Revista de Hi~iBne y ~anidad Pecuarias Tomo. VIlI Marzo de 1918 I Núm. 3 SECC'ION DOCTRINAL Trabajos originales Técnica histológica NUEVOS MÉTODOS DE COLORACIÓN DE LAS FIBRAS ELÁSTICAS por el profesor .A....:E3:ElI.......A....~:I:)C> G-.A....I......I......EJGC> (TRABAJO DEL LABORATORIO DE HISTOLOGÍA y ANATOMÍA PATOLÓGICADE LA ESCUELA DE VETERINARI~ DE SANTIAGO DE COMPOSTELA) Como de costumbre, expondremos nuestra labor en forma de autobio- grafía para evitar el asombro de los ignorantes y la- censura de los sa- bios. De esta suerte podrá apreciarse mejor la parte que corresponde, en nuestros éxitos, a la casualidad y al razonamiento. Así, pues, comenzaremos por decir, que, desde que empezamos nuestros estudios-histológicos, no recordamos haber sentido una emoción tan inten- sa, como la que experimentamos al ver por primera vez específicamente te- ñidas las fibras elásticas. . Recordemos las circunstancias. Habíamos hecho varias preparaciones microscópicas de un pulmón humano, utilizando las coloraciones corrien- tes (hematoxilina-eosina, van Giesson, Cajal, eto.), Hicimos entonces una tinción con la orceina, según el método de .Dnna-Taenzer, y nos quedamos maravillados al contemplar aquella infinidad de fibras elásticas que, trazan- do caprichosos dibujos, se esparcían por toda la preparación. Nos pareció mentira que elementos tan perceptibles, de tan groseras dimensiones, pasa- sen inadvertidos al más escrupuloso examen microscópico, si éste recaía sobre preparaciones en que no se había hecho una coloración específica. Desde aquel momento nos formulamos esta pregunta: ¿De qué nos sirven los objetivos de gran poder amplificante, si elementos tan burdos como las fibras elásticas, nos pasan completamente inadvertidos, si de antemano no los hemos impregnado por un colorante que los ponga de manifiesto? Más importante nos pareció, en aquella ocasión, el descubrimiento de una mate- ria colorante capaz de teñir, no importa qué elementos o partes de elemen- tos anatómicos, cuya existencia ni aun siquiera sospechamos, que todos los r: t4G =- encaminados ¡aumentar- el poder amplificador tt'~s'~ribriniientos'de 6_pJ:,ica de los microscopios actuales.' , Y aunque más tarde, reflexionando con calma, llegásemos a la conclu- sión de que, coloraciones específicas y gran poder amplificante del micros- copio, son ca-si igualmente indispensables, empezamos a preocuparnos del problema de la coloración de las fibras elásticas. Desde aquella época-hará de, esto unos seis años-no fué ya en nuestro laboratorio un acontecimiento el t~ñir las fibras elásticas. En casi todos Ios órganos y tejidos normales o patológicos, sobre que realizamos nuestros estudios, hicimos la coloración de las fibras elásticas, valiéndonos de los métodos clásicos de Unna-Taen- zer ,y de Weigert, logrando así encontrar detalles de histología. comparada, -algunos de los cuales no han ocupado, seguramente, la atención de más de un investigador, y que serán objeto, no sabemos cuando, de una publicación especial. Pero, manejando a diario los métodos de coloración de las fibras' elásti- cas, ya citados, nos molestaba sobremanera la lentitud de la tinción del mé- todo de Unna-Taenzer y la engorrosa preparación del colorante de Wei- gert. ;Este fué, verdaderamente, el doble motivo de nuestras tentativas para modificar uno y otro método y para descubrir algunos que consideramos superiores a los élááicos. A vosotros os toca decir si lo hemos conseguido, una vez que conozcáis detalladamente nuestros trabajos, Ahora bien: para hacernos entender mejor, nos trazaremos un orden. Co- menzaremos por analizar detenidamente 10$ métodos clásicos de coloración .de las fibras elásticas; señalaremos después las modificaciones que en ellos hemos introducido, y terminaremos, por fin, exponiendo los nuevos métodos' que hemos encontrado. , . MÉTODOS OLÁSICOS DE COLOR40r6N DE LAS FIBRAS ELÁSTICAS '1.0 MÉTODO DEUNNA-TAENZER sus DERIV.ADOs.-Enel método de co- y loración de Unna-Taenzer se utiliza, como colorante de las fibras elásticas, la orceina. Se principia por preparar la solución siguiente: Orceina ...• ; ..•....•.••........... , •..• '.. •............... 0,1 Alcohol de 95°... _.......•... ' .......•....•.••.... , " .. , •... , 20,0 . 'Agua destílada.. . . . . . . . . . . . . . .. . .... .-...................... 5,0 A esta solución se añade ignal volumen de: Ácido clórhídrico.. . • • . . . • . . . . . • . . . . . . . . • • . . . • . . . . . . . . . . . . . . . 0'1 Alcohol de 95°..•.............•....... , ........•...• ' . .. ... 20,0 Agua destilada.. . . . . . . . . . . . • • • . . . • • . . • . • . . • . . • • . . . . . . . . . . . . . 5,0 Con esta mezcla se tiñen los cortes, logrados con cualquiera de los mé- todos corrientes, durante 'veinticuatro horas; se hace la diferenciación en alcohol clorhídrico; se deshidratan en la serie de alcoholes, se aclaran en xilolo en las esencias de orégano, bergamota, etc., y se montan en bálsamo del Canadá. Las fibras elásticas se coloran en rojo moreno; los núcleos que- dan sin teñir, o, cuaudo más, aparecen en rojo moreno claro. Para evitar el matiz uniforme, de las preparaciones así obtenidas, se recomienda hacer una' - 147- tinción nuclear con' hematoxilina o con azul de metileno, después, claro está, de la diferenciación en alcohol clorhídrico y del lavado en agua. Sin embargo, debemos advertir que la coloración con azul de metilenono da, de ordinario, sino muy mediocres resultados, aun insolubilizándole por la acción consecutiva 'del ácido tánico -proceder de Nicolle-, y es que la or- ceina, aunque tiñe débilmente los 'núcleos, los impregna con tal intensidad, que es muy difícil colorarlos con el azul de metileno. Modificación de Benda.-Se comienza por hacer una solución saturada de' orceina en alcohol de 95° y se abandona dicha solución al aire y la luz du- rante dos semanas, hasta conseguir su maduración. Lograda ésta, se vierte gota a gota, y sin filtrar, dicha solución madre, enuna solución de alcohol clorhídrico (alcohol de 70°, 100 c. c.; ácido-clorhídrico, 1 c. c.) hasta que la mezcla tome un color rojo de vino. Se sumergen los cortes en. la solución así preparada, donde permanecen.doce a veinticuatro horas. Si hay sobre- coloración, se diferencian en la referida solución de alcohol clorhídrico. Modificación de Mulon.-Mulon utiliza la solución de orceina de Rubens- Duval, que es como sigue: Oreeina ,. , .. , :. . . . . .. .....•...••... 0,10 gr. ~ '-o Aeido nítrieo .-.. ,.......................... 2,00 - Aleohol de 70° .'. . . .. ..................•. 100,00 e. e. La tinción se logra en doce a veinticuatro horas. Modificación do Letulle y Normand.-l. o Uoloración en la. siguiente solu- ción de orceina, durante seis-doce-veinticuatro horas (según el órgano y lesiones que sE:lpretenda estudiar): Orceína ...........••................................•.. 1gr., Aleohol absoluto - ' ' . 80 e..e. Una vez disuelta la orceina en el alcohol, se añade: Agua destilada , : ..• : '40 ~;. e:~ , Aeido clorhídrico , . xLgo"tas. Lavado e~ agua. , Diferenciación en alcohol clorhídrico, de Unna: Agua destilada -....•...•....•.......•..........•. " 50 e; e. Alcohol de 95° ....•.................••..•............... 200 e. _e. Acido clor hí drico ............•...................•...... ' 1e. c. Esta diferenciación. debe vigilarse mediante el examen microscópico. 4.° Cuidadoso lavado en agua, hasta que las fibras elásticas adquieran- un color rojo moreno obscuro, volviendo, si es preciso, a diferenciar en al- cohol clorhídrico. . 5.° Coloración nuclear con hematoxilina o con hemateina. 6.° Lavado en agua destilada. 1.° Lavado rápido en la solución de: Carbonato sódíco.. . . . . . . . . . . . •. . .....................•.. Lgr. Agua destilada.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .• . . 100 e. c. Lavado en agua destilada. / 148 9.° Ooloración de fondo COnla solución débil de eosma, durante doce- veinticuatro horas. Las fibras elásticas se coloran en' azul negro; los núcleos en azul débil; los protoplasmas en rosa más o menos intenso. Oomo se ve, el procedimien- to de Letulle y Normand no es fácil de ejecutar, y si no ponemos en duda que en manos de sus autores dará excelentes resultados, debemos confesar que nosotros no hemosconseguido obtener ni una sola preparación acep- table. ' Modificación de Pranther.- Pranther utiliza dos soluciones de orceina, se- gún la rapidez caD:que desea obtener la coloración de las fibras elásticas. 1.& Orceina ' . 0,1 A.cido nitrico oficinal.,............... . ..•....... 2,0 Alcohol de 70°.•.................................. 100,0 c. c. Ooloración en ocho-veinticuatro horas. 2.& Orceína . 1 Acido nítrico oficinal., ......••.•.. " . 5 Alcohol de 70° ......•....•.•....................... 100 c. c. Ooloración en una hora. Las fibras elásticas se coloran en rojo moreno obscuro; los núcleos en.rojo moreno claro. Nosotros, que hemos utilizado durante más de dos años el procedimiento de Pranther, por ser el más sencillo, el más rápido y el más seguro, no nos- explicamos el por qué no se emplea con preferencia a todos los demás. Modificación de Delamare.-Oon este procedimiento pretende 'su autor teñir, en una sola preparación, las fibras elásticas, las conjuntivas y las musculares, a la vez que los núcleos de todas las células. Es, a la vez, una modificación del m-étodo de Unna-Taenzer y de el de van Giesson. Delamare emplea esta mezcla: Orceíns ..•.....•................ '. '" .' . 1gr., A~ido clorhídrico .•....•................................. 1 c. c. Alcohol absoluto .....•.••....... ~ . 50 c. c. a la que añade igual volumen de: Hematoxilina ácida de Ehrlich": . . 2 c. c. Fuchina ácida (solución acuosa saturada) ' .•.......... 1 c. c. Ácido pícrico (solución acuosa saturada en caliente) . 200 c. c. (Esta compleja mezcla sólo se conserva durante una semana). Para teñir con este colorante se procede así: 1.° Los cortes de tejidos fijados en formol al 10 por 100, en al-cohol de 90° o en el líquido de Bouin, incluídos en parafina, pegados al porta o al cubre-objetos con agua destilada, desparafinados, y sumergidos en agua li- geramente ácida, se tiñen en la mezcla de Delamare, durante treinta minu- tos y a la temperatura de 45°. . 2.° Lavado en agua acidulada (IV -V gotas de ácido clorhídrico en 100 centímetros cúbicos de agua). 3.° Lavado rápido en agua ordinaria, para lograr el color. azul de la hematoxilina. - 149- 4.° Serie de alcoholes; Xilol; Bálsamo. Los núcleos se tiñen en violeta; los protoplasmas y fibras musculares en amarillo; las fibras colágenas en rosa; las elásticas en negro. Ignoramos los secretos técnicos de esta rara modificación de Delamare. Lo que sí afirmamos es que la hemos intentado media docena de veces sin conseguir ni una sola preparación en que fuesen aceptables ni la coloración de van Giesson, ni la de las fibras elásticas. Verdad es que antes de emplear el procedimiento de Delamare ya estábamos hartos de ensayar el método de van Giesson, utilizando como colorante nuclear la hematoxilina de Ehr- lich, sin haber logrado sino muy mediocres resultados. 2.° MÉTODO DE WEIGERT y PROCEDIMIENTOS QUE LE OOMPLETAN.-Es de ad- mirar la paciencia y talento que tuvo que poner en juego Weigert para des- cubrir su método de coloración de las fibras elásticas. Verdad es que sus esfu~rzos fueron ampliamente recompensados, pues su método logró impo- nerse en todos los laboratorios con una rapidez increíble. El colorante de Weigert puede adquirirse en casa de Grübler, o, lo que es preferible, prepararse según las indicaciones de su autor. En este último caso se procede en la forma siguiente: Se disuelven 2 gramos de fuchina básica y 4 gramos de resorcina en 200 c. c. de agua, que se ha hecho hervir en una cápsula de porcelana; se añaden 25 c. c. de percloruro de hierro lí- quido, de la Farmacopea alemana, y el todo se hace hervir, y agitando, du- rante dos a cinco minutos. Se deja enfriar esta solución y se filtra. El pre- cipitado que queda en el filtro, y éste, asimismo, se' dejan secar en la misma cápsula que se usó, porque en ella queda siempre una parte de tal precipi- tado. Sobre éste se vierten 200 c. e, de alcohol de 95°, y, agitando constan- temente, se calienta hasta lograr la completa disolución. A medida que el precipitado que existe en el filtro se va disolviendo, se retiran los trozos del referido filtro. Terminada la disolución, se deja enfriar; después se fil- tra, y se añaden de nuevo otros 200 c. c. de alcohol de 95°. En fin, se agre- gan a este último líquido 4 c. c. de ácido clorhídrico. Este colorante, que con tantos esfuerzos se consigue, no se conserva más de seis semanas. El colorante de Weigert así preparado, o la solución de Grübler, se hace actuar sobre los cortes, logrados por cualquiera de los métodos corrientes, durante quince, treinta o)esenta minutos. Luego se lavan en alcohol de 95°, se deshidratan en alcohol de 100°, se aclaran en xilol y se montan en bálsa- mo del Canadá, Las fibras elásticas se tiñen en azul obscuro; los núcleos en azul claro o quedan sin teñir. Dos graves inconvenientes pueden asignarse ~al método de Weigert: 1.0, la engorrosa preparación del colorante, y 2.°, la relativa rapidez con que éste se altera. Nosotros hemos preparado unas cuantas veces el colorante de Weigert, pero no siempre con éxito.·Es más; en' los casos en que logra- mos una solución colorante aceptable, no se nos conservó más de cuatro se- manas. Y téngase en cuenta que tales inconvenientes no se resuelven utili- zando la solución ya preparada por Grübler, pues, aun ésta, no se conserva por tiempo indefinido. En una palabra: el método de Weigert, aunque da excelentes resultados, será siempre un método de excepción, nunca un mé- todo general. - 150- Modificación de Pranther.-Este autor, huyendo d~ las 'complicadas ope- raciones necesarias para preparar el colorante de Weigert, procede del modo siguiente: Fuchselin (1) {Grübler), . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 0,02 grs. Ácido nítrico oficinal... 1,00 parte (en peso). Alcohol de 70°. .. . . .. .. . 100,00 partes (en peso). Oon esta solución se tiñen los cortes durante ocho a veinticuatro horas. Se lavan en alcohol absoluto por un minuto. Se cambia el alcohol. Se espe- ra aún otros dos minutos, y, en fin, se aclaran en el xilol y se .montan en bálsamo del Canadá, Las fibras elásticas se tiñen como con el método fun- damental: en azul obscuro. Modificación de part.-Ooloración previa con el carmín litinado de Orth, seguida de la tinción con el colorante de Weigert. Fibras elásticas en azul obscuro; núcleos en rojo. Modificación de Lee y Mayer.-Se prepara el colarante de Weigert como queda descrito, pero añadiendo una pequeña cantidad de sesquicloruro de hierro. Ooloración en veinte a treinta minutos. Lavado en alcohol. Aclara- miento en xilol. Montaje en bálsamo. Fibras elásticas en azul, sobre fondo claro. . Modificaciones de R. Kausse.-a) Primera: Fijación en formol. Cortes por congelación. Los cortes se trasladan, nó al agua, sino al alcohol de 70°. De este alcohol pasan directamente' al paracarmín de Mayer: Acido carmínico ..............•.. _......•.........••.. : 1 gr. Cloruro aluminico... ....•. . .•............... 1/2- cálcico ...............•.•... . . :..... ....••........ 4 - . Alcohol de 70°........•......••.....•.•.. - '-' ,.. -10 c. c. En este col~rante permanecen los cortes diez minutos. Lavado en alco- hol de 70°. Ooloración con la solución de Weigert, veinticinco minutos. La- vado en alcohol de 95°. Alcohol absoluto. Xílol. Bálsamo. Los núcleos se tiñen en rojo; las fibras elásticas en azul obscuro. Esta modificación de R. Krausse, que hemos utilizado muchas veces, nos parece excelente. ' b) Segunda: 1.0 Formol. 2.° Oongelación. 3.° Hematoxilina al hierro, quince minutos: - Alumbre de hierro , . .. . .:........ 10 grs. Agul} destilada caliente '. 150 dis. Hematoxilina ...............•.... '. . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . 1,6 Agua caliente .............•... '. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7f¡ c. c. (Dejad enfriar las dos soluciones; verted la primera sobre la segunda; calentad prudentemente, y agitando, hasta la ebullición, dejad enfriar y filtrad.) _ 4.° Lavado con agua. 5.° Alcohol de 70°. 6.° Oolorante de Weigert, veín- (1) Nombre dado por Fischer a la materia colorante seca, de Weigert. - 151- te minutos. 7.° Lavado en agua. 8..0 Picrofuchina de van Giesson, diez a quince minutos. 9.° Alcohol dé 70°.10. Alcohol de 95" y de 100°. Xilol. Bál- samo. Núcleos, color pard-o; fibras elásticas, azul obscuro; fibras colágenas, rojo; fibras musculares, amarillo. Esta última modificación de Krausse no nos parece, ni con mucho, tan aceptable como la primera. La hemos intentado unas cuantas veces y con muy mediocres resultados. Y es que el método de van Giesson, utilizando la hematoxilina al hierro, y operando en cortes obtenidos por congelación, . casi nunca resulta: 1.0, porque los núcleos palidecen al extremo de que, a a menudo, quedan sin teñir; 2.°, porque la coloración del tejido muscular no es nunca amarilla, como ya hicimos notar en nuestracomunicación a la So- ciedad de Biología de Barcelona (1)~ NUESTRAS MODIFICAOIONES DE LOS METODOS OLÁSICOS DE UNNA-TAEN- ZER Y DE WEIGERT Queda bien demostrado, por la descripción que precede, que" el método de Unna-Taenzer tiene elinconveniente de la lentitud en la tinción (doce a veinticuatro horas), excepción hecha de la modificación de Pranther (una hora), y el de Weigert, el de exigir una complicada y minuciosa prepara- ción del colorante. Además, uno y otro método no permiten si no muy con- tadas coloraciones combinadas, y aun con éstas no se logra obtener lo que, entre los histólogos, se acostumbra a llamar' una bella preparación histo- lógica. MODIFIOAOIONES DELMÉTODO DEUNNA-TAENzER.-Haceya mucho tiempo que nosotros habíamos logrado una importante modificación del método de Unna-Taenzer en el sentido de hacerle más breve. Nuestra modificación se reducía pura y simplemente a teñir con la solución de orceina, no a la temperatura ordinaria, sino a la que se logra calentándola hasta la emisión de vapores. Operando así, habíamos conseguido muy buenas preparaciones en dos a tres horas. Luego nos enteramos de que Langeron había logrado un resultado pare- cido utilizando la solución de orceina a 30°. Sin embargo, habiendo hecho nosotros numerosos ensayos utilizando la solución de orceina recomendada por Langeron (orceina, 1 gramo; ácido clorhídrico, 1 c. c.; alcohol, 10 c. c.) a la temperatura de 30°, jamás hemos logrado obtener, en quince minutos, preparaciories aceptables, como asegura el autor citado. Cuando creímos haber conseguido el máximo de rapidez con el método . de Unna-Taenzer, nos enteramos de la modificación de Pranther, y pudimos comprobar sus ventajas; se nos ocurrió abreviar más todavía el tiempo de acción de la orceina, y, en efecto, calentando la solución de orceina de Pran- ther hasta la emisión de vapores, y dejándola después -enfriar, obtuvimos excelentes preparaciones en veinte a treinta minutos. Necesitábamos aún conseguir preparaciones en que desapareciese el ma- ,tiz uniforme, poco agradable, que caracteriza a las logradas con el método (1) Modificaciones de los métodos tricrómícos de Cajal y do van Giesson a base del método de tinción con la. fuchina y el formol acético. Octubre de 1914. - 152 e: de Unna-Taenzer o 90n el procedimiento 'de Pranther, y aunque estaba ya resuelto por el empleo de' la coloración nuclear con la hematoxilina, des- pués de la coloración con la orceina y de su diferenciación en alcohol clor- hídrico, por las-razones ya expuestas en otro trabajo (1), desechamos la tin- ción con la hematoxilina, al menos para -10s cortes obtenidos por congela- ción. Así, en lugar de, la hematoxilina, utihzamos nuestro método funda- mental+Juchina-formol acético-que en éste, como Yentodos los casos, re- sulta incomparablemente mejor que el de la hematoxilina. / He aquí cómo procedimos; 1.0 Fija~ión en formol. 2.° Cortes-por conge- lación. 3.° Orceina (segunda solución de Pranther), calentándola' hasta la emisión de vapores y dejándola enfriar; veinte a treinta minutos. 4.° Dife- renciaeién en alcoholclorhídrico, 5.° Lav~do en agua. 6.° Coloración con la fuchina de Ziehl, diluida al 10 por 100 en agua destilada (H gotas de fa- china de Ziehl por cada centímetro cúbico- de agua: destilada), cinco minu- tos. 7.° Lavado en agua. 8.° F~rmol acético (agua destilada 5 c. c.; formol 1 gota), cinco minutos. 9.