REVISTA VETERINARIA' DE, ESPAÑA Vol. II Barcelona-Masnou: Febrero 1908 N.O 6 TRABAJOS ORIGINALES Acerca de las carnes Insalubres (1) I'OH. H. MARTEL Doctor en ciencias, antiguo inspector de servicios sanitarios del Ministerio de Agricultura, jefe del servicia de París y del Sena No es atrevido decir qué algunas enfermedades graves (fiebre carbuncosa, tuberculosis, mal rojo ...) que hacen la carne impropia para el :C0I1SlÚll0, pueden existir sin que lo parezca. Cuando el veterinario no asiste al sacrificio y pre- paración de los animales que se expenden para el consumo las probabilidades de error son mayores. Basta muchas veces que el sacrificio de los animales se efectúe en el momento' en que la enfermedad aguda (fiebr9 carbunoosa, mal rojo) está en sus comienzos, para que las alteraciones macroscópicas sean' en algunos casos insignifi- cantes ó nulas., En cuanto á la tuberculosis bovina, afección que fácilmente adquiere un carácter crónico y no ofrece le- siones claras más que al cabo de algún tiempo, son tan nu- merosos los casos de enfermedad latente, que hay que mirar la cuestión con cierta inquietud. . En materia de fiebre carbumcosa del carnero, ha ocurrido á los inspectores de carnes encargados de la vigilancia de las carnes foráneas en los mercados del Centro, de París, que n? han podido conocer- la existencia de la enfermedad (2). Ha cuatro años que varios animales carniceros del museo de París sucumbieron por haber comido carnes de 'buey (3) poco 'alteradas y. afectadas en realidad de fiebre carbuncosa. , (1) Este trabajo ha sido escrito expresamente púa esta Revista. 'De reproducirlo in- dicar la procedencia. (2) Sucede muchas veces que los animales en quienes se experimenta (cobayo', carnero) sacrificados prematuramente, no presentan en 1.3sangre bacteridia alguna visible microsc...:600!·~2~!Ioo.. picamente, mientras los cultivos la revelan no obstante.' \.1 AD (3) El Servicio de Inspección sanitaria de los mercados del ce~tro, s610 e~v¡a al ~ b~ las carnes retiradas da la venta que, al parecer, no procedan de animales sacrifica , el curso de enfermedades contagiosas. Desde hace tiempo nosotros no aco nscj li~ e lll~do de alimentación. "210 REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA Personalmente hemos visto carneros carbuncosos cuyos ri- ñones apenas estaban congestionadosy cuya grasa y múscu- lo-s parecían ser de animales sanos y de buena calidad. Para 'el mal rojo del cerdo los hechos son también patentes. Un :animalenferlna, se le sangra, se prepara y expide á los grandes centros. Con frecuencia él bacilo del mal roj-o, que puede vivir s.aprofito en las amígdalas é intestino del cerdo (1), apenas si ha tenido tiempo de invadir los órganos cuando se sacrifica prematuramente al animal que enferma. Esto explica los numer-osos resultados positivos obtenidos en nuestros mataderos de París, en los mercados del Centro, -desde que el análisis sistemático y bacteriológico se efectúa -en los laboratorios del Servicio . ... ... ... La existencia de tuberculosis latentes en los animales de carnicería, está hoy demostrada hasta la saciedad. La cues- tión de la posible virulencia de los órganos sanos en aparien- -cia, así como de sussecreciones, se impone hoy al higienista, y 'sería Inocente pretender que sólo con la' práctica, sin el auxi- lio de los medios perfeccionados con que nos ha dotado la técnica, pudiéramos librarnos del obstáculo. Hase demostrado que la presencia de lesiones mamarias lllac~Ü'seópicamente aparentes, no es condición necesaria y suficiente, para que haya eliminación de bacilos tuberculo- sos por la mama; la leche puede ser virulenta aun sin ofre- cer lesiones apreciables 'por medio del examen clínico (2). (1) . Olt (1901\ ha demostrado que el bacilo del mal rojo puede hallarse en el intestino; en Ias amígdalas ha sido hallado (1901) por Bauerrnelster. C. o, Jensen ha confirmado este des- cubrimiento. Ya se comprende que no todos los cerdos albergan el bacilo del mal rojo. Heinick no lo encuentra en el tubo digestivo del cerdo (investigadones hechas en el Instituto de Posen). Pitt "a comenzado en el matadero de Künigsbcrg (Prusia), la publicación de experimentos .acerca dé esta cuestión. (Centralblat jür Bakteriotogi e, 1907, tomo XL V, p. 33). (2) Ha pocos años, se ad m itla todavía que en materia de comprobación sanitaria de la producción de leche, el examen c1inico de las mamas bastaba para descubrir los casos peli- , grosos de tuberculosis, ó sea aquellos que se interpretaban por lesiones aparentes de la ma- ma ó de sus ganglios. Citábanse las investigaciones de S. Delepine (The Journ, Of'. Comp. Pathol. and Therap, 1897, pág. 192) que tendían á demostrar el valor del examen clíuico de ,la mama. Leches Leches examinadas virulentas .Mamas Ciertamente tuberculosas desde el punto de vista cHnico. 10 5 " probablemente» """"».,, 9 1 " sanas........... " . . . . . .. 5 O Actualmente Ostertag y sus discípulos son casi los únicos que defienden todavía la teoría de la casi innacuidad de las leches de vacas tuberculosas cuya mama está indemne de lesio- n es apreciables macroscópicamente, por medio del examen clínico ó auatomo-patológlco- REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA 211 Bang en el Congreso de la tuberculosis de 1898 había pre- sentido que debía ser así y decía: ({ uando la mama no está c afectada, la leche contiene bacilos tuberculosos raras veces». En el tercer Congreso' de la tuberculosis, Nocard afirmaba que «siempre que la leche cont,e·JilÍ.a bacilos, existían lesiones específicas de la n121l1a».Bang añadía: «es probable que esta afirmación sea exacta, empero es preciso confesar que algu- nas veces hallamos en la leche bacilos de la tuberculosis, sin que podamos demostrar clínicamente las alteraciones de la mama, y aun algunas veces, sin que á simple vista se puedan hallar en dicho órgano «..vestigios de enfermedad» (1). Bang apoyaba este modo .de ver en experimentos hechos en 1888 y en 1891(Congreso de Higiene, de Londres) y que resumía del modo siguiente: la leche de 63 vacas en extremo tuberculosas, inoculada ácobayos y á conejos, ha determinado la tubercu- losis en 9 casos, ó sea, en la proporción del 14 por 100. En todos los casos la mama se hallaba clínicamente sana, en algunos casos existían pequeñas lesiones (pequeños depósitos 'en las glándulas); en 'otros no se en.oo~ürlabanada, aún al -examen más minucioso. Ya en 1879, en un Congreso de naturalistas alemanes, Bol- linger (2) .afirmaba que la leche de vacas tuberculosas cuya mama parecía sana, era no obstante capaz de tuberculizar al cobayo; su discípulo Hirschberger (3) anunciaba que 20 va- cas tuberculosas sin lesiones mamarias daban leche virulen- ta. A decir verdad, la leche no se recogía con todas las ga- rantías de absoluta pureza. No puede reprocharse 10 mismo á Lydia Rabinowítsch (4), ·á Ernest (5) á Adami y Martín (6).: Las investigaciones de Lydia Rabinowitsch' han sido he- chas en vacas que' habían reaccionado á la tuberculina. La leche de 15 vacas s e recogía pura y previa centrifugación se (1) Bang. 'Congreso de la tuberculosis, 4.' sesión, 1898, p. 256. Bang, en 1898, de 21 vacas afectas de tuberculosis avanzadas halló 2 que daban leche víru- Ienta para el cobayo. El' 1891, halló 9 entre 58. (Según Gehrmann y Evans, Tubei'culosis alld the tube.·culosis test by th e State bo ird oj liue stock COlllmi virulentos. Sin embargo, lQS ganglios aparentaban estar sa- .nos (1).. Calmette, . Guérin y Déléarde (2) establecen también que á. menudo la ingestión de bacilos tuberculosos de origen bo- vino, no ocasiona en los terneros ninguna lesión aparente de los ganglios mesentéricos, J?i lesión alguna que pueda reco- 'no,cersecon las simples investigaciones microscópicas y á pesar de ello, estos ganglios pueden ser virulentos. 