorio y Gallardo, literato correcto, redactor de «El Noticiero Universal». Se representa «Espectres» de Ibsen. En el Salón Parés, Casas expone su «Garrote vil». El día 4 de noviembre se inaugura en Sitges el Cau Ferrat, trasladando al mismo procesionalmente, por la mañana, dos cuadros del Greco, y celebrándose por la tarde una sesión litera¬ ria que constituye la Tercera Fiesta Modernista. Gaudí termina el Colegio de Santa Teresa de Jesús en la calle de Ganduxer. 1895 : Guerra de Cuba; en la batalla de Dos Ríos muere el poeta y patriota cubano José Martí; ley semiautonomista de Sagasta sobre la colonia; fracaso en Cuba del plan Martínez Campos. Cambio de Gabinete : a Sagasta sucede Cánovas, con Romero Robledo en Gra¬ cia y Justicia, Navarro Reverter en Fiacienda y el General Azcárra- ga en Guerra. Pérdida en un temporal del crucero «Reina Regente». Cambó es elegido para la presidencia del «Centre Escolar Catala¬ nista». Rebelión estudiantil en Barcelona por haber hecho borrar el Rector de la Universidad del cuadro de obras de texto las del cate¬ drático De Buen incluidas en el (dndex». Guimerà, presidente del Ateneo, lee el discurso «La Llengua Catalana»; gran alboroto; por suscripción entre amigos y admiradores se imprime a gran tiraje la peroración del dramaturgo. En el Teatro Lírico, tercer baile de tra¬ jes organizado por el Círculo Artístico. José-Luis Pellicer, «por inca¬ pacidad absoluta», según el tribunal, pierde las oposiciones a la cáte¬ dra de Dibujo del Natural y del Antiguo de la Escuela de Bellas Artes; desempeña Pellicer, en esta época, la presidencia de la «Unió RAMÓN CASAS — El embarque de tropas Catalanista» ; recibimiento entusiasta de Madtjd ; sesión a su regreso de homenaje, en el Hotel de Ventas, con discursos de Domènech y Montaner y de Riera y Bertrán, y concierto por el ((Orfeó Català». Juan Maragall publica su primer libro ((Poesies». 1896: Weyler es nombrado Capitán General de Cuba. En Fili¬ pinas primeros intentos secesionistas ; fusilamiento de Rizal. En Bar¬ celona, la tarde que se celebra la procesión de Corpus de Santa María del Mar, inmediatamente después del paso de la Custodia por la calle de Cambios Nuevos, estalla una bomba; se abre el proceso; son pues¬ tos en libertad varios de los detenidos. Tercera Exposición de Bellas Artes e Industrias Artísticas, anunciada por cartel de Riquer; entre las primeras medallas Joaquín Vancells y Juan Llimona, éste por su ((Tornant del tros»; entre las segundas medallas, Santiago Rusiñol. Isidro Nonell presenta sus dibujos de los cretinos de Bohí en el za¬ guán de ((La Vanguardia». Jaime Massó y Torrents publica sus ((Cro¬ quis pirinencs» ; Santiago Rusiñol publica ((Anant pel món», en un bello volumen salido de las prensas de ((L'Avenç». 1897: Decreto de autonomía para Cuba, con disposiciones que desvirtúan las concesiones efectivas. El General Polavieja, con su sa¬ lud quebrantada, y enfermo particularmente de la vista, embarca en Manila rumbo a España y es recibido en Barcelona con gran en- 17 tusiasmo. Son fusilados cinco anarquistas de los procesados por la bomba de la calle de Cambios Nuevos. Cánovas da por terminada la guerra de Cuba y Filipinas; pocos meses después, en el Balneario de Santa Agueda, es asesinado por el italiano Angiolillo, quien se dice ser vengador de los anarquistas barceloneses fusilados en Mont- juich; el Presidente del Consejo de Ministros responde a las balas exclamando: «¡Dios mío! ¡Viva España!» Se suicida José Soler y Miquel. Se representa «La Fada» de Massó y Torrents y el maestro Morera, en Sitges. En los conciertos dirigidos por el maestro Nicolau en el Teatro Lírico se interpreta insistentemente Wagner («Tristán e Isolda», «El Anillo del Nibelungo», «Los Maestros Cantores de Nuremberg»). «El Verb Artístic» : conferencia del Dr. Torras y Ba¬ ges en el «Círcol Artístic de Sant Lluc». Abre sus puertas la cervece¬ ría y sala de espectáculos Els Quatre Gats. «L'Avenç» edita una serie de canciones catalanas armonizadas por Morera, y con dibujos de Riquer, Juan Llimona, Santiago Rusiñol, Miguel Utrillo, Luis Bonnin y Jaime Pahissa. Rusiñol publica «Oracions»; Enrique de Fuentes, «Prosa»; Pompeyo Gener, «Amigos y Maestros». 1898: Aplicación de la autonomía en Cuba. Explosión interna del crucero-acorazado «Maine» en el puerto de la Habana, y de la cual se acusa sin fundamento a los marinos españoles; excitación en los Estados Unidos ; declaración de guerra a España por Mac Kinley ; éxitos norteamericanos; Paz de París, por Montero Ríos. Carta del General Polavieja con grandes ofrecimientos autonómicos; un sec¬ tor catalanista se pone a su lado. Creación de la Capilla de Música de San Felipe Neri, dirigida por Millet. Exposición Regoyos en Els Quatre Gats. Sesión a la memoria de Puvis de Chavannes y de Bur- ne Jones en el «Círcol Artístic de Sant Lluc». Rusiñol publica «Fulls de la vida». El «Teatre íntim» estrena «Nocturn» de su fundador Adrián Gual. En el concurso para anunciar el Anís del Mono son premiados tres carteles de Ramón Casas; éste y también Juan Brull obtienen medalla de primera clase en la Cuarta Exposición de Bellas Artes e Industrias Artísticas, por ((Salida de la procesión de Corpus de Santa María del Mar» y ((Ensueño» respectivamente. 1899: Con el movimiento polaviejista, acercamiento de los ca¬ talanes a Madrid: Durán y Bas es nombrado Ministro de Gracia y Justicia; el Doctor Robert, Alcalde de Barcelona; Font de Rubinat, 18 RICARDO MARÍN — De soirée Alcalde de Reus. Joaquín Costa, desde su retiro de Graus, predica educación sólida y alimentación abundante («la escuela y la despen¬ sa»). «La Veu de Catalunya» se convierte en diario, con Raimundo Casellas de crítico artístico. Verdaguer publica «Santa Eulalia»; Riquer, « Crisan temes » ; Enrique de Fuentes, «Estudis»; Pedro Co¬ romines, «Les presons imaginàries». Aparición en Barcelona de «La España Negra», de Verhaeren y Regoyos. Estreno del epigrama sin¬ fónico «Catalonia», de Morera, en el Teatro Lírico; estreno de «Ma¬ ría del Carmen», de Granados, en el Teatro Tivoli. Estreno de «Tris¬ tan e Isolda» en el Liceo. Casas expone en el Salón Parés; Ramón Pichot, en Els Quatre Gats. En Sitges, Quinta Fiesta Modernista, con obras deIgnacio Iglesias y «L'alegria que passa», de Rusiñol y Morera. El Ayuntamiento de Barcelona acuerda conceder premios anuales a la arquitectura, coincidiendo con la idea expresada por José-Luis Pellicer en un artículo simultáneo. Empieza a publicarse la revista «Pèl & Ploma». 19 1900 : Oposición entre el Gobierno español y la <(Unión Nacio¬ nal» fundada por Basilio Paraíso e integrada por las clases mercan¬ tiles de Valladolid; por ello el fundador, que había propuesto un programa de reformas más completo que el de Polavieja, da por fra¬ casada la «Unión». Se constituye la «Lliga Regionalista»; el Doc¬ tor Robert es su primer presidente. Vives estrena «Euda d'Uriach». Juan Maragall publica «Visions & Cants»; Santiago Rusiñol, «El jardí abandonat»; Jaume Brossa, «Els sepulcres blancs»; Adrián Gual, su «Llibre d'hores». 1901 : Elecciones para Diputados a Cortes ; en Barcelona, triun¬ fo de los regionalistas : Robert, presidente de la Económica ; Alberto Rusiñol, presidente del Fomento; Domènech y Montaner, presiden¬ te del Ateneo; Torres, presidente de la Liga de Defensa Industrial y Comercial. En Madrid, escándalo clerófobo, en el Teatro Español, promovido por la primera representación de «Electra», de Galdós. Cuando llega a la Corte el Conde de Caserta, padre de don Carlos de Borbón, prometido de la Princesa de Asturias, es recibido a los gri¬ tos de «¡Que no se casen! ¡Viva la República!». Cambó es elegido concejal de Barcelona. Muere Mañé y Flaquer; muere el Obispo Morgades. Pi y Margall, en mayo, es llamado a Cataluña para pre¬ sidir los Juegos Florales; en la gaya fiesta, «Els Segadors» y «La Marsellesa» ; muere Pi en noviembre de este mismo año. Inaugura¬ ción del «Teatre Líric Català» ; Emilio Tintorer, desde el semana¬ rio «Joventut», hace una terrible campaña contra el mismo. Se fun¬ da la «Associació Wagneriana». Verdaguer publica «Aires del Montseny»; Casellas, «Els sots feréstecs»; Adrián Gual, «L'Emi¬ grant» («drama de mundo»). Muere José-Luis Pellicer. 1902: Mayoría de edad de don Alfonso XIII. Huelga general en Barcelona. Muere el Doctor Robert. Dimisión de Sagasta y for¬ mación del Gobierno conservador presidido por Silvela. Fiestas de la Merced en Barcelona, impulsadas desde el Ayuntamiento por los catalanistas que no quisieron celebrar la mayoría de edad del Mo¬ narca. Gran engalanamiento urbano; el adorno y la iluminación de la calle de Fernando los proyecta el arquitecto Antonio Gallissá, ayu¬ dado por Jujol. Exposición de veintitrés cuadros de Sebastián Juñer- Vidal en el Salón Parés. Muere el poeta Mosén Jacinto Verdaguer. Riquer publica «Anyoranses» ; Rusiñol, «El poble gris» ; Víctor Ca- 20 ¿Per què ha de comprar floretes poguent dur-ne com ne porta aquesta bona mamà. un pom a cada costal? RICARDO OPISSO — DibvJO talà, «Drames rurals»; José-María Roviralta, «Boires baixes». Gaudí termina Bellesguard. 1903: Gobierno Villaverde. Propaganda republicana de Costa, de Salmerón. Retirada de Silvela. Gobierno Maura. Merienda repu¬ blicana en El Coll, con Lerroux. En el Monasterio de Poblet, bendi¬ ción de la bandera, proyectada por Riquer, que ofrecen las mujeres catalanas a la «Unió Catalanista». Representación de «Edip rei» por los del «Teatre íntim». Juan Maragall lee, desde su presidencia del Ateneo, «Elogi de la Paraula». Alejandro de Riquer reúne en lu¬ josa edición sus ex libris. Se estrena la ópera «Follet» del maestro Granados. Se estrena «El Héroe», de Santiago Rusiñol. Cierra sus puertas la cervecería y sala de espectáculos Els Quatre Gats. 1904: Visita de Alfonso XIII a Barcelona; Cambó, en el Ayun- 21 tamiento, expresa al Rey las aspiraciones de Cataluña. Atentado con¬ tra Maura. Un grupo político se separa de la «Lliga Regionalista» y funda «El Poble Català». Convenio francoespañol sobre Marrue¬ cos. Estreno, en el Liceo, de «Los Maestros Cantores de Nurem¬ berg». Campaña, dieciocho sesiones, del «Teatre íntim». Exposi¬ en ción del cuadro «La carga» en el taller de su autor Ramón Casas. Ex¬ posición Pidelaserra en el Ateneo Barcelonés. Joaquín Ruyra publica «Marines i boscatges» ; Claudio Planas y Font, «Proses» ; Enrique de Fuentes, «Tristors»Xavier Viura, «Preludi» ; José Carner, el ; «Llibre dels Poetes». Gaudí termina la Casa Calvet, en la calle de Caspe. La revista «Catalunya» reúne en un volumen, sobriamente en¬ cuadernado, una selección de artículos de Maragall. 1905: Se celebra en toda España el tercer centenario del «Qui¬ jote». Alfonso XIII, en París, es objeto de un atentado anarquista. Bombas y más bombas en Barcelona; el Consejo de Ministros acuer¬ da la creación de una policía especial para nuestra ciudad. Ministe¬ rio Montero Ríos. Triunfo electoral de la «Lliga Regionalista» ; dinar de la el elemento militar de las redac¬ Victòria; asalto por ciones de «¡Cu-cut!» y de «La Veu». Ministerio Moret. Domènech y Montaner dirige la construcción del Palau de la Música Catala¬ na; Gaudí empieza la Casa Milá, en el Paseo de Gracia. Pompeyo Crehuet estrena «La morta» y «Claror de posta». Víctor Català pu¬ blica «Solitut» ; José Pijoan, «El Cançoner» ; Rafael Nogueras Oller, «Les tenebroses». 1906 : Conferencia de Algeciras, presidida por el Duque de Al¬ modóvar del Río. Enlace matrimonial de Alfonso XIII y la princesa doña Victoria Eugenia de Battenberg, nieta de la reina Victoria de Inglaterra; Mateo Morral lanza a la regia carroza una bomba den¬ tro un ramo de flores; dice Teodoro Baró, en el «Almanaque del Diario de Barcelona», que el mentado anarquista «era un intelectual y desequilibrado que había perdido la fe», y añade: «Casi todos los anarquistas de acción son intelectuales, lo que prueba que las bom¬ bas se cargan con utopías, y quienes las cargan son los Gobiernos que no reprimen la propaganda y la excitación al delito». El Con¬ sejo de Ministros acuerda presentar el proyecto de ley llamado de Jurisdicciones, para la represión de delitos contra la Patria y el Ejér¬ cito; lo publica en la «Gaceta» del 24 de abril; en señal de protesta 22 contra esta ley, se organiza el movimiento de Solidaridad Catalana; en plena propaganda electoral, Cambó es herido de un pistoletazo. En el Teatro Principal, «Espectacles-Audicions Graner». En el Sa¬ lón Parés, exposición Vancells; en la Casa Esteva, Figueras y Suce¬ sores de Hoyos, exposición Juan Brull. Ruyra publica «El país del pler»; Carner publica «Els fruits saborosos». 1907: Maura en el Poder; se discute la ley de Administración Local. Gual dirige varias representaciones en el Teatro Romea. Gau¬ dí termina la reforma de la Casa Batlló, en el Paseo de Gracia. La Asociación Wagneriana recoge en un volumen las veinticinco conferencias que han sido pronunciadas en su local desde 1902 a 1906. Representación en Barcelona, por Mimí Aguglia, de «La Fi- glia de lorio» de D'Annunzio, con sumo deleite de la revista «Jo¬ ventut». Se celebra la V Exposición Internacional de Arte, con apor¬ taciones extranjeras valiosísimas. Prat de la Riba es elegido presiden¬ te de la Diputación de Barcelona. Con la elevación de Prat de la Riba a tal cargo, con la creación por éste del «Institut d'Estudis Catalans», con la apertura al público, unos años más tarde, de la «Biblioteca de Catalunya», el político cas- telltersolense capmra y da fin al modernismo, dispersa todo lo que del mismo considera funesto, valoriza cuanto de él reputa aprove¬ chable y fructífero. Prat debió creer que, sea en un clasicismo de verdad, sea en un clasicismo forzado, toda actuación estatal en el clasicismo debe apoyarse. No vamos a estudiar en detalle la labor cultural de Prat de la Riba, las gestas, por tantos conceptos meritorias, del «Institut d'Estudis Catalans», las diversas activida¬ des pedagógicas que desde la Diputación — como desde el Ayunta¬ miento— por aquellos días se desplegaron en Barcelona. Todo ello se sale ya del marco de nuestro ensayo. Vamos ahora a relatar aquí, en loprudente, el enlace que sea que con el modernismo pudiera tener el autor del presente libro. Nacido yo el año inmediato siguiente al de la famosa Exposición Universal barcelonesa, nacido no en Barcelona, sino en plácida po¬ blación costeña ponentina, mis primeras lecciones dentro el mundo de las imágenes me las dieron los grabados ingleses de la revista «El Camarada». Al igual que Xenius captara en <(La Ilustración Ibé¬ rica» los primeros conocimientos sobre el prerrafaelismo y el impresio- 23 nismo, arrulláronme a mi, siendo muy niño, las figuraciones seño¬ riles de dicho semanario infantil, publicado por el propio editor de «La Ilustración Ibérica», don Ramón Molinas, dirigido también por el cuñado de éste, don Alfredo Opisso (alma de la ilustración menta¬ da), quien dejó rastro, por doquiera pasó, de su gusto selecto por la novedad en arte. (cEl Camarada» meció mi fantasía infantil entre una vida confortable y un campesino efluvio agraciaba las composicio¬ que nes y los paisajes aparecidos en sus páginas, que traducíase en los ne¬ nes y en las chiquillas de sus dibujos de tema propio, separados, pues, de las poesías y los cuentos que el estado mayor revisteril allí solía publicar; aquellos nenes y aquellas chiquillas de los camisones hol¬ gados y las manos en actitud de orar, o acaso jadeantes y jocun¬ dos entre las mariposas de los campos, o acaso descubriendo el dolor junto al lecho del enfermo o del menesteroso, o acaso prodigando sus cuidados a los animales amigos. Sentado ante el armario guardador de mis juguetes, hojeaba yo cada día y volvía a hojear, aquella pequeña publicación incom¬ parable, solamente substituida por el álbum en recio papel azuleño donde fuéronme pegados, por las dulces manos maternas, cromos, felicitaciones de Navidad, estampas de Epinal y varias viñetas ilus¬ trativas de anuncios—rcon camillas y sillones ortopédicos — de la revista «The Lancet». «Blanco y Negro» desplazóme de la lírica iconografía anglosajona y de los colorines de Olivier-Pinot para atraer¬ me hacia el tierno aristocratismo de la Corte en la Regencia de doña María Cristina. Méndez Bringa, Huertas, Alberti, Regidor, alguna que otra vez Marcelino de Unceta, ilustraban «Blanco y Negro». Poca cosa me decían ni el tipo de cesante de Mecachis, ni el de pobre diablo de Cilla ni el de baturro de Gascón en sus historietas y chascarrillos. Hasta cierto Méndez Bringa llevábase mis preferencias. ¿Qué debió punto evocarme éste del mundo real y de ensueño del Retiro de Madrid, que yo no conocía aún directamente, pero que en sus infantes únicos previ, degusté en mi lozana emotividad.? ¡Qné adentro debió llegar¬ me aquella Maud rubia y sutil, dibujada por Méndez Bringa, que el corazón de Azorín ilusionóse a entregar al abrazo del sol de España ! Fué por las páginas de «Blanco y Negro» que el prerrafaelismo se vino a mis ojos: no con los auténticos ingleses renombrados, que en 24 el mundo del noble y puro arte habían librado la batalla por aquella misma dignidad y por aquel mismo fervor que en el mundo ilustra¬ tivo habían osado sostener los dibujantes, ingleses también, de «El Camarada», sino con los españoles Arija, Varela particularmente, y aquel singular Eugenio Chiorino que no he visto en sus obras en sitio alguno que no fuera la revista «Blanco y Negro». Por los años de colaboración de Chiorino en el semanario madri¬ leño, apercibí pasmado el de la representación en Sitges de «La eco Fada» —• la ópera de Morera — ya mis oídos infantiles llegaron las palabras que, en el poema de Massó y Torrents, dirige el pastor al rabadán : ...Llavors, del llamp a la claror, veuràs les bruixes arremengades fins les euixes, escopint rates i fetor. Sitges me subyugaba ya con su misteriosa jada y con su Cau Fe¬ rrat original que, gracias al guardián Ginés, podía visitar cuando a la blanca población iba desde El Vinyet, donde mis padres me llevaban por los días navideños a ver el Belén. Sitges era, para mí, el símbolo de la ilusión y del arte. La ilusión había ido rozando, en mis primeros años, el cúmulo de papeles que indiqué, mas también — en la vida — los juegos y las rondas. Tra¬ dicionales tonadillas, coplas de actualidad más o menos relativa, otras de encanto perenne, eran las que daban ritmo al corro — al ball rodó, al giro tondo — de los jardines villanoveses donde mi sensi¬ bilidad desahogóse por los años 93, 94 y 95 del ya lejano siglo xix. ¿Cómo no evocar, en esta biografía incompleta de mis años in¬ fantiles, la que fué la más encantadora tal vez de aquellas imborrables canciones La rueda oscila; niños y niñas dibújanla, todos ellos entonando: rf5-8 / rr r hhht- i ^ «I J1 J> tf f ¿ 7 ^ 111 llUM á • Her-mo-sasdon-ce-llaí io_ya - bWl. 25 Y, en el centro, una voz fina, deliciosamente sutil, resquebra el gran silencio — que el nutrido corear incitó — para decirnos: ■ ï- —^—rT 1 f jj ; 1 4 -.r, ? I M r y j ' ' g —J ^ N j Yo ioy la viu- flii-ta ¡le 1 con-de Liu ■reí, cjue r e-ro ca sar-me y no se com íjuicn. El corro prosigue el diálogo : ^ 4 ^ • * a J Z ^ ^ f Ti ti n V -J—J—0— J futí sien-Jo Un be-lk no ti4-||as con ijsjiín, ts-co-jed tu. ^os-U(juPa-^u'tie-ílts de«. Y entonces la breve mujercita se determina a escoger : rrrrn J " li J , J —r~ -Vii ^ Mi • !> T J—/- 1 9 < J * Tíi -fía Ell - j« es-td por set k más le-lla, lá í>ian-a a-zu -ce-na ué había pasado? Deberíamos remontarnos a los años 1889, 1891, 1893, para imaginarnos lo que serían los fastuosos bailes de trajes del Teatro Lírico (el primero y el tercero) y de la Lonja (el segundo); lo que re¬ presentaban en la vida barcelonesa corrientemente apacible, no tur¬ bada todavía por la bomba contra el general Martínez Campos (pri¬ mer grave atentado anarquista), aunque la propaganda ideológica ya arreciara. El baile de 1889 hállase descrito al dedillo en el libro ante¬ dicho de Luis Cabañas Guevara. Por él sabemos cuáles fueron los disfraces de los aristócratas, de los artistas, de los intelectuales que al baile concurrieron, el donaire con que lucían el travesti determinadas damas y muchachas de la buena sociedad, y cómo don Ensebio Güell y Bacigalupi, de frac, destacaba entre el abigarramiento colorístico. Vemos, también, que al baile concurrieron disfrazados los hermanos Juan y José Llimona, pintor el primero (con traje de capitán de barco negrero) yescultor el segundo (con traje de artista del Renacimiento). Juan Llimona probablemente por tal época ya había cambiado en su manera de pensar ; de escéptico que antes fué tornóse — gracias a su trato con el médico José Blanch y Benet — católico ferviente; su hermano estuvo ideológicamente a su lado. Quizá en el año 89 hagan 67 la concesión de disfrazarse para no enturbiar el júbilo general de sus amigos. Repítese el jolgorio dos años más tarde, esta vez en la Lonja — el único baile de que se tiene memoria que allí se haya celebrado— ; acaso se inicia la escisión entre los herederos de los despreocupados contertulios de los antiguos pisos o talleres más o menos artísticos — El Gavilán, el Taller Embut, etc. — y los artistas simplemente y puramente cristianos, consecuentes con su fe, amantes de la digni¬ dad, de la seriedad, en sus obras. El tercer baile de trajes — del año 1893, en el Lírico al parecer tuvo alguna consecuencia moral- mente desagradable. Dos grupos se van perfilando : el uno — el más numeroso — está constituido por los intelectuales y artistas indiferen¬ tes o casi indiferentes en religión ; el otro está integrado por un corto número de artistas confesionales. «Una cuestión de orden moral — es¬ cribe Juan Llimona — con motivo de un baile de máscaras—: ¿sería ya de máscaras el baile del Círculo Artístico de 1893 y no única¬ mente de trajes?