° Lavado en agua. 1Q. Serie de alcoholes. Xilol fenicado. Bálsamo. Los núcleos, en violeta; las fibras elásticas, en rojo moreno; la substan- cia fundamental del cartílago, las granulaciones de las céhilas cebadas de Ehrlich y la mucina, en violeta intenso; , Aun hicimos otra modificación, a saber: en vez de utilizar la fuchina de Ziehl al 10 por 100, empleamos una solución más débil al 5 por 100 y ace- tificada (agua destilada, 5 c. c.; -fuchina de Ziehl, 1 gota; ácido acético, 1gota) con la cual teñimos durante uno a:cinco minutos, lavando después en agua y haciendo la viro-fijación en formol acético. Operando así, se ti- ñen exclusivamente en violeta las substancias cromotropas, mientras que los núcleos y las fibras elásticas se coloran en, roj o moreno. Es, pues, un método muy recomendable para la investigación de las substancias cromo- -tropas, y del cual nos ocuparemos más extensamente en otro trabaj o que tenemos en preparación. En fin, en nuestras modificaciones :del método de Unna-Taenzer y del procedimiento de Pranther, fuimos auu más lejos. Después de la coloración sucesiva con la orceina de Pranther, la fuchina de Ziehl diluída al 10 por 100 y el formol acético, tratamos los cortes por el picroíndigocarmín de Oajal, y obtuvimos muy bellas preparaciones. Los núcleos aparecen en vio- leta; las substancias cromotropas, en violeta intenso (la mucina en violeta negro); las fibras elásticas, en rojo moreno obscuro, casi negro; las conjun- tivas, en azul verdoso; las musculares, en verde claro. Por último, intentamos la coloración orceiná-fuchina-formol acético-pi- crofuchina de van Giesson, sin conseguir la coloración amarilla del tejido muscular, y con la particularidad de que muchas fibras elásticas quedaban sin teñir, por lo que -abandonamos este procedimiento. MODIFIOAOIONES DELMÉTODO E WEIGERT.--Oonfesemos, ante todo, que D hemos utilizado este método con mucha menos frecuencia que el de Unna- (1) El formol, agente viro-fijador de las coloraciones obtenidas con la fuchina básica. Comunicación a la Sociedad de Biología de Barcelona, Octubre de 1914. 153 - 'I'aenzer, y esto, sobre todo, por lo enojosa que nos ha resultado siempre la preparación del colorante de Weigert, y porque con la solución preparada por Grübler no hemos logrado tampoco buenas coloraciones. Sin embargo, en estos últimos tiempos en que dirigimos nuestros esfuerzos a conseguir una razonada modificación del método de van Giesson, la emprendimos con el procedimiento de Krausse, ya citado, y que, como hemos dicho, no da casi nunca buenos resultados. Esto depende-y ya tendremos ocasión de demos- trarlo-de que la coloración nuclear con la hematoxilina al hierro no es a propósito para los cortes logrados por congelación y la tinción de las fibras musculares con la picrofuchina'no es tampoco electiva cuando se ha teñido previamente con la hematoxilina, porque ésta colora intensamente tales fibras. No nos hemos preocupado de conseguir buenas preparaciones con el método de van Giesson, usando la hematoxilina .al hierro, al menos desde que logramos excelentes coloraciones, con nuestro método: fuchina acética- formol acético-picrofuchina; pero estamos casi seguros de que las habíamos de obtener en cuanto encontrásemos un buen agente, diferenciador de la hematoxilina. Y es que estamos casi seguros de que la inmensa mayoría de los técnicos que han practicado el método de van Giesson no han compren- dido su teoría físico-química, ni aun siquiera el autor del tan acreditado y desacreditado método. Hechas estas aclaraciones, que ya hemos expuesto en otros trabajos, y que todavía tendremos que repetir en los sucesivos, veamos cómo pueden lograrse excelentes preparaciones utilizando el colorante de Weigert para teñir las fibras elásicas, y el método de van Giesson, modificado por nos- otros, para colorar los demás elementos. Se principia por teñir las fibras elásticas con el colorante de Weigert. Se lavan los cortes en el alcohol, y después en el agua. Se coloran, estos en- tonces con la fuchina de Ziehl diluída al 5, por 100 y acetificada (agua, 5 centímetros cúbicos; fuchina de Ziebl, V gotas; ácido acético, 1 gota) du- rante un minuto. Lavado en agua. Formol acético (agua, 5 c. c.; formol, I gota; ácido acético, 1 gota), cinco minutos. Lavado en agua. Picrofuchi- na de van Giesson, un minuto. Lavado en agua. Alcoholes. Xilol. Bálsamo. Los núcleos se tiñen en violeta negro; las fibras elásticas, en azul obscu- ro; las conjuntivas, en rojo vivo; las musculares, en amarillo intenso. Este procedimiento es incomparablemente mejor que el de R. Krausse. NUEVOS MÉTODOS DE COLORACIÓN DE ~AS FIBRAS ELÁSTICAS LASPRIMERAS SOSPEoHAs.-Ennuestro primer trabajo de Técnica histo- lógica-v-El formol agente transformador y fijador de las coloraciones ob- tenidas con la fuchina [básica.» (Galicia médica, Abril de 1914)-decíamos: «Con el método de tinción que preconizamos quedan sin teñir, claro está, las fibras elásticas; sin embargo, en una ocasión, y sin que podamos explicarnos el por qué, haciendo preparaciones de un epitelioma de ldbio, hemos obtenido una excelente tinción de fibras elásticas, en color violeta obscuro, y con la particula- ridad de que dicha coloración resistía a la acción decolorante de la solución acuo- sa saturada de ácido pícrico». Pues bien; después de publicado dicho trabaj o, y parando la lJtención en - 151- - - y los estudios de Unna Oajal, a propósito de lit existencia de fibras de ela- cina en el estroma de algunos tumores epiteliales, llegamos ,a lamentarnos de nuestra ligereza al consignar que con nuestro método habíamos logrado teñir las fibras elásticas. Estábamos casi seguros de que las 'que habíamos tomado por fibras elásticas, eran, sin duda alguna, fibras de elacina. Sin em- bargo, haciendo nuevas preparaciones de otros epiteliomas de labio del hombre, utilizando nuestro método-fuchina-formol-volvimos a nuestra primera opinión; En efecto, no ya sólo en la parte de labio ~ invadida por el tumor, sino en parajes. relativamente apartados de la lesión tumoral, don- . de el más minucioso. examen microscópico no permitía reconocer la más insignificante alteración, o, cuando más, se descubría una infiltración micro- celular, que acusaba un proceso inflamatorio, aparecían las fibras a que nos habíamos referido, esto es, las verdaderas fibras elásticas, formando conglo- merados informes, sobre, todo hacia el dermis papilar, o dispuestas en haces transversales, de fibras en zig-zas, entre los bulbos pílosos., Pero aunque abrigábamos la creencia, la casi seguridad, de que tales fibras eran en realidad fibras 'elásticas, neceaitábamos adquirir la certeza absoluta, y, a este fin, teñimosjalgunaa preparaciones con la orceina, J, efec- tivamente, tales elementos se tiñeron específicámente . . Así y todo, no podía menos de llamar nuestra atención el detalle de que únicamente en las preparaciones- de labio humano consiguiésemos la coloración de las fibras elásticas utilizando nuestro método de coloración: fuchina-formol. Esto nos hizo creer que las fibras que habíamos logrado teñir correspondían a la categoría de las fibras elásticas de reacción basó- fila, que ya.habían sido descritas por Unna en otros órganos; No obstante, se nos- ocurrió pensar que la fuchina, después de sufrir la acción, del formol, podría quizá fijarse sobre todas las fibras elásticas; pero que en las operaciones de~déshidrataciól! en los alcoholes desapare- cería la coloración de tales fibras,' quedando teñidas tan solo las que po- drían denominarse fibras elásticas alcohol-resistentes. En comprobación de ésta, al parecer disparatada hipótesis, hicimos varias preparaciones de di- versos órganos usando-nuestro ya referido método de coloración-fuchina- formol=-; pero en vez de montarlas en bálsamo del Oanadá, las montamos en levulosa o en gelatina glicerinada, evitando así la acción del alcohol. ,Y, con efecto; en las preparaciones así logradas, observamos con sorpresa y satisfacción inauditas. que las fibras elásticas aparecían teñidas en violeta obscuro. Se imponía, púes, esta conclusión: la fuchina, mediante la acción del formol, tiñe las fibras elásticas, pero mien-b-as algunas de éstas se decoloran. por la acción del alcohol, otras, las menos, resisten a dicha acción decolorante. Son, por decirlo así, alcohol-resistentes. . , Desde entonces, fué en nosotros constante preocupación el hallazgo de un mordiente de la fuchina, modificada por la acción del formol, porque estábamos seguros de que poseíamos, en principio, un nuevo método de co- loración de las fibras elásticas . .Ahora bien; en aquella época habíamos ensayado ya el método de Wei- gert, pero la verdad, no habíamos sabido interpretar cómo la fuchina ad- quiría la virtud de teñir las fibras elásticas; si por la infl uencia del perclo- - 155 - ruro de hierro o por la resorcina, aunque nos inclinábamos a creer que la acción de ésta, de la resorcina, -debía ser más eficaz, máxime teniendo en cuenta que la casi totalidad de los' histólogos empleaban el término resor- cina-fuchina corno sinónimo de colorante de Weigert, y, por lo demás, el nombre de fuchselina que le había dado Fischer, nada nos decía acerca de su naturaleza. ' Con esta nueva orientación, emprendimos la tarea de teñir las fibras elás- ticas haciendo pasar los cortes microt6micos, primero, por soluciones di- versas de resorcina, y después, por la fuchina y el formol, sin lograr ningún resultado. Después, y aun -contando de antemano con el fracaso, hicimos nuevas preparaciones, pasando también los cortes previamente por solucio- nes más o menos concentradas de percloruro de hierro, tiñendo después con la fuchina y el formol. Y, en efecto, no logramos teñir las fibras elásticas, pero obtuvimos un resultado que no esperábamos: todas las células y subs- tancias intercelulares aparecían teñidas en violeta muy pálido, mientras que la substancia fundamental del cartílago, la mucina y las granulaciones de 'las células cebádas de Ehrlich, adquirían una coloración violeta tan inten- sa, que daban la impresióñ de cuerpos extraños, de algo sobreañadido a las preparaciones. El hecho era raro en extremo. Cierto que habíamos encon-' trado un método de tinción que permitía descubrir los menores vestigios de substancias cromotropas, pero ¿cómo explicar la intensa coloración de tales substancias, por la fuchina y el formol, previa acción del percloruro de hierro, coincidiendo con la débil tinción de' los demás elementos? Por el momento no' se nos ocurrió sino esta explicación: el percloruro de- hierro ejereia una especie de acción mordiente de la fuchina, modificada por la ac- ción del formol sobre las substancias cromotropas. Este inesperado hallazgo nos alejó del problema que nos habíamos pro- puesto: la coloración de las fibras elásticas con la fuchina y el formol, auxi- liados por un mordiente. Más de tres años hemos dirigido todos nuestros esfuerzos a la investigación de las substancias' cromotropas, buscando una coloración específica para cada una, y siempre persuadidos de que la pro- piedad más característica de tales substancias, la metraoromasia, no es su- ficiente para caracterizarlas, c0II.!:0 a demostraremos en su día. y ' Sin embargo, durante estos tres años, no nos olvidamos completamente de buscar un método de coloración de las fibras elásticas, y así, de cuando en cuando, hicimos algunas tentativas, aunque infructuosas para lograr nuestro antiguo propósito. - Después de encontrar una coloración absolutamente específica del cartí- lago, nos restaba aún excindir el grupo formado por la mucina las granu- laciones de las células cebadas de Ehrlich y la materia amiloide, Empren- dimos la tarea de lograr una coloración específica de la mucina, y luego de ensayar sin resultado el mucicarmín de Mayer, se nos ocurrió pensar que quizá el cloruro de aluminio, substancia que integra el mucicarmín, actuaría como mordiente de la fuchina, modificada por la acción del formol, y per- mitiese la fijación de dicho colorante sobre la mucina. Hicimos el ensayo, y .~btuvimos el resultado que habíamos sospechado: la mucina se ürió en viole- ta obscuro, casi negro, lo que permitía que resaltase entre todas las células y -156 - substancias intercelulares de la preparación. Desde aquel instante dispusi- mos de un método de coloración específica de la mucina. He aquí la técnica de dicho método: Fijación en formol. Cortes por con- gelación. Inmersión de los cortes microtómícos en solución acuosa de clo-; ruro de aluminio all por 100 durante un minuto. Lavado en agua. 'I'inción con la fuchina de Ziehl diluída a15 por 100 en agua destilada y acetificada, uno a cinco minutos. Viro-fijación de la fuchina en formol acético all por 100, cinco minutos. Deshidratación en la serie de alcoholes. Aclaramiento en xilol fenicado. Montaje en bálsamo del Canadá. La mucina se tiñe en violeta obscuro, casi negro; el cartílago en violeta azulado, como asimismo las granulaciones de"las células cebadas de Ehrlich, mientras que los nú- cleos de todas las células se coloran en violeta pálido, el tejido muscu- "lar en rosa y los haces colágenos aparecen incoloros. EL H.A.LL.A.ZGo.-Cuando llegamos a dominar este método, quisimos ave- riguar hasta qué punto era necesario utilizar la solución de fuchina de Ziehl diluída a15 por 100, el formol acético all por 100, -el cloruro de aluminio también all por 100, y, en fin, si había neceeidad de que la acción mordien- te del cloruro de aluminio se ejerciese antes o después da la coloración con "la fuchina. A este fin, y aprovechando ese estado de ánimo que, ciertos días y sin saber por qué, predispone a revolucionar en una hora toda la labor realizada pacientemente durante meses yanas, para averiguar hasta qué extremo la casualidad ha sido nuestra única compañera en la investigación, decidimos hacer ensayos, realmente inverosímiles, y que nos resiatimoa a indicar por no dar un mal ejemplo a los partidarios del rigor científico en toda labor de investigación. En todos estos ensayos nos serviremos como objeto de estudio de" un pulmón de carnero. Y bien; al terminarlos nos encontramos con una pre- paración que había sido abandonada, ignotábamos por cuánto tiempo, en una solución de cloruro de aluminio y formol acético, y que, desde lue- go, nos causó gran extrañeza, no ya por su coloración especial, sino por un cierto aspecto reticulado, que se marcaba perfectamente aun examinada a débiles aumentos, y que no teníamos costumbre de ver utilizando los reactivos que a diario manejábamos. Hn atento examen de tal preparación, a un aumento de 500 diámetros, nos dejó verdaderamente sorprendidos. El aspecto reticular que "tanto nos había extrañado, provenía de que es- taban admirablemente tenidas las fibras elásticas; pero que por su extre- mada finura no eran perceptibles a débiles aumentos. - ¡Casualidad! diréis; casualidad, decimos también nosotros. Pero tened en cuenta que, como ha dicho el gran psicólogo Duclaux, citado por Cajal, «la casualidad no sonríe al que la desea, sino al que la merece". Y nosotros creemos-perdónesenos la inmcdestia-cqus la merecíamos. Con plena con- ciencia habíamos preparado el terreno y sembrado la semilla. La aparición de la primera planta fué, es verdad, una casualidad; la cosecha; muy tardía; pero posiblemente no dependió de nosotros y sí más bien de circunstancias totalmente extrañas, de los malos años, podríamos decir. La prueba de que por nuestra parte habíamos hecho cuanto habíamos podido AS, qne si tarda- mos tres anos en recoger, como fruto de nuestra labor, el primer método - 157- de coloración de las fibras elásticas, en ocho días encontramos dos nuevos métodos, tan buenos o mejores que el primero. A) PRIMER lIíÉTODO: FUOHINA,AOÉTIOA-FORMOL ALUMíNIOO AOÉTIOO. (Fa. Fal).-11. pesar de habernos dedicado tres años a buscar un nuevo método de coloración de las fibras elásticas que superase a los de Unna-Taenzer y de Weigert, su hallazgo, en un momento en que no lo esperábamos, nos pro- duj o la sorpresa y desorientación que puede imaginarse. Después de examinada la preparación de pulmón de carnero en que ha- bíamos logrado teñir las fibras elásticas, echamos una ojeada a nuestra mesa de trabajo, y nos pareció raro no ver otros reactivos que Ios que usábamos corrientemente. Nos era, pues, conocida la composición cualitativa de todos los reactivos que habían intervenido en nuestro éxito, luego no podía atri- buirse el nuevo resultado sino a su composición cuantitativa, al orden en que habían actuado y al tiempo que hubiese durado su acción. , Por de pronto la coloración de las fibras elásticas no podía ser debida más que a la fuchina acética, al formol acético y al cloruro de aluminio. Pero así como para investigar la mucina habíamos hecho actuar los reacti- vos en este orden: cloruro de aluminio, fuchina acética, formol acético; en la preparación en que conseguimos la coloración de las fibras elásticas, el orden había, sido este otro: fuchina acética, formol aluminio acético. Ignorábamos el grado de concentración de la .soluoión de fuchina em- pleada, el de la solución de formol a1umínico acético y, asimismo, el tiempo que en una y otra habían permanecido los cortes. Sobre nuestra mesa de trabajo teníamos un frasco con solución acuosa de cloruro alumínico al 1 por 100: era, pues, seguro que la solución de cloruro de aluminio all por 100 había sido precisamente la utilizada. Sabíamos también que, sogün.costum- bre, habíamos agregado 1 gota de ácido acético por cada 5 c. c. de agua y otra-gota' del mismo ácido acético por cada 5 c. c. de solución de fuchina. El problema, pues, se reducía a averiguar el título de la solución de la fuchina, la cantidad de formol añadida a la solución de cloruro de aluminio y el tiempo de acción de una y otra. Oomenzamos por preparar una solu- ción de fuchina de Ziehl al 5 por 100 acetificada '(agua, 5 c. o.; fuchina de Ziehl, V gotas; ácido acético, I gota) y otra solución de formol alumíni- co acético all por 100 (solución acuosa de cloruro de aluminio all por 100, 5 c. o.; formol, I gota; ácido acético, I gota). Teñimos los cortes con la fuchina acética, cinco minutos; los lavamos en agua y los pasamos a la solución de formol alumínico acético. A los cinco minutos (tiempo corriente de acción del formol acético) volvimos a lavar estos cortes en agua; los deshidratamos en los alcoholes de 95 y 100°; los aclaramos en xilol fenicado y los montamos en bálsamo del Oanadá. El examen microscópico de las preparaciones así logradas nos demostró que no estaban teñidas las fibras elásticas. Conservamos lasolución de fuchina y preparamos otras al 10 por 100 y al 15 por 100. Hicimos iguales operaciones que al usar la primera solución, y tampoco logramos teñir las fibras elásticas. Oomenzamos a desesperarnos. Oambiamos la concentración del formol en la solución formol-alumíni- coacética, sin lograr tampoco lo que perseguíamos. Y así, desde la mañana 158 - a la noche, buscando el método dé colora~ión 'que habíamos logrado una vez y que parecía' no lograríamos más.' A todo esto examinamos niás de cien veces la preparación en que tan admirablemente aparecían teñidas las fibras elásticas, llegando a dudar de que aquellos elementos fueran tales fibras.. . Oasi agotada nuestra paciencia, y en el estado de ánimo que se puede .snponer, repetimos el primer ensayo, per~ abandonando los cortes ya teñí- . dos por la fuchina a;cética,. én el formol alumínico acético hasta el día si- guiente. Y al día siguiente, nueva sorpresa: en los cortes que habían quedado en formol alumínico acético, lavados en agua, deshidratados en los aleoho- les, aclarados -en xilol fenicado y montados en bálsamo del Oanadá, apare- cían perfectamente teñidas las fibras elásticas. -c Yana había duda: era el tiempo de acción del formol 7,llumínico acético el que. influía de modo decisivo en la coloración de las fibras elásticas. Era preciso hacer otros ensayos, prolongando la .acción del formol alu- mínico acético por seis, cuatro, tres, dos y una horas. Y, en efecto; en todos los casos logramos teñir las fibras elásticas. El.problema se simplificó mu- chísimo. Pero todavía faltaba averiguar el tiempo mínimo-do la acción-del formol. Hicimos actuar el formol alumínico acético durante, cuarenta- y cinco, treinta, veinte, diez y cinco minutos. Y tan sólo en el último caso, esto es, cuando el formol alumínico acético actué solamente cinco minutos - quedaron sin colorar-las fibras elásticas. ' Sin embargo, .aun podía sospecharse si la coloración de las fibras elásti- cas era debida solamente a la acción del formol 0 a la delcloruro de alu- minio, porque, desde luego, nos pareció que el ácido, acético no ejercía a1- guna influencia. Y para cerciorarnos de. una 'vez del efecto del formol y del cloruro de aluminio, hicimos actuar sobre los cortes, previamente teñidos con fuchina acética, y.a la solución del formol al1 por 100, o bien la de clo- ruro de aluminio, también al.I por 100, prolongando laacción de una y otra hasta seis u ocho horas, y en ningún caso conseguimos teñir las fibras elás- 'ticas. Repetimos el ensayo' con la solución de formol alumínico acético, de-- jéndola actuar durante diez minutos, y volvimos a lograr una perfecta colo- ración de las fibras elásticas. Se imponía, pues, esta conclusión: la coloración de las fibras elásticas resulta de la 'acción combinada del formol y del cloruro de aluminio; el áe.ido acético actúa solamente como. diferenciador. Intentamos todavía aumentar la concentración del formol y del clonuro de aluminio, con resultado, no ya negativo, sino perjudicial, sobre todo con soluciones muy concentradas de formól. ,Tratamos de utilizar soluciones menos concentradas de cloruro de aluminio y de formol, y obaervamos que las soluciones de cloruro de aluminio de una concentración inferior de me- dio por ciento ya nó daban buen resultado, y aun con dicha solución al medio por ciento la coloración de las fibras elásticas era muy poco intensa y muy tardía. En. cambio, no había gran "inconveniente en ~tilizar solu- ciones de formol aL.1 X 500, pues se comportaban como la solución al 1 por 100. Así, pues, adoptamos como solución definitiva de formol alumínicó acé- .tico, la siguiente: 159 - Solución acuosa de cloruro de aluminio al1 por 100.... . . .. 