'Bartel (3) encuentra en los ganglios, tumefactos una «hiperplasia lin- Ioide» que evidencia la. infección de esos órganos, mientras. que, desde el punto de vista macroscópico, el examen conti- núa siendo negativo ó dudoso. Recientemente tuvimos ocasión. de oír declarar al profesor Debove,en el Consejo superior de higiene pública,' de Francia, que en el curso de experiencias hechas acerca del valor de la opoterapia, había tenido oca- sión de encontrar ganglios (de cerdos) que poseían virulencia tuberculosa y que no obstante, á simple vista, parecían sanos. El afán de buscar las tuberculosis , ganglionares más dis- cretas ha sido consignado por los autores que se han ocupa- do en la inspección de carnes. Ostertag (4), I-I, Martel (5), y Ch. Morot (6) Moreau (7).' Muy recientemente Joest, Noak y Liebrecht (8), en .sus experimentos .acerca de la virulencia de los ganglios procedentes de animales' tuberculosos ó de in- dividuos 'sanos, formulan la conclusión que «no existe 'tuber- culosis en realidad latente y que si nos atenemos á las, investigaciones histológicas (9) siempre se demuestra la exis- tencia de alguna' lesión». ' (1) Según un trabajo de Bongert, los animales que reciben bacilos tuberculosos huma- nos pueden eliminar! s por la mama, sin que este órgano ofrezca lesiones aparentes, Iguales observaciones ha lenid~ ocasión de hacer Ostertag en su visita á la estación de in- vestigaciones de Bethesda, en los Estados Unidos. Una vaca á quien se había inyectado- tuberculosis humana 15 meses antes, e liminó , durante muchos meses, por la mama, bacilos. tuberculosos, estand r, al parecer, sana.i--j Con fer cn cia de Os tertag en La Haya, 1907). (2) Calmette, Guérin, Déléarue. Acad , de Ciencias, 1906. (3) Bar tel , Wiener. Kt;I1. Wochellsch .. 1905. (4) Ostertag. Han dbu ch ; der Fteichbesch aú., Stuttg= rt. 15 " edición), (5) H. Mar tel. Citado púr Moreau, (Tesis de Paris.19011, Les Abattvirs Pubiics, torno segundo, París (Casa Dunod), 1906. (6) eh. Moral. loe. cit. (7) Moreau, loe, cit. (85 Joest, Noack y Líebr ech t. Zeitsch fÜI' Infektk, [úr Krankh . Hygiene, torno 111 H. '14, s. 257. (9) Aquí hay ocasión de recordar las excelencias del examen microscópico histológico,. é en las investigaciones de los corpúsculos de Negri, así como los recientes descubrimientos acerca de las alteraciones histológicas de las glándulas salivares-en la rabia, enfermedad que frecuentemente no se da á conocer á la autopsia por les ió n microscópica alguna. 210 REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA En l8-casos de tuberculosis ganglionar del buey y 3 casos de tuberculosis del cerdo, c~¿yo diagnóstico no podía hacerse con un sencillo examen macroscopico, la histología ha descu- bierto en toda ocasión lesiones tuberculosas. Las lesiones • 1_ histológícamente apreciables tenían, desde el punto de vista de su aspecto general, la importancia de las que habían sido ha- lladas por los mismos autores enf casos de tuberculosis gan- glíonar, apreciables merced' á unos focos pequeños, discretos pero claramellte visibles con la lu/po. yen los cortes-de órganos. Así que, para 1.015 autores alemanes que acabamos de citar, no existirían, hablando con propiedad, tuberculosis latentes del buey y del cerdo ; .únicamente existirían lesiones macroscó- picas desconocidas y el estado linfoide de la tuber-culos.s gan- glíonar, tal como lo entiende Bartel, no existiría. Queremos creer en los experimentos numerosos y bien presentados de los sabios alemanes, pero tenemos el deber de llamar oculta á toda tuberculosis que no se traduzca por algún signo apreciable (ni tumefacción del ganglio, ni lesión tuberculíforme ...), á pesar de Joest, Noack y Lielrecht que declaran insuficientes, incompletos y poco concluyentes los trabajos publicados por los autores que han -hallado viru- lenta la leche de vacas que reaccionaban sencillamente á la tuberculina y que no siempre se referían á tuberculosis amplias (1). * * * Otro de los puntos cuya importancia no puede escapar á los Servicios de inspección, es el que se refiere á los signos que permiten reconocer los animales sacrificados con ur qencia y los que han sido somqradoe después de la muerte. Como la mayor parte de las leyes referentes á higiene condenan que se 'Utilice para uso alímenticio la carne de animales m:u~,r;tos de