'REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA Vol. IV , Barcelona a Masnou : Abril '1910 N.o 8 ',TRABAJOS ORIGINALES' la sangría ~e loS so1íp~~os y la cánula ~e Di~ekerhoff POR JOSÉ BARCELÓ , ' La sangr-ía pr-econizada-y practicada' desde que la veteri- naria existe hasta nuestros días) á pesar de las diferentes escuelas que en medicina han existido y á pesar de no en- señarla: en alguno' de nuestros centros docentes) se sostiene todavía en la práctica como poderoso recurso terapéutico) del 'cual echamos mano siempre que así conviene para llenar , ' la indicación. , No es nuestro propósito .hablar de la sangría. desde el punto de vista médico-filosófico, sea lo dicho únicamente para demostrar que se sigue practicando por los clínicos veterinarios de todoslos países. Esto, sentado) hablem os de los instrumen tos más á pro- pósito para practicarla) y en particular. del muy sencillo cuyo nombre encabeza' estas lineas. El fleme) antiguo instrumento de sangría de los animales de gran talla) ha' sido) y es hoy día) el más usado de todos los conocidos para practicar la operación. An tes 'de hablar de los que han pretendido sucederle, digamos) en honor á la ver- dad)qLle el fleme) manejado por un clínico experto, es de ruda presentación, si, pero de éxito seguro y desprovisto 'ele' accidentes consecutivos. En suma: el fleme) en la práctica de la sangría) es instrumento de precisión y seguro efecto. De buen efecto es la lanceta cuando se tiene práctica en su manejo) pero esta práctica cuesta más de adquirir que la práctica en el manejo del fleme; otros inconvenientes tiene la lanceta que omitimos en honor á la brevedad, por ser de sobra conocidos. ' " 298 REVISTA V.ETJ;:RINARIA ~E ESPAÑA En el fleme y la lanceta se han introducido modificacio- nes, engorrosas todas, que en nada han mejorado sus con- drciones de aplicación. Son éstas 'el escarificador mecánico. que consiste en un estuche metálico, del que por uno de los bordes sale ó se esconde á voluntad, por medio de un resor- te, una hoja de fleme óde lanceta para practicar sangrías ó escarificaciones á los solípedos y rumiantes; el fleme de muelle, con un bastón especial, que contiene una cánula de Helper ; el fleme de Hoffmann, que consiste en una sola hoja con un limitador trans- ' versal, que se aproxima ó se separa de la punta por medio de un tornillo, según la profundidad que se quie- ra dar -al pinchazo, y se maneja simplemente con la m.i- no sin necesidad de bastón; sigue la lanceta de Braun, la que va in- troducida en un especie de estu- I I che-mango limitador, que lleva I I unas depresiones para que se fijen 1 bien los dedos. Como hemos di- cho anteriormente, todas estas modi ficaciones no han conseguido proporcionar al clínico mayores ventajas que 1.0s primitivos y sen- cillos fleme' y lanceta, no estando exentos de Los inconvenientes im- Ó; ~ putables á los primeros. Dieckerhoff', ,observando las, ventajas. que la sangría, con el trócar ofrecía, inventó la cánula de su nombre cerne puede verse en el presente grabado,que simplifica la opel'a- ción, pues basta clavarla en la vena para que mane de ella un chorro de sangre del .grosor deuna caña de trigo. Troester, a6cionado al uso de 'dicha cánula en su prác- tica profesional y viendo que tenía' alguna dificultad en cla- varla, modificó su punta aplanandola ligeramente en forma ,de una peq ueña lanceta. ' Ambos modelos están en-nuestro poder, y con 10sqoS practicamos la sangría con suma facilidad .:y limpieza. .;. REV'lS'l'A YETERINAfÚA DE ~ESPÁÑA' 29\}' . ;:Respebto á los accidentes 'que puedan sobrevenir del mé-. todo) no podernos relavar ninguno; 'Antes bien) recordamos haber: leído .en una: revista extranjera, los ensayos 'hechos en las venas de.un caballo; qué. se llegaron á pinchar con el trócar y la cánula más de trescientas veces; la autopsia demostró el' más perfecto estado de las paredes' de los vasos) en donde no podía 'distinguirse ni una sola cicatriz) no ha- biendo dismiriuído en nada 'la luz de las' venas. La intro- ducción del aire en las