—motivó la escisión». Parece ser también que la disparidad se manifestó además, abiertamente, en cierta caragolada que organizaron en Montjuieh los ateneístas amigos de Rusiñol para agasajarle por su conferencia «Mis hierros viejos», en cuyo homenaje uniéronse a aquéllos los miembros de una sociedad festiva titulada «La Chispa», y a consecuencia de ello en los brindis y discursos fue¬ ron sobrepasados los límites del decoro. El concejal D. Alejandro- María Pons estaba allí, telefoneó al Gobierno Civil a fin de que fue¬ ra disuelto el acto, se ocupó de ello el «Diario de Barcelona», y con¬ certóse entre Pons, los dos Llimona y otros artistas la fundación del «Círculo Artístico de San Lucas», catalanizado en su título al poco tiempo. La nueva organización inicia sus tareas dentro el año 1893; sus fundadores no concurren, naturalmente, a la fiesta inaugural del Cau Ferrat, el siguiente año 1894. Hubo un momento de pánico, en Sitges, acerca de la autentici¬ dad de los dos «grecos» recién llegados; alguien la puso en duda, y fué preciso recurrir a la opinión de los más entendidos : al director del Museo de Artes Decorativas de Barcelona, José-Luis Pellicer; al escenógrafo Francisco Soler y Rovirosa, experto conocedor de es¬ cuelas pictóricas. Parece ser que, después de detenido examen, am¬ bos respondiron afirmativamnte. De lo contrario, ¡qué plancha! Segundo acto de la inauguración del Can Ferrat: certamen li- 68 terario en Rusiñol perora ensalzando el flamante local como a que «refugio para abrigar a los que sienten frío en el corazón», y conside¬ rándose voz cantante de todos los intelectuales y artistas allí reuni¬ dos, dice enardecidamente : «Trabajemos a golpes de besos y de mar¬ tillos; y en tanto aquí todos juntos, todos los nuestros, sin miedo a oídos forasteros al arte y a la poesía, podemos desbravarnos gritando lo que no osamos decir muchas veces rodeados del gran rebaño : que queremos ser poetas y que despreciamos y compadecemos a los que no sienten la poesía; que queremos más un Leonardo de Vinci o un Dante que una provincia o un pueblo; que preferimos ser simbolis¬ tas y desequilibrados, y hasta locos y decadentes, a decaídos y mansos ; que el sentido común nos ahoga, que de prudencia, en nuestra tierra, sobra; que no importa pasar por D. Quijotes allí donde hay tantos Sancho Panzas que pacen, ni leer libros de encantado allí donde no se lee libro alguno». Los trabajos del Certamen reuniéronse posteriormente en un pequeño volumen impreso en «L'Avenç» ; los hay en verso y en prosa; son sus autores: Joseph Aladern, Raimundo Casellas, Ma¬ nuel Font y Torner, Pompeyo Gener, José Yxart, José-M.® Jordá, Juan Maragall, Narciso Oller, José Pin y Soler, Dionisio Puig, José Puig y Cadafalch, Federico Rahola, Juan Richepin, Manuel Rocamora, Santiago Rusiñol (con su discurso aludido) y Guillermo-A. Tell y Lafont. Un verdadero ciempiés comparable al sumario de la más disparatada revista. Comienza Joseph Aladern (Cosme Vidal y Ro- sich) con <(E1 cant del minaire», cuya primera estrofa es como sigue : El ferro ahí arrencaves que avui va a fundició. la Si ahir rogent te'l miraves, negrenc avui té el colo. Mentres tu de sang minvaves, ell anava adquirint to. Y cuya última estrofa dice : ]a veus, doncs, per quin fi neix el qu així se veu tractat. 69 ]a saps, doncs, per que serveix el ferro qu'has arrencat: per ofegà en tu mateix l'idea de Llibertat. ¿Para qué seguir? Tal vez lo más grato de leer sea la poesía de Manuel Rocamora y la nota impresionista a base del predominio del blanco en su pequeño dormitorio, por José Yxart; no es de extrañar que éste — terriblemente afónico — se aburriera en el certamen y mucho más aún en lo que él llama irónicamente «la velada forzosa de los trobadores» que por la noche—: después de la cena de doscientos comensales y del baile que tuvo efecto en el salón del Cau — se im¬ provisó para pretendido solaz de los barceloneses en las horas que faltaban hasta el tren de la madrugada. «¡Yo no he visto nada más cargante, fastidioso y bestia!», exclama Yxart en carta a su primo Narciso Oller. Esta interioridad de la fiesta y la caragolada de Montjuich reve¬ lan como no serían muy neoidealistas en sus bromas cuando menos algunos de los hombres de «L'Avenç», de «La Vanguardia» o del Ateneo, en tales años. Tampoco la sesión literaria propiamente dicha interesó en reali¬ dad al notable crítico: «A mí el certamen me hizo el efecto — si¬ gue escribiendo Yxart a Oller — de ver salir un abanderado muy arro¬ gante y muy alto con un estandarte riquísimo, bordado de oro, segui¬ do de una patulea de muchachos con trabucos viejos, escopetas de caña y sables de madera. He ahí el espléndido, rendido y alocado discurso de Rusiñol, el programa ardiente de un verdadero artista sincero, y sin freno, y después, las composiciones que... lo realizaban: las escopetas de caña ! » Yxart permanece unos días en Sitges con el portaestandarte del modernismo catalán, hasta cuando el dilecto amigo se decide a mar¬ char a Barcelona para recoger a su hija María, pues aunque cause extrañeza, Santiago Rusiñol habíase casado hacia 1886 y separándose de su esposa después de haberle dado ésta una hija, se zambulló en la bohemia ficticia de la Rue de l'Orient y del Moulin de la Galette. No con las peponas de trapo que arrastrábanse sobre la caja del piano del Cau Ferrat, sino más bien con un bebé de cuerpo articu- 70 lado y por entonces María Rusiñol el faz de porcelana celebraría bautizo de su muñeca, en acta de la imitativa fiesta en según consta un álbum donde firmaron los visitantes del museo particular de Sitges ; tal aquella mufíequita que acoge la niña en su regazo en vez una fotografía de la pequeña sala que abre su ventanal sobre el mar ; un bebé Jumeau, tal vez, con el par de cordoncillos —^ encabeza¬ dos por diminutas bolas de diverso color —que, algo confusamente, sonaran al tirar: pa-pa, ma-má... De María Rusiñol niña quedan en el Can una serie de fantasio¬ sos dibujos; su infantil porte, su alba vestimenta, los registró Ra¬ món Casas en una hermosa efigie que, muerto Rusiñol, pasó a la retratada. En julio de 1895 visita el Cau Ferrat doña Emilia Pardo Bazán; en el mismo año, en 12 de agosto, tiene lugar en Sitges un concierto del «Orfeó Català» ; y en 28 de agosto, en el mar, sobre una plata¬ forma flotante, detrás del Can, se celebra un espectáculo nocturno, organizado Rusiñol, con la imitación, por la señorita Pilar Ar¬ por cas, de las danzas serpentinas de Lo'íe Fuller, iluminadas con linter¬ nas. En 1896, Ysaye y Chausson dan un concierto en Sitges; Rusiñol viaja por primera vez por Andalucía, acompañado de Arcadio Mas y Fondevila, Miguel Utrillo y un aficionado a la pintura, Macario Oller y Codoñet; publica sus notas literarias en «La Vanguardia». El 14 de febrero de 1897 tuvo lugar en el teatro del Prado Su- burense la cuarta fiesta modernista con el estreno de la ópera «La Fada», del maestro Enrique Morera, sobre un poema dramático del fundador de «L'Avenç», Jaime Massó y Torrents. Antes de la re¬ presentación, la orquesta, dirigida por Morera, interpretó un poema sinfónico de la señorita Mercedes Vidal (hija del iniciador de la eba¬ nistería personalista catalana, Francisco), y las «Danzas canadien¬ ses», de Gilson; seguidamente, Rusiñol pronunció «un tan elocuente como rusiñoliano discurso» (como dice Rafael Casanova en «El Eco de Sitges»), apologético de la música llamada por él modernista. Según «El Noticiero Universal», «al caer el telón fué el delirio lo que se produjo en el teatro». «Todos los espectadores, en pie, con el sombrero los caballeros y las señoras con los pañuelos, saludaban al maestro Morera, obligándole a presentarse en escena innumerables veces para recibir el homenaje de todos sus admiradores y amigos y 71 oír los vítores y demostraciones de cariño que atronaban la platea». Amanda Campodonico y Manuel Morales-Pareja (después comercian¬ te en vinos y, en 1918, alcalde de Barcelona) desempeñaron las prin¬ cipales particelle de la ópera: las de Gueralda y Jausbert, respecti¬ vamente. El cartel anunciador del espectáculo lo dibujó Miguel Utrillo; las decoraciones las pintaron Rusiñol, Utrillo y Mirabent. «A las ocho y media salió de Sitges un tren especial en el que regre¬ saron a esta ciudad las familias expedicionarias, sumamente compla¬ cidas de la fiesta a que habían asistido», leemos al final de la reseña del expresado diario barcelonés. En 1897, Rusiñol pasa una temporada en Madrid con Modesto Sánchez Ortiz y Antonio Palomero. En su entusiasmo por el Greco, un día, conversando, dice que a su propuesta, en Sitges, sería erigida una estatua al famoso pintor. Ábrese una suscripción. Reynés rea¬ liza al poco tiempo la escultura. En 25 de agosto del propio año señálase en la Ribera suburense el sitio donde va a ser emplazado el monumento; celébrase solemnemente este acto, y Salmerón, el político republicano (ignorante, según decía Rusiñol, en arte), pro¬ nuncia unas palabras. El organizador espeta un nuevo discurso; habla modernísticamente, en plena euforia, como lo había hecho en la representación de «La Intrusa», o en el certamen literario, o en la representación de «La Fada». Figura entre el público del acto Angel Ganivet. Publícanse sucesivamente en sendos libros los artículos que Ru¬ siñol hubo enviado a «La Vanguardia» : «Desde el Molino», en 1894 (el año de la inauguración del Can); sus «Impresiones de Arte», en 1897, con dibujos de Zuloaga, Mas y Fondevila, Utrillo, Oller y el propio autor del texto. Imprímense en «L'Avenç» (la imprenta y editorial a que dió nombre y vida la ya desaparecida revista) los dos libros suntuosos de Rusiñol, «Oracions» (en 1897; con dibujos de Miguel Utrillo), y «Fulls de la vida» (en 1898; con dibujos de Ramón Pichot). En 25 de agosto de 1899 tiene lugar, en El Retiro de Sitges, la última de las cinco fiestas modernistas celebradas bajo los auspi¬ cios de «L'Avenç» y de Rusiñol. De la imprenta «L'Avenç» sale una nueva revista, « Catalonia», publicada por Massó y Torrents y su socio Joaquín Casas-Carbó, éste concentrado — como Pompeyo 72 f A. DE RIQUER — Cubierta de libro Fabra — en cuestiones gramaticales catalanas. En «Catalonia» co¬ laboran asiduamente algunos escritores jóvenes: Juan Pérez-Jorba, Ernesto Vendrell, Ignacio Iglesias. Iglesias, en su teatro, revela in¬ fluencia ibseniana, pero en sus poesías a veces se inmerge en po- el pularismo, por ejemplo en la «Cançó de Nadal» : Pastors, bons pastors: veniu a redós del trist fesuset que plora de fred. Anem-hi entonant, al so de la gralla, meloses eançons de pau i consol, que el Déu tot amor dorm. sobre la palla faltat de bolquers i sense bressol. Una obra dramática, «Lladres!», y una comedia lírica, «La Reina del cor» (con música de Enrique Morera), debidas a la pluma de Iglesias, integran con «L'alegria que passa», humorada idílica de Rusiñol y Morera (ya estrenada pocos meses antes en Barcelona), y con un concierto de Joaquín Nin, el programa de la quinta fiesta modernista. Nin interpretó Scarlatti, Grieg, Alió, Gay y Morera. Rusiñol escribiendo para el teatro; pictóricamente diríase que va se halla secuestrado por el encanto, asequible al público, de los jar¬ dines españoles. No busquemos inquietudes en sus nuevos cuadros; no busquemos sutil poesía en sus comedias, en sus dramas, en sus na¬ rraciones. No habrá en el teatro y la novela de Rusiñol más poesía que la que deriva de su humor particular y del ritmo de su barcelonesa cachaza indestructible. La aventura bohemizante de París, el viaje a Italia con Zuloaga, quedan en la lejanía, como de una vida anterior que tuviera su remate, su coronamiento, en las cinco fiestas moder¬ nistas suburenses. Quizá el estilo de Llanas, tal vez algo de Julio Re¬ nard, tal vez el legado de Emilio Vilanova (como opinan los de la revista((Catalunya»), tal vez únicamente una bonhomia atávica des¬ pliegan en él el chiste lento y algo ácido que caracterizará el común de sus innúmeras obras literarias. Muy inferior a éstas va siendo con los años su pintura, perpe¬ tuamente obsesionada en una temática, la de los jardines que en di- 74 versos parajes españoles peninsulares y en la isla de Mallorca va pin¬ tando, en cada sitio según la estación del año que dé más realce a su encanto, con sentido sagaz en el corte del cuadro, pero sin emoción. Los jardines de Santiago Rusiñol obtuvieron el beneplácito del público, y él, pese a lo trasnochador que siempre fué, no faltaba a la hora de sesión — a la hora escogida para cada uno de sus cuadros — al tema que a sí mismo se hubo impuesto. Ni los cármenes de Gra¬ nada ni los huertos mallorquines persistieron en su repertorio lo que las fuentes y los álamos de Aranjuez, lo que la nostalgia gerundense. Todos los años, por breve temporada, Gerona le hospedó, pintaba en ella ya en los jardines señoriales recoletos, ya en el vesperal clima inolvidable del valle de San Daniel, ya — acaso — en la Devesa. Des¬ pués, envuelto en humo y en la admiración provinciana, pasábase sus horas en el Café Norat, ante la juventud deambulante por la Rambla porticada. Capítulo V EL PROCESO DE MONTJUICH En el motín que asesinó, en 1855, al escritor José Sol y Pedríselfac- rece se iniciaron Armóse el motín por en la importación de las máquinas s pa¬ Barcelona los crímenes de conflictos sociales. tinas, que economizaban brazos, que incrementaban el capital sin mejorar a los trabajadores, que no aumentaron el jornal de los obre¬ ros en relación con lo que aumentasen las ganancias. Se cobra la clase dirigente la dirección, muchas veces debida no a inteligencia, sino puramente a posibilidades económicas ; al obrero no se le atiende pensando en sus necesidades, sino basándose en el contrato hecho, en el jornal estipulado, aunque el dueño de la materialidad de la fábrica reviente de ganar dinero. Si con el tiempo esta situación ha mejorado, ha tendido algo más hacia la Justicia, j a costa de cuántas lágrimas, de cuántas envidias, de cuánta sangre ha sido! Mezclemos a todo ello los movimientos obreristas engendrados por el materialismo en conjunción con la tibieza religiosa, movi¬ mientos fomentados por el espejismo del Progreso, por el progreso del materialismo... Con cuánta razón pudo decir Baudelaire : «No es particularmente por instituciones políticas que se manifestará la ruina universal, o el progreso universal ; pues poco me importa el nombre. Será por el envilecimiento de los corazones.» Un año después de la muerte de Sol y Pedrís levántanse en Barcelona los obreros en huelga general, y la primera autoridad militar de Cataluña, Zapatero y Na¬ vas, emprende una represión durísima, combate a las organizaciones obreras. Se incrementa el espíritu de rebeldía; foméntase, en medio 77 de los disturbios políticos, la inconformidad proletaria. Al amparo del ambiente de la Revolución del 68, José Fanelli — amigo de Ba- kunín—, llegado a España, nombra los delegados en tierras ibé¬ ricas de la Asociación Internacional de Trabajadores. Robaudonadeu es quien presenta Fanelli a los grupos de obreros ; José-Luis Pellicer, republicano federal dentro la política española, actúa como presiden¬ te del grupo catalán, bien que su principal animador fuese el tipó¬ grafo Rafael Farga-Pellicer. Un maquinista barcelonés, Marsal y Anglosa, toma parte, en dicho año 68, en el Congreso que la Inter¬ nacional celebra en Bruselas. El Manifiesto Comunista se particularmente a impulsos propaga del médico Gaspar Sentiñón, seguidor de Carlos Marx, no de Baku- nín. Asisten Sentiñón y Farga al IV Congreso de la Internacional, celebrado en 1869 en Basilea. El año siguiente, 1870, tiene lugar en Barcelona un «primer congreso obrero» en el Teatro Circo Español, cuyo escenario se engalana con enseres y emblemas del Trabajo; José-Luis Pellicer dirige tal ornato, pues ya sabemos la actividad di¬ versa de este artista, siempre dispuesto a colaborar en toda obra de carácter político, o social, o socializante ; él en cuya ideología hubo sin duda algo comparable con las doctrinas de un Morris o de un Ruskin que en la repercusión entre algunos familiares de los Hermanos Prerrafaelistas a veces alcanzaron trascendencia subversiva. Se forma en Barcelona una corriente obrera, entre comunista y ácrata, que no se halla desligada al parecer del cariz liberal-revolucionario, ni está muy distanciada tampoco del sectarismo masónico, o del sectarismo carbonario. Se marcan dos tendencias obreristas en nuestra ciudad : una la marxista, con carácter centralizador ; otra la bakuninista, con carácter federal; con Bakunín tuvo correspondencia Eudaldo Canibell, des¬ pués redactor y tipógrafo de «L'Avenç», y pretendió tenerla, sin lograrlo, Pompeyo Gener, que figurará en «L'Avenç», en «Ciencia Social», «Pèl & Ploma», en «Joventut»... Fruto de las actividades en obreristas es la creación de cooperativas; una de ellas, la que fun¬ ciona en Mataró en 1877-1882, domiciliada en un edificio ad hoc cons¬ truido bajo la dirección de Gaudí. A partir del Congreso Obrero ce¬ lebrado en el Circo Barcelonés en septiembre de 1881, toma cuerpo y va formando ambiente el anarqmsmo, mediante la propaganda de 78 hojas sueltas con textos de Kropotkin, Reclus, Juan Greux, Malato, Malatesta, Max Stirner. En Reus tiene lugar un certamen obrerista, en 1885, en el cual obtienen premios Celso Gomis, redactor de «L'Avenç», y el poeta Emilio Guanyavents, contable y corrector de pruebas de la propia revista. El año inmediatamente posterior al de la Exposición Universal, el Palacio de Bellas Artes de Barcelona es utilizado para la celebración de un congreso anarquista. La revolución ideológica desembocará en la preconizada ayuda de la acción. Otro hombre de «L'Avenç», y después de «Ciencia Social», Jaime Brossa, dice : «La cohesión de fuerzas ha de buscarse a la par en la crítica negativa y destructora y en la unión por la acción, persiguiendo con saña las plagas de la época presente.» En 1890 se instimye la fiesta protestataria del i." de Mayo; en Barcelona se celebra ordenadamente un mitin en el Tivoli; después, una manifestación desciende por las Ramblas. Empiezan varias huelgas ; el 4 de mayo se descubren cuatro bombas delante del Fomento del Trabajo Nacional. El i.