5 e c. Formol.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 gota. Acido acético.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . ... '. . . . . . . . . . .. 1 - Pero ¿habíamos tenido la suerte de encontrar, desde el primer momento, la solución más a-propósito de fuchina acética para conseguir el máximo efecto en la coloración -de las fibras elásticas? Para convencernos, empleamos soluciones de fuchina de Ziehl a15 por .100,7,5 por 100,10 por 100,15 por 100 y 20 por 100, dejándolas actuar cinco minutos, logrando el efecto máximo con la solución de fuchina de Ziefll al 7,5 por 100 (In gotas de fuchina de Ziehl por cada 2 c. c. de agua desti- lada). Intentamos, por último, preparar una solución que, en un solo tiempo, hiciese el mismo efecto que las dos soluciones citadas (fuchina acética y for- mol-alumínico-acético) empleadas sucesivamente: A este fin, en 4 c. c. de solución de cloruro de aluminio al 1 por 100, vertimos VI gotas de fuchina de Ziehl, I g;ta de formol .y I gota de ácido acético. Obtuvimos un lí- quido turbio que, poco a poco fué aclarando, depositándose en el fondo un polvo rojo violáceo: la fuchina. Excusado es decir que tal solución no era capaz de teñir las fibras elásticas. Estábamos ya satisfechos de nuestros éxitos, pero no contábamos con un último obstáculo; Después de haber hecho una infinidad de preparaoio- nes utilizando el nuevo método de coloración y habiéndolas guardado en sitio preferente, se nos ocurrió dar un vistazo a tales preparaciones, yel digusto que recibimos fué de los que hacen época en nuestra vida de labo- ratorio. ¡Ni una sola preparación conservaba teñidas las fibras elásticas! ¿Por qué se decoloraban las fibras elásticas? ¿Por la acción del clorofor- mo en que habíamos disuelto el bálsamo del Canadá, no por capricho, sino por economía, por escasez de xilol? ¿Por, la acción del xilol fenicado que acostumbramos a usar a-título de aclarante? Estas dudas nos determinaron a realizar los siguientes ensayos: 1.0 Dejar durante veinticuatro horas dos series de cortes en cloroformo. y en xilol, después, claro está, de haberlos teñido con la fuchina acética y el formol alumínico acético y deshidratados en los alcoholes de 95° y absoluto. Resul- tado: los cortes que habían permanecido veinticuatro horas en el clorofor- mo no conservaban la coloración de las fibras elásticas; los que estuvieron en el xilol, sí. El remedio era fácil: disolver el bálsamo del Canadá no en 0 cloroformo sino en xilol; 2. Intentar el empleo del xilol solo, como aclaran- te, sin adicionarle ácido fénico. Así lo hicimos un solo día, pues al siguien- te, dada la enorme humedad atmosférica del laboratorio, el xilol adquiría un aspecto lechoso, al menos en capa delgada, lo que nos obligaba a un verdadero derroche de xilol, y en circunstancias en que nS!podíamos dispo- ner sino de una pequeña cantidad de este producto; 3.° Quisimos resolver esta dificultad, pues seguíamos sospechando que tal vez el ácido fénico que contenía el xilol fenicado que corrientemente usábamos (25 por 100) influ- yera en la decoloración de las fibras elásticas, empleando como agentes aclarantes las esencias de orégano y de Oayeput. Ambas esencias nos dieron buen resultado. Pero como las citadas esencias se hidrataban muy pronto en - 160 una atmósfera muy húmea.:a,.yesta hidratación las hacía inservibles en poco tiempo, volvimos a utilizar el xilol fenicadoal 25 por 100. Y ei efecto fué algo desconcertante, pues las series de preparaciones hechas en días distin- tos se comportaban también de un modo distinto. Había serie, hecha en el mismo día" que se alteraba a las veinticuatro o cuarenta y ocho horas, de- colorándose completamente las fibras elásticas. En cambio, otras series, con- -seguidas en 'Otros días, se conservaban admirablemente. Y aunque a nos- otros nos parecía que habíamos procedido -en iguales condiciones, no podía- mos atribuir 10R efectos y los fracasos a días de suerte y de desgracia. ¡Algo .había que nos pasaba inadvertido! Así, pues, desde entonces, .prestamos la mayor atención posible a todos los detalles de técnica, nos echamos a dis- currir sobre lo-posible y lo imposible, y, en fin, llegamos a damos cuenta de que todo consistía en la alteración del xilol fenicado. En, efecto, el xilol fenicado, a pesar de contener 25 por 100 de ácido fénico, se hidrataba, y al , sacar los cortes de 'este xilol que comenzaba a hidratarse, y, sobre ,todo, si por casualidad echábamos el baho, sin darnos cuenta, en la "direccióü del corte, el xilol que los impregnaba adquiría un aspecto lechoso, y la prepa- ración, después de montada en bálsamo del Oanadá, disuelta 'en xilol, se de- coloraba al poco, tiempo, o, por mejor decir, perdía únicamente la coloración de las fibras elásticas. ksí, pues, seguimos utilizando como aclarante el re- ferido xilol fenicado, desechándolo al menor indicio de alteración. Desde entonces no se nos decoloró ninguna preparación. Es verdad que nuestras preparaciones más antiguas no datan sino de cinco meses, y, por consiguien- te, no nos atrevemos-a asegurarque se conserven indefinidamente, pero es lo ,cier~o que, hasta hoy, poseen igual intensidad de tinción que en el momento de hacerlas. Sin embargo, recomendamos que las preparaciones qué merez- can conservarse se guarden de la luz. No hay que olvidar que el nuevo co- lorante que resulta de la acción del formol sobre la fuchina básica es pro- bablemente un producto de reducción, y la acción oxidante del bálsamo del Oanadá, acrecentada por la influencia de la luz, podría destruir dicho co- lorante. Terminaremos el estudio de nuestro primer método de coloración de las fibras elásticas resumiendo el resultado de los ensayos que dejamos ex- .puestos, Resulta, pues. que la técnica más a propósito para teñir las fibras elásti- cas con la fuchina acética y el formol alumínico acético, es la siguiente: 1.0 Fijación en formol a.ll0 por 100.2.° Cortes por congelación. 3.° Tinción con fuchina de Ziehl diluída al 7,5 por 100 en agua destilada y acetificada (agua destilada, 4 c. e.; fuchina de Ziehl, IV gotas; ácido acético, I gota), cinco minutos. 4:.0 Lavado en agua. '5.0 Formol alumínico acético (solución acuosa de cloruro de aluminio all por 100, 5 c. c.; formol, I gota; ácido acético, I gota), diez a quince 'minutos. 6.° Lavado en agua. 7.° Serie de alcoholes. 8.° Xilol fenicado o esencia de orégano, de Oayeput, etc. 9:° Bálsamo del Oanadá disuelto en xilol, ~ Procediendo así, los núcleos se tiñen en violeta intenso; los protoplas- mas en violeta pálido; las fibras musculares, sobre todo las estriadas, en rosa violáceo; los haces colágenos en violeta muy pálido o quedan sin teñir; - 161- -Ta substancia fundamental de] cartílago y las granulaciones de las células cebadas de Ehrlich en violeta obscuro y muy azulado o en rojo violáceo; la mucina en violeta negro; los hematíes en amarillo rojizo; los epitelios queratinizados en rojo violáceo; las fibras elásticas en violeta obscuro. B) SEGUNDO MÉTODO: FUOHINA AOÉTICA-FoRMOL FÉRRICO AOÉTICo(Fa.Ffa.) Conseguida la coloración de las fibras elásticas con la fuchina acética y el formol alumínico acético, y admitida la hipótesis de que el cloruro de alu- minio actúa como mordiente de la fuchina, lo que permite que ésta, modi- ficada por la acción del formol se fije intensamente en las fibras elásticas, de modo parecido a como lo hace en las substancias cromotropas, era lógico ensayar la solución de percloruro de hierro, formol y ácido acético, pues -ya sabíamos que el percloruro de hierro se comportaba también como mor- diente de la fuchina en la coloración de la substancia fundamental del car- tílago, granulaciones de las células cebadas de Ehrlich y mucina. Pocas tentativas tuvimos que hacer para encontrar otro método de co- loración de las fibras elásticas. Nos bastó sustituír el cloruro de aluminio por el percloruro de hierro en la solución de formol acético, y hacer ac- tuar "esta nueva solución sobre los cortes que previamente habíamos teñido con fuchina acética. He aquí cómo procedimos: Preparamos tres soluciones de formol férrico acético: l.a Agua destilada.... 5 c. c. Percloruro de hierro liquido " 1 gota. Acído acético ... '. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . .. . .. 1 _- 2.a Agua destilada '" '" .........•....... " 5 c. c. Percloruro de hierro liquido. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. TI gotas. Acido acético. • . . . . . . . . • . . . . . . •. .........•......... 1 _ 3.a Agua destilada... I... . .... .........................• , 5 c. c. Percloruro de hierro •............................. '. III gotas. Acído acético: " ..........•.. '" ". 1 _ Teñimos los cortes que habíamos logrado por el método de la congela- ción, primero con la fuchina de Ziehl diluída al 7,5 por 100 y acetificada durante cinco minutos; después los lavamos en agua y los repartimos en las tres soluciones de formol férrico acético, donde permanecieron quince minutos. Transcurrido este tiempo, trasladamos dichos cortes al agua, des- pués a los alcoholes de 95 y de 100°, y, en fin, al xilol fenicado, para en úl- timo término ser montados en bálsamo del Canadá disuelto en xilol. El examen microscópico nos demostró que en todas las preparaciones apare- cían teñidas las fibras elásticas en violeta intenso, si bien la coloración era más intensa en los cortes que habían estado en la tercera solución de for- mol férrico acético. Aumentamos entonces la proporción de percloruro de hierro desde IV hasta X gotas por cada 5 c. c. de agua desfilada, agregando asimismo I gota de formol y otra de ácido acético. El resultado no fué mejor que el que habíamos logrado con la solución a.a. Intentamos también averiguar - L62 - " si podía abreviarse el tiempo de acción del formol férrico acétic~ y, efecti- vamente, observamos que en 'la mayoría de los casos se conseguía una bue- na tinción de las fibras elásticas en elplazo mínimo de cinco minutos. En fin, ensayamos todavía soluciones de formol férrico acético más ri- cas en formol o en. ácido acético, y notamos que una mayor concentración del formol perjudicaba, y una mayor cantidad de ácido acético hasta III gotas por cada 5 ts. c. dé solución formol férrico parecía más conveniente, aunque no absolutamente necesaria. Quisimos .aún averiguar si agregando a la solución de fuchina acética, percloruro de hierro y formol, conseguíamos un colorante que de una vez tiñese las fibraa elásticas, y sólo conseguimos disminuír la potencia tintórea, de la fuchina acética, sin lograr teñir las fibras elásticas. Lograda la coloración de la's fibras elásticas con la fuchina acética y el formol férrico acético, nos encontramos .en condiciones de comprender la teoría de la coloración del método de Weigert. Nos pareció indudable que el nuevo colorante 'creado por Weigert, y que Fischer había denominado fuchselina, no era esencialmente, como suponían la mayoría de los histólo- gos, un compuesto de resorcina y fuchina, y qúe el nombre de resoreina- , fuchina empleado como sinónimo de colorante de Weigert, resultaba segu- ramente impropio. En demostración de nuestra hipótesis, intentamos teñir las fibras elás- ticas con la fuchina acética y soluciones acuosas de resorcina, y el resul- tado, corno esperábamos, fué absolutamente negativo. Agregamos a las soluciones de resorcina, de diversa concentración, claro está, formol y ácido acético, y tampoco conseguimos colorar Ias fibras elásticas. En fin, hici- mos una solución de rosorcina, formol, percloruro de hierro y ácido acé- tico. Dicha solución adquirió un color violeta en cugntóañadimosla pri- mera gota de percloruro de hierro, pero lej os de reforzarse la acción de la sal férrica, no logramos la coloración de las fibras elásticas. A pesar de estos resultados, no nos atrevemos a afirmar que la resor- cina sea completamente inútil en el colorante/de Weigert, pero en la for- ma que nosotros hemos procedido queda demostrado que la resorcina no sólo no favorece la coloración de las fibras elásticas con la fuchina y el percloruro de hierro," sino que, al contrario, la perjudica. No echamos en olvido que en nuestro segundo método de coloración de las fibras elásticas añadimos a la solución férrica el formol, que juega im- portantísimo papel coadyuvante; pero se nos está permitido decir que el percloruro de hierro debe desempeñar una acción de primera importancia en el colorante de Weigert, mucho más manifiesta que la de la resorcina, y que si ha de emplearse un sinónimo del colorante de Weigert, no debe ser el de reeoreina-tuchina, sino el de pereloruro de hierro-fuchina. Por lo demás, entendemos que si se hiciese un estudio detenid-o de las múltiples operaoio- nes que se conceptúan necesarias para la preparación del colorante de Wei- gert, no sería difícil simplificarlas. En una .palabra-y perdónesenos esta osadía-en nuestra opinión, en la preparación del colorante de Weigert hay muchas operaciones absolutamente superfluas que urge tratar de su- primir. - 163 Hechas estas consideraciones,· que hemos creído indispensables, vamos a resumir la técnica del método de coloración de las fibras elásticas con la fuchina acética y el formol férrico acético: , 1.0 Fijación en formol al 10 por 100. 2.° Cortes por congelación. 3.° 'I'ín- ción con' la fuchina de ZiehI' diluída al 7,5 por 100 y acetificada; cinco mi- nutos. 4.° Lavado en agua. 5.° Formol férrico acético (agua destilada, 5 cen- ttmetros cúbicos' percloruro de hierro líquido, Tlf gotas; formol, I gota; ácido acético, I ~ota); cinco a diez minutos. 6.° Lavado en agua. 7.° Serie de alcoholes. 8.° Xilol fenícado. 9.° Bálsamo del Oanadá disuelto en xilol. Siguiendo esta técnica, se obtienen coloraciones muy semejantes a las que se logran con el primer método ya descrito (Fuchina acética-Formol alumínico acético). Tan sólo los epitelios pavimentosós estratificados (epi- dermis, sobre todo), resultan peor diferenciados, porque el núcleo y el pro- toplasma de sus células se tiñen casi con igual intensidad. O) TERCER MÉTODO: FUCHINA ACÉTICA-FoR1<1OL NÍTRICO (Fa.lin).-Tam- - bién en el hallazgo de este método la casualidad ha desempeñado el prin- cipal papel. - . Habíamoslogrado varias coloraciones combinadas, que eran otros tantos procedimientos derivados ele los dos métodos de coloración de las fibras elásticas ya descritos, e intentábamos conseguir una buena tinción con la picrofuchina de van Giesson para que, de esta suerte, las fibras, elásticas, teñidas en violeta, resaltasen el colorrojo de los haces colágenos y el 'ama- rillo del tejido muscular. Pero no lo conseguíamos, 'porque, en nuestra opi- nión, las fibras musculares demasiado teñidas por la fuchina y el formol, en rosa violáceo, no se hallaban en condiciones de fijar el ácido pícrico de la picrofuchina, y por tal causa no se teñían en amarillo puro. Se nos ocurrió entonces diferenciar la coloración de la piorofuchina con el ácido clorhídri- co o el nítrico en solución acuosa o alcohólica. La solución clorhídrica acuo- sa no nos dió buen' resultado; la·alcohólica hacía desaparecer la coloración de las fibras elásticas. lQnsayamos la solución nítrica, pero temiendo que el ácido nítrico produjese profundas alteraciones en los tejidos, procedimos primero a emplear la solución de formol nítrico, convencidos de que el for- mol actuaba como una especie de correctivo de"las substancias que poseían una acción perniciosa para las coloraciones con la fachina. Por el momento no nos atrevimos a utilizar soluciones concentradas de ácido nítrico y pre- paramos una solución de formol nítrico análoga a la del formol acético, esto es, disolviendo en 5 c. c. de agua destilada, I.gota de formol y otra de ácido nítrico. Teñimos los cortes obtenidos por congelación primeramente en fuchina de Ziehl diluída en agua destilada al 7,5 por 100, durante cinco minutos; los lavarnos en agua, pasándolos después al formol nítrico, donde permanecieron diez minutos. En seguida nos llamó la atención el hecho de que en esta solución, de formol nítrico, no sólo no se decolorasen los cortes, sino que adquiriesen un intenso color violeta sin que dicha solución se en- turbiase. Este detalle nos hizo sospechar que habíamos logrado otro método de coloración de las fibras elásticas, pues era indudable que el ácido nítrico se comportaba también como mordiente de la fuchina, ya que ésta parecía fijarse con intensidad en los cortes, y ya hemos dicho que, en nuestra opi- -- 164 - nión, la coloración de las fibres elásticas con el primer método (Fuchina acética-Formol alumínico acético) como, asimismo, con el segundo (Fu- china acética-Formol férrico acético) obedecía a la acción mordiente del cloruro de aluminio y del percloruro de hierro, respectivamente. . Así que, con una esperanza, que poco a poco se iba tornando en realidad, lavamos en agua los citados cortes que habían estado durante diez minutos en el formol nítrico, los deshidratamos con rapidez en la serie de alcoholes, los aclaramos el}.seguida en el xilol fenicado, los montamos- en bálsamo del Canadá disuelto en xilol, y los examinamos. al microscopio sin pérdida de momento. Y, en efecto, en las preparaciones así obtenidas estaban teñidas las fibras elásticas. Nuevos ensayos nos convencieron de que, aumentando la concentración del ácido nítrico, no mejoraba la tinción de las fibras elásticas, pero tampo- . co la impedía ni aun en la proporción de V gotas de ácido nítrico por cada 5 c. c. de la solución de formol all por: 100. Supusimos que en este caso, de nada nos serviría agregar ácido acético a la solución de formol nítrico, pues que como el ácido acético era un ácido infinitamente más débil que el ní- trico, en nada había de modificar el resultado. Y así fué, efectivamente, por lo que decidimos suprimirle. - Obtenidos tales resultados con el formol nítrico, era lógico ensayar, por lo menos, el formol sulfúrico y el formol clorhídrico. El primero-formol sulfürico-c-, aunque nos permitió una coloración intensa de fas cortes pre- viamente teñido's con la fuchina acética, y nos hizo co~cebir grandes eSRe- ranzes..no .nos sirvió para colorar las fibras elásticas. El segundo-formol clorhídrico- se comportó como un diferenciador de la coloración obtenida con la fuchina acética, y aunque con él logramos teñir las fibras elásticas, no nos dió tan buenos resultados como el formol nítrico. Convendría, sin embargo, estudiar mejor la acción del formol clorhídrico, cambiando su concentración, tiempo de acción, etc. . En fin, lograda la coloración de las fibras elásticas con la fuchina acética y el formol nítrico, empleados sucesivamente, intentamos también preparar I la solución de fuchina formol y ácido nítrico, por si era posible hacer una tinción simultánea y q,lás breve, y no conseguimos nuestro propósito, pues la fuchina, 'ya formolada, se decoloró inmediatamente al agregar una gota de ácido nítrico. . - En resumen, eltercer método de coloración de las fibras elásticas (Fu- china acética-e Formol nítrico) se practica en la forma siguiente: 1.° Fij ación en formol al 10 por 100. 2.° Cortes por congelación. 3.° Tinción con fuchina de Ziehl diluida al 7,5 por lQO en agua destilada" cinco minutos. 4.° Lavado en agua. 5.° Formol nítrico (agua destilada, 5 c. c.; formol,-I gota; ácido ní- trice, I gota); diez minutos. 6.° Lavado en agua. 7.° Serie de alcoholes. 8.° Xilol fenicado (6 esencia de bergamota, Cayeput, etc.), 9.° Montaje en bálsamo del Canadá. El resultado es casi igual que el que se obtiene con el primer método (Fuchina acética-Formol alumínico acético), aunque la coloración de todos los elementos es más intensa. { . - 165 - PROCEDIMII. 4.& Todos ellos tiñen las fibras elásticas en violeta intenso y dan a los demás elementos anatómicos y substancias intercelulares gran variedad, de tonos que permiten una fácil interpretación histológica. - 177- 5.'" Los tres métodos fundamentales pueden completarse con coloraeio- nes de contraste y obtener hasta ocho procedimientos de coloración de las fibras elásticas. 6.'" De estos procedimientos son especialmente recomendables los si- guientes: A. FUCHINA ACÉTICA-FoRMOL NíTRICO-EoSINA. B. Fuc:¡:rrNA ACÉ- TICA-FORMOL NíTRICO- PICROíNDIGOCARMíN.C. CLORURO ALUMíNICO- FUCHI- NA AOÉTICA-FoRlIWL ALUlIfÍNIC,O AOÉTICO-PICROFUCHINA. D. ÚARMíN-Fu- CHINA AOÉTICÁ FORMOLFÉRRIOOACÉTIOO. - 7.