venas y las dificultades de la emi- sión sanguínea) constituyen peligros teóricos despreciables' en la práctica. El equivocar la vena al introducir el trocar o la cánula) es punto menos que imposible por la dirección que.se le imprirrie al clavar'. El clínico francés Fayet dice que hace más de diez años) que para' la sangría de necesi- dad emplea el trocar de Nocard, ligeramente modificado) sin haber tenido ningún accidente consecutivo. . Por otra parte, en estos últimos años las Academias' extranjeras. han tratado esta cuestión detenidamente) dan- do por resultado aconsejar á todos los' veterinarios !31 uso exclusivo .del trocar ó de la cánula para practicar la san- " gría. . La cánula) indudablemente) es un instrumento ventajoso sobre todos los demás' conocidos. Desde que) por primera vez) le vimos emplear á nuestro maestro en cltnica D. An- tonio Darder, hasta la fecha) habré- mas visto hacer y hecho más· deun centenar de sangrías) todas con inme- jorables resultados. Tierie en su favor) G después de lo apuntado, la limpieza con que se opera) sin mancharse si- quiera los dedos con una sola gota -de / \ sangre; cuando se retira deja cerrada la abertura de su paso) no siendo ne- cesaria sutura de ninguna especie; puede llevarse fácil- mente siempre encima y bien guardada, porque va en un estuche á propósito; el efecto que produce á Jos profanos es inmejorable. 0.' ::. • La sangría se' practica en la yugular derecha ; la mano izquierda del operador toma un apoyo firme en el borde su- pel'ior del cuello; los tres primeros dedos de la mano dere- €ha sujetan el instrumento armado con la arandela ódisco 300 HEVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA pOI' la parte superior á punto de clavar, y con la punta diri- gida hacia el operador, los dos últimos dedos contact.an con la piel del cuello; "la vena se sostiene hinchada por un ayu- dante, ó mejor con la cuerda que se usa en la sangría con el fleme. El método de Fayet, que es el que nosotros conocemos y acabamos de relatar, consiste en clavar el instrumento de la cabeza al tronco. Bretón tiene el sistema de hacerlo al revés, o sea de abajo arriba. Este segundo método es más difícil y complicado que el primero. En lo que todos los prácticos que han adoptado el trócar ó la cánula están conformes) es en que la sangría se prac- tica con mayor facilidad y limpieza) estando exenta de todo peligro. ,< Para los que quisieran 1)011er en uso la referida cánula; diremos que se coloca muchísimo mejor si antes se ha pues- to la ouerdecita apretada al cuello) como en la sangría con el fleme; ,pa a mejor y más suavemente si se toca la punta con- vaselina; si no quiere el profesor manchanse de sangre al clavar, debe tapar con la yema del dedo el orificio de alida y no destapar ha ta tenerla clavada. Si se afi- ciona á ella )' quiere otra de menor tamaño para animales más pequeños, puede entonces adquirir la cánula de Cas-. per, que) siendo de un estilo parecido) es bastante más del- , gada. Estas cánulas son fabricada en Alemania por la casa H. Hauptner, de Berlín. ClínicaVetertnaa-ia de la ((Unión Catalana de aguros de ganado» Barcelona 15 abril de 1910. .. HEVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA 301 TRABAJOS REPRODUCIDOS DISCURSO DE RECEPCIÓN DEL ACADÉMICO ELECTO DR. D. AUGUSTO PÍ Y SUÑER EN LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA DE BARCELONA El Problema ,clínico Hace poco m-enos de trece años que mi llorado padre-por boca precisamente de quien ha sido encargado de representaros en este acto, y al cual quiero por aquella antigua y por la pre- sente deuda, ofrecer públicamente mi tributo de gratitud - os habló, ya muy enfermo, de « El Problema actual de la Patología». El discurso inaugural del año 1896, su ultima obra, que había de ser, según sus proyectos, el punto de partida de un tratado de los mecanismos en los grandes procesos generales, un libro como el que han escrito más tarde Chantemesse y Podvyssotzky. La muerte no atiende y mató estas esperanzas, por lo cual yo, que no puedo