° de Mayo o en los días siguientes del año 91, estallan petardos; uno de ellos en la puerta del Gobierno Civil. En 1892, a causa de estar Barcelona en estado de guerra, no hubo i." de Mayo. Al iniciarse el año 1893, mitin anarquista en la Plaza de Toros. Si la conducta a seguir no apareciera bien clara en los discursos, ya cuidarán los propagandistas extranjeros de que la aprendan al oído uno a uno los obreros, o de que se enteren bien los grupos anarquistas constituidos regularmente por solo cuatro o cinco compañeros reuniéndose en un café o en un centro de trabajadores. El anarquista italiano Miguel Ángel Rainaldi (Angiolillo) se pone en relación con los impresores de «L'Avenç» (según refiere Manuel Reventós en su libro (cEls moviments so¬ cials a Barcelona durant el segle xix», del cual hemos tomado gran parte de los datos que anteceden). ¿Sabían los directores de la revista la inmersión de Angiolillo entre el personal tipógrafo de la casa? Y, en caso de saberla, ¿dábanse cuenta con claridad de quién era y de lo que representaba? No somos nosotros quienes puedan dar segura respuesta. Juégase a ideas : a la dirección de la revista, en este plano, nada la espanta; justificó «por su valor literario» el fu¬ nesto escepticismo de determinada poesía de Ángel Guimerà; Dar¬ win, Zola, Renan, son objeto — en las páginas de «L'Avenç» — de laudatorios ensayos; conquista el primer lugar entre los redactores 79 el joven anarquista Jaime Brossa; toman caracteres de sendos acon¬ tecimientos, en Barcelona, los estrenos de las obras de Ibsen y, dentro un círculo más limitado, los de las obras de Brieux; el modernismo está en su auge ; «lo que importa — dicen — es la novedad, la mo¬ dernidad de las ideas». Entretanto, los obreros, embrutecidos por el trabajo sin amor, aspiran, tanto o más que los intelectuales, a un neoidealismo también y los propagandistas de sus centros les ensalzan la revolución social, que determinará — según ellos — la eclosión de un nuevo orden, de una feliz Arcadia, de un mundo sin dolor y sin distinciones de clases. La atmósfera está caldeada : pueden empezar los crímenes. Éstos los hemos referido ya en el registro de efemérides ; sin embargo, en¬ caja aquí la rememoranza con nuevos detalles. El día de la Merced de 1893, por la mañana, en la Gran Vía, hay singular animación. El gentío se alinea ; la policía se concentra ; tran¬ sitan los vendedores ambulantes de pitos de madera, de chufas y cacahuetes, de molinillos de viento. Aparece el capitán general don Arsenio Martínez Campos, dispuesto a revisar las tropas en parada; situase, con su escolta, en el cruce del ancho paseo con la calle de Muntaner. De súbito se oyen dos explosiones; rápidamente la mul¬ titud se repliega,busca de refugio, en las entradas de las casas, en en la Universidad, las calles transversales. El general resulta leve¬ en mente herido en una pierna por una de las dos bombas Orsini lanzadas al grito de «¡Viva la anarquía!» por el obrero litógrafo Paulino Pallás, alma del grupo anarquista del Café Catalán, sito en la carretera de Sans. Muere un guardia civil. Pallás se deja prender; no opone resistencia alguna; juzgado sumariamente, se le condena a muerte en octubre; en el momento antes de ser ejecutado exclama: «¡La venganza será terrible!» Pocos días después se inaugura la temporada del Liceo. Se re¬ presenta la ópera «Guillermo Tell». En mitad del segundo acto, una bomba lanzada desde el quinto piso cae en la parte derecha de la fila catorce de la platea y, al estallar, llena aquella fila y las más próximas, parte del anfiteatro y todos los pisos de víctimas sangrientas. Nume¬ rosos espectadores quedan muertos en el acto, otros pueden salir; los salones del Círculo del Liceo se convierten en hospital; los médicos multiplican sus auxilios; el cura párroco del Pino y otros sacerdotes 80 asisten a los moribundos; las farmacias vecinas van llenándose de heridos; éstos pasan del centenar; los muertos ascienden a veinte. Hacia la misma fila catorce hállase otra bomba sin estallar. El profunda indignación en la urbe. Se suspenden suceso causa las garantías constitucionales y se proclama el estado de sitio. El pú¬ blico habitual de los teatros deja de asistir a ellos. Cuando, dos meses después, abre sus puertas el Principal, el escritor vicense — vigía del vivir barcelonés — Francisco Rierola anota en su «Dietari» : «Di¬ ríase que la gente acomodada experimenta pavor y no acude todavía al espectáculo público; hay para tiempo aún hasta que palcos y bu¬ tacas vuelvan a presentar el florecer pomposo de pasados inviernos. Los trajes color de rosa, los blancos que se coronaban con bustos escotados y relucían con el resplandor de los brillantes, han huido por larga temporada. Damas y doncellas que no sentían miedo ni respeto por las miradas lúbricas, experimentan hoy inquietudes en la piel al figurarse que en sus desnudos hombros se pueda fijar la mirada encendida de un anarquista. Los diamantes que servían de espejillos para deslumhrar a los hombres, se esconden para que su bri¬ llo no hiera la vista de un descamisado.» En enero de 1894 agredido el Gobernador don Ramón Larrosa. es A las órdenes de los tenientes de la Guardia Civil, Peña y Portas, son detenidos los anarquistas y los presuntos anarquistas; se pueblan de presos las cárceles, y también el crucero «Navarra», anclado en el Puerto. Con todo, hasta pasados nueve meses no se averigua el pa¬ radero del autor del atentado; se llama Santiago Salvador, es dete¬ nido en Aragón, y como el juez de Zaragoza que le toma declara¬ ciones dice de él que «tiene buen corazón y que lo que tiene desarre¬ glado es la cabeza», Rierola, profundamente indignado, exclama: «¡Buen corazón!, ¡¡buen corazón!!... Salvador. Éste, el hom¬ bre de buen corazón, una noche, cuando el Liceo estaba lleno a rebosar y todo eran armonías, la luz, las galas, la voz de los can¬ tantes y la música que a toda orquesta dejaba manar chorros de no¬ tas con que Rossini llenó páginas perdurables; él, desde el quinto piso, lanza dos bombas, una que quedó amenazadora bajo una silla, pero sin causar daños, y otra que reventó rompiendo todas aquellas armonías, llenando de pavor los corazones, tiñendo de sangre sedas, damascos, dorados y mármoles, deshaciendo carne, troceando huesos. 81 dejando una veintena de cadáveres horriblemente desfigurados, entre ellos los de un notario joven, su esposa, sus hermanas y una cuñada puesta de largo aquel día; el de un extranjero que llegaba para en¬ cargarse de un negocio; el de dos novios, el de una hermana de una artista que, procedente de Italia, iba a cantar allí mismo... Todo el mundo se acuerda de aquella noche espantosa, sangrienta, de la cual muchos guardan en el corazón todavía el sobresalto y las congojas, y muchos muestran todavía las heridas mal curadas... Y quien todos esos horrores hizo, aquel que tan malas entrañas tuvo para abortar tantas desdichas, ¡ahora dicen que tiene buen corazón! )>Y todo, ¿por qué? Porque ha acariciado a su hija, porque ha tenido un momento de ternura, como lo tienen todos los hombres, como lo tienen las fieras más salvajes. Que no lo sepan los maridos que vieron muertas manando sangre las esposas, los padres que allá en sus brazos sintieron los últimos estremecimientos de las hijas a quienes la bomba había muerto en flor, j Que no lo sepan ! » José Yxart, pese a su liberalismo, no se abstiene de escribir a Oller : «Yo no veo más sino que el gobernador es un mentecato, que esos anarquistas van resultando unos criminales vulgarísimos, y que, por lo visto, estamos en la yema dei huevo, en el cuartel general, en la buhardilla de los desaseos de Europa.» Santiago Salvador es condenado a la última pena. Después de una fingida conversión, muere al grito de «¡Viva la anarquía I », como Pallás, en 1894. Se promulga una Ley de Orden Público. Con todo, el sector más intelectual del anarquismo lanza men- sualmente «Ciencia Social», a partir de octubre de 1895. Un joven abogado, Pedro Corominas, parece ser .su redactor-jefe. Un destacado escritor del último año de «L'Avenç», Jaime Brossa, entra en la nueva revista. Anselmo Lorenzo y Ricardo Mella publican en ((Cien¬ cia Social» sus elucubraciones ; Mella inserta como folletín su traduc¬ ción de «Die Weber», de Hauptmann. Pompeyo Generofrece para sus páginas unas cuartillas heréticas menospreciadoras del cristianis¬ mo y ensalzadoras del paganismo ; Miguel de Unamuno (de «La Es¬ paña Moderna») escribe dos artículos en la publicación anarquista; otro trabajo inserto en ella lleva la firma de Pedro Dorado Montero. La cubierta de «Ciencia Social» se decora con pésima orla debida a la pluma del calígrafo Eudaldo Canibell, redactor que fué del pri- 82 RAMÓN CASAS — Los periodistas informando sobre la ejecución de un reo mer «Avenç» ; figuran en ella sendos car telones con los nombres de Courbet, Proudhon, Darwin, Marx y Bakunín. Jaime Brossa — alto y erguido, de luenga barba ensortijada, tez moreno-rojiza y brusco andar — lleva ímpetu intelectual al estilo su literario de sus afirmaciones Dice, por ejemplo : «Cuando cortantes. una juventud aprueba o sanciona todo cuanto ha hecho y sancionado la generación anterior, lleva en sí misma el germen de una gene¬ ración muerta.» O bien: «El mayor ideal que actualmente pueden tener el poeta, el novelista y el dramaturgo es que al mismo tiempo que dejan fecundar la propia imaginación por el espectáculo de la vida, al estampar en la obra el timbre individual, véase en ella la 83 vaga y febricitante inquietud de una vida nueva, como consecuencia lógica e inmediata de haber tenido compendiosa y profunda concien¬ cia de la realidad.» Y en breves frases : primera, «El pasado sólo debe servirnos de enseñanza para curar nuestros defectos» ; segunda, «Si la evolución honda de las letras catalanas no la hacen los autores, deberán hacerla los críticos.» O a modo de apotegma del «supernacionalis- mo» : «La fuerza de la patria intelectual afloja las ataduras de la patria objetiva.» De su de lo general a lo dialécticoconcreto, al ataque crí¬ paso tico personal, véanse las muestras elocuentes que siguen. Sobre Pitarra : «Federico Soler es la individualización más definitiva de la poesía mediocre accesible inteligencia más tosca. Es la muestra más a la grande de la facilidad incorrecta.» Sobre el maestro Pedrell : «Pedrell es un artista crítico, no un artista creador ni un crítico artista. Tiene un alma que como cualquier aficionado in¬ siente el arte teligente y erudito; carece de inspiración, no puede producir; y cuan¬ do oficia de crítico no lo hace con arte ni con ingenio.» Sobre Zorrilla y en elogio de los místicos : «Zorrilla continúa la tradición que dejaron los poetas clásicos es¬ pañoles que de la Naturaleza sólo sacaron una retórica fría y ampulo¬ sa, jamás belleza de plasticidad impecable. En la literamra clásica cas¬ tellana quien desee sentir una emoción honda por medio del arte debe recurrir a los místicos.» A veces se simple observación provocada por la lec¬ limita a la tura, por ejemplo al atestiguar: «En el fondo de las obras de Flaubert, Zola y los Concourt no se ve la voluntad resultante del raciocinio sino la impulsión del instinto como regulador de las acciones humanas, acabándose en que la sociedad se mueve por un determinismo fatal». No deja de ser curioso el desconocimiento de Pablo Verlaine en¬ tre muchos de los modernistas catalanes. Observa Luis Cabañas Gue¬ vara que jamás en su largo trato con Rusiñol le oyó mentar al poeta de «Sagesse» ; no recordamos traducción alguna de sus poesías ni en «L'Avenç», ni en «Pèl & Ploma», ni en «Joventut». A propósito de su muerte es levemente citado por Rierola en su ((Dietari», y en ((Ciencia Social» por Jaime Brossa, quien, como ibseniano que es. 84 seestrella cuando dice del «pobre Lelián» : <(Sus sentimientos como hombre y como poeta son incompletos, no ha cantado ningún ideal grande, no ha visto nada más allá del horizonte moral ordinario, y sus delicadezas y sus ternuras y sus melancolías han sido el acom¬ pañamiento de pequeñeces sentimentales, de faits divers aventureros y de pasiones fracasadas. Por último, fué un vencido; no hay he¬ roísmo en su vida; y como coronación de su espíritu rastrero ahí está su conversión a un catolicismo sensual, propio de gente baja e inculta». En el último número de «Ciencia Social», Brossa se las emprende contra Clavé y sus coros : «Clavé — dice —: tuvo grande importancia bajo el múltiple aspecto de creación, educación y organización artís¬ ticas, pero ahora va resultando algo ridículo, como los milicianos y la Colla de Sant Mus. Para apoteosis sólo falta que un Chueca componga una ópera nacional sobre la base de las teorías estéticas de Pedrell y las martingalas y las croquetas de Bretón, donde los coros de Clavé, lu¬ ciendo barretinas y cantando Els néts dels Almogàvers, despidan a infelices reservistas que se embarquen para ir a defender la integridad de la patria.» Corominas, Brossa e Iglesias (a quien aludimos como principal figura de la quinta fiesta modernista suburense), y con el concurso de la joven actriz Elvira Fremont, organizan el «Teatre Independent», en cuya única sesión celebrada se representa «Espectres» de Ibsen, con Iglesias y Brossa como actores (Oswaldo Alving y el Pastor Mán- ders respectivamente) y con un abrasado discurso prologal de Pedro Corominas. La representación tiene lugar en el Teatro Olimpo y figu¬ ran en la concurrencia desde los hijos de don Ensebio Güell hasta los anarquistas de acción directa, como refiere (en «La mort d'En Tomàs Apòstol») Corominas. Éste ocupa lugar destacado en la propagación de las ideas ácratas en los locales obreros, particularmente en el Centro de Carreteros de la calle de Jupí, donde está contestando a las preguntas que le hacen los concurrentes cada noche hasta la madrugada. A su lado se hallaron otros intelectuales — estudiantes, ingenieros, médicos y artistas. En 1896, el domingo siguiente al día de Corpus Christi — 7 de junio — por la tarde, sale la procesión de la iglesia de Santa María del Mar. En ella es pendonista el Capitán General Despujol, acom- 85 pañándole como cordonista el catedrático don Eduardo de Hinojosa, por ser Gobernador Civil de Barcelona, y don José María de Nadal y Vilardaga, alcalde de la ciudad. Ramón Casas, apostado ante su caballete, emprende la rápida captación de la abigarrada nota de color; confía que la lentitud en organizarse la salida podrá favo¬ recer, si cabe, la acuidad de su mirada y la instantaneidad de su toque; va llenando la tela con la compacta multitud, con el aban¬ derado que en espera del rítmico avance definitivo se mueve par¬ camente, con los chiquillos embobados en el tintilear de las lia- mitas, con la total albura —: de alma y de indumento — de las ni¬ ñas de la primera comunión, con los guardias cubiertos con casco de revuelto plumaje y montando en blancos caballos, con los dos erguidos faroles esquemáticos, uno a cada lado del portal gótico. Por la mañana de tal día un desconocido se ha personado en el domicilio particular del Alcalde, solicitando audiencia; no hallán¬ dole, repite la visita al mediodía, y, al serle dicho que vuelva por la noche, el desconocido responde: «Entonces será ya tarde». Don José María de Nadal no se intimida por ello. De vuelta al templo la procesión, después de haber pasado la Cus¬ todia por la calle de Cambios Nuevos estalla en ésta, esquina a la de Arenas, un petardo que irradiando en sentido horizontal deja muertas a seis personas y heridas a cuarenta y dos. (Según Sempau, un petardo; no una bomba, como cree Rierola y refieren los periódicos.) Después de la reserva, con emoción sin par, las autoridades se dirigen al lugar del suceso, hallando por doquier charcos de sangre, vidrios rotos, sillas hechas pedazos; tropezando sus pies con heridos y muertos. Al día siguiente comenta, en su Dietario, Francisco Rierola : «Cuando Pallás lanzó la bomba a Martínez Campos, muchos se alegraron; cuando Salvador llenó de muertos el Liceo, muchos se consolaban sin esfuer¬ zo viendo que las víctimas eran los ricos; ahora nadie se alegra ni se consuela porque a quien más se ha dañado es a los pobres». El es¬ critor vicense medita psicológicamente acerca del lanzador del objeto mortífero: «¡Qué alma la del autor del crimen! Allí parado, espe¬ rando la hora, ante él chiquillos jugueteando, muchachas de ojos ale¬ gres, rostros sonrientes, todos con aire de fiesta ; él allí mirándolo, con la bomba en los dedos, sabiendo que momentos después, por su vo¬ luntad, desaparecerá súbitamente la alegría, chorreará sangre, se apa- 86 RAMÓN CASAS — Los periodistas ineormando sobre la ejecución de un reo garán las vidas, los gemidos y el llanto lo llenarán todo ; y con tales pensamientos en su interior, mirando aquellos rostros desconocidos, que nada le habían hecho, volviéndolos a mirar, recordándole tal vez personas que le habían querido..-, y en un momento echar en medio el dolor y la muerte ! No hay lobregueces comparables a la lobreguez de tal alma». jueves siguiente tiene lugar el entierro de las víctimas; de los El siete cochesfúnebres, dos de ellos son blancos : los de un niño y de una niña. Don Manuel Durán y Bas, en carta dirigida al «Diario de Barcelona», preconiza la única fórmula cristiana y ciudadana en mo¬ mentos de tamaña gravedad : «Ahogar el mal con la abundancia del bien». Y añade con dolorida ironía Joaquín María de Nadal al trans¬ cribirla en sus «Cromos de la vida barcelonina» : ((Indudablemente, por el hecho de ser la única sensata, resulta ser la única no escuchada». Después de la explosión de la calle de Cambios Nuevos, son dete¬ nidos todos los anarquistas de dentro y de fuera Barcelona. El inspec¬ tor Bel se dirige al Centro de Carreteros de la calle de Jupí y prende a cuantos allí se hallan; persigúese a los redactores y los cajistas de 87 «Ciencia Social» ; por figurar los primeros, entre se prende a Pedro Corominas en su casa, desde donde es conducido a las prisiones mili¬ tares y, al cabo de dos días, al Castillo de Montjuich. En el proceso incoado con motivo de la explosión de la calle de Cambios se niega, durante unos meses, toda noticia a la Prensa familiares y a los de los presos. Se suspenden las garantías constitucionales : el juzgado civil hace entrega del sumario al juez militar Teniente Coronel Enrique Marzo, quien, secundado por la policía y la guardia civil, continúa las pesquisas. Entre los presos figura Tomás Ascheri, conocido por su va¬ gancia y por ser confidente de la policía, detenido tres días después del suceso, pero no es hasta medio año más tarde que algunos perió¬ dicos barceloneses publican la siguiente nota relacionada con él : «Ascheri declaró, poco después de ser detenido, que los procesa¬ dos José Molas y Antonio Nogués, de acuerdo con muchos otros in¬ dividuos, habían encargado al cerrajero Juan Alsina la construcción de algunas bombas para colocarlas el día primero de mayo último, y con ocasión de las huelgas que intentaban promover los socialistas en varios puntos de esta capital. »Como ni los republicanos ni los socialistas pensaron hacer nada en dicho día, se guardaron los tres explosivos que les entregó Alsina para otro momento, acordándose, en una sesión secreta celebrada en el Centro de Carreteros de la calle de Jupí el 26 ó 27 de abril, que la comisión nombrada para que los guardara los emplease como mejor le pareciese. »Las dos bombas Orsini intentaron lanzarlas Nogués y Molas el día 4 de junio al salir la procesión del Corpus de la catedral ; pero no habiendo tenido valor para ello, las depositaron en un montón de es¬ combros de la calle de Fivaller. »Dichos explosivos fueron encontrados la misma noche por un basurero, incautándose de ellos el juzgado. »A1 día siguiente, o sea el viernes 5 de junio, Ascheri, que estaba en connivencia con Nogués y Molas, burlóse de la falta de valor de sus colegas, diciéndoles que si le daban una bomba, él, con menos preámbulos, haría más ruido. Puestos de acuerdo los tres, se le en¬ tregó el domingo, 7, un explosivo cargado con dinamita, con chi¬ meneas y provisto de mecha. «Ascheri, envolviéndolo en un papel, dirigióse al Teatro Gran- 88 vía, donde debía encontrar a Francisco Callis (otro de los proce¬ sados), pero no habiendo comparecido éste, se marchó solo al sitio donde habían acordado colocar la bomba (calle de Arenas, esquina a la de Cambios Nuevos) que hizo explosión.» El grado de justicia del Proceso de Montjuich deriva de si es real o fantasioso el contenido de la nota anterior. Uno de los más conspicuos anarquistas del sector intelectual — bien que de su contundente acción hablaremos más tarde—, Ra¬ món y con él todos los ácratas, afirman que Ascheri Sempau, hizo susdeclaraciones atontado y extenuado por los tormentos que se le infligieron, y aunque después se ratificara en ellas, los demás condenados con él insisten en declarar que son inocentes de los ac¬ tos relacionados con la materialidad de la explosión. Entre lasimputaciones figura la de haberse recaudado fondos para explosivos en el mentado Centro de Carreteros, y en este aspecto únese a los nombres de los culpados el de Luis Mas. Como concu¬ rrente y conferenciante que fué del Centro toma singular relieve Pe¬ dro Corominas, y mientras los otros procesados apenas tienen testigos de descargo, Corominas, sea por su profesión de abogado, sea por su actitud de luchador y de propagandista mesiánico, primeramente den¬ tro el republicanismo de Salmerón y después dentro el anarquismo, se lleva cuando menos la curiosidad, pero incluso la relativa simpatía en sectores alejados de su posición ideológica. Declaran a favor suyo sus amigos David Ferrer, Amadeo Hurtado y Dr. Eduardo Fontseré, quienes afirman que el procesado en sus años estudiantiles fué repu¬ blicano centralista, que dejó el partido para dedicarse a estudios socio¬ lógicos y que iba al Centro de Carreteros para dar conferencias y co¬ nocer la manera de pensar de los asistentes como elemento informa¬ tivo. El capitán Francisco Ricart y Gualdo, su defensor, concluye que Corominas «no es autor del delito ni por cooperación ni por in¬ ducción». He ahí lo quedice Massó y Torrents (en la plaquette «Cinquanta anys de vida literària») en relación con el proceso : «Cuando me in¬ formé de la prisión de Pedro Corominas y muchos otros que padecían por motivos igualmente injustificados iniciamos [los de «L'Avenç»] desde dos días después cerca del Gobernador señor Hinojosa las ges¬ tiones encaminadas a enderezar el imperio de la justicia. Queriendo 89 el Gobierno desentenderse de aquel asunto cargándolo todo sobre la autoridad militar, las gestiones fueron largas y difíciles. Por fin, el Gobernador obtuvo que el Gobierno le encargara una información sobre lo que hacía la autoridad militar en Barcelona. El señor Hiñojosa me informaba de sus gestiones y se informaba de las nuestras, y a veces, cuando recibía noticias, me hacía levantar a altas horas de la noche. Por último quiso tener una entrevista en mi casa con alguno de los amigos de Corominas, que resultó ser Hurtado, que tuvo un día feliz pleiteando a favor de todos los presos. De la información que el Go¬ bernador, bien documentado, escribió, provino que se deshiciera toda la combinación Despujol-Marzo, etc., y una gran parte de los proce¬ sados fueron a la calle. En «L'Avenç» recibimos escritos que fir¬ maban todos los presos y las familias de alguno de ellos, los cua¬ les, sabiendo mi influencia, venían a verme». El fiscal pide la pena de muerte para los veintiocho procesados tenidos como autores del crimen, y la pena de cadena perpetua para los cincuenta y nueve considerados como cómplices, pero la sentencia del Consejo de Guerra fué distinta a la petición fiscal, así como el dictamen del auditor disintió de una Se reducen a ocho los y otra. condenados a muerte; a Pedro Corominas le