& Estos métodos de coloración _de las fibras elásticas, como asimismo los procedimientos que los completan, superan a ~os métodos clásicos de U nna-Taenzer y de Weigert por la .rapidez, facilidad, economía, seguridad y posibilidad de gran número de coloraciones combinadas, ventajas que los permiten ser emplead~s ~ diario en cuelquier Ieboratorio de Histología. Trabajos traducidos LA GLÍPTICA EN ETNOLOG-jA ANIMAL LOS ÉQUIDOS I.-IN'fRoDuccróN Una de las cuestiones que más han preocupado a los zoólogos, antropólegos y zootéc- nicos, ha sido el origen y filiación de los animales domésticos, cada uno de ellos, natural- mente, desde su particular punto de vista. Para los zoólogos, el interés ha sido puramente científico; los antropólogos, por las relaciones habidas entre el hombre y los animales a él sometidos, y, para los zootécnicos, la cuestión es príncipalments de carácter etnológico. Estos tres grupos' de investigadores, cada uno por su parte, ha contribuido tanto como ha podido al esclarecimiento del origen :y filiación de los animales domésticos, y, a pesar de ser ya tan voluminoso el texto de la cuestión, está bien lejos de haberse esclarecido, porque las hipótesis han de llenar, los huecos que los hechos incontrovertibles no han po- dido tapar. Falta mucho material para adornar el gran edificio de la descendencia de las razas actuales. El problema, falto de elementos, no es hoy soluble. De aquí que las clasificaciones etnográficas sean numerosas y discordantes entre sí y aun en sí; de aquí la resistencia que opone el intelecto en aceptar íntegras las clasifica- ciones publicadas. La naturaleza del problema," obscuro y complicado, exige'una vasta erudición en Geo- 10gía,.Zoología, Antropología, Arqueología e Historia. Por regla general, pocos de los autores que han tratado esta cuestión tenían -Ia preparación necesaria pata dominar en su totalidad el problema de que.tratamos. Es por esto, como lo ha hecho notar Boule, por lo que muchos zoólogos «no concedian gran importancia a la noción de edad, o no tenían una idea justa de las diferencias cronológicas. Podría citar, entre los mejores y más re- cientes, autores que confunden 'en una misma enumeración, tratándolos de «cuaternarios» o de «diluvianos», tipos pliocénícos y tipos pleistocénícos·"y -iipos simplemente prehistó- ricos o históricos. N o se dan cuenta, evidentemente, de las diferencias enormes que hay entre los lapsus de tiempo que separan estas. diversas épocas». Muchas veces los autoras se han permitido determinar un tipo de équido y hasta una raza por una mandibula o un fragmento de hueso. Si las piezas dentarias pueden denun- - 178- ciar un género, casi siempre son insuficíentes para clasificar una especie, y no tienen va- lor alguno en cuanto a la diferenci,ación de razas" Para que un fósil tenga valor, es imprescindible la-presencia de la cabeza; los otros huesos son complemento de aquél, pero nunca por sí solos, o el esqueleto decapitado, componen el material necesario para la determinación etnográfica. Señalemos de paso que las clasificaciones actualistas, es decir, aquellas que solamente permiten la determinación racial por el color del pelaje, el peso o volumen, silueta y pru- porciones las consideramos sin valor, porque no se enlazan con el pasado, y porque, de este modo,' es poco menos que imposible determinar la raza en el esqueleleto y mucho menos en fósiles. Hasta ahora, el problema etnográfico animal estaba absolutamente supeditado al en- cuentro de cráneos fósiles en el cuaternario, época de la aparición de los caballos actua- les. Y solap1ente fué encontrada una calavera, correspondiente a la de los percherones actuales, la de Roemagen. Recientemente Boule, encontró otra en las cuevas de Grimal- di. Sanson, que no conoció estos últiÍnos hallazgos, no se privó de establecer su clasifica- ción de razas, que él, en desacuerdo con los naturalistas 7 zootécnicos, denomina tipos específicos. A falta de documentos irrefutables, como son los cráneos fósiles, Sanson cla- sifica la especie caballar basándose en la braqui y dolicocefalia y en las formas particula- res de los huesos de la cabeza; la cuna y el área geográfica los establece recurriendo al apoyo de la Geología, de la Paleontología y de la Historia. Las razas de Sanson, proba- blemente, si no todas, la mayoría, habrían de ser definitivamente aceptadas, porque de las clasificaciones conocidas, no hay una tan completa y ninguna tan sólidamente basada. Fuera de las formas fósiles, los autores solian documentarse en elementos artísticos de monumentos antiguos y en las figuras existentes en objetos de uso doméstico, como así mismo en el estudio de las corrientes emigratorias. La Arqueología ha aportado un nuevo elemento de estudio utilizable en etnografía animal: la g~íptica. Glíptica quiere decir arte prehistórico, y se divide en escultura, gra- bado y pintura. El sabio inglés Ewarts, en su estudio de los orígenes de los caballos, ha tenido muy presente el grabado prehistórico, concediéndole gran importancia, pero no habla de la escultura, y menos todavia de la pintura. Nosotros pensamos que las pinturas halladas en las paredes de los abrigos y cuevas, como también la existente en las rocas al aire libre, pueden ser un excelente medio para el diagnóstico de las razas, las cuales pueden contribuir eficazmente a la resolución del problema etnológico. La glíptica comienza en la edad del reno o aurignacina y se acaba en el período pleis- tocénico, Muy natural, pues, que al final de la piedra tallada acabe también nuestro tra- bajo, porque el período neolitico, con las actuales ideas sobre las emigraciones' y las in- fluencias orientales, es un poco dificil de tratar y nos ocuparía un tiempo de que no dis- ponemos . . nicamente trataremos ahora de los animales del género équido; las otras especies domésticas serán objeto de un estudio análogo no tardando mucho. "n.-LA FILIACIÓN DE LOS ÉQUIDOS Según los elementos proporcionados por la Paleontología y la Arqueología, los caba- llos actuales vivian ya en el cuaternario antiguo, pero al lado de ellos existían diversos animales pertenecientes al género Equus. Al final de la época terciaria los caballos actua- les no se encuentran en lugar alguno del mundo. Por consiguiente, o se admite que los - 179- caballos 'fueron creados al principio de la época cuaternaria, o bien que el Eq'¡~us caballus desciende de formas más o menos parecidas al género al cual pertenece. Por estas razones, nos creemos obligados a resumir el estado actual de los conoci- mientos sobre la genealogía de los. équidos, lo cual será el punto de partida de nuestro trabajo. Los paleontólogos confiesan la 'dificultad de establecer la-filiación de los diversos gé- nero; que componen el árbol genealógico de los solípedos. Y es que muchas veces, un fragmento de esqueleto, regularmente una pieza dentaria, sirve de base para incluir en los ascendientes de los équidos, lID tipo nu~vo, tipo que no siempre. es aceptado por los otros paleontólogos. De aquí la multiplicidad de genealo- gías y, como si eso no fuese ya un problema complicado, se ha de tener en cuenta todavía la duai filiación americana y eurQpea. El acuerdo entre los geólogos es completo respecto a la estratigrafía de la época terciaria, que demuestra la co- municación entre los dos continentes por Kamtschatka y las regiones vecinas. Por eso la hipótesis de la comunidad de origen de los équidos en América y Europa, pierde cada día terreno, a pesar del decir de algunos antropólogos de que, tanto en uno como en otro continente, las formas origina- rias habrían evolucionado más o menos independiente- mente. 2 Las investigaciones realizadas en América por Marsh, Vogt, Schmidt, W otmann y otros, determinaron el descu- Fig. l."-Pie de Peripty- brimiento de una serie muy completa de tipos que muestran . chus .(Cope). una evolución progresiva y constituyen una lísta genealó- a., astrágalo; b, calcáneo; e, na- gica reducida y compuesta únicamente de tip~s americanos, . vicular; cb3, cuboide. partiendo del, género Hyracotherium y llegando por formas más o menos idénticas al género terminal Equus ..Schlosser considera a América como el verdadero país de evolución del Equus, evolución apropiada, no solamente por las formas Fig. 2.~-Phenacodus jJ1'vmaevus (Cope). fósiles, sino también por la edad estratigráfica de los yacimientos, por cuyo motivo la se- rie genealógica resulta fuertemente valorada. En América del Norte, Hyracotherium pro- duce, suce ivamente, Eohippus, Orohippus, Epihippus, Merohippus, Ar¡,chyterium, Miohip- · --180 .s.: pus M~r~chippus, Hipparion, Protohippus, Pliohippu«, y, I1ór fin, Equus. 'Ésta serie de 'transformaciones empiezan en eÍ eocénico y perduran toda Ja época terciaria, siendo de notar que en el Nuevo Continente, Ia serie ~s mu~ho más completa que en Europa. Fig.3.a-Phenacodus Wortmani. Eocénico 'de Wasatch-Wyoming (Cope). " La primera emigración a Europa la practica Hqracotheriwm en el eocéníco inferior, el cual produce Pachynoloppus, Propolacotheriwm y Paloplotherium, rama desaparecida al 8 Fig. 4. -Hyracotherium ventico!wm. Wassatch-Wyoming. Restauración del esqueleto: Maxilar inferior, Crane~ visto P,Ol' debajo (Cope). final del oligocénico. En el miocénico inferior se encuentra Anchyterium, en el míocé- nico superior Hipparion y, por último) en el plíocénico, Equus. - ~encionemos de pasada que Bernard da una filiación que parte del Periptychus (:figu- ra L"), Protagonia y Phenacodus (géneros pentadáctilos), del cual provendría Hyracothe- _. 181 - rium. La mayoría de los paleontólogos, con excepción de Mivott, que parte del Phenacodus (figuras 2.a.y B.") (1), s'uelen"comenzar la genealogía de los équidos cqn el Eohippus. Fig. 5.A-Palaeótherium mar¡mtm (Gandr~). De manera que lo que acabamos. de manifestar, puede encuadrarse en la forma si- guiente (figs. 4.",5.\ 6.a, 7. :y B."): A l<'ILOGENIA~DE.LOS ÉQUIDOS , I~ . AMÉRICA EUROpA FAMILIAS - - PERÍODO Géneros: Géneros. - . , . Equinas. tuu, Pliohippus. Uno o tres.dedos en los cua- Protohippus. Equus, » » PliocéniC0. - - tro miembros. Hípparíon. Hipparion.- Miocénico supe- .rior. Merychippus. - '. » - I - \ Míocéníco infe- Paleoterinas. - " rior. MiohiP?hus. Anehytherium. - Tres dedos en los cuatro Anchyt erium. » Oligocénico infe miembros. .Mesohippus .. Paloplotherium . rior-eo c én c o í _superior. H:' sracoteri ennas. \\ . Propalacothe:- Eocénico supe Cuatro dedos en los miem- ~Pit~ppus. - riurn, rior. - bros anteriores. _ E r~. lppUS. Tres dedos en los miembros . posteriores. . _p'aco IH o lpp~~ .. ermm. Pachynolophus. » Eocénico rior . infe " - Hyracothe,rium. - Veamos ahora otras tablas genealógicas debidas a diversos autores. Las formas ame- ricanas y las formas europeas están puestas en algunas sin distinción. - (1) 4a familia de los Phenacodus comprendía gmn variedad de especies, la talla de las cuales oscilaba entre la de una liebre y la de una oveja: - 182- HUXLEY :HRITlSH MUSEUM .A.MER(C.A.N MIY.A.R'l' LYDEKKE-R 1 MVSEUM '. , - E quus. Equus. Equus. - Equus, Equusr Pliohippus. - - - Hipparion. Protohippus. Hipparíon. Hipparíon. Hipparion. Hípohippus. Miohippus. - Protohippus. Protohíppus. Meryéhippus. An chyterium. Anchyterium. Anchyterium. Anchyterium, 2 especies de Me rychippus. Mesohippus. Protohippus. Pachynolophus, Anchylopus. Epihippus. Orohippus. Mesohíppus. - - _Protohippus. E ohippus. 2 especies de Hy- racotherium. Ifhenacodus. Hyracotherium. Eohippus. - - , - Systemodon. Hippops (?). La cuestión más interesante de la filogenia de los équidos, o al menos la que ha moti- vado numerosas discusiones, es la intervención o ausencia del Hipparion en la ascenden- cia del Equus, como asimismo 'las primeras' formas del género Eq~t~ts, en el tránsito del Fig. 6.&-Palaeotherium magnum. Restaurado (Cuvier). pliocéníco al pleístocénico, período e~ el cual estaban' ya fig~adas las actualesformas equinas. Primero Huxley y después Darwin, creyeron que el Hipparion era el inmediato ascen- dente del género Eqwu«, opinión que no fué rectificada por Darwín, pero sí por Huxley, como. puede verse en lo más arriba publicado. Cope pensaba que si en América el caballo ,no contaba entre sus antecesores al Hipparion, en cambio, el caballo europeo le tenía por antecesor, y es que Cope pretendía' un origen difilético de los équidos, hipótesis que no ha tenido partidarios. . Actualmente, los paleontólogos excluyen totalmente al Hipparion de la filogenia equi- na, considerando este tipo corno una rama sin descendencia del árbol genealógico de los équidos. Las razones fundamentales son, que si bien el Hipparion presentaba tres dedos y por este motivo los antiguos paleontólogos le consideraban antecesor del 'Equ'us, por otro lado Hipparion poseía unos dientes que estaban más diferenciados gue los de Equus, di- ferenciación basada en los pliegues más complicados de las fibras de esmalte que tienen los dientes de todos los géneros anteriores a Equu«, cuya particularidad la hizo notar es- - 1~3- pecialmente Marsh al establecer la filogenia equina americana (figs. 9, 10, 11, 12, 13.Y 14). .Weíthofer y la señora Pawlow han publicado extensos trabajos en a'p0Yo de la exclusión del Hipparion, basándose, a más del estado evolutivo de los dientes, en -la constitución del tarso y del metatarso. La señoráPawlow, da el cuadro siguiente: . ASIA EUROP A. 1 AFRICA Post - pbocemc NORD AME RICA .... Eq. Narnadicus Eq. Caballus Eq.. Occidentalis ~ .... f¡, . \-'\,t~/¡ ~ 0¿~ , ~.¿,:::" " .~'\ , ,; '-- ¡-y hi'!,;J -r..t; ~---Vf ,p','f'~r'.i ~:;:J'J.t' (r- ,v' ~!:;j(.~":{ 0j;L:t:J Fig. 22.-Caballo de N escher.. de gran parecido con los caballos belgas actuales. toría, supuesta_en la edad de la piedra pulida. En el mismo error cae Pietrement, al con- 'sideral' la propagación del caballo mongólico, correspondiente al africano de Sansen. Como hace notar Dechelette, doct?r en Arqueología, y antes 'que él Salomón Reinach, las emigraciones no han existido más que en 'la ímaginación de los autores que las con- Fig. 23.-Caballo de N escher," de gran parecido con'los caballos belgas actuales. cibieron. Esta hipótesis, contraria a las emigraciones, está basada en gran número de he- chos que, por ser posteriores a las clasificaciones, fueron completamente ignorados por los autores partidarios de las emigraciones. Esto, no obstante, no resta valor alguno al mérito de Sanson. Podrá haber errores en su clasificación; podrán faltar comprobaciones; podrán existir en ella olvidos; pero el método está dado. Y el método de Banson, describiendo las razas en su lugar, señalando - 193- su cuna en el sitio del área geográfica que_ocupan, poniendo como principio que fas carac- teres menos transformables son los de los huesos del cráneo, y tomándolos como base étnica, constituye una manera segura de conocimiento de las razas y el método es a la vez general y concreto. Una pareja de una raza determinada podrá cambiar de país, pero su descendencia modificará solamente los caracteres secundarios (tamaño, peso y pelo), pues los !mesos del cráneo no modificarán la forma. Que una raza sea alímen- ------~--_. -------.----~~------~---- Fig. 24.-Grabado en hueso de Chaffaud (Reinach). tada abundantemente o con pobreza, el volumen será mayor o menor, pero la misma efigie, a pesar de las dimensiones, vemos en una moneda de una peseta que en una de cinco. Otro agente modificador es la gimnasia funcional: según que un órgano o aparato trabaje o, al contrario, descanse, su vida y aspecto serán distintos. Pero las influencias Fig. 25.-Caballos grabados en piedra calcárea. Cue~a de. Altamira (Cartailhac y Brenil). exteriores, la alimentación y la ~nasia funcional, que son las causas de la variación (exceptuando la herencia), no tienen bastante poder para transformar en un corto perío- do, los caracteres primarios, distintivos de las razas, que son, como se sabe, los huesos del cráneo. ..., ) El método está dado y bien dado. Sanson ha sido el primero y también el último. Para él toda la gloria. - 1~)4- - " , Otras clasificaciones zootécnicas se han propuesto sin conexión CDnel pleistocénico . .Agr~;par los animales por la nación politica que ocupan; por el pelo, por la "topografía, por las aptitudes y, en fin, por el perfil, volumen y proporciones, es renunciar a toda hi- lación entre el presente y el pasado. Por eso no nos ocuparemos de estas clasificaciones. I-_---·---~~~ Son estos caracteres taxonómícos, demasiado.expuestos a variación para que puedan ser- vir de base a una clasificación que no . , .; . I tenga de modificarse al introducir en i las explotaciones la menor i~ovación. ¡FV'~q ! En realidad, si el método es conocido y ya probado, no significa, sin "embargo; KL~'¡ .~~ - j" que el problema de relación de los caba- llos cuaternarios con los actuales esté ., • ... - ..... .,: _ .. J .......... _.: I resuelto. Sanson es el primero en reco- nocer que la erudición no es suficiente para resolver problemas de esta natura- leza; que las pruebas o documento-s irre- futables han de decir la última ~palabra. Pero ¿qué piezas tenemos de fósiles del cuaternario antiguo? Disponemos de enormes montones de pedazos de huesos , y de piezas dentarias, pero de muy po- cos cráneos. Los huesos están tritura- dos, porque los cazadores ;trogloditas extraían el tuétano, la médula y el en- céfalo. En la cueva de Solutré hay los huesos de más de cien mil caballos y no se encuentra ni un solo hueso largo ni un solo cráneo enteros. Con fragmen- tos de huesos, reconstruyó Toussaint, el profesor de Lyon, un esqueleto decapi- tado. El mismo trabajo podría hacerse en los demás depósitos osteíferos; pero sin llegar a reconstruír la calavera, de poca cosa servirían tales reconstruccio- nes. El caballo de Solutré ha merecido, de Toussaint y Sanson, ci~sificación di- ferente. Es de creer que pasaría idénti- camente si se procediese" de igual modo con los huesos equinos de otras cuevas. Por consiguiente, radicando en la cabe- za los principales caracteres 'étnicos, de nada o de muy poco nos sirven los otros huesos, si no es para provocar discusiones que con dificultad pueden conducir a común acuerdo, Hastahoy, si no estamos mal informados, sólo se conocen tres cráneos fósiles pleisto- cénicos que, por su estado de conservación, puedan ser estudiados. Uno, el de Grenelle, que Sanson afirma que es el mismo que actualmente tienen los caballos de la cuenca del Sena, o sea de la Perche. El de Roemagen, en la confluencia del Mosela y el Rhin, del que Nehringí ha dicho que puede representar el E. caballus germanicus de Sanson, o el - 195- tipo occidental de ~ank. El de Grimaldi, calavera que Boul~, su descubridor, después de un minucioso estudio comparativo entre las clasificaciones de Cossar Ewart y Sanson, no pudiéndolo encajar en ninguno de los tres tipos de Ewart, por no coincidir los tres índices, cree que, por la forma de los huesos del cr~neo, pertenece a la raza'percherona (figura 16). Pero nosotros, que en la colección craneológica de la Escuela Supe~ior de Agri- cultura tenemos el esqueleto de un percherón. observamos que las mediciones no coínci- - den con las señaladas por el sabio profesor del Museo de París. Ahora bien: considerando objetivamente la cuestión, se ha de confesar que no existe material suficiente para resolver el complicado problema de la etnología equina. Tres crá- neos, dos de los cuales pertenecen a un mismo tipo, y otro más o me~os definid?, son in- . suficientes para proporcional' al naturalista y al zootécníco el conocimiento seguro para la clasificación racial. Fi:g. 27.-Grabados de Castillo y A1tamira. Respecto a la especie asnal, Brulo ha hallado en las cuevas de Grimaldi un tercer mo- lar, que el autor, siguiendo las diferencias anotadas por Lesbre y" Arloing, cree que, por la forma sub-cuadrangular de la corona, pertenece a un asno. Sanson, como es sabido, niega que puedan establecerse diferencias entre los dientes de las especies asnal y caballar. Las' diferencias son sólo craneanas y principalmente de las apófisis orbitarias, que ti~nen en la especie asnal, forma propia. . Todos los esqueletos del cuaternario antiguo s,e han atribuido al caballo. No se .ha descubierto ni un solo cráneo. He aquí, ep. resumen, el estado actual de la cuestión, que por este lado sólo se puede ir resolviendo a medida que se van descubriendo fósiles, y como que hallarles enteros, por las razones expuestas, es cosa extraordinaria, resulta que la cuestión sería de sí 'in- acabable si la Arqueología no hubiese abierto una nueva vía a la Etnología animal, y esta es la Glíptica. IV.-LA GLÍP'l'ICA Cuando el hombre primitivo, para evitar los efectos del frío abandona la vida nómada pasando a OCupar.la cuevas y abrigos, durante los largos ocios a que estaba obligado, sin disfrutar del acostumbrado espectáculo de la naturaleza, chocan en él la libertad del es- - 19B píritu y la forzosa p-aralización de sus relaciones sensibles. Este choque engendra el arte, suprema'manifestación de lo que más gasta y mas se ama. Para el nómoda, que de la caza vivia y que para él debía constituir un juego al mismo tiempo, tenían que serle do- lorosas laobscuridad de la cueva y las interminables retenciones en tan reducida habita- ción, cuando un poco _antes en todas partes se hallaba en su casa. Y he aquí cómo el recuerdo de las cacerías se l~ debía aparecer vivo: 10s animales dotados de toda la gracia y espontaneidad con que él los veía al cazarlos. Si la caza era, pues, el mundo de sus ac- - tividades, todo el objetivo de su vida, esto, naturalmente, había de_constituir su arte. -, /- /1 / Fig. 28.