realizar su proyecto, entre otrasrazones, porqueestá ya realizado, creo prestar tributo á su querida memoria insis- tiendo en la idea matriz de su recordado discurso y conducién- dola como pueda á través de la fluctuación de ideas, desde aque- lla fecha. hasta el actual momento. El trabajo realizado desde entonces ha sido en cantidad enor- me, mas, con todo, no ha aportado apreciables aclaraciones al estudio del q1tantu/JJL de las reacciones org ánicas, Hoy se nota, y va de día en día en aumento, una desonientación gelleral en el campo de Ia medicina. clínica; Las más altas autoridades médi- cas, las que señalan la ruta y son universalmente reconocidas como directoras parecen carecer de aquel-las cualidades que, e- gúu Hipócrates, equiparan el médico á los dioses. La especialización en la ciencia es, por desgracia, una nece- sidad impuesta }'or nuestras limitaciones y hay que preferir indudablemeute hacer UD poco bueno que mucho malo. Pero lamentamos la ausencia de mentalidades de ancho campo visual que estén en condiciones de coordínar y organizar la gran masa de trabajo de detalle. Si Letamendí, con su visión genial, pudo afirmar que «el mé- dico que sólo sabe medicina, ni medicina sabe», iqué diría en el presente ante el espectáculo de la disgregación de la medicina? 302 REVISTA VETERINARIA DE" ES'PAÑA Sin la especialización el progreso seria rmucho mas lento por el menor número de fenómenos estudiados, mas es cierto tam- bién que ella ,expone á' la p.érdidade la ncciórr de objeto del trabajo y lueg-o al aisiamiento de gTUpO~ Ú' investigación que deberían hallarse en constantes relaciones. De la realidad de este divorcio es demosüración el oumplimientojie la necesidad sen- tida, con la instauración de.los Fo?'tbildunj¡sku?'Se alemanes.' , ;Verworn, una de lasf luatracionesque más;esfú~r¿osy ton mayoreficaoia ha realizado para dominar, 'con su aguda mirada, la totalidad del mundo 'de losseresvivós, se lamenta en uno de sus últimos trabajos (Die Fraqe nacñ den f!?'enzen der Erkenntnis) porque en ocasión recie,r¡¡te'",filósofos y médicos no llegaron á en- tenderse, renovando en nuestros días la tradición babilónica (Reunión de la Sociedad de Na:turalistas'jMédicos alemanes, Stuttg art, 190G). y; del mismo modo que.isegún d·emuestta este hecho; 'es tan pronuciada Ta 'separación entre la.Bi:ólogÍ'a 1'!8, 'Ei tosofía, día podría llegar, no lejano, en que tampocorh¡:¡bTaribll el mismo lenguajetnédicos y fisiólogos. .Este resultado sería p~i'~ ticu larm ente dañoso p'ara la medicina. práctica, porque conver- 'tiríase, con-ello, en una especie de ofí cio-rnás, desposeyéndose de su alta jerarquía. Por esta razón, si essiempré intéresaI}~e -ñjar elmornerito 'filosófico d e cualquier ráma del conocirniénfo humano, opino que-en nuestra ciencia.vanté la def~cción de'los' espiritus di rectores," debemos' cada uno preguntar'nos' n'uest:ta situación y fórfnñ lar en n-uestro espirrtuclaramente-elobjeto d'e nuestro trabajo. -v: , :' , • ,; _ :' i .r : .: " ,1 : ' • i" ,>, ", -Bn este estado: de tccnfusión , pennttidrúe-que, deritro'de:fu! peqneñez-yo bien sé cuanta-haya 'escogido 'como:tenÍa:::e;1 'menos indigno de vuestra ilustración, una generalojeada al es- tado' presen te d a iá ciencia biológica 'dentro -d el'cóbücirn iento, 'y .' .. influencia que eí criterio biológíco la. haya de' tener sobre nues- tcápráctica dia~'da!, ante el enfermo. ,Me ocuparé¡ pues, convues- tra venia, de'«El problemaclínico~.' ' ",' j .• j , 1 .; , Los primeros.estudiosde medicina tuvieron finalidad material inmediata. El problema'Iensu enunciado era.simple.á no poder más: tal hombre.está enfermo, sufre ypuede mortr; ~cómo sanarle? > ,:Común la creenciavsn , 'agentes :sobrena,turales que íntervt- Dieran directamente en-r la vida humana: y atribuída.esta vida. misma á un principio inmaterial más menos en :rfll'acióncoÍl" ó los agentes generales, naturalmente la medicina; primHiva;¡fué mística, sacerdotal, 'mágica; se" buscaba: influi¡;j:r¡o sobre el oi:.,- 'ganismo .enfermo, simp.le víctima, sino sobre los pO,dm;es,inma'- . " REVISTA ~ V.ETERINARIA: DE ESPAÑA 303. rientes, dispensadores de la salud ydel padecmriento , Y'esta im- pulsión primera perdura todavía con 'fuertes raíces, .