condena a ocho me¬ se ses y un día de prisión. Remuévese la opinión internacional : se ce¬ lebran mítines en Madrid, se insertan artículos de Rochefort y de Clemenceau en la Prensa diaria de París, se publica un número único de ((L'Incorruptible» con textos de Carlos Malato, Eliseo Reclus, Kropotkin, Adolfo Retté (anarquista entonces; antes de su conver¬ sión), Luisa Michel, Luciano Descaves, Lorenzo Portet, Tarrida del Mármol, uno que firma Bernat Metge (posiblemente catalán que en París aviva el fuego), etc. ; se organizan manifestaciones en Londres, en Marsella, en Buenos Aires, en La Haya, pidiendo se abra una información para averiguar si son exactas las denuncias hechas por los presos en el Castillo de Montjuich respecto a haber sido objeto de tormentos. Disentimientos entre el auditor y el Capitán General de Cataluña con la sentencia dictada por el Consejo de Guerra mo¬ tivan la revisión del proceso de la calle de Cambios, en Madrid, ante el Supremo de Guerra y Marina. El alto tribunal, en su inapelable fallo, condena a muerte a Tomás Ascheri, Antonio Nogués, Juan Alsina, José Molas y Luis Mas; a veinte años de cadena temporal y 90 accesorios, a diez y ocho años de cadena temporal diez procesados ; a y accesorios a tres procesados ; y a diez años de presidio mayor a sie¬ te procesados. Se absuelve a Corominas y a sesenta y dos más, deján¬ doles a su libre elección el punto de destierro. En 4 de mayo de 1897 son fusilados los cinco condenados a muerte; en cinco de junio del propio año, Pedro Corominas sale del castillo de Montjuich y se dirige a Hendaya con su madre. En 8 de agosto de 1897, el anarquista Angiolillo, compañero que había sido de los tipógrafos de «L'Avenç» (como dijimos), ase¬ sina villanamente, en el Balneario de Santa Águeda (Guipúzcoa), al Presidente del Consejo de Ministros, don Antonio Cánovas del Castillo. Entre los presos gubernativos trasladados a la frontera a raíz de la sentencia por la explosión de la calle de Cambios figura uno lla¬ mado José Gana, quien con su carta en que cuenta los tormentos que le infligieron en Montjuich, documenta un artículo de Mme. Sé¬ verine. En Londres, Gana es reconocido por médicos ingleses, y en Barcelona, a su vuelta, lo es nuevamente por dos catedráticos de la Facultad de Medicina; son éstos: el Dr. don Ignacio Valentí Vivó (que había colaborado en «L'Avenç») y el Dr. don Juan Giné y Par¬ tagés, calificado en esta forma por un semanario republicano : ... eminencia frenopatica, higienista de talent i defensor conseqüent de la idea democràtica. Noimporta, no obstante, la parcialidad ideológica que pudo determinar la designación. Hemos leído el dictamen; sus opiniones, por la categoría simplemente científica de los dictaminadores, no po¬ demos de ningún modo — considerarlas parciales ; coordina tal r-^ dictamen con los datos propalados por Pedro Corominas y Ramón Sempau. En resumen: Que en Montjuich hubo tormentos; que no apa¬ rece clara la culpabilidad material de los ajusticiados; que un gran sector del pueblo olvidóse de las víctimas y de sus familiares y derra¬ mó toda la ternura sobre los criminales ciertos o inciertos; que las 91 fallas que en el proceso pudo haber son las congénitas del liberalismo político, que no persigue las ideas y cree poder mover a la abstención de los actos punibles castigando a los autores materiales de éstos. El fragmento de las memorias de Massó y Torrents que hemos trans¬ crito manifiesta que en Barcelona se perfilaron dos opiniones : una con tendencia al castigo o, mejor dicho, al escarmiento (representada por la Autoridad Militar) ; la otra con tendencia a la disculpa (repre¬ sentada por el Gobernador Civil). Se cuenta en «Un señor de Bar¬ celona», por José Pla, que la conmutación de la pena de Pedro Co¬ rominas por su destierro es debida a una visita que Pi y Margall hizo al General Martínez Campos y a la petición de éste a la Reina Regente. En el mismo año 1897, en 20 de junio. Portas, jefe de la policía judicial, se incauta de dos bombas cerca de la ciudad; un guardia municipal recoge otra junto al apeadero del tranvía de vapor de Ba¬ dalona; en 4 de septiembre, el intelectual anarquista Ramón Sem- pau, en la Plaza de Cataluña, hiere a Portas y al inspector Teixidó; a los pocos días, consejo sumarísimo para ver y fallar la causa ins¬ truida contra Ramón Sempau; Carlos Malato reside unas semanas clandestinamente en Barcelona recogiendo los ecos del proce§o de Montjuich, procurando mover la opinión a favor de Sempau y pla¬ neando la evasión de éste de la prisión de la calle de Amalia; el 7 de noviembre sale para Madrid el Juez instructor con los autos del procesado Sempau para entregarlos al Consejo de Guerra y Mari¬ na; el 15 del mismo mes, el consejo se reúne para ver la causa incoada con motivo de haber sido publicadas unas proclamas an¬ timilitaristas; Sempau ha intervenido también en estas proclamas; Jaime Brossa, comprometido en su redacción y reparto, emigra a París ; él había dicho : «El destino del hombre es vivir y morir por lo que se quiere y se odia». En 29 del mismo noviembre es comu¬ nicada la sentencia del Consejo de Guerra a los procesados por la publicación de las proclamas : la pena impuesta a Sempau, así como a Pablo Bo, es de seis años de presidio; a los demás procesa¬ dos se les imponen penas inferiores ; uno de ellos — Bas — es ab- suelto. Revive el movimiento protestatario en 1898. En 13 de febrero, en Barcelona, ocho mil manifestantes (pertenecientes a corporaciones 92 revolucionarias, masónicas, espiritistas y republicanas, según leemos en la Prensa de laépoca) entregan un mensaje al Alcalde contra los tormentos de Montjuich; en 4 de marzo, nuevas manifestaciones de protesta en todas las capitales de España; a fines de septiembre vuel¬ ve de Francia Pedro Corominas y lee a sus amistades, en el entresue¬ lo de «L'Avenç», su libro «Les presons imaginàries». Ln 10 de oc¬ tubre: juicio a cargo de jurados contra Ramón Sempau por asesi¬ nato frustrado de los agentes Portas y Teixidó; el día siguiente, fallo de inculpabilidad; en 15 de diciembre, revisión de la causa contra Sempau, quien es condenado a dos meses y un día de arresto mayor. Ln 1899 : el 2 de febrero se hace público el indulto de los con¬ denados por la impresión y reparto, en 1897, de hojas antimilita¬ ristas; en 2 de julio, mitin revisionista del proceso de Montjuich, en el cual perora, ya, Lerroux. Jaime Brossa, en enero de 1900, publica su obra teatral «Lis se¬ pulcres blancs». Ln la crítica que sobre ella inserta Ramón-Domingo Peres en «el tercer Avenç» (es decir, en la revista «Catalonia»), Brossa es considerado como un ibseniano hasta la medula. Pedro Corominas, después de un destierro de seis meses en Fran¬ cia, al regresar a España reside una temporada en el Ampurdán (en Llers, en Biure y en Torroella de Fluvià) y cuatro años en Madrid. Regresa definitivamente a Barcelona en 1903, cuando el Proceso de Montjuich y todas sus inmediatas consecuencias han terminado, cuan¬ do las múltiples vicisitudes de aquel proceso han sido descritas por Sempau, cuando ha tenido lugar ya el último episodio del anarquis¬ mo barcelonés, es decir, la huelga general de 1902, por solidaridad con los metalúrgicos a sus seis meses de paro — comentada pictóri¬ camente en ((La carga)) de Ramón Casas — ; cuando Barcelona y Ca¬ taluña son feudo de Lerroux y éste, en aplomada pose de «redentor del pueblo», ocúpase en distribuir vino a sus correligionarios en la Merienda Republicana del Coll. Capítulo VI PRIMER INTERMEDIO MUSICAL Varias efemérides se señalan en Barcelona en la postrera dé¬ cada del siglo XIX : la fundación del «Orfeó Català» en 1891, la fundación de la «Sociedad Catalana de Conciertos» en 1893, la fundación de la sociedad coral «Catalunya Nova» en 1895; la fundación de la «Institució Catalana de Música» en 1896, además de varias series de conciertos dirigidos por el maestro Nicolau y de la actuación de la «SociedadFilarmónica», conexa con la «Academia Crikboom», así como la constitución, después del derribo del Teatro Lírico, de la «Sociedad Barcelonesa de Conciertos», además de las . campañas de la «Asociación Musical de Barcelona». En el Café Pelayo —: memorable en la historia del catalanismo — celebrábanse en 1891 conciertos de cuarteto, cuyo joven pianista se llamaba Luis Millet. Concurría a la tarima de tales conciertos otro músico amigo, joven también, de pelo negro e hirsuto, de mirada firme, y en cuyo cuerpo endeble ni los brazos ni las piernas podían mo¬ verse natural desembarazo; su nombre era Amadeo Vives. con Re¬ uníanse media docena de músicos en una mesa de café aneja a la tari¬ ma; en Vives charlaban con ellos. los descansos, los jóvenes Millet y En esa reunión de amigos músicos planeóse fundar un coro que inter¬ pretara el tesoro popular de nuestras canciones y que diera a conocer obras maestras de todos los tiempos — de música vocal. Las reu¬ — niones celebradas para la organización concreta de la empresa tuvie¬ ron lugar en septiembre, y el 17 de octubre próximo siguiente fué aprobado ya el Reglamento para «crear y conservar un orfeón bien 95 instruido en el arte musical a fin de que cante perfectamente toda clase de composiciones corales» : el «Orfeó Català». Con los menta¬ dos dos jóvenes músicos Luis Millet y Amadeo Vives cooperaron a su dirección Jacinto Tort y José-María Comella. El «Orfeó» presen¬ tóse públicamente el día 5 de abril de 1892, en la Sala Bernareggi de la calle de Poniente; en 31 de julio del mismo año esta masa coral, entonces compuesta de treinta coristas, dió una audición de cancio¬ nes populares catalanas en el Palacio de Ciencias; en octubre de 1892, en los conciertos dirigidos por el maestro Nicolau en el Teatro Lírico, el Orfeó tomó parte en ((La Consagración del Graal» de Wagner y en la «Marcha fúnebre» de Berlioz. A comienzos de 1893 el número de sus coristas había ascendido cincuenta; al ser fundada fué aco¬ a gida la nueva institución en el ((Foment Catalanista» ; antes de ter¬ minar el año 1892, establecióse ya en local ad hoc, en la calle de Cambios Nuevos; en 1894, trasladóse a la calle de Dufort. A comienzos de 1895 aparecía el «Orfeó» en el Ateneo Barcelo¬ nés memorable concierto que le valió una ovación delirante; en figuraba en el programa «Patria Nova» de Grieg. Por la tarde del Viernes Santo, en la iglesia de San Pedro de las Puellas, dió la novel masa coral primera muestra de música polifónica con el «Bene- su dictus» de Palestrina. Aumentaron todavía los entusiasmos musica¬ les del ((Orfeó Català» con los conciertos dados en tal año 1895, en el Teatro Lírico, por la Capilla Nacional Rusa, por el dirigida maestro Slavidansky, ejecutó por primera vez en Barcelona «Los que remeros del Volga», y que correspondió a la simpatía de los catalanes con la intercalación en el programa de algunas de nuestras cancio¬ nes populares («El mestre», «Sant Ramón», «La pastoreta»). Ello impresionó hondamente a Maragall, y de ahí aquellas sus emotivas estrofas : (.(La Mure de Déu — un roser plantava)-), la immòbil donzella — cantava encisada, els ulls admirats — del propi miracle, en llavis eslaus — la mel catalana. El arte de los cantores rusos espoleó grandemente la perfección artística de nuestra entidad musical ; fué organizada en ella la sección 96 i ; II M EL CONCERT DE L'kORFEÓ» j —^Mira si en són de clericals, aquesta gent, que no poguent cantar a Santa Madrona, ,1 canten al costat. á RICARDO OPISSO — DibvJO It de niños dirigida por el maestro Juan Salvat. Fué encargada la se- ' nyera al fastuoso decorativismo que distinguió al arquitecto Antonio- j María Gallisá; aquélla fué bendecida en Montserrat ante Millet y susorfeonistas. Celebráronse seguidamente conciertos de la ya bene- mérita masa coral en Tarrasa, Sabadell y Masnou. I El año 1896 fué memorable en la historia del «Orfeó». Nueva- ¡i mente en Montserrat, estrenóse el Monasterio la gran misa de en t, Victoria «O quam gloriosum». En 1897 el número de coristas había I ascendido al centenar; trasladóse su sede a la Casa Moxó en la plaza 7 de San Justo; en el mes de abril, triunfo manifiesto en los conciertos '■ del Teatro Lírico; con elementos del «Orfeó» bajo la dirección de Millet fué constituida la capilla de música de San Felipe Neri. En ; Sabadell fué interpretada por primera vez la ((Misa del Papa Mar¬ celo» de Palestrina. Tomó parte nuestra instimción en el concurso de orfeones que se celebró en Niza, donde la senyera bienquista fué lau- ^ reada con el primer premio. A la vuelta de Niza, apoteósico recibi- miento en nuestra ciudad. 97 I ¡ I 1 u i La visita del «Orfeó» era obligada — hacia fines del pasada si¬ glo— para cuantas personalidades artísticas pasaran por Barcelona. Esteban Suñol nos cuenta (desde las páginas de la revista ((Hispଠnia») haber sido el acompañante al local de la plaza de San Justo del maestro Strauss, del maestro D'Indy, de la actriz francesa Gabriela Réjane; que D'Indy declaraba: «en cuanto a calidad artística el «Orfeó» no tiene nada que envidiar a la «Schola Cantorum de Saint Gervais» ; que Mme, Réjane, en el concierto que le fué dedicado, le¬ vantóse emocionada después de oír «El cant dels ocells» y, sin decir palabra, acercóse a doña Emerenciana Wehrle (profesora por tales días de la sección femenina) y la hizo copartícipe de las flores que acababan de ofrecerle, y que después, al oír el final del «Credo de la Misa del Papa Marcelo» lloraba silenciosa, y, según dijo a una perso¬ na amiga, por la noche continuaba sintiéndose hondamente im¬ presionada. Al terminar el siglo, la masa coral dirigida por el maestro Millet estaba compuesta de cincuenta voces femeninas, cincuenta voces in¬ fantiles y cien voces de varón. Había dado numerosos conciertos importantes en Barcelona; interpretaba con justeza y amor cantos populares catalanes, música polifónica — sagrada y profana —, obras de músicos modernos de todos los pueblos, a veces embebidas de ternura (como «La Verge bressant», de César Franck, y la «Pre¬ gària a la Verge del Remei», de Millet), en otras ocasiones resplan¬ decientes de unción (como las de Victoria y de Palestrina); en cier¬ tos casos caracterizadas por el complicado ajuste (como acontece, por ejemplo, en «Aucellada», de Jannequin). El banquero barcelonés Evaristo Arnús adquirió los jardines de los Campos Elíseos, en la calle de Mallorca, y allí edificó, bajo la dirección artística del escenógrafo Soler y Rovirosa, un teatro cono¬ cido primeramente por Sala Beethoven y después por Teatro Lírico. Por su escenario — desde la inauguración en 1881 hasta la función de clausura, el 31 de octubre de 1900 (seguida de la demolición in¬ mediata del edificio) — pasaron destacadas personalidades del teatro y de la música. Actuaron allí, dentro el arte declamatorio : en 1882, Sara Bernhardt, en 1883 María Favard, en 1884 Celina Chaumont, en 1885 Ana Judie, en 1889 el actor Novelli, en 1893 Sara Bernhardt nuevamente... Fué en el Lírico donde celebró sus sesiones la Sociedad 98 Catalana de Conciertos, derivada del entusiasmo de un grupo filar¬ mónico de treinta socios, del cual formaba parte algún elemento profesional (por ejemplo Granados) y que celebraba sus reuniones de música de camera en casa de García Faria, uno de los filarmó¬ nicos. Maragall (también del grupo), entrañable amigo en carta a su Antonio Roura, fechada en i8 de febrero de 1890, alude al concierto inicial : «Anteayer tuvo lugar el primer concierto y me dió tal pla¬ cer que me parecía haber sido la primera vez que oía música. Para evitar discusiones acordóse que sólo se tocarían piezas de los indis¬ cutibles Mozart, Beethoven, Haydn y Bach.» A Mozart lo pone en primer término Maragall; dice de él que con su arte, «ligero como un hada», «nos consuela con sus caricias tiernas y largas, y con sus besos que apaciguan», y que la música mozartiana le evoca «tiernos niños juguetones, rubias cabecitas, chillidos y sonrisas de cristal...» El propio Juan Maragall, diez o doce años más tarde, en la Wag¬ neriana no hallaría mejor tema de que discursear a sus socios que del ((drama musical de Mozart». Veneración y afecto hacia el autor de ((La flauta mágica» debió sentirlos desde muy joven. Uno de los más entusiastas de las selectas empresas musicales fué Alejandro Cortada, quien formó parte también del mentado grupo de lo treinta y acerca de cuya labor periodística ya nos hemos ocupado al comentar los colaboradores de «L'Avenç». Abogó Cor¬ tada por la constitución de una entidad organizadora de importan¬ tes y selectos conciertos, un organismo que pudiera ser en la mú¬ sica instrumental algo paralelo a lo que en lo íntimo iba resultando la ((sociedad de los treinta». La primera serie de conciertos de la Catalana celebróse en la primavera de 1892. Ln el primero de ellos figuraban en el programa obras de Mendelssohn, de Grieg, una escena sinfónica de Pedrell y — en primera audición — la «Consagración del Graal», de Wag¬ ner; en el segundo concierto fué interpretada la «Pastoral» de Beethoven; en el tercero, «Marina», de García Robles, y una «Danza ¡noruega», de Grieg; en el cuarto, «Égloga», de Millet, y «La Damnación de Faust», de Berlioz; y en el quinto una «Danza es¬ pañola», de Granados. Millet y Granados alcanzaron, pues, los honores de la inter¬ pretación en la primera serie de conciertos de la Sociedad Catalana. 99 A la obra capital del maestro Millet, el «Orfeó» — en sus primeros años—, noshemos referido ya, mas digamos también que la labor creadora personal suya, sus composiciones originales, sus harmoni¬ zaciones, sus ((Cants espirituals», rebosan de musicalidad exqui¬ sita, de ternura por lo general; revelan la doble virtud artística en¬ carnada en la personalidad humana del autor : em Trepitjant-lo amb força la filla del Rei li trenca una pota. aEscarbat, bum, bumlf) Trepitjant-lo airada la filla del Duc li trenca una banya. (.(.Escarbat, bum, bumh) Tan ferit al veure'l li fa un afalac la pobra pagesa. I surt totseguií de la bestioleta un Rei encantat que l'ha feta Reina; este joven esmdiante José Carner, con posterioridad de dos años al de la fecha del espectáculo de que tratamos, manifestóse en «Uni¬ versitat Catalana» como maeterlinckianista abrasado; para él el deli¬ cuescente autor belga personifica la conclusión que «la Poesía no ha hallado hasta hoy manantiales más abundantes y puros de belleza estética que el Dolor y la Muerte». «Los dramas de Maeterlinck — dice — son dramas de almas», lo cual una vez Carner lo hubo ad¬ mitido como axioma, debió hacerle creer, capciosamente, que le per- 112 i m- 4^ f Í \ \ \ \ \\ \ \ \ \ v; ■\ n> ]UAN BRULL — Ensueño mitía amparar los dos embrollos obscenos titulados «Paleas et Me- lisande» y (cAnglavaine et Selysette». Consideraría a su modo que quien los imaginara fué fiel a su propósito — digámoslo textual¬ mente, y en el primitivo catalán carneriano — de alçar sobre la Horda materia l'Esperit-Rei. Cuando más tarde, de colaborador de «Univer¬ sitat Catalana» Carner pasa a ser director de la revista «Catalunya», acoge en esta poesías de Maeterlinck, según versión catalana de Ma- gín-P. Sandiumenge, seguidamente reimpresas en plaquette ornada con dibujos de Octavio de Romeu (es decir; de Eugenio d'Ors); ítem más : la devoción por Maeterlinck no se manifiesta solamente en el Teatro íntimo y en los jóvenes escritores que simpatizan con las campañas poéticas y teatrales de Gual; se corre hacia todas las eda¬ des y condiciones : al maeterlinckianismo cabe adscribir ciertos es¬ carceos escénicos del pintor de los crepúsculos Modesto Urgell y, en otro sector literarioideológico, «Lladres!», de Ignacio Iglesias. Pero no nos salgamos aún, por unos momentos, del Lírico, esa noche lluviosa del 30 de enero de 1899. Carner, estudiante de bachi¬ llerato todavía, estuvo ya en el teatro en tal fecha y debió aplaudir a rabiar; gran parte del público iba allí, en cambio, en disposición hostil; a pasar de los fracs de los caballeros y de la gran gala feme¬ nina (que reporta Ripoll), en este centenar de decadentes (que tal vez dijo o pudo haber dicho Doys) alguien había que estaba empeñado en que se fueran al foso tanto el belga como el catalán, lo mismo «In¬ terior» que la escenificación folklórica. Lué recibido el «Interior» —: borroso e incoercible, pretendida¬ mente azotado por misterioso conjuro — en medio de la más aterra¬ dora frialdad, con lo cual está acorde el juicio crítico de L. Ripoll : «... Yo me pregunto: tal como es [la tragedia de Maeterlinck] ¿re¬ sulta realmente escénica? A mí me parece que no. Nadie niega a Maeterlinck las facultades de un gran poeta. Posee, como muy pocos, lo que se ha llamado sentido del misterio; tiene el don de producir, con medios que parecen fáciles y muy pueriles, aquel malestar hondo y vago que parece ser su único propósito, lo que consigue hasta el punto que la palabra escalofrío acude una y mil veces a la pluma cuando se trata de sus obras... Pero, para mí, todos estos efectos son únicamente poderosos y grandes en la lectura; deben disminuir for¬ zosamente en la representación». José Roca y Roca por su parte ha- 113 bla desde «La Vanguardia», a propósito del «Interior» presentado por Gual, de «los enfermizos ensueños de Maeterlinck» y de que «las figuras de primer término relatan a medias un drama que pasa en el fondo detrás de una ventana, como si viéramos una sesión de linterna mágica acompañándose de una serie de vaguedades más o menos lí¬ ricas que producen tedio encuadradas en el proscenio». El entreacto entre «Interior» y la canción escenificada por Gual fué, según atestigua Ripoll, <(un entreacto inconmensurable». Por fin levantóse el telón— o corrióse la cortina ante un público ma¬ — terialmente y espiritualmente congelado. Los espectadores, en su ma¬ yoría, estarían dispuestos — mejor dicho : predispuestos —: a la chan¬ za; cuanto fuese ecuanimidad se había disipado. En contraste con ello. Gual, fiel a una de las dos trayectorias que habíase marcado para su arte escénico— a aquella que arranca del «Nocturn» —, no se se¬ para de su lema: «Por el asunto, al alma; por el color, a los ojos; por la música, al oído». Tal vez para compensar de antemano los posibles excesos románticos que en la armonización del tema musical pudieran ocurrírsele a Granados, Gual se sangra en salud buscando un argumento de popular encanto y de simplicidad extrema : La càn¬ dida Blancaflor espera, por espacio de siete años, bordando bajo el árbol de la menta, el regreso de su marido y suspirando por él. Cuan¬ do el marido vuelve, para poner a prueba el amor y la constancia de la esposa, se finge un enviado de sí mismo, para hacerle saber que ya no debe esperarle... Y aquí los espectadores ya no quisieron acep¬ tar que una mujer que adore a su marido y que tan bien retratado de¬ bería llevarlo en el corazón, no alcance a reconocerle ni por la voz ni por la figura; indignáronse, se echaron a reír, apostrofaron a los actores, quienes, desmoralizados, a duras penas terminaron la repre¬ sentación. Entre el general barullo, oíase clamar contra lo reputado convencional en exceso: Tot això són cançons I Otro espectador, cuando el Buen Marinero decía a la protagonista : Anem, vida meva, anem al palau..., chillaba: Si; aneu-vos-en d'una vegada. Ja deuríeu ésser foral En re¬ sumen: fracaso absoluto. 