muerte' natural, tenemos el deber de decir lo que sabe- mas y lo que pensamos en especie. , De un modo gener-al, la inspección de los rumiantes sa- criñcados in exiremie en los que se ha simulado el sacrifi- ó cio, es bastante fácil porque el inspector halla siempre, ó casi siempre, en el animal preparado, es decir, transformado (1) Para Ostcrtag , lo~ ganglios tumefactos que en manos de Jocst, Noack y Liebrecht habrían dado" resultados positivos y la falta de focos tuberculosos visibles macroscópica- mente, ofrecen un color gris al corte, REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA .21'7 en carne dispuesta á la venta, sufusiones sanguíneas, arbori- zaciones vasculares, congestión de los riñones de los gc¿nglios, ó etcétera ... que tienen una importancia real. No son iguales estas condiciones en el cerdo. La práctica nos enseña que si no se toma la sabia precaución de dejar transcurrir 2'1 horas al menos, el examen general de los animales sacrificados con urgencia Ó' presentados como tales, nos expone á sensibles errores. Sin -d'uda, aquí todavía, la ausencia de lesiones macroscó- picas aparentes no; acarrea la falta de lesiones macroscópicas reales óde alteraciones químicas de los tejidos, muy poco conocidas todavía. Quien; p,Ol' 'un método físico ó químico, cousigúlera dar un criterio seguro acerca de la muerte natural, prestaría 'un se- ñalado servicio, no solamente á la medicina legal sino tam- bién á la Inspección de carnes. Otra cuestión no menos obscura. El inspector, ¿ se halla. siempre suficientemente pertrechado cuando se le coloca ante un caballo sacrificado durante el tétanos i ¿ Encuentra en la autopsia metódica todos los elementos de apreciación que son de desear? No, evidentemente. No siempre existen le- sienes 'Suficientes que permitan suponer la existencia de la enfermedad .. De aquí la necesidad de exigir la inspección de los animales, antes, durante y después de sacrificados. En materia de' triquinosis, el problema no es menos arduo. Los países que antes se creían indemnes de esta terrible afec- ción, reconocen hoy que no tienen más que una inspección defectuosa. En Dinamarca (1) se hallan numerosos casos, en Austria se han manifestado epidemias, en Holanda, España y Chile también. Los Estados Unidos sufren siempre invasiones y Alemania no se ha librado de ellas á pesar de sus costosos y considerables esfuerzos. Fr-ancia también ha sido invadida. La epidemia de Crépy, en Valois, que quedó aislada, no es probablemente única. Hay" motivo para pensar' que muchos casos de triquinosis ofrecen la marcha de una afección reu- mática que escapa á la sagacidad de los médicos (2). (1) Véase Los "',lIaderos públicos, tomo 2.0, p. 113, «L'hygicnc de la viand c et du lait », 19ni. (2) Rerny ha comunicado recientemente la relación de un caso de triquinosis muscular en el hombre, (Soc. de Biología), 190i. 218 REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA y lo mismo para la cisticercosis del bt¿ey y del cerdo, ¿ no hay que reconocer la imperfección insuficiencia de nuestros mé- é todos? En los países dotados de servicios de inspección to- davía embrionaria, la enfermedad es, al menos en el buey, desconocída ; no' así en Alemania y algunas ciudades de Italia y Austria, que ya es otra cosa. * * * Estas consideraciones de orden general, nos llevan á mi- rar el segundo punto de este estudio, sea la necesidad. ó de dar .al técnico los medios de investigación necesarios. To- dos los prácticos realmente cuidadosos de hacer las cosas bien, han buscado los medios de perfeccionar las técnicas que les han sido legadas. No queremos hacer aquí historia completa' de la cuestión, pero debemos dar algunas \indicaciones de' orden general, acerca de los métodos nuevos preconizados 6 .que hay que preconizar. Hay, desde luego, un método que se ha ensayado en la investigación sistemática de los productos alimenticios sus- pectos ó no de falsificaciones. Es el único del que á menudo echan mano los químicos de los' laboratorios municipales. Consiste en tomar una serie de muestras