ínñuyendo en 'nuestro siglo. ,. ., " Mas en todo tiempo han. existido espíritus descontentos, gen-: tes espoleadas por la duda, de las que no_ creen si no, ven por sus ojos -los esclavos de la -realidad - coruíen do. en pos del resul- tado práctico, -de Iimitado icampo, pero de visión poderosa. Por la, influencia alternada de unos-y otros, espíritus, de los imagina- tivos y de los realistas, elprogreso científico .ha experimentado en su evolución un vaivéncontinuo, siguieudo uua línea ondu- lada que los siglos no interrumpen. Del conñictode las dos ten- dencias que equilibran el-esfuerzo humano se ha.couseguído el inmenso tesoro del conocilili-ento.· . De ello resultó que ya en tiempos los más primitivos, ·allado de.la medicina sacerdotal, fuérase creando poco á poco otra me- dicina empírica. La necesidad -de curar fué el primordial estí- mulo para el estudio. de la vida, mientras, por otra parte, con finalidad puramente especulativa, los filósofos, a n-astrados por el ansia 'de la, explicación del mundo, se ocupaban al. mismo tiémpoy a su manera' de los problemas biológicos. Todos, em- pero, magos ó sacerdotes, empíricos y:filósofos, coincidían enIa apreciación de un-agente ignoto, supramaterial, causa de la vida. ' -Por la observación, y luego por la interpretación y compara- ción de lo observado, por la determinación de las condiciones de aparición 'de un fenómeno, se consigue la filiación causal del mismo, Y una vez alcanzado tal conocimiento, ya no invocamos, para exphcar el fenómeno, la interverición de agentes superio- res, sino que simplemente atríbuímos tal aparición al hecho de darse las condiciones determinantes. La investigación del mundo serisible - por ser sensible - debe reducirse a la determinación causal, al encadenamiento de fenómenos, obedeciendo á las re- gias lógicas, que son trasunto, á su vez, de los mecanismos psi- cológicos. Mientras un fenómeno es explicable por un estado anterior, queda satisfecha la tendencia natural del espíritu hu- mano, el ansia' de causalidad que atormentara á Fausto; mas cuando tal filiación no es posible, fragua la inteligencia una ex- plicación hipotética, proyectando en ella,lin último término, sus propias cualidades, y creando la atmósfera metafisica de la ciencia correspondiente. Así, fundándose en la espontaneidad y arbitrariedad de las acciones voluntarias, el hombre ha atribuído los fenómenos de la vida, que no ha podido explicarse, á una acción metafísica imagen de su propia acción. De todo esto se deduce que al presentarse a ·Ia observación problema dé tal complejidad como el de la vida - que no podía y no pue~e todavía, explicarse en su totalidad por mecanismoa=-, l. 304 REVisTA VETERINARIA DE ESPAÑA la.solución inmediata había de serIa atribución de la actividad característi.ca de los seres .vivos a un pnincipio agente. El hom- bre siempre ha encontrado al hombre en el Weltan'8c'hauunfj, en la contemplación del mundo exterior j. porque es ley del espíritu humano DO poder salir jamás de sí mismo y aplicar sus cualida- des a la realidad externa. En la infancia del conocimiento fisiológico,ignorados los mecanismos vitales aun los más. groseros, y ante la diferencia evidente entre un ser vivo (los seres vivos entonces conocidos, . los más característicos) y un objeto' inorgánico, contrastando la actividad del. uno con la aparente pasividad del otro, Iógíca- mente debía deduci.rse la existencia en el primero de un espe- cial-princípio animador, por cuya acción aparecieran las actívi- dades vitales. Y si poblaban el universo principios directores todopoderosos, de los cuales dependía la total actividad y eran también aplicadores de sanción moral, i qué de extraño que con- siderada la enfermedad como una desgracia y sospe.chada la relación .entre los diferentes agentes rectores, fuesen, tanto la medicina, sacerdotal como la medicina empírica, un