114 Cuando en 1903, Carner pide a Gual su «Blancaflor» y la inserta con todos los honores en la recién mencionada revista «Catalunya», el fundador del «Teatre íntim» evoca estoicamente la sesión del estre¬ no: «Yo me había hecho la ilusión que mi «Blancaflor» sería recibida con contento y con señales de sorpresa placentera, y que podía ser el mojón del Teatro Popular que con ella aquella noche inauguraba, pensando que su presencia hubiera bastado para despertar entre nues¬ tro público un hambre insaciable de esta clase de teatro, cuyo fin con¬ sistiera en la divulgación y el engrandecimiento de nuestras leyen¬ das, en la labor de ir en búsqueda de emociones en el reflejo del ayer que pasa a ser hoy para eternizarlo adorándole, en la tendencia a su¬ blimarnos por medio de la expresión sencilla, en la inclinación a la belleza, en la aspiración a la bondad... pero no fué así. Noté úni¬ camente rumores de risas prontas a degenerar en bromas de tendido, y vaivenes de burdas expresiones que lejos de constituir opinión so¬ bre lo puesto en escena, la dejan formar clara de quienes las emiten». El «hombre de teatro» que hubo en Gual sintióse hondamente ofen¬ dido. El viento huracanado de la noche en que se estrenara «Silenci», la lluvia y el frío en que se hallan envueltos el «Interior» y «Blan¬ caflor» determinaron que el humor de Doys y los de «L'Esquella» considerara de mal augurio el anuncio de una sesión del «Teatre ín¬ tim». Los Llopart, los Robert, los pedestres dibujantes a sueldo del editor López ya no caricaturizaban a Gual si no era en actitud de com¬ probar si llueve o provisto de un buen paraguas. «La Culpable» (séptima sesión, el 18 de diciembre de 1899; en el Teatro Lírico). No sabemos si llovió; lo que sí es cierto es que la obra no tuvo éxito —como «Blancaflor» y es de creer que no se —, publicaría, pues jamás la hemos visto impresa ni se cita entre los li¬ bros del fundador del «íntim». Habíase anunciado insistentemente desde «Pèl & Ploma», donde reproducía el cartel (original del pro¬ se pio autor del drama) con la cabeza de una mujer enloquecida y lacri¬ mosa ante lejano fondo de edificios y chimeneas. He ahí, según «La Vanguardia», su argumento : «Aconsejado por los médicos de la ciudad llega un día Rafael que tiene quebrantada la salud, a una colonia fabril, en la alta mon¬ taña de Cataluña. Allí conoce a Rosalía, hacia la que se siente pron- 115 to atraído, acabando por amarla con todo el fuego redivivo, a pesar de cuanto oye decir en torno suyo acerca del pasado de Lía, de cuyo pasado él no quiere creer nada. Todo esto se lo confiesa a la joven, presentándole una vida futura placentera y sosegada; mas ella le re¬ chaza, amándole de veras, no creyéndose digna de él y no queriendo ser perdonada. Rafael toma por desamor ese desvío, y habiendo pues¬ to todas sus esperanzas en el amor de Lía, y siendo en un momento tronchadas sus ilusiones, entenebrecido el cerebro, se lanza a la muer¬ te... se suicida. «Creyéndola culpable de tan tremenda desgracia, la colonia en peso se vuelve airada contra Lía y la obligan finalmente a alejarse para siempre. Mas, antes de partir se encuentra frente a frente con su abuelo, y desgarrada por fin la venda que cubrió por tanto tiempo los ojos del alma, ve claramente toda la perversidad del anciano, pues no la desvió del mal camino, cuando ella no tenía conciencia verdadera de sus actos... Y el anciano al fin sucumbe bajo las tremen¬ das y fundadas acusaciones de su nieta. Entonces, ante el cadáver del viejo, aquella mujer dispónese a emprender una vida nueva.» Señala la crítica, como defectos de tal obra, la falta de sobriedad tanto al exponer como al desarrollar la acción, y la especial mezcla de naturalismo y simbolismo que impide la unidad artística. José Morató dice de «La Culpable» en «La Veu» : «Tiene algunos tipos acertados y algunas escenas (muy pocas) construidas con garbo. Todo lo demás ha quedado en mi memoria como un inmenso revoltijo sin ton ni son, más propio para ser tomado en broma que seria¬ mente». La sesión octava del «Teatre íntim» tuvo lugar el 20 de mayo de 1900. Representóse ella «Espectres» de Ibsen según la traduc¬ en ción catalana de Pompeyo Fabra y Joaquín Casas-Carbó. Obsesiona¬ ban tales «Espectros» a nuestros modernistas. El texto publicóse en los últimos números de «L'Avenç», los anarquistas del Centro de Carreteros los habían dado en el Olimpo, ahora Gual los incluye en sus sesiones, y «el Dr. Pompeyo Gener, de la Sociedad de Antropo¬ logía de París», los entrega en nueva traducción, el año 1903, al pasto de las iras del Paralelo. «Hay que fabricar individuos fuertes de cuer¬ po y alma ; hay que superiorizar a cada hombre para que la Sociedad sea fuerte y la Humanidad avance», dice Peius en el breve ensayo 116 ADRIAN GUAL — Figurines teatrales prologal de su version en lengua castellana. (El travesti de Marqués de Pescara de uno de los bailes de trajes del Teatro Lírico, hace de cuando en cuando apariciones en el mundo sociológico. Por tales sus días, de otra parte — y en la ilusión de no envejecer — formaba en el cuerpo de redactores del semanario «Joventut».) 117 «Emancipación social, libertad anárquica» : he ahí las dos ca¬ racterísticas de Ibsen, según Cortada. En el dramaturgo noruego los de «L'Avenç» y del «Teatre íntim» pensarían hallar ímpetu y guía. Con la actriz Sra. De Mena (de Elena Alving), Gual (de Os- waldo) y el actor Giménez (de Pastor Mánders) montáronse los «Espectros». Al parecer oíase más el apuntador que los actores, quie¬ nes (según dice un crítico) pecaban de monótonos. Hay noticias que después de los «Espectros» los del Intimo pre¬ paraban una nueva sesión en la cual se hubiese dado a conocer «El jardí abandonat» de Rusiñol y Gay; mas no habiéndose llevado a cabo. Gual, en el Salón Parés (cuando una exposición Casas), dió una lectura de dicha obra. El fundador del «Teatre íntim» sale para París, desde donde envía crónicas a «La Renaixença» e ilustra con evocativa cabecera la ((Blancaflor» folklórica que Aurelio Capmany incluye en su «Can¬ çoner Popular». No regresaría a Barcelona sino hasta bien pasados dos años; hirviendo su cabeza de nuevos proyectos teatrales. No el clasicismo de Goethe, sino el auténtico clasicismo de los «griegos recibió homenaje en la sesión nona dentro el orden general y primera del nuevo período. Se representa en ella <(Edip rei», de Só¬ focles, con el mentado actor Giménez de protagonista (quien se aco¬ plará con Gual, desde entonces, en todas las campañas escénicas, de cuya administración cuidará Pedro Bohigas Tarragó), con Carlos Capdevila, el maestro Pahissa, Puiggarí, entre otros, secundándole. En tal sesión fué interpretado además «El casament per força», de Molière, traducido por Vilaregut, cautivante por la vis cómica, por el frescor, por el gracioso desenfado. Repitióse la tragedia sofocliana pocos días más tarde (sesión décima), precedida, esta segunda vez, de una conferencia de Pompeyo Gener, sobre «Edip rei» y Sófocles, «de un gran poder evocativo», según leemos en la crítica de Barto¬ lomé Amengual, inserta en la revista «Hispania». (Septiembre de 1903.) Sesión XI : «Ifigènia a Taurida» se monta de nuevo en pleno campo, en el Montseny, cerca de Viladrau. Después de lo cual el «Teatre íntim» se manifiesta en ciclo his¬ tórico, ecléctico, de la escena de todos los tiempos. Constituyen tal ciclo las representaciones dadas entre el 9 de noviembre de 1903 118 ADRIÁN GUAL — Primer proyecto para el decorado de «Edip Rei» (sesión XII) y el 3 de febrero de 1904 (sesión XXIX), según a con¬ tinuación se expresa: Sesión XII (9 de noviembre de 1903) : «El barber de Sevilla», de Beaumarchais; traducción de Carlos Capdevila. Sesión XIII (13 de noviembre de 1903) : «El barber de Sevilla» (segunda representación). Sesión XIV (16 de noviembre de 1903) : «La Margarideta», de Goethe; traducción de Juan Maragall. Sesión XV (19 de noviembre de 1903) : «La Margarideta» (se¬ gunda representación). Sesión XVI (23 de noviembre de 1903): «L'Avar», de Molière; traducción de J. Roca y Cupull. Sesión XVII (27 de noviembre de 1903): «La Margarideta» (tercera representación). 119 Sesión XVIII (30 de noviembre de 1903). «Joan Gabriel Bork- manri», de Ibsen; traducción de J. Roca y Cupull. Sesión XIX (4 de diciembre de 1903) : «L'Avar» (segunda re¬ presentación). Sesión XX (9 de diciembre de 1903) : «El casament per força», de Molière ; traducción de Salvador Vilaregut. — «La casa de la dit- xa», de Jacinto Benavente; traducción de Adrián GuaL —«Eridon y Amina», de Goethe; traducción de Juan Maragall. Sesión XXI (11 de diciembre de 1903): «Joan Gabriel Bork- mann» (segunda representación). Sesión XXII (18 de diciembre de 1903) : «L'Ordinari Henschel», de Hauptmann; traducción de Augusto Pi Suñer. Sesión XXIII (21 de diciembre de 1903) : «Cassius i Helena», de Ensebio Güell y López. — «Silenci», de Adrián Gual. Sesión XXIV (30 de diciembre de 1903) : «Prometeu encade¬ nat», de Esquilo; traducción de Arturo Masriera. Sesión XXV (4 de enero de 1904) : «Eridon i Amina», de Goethe; traducción de Juan Maragall. —: «Torquemada al foc», de Benito Pérez Galdós; traducción de Adrián Gual. — «Mestre Olaguer», de Angel Guimerà. Sesión XXVI (15 de enero de 1904) : «La festa dels Reis o lo que volgueu», de Shakespeare; traducción de Carlos Capdevila. Sesión XXVII (18 de enero de 1904): «Misteri de dolor», de Adrián Gual. «La Baldirona», de Ángel Guimerà. — Sesión XXVIII (25 de enero de 1904) : «Misteri de dolor» (se¬ gunda representación). —. «Eridon i Amina» (segunda representa¬ ción). Sesión XXIX (3 de febrero de 1904) : «Els teixidors de Silèsia», de Hauptmann; traducción de Carlos Costa y José Maria Jordà. La serie de sesiones de que tratamos dióse en el Teatro de las Artes (que ya no existe), que estuvo emplazado en la calle de Flo- ridablanca. A Grecia hubo rendido pleitesía Gual, en Novedades, con las dos representaciones de «Edip rei» ; ahora Esquilo — ilustrado mu¬ sicalmente con corales del Jaime Pahissa—encabeza la lista maestro que pudiera formarse, en orden histórico, de los autores que integran el ciclo. Seguirán las figuras de Shakespeare y de Moliere; el tributo 120 ADRIAN GUAL — Viñeta ilustrativa a este último adoleció — según cuentan — de falta de estudio. De Beaumarchais, «ese escritor que heredó la alegría estrepitosa de Ra¬ belais y sufrió el contagio del cinismo brillante de Voltaire», repre¬ sentóse «El barber de Sevilla», obra incluida en el «Index». (Tam¬ bién están condenados por la Iglesia todos los libros de Maeterlinck y todos los libros de D'Annunzio.) Después, insistente homenaje a Goethe cpn las tres representa- 121 ciones de «La Margarideta» y las dos de «Eridon i Amina». ¿Fué Goethe, fué su traductor, fué la representación la clave del éxito? ¿Fué el expreso intento de subrayar la aspereza, la brutalidad —: «la popu¬ laridad», dice Maragall — del drama de aquella Margarita, salvada, al final, arbitrariamente por el autor— ¿pero quién es Gœtbe para decidir si un alma se salva o se condena ? —, lo que cautivara al pú¬ blico? ¿Interesó quizás especialmente «La Margarideta» por la des¬ fachatez con que el prócer traductor incluía, por ejemplo, en el len¬ guaje literario palabras tan burdamente plebeyas — aunque sea en el argot estudiantil—:Como raspa y raspeta? No hi ha res com vi vell, tabaco fort i una raspa vestida de les festes. No, noi, no: no estic per tractes amb gent fina: les ráspete s amb les mans han fet dissabte, que al diumenge saben fer-te unes festetes! Sin embargo, no fué muy bien recibida en determinados secto¬ res críticos la modernización indumental. Marcos Jesús Bertrán (el coleccionista de peinetas) escribe, porejemplo, en «La Vanguardia» ; «Un Hamlet de americana, un Rey Lear de levita o un Otelo con traje de rayadillo no producen nunca el mismo efecto que vistiendo los trajes con que les conocemos : convencionalismo es éste inherente a la inmortalidad de esos conceptos geniales : convencionalismo ruti¬ nario; pero elemento de sugestión artística.» En «Eridon i Amina», frescor, pintoresco lenguaje, presentación excelente con telón de fondo imitando un tapiz, pintado por Vilu- mara. Sin embargo, el día del estreno «el único que sabía el papel era el apuntador». Tienen representación en el ciclo, catalanes y castellanos moder¬ nos : Guimerà no aporta nada nuevo, pero entra en la ordenación de Gual con «Mestre Olaguer» y «La Baldirona»; Galdós y Bena¬ vente le ofrecen algo inédito, bien que, al parecer, de poca impor¬ tancia; de «cuento ilustrable de Blanco y Negro-» califica un perio¬ dista «La casa de la ditxa». De Ensebio Güell y López, su «Cassius 122 i Helena» fué objeto de manifestaciones por una parte del groseras público. Gual con su «Misteri de dolor» — representado posterior¬ mente a la reposición de «Silenci» —: ((concebido a la noruega y re¬ suelto a la alemana», dice un crítico, consigue insistentes aplausos. Finalmente, figuran los revolucionarios modernos, los curalotodo de la sociología y de la ética, los disconformes de cualquier orden establecido, Ibsen, Hauptmann : Ibsen, con su «Joan Gabriel Bork- mann», drama de los fracasados, de los orgullosos inflexibles, de las víctimas inútiles, de las luchas inútiles, en autofagia espiritual; y Hauptmann, quien con «Els teixidors» o ((Els teixidors de Silèsia», cierra el ciclo. Años antes publicaba tal obra traducida al castellano, en folletón, la revista «Ciencia Social»; interrumpióse por la explo¬ sión de la calle de Cambios Nuevos. Cuantas veces se intentó des¬ pués representarla, la autoridad no dió permiso. Gual la anuncia para la última sesión del ciclo; visita a González Rothwos y éste le autoriza a que se ponga en escena. El propio Gobernador Civil se propone ir a verla. Efectivamente, aparecen en un palco del proscenio de las Artes sus grandes ojos melancólicos, su barbilla ensortijada, su gesto de leve ironía. Y en el tablado se entrega a la ficción anar¬ quizante la mezcolanza intelectual de las procedencias más diversas, pues no debió ser cosa fácil enrolar actores o amateurs para los cua¬ renta y tantos personajes del reparto. La dirección dió su alerta al cuadro teatral tocante a la escena última, la del asalto de la fábrica : «Esto y esotro puede romperse; tal otra cosa de ningún modo.» Mas los intérpretes, que trabajaban a lo vivo, no se entienden de chiquillas ; lo destruyen todo sin consideración : las mesas, las sillas, las lámparas e incluso la gran luna de un espejo. Parte del público protesta del trabajo de traducción, de marcada infidelidad al original, según ellos; Emilio Tintorer, desde «Joventut» y con las versiones francesa e italiana ante los ojos, se suma a la opinión de los ácratas. Adrián Gual, ante el telón, da las gracias a quienes le ayudaran a llevar a término este ciclo teatral, el más representativo y prolon¬ gado en la historia del Teatro íntimo. Capítulo VIII ELS QUATRE GATS Quedó rastro en elambiente barcelonés de la vida montmartren- dos se. por autores Las cartas la época — «Desde el Molino» fueron una revelación y por el diario en que se publicaron. Sus Rusiñol y Casas—: dieron otros estentóreos gritos de independencia y de arbitrariedad; Rusiñol, sobre todo, pues el lastre diríase fotográfico del sagaz aprehensor de la Procesión de Santa Ma¬ ría, que remató en tragedia, a menudo impidióle desembocar en el reino del lirismo. Rusiñol, en cambio — ya lo dijimos—, a todo se atreve, pictóricamente, literariamente; él que había sido adoctrinado en el dibujo por Moragas — nada menos que por el minucioso acua¬ relista Tomás Moragas—:, que amó y siguió poco después a Vayreda, que no está muy alejado de Roig y Soler en la pintura juvenil del puerto de Barcelona que posee el Museo de Arte Moderno de nuestra ciudad, necesita del ambiente parisiense para entonar en gris, y se¬ guidamente—por su viaje a Italia con Zuloaga — toma un baño de idealismo prerrafaelista que trascenderá a sus paneles en arco apun¬ tado donde, en gama de colores sutiles, recordará las figuras extra- humanas de los adorables primitivos de Florencia y de Siena. Ello le absorberá en su faceta idealista..., pero ¿quién no lo es idealista allá por los años 94-97, período álgido del modernismo catalán.? Nece¬ sítase para no serlo llamarse Manuel Moliné como caricaturista pues fué muy otro éste como fotógrafo y pintor de retratos — o — seudonombrarse C. Gumá y formar como colaborador de plantilla, en los dos semanarios de la «Librería Española». 