en los almacenes de' venta con objeto de asegurarse del valor exacto de las subs- tancias vendidas. Así, pues, á falta de signos aparentes de' falsificación, corrupción róalteración latentes, los servicios de extracción constituyen verdaderos apresamientos de ensa- yo, sondeos que dan, si se multiplican, una idea exacta de la importancia del fraude. Sin duda, con frecuencia van los apresadores de muestras pr eferentemenie donde hay algunos. indicios que á su juicio constituyen una presunción del frau- . de, aunque en muchas ocasiones no existe indicio alguno de' , esta naturaleza. Creernos que en materia de inspeoción de car- nes debe ser así, en cierto modo y en ciertas condiciones. Heaquí, por ejemplo, una ciudad grande como París, que desde ha más de 50 a110s'ha admitido, casi libremente, carnes· procedentes de fuera. De pronto ha surgido una campaña de' la prensa que tiene por objeto reglamentar el aprovisiona- miento de la ciudad é imponer, á los introductores.de carnes, condiciones especiales que en resumen son justas, pero que- desde luego tendrán por efecto el determinar trastornos pro- fundos inmediatos en el modo de .aprovisiouar y repercu- é REVISTA VETERINARIA DE ESI'AEIA 2;9 tirán sobre el preci.o de los artículos. ¿ Cuál debe ser la ac- titud del Servicio sanitario, que base la reglamentación pe- dida sobre las reglas higiénicas y las bases económicas que acabamos de citar? Es evidente que debe ejercerse con pru- dencia y energía su obra' de represión intensa sin ocasionar ningún trastorno profundo en el mercado de París, pero con- siguiendo desde luego resultados satisfactorios que permitan mirar en seguida la aplicación de medidas severas, que no deben inquietar ni á la población IÚ al comercio, honrado. He aquí por qué, después de la obra de represión á (fue aludimos y cuyos resultados se consignan en el siguiente cuadro, estimamos que conviene llegar á hacer apresamien- tos de ensayo del mismo modo como se hacen para la tríqui- noscopía, si se quiere tener la seguridad de hallar algunos casos .de fiebre carbuncosa, de mal r ojo, de muerte natural ó sacrificio in extremis, que en la actualidad, y á falta de inspección en el sitio del sacrificio, pueden pasar inadvertí- dos. Esta será tarea fácil del laboratorio que en la actuali- dad .se está construyendo en los mer-cados centrales. Decomisos (1) á causa de enfermedades diferentes en los mercados del Centro de París: 1903 208,096 kg. decomisados de 38.159,378 kg. ósea 0,54 p. 010 (2) 1904 145,651 » » » 38.863,071 » )) 0,36 )) » 1905 108,859 » » )) 41.808,478 » » 0,26 » » 1906 80,038 )) )) )) 44,006,456 )) )J, 0;18 )J » Así qu¡e se han tomado las muestras es cuando precisa poner 'en práctica las técnicas de Íaboratorio. Respecto á lit fiebre carbumcosa (3), una serie de trabajos han demostrado la importancia que debe concederse á los di- ferentes métodos _ele cultivos, aun cuando el examen micros- cópico, previa coloración especial (método ele Gram, procedi- miento de Mac Fadyean), no dé ningún resultado. Cuando 'no existen más que algunas bacterídias, por haber desaparecido la mayor parte de ellas por influjo ele' la putrefacción, es. necesario no cansarse en las investigaciones emprendidas. (1) H. Manel. Relació" de las operaciones del servicio »eterinarto sanitario, 1906, p. 88. (2) El número de procesos verbales motivados por la venta de carne nociva, pasa de 26 en.1903 (de eIJos 12 en noviembre y diciembre, fecha de la reprensión); de106 en 1904,109 en 1905 y 44 en 1906. (3) Respecto á los métodos de jnspección sanitaria, véanse en la p. 109 Y siguientes lo que hemos escrito en 1906 en Los matader'os publico" tomo segundo. REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA Los trabajos publicados por Bongert, Kaeservurm, demues- tran que conviene, sobre todo, recurrtr á los cultivos en me- dios sólidos y especialmente en placas de gelatina (1). Como recordaba G. Guérin (2), cada año el iservicio vete- linaria sanitario de París registra casos en los que es difícil decidirse, sin un análisis