-Figura en color de la cueva de «los Cantos de la Visera» (Cabré.y Aguiló) y así fué. Los animales y las escenas d~ caza componen, casi exclusivamente, todo el arte troglodita. Desde hace muchos anos los arqueólogos conocían una in~nidad de grabados sobre huesos, cuernos y_piedras calcáreas; conocían también laescultura y, p~)l'último, descu- brieron la pintura. De la escultura, siendo de más fácil ejecución que la pintura, los ar- queólogos se habían preguntado si realmente había precedido a la pintura, inclinándose la mayoría de ellos por esta hípótesia, La abundancia de material recogido y los estudios efectuados, si' no permiten pronunciarse decididamente sobre la aparición del arte, esta- blecen, por 'lo menos, que la evolución glíptica se desarrolló conjuntamente en sus diver- sas manifestaciones. Pero este arte, que no tuvo madre, nacido en el período de la piedra tallada, en este mismo período muere: la humanidad al entrar en el neolítico pierde poco a poco esas be- llas aptitudes, pero totalmente, es decir, que universalmente se observa la falta de con- tinuidad del arte glíptico. El genio neolítico, corno dice Dechelette, se complace en tra- ~ 197- . r • 1/ I \ ~. \ ~ ..···\'-1 ~ ..r...~. ~ Fig. 29.-0tro detalle de la cueva de los Cantos de la Visera (Cabré y Aguíló), ¿ Fig. 30.-Composición total de las pinturas de Cogul. 198 bajos utilitarios y prácticos: los habitantes de la edad de la piedra pulida, consagran todas sus atenciones a la cría de ganados y explotaciones agrícolas, demostrando q1ie sus aficio- nes eran muy diversas a las de sus antecesores, 'Ios cazadores trogloditas, Este .arte que comienza indeciso, vago, que en el magdaliano aparece ya potente, atrevi- do y realista, en la fase aziliana, es decir, en. el tránsito del paleolítico al neolitico se mues- I • Fig. 31.-Grupo pictórico deÍ abrigo del «Callejón del Plou» (Cabré y Aguiló), ./ tra en plena decadencia, acabando po]." pintar cantos rodados con signos todavía in des- cifrables. ~ ' Asi, pues, para nuestro objeto, nos ser~ conveniente fijarnos en este arte en el momen- to de su esplendor, o sea en ·las figuras de línea segura, las que denoten un buen artista. En los grabados de las cuevas francesas, Piette suele indicar -únicamente los géneros a que pertenecen 1 s animales, precaución adoptada, según parece, por no confundir es- - 199- pecies, como sucede en algunos arqueólogos e incluso el mismo Piette..En general, la pauta marcada por Piette, es la que siguen la mayoría de arqueólogos. La idea de aplicar la Glíptica a la Zootecnia es reciente. Dechambre, profesor de la ~~n~~.~ ~,,- lJ" ').0 f \ V . ..: !;(VO) ~ '~' Fig. 32.-Grabados de la Loja (Asturias). Escuela de Veterinaria de Alfort (parís), en su Tratado de Zootecnia, estudiando la po- blación caballar autóctona de la Camarga, se pregunta si los caballos camargueses podrán Fig.33.-Equus asinus del Mas d'Azil (Reinac). tener alguna relación con los grabados del paleolítico-Esta es la única indicación sobre el arte rupestre que se halla en la obra de Dechambre. El grabado cuaternario lo consi- Fig. 34.-Cabeza de caballo-según los arqueólogos-en cuerno de ciervo. Anverso y reverso. Lourdes (Piette). dera mucho más Cossar-Ewart, profesor en Edimburgo, quien asegura que ciertos graba- dos del magdaliano ofrecen más semejanza con el Equus PreJ'walsky que las fotografías sacadas directamente de dicho caballo enel desierto 'de Dzungaria, cuyo' caballo se cree 200 que representaa aquél. Y que nosotros s~pamos, esto es todo lo dicho .referente a las ar- tes cuaternarias aplicadas a-la-Zootecnia. De las pinturas rupestres nadie se ha ·ocupado. Las pinturas, en SR ~ayor parte, por re- presentar un arte más avanzado que el grabado y la escultura, pueden ayudar.a la diag- nosis de las razas con más seguridad que el grabadoy la escultura en general. El arte glíptíco se está historiando; toda clasificación, desde nuestro punto de vista, tiene que ser forzosamente prematura y, por consiguiente, las deducciones que sentare- mos no pueden tener otro carácter que la de provisionales. Dicho esto, pasaremos revista al número de cuevas descubiertas en las cuales se han hall~do escultura, grabado o pin- tura paleolíticos. En Rusia, tres estaciones; Austria, cinco; Alemania, cuatro; Bélgica, cua- Fig. 35.-Cabezas de équidos del Mas de Azil (Piette). troj Inglaterra, una; Suiza, cuatro; Italia, una, En cambio, solamente en Francia, habrá un centenar, y en la Península ibérica casi tantas como en la vecina República; pero, en pinturas, España posee más ella sola que el resto del mundo. Por los sucesivos hallazgos, que continuamente se realizan, es de esperar que, dentro de pocos años, el número de cue- vas descubiertas será muy importante, y ya entonces la catalogación de formas podrá realizarse fácilmente. En el articulo anterior manifestábamos que el método sansoniano era el que preferia- mas: tendremos,-pues, presentes las descripciones de Sanson para comprobar la corres- pondencia con las figuras paleolíticas. El primero de los tipos que estudia Sanson es el asiático, el cual, .según Pietrement, es originario del Asia Central, .llegando .a Europa por primera vez con -los arios. El tipo asiático ocupa en Francia un áreageográñca muy extensa: Bretaña, Lemosín, Auvernia, Landas de Gascuña, el Pirineo, Langüedoc y Alsacia-Lorena. Ya hemos dicho, que nues- - 201- tra opinión se conformaba con la de los arqueólogos modernos al tratar de las emigracio- nes, es decir, que éstas no se han efectuado en grandes masas. Así, pues, las poblaciones caballares francesas mencionadas deben tener un origen autóctono. En efecto; todavía en razas enteras y en las poblaciones más o menos mestizadas, mu- chos de sus individuos corresponden a las figuras dibujadas o esculturadas por el hombre troglodita. Los caballos representados son de perfil recto, convexo o cóncavo, y estos caba- llos todavia ocupan el Mediodía francés, que es precisamente donde abundan las mani- festaciones glípticas, particularmente en las antiguas regiones Guyana y Gascuña. Examinaremos sucintamente cada una de las agrupaciones de caballos de perfiles rectos, cóncavos y convexos. Los caballos de perfil recto figurados en las cuevas o en los objetos en ellas encontrados tienen la cabeza voluminosa (figs. 17, 18, 19 Y 20), la arcada arbitraria grande y el cuerpo bas~ante desarrollado. Los caballos que actualmente tienen parecido con los representados glípticamente se hallan en la, vertiente francesa de los Pi- rineos, en unas comarcas más que en otras y sobre todo en aquellas que los sementales árabes y anglo-árabes no han actuado eficazmente. Estos animales difieren de los del tipo asiático (árabes y anglo-árabes) por la. piel que es más gruesa y los pelos menos finos; por la cabeza más voluminosa y por una mayor anchura de su cuerpo. No obstante, la talla y peso son aproximadamente los del caballo árabe. De éste difieren también por su carácter mucho más irritable, cuyo carácter contrasta con la nobleza del árabe. En cuanto a velocidad, sangre y resistencia, el caballo autóctono nada tiene que envidiar al de im- portación. N o tiene, pues, nada de extraño que Sanson y los demás zootécnicos confundieran dos caballos que tantos puntos de semejanza ofrecen y que los autores infl.uídos por la creen- cia dominante de las emigraciones colocaran a 'este caballo en el grupo de los del tdp.o asiático. Todavía en el Mediodía de Francia se pueden observar muchos caballos de perfil con- vexo, especialmente en Auvernia y en los departamentos pirenaicos, independientemente de la influencia que en dichos sitios pueden haber tenido los sementales de tipo africano y germánico que allí han' actuado. La figura 21 da una idea de este animal, que no es solamente convexo por la cabeza sino por todo el cuerpo; es, lo que diría Baron, un tipo armónico. Los caballos de perfil convexo, pueblan actualmente, como se sabe, la mayor parte de la vertiente ibérica de los Pirineos, y estos animales debían existir ya en el cua- ternario antiguo como lo prueba el grabado en la figura 25. Los caballos de perfil cóncavo, dotados de gran corpulencia, ya no viven en el Medio- día de Francia, excepto una pequeña población, y no homogénea, que es la de la Camar- ga. Es probable que los romanos, cuando invadieron la Galia, todavia los encontraran en los mismos parajes donde los grabara el artista troglodita. Sanson, ignorando estos docu- mentos cuaternarios, creyendo que la raza belga actual es la que estimaban en mucho los romanos, dice, en su Tratado de Zootecnia, que los caballeros romanos probablemente les habrían sacado de la Galia belga y que los guerreros francos, a la caída del Imperio roma- no, les hicieron también descender de su país hacia el Mediodía. Lo cierto es, añade Sanson, que esta raza se encuentra en el valle del Ródano, en la isla Camarga y hasta en Italia, y los bajorrelieves de estas épocas, así como las efigies de las medallas y de las monedas encontradas en el suelo de las Galias, la representan. Los grabados rupestres nos permiten aclarar de una manera satisfactoria esta cues- tión. y es, que' en todo el Mediodía de Francia convivían en aquella época caballos de perfil recto, de perfil convexo y de perfil cóncavo. - 20:2 - De estas tres formas parece que solamente han perdurado las de perfil recto y conve- xo; las de perfil cóncavo ignoramos la causa de su desaparición del Mediodía francés, ex- cepto de la Camarga. " , ' y no obstante, el hecho de que los romanos se aprovisionaran 'de muchos caballos voluminosos, de los que el arte se encargó de decirnos sus caracteres, que corresponden en un todo con las figuras cuaternarias, parece demostrar que estos animales del pleisto- cénico, debieron continuar viviendo en :el Mediodía hasta la invasión de los romanos. Este caballo voluminoso, de perfil cóncavo que se, cría actualmente en Bélgica, es in- dudablemente el mismo que vivía en Auvernia, y que los grabados de lJL cueva' de N es- , cher lo representan admirablemente, en especial la figura 22 y no con tanta perfección la figura 23. El que haya visto un caballo belga, mirando la figura 22 no podrá ,m~enos de re- conocer su realismo: la cabeza de rinoceronte; el cuello ~orto'y la cabeza puesta de con- formidada lá situación del agujero occipital; dorso ensillado, cola implantada baja, el perfil de la nalga en lo que tiene de característico, como igualmente el abdomen desarro- Ilado y la mayoría de las particularidades de las' extrem~dades inherentes a los caballos de perfil cóncavo. La abundancia de estos caballos cóncavos estaría traducida poI' el grabado en hueso de Chauffaud, en el cual el artista' hace gala de la perspectiva (figura 24). Los caballos de perfil convexo, a los que Sanson no asigna lugar en Francia, exis- ten todavía mezclados con los de perfil recto, independi~temente de los efectos de los se- mentales importados. La población caballar de Bretaña, de tipo asiático, caracterizada por la cabeza volu- mínosa y por la abundancia de pelo, constituiría una prolongación de los caballos de perfil recto de la Dordogne. . . Esto es lo que podemos-decir respecto a la población caballar francesa. Si no menciona- mos los tipos frisón, británico y sequanés, es porque en las localidades ocupadas por estas razas, no tenemos noticia de ninguna manifestación glíptica que pueda interesarnos. Los grabados, esculturas y pinturas del cuaternario antiguo francés representando animales domésticos, descubiertos hasta el presente, se hallan desde Dordogne hacia el SlU'. De lo que seacaba de exponer se puede concluír que en etnografía animal se debe.pres- cindir de las emigraciones y que el origen de las razas actuales debe recomponerse con elemen- tos autóctonos. Las grandes modificaciones de las poblaciones caballares se han practicado modernamente con la importación de reproductores y con la persistencia de los cruzamientos. El grabado y la pintura troglodita ibéricos son muy interesantes, sobre todo esta últi- ma, que abunda mucho, hallándose no solamente en-cuevas, sino también én abrigos, y lo que es más extraordinario, al aire libre, en las rocas y peñones. Los artistas ibéricos supe- ran a los franceses: hay pinturas que verdaderamente sorprenden por el vigor de las líneas, por la gracia y por el realismo. Pero aquí, al querer aplicar la gliptica a la etnografía, especialmente la pintura, nos encontramos con una grave dificultad: las razas caballares de la Península no han sido estudiadas científicamente, por lo menos con la rigurosidad sansoniana. ' En la población caballar andaluza, que se suele englobar formando una sola raza, nos- otros, distinguimos con precisión tres tipos y puede que sea necesario aíiadir otro. Desco- nocemos una descripción de los caballos de Extremadura y. de toda la región central ibé- - 203- rica. Los caballos de Galicia y de' todo el Norte de España, excepto los de Cataluña, los conocemos a medias. Y da la casualidad que las pinturas de Coqu; (Oataluúa), Roca dels Moros, Cova del Advocat y Barrene dels Gascons (Cataluña aragonesa), no representan en sus muchas pinturas ni un solo équido. De ser al contrario, y conociendo la población ca- talana, hubiéremos podido hacer un estudio parecido al de la población caballar francesa. En Albarracín encontramos (contando de Oriente a Occidente) el gran équido, que es de perfil convexo; los caballos de Altamira (Santander) y Atapuerca (Burgos), Hornos del', Castillo, y, en fin, todos .loa del Norte son cóncavos o convexos presentando gran seme- janza con los caballos de la otra parte de los Pirineos (figs, 25, 26 Y 27). Los caballos de Los Cantos de la Visera (Murcia), y otras pinturas de Andalucía, son idénticos en todas ellas, diferenciándose notablemente de los del Norte, Estos caballos tienen una forma elegante, esbelta, son de perfil convexo, ventrudos y de grupa volumi- nosa, e; decir, retratan a uno de los tipos de los tres o cuatro que para nosotros existen actualmente en Andalucía (figs. 28 y 29). Los bóvidos de Cataluña occidental son iguales a los de Alpera (Albacete), a los de Andalucía y Albarraoín. Pero los de La Loja (Asturias), tienen otra forma. Aquellos son los mismos que Sa~son denomina Bos iaurus ibericus, es decir, los toros de las «con-idas» (figuras 30 y 31), los de Asturias (fig. 32), parecen tener alguna semejanza con las de di- versas localidades de la Dordogne, y cuya forma parece, corresponder a la actual vendea- na, perteneéiente al tipo Bos primigenius (Bojanus). El Bos primigenius, de Bojanus, o Ligeriel'l:sis, de Sanson, abundaría bastante en los Pi- rineos. Aparte de que algunos grupos indígenas de Cataluña pertenecen a este tipo, he- , mos de añadir que en Tartaren (Cataluna), en la cueva de Joam de l'Os, hace poco que se descubrieron numerosos objetos pertenecientes al neolótico y neolítico. El Dr. Bosch y Gimpere, Director de la Sección arqueológica del Ínstit~tt d'Estudis Catalans, nos propor- cionó las calaveras de animales domésticos hallados en dicha cueva, entre las cuales ha- ' ., bía dos pertenecientes a la especie bovina, que pueden relacionarse con el tipo de refe- rencia: • , . Por consiguiente, los bóvid;s pueden ser objeto de un estudio parecido al de los caba- ' llos, puesto que la Glíptica permite establecer notables diferenciaciones, ' - V.-Los ASNOS PLEISTOCÉNICOS EN LA EUROPA OCCIDENTAL I El asno, se dice, es un animal muy sensible al frío, propio de los países meridionales. El cuaternario antiguo es un período caracterizado por el frío, por cuya razón los natura- listas y zootécnicos- creen que dicho animal no apareció en Europa occidental hasta el final del neolítico. Tenemos motivos para dudar de semejantes afirmaciones. En primer lagar, el asno se acostumbra' al frío. Algunas de las comarcas pirenaicas en que t~dos los inviernos son muy crudos, llegando el termómetro a 23° bajo cero, el asno-prospera, lo mismo en una que en otra vertiente de los Pirineos. En segundo lugar, lae exportaciones de parejas as- nales catalanas en países cálidos, lejos de prosperar, degeneran. ~ Cierto que la ausencia del asno en los grabados, escultura y pintura es manifiesta, si nos fiamos_de la opinión de-Íos arqueólogos; pero examinando atentamente algunas de estas producciones, como, por ej emplo, un grabado en hueso del Mas d'Azil (Ariege) se ve que representa un équido, único entre los que hemos visto po!' la especial forma de la ca- beza y cuerpo. La cabeza es alargada y llevada baja, actitud que no se observa en níngu- , I no de los caballos figurados; las orejas son doblemente largas,; el perfil ligeramente con- - 20:1 - vexo; el perfil dcllabio superior cortado en chaflán, El' cuerpo es alargado,' estrecho; la línea dorsal casi horizontal y el abdomen, en lugar de ser redondeado y abultado como en la mayoría de caballos flgurados, se halla replegado, pero no tanto como en los caba- 119s de carrera; los miembros son largos (fig. 33), Este animal, que podría representar muy - bien lo~ asnos actuales de los Pirineos, cuya ejemplar representación se halla, como se sabe, en la Plana de Vich, lleva la inscripción arqueológica de cab~llo. Nosotros cr~emos que se trata de un asno y así lo hacemos constar, cambiando la etiqueta de Reinac. En Lourdes, en una asta de ciervo, grabada y recortada, figura una cabeza de équido, que los arqueólogos creen de caballo. Por el contrario, nosotros opinamos que se trata de un asno. La cabeza es alargada y el perfil es ,eLmismo del de los individuos de pura raza catalana. Además, entre todos los équidos figurados, éste y el anterior son los únicos que presentan el mismo perfilJfig. 34). . Es conveniente anota: que el grabado y la escultura de referencia son azilianos, es decir, forman él tránsito del paleolítico a! neolítico, 0-si se quiere, pertenecen a la época de la sucesién dél frío seco de los tiempos magdelianos al clima templado de 'la piedra pulida, Si el grabado y la escultura mencionados pudieran ofrecer alguna duda respecto a la I existencia de Ios asnos en las c0r;:tarcas pirenaicas durante el pleístocéníco, en 'el museo particular del sabio paleontólogo D. Luis M. Vídal, de Barcelona, hemos podido exami- nar unas cuantas piezas dentarias que Mr. Gandry, de París, clasificó corno pertenecientes a la especie ~snal. Entre ellas.ihabía dos incisivos inferiores, extremo y mediano, propios .del asno. Procedian de unas excavaciones de Caldas de Malavella. De los molares, según el parecer de muchos autores, pueden confundirse los del asno con los del caballo; pero no _ así los incisivos, que no son confundibles para quien tenga ligeras nociones 'de anatomía veterinaria. Gracias, pues, a la amabilidad. del Sr. V~dal, y apoyándonos .asimismo co.n el grabado y la escultura citados, podemos afirmar rotundamente la exiatencia de asnos en esta parte de Europa, mucho ante" que empezaran las supuestas o efectivas emigraciones orientales, constituyendo el grupo pirenaico un tipo absolutamente autóctono . .. VI.