125 Como maniáticos que son — a juicio de «L'Esquella» — los ar¬ tistas neoidealizantes de y largas melenas, Rosales y Fortuny los lle¬ van maniatados al manicomio; aquéllos se reirán, entretanto, de ta¬ les burlas zafias, sentados ante el bock de cerveza en el Hostal deis Quatre Gats, que a recuerdo del Quartz Arts, del Chat Noir y de Bruant, el cabaretier Pedro Romeu, dejado que hubo sus actividades pictóricas las de director de gimnasio, ahora, en nuevo trato con por Utrillo y con los amigos de éste desde los días parisienses — Casas y Rusiñol—, ha trocado su segunda actividad por la de dueño pinto¬ resco (en su levita como en su figura) del centro de tertulia de los modernistas. Dos aspectos tenían Els Quatre Gats : el primero y principal, el de tertulia entre artistas; el segundo y accesorio, el de espectáculo para los niños ; pero a menudo los artistas gustaban de sentirse niños, de enlazar la flor y nata de sus ilusiones con el mundo de imágenes gratas a la imaginación infantil. Unas veces en las sombras chinescas, a semejanza de las que se habían hecho célebres en París a base de los dibujos de Caran d'Ache, Rivière, Steinlen y Willette; Miguel Utrillo, que las había visto y que en la capital de Francia las había imitado, dibuja para Els Quatre Gats una nueva serie de personajes recortables con destino a ser proyectados sobre la blanca pantalla; y si con las sombras no hay bastante, los artistas allí reunidos dan con el germen de la visión musical que después, por el renovador de la plástica escenográfica Adrián Gual, tomará cuerpo en los ciclos de cantos escenificados de la Sala Mercè y de los Espectacles-Au- dicions Graner. De realización de las sombras de Els Quatre Gats ilustrada una musicalmente tenemos noticias más concretas que de otras : la titu¬ lada «Montserrat», debida a la colaboración de Maragall, el maestro Enrique Morera y Miguel Utrillo. Empezaba como sigue : Veus aquí que primer tot era mar, tot era pie de mar; tan blaul... pro un dia va començà a sortir-ne una muntaya... De tan hermosa que era resplendia... Actuaba de lector de la poesía maragalliana Salvador Vilaregut, quien desarrollará suma actividad, al correr del tiempo, en la vida 126 RAMÓN CASAS — Casas y Pedro Romeu en tándem teatral y en los mentideres barceloneses. Interpretaban las voces co¬ rales, además de una joven llamada Catalina — en catalán, Caterina, pero abreviándose su nombre italianísticamente en Riña entre los mo¬ dernistas—, algunos de los habituales concurrentes de la particular cervecería: il cavalière Peypoch, pomposamente apellidado allí; el director de la revista «Luz», de que hablaremos, José-María Rovi- ralta; el pintor, actor, escritor, crítico de arte — hombre leal y serio si los hay — Carlos Capdevila ; el traductor catalán de Kayyam, Vi¬ ves-Pastor; y el poeta y enardecido epígono de Wagner, Jaime Pahissa. Además de conocer los nombres de los autores del espec¬ táculo de sombras ((Montserrat», sabemos también quiénes compu¬ sieron otro espectáculo de igual carácter «Nadala» : debióse a la labor conjunta de José-María Jordá, el maestro Juan Gay y Ramón Pichot. Pedro Romeu, que había actuado como pintor en Torredem¬ barra, como tabernero amigo de Bruant en el Boulevard Saint Michel, de París, como titiritero en Chicago, ahora ostenta su larguísimo futraque en la singular cervecería barcelonesa de la calle de Monte- sión. Por aquel entonces, hacia 1900, contrajo matrimonio con una señorita de ascendencia inglesa, decíase, de cuyo matrimonio nace un hijo en 1902. En sendas participaciones, la boda está gráfi- 127 camente registrada en el retrato Ramón Casas hizo de Pedro que Romeu andando del brazo de mujer, y el bautizo del primer una hijo lo está en el busto de éste por el joven concurrente de Els Quatre Gats, Pablo Ruiz Picasso. Más persistente las sombras fué el teatro de títeres. De los que seis años y un mes que duró el bostal-cervecería de la calle de Mon- tesión (mediados de junio de 1897 a mediados de julio de 1903) di¬ ríamos que cuando menos durante unos cuatro años y medio actuaron allí los putxinel-Us bajo la dirección de Julio Pi. El transformista Frégoli, concurrente de Els Quatre Gats a su paso por Barcelona, compuso dos diálogos propios para ser representados por los títeres. José Pla insertó en las páginas de «Destino» una loa emocio¬ nante de Julio Pi y de su bijo y colaborador Julián : «los grandes ti¬ tiriteros». Julio Pi y, en sus manos, el Titella y Cristóbal, fueron el atractivo enrolador de la Inocencia, diríamos salvadora de la bohemia supernacional intelectuales — auténti¬ o neoidealista de los artistas e cos o falsos—: reunidos en las peñas de Els Quatre Gats. José-Luis Pellicer dibujó una composición (muy poco afortunada) en que figu¬ ran los niños concurrentes a un espectáculo de títeres — publicóse en «Pèl & Ploma»—y la sensitiva y original dicción del escritor En¬ rique de Fuentes penetró en la psicología del intrépido Titella, bien distinta ciertamente de la de Cristóbal, el otro destacado personaje de pequeño guignol con quien el Titella dialoga : «El amor lacri¬ moso, los enamoramientos tristes, el Titella los deja para Tòful, para su amigo», dice Fuentes. La misión del personaje central del teatro gignolesco es «castigar a los fuertes de la clase que sean y a los que se piensan o pretenden serlo». El Titella es considerado — en la ri¬ queza de recursos revelada en el estilo de Fuentes — como «el hom¬ bre desnudo de convencionalismos, con todos los defectos que dima¬ nan de la atmósfera que respira, con todos los buenos instintos del animal que nace, y con la aspiración constante en el hombre de dis¬ frutar del placer de la vida». «Tal es la causa — añade — de que jamás muera el Titella, de que siempre salga ganando,, pues es diestro en hermanar instinto y sano corazón como la gente del pueblo. Por ello jamás podrán matarlo ni el Sereno ni Cristóbal ni el Demonio ; por eso no terminan las comedias sin que con voz chi¬ llona nos participe el Titella que ya está contento, tanto si le han 128 U Na Corinc y En Pere Romeu (Hostalers dels Quatre Gats) es complauen en ferii á solder el noixemenr del primer fill ( 12 nolg 1902) Pere Pomeu Jáuregul li Padrí: Esteve Huguet I Padrina: Josefo Molgá PICASSO — Participación de nacimiento aturdido a palos como si no; que a él no le viene de un garrotazo, y ojalá que los hombres nos aprovechásemos como él de los garrotazos que nos caen encima mientras vamos avanzando en la vida.» Los niños gozarían y se entusiasmarían sobre todo por las victo¬ rias del Titella sobre el Diablo; corearían, locos de júbilo, el «Ball del Tururut» : H ¡urf¡Lfijl[f0Í Después de la representación de una obra de gran éxito, «El se¬ nyor Llagosta», por ejemplo, o mientras en un intermedio mojábanse los porosos biscocbos en la jicara de aromado chocolate, doblábase la larga silueta de Pedro Romeu y distribuía ósculos de gratitud y cariño a frentes y mejillas del infantil auditorio. ¡Ob inefable re¬ cuerdo del barbado, melenudo, enlevitado cabaretier! Incluso el pesado bromista D [aniel] 0[rtiz] y Sforroiz]—que 129 firmaba abreviadamente Doys en «La Publicidad» acérrimo de¬ —, tractor de cuanto pudiera tener el contacto más leve con el moder¬ nismo, llegó a enternecerse con el ambiente fragante de sonrisas y cascabeleante de carcajadas de los niños de la sala de espectáculos de Els Quatre Gats. La actividadpública artística para ((gente mayor» más continua en original cervecería fué la celebración de exposiciones. La pri¬ la mera se organizó en la más espaciosa sala de la misma, y en ella tomaron parte Ramón Casas, Santiago Rusiñol, Miguel Utrillo, Luis Bonnín, Isidro Nonell, Ricardo Canals, Joaquín Mir, Ramón Pichot, Evelio Torent, y un tal Espert, que no tuvo continuación, al pare¬ cer, en los anales artísticos de nuestra ciudad. Barcelona presentaba también obras de arte al público, en 1897, en la sali ta reducida o zaguán de «La Vanguardia», entonces en la Rambla. En dicho año, hacia el mes de julio, expuso en «La Van¬ guardia» Joaquín Torres García, y en diciembre Joaquín Mir pre¬ sentó allí las ilustraciones que acababa de realizar para ((El Esgaña pobres», versión castellana de la novela de Narciso Oller, de casi igual nombre. En octubre de 1896 había expuesto en «La Vanguar¬ dia» Isidro Nonell. Ultra los mencionados partícipes a la primera exposición colec¬ tiva, integraban las peñas artístico-intelectuales de Els Quatre Gats : los pintores Sebastián Juñer Vidal (acompañándose de su hermano Carlos), Rocarol, José Dalmau, Juan Brull, Rafael Martínez Padilla y Pablo Ruiz Picasso; los dibujantes Carlos Casagemas, Ricardo Opisso, Xavier Gosé y Luis Bagaría ; el pintor y comediógrafo (alma, como se ha referido, del Teatro íntimo) Adrián Gual; el novelista Julio Vallmitjana, pintor entonces; los poetas Juan Maragall, Rafael Nogueras Oller y Eduardo Marquina; José Pijoán, Vives Pastor, y un jovenzuelo de diecisiete años llamado Francisco Pujols, acólitos de Maragall; el escultor Manolo Martínez Hugué; el escultor y pi- rografista Juan Vidal y Ventosa; el entusiasta cronista de la vida de arte local Rafael Moragas; el joven dramamrgo Pompeyo Crehuet (quien allí escribió ((La morta»); el costumbrista de las sentimentales evocaciones barcelonesas Enrique de Fuentes; el hu¬ morista Ramón Reventós, el coleccionista Alejandro Riera, y, al¬ gunas veces, Pompeyo Gener. Rubén Darío, llegado a Barcelona 130 al comenzar el año 1899,inmediatamente se presentó en Els Qua¬ tre Gats, en busca de Rusiñol o en busca de Gener. Éste, como decíamos, concurrió poco a las peñas allí formadas, pero tiene re¬ lación con varias de las fases —socializantes, ideológicas, litera¬ rias — del modernismo catalán. No será impropio recordarlo aquí, Claro que «todos tenemos nuestra manera original y particular de hacer el bobo», como dijo uno de los chismosos habituales de los mentideros modernistas, el médico Manuel Font y Torné — Font nano —, que Pla en sus años universitarios vióle aún como el ateneísta que fué, y nos lo evoca <(Con el último macfarlán de Barcelona, con su corbatita y su sombrerito, su ojo de vidrio y su cara entre morosa y sarcàstica», mas las bobadas de Pompeyo Gener toman impor¬ tancia tan central en la leyenda de su vida, que el común de los co¬ mentaristas de este variado escritor, incluso los católicos, olvidan en pos de aquéllas el anticristianismo y el epicureismo ideológico del autor de <(La muerte y el diablo», así como las sandeces e inconve¬ niencias que pululan en las páginas de «Los cent conceyls del Con- ceyl de Cent», y tratan de todo lo suyo con indulgencia, cuando no con simpatía implícita, Yxart, en cambio, arremete contra él sin cum¬ plimientos, considerando a Peins como «un verdadero loco en un grado de ingenuidad infantil inexplicable», (Léanse, a este respecto, las cartas de Yxart a su primo Narciso Oller, publicadas en «La Re¬ vista», cuaderno de enero-junio de 1936.) Digamos, con todo, que Pompeyo Gener tuvo gran agilidad pe¬ riodística como cronista de temas innúmeros, y que esta agilidad tam¬ bién se refleja en el conjunto de semblanzas que integran «Amigos y Maestros», Parece ser que tal libro, publicado en 1897, se difundió mucho en la América latina, como otros libros suyos anteriores ; ello pudo permitirle por cierto tiempo pontificar sin zozobras en su mesa del Lyon d'Or como maestro de burlas, como patriarca del embuste de anchos vuelos. Peius envejeció visiblemente hacia la segunda década del presente siglo, nostálgico ya ante el fracaso de su ideal de juventud a ultranza, de juventud invencible, básico en él como en Enrique de Fuentes, y fué arrastrando sus postreros lustros en íntima rebelión con¬ tra la forzada bohemia. El Ayuntamiento de nuestra ciudad, a ruegos del doctor Turró, apiadóse de Gener y le fué concedido un empleo de plantilla (que le sujetaba a labor hipotética) en el Archivo Histórico, 132 C.Xposició oc Dil9l/l)COS ole — . .«¡«esw»»», Qo-^í, I sSTcÙx*, c\o 1 H.V 1 hoLC I O I* /5/Di?(9 NONELL — Dibujo como anteshubo recibido protección disimulada de don Enrique Co- llaso. Recordamos haberlo visto repetidamente a sus vejeces, avanzan¬ do a duras penas por las Ramblas, con diminuto paso, con progresivo roce, con su faz carmínea y mefistofélica, con su pelo blanco excepto en la puntiaguda barba teñida de negro, con su pardessus color de pasa, con su chambergo de Cyrano vencido bien que intentando to¬ davía no ceder, con su bastón, con sus papeles y sus libros, con su característico pequeño paquete cuyo blanco papel de barba envolvía mantequilla o queso. Nuevos avatares le sumieron en la total ruina, y Manuel Ribé, jefe de ceremonial de nuestro Ayuntamiento, internó al escritor en¬ fermo y desvalido en la clínica La Alianza. Visitada ésta por Al¬ fonso XIII, el Rey, al enterarse que allí residía Gener, quiso hablar con él, quien al serle preguntado por el monarca si deseaba algo contestó casi moribundo : «Sí, Majestad; haga conde a Ribé». Se concentra en tal frase el más dulce matiz del humor proverbial de Peius. Importantes exposiciones individuales tuvieron lugar en Els Quatre Gats : en 1897, una de dibujos de Pablo Ruiz Picasso; en no¬ viembre-diciembre de 1898, una de dibujos y apuntes de Nonell; en febrero de 1899, la de pinturas y dibujos de Ramón Pichot; en abril de 1899, la de dibujos de Xavier Gosé; en los primeros meses de 1900, las de Carlos Vázquez y de Evelio Torent, colaboradores de varias re¬ vistas barcelonesas y también de «Blanco y Negro» de Madrid; y en fechas que no hemos logrado determinar, las de Luisa Vidal, de Igna¬ cio Zuloaga y de los cuatro Benlliure : Blas, José, Mariano y José An¬ tonio. Claro está que la Exposición Benlliure debió desentonar abierta¬ mente de la tónica mantenida en casi todas las otras. Notable, o cuando menos muy nutrida, fué al parecer la exposi¬ ción de obras de Ramón Pichot. Sobre ella publicaron detenidos es¬ tudios los periódicos diarios, particularmente «La Publicidad», en don¬ de José-María Jordá acompaña su extenso comentario con un retrato de Pichot por Santiago Rusiñol. Ramón Pichot formóse al lado de Casas y, acompañando a Ru¬ siñol en un viaje a Granada, seguidamente sintió el influjo de los di¬ bujos rusiñolianos de tipos granadinos — los dibujos que se conservan en el Cau Ferrat — y pintó, también junto a Rusiñol, varios cuadros cuyos temas son los interiores y los exteriores del Palacio Episcopal 134 de Viznar. A las influencias que hemos señalado como manifiestas en el arte primerizo de Pichot, los críticos de la época añadieron las de Zuloaga, Nonell y Canals. Bagaría y Martínez Padilla —: buenos camaradas — pintaban por tales años decorados efectistas para las pantomimas de los Onofri; ambos ilustraron, uno o dos de los almanaques de las Conferencias de San Vicente de Paúl. Debemos hacer notar que el extraordinario y profundo retratista esquemático Luis Bagaría comenzó como pintor de arbitrarios jardines partiendo del tema puesto en boga por Rusiñol. Martínez Padilla, que al poco tiempo desembocará en la pintura de caballete, en sus desorientados dibujos juveniles semeja no haber podido evadirse del peso aplastante de la personalidad de su compa¬ ñero Bagaría. En Els Quatre Gats el poeta Maragall dió una lectura de ((Vi¬ sions & Cants», don Cristóbal Juandó una conferencia sobre el tema ((Hacia la conquista del aire». Jacobus Sabartés — quien después de innúmeros años ha pasado a ser secretario y apologista de Picasso — leyó allí una suite de poemas en prosa. Los coleccionistas de carteles y de tarjetas postales se reunían en Els Quatre Gats. Allí eran esperados con ansia los resultados de los concursos : del convocado por la casa badalonense Bosch para anunciar el Anís del Mono, en el cual ganó el primer premio Casas ; del celebrado en Madrid para anunciar el Champagne Codorniu, en el cual fué antepuesto a los dos carteles presentados por Ca¬ sas el del pintor Tubilla; del celebrado en Villanueva y Geltrú para anunciar su Carnaval, donde obtuvo el premio Juan Llaverías. Los más solicitados dibujantes catalanes de carteles eran Casas, Riquer.y Gual; y dentro un carácter más mercantilista, Antonio Utrillo. La cartofilia y también la colombofilia constituyéronse en socie¬ dades al cobijo de Els Quatre Gats. El editor Luis Bartrina, el li¬ brero Salvador Durán y Bori, junto con los Condes de Carlet y de Castellà, fueron, según nos cuenta Luis Cabañas Guevara, los fun¬ dadores de la Sociedad Cartófila Hispania. El estilo de los dibu¬ jantes correctos y sutiles acogidos por el editor vienés Munch pronto cundió entre nosotros, y de él parecen derivar los dibujos que el doc¬ tor Domingo Corominas Prats publicó en la revista profesional ((Vida» 136 y en el semanario satírico « ¡ Cu-cut ! » Rafael Kirchner lanzaba serie tras serie sus variadas fantasías a base de femeninas siluetas, y publi¬ cábanse aquí colecciones de postales dibujadas por Casas, por Se¬ bastián Junyent, por Antonio Utrillo, por Baldomero Gili y Roig, por Joaquín Xaudaró. Con el concurso de los maestros compositores y concertistas Juan Gay, Isaac Albéniz y Enrique Granados organizáronse sesiones mu¬ sicales en la hostería de Pedro Romeu ; a las de aquéllos debe añadirse otra, la del guitarrista Miguel Llobet. El pintor Darío de Regoyos, muy aficionado a la música y concurrente de Els Quatre Gats, compensaba con el regalo de alguno de sus esbozos—-radiantes de luz —la interpretación al piano por Albéniz o por Granados de al¬ guna de las respectivas composiciones. En marzo de 1899 amainó la concurrencia en las peñas de Els Quatre Gats, pues Mir marchó a Madrid, Pichot emprendió esfor¬ zada campaña pictórica en Cadaqués, y a París se dirigieron Brull, Canals, Casas, Nonell y Rusiñol. En una de sus estancias en Barcelona la Mariani, en noviembre de 1900 la Duse, pasaron por Els Quatre Gats; Gual, después de las sesiones de 1898-1899 del «Teatre íntim», obsequió con un almuer¬ zo en el hostal de la calle de Montesión a sus colaboradores en la arriesgada y burdamente befada empresa; una cena tuvo lugar en él en honor del maestro D'Indy, quien brindó por el Greco; en otra cena en el propio hostal rindióse homenaje al preclaro periodista ma¬ llorquín Miguel de los Santos Oliver; almorzaron en Els Quatre Gats los hermanos Quintero, juntamente con el político y periodis¬ ta Emilio Junoy, el redactor de «La Publicidad» Carlos Costa y el constante paladín del modernismo y de las letras Miguel Utrillo. Cenaron Els Quatre Gats rodeándose de admiradores : la ac¬ en triz francesa Réjane, durante su actuación en el Principal; Colonne, envuelto del entusiasmo despertado por su actuación como director de la «Sinfonía fantástica)) de Berlioz, y el maestro Antonio Ri¬ bera por la digna continuación de Colonne en los inmediatos con¬ ciertos. Els Quatre Gats hostería editó algún tiempo «Quatre Gats» revista. Seguiremos con la Prensa portavoz del modernismo en Cataluña; con ello continuaremos el capítulo II del presente 137 XAVIER GOSÉ — Paseo de Niza .estiidio, capítulo rotulábamos «L'Avenç y La Vanguardia». que «L'Avenç» como revista de tal nombre murió en 1893; «La Van¬ guardia» siguió siendo aún durante largo tiempo el cotidiano que con más simpatía y constancia se ocupaba de las novedades literarias, artísticas, musicales y escénicas que adscribimos al modernismo. No tuvo «L'Avenç» inmediata continuación. Acaso allí donde cabe bus¬ car algo que refleje el movimiento de que tratamos es en el semanario «Barcelona Cómica». Carlos Ossorio y Gallardo, al encargarse de su dirección a fines de 1896, consigue apartarlo de su pútrido tono «ga¬ lante» (como se decía entonces), y aunque el director no lo sea en realidad un modernista, sabe registrar los acontecimientos que con el modernismo se enlazan y cuanto refleje elevada intelectualidad : pu¬ blica, por ejemplo, largos artículos de Alejandro Cortada acerca de la Sociedad Catalana de Conciertos o de la representación de «La Fada» en Sitges, sin que quede desvirtuado el carácter popular que acaso el editor exija, manifiesto en las ilustraciones sobre costumbres 138 barcelonesas, sobre los lugares de asueto dominguero, el Parque de la Ciudadela, verbigracia, y el elefante conocido entre el pueblo por Vavi ; de ahí el epígrafe ; Mirando el avi del Parque encuentra la democracia una distracción honesta buena, bonita y barata. Inicia la colaboración en la revista Xavier Gosé, en etapa revela- dora de la pulcritud gráfica, lograda en las lecciones que le hubo dado José-Luis Pellicer, y que evolucionará hacia un prerrafaelismo a la manera de Grasset en diversos dibujos que Gosé hizo públicos en otro semanario, «El Gato Negro», fundado por aquel mismo activo es¬ critor Carlos Ossorio y Gallardo después de haber traspasado la di¬ rección de «Barcelona Cómica» a Luis Ruiz de Velasco, de impulso literario no inferior al de quien le había precedido. Con Gosé apareció en «Barcelona Cómica» otro dibujante. To¬ rres García, éste epígono franco de Steinlen, el ilustrador del «Gil Blas» semanal de París. Steinlen influyó durante cierto tiempo en 139 toda la grafía costumbrista barcelonesa. El aludido expositor del za¬ guán de «La Vanguardia» Joaquín Torres García—Quim Torras, firmaba alguna vez—, nacido en Montevideo o, según se nos dijo, en una travesía atlántica entre América y España, colaboró en toda clase de publicaciones ilustradas de nuestra ciudad : vemos dibujos, suyos, steinlenianos, en «Barcelona Cómica», en «La Vanguardia», en el «Almanaque de los amigos del Papa», en «El Buen Combate», en «Hispania» ; decora con viñetas varios de los diminutos libros de la «Biblioteca Mignon» — los de Luis Bonafoux («Risas y lágrimas»),, de Narciso Oller («La bofetada»), de Ricardo Wagner («Historia de un músico en París») — ; compone un cartel anunciador para «El Gato Negro» mencionado, este semanario que empezara dentro el tipo «Blanco y Negro» aunque con cierta inclinación hacia el mo¬ dernismo, con dibujos de Casas, con las primeras armas del dibujan¬ te decorativista José Triadó, con algunas de las maravillosas y origi¬ nales historietas de Ricardo Marín — érase aquel un tiempo en que a su personalidad lozana no se había injertado todavía un lamentable fa presto en conexión con algo que al parecer aprendiera en el in¬ signe Vierge — ; todo ello admirablemente guisado en sus primeros JOSÉ TRIADO — Dibujo para encuadernación 140 JOSÉ TRIADO — Cabecera de revista números, mas a los pasó tal revista a bajeza análoga a pocos meses aquella por donde hubo comenzado «Barcelona Cómica». Los restos del «Gato Negro» retozón pudriéronse en fétido albañal. Cuando no es el de Steinlen es el de Forain, y cuando no el de Métivet caso de Luis Bonnin, otro de los — dibujantes de múltiple actuación emergentes de Els Quatre Gats — el influjo que domina en nuestros artistas ilustradores. De Isidro Nonell aparecen apuntes callejeros en «L'Esquella de la Torratxa» y en «La Vanguardia»; un amigo de Nonell, Ricardo Canals, pierde pronto el brumoso trazo carbonístico inicial común a los dos y acentúa a menudo una grafía incisiva y dinámica; de un amigo particularmente de Rusiñol, bien que presentando artísticamente contactos con Nonell, con Canals y acaso con Zuloaga (como antes dijimos), Ramón Pichot, quedan di¬ bujos de fines de siglo en varias de las revistas de la época y en las ilus¬ traciones de «Fulls de la vida» ; y de Pablo Ruiz Picasso el primer di¬ bujo reproducido públicamente lo fué en el «Almanach de L'Es¬ quella 'de la Torratxa per a 1899», página 186. Mayor de un año que el malagueño Ruiz Picasso, el más joven artista catalán que rondaba por Els Quatre Gats es un hijo de aquel doctor Alfredo Opisso que dirigió «La Ilustración Ibérica» y 141 «El Camarada», que actuó más tarde — en los primeros lustros del presente siglo — de codirector (con Ezequiel Boixet o «Juan Buscón») de «La Vanguardia» : Ricardo Opisso y Sala. Su juventud supo trans¬ figurar el parisinismo de los dibujantes de <(Gil Blas» y de «Le Rire» en puro, sabroso, inconfundible barcelonismo. Hojéense a este res¬ pecto las revistas «Quatre Gats», «Hispania», «Pèl & Ploma»; mí¬ rense y admírense los bellos primeros dibujos que Ricardo Opisso publicó en el semanario satírico regionalista «¡Cu-cut!» A fines de 1897, aparece el primer número de la revista «Luz», dirigida por el joven modernista José-María Roviralta. La revista tiene una forma rectangular de marcado alargamiento en su altura. Su director actúa en ella como dibujante y como comentarista. La curiosidad en arte plástico y en literatura de la nueva publicación es manifiesta. Vemos en ella las composiciones a base de recuerdos de París y de Caldas de Bohí por Isidro Nonell, los primeros apuntes de Canals, la reproducción del texto de Verhaeren y de Regoyos y de los grabados en madera de Regoyos que constituyen conjuntamente «La España Negra» publicada por tales días en Barcelona; el elogio de la prosa de Enrique de Fuentes, las primeras elucubraciones de José Pijoán, la información amplia — fotográfica y crítica — de la «Ifi- genia» de Goethe, traducida por Maragall y representada en el La¬ berinto de Horta. ccLuz», con un claro, dura hasta fines de 1898. Su numero más notable es el dedicado a la memoria de Puvis de Cha- vannes, con una buena portada simbólica del homenaje debida a Ra¬ món Pichot; con numerosas reproducciones de pinturas y dibujos del decorador del Panteón ; con comentarios y elogios, por Rusiñol, Utri¬ llo, Casellas, Jordà y Roviralta. Es en «Luz» donde por primera vez aparecen en Barcelona (y diríamos que en España) versiones de Verlaine, a continuación de un comentario ilustrado con el retrato del «pobre Lelián» por Carrière. Los traductores del doliente poeta dos años después de su muerte son dos jóvenes escritores, Eduardo Marquina y Luis de Zulueta, que al poco tiempo de haber terminado el bachillerato en los Padres Je¬ suítas pasarían a la redacción de «La Publicidad». Catalanes los dos de nacimiento, escriben en castellano. Marquina es un «supernacio- nal» eufórico que poco coordinaría con ciertos redactores del diario republicano, por ejemplo con Doys y sus antimodernistas «chirigotas». 