profundo (H. Martel) (S). La desapa- rición de l.a forma ba-cilar del B. antracis en las carnes pu- trefactas, pero conservadas sin cuidados especiales durante , alguno", días, como ocurre con ciertas carnes procedentes de la campaña, da cuenta de las dificultades con que podemos trdpezar, si la inoculación al cobayo, mediante escarificacio- nes de la piel, constituye el procedimiento de elección, no por esto deben desecharse los otros, especialmente el método de cultivos ·en placas. . Cuando los productos que hay que inocular son' impuros, pueden tener 1ug.aracciones antagónicas motivadas por mi- crobios vulgares y, por tanto, importa elegir métodos que permitan eyitar sus efectos. J ensen.;{4) recomienda la inmunización pasiva, previa, de los animales de experimentación (ratas ...) contra la acción de las bacterias ovoideas cuando se, investiga la virulencia de productos impuros suspectos de mal rojo. La utilización de los métodos de suero-diagnóstico (muer- mo, carbunco), deben completar también algunos métodos, en virtud del principio según el c'ual' conviene aumentar los medios de análisis, á fin de reunir sobre un mismo objeto el mayor número de probabilidades en resultados positivos. Respecto al muermo, precisa recordar que las inoculacío- nes íntraperitoneales tan preciosas en razón de- la vaginalitis, que ocasionan (signo de Straus) no tienen siempre un valor ab- soluto y que es necesario abstenerse de creer- que la muerte, (1) Demuestran además la utilidad de crear en las grandes ciudades laboratorios dirigi- dos por hombres 'i,ompetentes y, sobre todo, los deberes-que incumben á las direcciones de los servicios sanitarios, verdaderamente celosas de su buen nombre. (2J G. Guérin . T'raaajo del laboratório del servicio sanitario presentado el 30 de abril de 1905 á la Sociedad Central de Med. Veto , (3) H. l\hrtel. Relación acerca de las operaciones del servicio veterinario sanitario en 'g03. (4) Es excepcional observar muertes bruscas. Un cobayo macho inoculado el 11 enero de 1894. á las cinco y media de la tarde, con lesiones de muermo agudo. muere en menos de cuarenta y ocho horas, el13 á las dos y media de la tarde. La vaginalitis existe. La adhe- rencia de las hojas serosas es poco acentuada da. El bazo presenta un semillero de focos pequeños de UQ color gris claro. En casos de muerte prcc z sin vaginalitis, deben hacer- se siembras con el producto del raspado de la vaina vagioal y la pulpa del bazo. En un caso parecido, (muermo agudo del caballo) el bazo nos ha dado unas quince colonias típicas. , REVISTA ·VETERINARIA DE ESPAÑA 221 que acontece al cabo de algunos días, no puede' achacarse al muermo. El signo de Straus puede, por otra parte, no pcesentarse, aun después de la inoculación intraperitoneal de productos muermosos (Panisset), abundantes en estafilococos blancos, (estímulo l eucocitario y fagocitosis intensa de elementos vi- rulentosvausencia de antagonismo bacteriano). Está, pues, in- dicado practicar simultáneamente inoculaciones sub~utáneas y no inyectar en el peritoneo más que pequeñas cantidades (1/2 á 1 cm.s) de productos? separando de este modo la acción tagocítaría intensa de los' otros microbios y del líquido que ha servido para las diluciones (Panisset). Con respecto á los animales sacrificados con urgencia, está indicado no dar la carne al consumo ó no practicar el deco- miso, sino después de haber determinado la inocuidad, ó el / grado de virulencia y toxicidad de los productos. Basenau !ha formulado reglas prácticas en este sentido. Re- comiénda no hacer diagnóstico definitivo hasta 24 horas des- pués del sacrificio, asegurarse en este intermedio de que la evisceración de lbs animales sacrificados 'con urgencia, no se ha hecho tarde y de que la invasió;n"post-mortem de la san- gre por las bacterias de origen digestivo no se haya verifí- cado. Al objeto, aconseja la siembra en estría 'en tubos de ge- latina (1) y la alimentación de ratas con los productos sos- pechosos. La 'carne seda cruda (primer lote de ratas) ó des- pués de cocer-la