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Un golpe en la cabeza. Un fuerte impacto en la cabeza consecuencia
de un accidente de coche, un accidente de moto, de un atropello, de una caída en el trabajo... Un golpe
en la cabeza que hace cambiar la vida no sólo de la persona que lo sufre sino de todo su entorno más
cercano. Sobre esto versa esta investigación. Es un acercamiento desde la investigación etnográfica a
la vida de personas que han sobrevivido a un traumatismo craneoencefálico grave (TCE) en un contexto
concreto, la Associació Catalana de Traumàtics Cranioencefàlics i Dany Cerebral Sobrevingut, TRACE,
localizada en la ciudad de Barcelona.
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LA partir de la conceptualización de la discapacidad como acción
social y de las personas con discapacidad como alteridad, este trabajo se propone un doble objetivo.
En primer lugar, describir y analizar los procesos de reincorporación a la vida cotidiana de las
personas tras sufrir un TCE. En segundo lugar, pretende analizar las experiencias vividas de las
personas con secuelas de TCE en el continuo inclusión-exclusión social en base a una adaptación de
una tipología de modelos de gestión de la diversidad sociocultural propuesta por Giménez (2008),
explorando su utilidad para este propósito. Para este cometido se ha contado con los testimonios
de las personas con TCE que acuden a los espacios de actividades que ofrece la Asociación. A pesar
de las secuelas motoras, cognitivas y/o de conducta que presentan estas personas, en este trabajo de
investigación se ha priorizado su voz en la firme convicción de considerarlas supervivientes, que no
víctimas, del accidente; actores protagonistas de sus propios procesos y, en consecuencia,
interlocutores válidos en esta investigación.
En la carrera moral (Goffman, 1972) tras un traumatismo craneal, la
persona pasa de manera repentina de ser alguien con un bagaje personal previo y unas expectativas de
futuro a vivir un proceso de expropiación de los derechos adquiridos y las atribuciones conseguidas
en la trayectoria hacia la vida adulta. Este proceso de expropiación está estrechamente relacionado
con la necesidad de asistencia de una tercera persona, pero también con el descrédito que supone el
diagnóstico como traumático craneal. A pesar de ello, no se trata de una situación estática ni
inamovible sino de un itinerario de cambios continuos y reajustes en la interacción con los otros
que configuran el particular proceso de adecuación a la discapacidad y el aprendizaje de una nueva
autonomía. Esta trayectoria más o menos común a todos ellos - el "haber pasado por la misma
experiencia"- es lo que marca la pertenencia a la categoría social.
Por otro lado, las personas con TCE es un colectivo que resulta invisible
para la sociedad y la Administración, hecho que repercute de forma sistemática en sus vidas. Ser
invisible en la sociedad se traduce en una falta de información, sensibilidad y concienciación de
la ciudadanía hacia las personas con TCE, que puede favorecer actitudes discriminatorias o cuando
menos un trato desfavorable. Ser invisible para la Administración supone el no reconocimiento de
su diferencia en la diferencia (la discapacidad) y por tanto la inexistencia de recursos y servicios
que respondan a sus necesidades particulares. Finalmente, a través de los relatos de las personas
con TCE podemos observar que la pérdida del entorno social y la falta de oportunidades y espacios
de interacción son percibidas como una de las dificultades que más impacto tiene en sus procesos
de inclusión.
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