142 » h JOSÉ TRIADÓ — Cabecera de una poesía ' Tratan los exegetas de Eduardo Marquina del panteísmo filosófico del exaltado cantor que en su juventud fué en sus paseos por las mon¬ tañas próximas nuestra urbe, con Manuel de Montoliu y con José a Pijoan, y con su más constante compañero Luis de Zulueta. A base de impresiones de los campos y las sierras, componen Marquina y Zulueta cada cual su paisaje y los publican lado a lado en la revista «Luz» : Vamos volviendo del trabajo: fuimos ' al campo, en busca de canciones nuevas, y recorrimos los abiertos valles, las anchas selvas. -^11 - Vamos volviendo a la ciudad dormida , por el camino iluminado apenas; callamos todos y la tarde muere sobre la tierra... decía Marquina. Y Luis de Zulueta (que, a diferencia de su amigo, quedará preso — en el porvenir — en la nevera filosófica que fué la ^ «Institución Libre de Enseñanza») invitaba a compartir su visión in- telectualista : ¡ ¡Subid, subid a la elevada cumbre de los montes inmensos. 143 donde asciende el perfume de la Vida de todo el Universo! ¡Qué color el color de las praderas movidas por el viento ; como pecho de virgen palpitando con anhelos eternos! Marquina departirá del «padre Caos» y de la comunión de su «yo» con la Naturaleza; «aprovechará» la fiesta de los Santos Reyes para clamar contra los reyes de la tierra, y el domingo de Carnaval para motejar de disfraces a las instituciones sociales y políticas; ambos es¬ critores cesan de inserir odas, églogas o elegías domingo tras do¬ no mingo, durante largos meses, en «La Publicidad», y a menudo tal diario en el día del Señor queda convertido, irreverentemente, heréti¬ camente, en una suerte de hoja dominical del revuelo cósmico caro a losanarquistas. Marquina está en plena ebullición; Zulueta en plena lata. No creemos que ofrezcan nada positivamente poético las largas compo¬ siciones de este último, mientras determinadas poesías de Mar- que quina chorrean altivamente de sensibilidad personal. Dice, en una de ellas, el bardo de Cadaqués : ...¡Necesito cantar, vivir, porque la vida entera novale una canción que canta lágrimas ! —^Todo en mi ser conmuévese : recorre mi tensa piel con agitados dientes la extraña agitación de los delirios; mi sangre bate en los hinchados pulsos, surge, aumenta,renuévase la Idea y estalla la canción : brillan mis ojos y una atmósfera ardiente me rodea. ítem más ; de una «Elegía» de Marquina : Soy el enamorado de las selvas y el paseante de las largas playas; 144 la caricia del Sol llegó hasta el íntimo rinc 'n del alma mía y me sostiene siempre una misma idea : es una música constantemente renovada. De otra «Elegía» del propio rimador dominical impertérrito de <(La Publicidad», dirigida por Eusebio Corominas, integrada en su redacción por un hermano de éste, junto con Emilio Junoy, Carlos Costa, Doys, el crítico de exposiciones Francisco Casanovas, el crí¬ tico de conciertos José-María Pascual, José Miró y Folguera—«dic¬ cionario enciclopédico», según dijo (y debió decir verdad) «un señor de Barcelona»; y a un tiempo de una modestia ejemplarísima que tuvimos ocasión de admirar y con Francisco Aguirre y Luis Com¬ —, panys como reporteros; de otra «Elegía», publicada en 22 de enero de 1899, copiamos : Quédense para el goce de las gentes el necio disfrutar y el artificio de los versos limados con paciencia en la tranquilidad de un cuarto mudo. A lado, mujer, lleno de vida, tu sólo deseo recorrer la tierra, andar caminos largos, hablar bajo, descansar a la sombra de los árboles y comer de su fruta. La tranquila claridad de tus ojos me recuerda la alegre animación de los domingos : vestidos nuevos, procesión de jóvenes y toque de campanas. Cuando ríes las mariposas tiemblan en el aire y las Ideas nacen en el alma. Dejémonos ya de versos y fijémonos en la eclosión de una sen¬ sibilidad auténtica dentro la prosa en el Hostal deis Quatre Gats. Nos referimos al humorista Ramón Reventós : su nombre lo halla- 145 10 mos inicialmente al pie de breves trabajos en castellano en «Luz» y en la efímera revista «Arte Joven», de Madrid, fundada por Fran¬ cisco de A. Soler y Pablo Ruiz Picasso. Pero allí donde apareció con originalidad estilística estrepitosa el arte de Raventós diríamos que fué en «Quatre Gats» (la hoja semanal que recogió la herencia de «Luz» para transmitirla al poco tiempo a «Pèl & Ploma»); en el único artículo suyo que en la breve colección de «Quatre Gats» se contiene, nos confiesa, nos revela, su escepticismo por las vanidades literarias; lo mejor de su espíritu lo quiere dar a los niños, a sus ado¬ rables pequeñuelos; y dirige severa imprecación a los escritores de oficio : « ¡ Nada ! Nada me queda a mí : todo para vosotros, que ya nacisteis con el cabello partido en bandeaux y los ojos como almen¬ drucos. Vuelvo a mi casa : la poesía de allí no me la podrán tomar : haré sentir a más gente que ellos ; lo que sé de retórica y poética me servirá para escribir las décimas de mis hijos para el santo del padre.» Reventós colaborará— con su nombre, con el seudónimo Moni y con otros seudónimos —: en diversos diarios y semanarios de Bar¬ celona. Una selección de sus notas, cuentos, articulillos que hiciera un admirador suyo de idoneidad moral y literaria, creemos que cons¬ tituiría un verdadero monumento del humorismo catalán. Lo que a nosotros particularmente más nos seduce de Ramón Reventós es su ternura intensa e introspectiva que a menudo resplandece en sus tra¬ bajos cuando el tema emocionante y sugestivo de la infancia humana o el análisis microcósmico inducen a nuestro gran escritor a ponerla de manifiesto. Dulce y modesto encanto el de esa su Lupeta adorable: «una niña delgada como una lagartija, ni fea ni hermosa, con una cara de aquellas que aún no han tomado expresión, sin formas ni cosa que lo parezca, pero viva y lista, y la característica de la cual era una trenza rígida como una breve cola, que golpeábale su espalda de una manera ciertamente graciosa, cuando iba al mercado, llevando en su meollo o en su cesta los encargos de la calle.» ¡Observación artísticamente psicológica, comparable con los pa¬ sajes más cautivadores de las primeras páginas de «La mère et l'en¬ fant», de Carlos-Luis Philippe, el breve cuento que publicó Reven¬ tós, años más tarde, del recién nacido «sonrosado como un meren¬ gue de fresa, fino como el marfil, grácil como una niña gordezuela». 146 que va descubriendo las varias partes de su cuerpo y rompe a llorar cuando no logra meterse en la boca su piececito! Toda su «Mediterrània» es preciosa para ser aquí traducida con el máximo honor ; un fragmento tan sólo, para no abusar : «... ¡Mirad qué bello conjunto: arañas grandes, avispas rabio¬ sas, pitas puntiagudas... cómo se juntan las cosas! A uno le parece ver el moro y la guerra cruel. «Volvamos, volvamos a los animalillos de Dios. Además de las arañas hay los cochinitos de San Antonio, que, a decir verdad, cau¬ san hastío pero ningún daño; hay las margaritillas con sus alas ro¬ jas con puntitos negros; hay aquellos escarabajitos verdes, tan pre¬ ciosos como malolientes. «Hay hormigas, muchas hormigas. Hay papasastres, ; también son bonitos los papasastres, pero, ¿qué queréis que os diga?, a mí nadie me saca del magín que se meten en las orejas y se comen el cerebro de los que duermen en el bosque y no se ponen el chaleco debajo la cabeza. «Hay orugas peludas y de vez en cuando algún cornudo. Lan¬ gostas y saltarenes tantos como queráis; de aquéllas las hay grandes y pequeñas, saltadoras y voladoras, las unas amarillas y los otros verdes, siempre a punto de confundirse con las hierbas. «¿Y las hierbas? Poniéndose de boca en el suelo, también se ven las tiernas hierbas y las setas alegres que se pasan la vida jugando al escondite debajo las matas...» Transmigra el semanario «Quatre Gats» a la revista «Pèl & Plo¬ ma»; a Pedro Romeu sucederá Miguel Utrillo, el director de la nueva publicación, cuya responsabilidad económica asumirá Ramón Casas. Els Quatre Gats, cervecería, morirá lentamente. La concurren¬ cia selecta queles hubo dado gloria, más tarde desertó. Con la creación del «Teatre Líric Català», Morera, y Utrillo, y Gay, y Rusiñol y Jordà, etc., iniciaron una peña de artistas en el Café Continental, cercano al Tivoli, donde aquella aventura escénico-musical desarro¬ llóse. Pedro Romeu, al cerrar el establecimiento, dedicó su actividad a comisiones automovilísticas. Guiando su voiturette, tomó parte en la carrera del circuito Sitges-Villafranca-Villanueva, celebrada en el año 1908. 147 y^l'^·^'iaKÍ^Ètfr:rlfK·'^SS'^·isiJ£rZ-rj·=rtK:&SíC3L·£jíSSSXA'l^^^L·^íZ'^j£í^m-·^jr:àSsSs:íiS&3^yjr'-^\5SSSSiX~>li^!^utcS^ Capítulo IX LAS REVISTAS «CATALONIA» Y «PÈL & PLOMA» Desde 25 de febrero de 1898 hasta 15 deformato año se novi publicaron en Barcelona, en tímetros por e mbre del propi veintisiete dieciocho números de dieciocho centímetros, los ocen¬ la primera serie de «Catalonia», que desde 25 de diciembre de 1899 hasta 24 de marzo de 1900 reapareció en su segunda serie de doce números, en formato treinta y siete centímetros por veintisiete centímetros. Los editores de «Catalonia» fueron los propietarios de la imprenta «L'Avenç» ; su redacción estuvo compuesta de parte de los que habían redactado la revista de igual nombre y de tres jóvenes que en la nueva publicación entraron en fuego: Ignacio Iglesias, Juan Pérez Jorba y Ernesto Vendrell. Aludimos a Ignacio Iglesias al recordar la última de las fiestas modernistas de Sitges. Su producción escénica, sentimental y obre¬ rista, bien que entroncando con los autores modernos más glorifica¬ dos por el «Teatre íntim», fué pasto ideológico de las asociaciones proletarias. «Catalonia» nos presenta sus poesías de estilo fácil y agradable, y sus comentarios bibliográficos. «El poeta, incluso llo¬ rando — dice Ignacio Iglesias —, debe confortar el espíritu de sus lectores, idealizando las asperezas de la realidad; debe ser la mano exprimidora de la esencia de ésta, influyendo, sí, pero de un modo espiritual y casi insensible en la purificación del alma humana.» Juan Pérez Jorba, nuevo «mandadero del modernismo», es quien introdujo entre nosotros a Verhaeren, a Mallarmé, a Walt Whitmann, a D'Annunzio. Hacia una fecha algo más tardía, D'Annunzio reci- 149 birá calurosos elogios en la revista «Joventut»; años más tarde, en 1907, Gual representará la obra dannunziana «La llàntia de l'odi». Juan Pérez Jorba publicó en ((Catalonia» un extenso comentario a la labor literario-crítica de Soler y Miquel, a cuyo comentario nos precisará acudir cuando intentemos desentrañar el sentido poético de la prosa del íntimo amigo de Maragall. Este último publicó en «Catalonia», además de poesías propias, su traducción de Goethe, «Ifigènia a Taurida»; Arturo Masriera dió a conocer en la misma revista su versión de Esquilo, «Els Perses» ; Pompeyo Fabra, una de Maeterlinck, el «Interior» de la sexta sesión del «íntim». Los caracteri¬ zados modernistas Rusiñol y Riquer ofrecen trabajos literarios inédi¬ tos a la publicación periódica del grupo «L'Avenç»; Pichot nueva y Bonnin la ilustran con dibujos. Casas-Carbó inserta en «Catalonia» esmdios de historia y de lingüística; Perés, su versión de algunos fragmentos de Emerson; Guanyavents, el futuro recopilador de «Trasplantades» (poesías modernas francesas puestas por él en cata¬ lán), impresiones poéticas propias; Alfredo Opisso y Miguel de los Santos Oliver, necrologías de Gladstone y de Bismarck, respecti¬ vamente. Alejandro Cortada siguió conservando primacía entre sus com¬ pañeros : en el primer número inserta un ensayo, «Ideals nous per a la Catalonia», que equivale a una editorial del cuerpo de redacción; expone en él la doctrina de lo que pudiéramos llamar «catalanismo intelectualista». Volviendo a las andadas, y a propósito de la apari¬ ción de «París», del novelista-jefe de los naturalistas, temblando de emoción, el pobre Cortada refiere a los lectores de «Catalonia» que «Zola prevé para el porvenir una verdadera religión de la Ciencia, religión que será monista y no dualista y que llevará cada día más lejos los límites de lo desconocido hasta que la Verdad lo inunde todo.» En el párrafo final de su crítica de «París», aunque mante¬ niéndose invariable adorador de Zola, Cortada confiesa el fracaso del maremàgnum ideológico del grupo de ((L'Avenç» : «Cuantos sentimos amor el trabajo constante de la Ciencia, de la Inteli¬ por gencia y de la Razón, abriendo un paso cada día más ancho, hemos de conservar honda simpatía hacia el gran obrero intelectual que es Zola, aunque no estuviéramos conformes con algunos aspectos de su obra. Él ha tratado con la seriedad más profunda de todos los pro- 150 blemas de hoy, y ha hecho concebir la esperanza en la socie¬ él nos dad del futuro, mientras que casi todos los grandes genios de los últimos tiempos se han desconcertado con el revuelo de ideas mo¬ dernas y con más o menos franqueza todos se han dejado apoderar de un pesimismo que los hace impotentes para resolver los conflic¬ tos actuales.» «Catalònia» dió a conocer «En Garet de l'Enramada», de Ruyra, los paisajes psicológicos de Claudio Planas y Font, las estrofas par¬ nasianas de Zanné y de Alomar : El bosc, per alia lluny, dins l'ombra se perdia, a dalt cantava el vent serena melodia; dins el pinar sagrat, baixant la neu, trescàvem. (Alomar) Fué redactor del «tercer Avenç», decíamos, Ernesto como antes Vendrell. Éste fundador, con Marquina y Zulueta, del Ateneo — Enciclopédico Popular—, recién llegado de París, desencadenará su verbalismo anarquizante en el salón de cátedras del Ateneo Barce¬ lonés. Como Pompeyo Gener, ataca a la Iglesia, en nombre del Disfrute de la Vida; preconiza nietzschenianamente la Energía y la Voluntad — ¡ sobre todo no trocar en la linotipia las mayúsculas ini¬ ciales, marca de altivez y orgullo, por humildes minúsculas ! —, opi¬ na que la gran panacea radica en la Universidad Obrera, en la Ex¬ tensión Universitaria, en el Teatro Libre, al modo de aquel de igual nombre que ha visto funcionar en París, que «cuando el Arte encarne completamente el Ideal místico moderno llegará a ser el Mesías del Porvenir» («Catalonia», tomo I, página 47), y — empapado de Zola y también de Guyau — clama para que se instimya «una religión de Fuerza, de Belleza, de Amor, la religión irreligiosa [sic], la Re¬ ligión de la Vida» ; en resumen, palabrería pérfida de un pobre visionario. Jaime Brossa, que en las postrimerías de la revista «L'Avenç» hubo dejado a Pitarra hecho un mar de lágrimas, desde Londres, en donde reside, vuelve a sus trece revolucionarios en «Catalonia», me¬ diante cuyas páginas da a conocer su fantasía anticristiana «El Ser¬ pent místic», de la cual entresacamos : «El Reino del Hombre subs- 151 tituyó a la tiranía del Padre de todos; las almas libres abominaron de la unidad de conciencia; la hermandad substituyó al gozo de sufrir. » La revista «Pèl Ploma», inmediata sucesora de la revista «Qua¬ & tre Gats», publicó su número inicial nueve días después de la fecha del postrer número del portavoz de Pedro Romeu. Formato com¬ pletamente idéntico en ambas grandes hojas de cuatro páginas; dis¬ posición de los grabados análoga. Apareció «Pèl & Ploma» sema- nalmente desde 3 de junio de 1899 hasta 26 de mayo de 1900 (bien que alguna vez en números acumulados), quincenalmente y en igual formato (pero con mayor número de páginas) desde primero de ju¬ nio de 1900 hasta 15 de mayo de 1901, y mensualmente en cuadernos de treinta y dos páginas en papel couché (con reproducciones a una y a dos tintas y a todo color) desde junio hasta mayo de 1902, y des¬ pués de un lapso debido a retrasos, desde enero hasta diciembre de 1903. Su director y redactor literario casi único en el primer año, fué el infatigable Miguel Utrillo; su dibujante, poco menos que ex¬ clusivo en igual tiempo, fué el propietario de la revista Ramón Casas. La bondad y la simpatía de Casas y Utrillo para con sus amigos en arte o en barcelonismo aparecen reflejadas en la serie de retratos debidos al carboncillo del primero y acompañándose por lo común, en sus reproducciones en «Pèl & Ploma», de comentarios del se¬ gundo. Los dibujados por Casas que publica «Pèl & Ploma» retratos en primer año corresponden a las personalidades que a continua¬ su ción se expresan: En el número 2, la efigie del humorista Alberto de Sicilia Llanas inicia la galería de barceloneses que el ágil y seguro trazo de Casas iba formando. A quien en tiempos lejanos hubo compartido la redacción de «Un tros de paper» (hasta cierto punto el «Pèl & Ploma» de la época), a quien hacia este año 99 (acompa¬ ñándose de las agudas viñetas de Modesto Urgell) daba al público «Una grossa de pensaments en vers», bien pudo corresponder la preferencia que otro escritor, Miguel Utrillo, humorista a su modo, quiso darle.—En el número 5, Alejandro de Riquer. Este moder¬ nista convencido que habiéndose formado escolarmente dentro los cánones académicos y, en los años posteriores inmediatos, en el es¬ tudio paciente y amoroso del microcosmos de la fauna y de la flora. 152 MERMEN ANGLADA CAMARASA—UrOGnKfíA ofreció sus dotes y estudios en holocausto al modernismo, y además de su adhesión al factor prerrafaelista plástico y gráfico del movi¬ miento fin-de-siglo catalán, alternó, con el cultivo de la pintura y el dibujo, el cultivo de las letras. Leemos en uno de sus «crisantemos)) (que Utrillo gustó de transcribir flanqueando la efigie), dirigiendo acaso Riquer su palabra a una de aquellas sus féminas de la nariz fina y recta y los bandeaux a la Cléo, envueltas en simtuosos tejidos en el affiche de reclamo de las alfombras de la Casa Franch : El teixit d'or que abriga tes espatlles bé podria quedar-se entre les pues dels es¬ barzers coberts de flors d'acacia. —. En el número 6, Amadeo Vives. Para el fundador Millet del «Orfeó» y con con amigo del grupo de «Pèl Ploma», especialmente de Rusiñol desde los años de la & restauración de Ripoll (véase a este respecto el «Epistolario a Rusiñol» que, a manera de prólogo, se inserta en el «Catálogo de Escultura y Muebles del Cau Ferrat de Sitges»), la simpatía de Utrillo perduró y quiso expresarla en esta ocasión propicia (estreno de «Euda d'Uriach», ópera de Vives) con una breve semblanza acompañatoria del retrato de Vives por Casas. Poco afortunado en sus primeras acti¬ vidades musicales en Barcelona, Vives se fue con la música a otra parte : a Madrid. «Con él nos hemos visto pocas veces — anota el redactor único de «Pèi & Ploma» —la última fué cuando se mar¬ chó a Madrid a buscar la hoja de laurel que le faltaba para su pu¬ chero. Ahora que la tiene hará nuevamente escudella catalana.» — En el número 9, Pompeyo Gener de cuerpo entero. (En el número 67, el mismo escritor en busto.) — En el número 12, Joaquín Mir de cuerpo entero, hacia los tiempos de su campaña paisajística mallorquina. De frente, respirando pleno pulmón el aire de las calas y de los a valles isleños. (En el número 84, correspondiente al tercer año de la revista, Joaquín Mir en busto). — En el número 17, Enrique Mo¬ rera, con un autógrafo musical de este compositor que en su pri¬ mera juventud hubo domado caballos salvajes en las pampas argen¬ tinas. Sobre este particular escribe Miguel Utrillo : «Cuantas veces me habla Morera, o cuando le veo dirigir los coros o la orquesta, me lo represento deteniendo un caballo que jamás ha sentido la mano del hombre y que la resiste inútilmente. ¡Creo en la fuerza de su brazo! Fijaos en el breve autógrafo que publicamos y veréis que siempre escribe con movimiento ascendente; ¡no temáis que 153 decaiga! Observad el hombre de corazón sin mancha, en medio de cuyos afectos de más alta ternura aparece el bravo domador de ca¬ ballos salvajes poniendo entre las flores más sutiles una nota de fuerza.» En el número i8, Ignacio Zuloaga, tal vez como debió — ser al pasar de Roma a París y trabar amistad, en el nostálgico Mont¬ martre, con Utrillo, Casas y Rusiñol; después vivirá con este último en el piso del Quai Bourbon y comenzarán sus éxitos mundiales. Zuloaga, como concurrente a las Exposiciones internacionales de Pri¬ mavera en nuestra ciudad, hizo excepción a su costumbre de inhi¬ birse de los certámenes artísticos de carácter oficial celebrados en Es¬ paña. —• En el número 20, Juan Chía, escenógrafo. Como tal y como presidente del Círculo Artístico en el 99 del primer volumen de «Pèl & Ploma» lo presenta Miguel Utrillo en un breve comentario, en cuyo párrafo final — con mezcla característica de ironía y mo¬ destia — anota : «Podría añadir que fué el primer maestro de dibujo que yo tuve ; pero si esto me honra a mí, me he esforzado muy poco en darle satisfacción. Desde aquí le pido me perdone por los berrin¬ ches que debí causarle cuando me iniciaba en los secretos del cla¬ roscuro.»