una hora á 1000 (segundo lote de animales). Si en los medios .sembrados al C~IO de 24 horas de perma- necer en la estufa no se desarrolla ninguna colonia, la carne puede admitirse para la· venta. Si los medios de cultivo dan colonias microbianas, hay que esperar el resultado 'de los 'experimentos hechos en las ratas. Cuando las ratas alimentadas cou Ia carne cruda enferman, la carne puede admitirse en la «Fr-eibank», previa esterili- zación (2). En lo que concierne al tétanos del caballo destinado á la carnicería, conviene admitir como principio la necesidad de (1) Importa no limitar el número de siembras en un ·solo medio de cultIvo. Se 'aconse- ja sembrar numerosos tubos (gelosa, caldo, caldo Martín, caldo glucosado, leche, leche con tintura de tornasol. patata). . (2) Las ratas son animales en extremo sensibles á diferentes intoxicaciones (alimentos muy salados, alimentos ligeramente averiados, substancias sanas en pariencia, tales como el riñón, ... ). 222 REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA la ínspección sanitaria antes del sacrificio; de este modo se aprecia la importancia de los síntomas que todavía podrían existir (tétanos crónico con ó sin curación probable). Si las circunstancias obligaran á examinar los animales que hubie- ran sido sacrificados ó hubieran sucumbido durante la enfer- medad, importa recordar que la temperatura interna puede ascender considerablemente después de la muerte y por lo mismo, 'constituir una presunción en favor de la existencia de una enfermedad microbio-tóxica. I-Ieaquí algunas cifras dadas por Hutyra y Marek (1): Días: 1.° 2.° 3.° 4.° 5.°' 6.° 7.° 8.° 9.° ---- -- ---- ---- Temperaturas: 30°,1 38° 38° 38°,538°,8 39",5- 390 38°,9 38°,9 39° Día 10:- Temperatura 39°,8 (1 tarde), 43° (10 noche, agonía), 45°5(me- dia noche), 42° (5 de la mañana), 40° (8 de la mañana), 35°,9 (3 de la tarde). Las ascensiones de la cur~a son, al parecer, debidas á las contracciones musculares. Igualmente se observan en las in- toxicaciones por la estricnina y después de la muerte por electrocución (electrización de la médula espinal). El mejor ejemplo que ¡pued'edarse de la necesidad de echar mano. sistemáticamente de la toma de muestras para un exa- men microscópico especial, lo tenemos en lo que pasa en Ale- mania y Estados Unidos. La tríquinoscopia es obligatoria en algunos Estados grandes de Alemania. Se aplica en gran es- cala en los Estados Unidos. Puede decirse sin duda, que tal como se practica no puede revelar lodos lo casos de triqui- nosis; ninguno de los métodos es perfecto (2). Pero hay que admirar á los países que no vacilan en asig- nar créditos cada año con destino á la higiene pública, can- tidades que alcanzan cifras de millones, con objeto de ase- gurar la trrquinoscopia. La investigación sistemática de la triquína y de los cisticercus han aportado desde ha 40 años, grandes progresos á la higiene de la alimentación (3). (1) Hutyra y Marek: Spe«. Patholog . lUId Therapie; Jena, 1906, t. 1, p. 414. e) La inspección traquinoscópica alemana dr ja escapar el 33 por 100 de los casos. Des- de 1~81á 1898, según Stiles, de 6,2~9 casos de tr iq uin os is , 2,042 han sido ocasionados por carnes infeccionadas. (Ranson, circular del «Bur eau ofanimal industry de Washington», ,1907. L'hygienede la uian de eidu t ait , lV07). . (3) Ostertag. Zei/{. [úr Fleisch und MilcÚyg., 1904-1905, p. 162. H. Martel, Les p xrasites a'origi-,« allip¡al reneontrés dans les muscles, Relación al Congreso de Higiene Alimenticia, 1906, pág. 23. \ REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA 223 . Con obj eto de facilitar la investigación y disminuir el coste de las operaciones, se han inventado instrumentos que permi- ten operar Con rapidez. Los microscopios de proyección pro- puestos rpor Malzac en 1881 y Boissier (1) de Alais y aplica- ción del procedímiento de grainagé de los gusanos de seda, .iplicado . por Pasteur en las reglones serícolas, es hoy em- .pleado por los alemanes (sistema Zeíss-Kabitz); y funciona en Aix-Ia-Chapelle y en