- LA DOMESTICACIÓN La domesticación no es solamente una cuestión zootécnica; la doniésbicaoián supone un estado de dominio del hombre sobre los animales, es decir, un estado social bastante adelantado. Los animales domésticos son incompatibles con la vida nómada en generala por lo menos del paleolítico; tampoco pueden existir sin disfrutar- de largos intervalos de-paz. Significando, pues, la domesticación un' verdadéro progreso humano, arqueólogos, na- turalistas y antropólogos se han preocupado mucho de ía domesticación de los animales, no llegando a ponerse de acuerdo respecto a la época de la domesticación, unos suponién- dola en la edad de la piedra pulida y otros, la mayoría, fijándola en la del bronce. El hombre del pleistócénico, dice Zaborowski, era solamente cazador y la carne "de caballo su pan de cada dia. El caballo, por constituir su alimento preferido, bien pudiera ser el primer animal domesticado; por lo menos los. grabados más primitivos así lo indi- can. En las pinturas de Alpera, posteriores a los referidos grabados, que representan esce- .nasde caza, se ve no lejos del hombre un perro o un lobo. Pero nuestro objeto no es averi- guar cual de los animales fué el primer domesticad?, sino establecer el- período de la domesticación. - 205 Los naturalistas y arqueólogos, para distinguir en los restos hallados en los hogares prehistóricos si dichos restos correspondían a animales 'salvajes o domesticados. basan la diferenciación en los siguientes caracteres: ANIM.A.LES S.A.LV.A.JÉS ANlll.A.LES DOM.hJSTICOS Escasez de vértebras y costillas debido a Están representadas todas las partes del despellejar los animales en e~ mismo sitio esqueleto. - donde caían. Presencia de individuos muy viejos. Escasez de individuos viejos. Igualdad aproximada de machos y hem- Predominio de hembras. bras. Parecido anatómico con los animales sal- Semejanza característica con los anima- vajes actuales. les domésticos actuales. A estos caracteres distintivos no se les puede reconocer mucho valor, como vamos a demostrar seguidamente. La representación o n.o de todas las partes del esqueleto no constituye una base de distinción. Cuando la caza era abundante, los cuartos y la cabeza "solamente' eran trans- portados a la cueva; pero esto no significa que se dejara de proceder igualmente con los animales domesticados" La di~tinción de las edades no puede constituír un carácter que ayude a discernir la cuestión. Los individuos jóvenes son más fácilmente capturados que los viejos, y, por otra parte, los hechos económicos actuales sop. inaplicables en aquella época, puesto que si 'bien es verdad que los animales de abasto en nu~stros -tiempos son en su mayoría jóve-" nes, es de pensar que el hombre troglodita debía preferirlos igualmente a los viejos y más' tarde, al emplearlos en las labores, o simplemente como reproductores, 'debía elegir los más domesticables y sacrificar los que se oponían ~ la sumisión humana. Respecto de los sexos, el grabado de Chaffaud {fig. 94) representa dos yeguadas con- ducidas cada uno por un semental, tal como sucede hoy en las pampas argentinas o en las estepas ~usas. En las poblaciones salvajes, a caus~ de la¡:luoha sexual, las .hembras son numéricamente superiores a los machos. . La última distinción no la podemos aceptar p.or cuanto en el magdaleniano la forma- ción de razas actuales-era un hecho, y los caballos salvajes.tsí tienen alguna relación con los del pasado, no es precisamente con los del cuaternario, sino que la semejanza es viva con. los del plíqcénico, como ha dicho Cossar-Ewart. . , Ahora bien; la negación de.Ios caracteres distintivos seiialados por los naturalistas no constituye ciertamente una prueba de la existencia de la domesticidad. Por consiguiente, hay que emprender nueva ruta. -, Existen pruebas de la domesticidad, que nosotros creemos de gran valor, casi írre- futables. Estas pruebas se demuestran repasando las figuras 22, 34 Y 35; en todas ellas se verán unas líneas que representan seguramente un lazo o una cabez~da rudimentaria. Además, en la figur!!-20, una 'forma de hombre armado de un palo se halla al Iado de dos caballos, cuyos animales llevan también las rayas aludidas. El primero en atribuir valor de domesticidad a dichas rayas fué Piette, pero los demás arqueólogos consideran las rayas de la cabeza como uno de tantos signos indescifrables. Por nuestra parte, haremos observar que las rayas de la cabeza no aparecen en los grabados hasta el período aziliano, es decir, en el tránsito del paleolítico al neolítico, y que anteriormente no-se observa ningún animal portador de dichas rayas. - 206- La aparición de í'ayás en la parte inferior dé la-cabeza, .coíncíde con el momento en que el hombre troglodita abandona las artes por una gimnasia utilitaria, es decir, 'que pasa a ser agricultor, Pero no se concibe qu~ \31 hombre pas,e rápidamente al cultivo de cereales, cuando su régimen ordinario era la carne. La ascensión, progresiva del hombre se ha realizado siempre por las vías más cómodas. Preparar Ia tierra, sembrar, cosechar, moler Iog granos y aguardar la temporada que va de la germinación a la maturación, es cosa muy compleja. Debía ser mucho más fácil apacentar un rebano, y sobre todo, la po- sesión de ganados respondía :;tI régimen carnívoro, al mismo 'tiempo ql~e aseguraba al hombre la regularización del abastecimiento. Nosotros pensamos, que desde el hombre cazador al cultivador. de tierras, debe mediar un gran lapso de tiempo Ilenado completa- meute por el oficio de ganadero. 'Se está, pues, fundamentado para creer que la domesticaeión tuvo efecto antes del periodo de la piedrapulida. ·1 * :¡ , En resumen, la Glíptica constituye un poderoso elemento de diagnosis étnica animal, y particularmente por las pinturas rupestres, de las cuales tan rica se muestra la Penínsu- la ibérica, especialmente el Pirineo. La Glíptica nos ha permitido reconocer animales del cuaternario antiguo, que hemos podido incluirlos en las r~zas actuales; nos }lerm.ite a~egllrar que las razas caballares de perfil recto de Francia existían antes de que se realizaran las reales o supuestas emi- graciones orientales, como, asimismo nos persuade de la éxistencia del tipo convexo y nos aclara los orígenes del, cóncavo. Nos hace prever que al estudiar los orígenes de los bóvidos, en la Glíptica hallaremos un apoyo tanto o más eficaz que, en ei pre- sente estudio. Nos ha permitido denunciar, antes que nadie, la presencia de .asnos en el Pirineo, en el, período pleístocénico. N os induce a establecer la domesticación al final de la piedra tallada, cuando solamente I!l.Uy pocós arqueólogos se atrevían a fijarle en el neolítico. La Glíptica no tiene importancia por Jo que se ha dicho, ni por los d'escubrimien- tes efectuados; la tiene por el impulso que recibirán los estudios de etnología animal, so- bre todo así que los arqueólogos descubran nuevas estaciones, como está sucediendo muy a menudo. Cuando el número de estaciones glípticas sea mis numeroso, la obscuridad que reinaba so~re.los orígenes de la Etnología animal, quedará completamente desva- necida. \ . M. RossELL y'V1LÁ 'Catedrático de Zootecnia de la Escuela Superior de Agricultura de Barcelona. Treballs de la Societat de Biología de Barcelona, 1916. Notas clínicas UN CASO DE HEPATITIS TRAUMÁTICA DE .oRIGEN ENDÓGEN.o El sujeto de esta breve historia.clínica es lID cerdo de raza céltica, .de dos. anos de edad, en el período de semicebo. La sintomatología es vaga y confusa. Apetito.caprichoso, fiebre, respiración quejum- brosa, encorvamiento de la columna vertebral, estreíiímíento, posición. permanente.en pie, -207-_ dolor intenso en el hipocondrio derecho a la presión, sin marlifestación externa de aumen- to de volumen en dicha región. Se'le sacrifica a las cuarenta y ocho horas después de ma- nifestarse enfermo por haberse negado en absoluto a la alimentación. El examen necrópsico revela una intensa tumefacción en el lóbulo anterior del híga- do; y en la cara del mismo lado, hacia su parte' media, aparece incrustado en la masa del parénquima hepático un trocito de mimbre de unos cinco centímetros de longitud aproxímadamente y de notable consistencia; el extremo libre era de corte liso y la-extre- midad clavada en el hígado/era de forma biselada, irregular, terminando en una finísima punta. Pequeños coágulos sanguineos manifestaban mía ¡eve.hemorragia visceral. Tratándose de un animal voraz, como el sujeto que nos ocupa, que recibía los alimentos preparados en una pila contigua a un depósito de leña seca, fácilmente cayó en la comida 1'11 trocito' de mimbre, que fué ingerido con el bolo' alimenticio y su extremo puntiagudo y resisterite perforó las paredes del estómago, clavándose en' el hígado, favorecido segu- ramente por alguna posición anormal al tiempo de tumbarse. A título de curíosidady dé rareza enviamos para su publicación esta nota, alillque desde lueg'o reconozcamos que carece de interés, pero nos induce a ello; el hecho de no haber visto reseñado en nínguna Revista un caso clínico de esta naturaleza. ' F. ROMEROHERNÁNDEZ Veterin~,ri~' de Villafranca de la Sierra (Ávíla). ) 'Noticias, consejos y recetas EL «SACCHAROMYCES FERRANI».-;,El correo de la India Portuguesa-dice nuestro querido colega la Revista' de Higiene y Tuberculosis-acaba de traernos, una noticia que suscita en nuestra patriotismo antitéticos sentimientos: el gratísimo de que se honre ~ un español en luengas y extrañae-tíerras y el de, .. cómo las 'gastamos por aquí, Libre correría imestra pluma llevada por el primero; pero si la guiase el ~egundo, a sus puntos agolpa- ríanse los tristes recuerdos de campañas, ingratitudes y desvíos que, muy a la española, ha sufrido uno de nuestros más geníales investigadores, para quien la clase médica, Es- pana entera, está en deuda. »La Escuela de Medicina y Cirugía 'de Nova Goa es un plantel de excelentes investi- gadores, sobre t0c10 en patología exótica, y publica una muy interesante 'revista titulada Boletim Geral de Medicina e Pharmacia, de la que nos ocupamos con frecuencia, fundada por un sabio investigador, el Profesor Froilano de Mello. ' »Este nuestro querido amigo y colega, es el que nos tránsmite la aludida noticia en la siguiente carta: «A o Ex. Sr. Dr. J. Chabás, director de la Revista de Higiene y Tuberculosis; Excelen- tísimo Colega: Tenho a honra de lhe participar para o comunicar as senhor Doutor Fe- rran, cuya morada desconhoccu, que em homenagen aos seus trab~lhos de' Bacteriologia e Hygiene baptisei com o seu nome un fungo patogéníco, causador de una blastomicose abcedante simulando abcessos escrofulosos multiplos. A nov. sp. "foi intituladá Saccha- romyces Ferraní (1917). ' »Acecte presao colega o testtemono de mínha gran consideraoao, Froilano de Mello. »Como espaíioles, enviamos al ilustre colega portugués la expresión de nuestro cor- dial reconocimiento por ese homenaje que tributa a nuestro compatriota Ferrán», N osotros nos adherimos de. muy buen {grado a lo. que e4presa nuestro. colega valencia- - 208- no, pues como él sentimos muy en-lo'hondo todo cuanto en el extranjero signifique reco- nocimiento a los méritos de nuestros hombres de ciencia. " *}. * * LA. CURA. .NTIRRÁBICA..-Elilustre profesor italiano Claudío Ferrní, cuyos estudios A sobre la rabia son numerosísimos y muy interesantes, aconseja que en lo sucesivo se emplee en la cura antirrábica un método ideado por él, que consiste en el, tratamiento con una suero-vacuna 'resultante de la mezcla de una parte de suero antirrábico y dos partes- de una vacuna formada por virus fijo muy virulento tomado del encéfalo del conejo. - _. Fermi viene empleando S11 método desde 1906 con un éxito tan considerable que los ° fracasos los evalúa entre el y el 0,1 por 100, mientras-que en los demás métodos (pasteur, Orlosky, Calmette, Ferrán, Hogyes y Protopopoff) los fracasos oscilarían entre el 0,41 y el 0,77 por 100. La vacuna qu.e Fermi emplea en su método, aunque dicho sabio no lo confiese, es exactamente la misma que emplea Ferrán; y, por lo tanto, la parte original del investiga- dor italiano se reduce a la aplicación combinada de esta vacuna con un suero, que obtiene del caballo, practicándole diariamente durante dos meses, con un intervalo de quince días entre un mes y otro, 'una inyección de 10 c. c.. de vacuna. Para obtener la cura ant!:rrábica se puede inyectar durante cinco-diez día~ la suero- vacuna, continuando después con la vacuna sola hasta cumplir veinticinco días de inyec- ciones, o bien se puede inocular solamente la suero-vacuna durante todos los, días de tra- tamiento., . La gran ventaja del método de Fermí estribaría, en. que siendo el único completa- mente avirulento, garantiza de un modo absoluto contra los p-eligros de matar de rabia al vacunado, de producirle parálisis o paresias y de ocasionarle septicemias mortales. Y como consecuencia de la gran ventaja científica de su falta de virulencia) tendría esta suero-vacunación la gran 'ventaja práctica de poderse realizar las curas sin necesidad de que los mordidos ingresen en los Institutos especializados, pues la suero-vacuna conser- va su eficacia durante dos meses. y se puede inyectar a domicilio sin inconveniente al- guno. Aunque sólo fuera por esta última consideración, bien merece la suero-vacuna anti- rrábica de Fermi un estudio de .comprobacíón, singularmente en el campo de la Veterina- . ria, pues de. comprobarse debidamente su inocuidad y la facilidad de su aplicación a do- micilio, ya no sería necesario, en lo sucesivo, sacrifica», como ahora, todos o casi todos los animales mordidos por perros rabi~sos para evitar las molestias, los trastornos y los gas- tos que ocasionaría un largo viaje con ellos. EL TRA.'rA.MI.EJNTO HERPESTONSURA.NTE.-Lauri ha recomendado como muy_ efi- DEL -caz, en Il Nuovo Ercolani de 31 de Marzo de 1917, el tratamiento siguiente de dicha en- fermedad: 1.0 Limpieza de la placa de herpes. 2.° Aplicación con un pincel de esta fórmula: .Ácido fénico cristalizado .•.•......... ", . . . . . . . . . . .• 5· gramos. Alcohol desnaturalizado ,. . / a 50 Aceite de ricino ........••...•..•••.....••....•. ja .> 209 3.° Al cabo de dos días se hará una aplicación de glicerina. 4.° Al cuarto o quinto día, nueva aplicacion de la fórmula fenicada, y si fuera necesa- rio, se hará una terc~'a aplicación, después de que transcurra un plazo igual de tiempo. R E V 1S rA DE R E V 1S T A S Física' y Química biológicas' G. BOLOGN&JSI.-LA NECROBIOSIS PROVOCADA POR LA CORRIENTE ELÉCTRICA. Archives italiennes de Biologie, LXIV! 149-164, 24 de Agosto de 1915. La corriente eléctrica puede producir en un miembro lesiones muy graves, irrepara- bles, que terminen por la necrobiosis. Las lesiones son inmediatas y, sobre todo, de orden mecánico, hasta el punto de que se puede hablar de trauma eléctrico. Éste obra determi- nando en los tejidos' modificaciones que recaen especialmente en los elemen:tos dotados de poder elástico. Así es como son distendidas Lis fibras elásticas y presentan, desde luego, un engruesamiento de los discos que constituyen sus estriaciones transversaies y después 'una segmentación de las fibras, oyen todos los casos, su desagregación. De igual manera ias fibras nerviosas presenten una distensión, a veces importante, de sus cilindro-ejes, que aparecen entonces bajo la forma de cordones enredados de 'diversos espesores, con tendencia a una desagregación de las vainas mielínicas. . Los vasos sanguíneos, en fin, permiten ver lesiones histológicas mllY graves de sus fibras elásticas; las túnicas se presentan distendidas, alteradas en su espesor y frecuente- mente quebradas en regiones bastante numerosas y extensas. Las Iesíones de los vasos sanguíneos 'bastarían por sí solas para determinar la muerte de-todo el miembro que ha sufrido un choqueelóctrico. En efecto, la fragmentación de los elementos elásticos vascu- lares es causa de trombosis difusas y de hemorragías irreparables. El conjunto de las lesiones mecánicas que recaen sobre los tejidos dotados de una elasticidad especial, cuyas lesiones explican la patogenia de la muerte de :una parte del organismo por acción local de la corriente, recuerda mucho las lesiones descritas por al- gunos autores en el sistema nervioso' central (disgrega6ión' de las células nerviosas y he- morragias) como causa de la muerte de un organismo por efe?tQ de la corri~nte eléctrica." U. LOMBROSO, (J. ARTOM, L. PATERNI Y O. /LUOHETTI.-S'OBRE EL ME'L'ABOLIS1:nterior (3.' y 40." porciones cólicas); 4, plexo reno- aórtico (riñones y aorta); 5, plexo mesentérico posterior (colon flotante y recto); 6, punto gástrico. dorsal; 7, plexo tumbo-aórtico; 8, reflejo .Iumbar; 9, plexo sacro (órganos pelvianos, útero, ovario y vejiga); 10, reflejo miotóníco; 11, reflejo de los músculos olecranianos. - viene determinar la zona en q:Ue'predomina la reflectividad del lado en que es' más acu-" sada la reacción. Determinar si Ia refl.~ctividaClva creciendo' de atrás a adelante 1 ..- +- "'- +- ni 'r¡-- . ...."......-_-.-''' ~~ I I '. ;- __ ...r..':;' 1"~ ." - 2-~1- b) UniZateral.-Extendíéndose a una o varias zonas de reflectividad. Determinar el máximum y el sentido del aumento de la reacción. Las operaciones precedentes permiten determinar el plexo en causa. Otra serie con- duce a la determinación del órgano. En los casos en que está en causa el plexo solar anterior, si el sindrome es gástrico, he . aquí lo que se estaría llamado' a notar: L'', el reflejo miotónico es positivo y más acusado a la izquierda que a la derecha; 2.°, el reflejo solar anterior es más acusado a la izquierda que a la derecha; 3.°, puede existir un punto gástrico dorsal, que se pone en evidencia de la manera siguiente: Cogiendo con toda la mano y apretando la parte anterior de la cruz, no se despierta ninguna reacción; si I?eprocede de igual manera en la parte posterior, el animal se queja, se substrae más o menos y se vé que apal:ece en su dorso una ola de con- tracciones musculares que forman pliegues en la región. Es preciso saber que el punto gástrico dorsal no es constante en los síntomas gástricos y que está también ligado a irradiaciones por la via simpática; de lo que resulta.que se puede denunciar el asiento gástrico por harmónicos cerebro-espinales y simpáticos. , , Si el hígado' está en causa, el reflej o miotónico será más acusado a la izquierda que 11. la derecha y el reflejo/solar. anterior derecho más acusado que el izquierdo. Esta refiecti- vidadcruzada incita. a otras investigaciones. Se buscará, por ejemplo, la sensibilidad propia del hígado en el hipocondrio derecho, a partir de la décima cuarta costilla, y tam- bién el estado de la circulación colateral de la pared abdominal comparativainente del lado derecho con el izquierdo. " El reflejo miotónico puedeeatar relacionado C0n trastornos cardíacos que repercuten en el aparato digestivo (dispepsia de las mitrales y de las aórticas) o que cOl}stipuyen una repercusión de los trastornos digestivos sobre el aparato circulatorio (dilatación d~l cora- zón derecho-frecuentemente observada-, arritmias intermitentes. etc.). Conviene ,pen- . sar en un desorden del corazón cuando el reflejo mio tónico es más acusado del lado' de- , recho que del izquierdo. La r¡\~ón está en el hecho de que el neumogástríco derecho encierra más fibras cardiacas -1a:emperatura exterior, siempre que ésta no sea superior a 250. t 2.° La duración del baño 'debe partir desde \llÍnomento en que la combustión del azufre está en plena actividad y su condensación es suficiente (3,5 a 4 por 100 en volu- men). Así comprendida, puede, reducirse Ia duración a una hora. Son necesarios, por lo menos, dos baíros con diez-quince días de intervalo; el tercero, cuando sea necesario, se aplicará una. semana después y, ~uy excepcionalmente, un cuarto b~ño a 1a semana si- .guiente., . . . 3.° La instalación necesaria debe ser un poco costosa: consiste en una cámara-hangar d~madera, con facilidad desmontable, lo más her~ética posible y dividida en 10, 12 o 15 compartimentos, reducido el todo a las dimensiones estrictamente necesarias, 4. ° El generador de -gas sulfuroso debe, corno el hangar, ser lo menos dispendioso' po- sible: de construcción simple, rústica, fácil de manejm'_y de entretener y capaz der llenar rápidamente la cámara de gas a una condensación suficiente y a una buena temperatura. 5.° La aplicación de los gases sulfurosos al tratamiento y a la profilaxis de las sarnas, de las tiñas y de Ias ptiriasis en los équidos, es un método recomendable porque es eficaz e inofensivo, a la vez que preservador e higiénico, consecuentemente económico y suscepti- ble ,de extensión a numerosas desinfecciones e Inmunizaciones antiparasitarias. - 223 CAILLOT. - INTOXICACIÓN DE UN CABALLO POR EL ÁCIDO FÉNICO BRU.rrO (FENOL DE DESINFECCIÓN DE LÓCALES) SEGUIDA DE MUERTÉ.-Bulletin de la Boeiete centrale de Médeeine vétérinaire, XCII, 456·459, sesión del 8 de Noviembre de 1917. Un caballo de doce años, que presentaba unas placas de herpes miliar en diferentes regiones del cuerpo, fué frotado con una mezcla de fenol bruto (fenol de desinfección) y agua en proporciones difíciles de determinar, porque el hombre que realizó la frotación mojaba la esponja en un barril con fenol, la exprimía en un cubo que contenía de 4 a 5 litros de agua e inmediatamente recogía parte de la mezcla para friccionar la piel. La loción sólo duró media hora, después de la cual, se metió el animal en la cuadra. Algunos instantes después manifestó signos vagos de cólicos, que se fueron agravando progresivamente, revelando el animal grandes dolores y signos violentos de intoxicación. El autor fué llamado en este momento, y ante los conmemorativos, los síntomas y el olor penetrante del ácido fénico, sospechó de lo que se trataba e instituyó el siguiente tratamiento: 2 inyecciones subcutáneas de O gr. 05 cada una de nitrato de pilocarpina, mientras que unos hombres lavaban abundantemente la piel con agua; brebajes tibios de 2 litros de leche, administrados con una botella. A la hora. después parecía el animal más calmado y se le inyectaron Og. 05 d~ cafeína. A la mañana siguiente, aunque todavia gr!"ve, estaba mejor y tuvo una micción de unos 2 litros de orina hemoglobínúrica muy obscura. En vista del estado del animal, se le sometió a este ~:atamiento: sangría copiosa de 7 kilogramos; dos inyecciones hipodérmicas de O gr. 05 de nitrato de pilocarpina y dos inyecciones de cafeína, una al mediodía y otra por la tarde; un absceso de fijación en los pechos con 2 c. c. de esencia de trementina, y, en fin, embadurnamíento de las regiones .eauterizadas con glicerina neutra. Régimen exclusivo: leche y brebajes con salvado adi- cionados de bic-arbonato de sosa. A pesar de todos los cuidados, siguieron la fiebre, los dolores, la inapetencia, la gra- vedad, en una palabra, hasta que, por último, presentó el animal aintomas de uremia y murió a los pocos días. Ins_pecciónbromatológica y Policía sanitaria G. BARRIER.