— En el número 21, Apeles Mestres, dibujante y escritor, representante, pues, de la dúplice expresión envuelta en el título de la revista. Si no «Pèl & Ploma» con toda exactitud, su creación artística pudo la pluma mojada en tinta de china para los in¬ aunar números dibujos de sus historietas, de sus ilustraciones para obras literarias, de sus apuntes concienzudos de las plantas y de las flores (que, de otra parte, cultivaba y «dirigía» en el crecimiento y el des¬ arrollo, a diario, en la terraza de su hotelito del Pasaje Permanyer, como pulcro horticultor que fué), y la pluma empapada de tinta corriente para sus poesías, para sus memorias, para sus canciones. Ni a favor ni contra el modernismo sabríamos situar a Apeles Mestres; figuran en el total de su obra, a este respecto, gran variedad de ele¬ mentos ; incluso los hay contradictorios. — En el número 22, el pro¬ pio Ramón Casas, de pie, en actitud de dibujar. —.En el número 23, el enemigo de los modernistas «don Francisco Miquel y Badía», en nota necrológica en ocasión de la festividad de los Fieles Difuntos. Utrillo responde a los ataques que, contra él y sus mejores amigos en el mundo del arte, fulminó en vida el crítico del ((Diario de Bar¬ celona» con frases de íntimo sabor cristiano. — En el número 25, Emi- 154 RAMÓN CASAS — Cabecera de revista lio Vilanova, comentado por el admirador fervoroso de éste, Enrique de Fuentes. ¿Quién no lo fué por entonces, quién no lo sigue siendo hoy — entre cuantos sienten amor a las letras catalanas — admira¬ dor de Vilanova? Naturalmente que en manos de Enrique de Fuentes el elogio del autor de ((Plorant i rient» responderá a su particular e invariable obsesión por la juventud, que deriva hacia un frenesí dio- nisíaco ante el temor (ciertamente fundado) de que el encanto juve¬ nil pueda disiparse : reflejo en el nervioso cuentista de la ideología ambiente de Nietzsche. Dice Fuentes, aludiendo a Vilanova, en el párrafo final de su semblanza : ((Él no lo quiere el Otoño : quiere el Verano gozoso y rien te, de largas horas claras, soleadas. Y es que Vi¬ lanova es de los nuestros, de los jóvenes, y que Dios se lo pague!» En el número 26, en su primera página, el actor Joaquín Montero — de Marcelo de ((Ea Bohemia», sobre fondo en verde claro amari¬ llento— uno de esos fondos ((sintomáticos» a que alude José-María Junoy — que armoniza vivamente con el color naranja de las titulares ; y, en la cuarta y última página de igual número, Santiago Rusiñol plantado campechanamente ante fondo lila, sintomático éste del período cuspidal de su modernismo. (En el número 65, segundo año, cabeza de Rusiñol.) — En el número 27, la actriz francesa Réjane. Los colores sintomáticos consiguen el mayor de los aciertos : el rosa le¬ vemente morado para el texto parco de la página inicial donde el re¬ trato aparece (así como para los labios, la flor que adorna el boá, y las 155 faldas de la famosa comedianta) el anaranjado que le tiñe en sordina y su pelo y caldea un poco el gris envolvente—. En el número 29, el hermano de Rusiñol, Alberto, y el gran amigo de Rusiñol, Federico Rahola, copartícipe desde los primeros tiempos de los avatares del mo¬ dernismo, personalidad inmersa en variadas disciplinas : escritor en verso y en prosa, crítico de arte, economista, abogado, político... —En el número 31, fin del año 1899 : los dos fundadores de Pèl & Ploma», Utrillo y Casas, junto con el administrador del semanario, Leandro Galcerán, retratados en primera página, desean felicidades a sus ami¬ gos. —■ En el número 34 el poeta Juan Maragall, apuntalando su dies¬ tra en un paraguas y con la mano izquierda en el bolsillo de la ame¬ ricana.— En el número 35, el doctor Robert con su frente serena y su preocupado mirar. — En el número 37, a modo de gran mascarón, José Luis Pellicer. —En el número 40, el busto de la actriz Teresa Mariani y los retratos a medio cuerpo de sus compañeros de troupe Ettore Pa- ladini y Vittorio Zampieri. —: En el número 41, el Mtro. Nicolau, famoso por sus conciertos en el Teatro Lírico, y el Mtro. Millet, di¬ rector del «Orfeó Català». —En el número 42, José Llimona, el escul¬ tor modernista catalán por antonomasia y compañero que hubo sido de Utrillo en los primeros años escolares. —: En el número 43, Eduardo Marquina, con su chalina en blanco y morado, sellándose con esta su imagen por Casas la entrada en la redacción de «Pè.l & Ploma» del versificador dominical de «La Publicidad». —En el número 44, el pia¬ nista Carlos-Gumersindo Vidiella, en ocasión del concierto que de éste se anuncia para el 31 de marzo de 1900 en el Teatro Principal.— En el número 45, el maestro Juan Gay. — En el número 46-47, Pe¬ dro Coll y Rataflutis, guía y amigo de los catalanes en París, donde, entre otras actividades, ejerce la corresponsalía de «La Ven de Cata¬ lunya»; y el pianista Joaquín Malats. —^En el número 48-49, Jaime Massó y Torrents.—:En el número 50-52, Miguel Utrillo, que a anys menos tin dia set cada vespre s'adormia; i, si ningú el destorbava, cada dia es despertava; 156 LUIS BONNIN — Dibujo según las aleluyas incompletas que flanquean la imagen de quien a deu anys duia rellotge, pro no estudiava a Llotja; a catorze va a Paris, s'hi estableix i lloga pis; de Paris se'n va anâ a Prussia, i d'aquest pais Rússia; a traient comptes amb els dits arriba als Estats Units. Los retratos de Ramón Casas reproducidos en el segundo volu¬ men de la revista ((Pèl & Ploma» los de las personalidades que son se¬ guidamente se indican : En el número 56, los escultores catalanes Mi¬ guel Blay y Enrique Clarasó, y el escultor valenciano Mariano Ben- lliure.— En el número 64, Alberto de Vriendt, alta personalidad de la pintura belga, notable por haber sabido idealizar los cuadros his- 157 tóricosgracias a su buen sentido composicional. En Barcelona estuvo como miembro que fué del Jurado de la IV Exposición Internacio¬ nal de Arte, celebrada en 1898, y entonces debió posar para el buen retrato que de él hizo Casas. — En el número 68, Rodin, acompa¬ ñándose de la reproducción fotográfica de algunas de sus esculturas y de un comentario crítico de Joaquín Cabot y Rovira. —■ En el nú¬ mero 69, José León Pagano, el crítico italoargentino que durante su permanencia en España por los años 900-902 tuvo detenidas entrevis¬ tas con escritores en castellano y en catalán y que las recogía, acompa¬ ñadas de opiniones propias, en los dos tomos de su obra «A través de la España Literaria». — En el número 70, el escuálido Ignacio Igle¬ sias y el erguido José-María Jordá, a propósito del «Teatro Lírico Ca¬ talán».— En el número 71, aprovechando igual ocasión, el maestro Granados y el maestro Celestino Sadurní. — En el número 73, el ac¬ tor Alfredo Sainati, que representó en italiano «L'Alegria que passa». —En el número 74, Luis-Xavier de Ricard, como periodista visitante de Barcelona. —^ En el número 75, el escultor francés Antonino Mer- cié.— En el número 76, el abanderado de la procesión cívico-artística suburense de 1894, Luis Labarta, con motivo de haber publicado su obra «Hierros Artísticos», prologada por Utrillo; y los escultores Agustín Querol y J.-Antonino Injalbert. Los retratos debidos al carboncillo de Casas que ilustran el ter¬ cer tomo de «Pèl & Ploma» son las personalidades siguientes : En el número 77, el poeta Verdaguer, sentado, y con el «Lliri blanc» — etéreamente cristiano, de un modernismo sutil e incomparable¬ mente superior a todos los lirios de todos los jardines de todas las rei¬ nas que el pesado John Ruskin pudo jamás imaginar — dado al pú¬ blico, por primera vez, en la página de enfrente al retrato del autor dibujado por Casas : Per ceptre d'un rei jo naixia, en terra per ceptre d'un rei 0 d'una regina. Ne passaren mil, mes d'or lo volien, lo volien d'or 1 de pedreria. 158 Passa fesucrist, amorós me mira, i al veure'm tan pur com raig de celîstia, tan pur i tan blanc com la setalia, de la terra cm cull i amb sa ma divina rient m'ofereix per ceptre a Maria. En el propio número 77, el pintor Sorolla, a modo de máscara de fren¬ te; Pichot, alto y barbudo; Picasso, ante la silueta de Montmartre. —■ En el número 78, contrastando con el de Mañé y Flaquer, el pe¬ riodista virilmente conservador, los retratos de los inquietos a ultran¬ za José Pijoan y Joaquín Torres García. —En el número 79, la figu¬ ra rígida y fina del crítico de arte Hans Bethge. — En el número 80, el maestro D'Indy con su levitón, el crítico musical e ingeniero Es¬ teban Suñol, particularmente ligado con la historia del «Orfeó Cata¬ là», y el Director de Bellas Artes de Francia por aquel entonces En¬ rique Roujon. —: En el número 81, Casellas, pues su personalidad íntimamente relacionada con el modernismo ya no podía tardar más tiempo a ser presentada desde las, páginas de la revista de Casas y Utrillo. — En el número 82, el folklorista Francisco Maspons y La- brós, en homenaje necrológico. — En el número 83, el pianista Raúl Pugno, el maestro Antonio Ribera, el violinista Mateo Crickboom, el director del «Orfeó Català» Luis Millet, el hispanista Foulché- Delbosc, el actor Zacconi y el escritor Touny-Lérys. — En el número 84, el pintor Nonell. — En el número 85, la señorita Isabel Llorach disfrazada de Pierrot en «L'enfant prodigue» musicado por Worsem, pantomima de salón representada el 8 de febrero de 1902 en un tea- trito instalado en la planta baja del número 22 de la calle de Balmes, según atestigua Luis Cabañas Guevara. —: En el número 86, mono¬ gráfico de A. Besnard, este famoso retratista y decorador. — En el número 87, por dos veces el paisajista Meifrén; y el figurista de las damas pomposas Francisco Masriera, éste en homenaje necrológico. —En el número 88, los intérpretes barceloneses (en el mentado tea- 159 tritó patrocinado las hermanas Llorach) de la traducción catala¬ por na (debida a Salvador Vilaregut) de Hauptmann, «La campana sub¬ mergida» ; los actores japoneses Sada Yacco y Otojiro Kamakami, el empresario de éstos Da Rosa; Ldíe Fuller, la de las danzas serpenti¬ nas; y el compositor y director de orquesta Weingastner. Los últimos retratos de Casas reproducidos en «Pèl & Ploma», es decir, los que aparecen en el cuarto tomo de esta revista, son los de las personalidades anotadas a continuación: En el número 89, los pintores Galofré y Lerolle. — En el número 90, los pintores Degouwe de Nuncques y Feliu de Lemus, y el doctor Gustavo Pittaluga. — En el número 91, el pintor, escultor y aguafuertista sueco Zorn, y el ac¬ tor Bagni trajeado de Yago en el «Otelo» que representaba Zacconi. —-En el número 93, el enemigo mortal de los modernistas, Doys, y el escenógrafo Vilumara. — En el número 95, el joyero y crítico de arte Joaquín Cabot y Rovira. — En el número 97, los cantantes de ópera Palermi y Menotti, y el Almirante Compton Domvile, jefe de la es¬ cuadra inglesa del Mediterráneo. — En el número 98, el dibujante Xavier Gosé, el actor Enrique Borràs y Modesto Sánchez Ortiz, el director de «La Vanguardia» en 1888-1900, repetidamente recor¬ dado en estas páginas. —: En el número 99, el pintor francés Carlos Cottet. Y en el número 100, los — periodistas de Barcelona Ezequiel Boixet, Teodoro Baró, Francisco Casanovas, Ensebio Corominas, En¬ rique Prat de la Riba y Buenaventura Bassegoda, la actriz Marta Ca¬ zorla y el comediógrafo José Coll y Britapaja; este último en home¬ naje necrológico, y los periodistas a modo de acompañamiento del féretro de «Pèl & Ploma».—En algunos de los facsímiles adjuntos a la revista, en su último año, figuran, retratados por Casas, algunos escritores; son éstos: Juan Maragall sentado (nuevo retrato), Angel Guimerà, Francisco Matbeu, José Pin y Soler y Benito Pérez Galdós. Por lalarga y varia lista de retratos puede colegirse cómo fué de amplio el círculo de amistades de los tolerantes modernistas Casas y Utrillo. Alternan en «Pèl & Ploma», con los retratos al carboncillo de Casas, numerosas figuras femeninas aprehendidas por el propio pin¬ tor. Magdalena, Dalila, Julia, otras diversas jóvenes, fueron repre¬ sentadas en abundancia de poses por el cofundador y propietario, cuya singular largueza le indujo, en el penúltimo año de la revista, a rega- 160 lar a cada suscriptor un dibujo original. Unas de las mujeres regis¬ tradas por el trazo de Ramón Casas por lo general las de París — — gotean melancolía ; otras — muchas de las barcelonesas de la época de Els Quatre Gats se distinguen — por la rotundidad de sus facciones y por un atisbo de sonrisa. A partir del tomo segundo de «Pèl & Plo¬ ma» se reproducirán a menudo pinturas (no ya tan sólo dibujos) ori¬ ginales del propietario del mismo. La variedad temática de Casas da a la revista un tono que debió de ser probablemente agradable a la buena sociedad; por la época de «Pèl & Ploma», su arte era ya com¬ pletamente aceptado en los medios artísticos más selectos de nuestra urbe. La intrepidez de Utrillo ocupábase ya, en 1900-1903, en impo¬ ner los valores jóvenes : Nonell, Picasso, Canals, Mir, Roberto Do¬ mingo, Torres García, Opisso, Gosé, Pidelaserra, Smith... Picasso, adolescente dotadísimo, después de haber debutado en un almanaque de «L'Esquella de la Torratxa», casi por iguales días en que presentaba cuadros de envergadura en las exposiciones oficia¬ les de Barcelona y de Madrid, en los primeros meses de estar abier¬ ta la singular cervecería de la calle de Montesión, expone en ella, al amparo de Pedro Romeu, apuntes inconográficos de los concurrentes, junto con otros dibujos que recordarían el enmsiasmo que sentía por Toulouse Lautrec la juventud artística de Barcelona. Amigo de Se¬ bastián Juñer Vidal y del hermano de éste, Carlos, que actuó como luchador dentro la crítica en el cotidiano barcelonés «El Liberal», los Juñer poseen numerosos monigotes del precoz y a sus horas exi¬ gente dibujante hijo de un profesor de la Escuela de Lonja. También poseen los Juñer algunas buenas pinturas de la época llamada «azul» de Picasso. Conocedor Picasso de París (donde expone en junio-julio de 1901), a su vuelta a Barcelona, Utrillo reúne una serie de dibujos y de gouaches de Pablo Ruiz en el Salón Parés, reproduce apuntes de este artista en «Pèl & Ploma», en cuya revista, materialmente abur¬ guesada, hace la apología de él y de Nonell. De Canals aparece en la revista una nota suburbial de intensa lozanía, de Roberto Domingo recomposiciones de época y notas de los toros, de Smith las más gra¬ ciosas esculturas que le dieron prestigio en plena adolescencia. El idealismo relativamente prerrafaelista está representado en «Pèl & Ploma» por los ex libris de Riquer y por las ilustraciones de Bonnin 161 II. en «Boires Baixes», el de José-María Roviralta musicado por poema Enrique Granados. A Joaquín Torres García — otro de los artistas presentados con todos los honores en la revista de Casas y Utrillo — lo saludamos como dibujante steinleiniano en Els Quatre Gats, mas este su carácter realista insospechadamente mitigóse, y fué seguido hacia 1900-1901, es decir, al iniciarse el tercer año de «Pèl & Ploma», por el reflejo de la corriente poética o idealista que en su más alta dignidad corresponde no ya al arte de Burne Jones o de Boecklin, sino al de Puvis de Chavannes. El propio artista al publicar unos años más tarde, bajo el título «Notes sobre Art», sus teorías, anota : «Me atre¬ veré a decir que Puvis de Chavannes y sobre todo Bœcklin son dos poetas que pintan t su arte es pintura romántica». Hasta cierto punto también lo han sido románticas determinadas fases de la pintura de Torres García, tanto la fase de la grasicnta pastosidad de sus paisajes suburbanos como la fase de los señoriles jardines con damas melan¬ cólicas trajeadas en negro, como incluso la fase de temas clasicizan- tes, pero de un tecnicismo tan idílico que diríamos que su musa fué tan sólo el gotear de una fuente o el rumoreo casi imperceptible de un alto laurel al ser mecido por el viento. La colaboración literaria de «Pèl & Ploma» — inserta en la len¬ gua original para con los escritores de países latinos —^ estuvo princi¬ palmente integrada por aportaciones de varios de los que escribieron en «Catalonia» y de algunos redactores de «La Publicidad». Utrillo, redactor único en el primer año, asociase para que le ayude el poeta Marquina, quien sirviéndose babitualmente para sus versos de la len¬ gua castellana, en «Pèl & Ploma» usa indistintamente del castellano o del catalán para críticas, artículos y poemas, traduce al castellano varias poesías representativas de Maragall (lo que le vale una afectuo¬ sa— como suya — carta del autor de «La vaca cega»), recibe un home¬ naje consistente en un pámpano de plata (ofrecido por los conter¬ tulios de «Pèl .& Ploma» y de Els Quatre Gats en ocasión de la lectura de su obra «Las vendimias»), siembra de sus rimas prolificas la edición catalana de 1900 y la corta edición castellana de igual año> (quince números) con tal o cual oda a los llanos, a los árboles, a las flores, o bien «la impertinente canción de las abejas», que fragmen¬ tariamente reproducimos : 162 ¡Oh, mezquindad de las cosas! ¡Oh, vanidad de las rosas! ¡Mundo infiel! La tierra ¿en qué pararía sin la exquisita ambrosía de nuestra miel? Amigos de Marquina se introducen en «Pèl & Ploma». Entre és¬ tos, su íntimo Luis de Zulueta; el referido Torres García, el inquieto José Pijoán, el tarraconense Manuel de Montoliu, el licenciado Pe¬ dro Moles, los esmdiantes Eugenio Ors y Emmanuel Alfonso (que seguirá en «Joventut»), el actor Carlos Capdevila, el joven maestro Jaime Pahissa (que en la revista aparece como poeta, no como mú¬ sico), el periodista y crítico musical Rafael Moragas... Casas, Utrillo^con Casellas, Maragall, Riquer y Rusiñol—, serían las personas mayores de «Pèl & Ploma» ; los antes referidos jó¬ venes serían lo inédito. Ha llegado a nuestras manos una carta de Pedro Moles a José Pijoán, fechada en Barcelona el 29 de noviembre de 1903 y cuyos párrafos finales son un ensarte de interesantes no¬ ticias : «Torres está muy entretenido trabajando con Gaudí para las vi¬ drieras de eolores que éste hace para la catedral de Palma. » Marquina llegó uno de estos días con su mujer, de Madrid. Esta vez le han ido muy mal los negocios. Su zarzuela «La vuelta del rebaño» la patearon horriblemente. »De la Margarideta de Maragall ya te hablaré en carta aparte. »Ya sabrás de Zulueta y de su Cándido en París. De él sé prin¬ cipalmente por La Publicidad. »E1 Peí &■ Ploma muere en diciembre ; iba a publicarme un cuen- tecito, pero al advertirme Utrillo que iría en el último número he desistido de publicarlo. A la verdad, paso por ser Júpiter, mas ser corchete y enterrador de mis propias obras, ni por pienso. Abre¬ nuncio, como Sancho. »Y de mí te sigo en el Olimpo de mi felicidad, que diré que enseño a los hijos de Riquer en lugar de Zulueta, y que no te olvido. P. Moles.» 164 Efectivamente: «Pèl & Ploma» murió, o mejor dicho, trans¬ formóse en una nueva revista, «Forma» (1904-1908), que, lo mismo que aquélla, fué finanzada por Casas y dirigida por Utrillo. «Forma» llegó a una adaptabilidad artística excesiva; trata de arte nuevo, mas también, y en enorme escala, de arte antiguo. Hace justicia, sin embargo, a interesantes personalidades ar¬ tísticas que no habíanse registrado en la historia de una fase del mo¬ dernismo que representó «Pèl & Ploma» : a Juan Brull, a Sebastián Junyent, a Torné Esquius; dedica dos de sus cuadernos, abundan¬ temente ilustrados, a la V Exposición Internacional de Arte celebra¬ da en 1907 en Barcelona; publica en otro número una monografía — sintética y ecuánime — sobre Casas y su arte, con numerosas y representativas obras del autor de (cBall de tarda», unas reproducidas en negro, otras a todo color.