tejido de hipótesis vitalistas que influyeran lo, mismo en laexplícación delproblema de la vida que en-las prácticas curativas? '. La atmósfera metafísica de-Ja biología ha ejercidosiempre gran infl uencia sobre el ejercicio clínico: Toda aplicación prác- tica ha buscado su justificación en el conocimieuto más ó menos· exacto, según los tiempos, de la naturaleza de la' enfermedad y este conocimiento depende del conooirrriento fisiológico.. Si ,se considera la enfermedad como algo inmaterial, como una, enti- .dad ontológ-ica independiente y agregable al íuncionalismo or- gánico, los medios terapéuticos puestos.en acción serán de índole equivalente. La base del estudio del problema clínico .ha de ser, .pues, el de la atmósfera metafísica de la medicina .: I 1 '. " . Campea en todo el pensamiento humano, en lo que se reñere á un princípío.anímadorv-la idea másó menos explícita de algo' inmaterial, un agente productor de movimiento, que se conti'a- pone a la idea de materia.por él )lni·mada: esto es, un motor ex- terno. Este concepto, que ha ido sucesivamente modjficandose, según IGJ" evolución de las ideas, vive todavía en las nociones de materia y energía, de los cuales fácilmente se, descubre la raíz filogenética. Para explicarlo es preciso tener en cuenta que la primera manifestación de actividad que descubre el hombre-e- el niño Y' el primitivo - es el movimiento y que por el movimiento, alJla- recer espontá-neo, d.isting-ue el ser vivo del ser inanimado. Como el- hombre no comprende intuitivamente' que el movimiento REVISTA ,VETERiNARIA DE. ESP.A:ÑA I 305 pueda ser una de, tantas propiedades de la materíar Inherente ·á' su modo de ser, pues que los movimientosporél observados son siempre consiguientes á una causa que l'es trasmite su estado de animación, separa, en los albores 'de su cultura, el -coueepto de cuerpo móvil del de agente imetor ; .ccn.: lo cual no es extraño que, para explicar Ía vida, que es actividad, surja-la idea de una influencia animadora extraorgánica, causa de los fenómenos vi- tales, Hoy todavía espíritus tan sagaces como Streckerafirman- como en un resabio de esas idea ancestrales - que «todo orga- nismo es unaacüÍón, mientras que un objeto físico é-químíco no puede hacermás que entrar en acción» (De» 'Kausdlitatsp?'in- , zip in de?' Biolopie). De este razonamiento deduce Strecker-por la imposibil-idad de que una cosa se anime por sí sola - que debe existir algún principio agente particular á lo vivo. Es probable que el origen psicológico, de la noción dualista, sobre todo en su aplicación á los seres vivos, se encuentre en la contemplación de los efectos motores del viento: el hombre.es fundamentalmente un visual, su fe se funda en la visión, y en, el lenguaje de todos tos países han quedado pliegues que tal de- ' muestran : «yo no veo -tal cosa» es sinónimo de «yo no estoy convencido de tal cosa » -;- y, como, éste, podríanse citar' muchos Qtros ejemplos. Al observar acaso el movimiento de las hojas de los árboles, agitadas por un, agente motor que no 'veía -'que no existía .para el visual, pero que otros sentidos, á los cuáles in- conscientemente no prestaba tanta fe, le demostraban - firme, por otra.parte, enla convicción de que para que una acción se realice es necesario un- agente motor, creó' la noción, que' ha ido evolucionando con los tiempos, de principios no visibles, soplos animadores, flúidos más ó menos materiales, acciones, en una palabra, iguales ó semejantes á la acción del viento,que sosten- drían las actividades vitales. ' En efecto, veníos trasmitirse á lo largo-de toda la historia del ronocimiento fisiológico la idea de soplo', de flúido, de un ¡;neu- ma; en oposición á la idea primitiva de materia, el objeto inmó- vil, pesada, grosera, incapaz de acción, por sí misma. Esta no¿ión va alambicáudcse posteriormente, pierde' sus atributos materiales y, por oposición psicológica, aparece la idea de un puro agente motor y, últirnameute, de una intenciórr como la del acto voluntario (nepvitalismo filosófico). ¡,Siempre el