Stettin. La investigación de las triquinas encapsuladas, y en parte calcificadas, ha sido intentada con éxito pür E. Fránkel (2) por medio de la radioscopia. El empleo de los rayos Rónt- gen parece destinado á prestar grandes servicios. Las ten- tativa~ de aplicación hechas por nosotros, después de Chi- cote (3), para investigar las lesiones tuberculosas calcificadas Ó no (en algunos casos) de diferentes lesiones parasitarias Ó microbianas, son para animar (4). Para terminar añadiremos que recientemente, Herman (5) Iia llamado la atención acerca de un procedimiento de colo- ración é investigación del bacilo de la tuberculosis que ha 18 años había (6) preconizado. Concedamos la palabra á Her- man que en substancia dice; «Debe util'izarse nuestro proce- dimiento no solamente para los esputos, sino también para los humores y sobre todo para los tejidos. De este modo el número de tuberculosis llamadas ocultas que no pueden revelarse por inedia de la imoculacion, será mucho menan. (1) H. Bouley decía: «El microscopio de proyección sería muy ventajoso. Con los au-, mentes que se pueden objener sin perjudicar en nada la claridad de la imagen, -se puede emplear un objetivo cuyo lente tiene cerca de un centímetro de diámetro y de este modo se - obtiene al parecer una cantidad mayor de materia, si se compara con la que se ve en los mi,croscopios ordinarios », (2) E. Frünkel. Comunicación á la Sección biológica del Congreso médico de Ham- 'burgo, ~eitsch. jür Fleisch ..".. milchhyg., p. 156. (3) C. Chicote. 9.° Congreso Intern. de higiene y demografía, Madrid, 1898. (4) H. Martel. Acad. de Ciencias de Paris, 10 junio 1907. Sociedad central de Med. Vet. 30 junio y 4 julio 19)7. (5) Hermann. A no¡. d.1 Ínst, Pasteur , 1908, p. 96. (6) . ,. »»»» 1889, p. 150. 22! REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA Lo que de'bemos á la bacteriología POR J. ARDERIUS Veterinario en Figueras II La njación del concepto de la salud y el de la enfermedad Es indudable que, po,r lo que á la medicina humana y veterinaria toca, uno de los primeros beneficios que han sa- cado de la bacteriología ha sido la fijación, en lo que es po- sible, de los límites á que puede llegar el concepto de la salud y del punto inicial de lo que entendemos por enferme- dad. Sabido es que para los deslindes de aquella diferencia- ción, han debido sostenerse hipótesis más menos acepta- ó bles, pero que, corregidas después,han constituido teorías que hoy justifican la necesidad de buscar elementos' de más fuerza para el desenvolvimiento de las doctrinas médicas. Es verdad que reduciéndonos á las estrecheces de un cri- terio científico intransigente, nuestra tarea quedaría termina- da aceptando como buena la definición de la salud y de la enfermedad que mejor se ajustara á los progresos actuales que tan profundamente han modíñoado la esencialidad de la ' medicina; porque al fin y ¡al cabo, como, 1100 hemos llegado al término. de la labor emprendida por lo que á nuestro objeta se refiere, modificable resultará siempre cualquiera que sea .la forma con que se presente esa concepción de la ínteligen- cia humana. Por otra, parte, debemos tener en cuenta que 'por mucho que nos queramos reducir, siempre nos será pre- ciso fundamentar el concepto de la salud y' de la enfermedad en el principio abstracto de la vida, 'y 'si difícil ha sido siem- pre definir ésta particularidad fundamental de los cuerpos organizados, no ha de resultar' menos .costoso marcar los límites de lo que constituye el estado normal de los cuerpos vivos y hasta donde llegan sus probables trastornos. Es por esto que entendemos como absolutamente necesa- , \ rio el conocimiento de aquellas hipótesis, pues ellas nos han conducido á la nueva teoría microbiana como base de los es- tudios médicos. Se ha dicho, y esto debemos recordarlo, qne si se conside- 225 ra la', enfermedad corno una desviación del tipo normal de la vida' ó cómo una rtiodíñcacíón de sus elementos materia- les y su consecuente perturbación funcional, íorzosanrente había de r-elacionarse la