-A PROPÓSITO DEL CONSUMO,DESPUÉS DE ESTERILIZACIÓN, DE LAS CARNES DECOMISADAS QUE TIENEN BUENAS CONDICIONES ALIBLEs.-Rap- P01"t u Conseil d'hygiene, sesión del 12 de Abril cÍe 1917. a Considerando: 1.0 Que la carestía actual de la vida, especialmente el precio elevado de la carne, im- pide a la población procurarse en cantidad suficiente este alimento esencial; 2.° Que la conservación y el aumento de-la cabaña nacional están estrechamente liga- dos a la economía de carne sacrificada que se pueda realizar en el ganado destinado a la carnicería; . 3.° Que se cifra en miles de toneladas cada año la cantidad de carnes todavia alibles que en Francia se retiran del consumo a causa del peligro de su manipulación o de su ingestión posible en estado fresco; 4.°, Que muchas de estas carnes podrían convertirse, después de su expurgo y cocción en agua. hirviendo, e~ inofensivas y utilizables para la alimentación pública; 224.- 5.° Que solamente el Servicio.veterinario es competente para eliminar de esta esteri- lización las ca:rnes que deben ser desnaturalizadas para hacerÍas incomestibles. Emite el voto: - a) Que el Servicio veterinario sea invitado á separar del stock de carnes decomisadas por él aquellas qU9, sin embargo, posean condiciones alibles, para que se puedan hacer inofensivas por una cocción suficiente en las condiciones fijadas por la autoridad; . b) Que las carnes así decomisadas-bajo eÍ control y la responsabilidad de dicho ser- . vicio-no puedan ser puestas en venta más que en el matadero ...mismo y sean directa- mente entregadas a los consumidores con exclusión de los revendores; e) Que estas carnes, después de hecha la eeterilización, sean conservadas todo lo posi- ble en locales frigorificos, a fin de asegurar, por mayor tiempo, la facilidad de su venta err el matadero. OOURTHQPE y OTROS.-RELAOIÓN FINAL DEL COMITÉ ENOARGADO POR EL MINISTERIO DE AGRIOULTURA DE INGLATERRA PARA INVESTÍGAR LA 'SWINE . FEVER>.-Un folleto de 64 páginas.-Londres, 1915. El Ministerio inglés de Agricultura nombró una Comisión, bajo .Ia presidencia de Courthope, que estaba compuesta por Longmore, White, .Stockman, Anstruther, Locke- Blake, Garnett, Douglas y Pemberthy, para- que estudiaran la swine [euer o peste del cer- do, y esa' Comisión ha publicado un folleto con el biforme de sus experiencias, cuya pa!- te substancial queda resumida en las siguientes conclusiones con que finaliza el trabaje: 1.a m estiércol de los. cerdos atacados de swine [eoer es infectante. 2.' Se puede considerar que basta un período jíe quince días para asegurar la destruc- ción del virus en los estiércoles por los agentes naturales. 3." Las ratas no son, en contra de lo que se ha pretendido, vehículos de swine [eoer. 4: Todo lo que se sabe tiende a demostrar que la swine fever no es transmitida por los parásitos externos. ' 5." Aunque las personas, los vehículos y los animales que han estado en contacto con los cerdos infectados o los locales contaminados sean susceptibles de transportar mecá- nicamente el virus, la evidencia conduce a la Comisión a concluir que t~da amplia dise- minación de la enfermedad résulta del transporte de 10s cerdos infectados. 6.a Un cerdo puede ser muy infectante tres días después de haber sido contaminado y antes de presentar ningún signo clínico .de la enfermedad; y un cerdo que ha estado atacado puede continuar siendo infectante durante un período variable, cuya extensión no ha sido completamente determinada, pero que es de una gran duración. 7.' Parece ser que existen casos en los cuales cerdos que no han parecido infectados y que, al examen post mortera, no parecen haber padecido la enfermedad, son infectantes y continúan siéndolo durante lID tiempo considerabl-e. 8.· La serofilaxis y la vacunación deben considerarse como medios muy apropiados para combatir eficazmente -la swine [euer, obteniéndose con este método éxitos satisfacto- rios en aquellos sitios donde la enfermedad se presenta bajo una forma moderada; pero, sin embargo, sólo se llegaría a extirpar la infección de estos sitios por dicho método im- pidiendo la importación, pues la persistencia de la swine [eoer parece debida a su carácter altamente contagioso y a la dificultad de su diagnóstico por el propietario de los cerdos en loe primeros estados y en las formas ligeras. 9." La extirpación total de la swine fever no es posible más que adoptando medidas radicales, tales como el sacrificio y Ia !n-m-0vilización prolongada; pero como esto es prác-, 225 - tícamente imposible, porque equivaldría a renunciar a la cría del cerdo, mientras no se encuentran nuevos métodos preventivos eficaces y de posible aplicación en la práctica, la Comisión opina que, en el estado actual de la cuestión, deben tomarse en cuenta los si- guientes puntos: a) Las tentativas de eradicación de la enfermedad por el sacrificio general deben abandonarse por el momento. b) El objeto inmediato de los Reglamentos del porvenir consiste en reducir la mor .. talídad y en vigilar la difusión del mal. c) El empleo sin dilación del suero en los rebaños infectados debe estimularse por todos los medios y en particular facilitando el aprovisionamiento del_suero. d) La producción 'de rebaños ,inmunizados por la inyección simultánea de suero y de virus debe emprenderse cuando los propietarios de cerdos lo deseen en establecimientos especialmente elegidos, bajo una vigilancia atenta y las restricciones convenientes. e) Para vigilar la diseminación de la enfermedad, debe mantenerse el aislamieilto' de los locales ífiféctados; pero la restricción debe permitir la introducción, en estos' locales de cerdos destinados a ser tratados inmediatamente por el suero. f) Conviene estudiar de nuevo las modificaciones que podrían introducirse en las restricciones relativas a los desplazamientos de los animales por conseCl~encia de ras nue- vas medidas de preservación, g) En razón de los resultados experimentales obtenidos por la Comisión, demostra- tivos del tiempo muy corto que es necesario para la desinfección espontánea de los esta- blos, debe preferirse ésta a la desinfección química siempre que exista una gran cantidad de estiércoles y que la disposición de los locales se preste mal a una desinfección arti- ficial. ' , h) La Comisión está convencida- de la posibilidad de una vacunación como método de combate contra la swine rever. ' i) Convendrí~ mucho el descubrimiento de una prueba diagnóstica para ros casos obscuros, .porque facilitaría la pronta aplicación de las medidas profilácticas. Afecciones -médicas y quirúrgicas F. SANCHEZ. - MANIFESTACIONES TARDÍAS DE ALGUNAS PERTURBACIONES" DIGESTIVAS DEL CABALLo.-Revi~ta de Veterinaria Militar, III, 673-677, 31 de Agosto de 1917. El autor administró un purgante salino a 'un caballo sospechoso ~.de gastroenteritis, que después de varios días de enfermedad, y cuando parecía que iba a curarse pronto, manifestó una crisis febril de tipo continuo . . Cuando produjo efecto el purgante, 'exoneró el animal una enorme ca~tidad de trigo, el grano íntegro, con su película intacta y solamente aumentado el volumen por la mace- ración experimentada en los líquidos entéricos, donde había permanecido más de veínti- cuatro días, mínimum de tiempo que el autor pudo calcular, porque en el ejército espa- ñol no se emplea dicho grano para la alimentación del ganado yesos días hacia que se' había adquirido a un propietario' particular. Una vez alcanzada tal purgación del enfermo, remitieron en seguida todos 108 fenó- menos termógenos y la postración del estado general, siguiendo la reacción curativa un curso regular hasta unos cuantos días más tarde, que fué dado de alta el animal com- pletamente C\~ado. - 226 - Deduce el autor de lo expuesto que 1a quilificación de los alimentos puede demorarse durante mucho tiempo, 'sin que la omisión de ésta, al par~ceJZ, inaplazable operación, produzca perturbación alguna sensible en los animales, Y, en su consecuencia, que hay que eliminar, de nuestros elementos de juicio, la idea inveterada, y generalmente admiti-. da, de qu~ ,las alteraciones digestivas surgen a 1'0 sumo al limite que la bioquímica conce- de ~ la digestión de cada ~upo de alimentos, pudiéndose .calcular los grados de pereza -intestinal que puedan presentarse y' recabando ,para el intestino un gran papel defensivo del organismo. Este caso evidencia una vez .más que el momento inicial de la :tiopatogenia en Zoia- _ tría, ea un problema muy complejo y difícil de conocer; pero -tiene tal importancia que del conocimiento de ese momento arranca la oportunidad terapéutica, base de todo trata- miento positivo. LL. VERDERAU . ...:.-EsTUD~¿'~LOBULAR DE LA,SANG~E DE LAS HERIDAS ANTE _.y PGST~lIWRTE~L~,T.reballs de la Societat de Biología, I, 25-28, 1913. El autor ha realízadoaeerca del diagnóstico diferencial de-las heridas en vivo y post- mqrtem, que tanta importancia tiene desde el punto de vista de la 'Medicina legal, las' si- guíentes interesantes experiencias: . Experimento N," l.-Se mata un conejo por medio de una fuerte contusión en el cráneo hecha coa un martillo;...d:espllés de [8;. muerte del.conejo se le produce una fractura del muslo. Cuatro dias después de la muerte se cuentan los glóbulos áe ambas heridas. _ La sangre de la herida del cráneo (fractura con separación de -la sutura bi-parietal), herida hecha en vida, dió 8:OQOIeucocitos y 4.320.000 hematíes por milímetro _cúbico, Yi \' -- por consiguiente, la relación entre los leucocitos y los hematíes era de 1/611, La sangre dé', la- fractura del muslo (herida post-mortem) díó 2;400 Ieucocitos y 3.200.000 hematíes por milímetro cúbico, siendo la proporción entre ambas clases de-glóbulos de 1/1333" Experimento N.O 2.--0tro conejo como el anterior. Al cabo de 'Ocho dias se contaron los glóbulos ~ontenidos en-la disolución de un COáglUO sanguíneo 'de'la' fractura del crá-. neo en solución salina fisiológica: un m. c. de esta solución díó 3.800' Ieucoeítos y 4.600.000 hematíes. En la sangre de la vena yugular de este conejo se encontraron por m. c. 2.280 -{ leucocitos y 6.840.000 hematíes. La fórmula globular de la herida hecha en vida era de 1/1052; ia de la sangre del conejo muerto era de 1/3000' ' Experimento N:" B.-Repetición del experimento anterior, que díó, para el primer caso, una fórmula globular de 1/834; y de para el segundo. 1/2411 Expm'imento N.O 4:--Perro muerto de lID tiro en la cabeza, al cual, después de muerto, se le dió otro tiro en el tórax. Herida de la cabeza (ante mortem): 7.360 leucocitos y 6.200.000 hematíes por m. c.; herida del, tórax (post mortera): 5.000 leucocitos y 5.660.000 hematíes por m. c. Fórmula globular de la primera: 1/824; ídem de la segunda: 1/ , 1532 Eccperimento N," 5.-0tro perro. Fórmula globular de la herida hecha en vida: 1!G06; ídem de la herida hecha después de muerto: 1(1472' Eoiperimento N.O 6.-También un perro. En la herida hecha en vida la fórmula globu- lar fué de 1/500 yen la herida hecha en muerte fué de 1/2250, Conclusión.-De todas estas experiencias se puede deducir la conclusión siguiente: En las heridas hechas en vida el número de leucocitos es mayor, con relación al de 'hematíes, que en las heridas hechas después de la muerte. .' 2:¿7 Cirugía y Obste-tricia HAAS.-DEL TRATAMI:ENTOl{EL GABARRO CAR'rILAGINOSO POR EL ADELGAZA- MIEN1'O DEL RODETE Y DE LA TAPA Y LA IN1'RODUCCIÓNEN LA F.ÍS1'ULA DE B.NA MECHA IMPREGNADA DE VEJIGATORIO.- Bulietin de la Soeiete, cenirale de Médecine oeterinaire, XCII, 272-274, sesión del a deJ'ulio de 1917. Se adelgazan poco a poco la tapa y el rodete como si se quisiera practicar la operación completa. Se introduce la sonda recta en la fístula; se incinde el tejido podofiloso ~n el punto en que forma saliente en una longitud de 4 a 5 centímetros" teniendo cuidado de hacer la incisión a tres centímetros, por lo menoa..del rodete; se introduce la hoja de sal- vía en la incisión y se desprenden el tejido podofiloso y el rodete hasta la altura de la fístula, que se pasa, teniénd:o~e así una zona desprendida en una circunferencia de 5 a '6 centímetros de radio; se hace un completo raspado y limpieza de la fístula por el orificio artificial, y se introduce la mecha de cáñamo, o simplemente de cinta plegada .en dos, e impregnada de vejigatorio. Se tiene allí _tres días la mecha vesicante, al cabo de los cuales se:cambia para tener la nueva, impregnada de vejigatorio también, durante diez a quince días, dejando que supu- re la herida. Al cabo de ese tiempo, se quita' la segunda mecha y se hacen inyecciones de licor de Villatte o de tintura de iodo al décimo. Si hay dos fístulas, se introducen dos mechas; el autor ha operado así con éxito diez caballos, que tenían fístula doble. Este método operatorio sería fácil y práctico, no ocasionaría ningún defecto y permi- tiría obtener una curación total, al cabo de tres o cuatro semanas. G. C. S PAR APANI.-2AcERCA DEL DIAGNÓSTICO BIOLÓGICO DE POTTET EN LA PREÑEZ DÉ LA VACA.~ . 1l nuouo Ercotani, XIX; 7~!:\10 d~ Enero de 1914.. . . " ' Pottet primero y después Falca, pretendieron diagnosticar .Ia preñez en la vaca por medio de la fijación del complementó, empleando como antígeno extracto acuoso de cuer- po amarillo; pero como no obtuvieron resultados muy claros con sus experiencias, 'el autor creyó ~onveniente repetirlas para ver si era más afortunado. Experimentó en 36 bóvidos diferentes en tres series: en la primera serie" doce bueyes, doce vacas en distintos períodos de gestación en la segunda serie y en la tercera serie doce terneras con cuerpo amarillo falso en fase aun no regresiva, pudiendo observar en sus experiencias los resultados siguientes: 1.0, nunca hemolisis en los bueyes; 2.°, siempre hemolisis en las vacas preñadas, y 3.°, siempre hemolisis en las terneras en el estado dicho. Estos resultados le indujeron a concluir que, como Sobotta y Rabl, había demostrado que no existe ninguna diferencia entre el cuerpo Iubeo verdadero y el falso, puesto que el método de Bordet-Gengou no permite encontrar ninguna diferencia entre la secreción del uno y la del otro. Bacteriología V Parasitología G. ALESSANDRINI.- ETIOLOGÍA y PROFILAXIS DEL PEIJERO.- Annali d'Hy- giene, XXVII, f. 5,1917., " A favor de las investigaciones de Mohler.y Washburn, la opinión tiende a considerar que el pedero del carnero es una afección determinada por el bacilo de la necrosis; pero -e-r- 228 - el autor ha observado siempre' en el pedero la presencia-del bacterium coli commune, y so- lamente una vez el bacilo de la necrosis, y·eso p0rque en este caso existían lesiones ne- eróticas. De aquí concluye que el agente etiológico del pedero es el b. coli, intervi_nie:Ii.ao tardíamente, y,en condíciones excepcionales, el bacilo de la necrosis. Para evitar la adquisición del pedero, aconseja el autor el uso de un pediluvio que encierre una solución de cloruro de cal al 5 por 100, cuyo pediluvio se dará a la entrada del aprisco. F. HOBDY.-PRESENCIA DEL STRONGILUS ARMATUS EN EL TESTÍCULO DE CRIP- .1 TÓRQUIDos.-lhe Veterinaru Journal, LXXIII, 319, Septiembre de 1917 . En J-qiio. de 1915 se ocupó el aut.?r en la misma publicación, de la presencia, del str. armatus en la. substancia del testículo del caballo, indícando que los estrongilos se encontraban con alguna frecuencia en las castraciones normales; peto que eran raros en los testículos intraabdomínales. Ahora se inclina el autor en el sentido de modificar algo su opinión- primera, .pues ha encontrado 11 casos de criptórquidos con estrongilos en dos anos y recientemente ha encontradootros tres en una semana. Estos casos eran de retención del testículo, algunos delIado derecho y otros del izquierdo, y en uno de ellos la especie de estrongilo tenía nada menos que tres completas tenias en su intecior. Se trataba de unanimal de" trece a catorce anos, .enviado al hospital por cierto trastorno del' ojo, descubriéndose casual- mente el sexo. Castrado, se encontraron los tres e~trongilos, curando <;1' animal comple- tamente. Sueros y vacunas J. B. BUXTON.-LA TEMPERATURA NECESARIA PARA LA INACTIVACIÓN DEL SUERO EN ¡A REACCIÓN DE FIJACIÓN DEL COMPLE~ENTO EN-LOS MULOS ATACA- ,DOS DE MUERMO.- The Veterinary Journal, LXXIII, 245-247, .Julio de 1917. Durante dos anos se 'ha visto obligado el autor a emplear la reacción de fijación para eldiagnóstico del muermo en estos animales, encontrándose con resultados no siempre 10marmonía con los obtenidos por otras reacciones, hasta que llegó a sospechar si las reac- ciones indefinidas no serían motivadas por el empleó de sueros insuficientemente inacti- _vados, a pesar de haber sido sometidos durante media hora a 58°, y aoque, por otra parte, no se hubieran destruído los cue~p,os anticomplementarios. - Para sálir de dudas practicó una larga serie de experimentos con sueros inactivados a temperaturas diversas: a 88 y 60° durante media hora, a 60° durante una hora y a 62° du- orante medía, Hegando a obtener la inactivación completa con la última temperatura, mientras que con las tres anteriores, en ocho pruebas verificadas con cada una, la reacción fué unas veces/incompleta en todas, o fué completa en unas e incompleta en otras. Las muestras de suero se obtuvieron d~ mulas que no dieron reacción a la intrapalpe- bro y tampoco la dieron, o no fué característica; a la maleinización subcutánea y a la aglutinación'. , . Dos de los 32 animales sometidos a estos experimentos fallaron en cuanto a las lesio- nes post-mortem. El suero de un mulo reconocido muermo~o fué examinado, calentándole durante una hora a 60° y durante media hora a 62°, y s~ obtuvo de él la fijación con 0,2 y 0,1, ,lo que demuestra el hecho de que, mientras una temperatura-inferior a las citadas falló. en la inactivación completa'[del suero, la temperatura de 60-62° no destruyó los anticuerpo_s, específicos y sí los cuerpos anticomplementarios. Posteriormente se demostró que mientras fracasó una exposición de diez minutos a 62°, por lo que se refiere a la ínactivacíón completa del suero de un mulo no' muermo- so, habiendo hemolisís incompleta, con cantidades de 0,2 y 0,1 de suero, respectivamente, fué suficiente una exposición de quince minutos a la misma temperatura para producir la completa hemolísis con todas las diluciones. Como el autor no ha visto en la literatura corriente nada que se refiera a esta parti- cularidad, publica esta nota de interés para prevenir la obtención de resultados indefini- dos cuando se utilice la reacción de fijación como procedimiento diagnóstico del muer- mo en los mulos. R. LANZILLOTTA.-SOBRE LA UTILIZACIÓN COMOVACUNAS DE 'LOS GÉRME- NES EXPUESTOS A'LA ACCIÓN DE LOS RAYOS ULTRA-YIOLETA. - Riforma Me- dir-a, 16, 2 de Enero de 1915. Los microbios expuestos a los rayos ultra-violeta pierden su poder de reproducción y conservan su movilidad, que no desaparece hasta después de una exposición de seis a veinte veces superior a la que destruye el poder reproductor. Ahora bien, los gérmenes así modificados en E¡U funcionalidad, ¿pueden emplearse como vacunas? El autor ha hecho' el ensayo con el bacilo del cólera de las gallinas. Cultivos muy vi- rulentos de este bacilo fueron sometidos durante quince a cuarenta minutos a la acción de los rayos ultra-violeta y después inyectados varias veces a cobayas que el). seguida fueron inoculados con una dosis virulenta mortal p~ra un cobaya normal; mientras que todos ~os testigos murieron en diez horas, los animales así vacunados sobrevivieron en la proporción del 35 por 100. En una segunda serie de experiencias, dos lotes de cobayas' fueron, previamente a la inyección de la dosis mortal mínima, inoculados, los unos con cultivos sometidos a los rayos ultra-violeta y los otros con cultivos matados por el calor. Mientras que los coba- yas de este último lote murieron todos, menos uno', en veinticuatro horas, los animal~s del primer lote sobrevivieron en su totalidad. . Parece, pues, que existe en los rayos ultra-violeta lID medio excelente para haéer a un microbio inofensivo conservándole sus propiedade~ vacunantes. Sin embargo, hay serias dificultades que se oponen a la utilización práctica de este modo de preparación de va- cunas: 1." La dificultad de determina;' exactamente la duración de la irradiación', que debe ser bastante larga para impedir la multiplicación de los gérmenes y bastante corta para no alterarlos muy profundamente; y 2.° La necesidad absoluta de hacer una emul- sión homogénea y muy delgada para que lo's bacilos más superficiales no protejan ~ '~os bacilos subyacentes contra la acción de los rayos .. Enfermedades infecciosas y parasitarias GIBES Y POOK. - ESTOMATITIS CON~AGIOSA.-Tlie Veterinary Journal, LXXIII, 147-155, Mayo de 1917~ . Esta comunicación relata una serie de interesantes experiencias, llevadas a cabo con motivo de un foco de estomatitis contagiosa, cuyas experiencias arrojan bastante luz so- bre esta enferme.iad. Í'ERÍO~~ D~ INCUB.A.CIÓN.':"':"'ÁrArtificial.