horn- bre mismo en las explicaciones metafísicas! _ Oonsecuencianatunal de este criterio había de ser, seg-ún ya' hemos dicho, que, Sil puesta la existencia de un principio vital- causa general de los fenómenos biológicós y cuyas alteraciones ocasionarían las enfermedades -la medicina práctica dirigiera especialmente sus trabajos á estudiar' el modo como podría in- :f1,aü"sobl:e .el prirrcipio agente, origen del funoionalismo org':).::'; nicoy de sus perturbaciones .. De' esta manera- hemos visto- siempre fuertemente influida lainedicina por las corrientes me- 'tafís1cas'dominantes en·biología.,· . ..:.C; Una rápidaojeada sobre.las teúden cias filosóficas lame~ en di cin a del pasado y en el presente facilitará nUestro'cometido.·_~· ... No conocemos sistematización de la medicina' err-Ia an:ti.g·üé". ciad 'anterior á la' obra de Hipócrates. AntesdeTa civilización griega, en todos los pUB't>'10s de historia-coúocida, filé la'medi- eina priucípsrmente. esotérica, sacerdotal, constituíd a porfórmu-: las mágicas, 'por conjuros, con objeto .de atraer la 'benevoleacia" de Jos' dioses ó d'e influir sobre las fuerzas inmanentes y conse-, guir así la curación de las enfermedades, " A esta labor, 'con fina lidad practica, surnóse la intervención especulativa de los filósofos. Sus ideas biológicas, absolutamente metafísicas, se; résiriti éron del afán de general izar, partiendo de un-a cl'e tos.fen órnenos álas ideas; siuabandoriar, ernperd; ni uú momento la' realidad tie la observacióri. .La-escunla de Oni.tJ(:'j;·ig'nin:aba· err: absoluto la filosofía, con tentá base 'con '-¡:1,i'óbsehéá.d:61l1 (,min uciosa, , 'Púo .toda>escdelá;p.ot, coud'iciórrrde la mentalidad humana, ,haSe deformado' por:l8!a:c'ci ón de: losaños.y ha parado 'en' dogrná- tica. Toda autoridad l'Feg-a á ser ·en :exce. O" respetada y al fin puede más la sugestión de su valor que 'la realidad misma. El '1üpocratismo se hizo también.dog·mátiM, -sus añrmaeíones fue-: ron elevadas á-principios y durante muchos siglos, con la obra ,de Galeno y fundidas más ó-menos estrechamente las dos escue- 'las, llegóse á la-pretensión de conocer por simple rasonamrento +-parüendo de iaautoridad de los principios '-las causas, la na- 'turá1eza y el debido tratamiento de las enfermedades .: Después de Hipócrates,: y ~pesar de su enorme influencia, 'continúa la Medicinasucamino on du+ante.i al igual que ha su- -cedi'do en todas las ciencias. .Aceptada siernpre la acción de un agente vital; hubo diferencias, según las escuelas,en laapre- ciación de.la intervención del 'mismo en las funciones:y, porJo tanto, en los estados morbosos. Mientras los estoicos y los dog- maticos pretendían conocer lainflue'ncia del alma general del mundo sobre su emanación; el-alma humana, la escuela de A1e- jandl'Ía, con Herófilo y Erasistrato, estudiaba la anatomía y la fisiología, al mismo tiempo que los esenios volvían al ocultismo .y la magia, y que los empírícos constituían los basamentos del 'detel'minismo y los eclécticos se-revelaban nuevamente' contra 'el juicio a priori, afirmando' que el conocimiento .se obtiene sola- 30S RE:VISTA VETERI,NAltiA DE ES~A'ÑA mente por la experiencia y el raciocinio debidamente .cornbína- dos-Las escuelas eclécticas, derivadas del excepticismo filosófico de Pirrón, mostraron, ya explícitamente criterio experimental: la inteligencia, apoyándose enel hecho particular, equipara los resultados y deduce las consecuencias por analogía. La observa- , 'ción, la historia del' hecho y el analógismo son el trípode filosó- fico de esta escuela, que supone que la cosa en si no e~ nada" mientras el fenómeno lo es todo, y que el abuso del raciocinio abre la puerta al error. Con Aristóteles "e determina por vez primera el objeto de lit Ciencia. Se crea la Ciencia al afirmar que sólo constituye elob. , jeto de la misma el conjunto de fenómenos sensibles, y que hay que partir de la observación y de la experiencia para Ilegar;a posteriori, al conocimiento de las causas. El problema fisiológico ·10 resue 1ve Aristóteles, como no pued e