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Este proceso de crecimiento fue analizado al ver cómo los vecinos residentes en este tipo de pueblos, absorbidos por
el área metropolitana, reinterpretan su forma de vida y adaptan sus dinámicas socioculturales a la ciudad de México.
Las principales conclusiones de este estudio son que a través de las fiestas, Santa Rosa ha logrado mantener sus redes
sociales. Principalmente las fiestas religiosas (patronales) sirven para renovar o dotar de nuevos sentidos a esta identidad. Asimismo, se han
incorporado elementos festivos externos (de otros pueblos vecinos) que sirven para reforzar este sentido identitario.
Los pobladores de Santa Rosa perciben el crecimiento de la llamada mancha urbana hacia su pueblo como algo negativo ya que
ha contribuido al aumento de tráfico vehícular, la llegada de nuevos habitantes a la zona y a que el bullicio y la contaminación de la ciudad llegue a
Santa Rosa. Existe un temor de los rosantinos ante el crecimiento urbano y la especulación inmobiliaria. Hay un miedo a la pérdida de la 'autenticidad'
que simboliza el pueblo.
Consideramos que el "ser rosantino", entendido como una identidad territorial, existirá mientras sus habitantes sigan
construyendo elementos que los distingan frente a otras comunidades o frente a la metrópoli. Esta construcción se reconfigura socialmente, manifestándose
mediante la práctica de fiestas (religiosas y civiles) así como de rituales familiares. En este caso, la identidad sirve para luchar por territorios o
patrimonios a través de las narrativas que hacen referencia a un pasado común por parte de sus habitantes.
LLa hipótesis final es que a pesar de que el pueblo de Santa Rosa se encuentra especialmente integrado a la ciudad, los
nativos del pueblo poseen un sentido de pertenencia o identidad que los hace distinguirse del resto de la ciudad y de los habitantes de otros poblados
cercanos.
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