~juzgando por 'eÍ resultado de Ios experiinén- tos que siguen, la incubación es s'ol~meÍlte cuestión dehoras: ' , " ' 1.0 Tomando el líquido contenido en las vesículas-de un caso reciente, e impregnando algodón, se frotó la lengua de un cab-allo" la cual habíá 'sido previamente escarificada: A las veinticuatro 'horas había ya un buen nún'iero' de vesículas"tipicas formadas,' al lado de la escarificación, que se unieron después para constituir una lesión amplia, , 2.° El líquido de una ampolla o vesícula sin romper, tomado, con jeriÍrga, fué inyec_ tado en parte bajo la mucosa del dorso de la lengua de uncaballo aparentemente sano, y e1 resto en la región de la corona, guardando las más' rigurosas precauciones de asepsia. A las veinticuatro horas se había formado una ampolla típica en el punto de la inocula- - ción en la lengua, y en menos de-cuarenta y ocho horas aparecieron otras varias en las proximidades. Nada pasó en la corona. , , .B) Natural.~Se practicé-el siguiente experimento, en diversas, condiciones aproxi- madas todo lo posible a la idea, que se tiene de la infecció~ natural: ,', , , - Aisiados convenientemente 10 caballos y 5 mulos' fl;a'ro~ inféci(ados artificialmente como sigue: Caballos, núm. 1, se riega con agua de un cubo que contenía la cabida de una tazá,d~ sá.Uva de un caso gra;emente atacado; núm. 2, se coloca la mano en una lesión abierta dé l~ boca de un caso más grave e inmediatament~ se frota en la lengua de este caballo; núm. 3, con un poco de algodón absorbente se frota en una lesión de un caso gra- ve y se lleva al interior de los labios de este caballo; numo 4, se coloca saliva de un caba- 110 infectado en una pequeña cantidad de alimento dispuesto en un saco que se aplica a la nariz del segundo; núm. 5, escarificada la lengua de este animal con la 'mano impreg- nad~'en la lesión de otro, se frota la superficie lesionada; núm. 6, algodón impregnado con • material de un caso grave, sirve para frotar-las superficies superior e .inferior de la'lengua de este animal; núm. 7, heno masticado por un animal enfermo, se da como alimento 'al sujeto de este, caso; núm. 8, saliva de un caballo seriamente infectado 'se mezcla con sal- vado y se da de comer a' este animal, Los números 9 y 10 quedan como testigos, M~¿los: Se infectaron tres del mismo modo que los ,-caballos números 2, 3 Y 7, respectivamente, quedando los 'otros dos sin inocular pam el control. RESULT.A.DOS,-Deestas experiencias 'se obtuvieron los siguientes resultados: Caballos: 1<21 nú~. 7 presentó lesiones típicas en los labios, cinco dias después, ap~reciendo en la boca a los siete. En el n~. 6 presentóse una lesión en la punta de la lengua a los seis dias después de la infección. En 'el n]ÍIIl. 10 aparecieron lesiones después de empezar 'el experimento, y adviértase que se trata de uno de los testigos.i.Los númeres 4 y 5 presen- taron lesiones trece día~ después de la infección, El núm. 9, que era el otro testigo, mani- festó lesiones cuando habían transcurrido ya 'catorce días. Y, en fin, el núm. 2 presentó lesiones .a los diez y nueve días, y los números 1, 3 y 8 no las llegaron a presentar, aunque todos los animales de estas experiencias fueron mantenidos juntos y a todos seles dió a beber de la misma agua. Mulos: Pasaron el experimento sin que en ninguno de ellos apa- recieran-Iesiones, ,.Estos resultados experimentales, considerados _d§sde el punto de vista de la duración del período incubatorio, fueron bien poco favorables. Por otra parte; tienden, a sostener la opinión de que es el contenido de las vesículas el agente infeccioso y,'.además, los expe- rimentos que siguen parecen indicar que el período de actividad infeccíosadel contenido de las vesículas es comparativamente transitorio. En Cinco caballos sanos, no reconocidos como sospechosos porquer hubíesen -podido estar en contacto con individuos enfermos, se practican escarificaciones de la lengua y ="' 231 ~ de los labios, Con un algodón se tomamaterial de una lesión de cuatro días y 'se frota inmediatamente CUchoalgodón impregnado de virus sobre las escarificaciones, sin que ~ ninguno de los cinco caballos presentara lesiones durante los catorce días que se pudieron examinar, TEMFERATURA.,-Series de tomas de temperatura demuestran que puede llega); a 40°,9 durante las veinticuatro horas de la aparición de la vesícula. El autor ha observado, ade- más, que en los casos asociados con altas temperaturas, estas no persisten mas allá de cuarenta y ocho horas después dé la aparición de la vesícula. En este supuesto, sería de interés saber si la infecciosídad del contenido de la vesícu- la desaparecía a la vezque descendía la temperatura. Si así sucedí ese, se podía corícluír que no era infecciosa después de las cuarenta y ocho horas de la rotura de aquella, y ~sto revolucionaría los· métodos de luchar cuando se presenta "!1n foco. SALIV ACIÓN.-Si la salivación existe al principio de la enfermedad, se presenta com- pletamente incolora, viscosa y profusa; con frecuencia se hace espumosa durante el curso de l;a enfermedad. , .' , ¡ :¡3ll utor ha 'observado también animales en los~cualesilapresencia a de salivación vis- cosá profusa se ha asociado con una cougestión g~eral d~ la mucosa bucal, simulando el e~tado que origiúa unmedicamento' iriitántej eS¡ta congestión y aumento consecutivo de ~aliva desaparecen espontáneamente a-los POCQ~ días. ¡, ', '. ' . LESION~s:.a) Sit~o.-El sitio de aparición más : orrientle es la superficie de l~ 'lengua, per~ por lo qUé'es:~6sibl¡' d~duci~ denuestros conocimíeritos actuales, jlél .puede. decirse qué¡ parte de ella es la predilecta. _~ ! -~ Los labios parecen seguir enpriorrdad de asierrto de infección, siendo más frecuente la presentación en las cQmi~ufas: 'la enfermedad, sS.n em~argo, parece desarrollarse ~ás rápidamente enla lí~'ea dem~rcatc)];ia:~lI'ltI'ela piel;y la mttcosa en est~ punto. ; ~igue en orden el paladar, y las lesÍ<;nes se enc~entrati de ordinario ininediatamep.te después de los incis~v6s superiores, siendo muy raro que ~e vean lesiones muy posterior- mente a ellos. '> ..' . \ i ~,. pn sitio algo menoscomún ésla parte interior) del car¡rillo que contácta, con los pri- meros molares. En muchos c::sos ha _()bserv~d? el hutor lesiones en este sitio, sitlJ.a€las, con frecuencia, en el lugar correspondiente al borde o termína~iÓn: p"untiaguda:'d;i~;~~o- lares superiores. Este hecho, en unión a los. resultados qbtenídos con los experimentos hechos , en l~s' caballos 1y 2, de que anteriormente se hizo referencia, Hev~n a pensar en que, a~n no siendo necesaria la existencia de una herida en la boca para admitir la penetración- del. virus, la presencia de heridas facilita, si no aumenta, los accidentes de infección. b) Clasificación:~ El tamaño- de las vesículas varia considerablemente, dependiendo de que la lesión esté formada por una sola vesícula o por varías reunidas. En el jprimer caso, cada vesícula suele tener el diámetro o tamaño de un florín,' con bordes irregulares, mientras que en el segundo puede extenderse la lesión por toda la superficie dorsal de la. lengua. _ , _ El primer paso de la lesión es la formación.de una vesícu,.J.a o ampolla (fig.· 1.&), que contiene un Iíquido seroso de color de paja, la cual se J:ompe en seguida, dejando al des-' cubierto una superficie encarnada sin piel y viéndose a las pocas horas' una substancia gelatinosa adherente a su superficie y de un color pajizo; esta ,gelatina es probabl~mente tal!-~:n[ec~iosa coIJ?oel contenido se~oso de la-ampolla, pero el autor-no P1!e.CJ.E! ~p9¡,:titrex- perimentos que 10.c~lD.fu~en.;. - _ :... , SJ" --:. 202 - c) Extensión.-Ha observa:do'ei autor que cuando, una lesión hace su primera apari- ción e11la comisura de los labios, las sucesivas lesiones se desarrollan casi invariable- mente en la lengua y en ocasiones en, el paladar también. Por otra parte, en casos en lbs que la primera lesión que se observa está situada en la lengua, los labios quedan frecuéntemente indemnes, pero puede infectarse el paladar. p'arece' haber poca duda de que fa aparente extensión de las lesiones individuales se debe a la unión de varias. '. . d) Ourso.-Según las observacíones del autor, la enfer~edad necesita de cuatro a seis Fig. 1.•-V esículas recién formadas Fig. 2."-Boca con una banda" de tejido cica- . en- el dorso de la lengua. tricial debajo del bo~de del labio superior . semanas para recorrer su curso, siendo las lesiones de los labios las que más rápidamente curan. En 30 caballos examinados para comprobar este extremo, el promedio de curación duró treinta y seis días y medio. e) Ouración.-Como resultado de una experiencia posterior modificó el autor su pri- mera opinión con respecto al método de curación de esta enfermedad y piensa ahora que la curación tiene lugar principalmente por la periferia. Es de interés notar' que en las lesiones que afectan a los labios, la curación parece verificarse principalmente por aquella parte circundante, algunos milímetros más lejos de la piel. La figura 2." presenta un caso que tuvo una gran lesión redondeada que, afectaba la parte interna del-labio superior, pudiendo verse que el tejido cicatrícíal, en lugar de estar en el centro de la lesión original, se aproxima mucho al borde del labio, - 2.33 - ASPECTODE LASLESIONESCURADAs.-En muchos casos desaparecen por complete los indicios de las lesiones, especialmente en aquéllos que se han prolongado. ( En otros casos, especialmente en los de la lengua, los- limites de la lesión original pre- sentan un contorno morenuzco, generalmente irregular (figs. 3: y 4.&),que acaba por des- aparecer también. , Las grandes lesiones de los labios, dejan generalmente un tejido cicatricial. Las le!3io- nes curadas del paladar no parecen dejar indicios. ALIMENTACIóN.-Las lesiones pequeñas no parecen dIficultar la alimentación, míen- Fig. 3."- Lesiones curadas del dorso Fig. 4.&- Lesiones curadas del dorso de la lengua. de la lengua, que presentan un Estas l~siones son más antiguas que las de la contorno irregular. fi 1a "gura .. , tras que las grandes la .dificulban grandemente, con -pérdída- consecuti va de peso, que, en ocasiones, llega a la emaciación. _ . MODOSDE INFECCIÓN.-,-P-robablemente, el modo -indirecto de infección es el más gene- ral, -realizándose de preferencia por los cubos, sacos de comida, etc. T&ATAMIENTO.- 1. Preventivo.-Mslamiento de los enfermos con desinfección, com- . pleta de la cuadra que han desocupado, etc. Agrupación' de los amimales en pequeñas partidas, separadas entre sí por lo que se refiere a los cuidados, alimentación o bebida. Diariamente, o, mejor, dos veces al día, inspección de la' boca, seguida de separación in- mediata de todos los casos sospechosos. En los casos en que se encuentren vesículas 'sin abrir, se -rompen éstas y se cubre la sup~r.fici~ con un, d-ébil cáustico, 234.- n. Gurativo.-a) General ....:....Alimentadón blanda' y 'tierna, tónicos y estimulantes y observancia de los principios generales de higiene. , b~' Local.-El autor ha experimentado varios tratamientos, con permanganato potá- sico, cinc.iclaroformo.ypotasa, habiendo observado q\1:elo más satisfactorio es tocar las lesiones, y especíalmente las que asientan en los labios, con cloruro de cinc. . ' • • r ,~ G, C. SPARAPANI.-AcERCA DEL PODER ANTITRÍPTICO DEL SUERO SANGUÍ' NEO.E~ ALGUN.kS INFESTA.croNEs.-ll nuo~o Ercolani, XXI, 381-384,10-20 de Agosto de 1916. El autor ha estudiado el índice antitríptico en la equinococosis, en la distomatosis, en la,cistic~rcosis y en la ascaridiosis, obteniendo Íos siguientes resultados: ,La infestación por equinococos no altera' el índice antitriptico normal de los bóvidos. Mientras.que la distomatosis leve no cambia .el índice antitríptico, la distomatosis grave lo hace descenden a medida de la gravedad, alcanzando el mínimum en el estado caquéctico del animal~ ' ' ,'La cenurosis no origina ninguna modificación en el índice antitríptico del suero san-; guineo de 19S animales ínféctados. En-fin, tampoco la aacaridiosís parece modificar el índice antitríptico .de los caballos que la-padecen. . - , _ P. B. HALEY.-LA TRICÓMONIASISINTES'fINAL DE LAS AVES (ENTERO.-HEPA.TI-' TIS, PERITIFLO-HEPATITIS, CRISIS DEI.. ROJó', ETC).-Experim. Stat. 'Record,' en Iieeueü de M.édecine'»eterinaire, XCIV, 65'?7, 15 de Enero'de'1918; En 1895 describió Teobaldo Smíth, como causa de la entero-hepatibis de los pavitos,' una pretendida amiba a la que pamQ Amceba mel~agridis: r' - Desde hace algunos años vienen diversos autores prosiguiendo ~Jestudio de ~sta cues-, tíón, y varios han opinada" que la enferme~ad era o una cocídiósis o una flagelosis. Las recientes investigaciones de Hadley tienden a establecer que se trata de una ita- gelosis, que, lejos de ser propia de los pavos, parece observarse en todas las aves. Estas in- vestíga_ciones del autor harr si do consignadas en las dos memorias siguientes: ' I." EL PAPEL DE LOS PROTozoARJ:oS FLAGEL.A:IDOS EN LOS PÍtOCESOS INFECÚIOS0S DEL - IN'l'ES'l'INO y DEL HÍGADO (Rhode Island. Station, Bullet. 16'6, 1916, p. 3-40, 3 este- pl.).-:-En trabajo Hadley muestra el papel patógeno de un irichomonas en una infección cecai y he- pática casi invariablemente fatal. - Este flagelado se encuentra en elíntestíno de todás las aves. Se le puede ver en el con- ' tenido de los ciegos, pero existe, sobre todo, en la capa de moco que 'reviste el epitelio y frecuentemente hasta en el fondo de las glándulas de Lieberkühn. La reproducción por simple división tiene lugar especialmente en el contenido del ciego; pero el enquista- miento y la formación deesporos parecen constituir el modo habitual de reproducción en los tejidos, También se observan, en los tejidos especialmente, formas amiboides. El cuadro patológico está principalmente marcado por la congestión y la h4pertrofia de toda o de parte de uno o de los dos ciegos, concurrentemente con la 'presencia de grandes focos necróticos circulares, amarillentos, aislados o confluentes en el hígado. Estos focos - se extienden Rrofundamente en los tejidos. Con frecuencia contienen los ciegos lID cilin- dro sólido, caseoso, amarillento o teñido de sangre, compuesto d-eserosidad coágulada, de fibrina y dé elementos celulares, cuyo cilindro oblitera su luz totalmente en muchos ca- sos. A veces, existen adherencias entre los ciegos y las círcurivoluciones del intestino', el higa do o la molleja, de igual manera qiIe- entré-' el hígado y el 'ventrículo su~en:turiado. El estudio microscópico revela la penetración de la pared epitelial por los parásitos Y, una infección progresiva de los tejidos snbepitelialea, donde se verifica la multiplicación del parásito por enquietamiento Y esporulación. El resultado, de esta multiplicación rá- pida es un espesamiento considerable de la pared cecal. El hígado muestra también ele- mentos paraeitarios, pero están ~ás'~od,ificados ~or _~,tf·}o,calización. . .: ._ Muy raramente se complica el-estado patológico en'-el'higado con una infección ami- biana (nada de ameeba me,leagridis), Y en los c~egos por ,a~das y. por cocidia~ (eimeria ie-: nell~, equivocadamente llamada eimeria avium). También se puede complicar por conse- cuencia' de infecciones hemospo;ridianas (heemoproteus): ' I . Por la naturaleza misma del proceso, .igual que por los caracteres, clinicos, -la tri~omo-"- niasis intestinal no -puede ser mirada como una enfermedad .infecciosa, El éxito' dé la in- vasión depende de factores que son propios 'del.huesped Y parecepor completo dndepen- die~te de la '«virulencia» del organismo patógeno. En este sentido, «la cabeza' negra» o «crisis del rojo» de los pavitos no es posible considerarla como. una enfermedad infeccio- sa' o transmisible.' ,. Los 'flagelados parásitos (trichomonas) encontrados aquí, son idénticos a ciertos cuerpos - que Radley había mirado otras veces como estados evolutivos dejas 'cocidias (eimeria). Son también idénticos a Ioscuerposdescritos por T. Smith con el nombre de amcéba"meleagri- dis Y ~uya' naturaleza amibíana er~ considerada hasta ahora como muy dudosa. 2.'" LA PEN~TRAQrÓN EL DESARROLLO LA INFECCIÓNDE LOSTEJIDOS"EN LA' Tiu- y DE cOMorfIÁ:ins INTÉSTINAL (lbid. Bull. 168.,1916, p, 3-46,11 pl. 2 fig.).-Este segundo trabajo es 'de un orden más especial que el precedente, y por eso nos limitaremos a indicar sus grandes Iíneas,i A causa del' contenido más o menos líquido de los ciegos, los flagelados se multiplican extraordinariamente eh este medio y después emigran a las glándulas.de Líeberkühn. Los individúos libres y móviles (trofozortos) penetran 'en las células calicif~rmes ; que tapi~an el fondo de estas 'gián'dulas, rompen su base, después la membrana y ganan el tejido conjuntivo submucoso. Un gran número de estos flagelados.pueden penetrar por la misma; abertura y diseminarse. ' Por otra' parte, las células epiteliales del 'fondo, de las glándulas se desorganizan, abrierido así el paso a otros tricomonas. Pero bien pronto desaparecen la mayor parte de las formas móviles de los flagelados, lo que no impide la multiplicación en los tejidos. Estos parásitos pierden su membrana y su~ flagelos, así como los otros órgano~ que caracterizan 'el 'tr~fozoYto y se muestran baj-o el aspecto de cue¡'pos redondos u ovoides, coloreables por la-eosína: son las preten- didas amibas (amceb« meleagridis) de T. Smith. . Poco a poco la masa del tejido cecal es parasitada, se .producen adherencias e inter- vienen infecciones-microbianas. Ull!¡;.invasi6n'se~m.ri.daria de los flagelados puede produ- cirse por el contacto de-la serosa conel hígado, Finalmente es destruido todo el epitelio- cecal, lo que 'permite la eliminación en la luz del ciego de cierto número de parásitos. De lo que precede resulta que un estado diarreico' de la~ aves debe.ifavorecer la gran: multiplicación de los flagelados y la inv-asión consecutiva de las glándulas. Parece menos probable que los tricomonas puedan considerarse como la causa del ,estado diarreico inicial. .!l]nlos ciegos se ven frecuentemente numerosas -amibas, sobre todo la amaba intestina- lis, a veces en abundancia; pero solamente en: casos excepcionales se les puede reconocer un papel en la producción ~ lesiones de estos órganos: - 236- .' 'En·cua;nto, a la arñceba meleagridis; aparte de los, casos en que corresponde al estado de esquizonte de la eimeria.tenella, debe" mirarse como el último 'estado (redondeado) de tro- fozotto- del flagelado intestinal.iel trichomonas. , ----------------- AUTDRES'Y LIBROS SANTOS ARÁN.-GANADO .DE CERDA. EXPLOTACIÓN E INDUSTRIALIZACIÓN . DEL CERDO.- Un tomo en 4.° menor dé 326 páginas, con 7,3qrabqdos interca- lados en el texto y lujosamente encuadernado en tela, 10 pesetas. Imprenta de .cAlreded(Jr del Mundo~, Ma¡"tín de los Heros, 60, Madrid, 1917. COl'! el mismo título que este volumen había ya publicado antes el autor otrc mucho más reducido, «como.trabaje 'de vulgarización 'Y de síntesis», según el mismo Arán confíe- S.IL; per~ fué tanto el éxito que dicho libro tUVQ, , que áctualmente.ial reimprimirlo, en' vez de limitarse a una segunda edición, ha escrito una obra completamente nuevaodeseoso de. manifestar así su gratitud a los ganaderos y veterinarios .' españoles e íbero-americanos, c~n numerosos datos práctí-. .rcosy úbiles que no figuraben-en la primera edición .. E~ siguie-nte 1ndic~ de materias dice mejor 'que nada la. amplitud de este libro, que consta 'de 21 capítulos, 'e~ los cuales se tratan, sucesivamente, 'estas cuestiones:' Orienta- ciones para la explotación económica ~el cerdo; el medio, la conformación y el crecimiento; la reproducción y la mejora del ganado de cerda;' maneras de unir los reproductores; ·técnica de.la reproducción; porquerizas; higiene de dos ali-· mento s y bebidas, de la habitación y del g¡¡.nado; fundamen- tos-de la alimentación; cebo en ·estabulación; cebo en liber- tad; el cerdey sus enfermedadesr las en~ermedades rojas del cerdo; enfermedades para- sitarias; otras enfermedades; operaciones que se practican en el cerdo;' ejemplo de una ex- fl):ota'Ción de veinte cérdos 'de cría; apreciación del cerdo; prácticas comerciales; compra- venta y transporte de cerdos; prácticas sanitarias; .induetrialización del cerdo; sacrificio del cerdo.' ; El examen de ésteíndice demuestra bien claramente que no se le ha olvidado al autor ninguno de los aspectes del complejo problema de la producción, mejora, conservación y ",_entadei ganado de cerda, y. si a esto se añade que toda la 'obra está escrita con ese esti- lo sencillo y atrayente en que Santos Arán es maestro, se comprenderá fácilmente que" aun cuando 'este libro, como todos los de 'la '«Biblioteca pecuaria- del autor, está princi- palmente escrito para 10s ganadercs, también en él pueden aprender mucho-los 'Veterina- rios, más 'hoy .que nunca, puesto' que actualmenje se está desperbándo en-nuestra clase un noble anhelo-hacía la industrialización de la carrera, como medio. el más .adecuade para elevar nuestro nivel social y económico. .'. , ,- ...... . 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