ser de otro modo en su tiempo, en sentido vitalista, pero nótese que su idea se separa de la idea común: se trata de un principio director que preside las actividades orgánicas - al modo que dirige un piloto su barco - no del obrero de tales actividades, causa inmediata de las mismas. Además, la influencia del principio director, se des- arrolla obedeciendo á un plan determinado, á una causa gene- ral, «,pues que en la naturaleza nada se hace en vano ». .Mas de cuatro siglos después de Aristóteles debía Galeno aplicar sus doctrinas filosóficas y fisiológicas á la medicrna prác- 'tica. La: medicina hipocrática, más ó menos pura, había sido en- señada en Roma por los médicos griegos. Galeno p¡¿do así. apro- , vecharse, después de tanto tiempo, de las conquistas de Hípócra- tes y sus continuadores y, ya en posesión de un método p,dsitivo" constituyó el primer sistema médico científico.. Fué Galena antes que otra cosa, anatómico y flsiól og o : « la cÍínica debe siempre esclarecerse con estudios de anatom:ía y ñsiologfa »0; practicó vivisecciones, estudiando los efectos de la, sección, del nervio recurrente y de la médula, consiguió importantes. cono- cimientos anatomopatológicos y, por la observación 'cuidadosa de los enfermos, llegó á la conclusión de que « la naturaleza re- gula cada cosa para la conservación del animal y ella es la pri- mera que cura ». Fué vitalista al estilo de Aristóteles: « la natu- raleza - equivalente al principio, vital-es una fuerza resident,e en nosotros, que gobierna el cuerpo, con ó sin-nuestra voluntad, y la cual dirige toda una serie de principios subordinados, de índole - en lo profundo del sentir de Galeno - material». La sólida posición de la medicina hipocratico-aristotéliCo-ga- lénica fué abandonándose poco á poco durante la Edad :Medii1. Del mismo modo que el hipocratismo llegó á ser dog'mático- porque siempre ha sido más fácil razonar que observar -la tra- · RBVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA 309 dición galénica, la urdimbre de la medicina por más de doce siglos, ·fué conel tiempo cayendo en expücaéíones-metañsicas Y en razonamientos escolásticos. L0s compiladores de SaJerno, los árabes y judros, las escuelas italianas .y ·18lsescuelas de Montpel- lier y de París; de los sig los XIlI y XIV, parafrasearon á Hipócra- tes y Galeno, siempre 'con criterio frío, con angulosidad sistemá- tica, pretendiendo' esclarecer la verdad por. escarceos lógicos, pues que daban por suficientemente conocidos los hechos una vez conocidas las obras fundamentales. «Cada escuela, dice Claudia Bernard, se ha fundado en la observación de la realidad, pero el razonamiento, rebasando el límite de los hechos conoci- dos, crea un sistema q uecóucluye por derrum barse ante nuevos experimentos ». Y esta fluctuación es común a todas las activi- dades humanas. Como la verdad va conquistándose por 'etapas, se edifica un andamiaje-lógico una vez se ha podido reunir sufi- ciente número de datos; éste es considerado corno expresión acabada de la.rver dad. y termina imponiendo su tiranía, hasta que espíritus independientes que han conseguido nuevos cono- cimientos en su lucha con la realidad, echan de ver la influencia del sisterna,que es destruido. Y luego otro lo substituye, y así sucesivamente. Sólo las relaciones cuantitativas, los hechos cuyas condiciones de prod ucción han sido con toda precisión determinadas, sólo' 10<;fenómenos, cuya aparición se podrá pre- decir siempre que se den las mismas causas; quedan definitiva- mente adquiridas 'para la ciencia, constituyendo el caudal in- apreciab!e del conocimiento humano .. En los tiempos de' renovación intelectual qué precedieron .y fueron causa ·del,R.enacimient~ - aquel movimiento inexplicado todavía, por el cual el horn bre triunfó en todos los órdenes de la vida y e.n el cual las ciencias y las artes experimentaron por un igual impulsos: decisivos -·en el período de .. inquietud mental, madre de la eranroder na, el conocimiento fisiológico no podía quedar estacionario , En la fiebre común-y, según su estructura intelectual, así reaccionaron los' espíritus. Paracelso, soñador, poeta y vagabundo; debía ser determinadamente un decidido vitalista. Los pn éumas de Galeno 'se transforman en' espíritus olímpicos y, como en el hombre, se en.cuentra:n también en otros cuerpos.de la naturaleza. El a1;queo es el agente de vida yel re- gCl..lador· de los fenómenos vi/tales .. El hombre, microcosró os.tse encuentra eri relación de continuidad .co n el macrocrosmos y el astro, principio superior de la j¡e.rarquía ..plurivitalista, en rela- ción conles demás astros:' ebmoconsecuencia. de estas fantásti- cas ideas, ·1!afpra:etj(cial:deJ8i.rr~ed~.c~na adquiere carácter misterioso y vuelve ccil1.. predilecoión á. las. fórmulas mágicas. Paracelso, teórico desenfrenadó ,o no: podía' crear rmás que una terapéu-. 310 REVISTA VETEHINARIA' DE: ES'PAÑA tita metafísica:· «la medicina debía fundarse sobne la obser- vación y la experien ci a sc.mas, al tiempo que predicaba doctrina tan sabia, su espíritu, voluble y. tornadizo, se colocaba en un, punto de vista metafísico y desde allí a priori deducía la totali- dad 'de la ciencia médica y pretendía curar- por medio de una: q'l~intaesehcia, ia cual ejercería su acci:ón sobre los espíritus vita- les alterados y en virtud' de una influencia contraria a tales alte- raciones, . Con Van Helmont y. Stah l se exag-eran todavía las tendencias espir.itualistás : fueron' místicos antes que hombres de ciencia .. Los remedios no: curan ni j-or contrarios ni tJor similares, sino- por un den divino, Los órg-anos son cosa' de relativa importan- da, instrumentos ; .los mueven los arqueos: 'todo'un escalafón dearq ueos, desde el superior, en relación inmediata con el alma" hasta los de orden inferior, blas ó vulcan os. El alma, seg-ún Stahl, es' el motor y director de los 'fenómenos vitales y obra directa- mente sobre el cuerpo. Dentro de todas estas ideas el problema clínico queda desconocido en las alturas de la metafísica, Contemporáneamente á.la reacción espiritualista se produce' un intenso movimiento de investigación anatómica, fisiológica y química. La anatomía patológ-ica y la clínica progresan y 8y- den ham puede ponderal' las excelencias de la práctica médica del buen sentido.r Bacón renieg-a del silog-ismo. y del razona- miento escolástico; que funda el conocimiento sobre principios generales tomados de la tradición ó de una autoridad conven- cional; y Descartes afirma" por primera vez, que si pensamos metafísicamente, la vida, en cambio, es un puro mecanismo. Es tiempo de renovación, se crea el-método experimental tal como hoy se aprovecha, nacido de una época, nnde un cerebro deter- minado. En estos tiempos aparecieron Galileo, 'I'ouri cellí , Pascal; Leibnitz, Newton ..... que no fueron -ciertarnen te discípulos de Bacón (algunos de ellos anteriores al célebre canciller), y los cua les no aprendieron a investig-ar ya deducir conclusiones ex peri- mentales-en el Novurn o1'flanu?n, sino que, por la liberación del pensamiento, pudieron, como tantos .otros, estudiar la produc- . . cióu.del Ienómeno.iobservar la realidad y, elevarse lóg-icamente á las condiciones causales, . Empezó entonces á constituirse. la ñsiologf a.mecámca y quí- m ica,'!a cual, como contrapeso inevitable, dió lugar á las exage- raciones del iatrornecanismo yd el iatroquimrsmo. Pero aun,cc)U . todo esto, no se abandona la idea de la existencia de pl'j,ncipio¡¡ vitales; los espíritus, hasta los .más Independientes aceptan, pO!' insufí ciencia del análisis experimental', la intervención de .un ag-ente motor, más órneuosdesflgurado , origen, primero dejas. acÚvidades,biolúg-icas. .Este agente terna diversos nornbres.vpérc ,REYISTA' VETERINARIA .D.E ESPAÑA 31'1 aparece aun en: el fondo ele las 'ideas de Iosmecanícistas más.de- cididos, tales son: la vis motioa y la vis vitalis de Borelli, los es:" tím ulos de Bellini, el principium ner110?'Umde Boerh aa cerIos espíritus vitales y el'flúído nervioso de Francisco de la Boe Silvío, la entelequia dominante de Hoffrnan , etc. . ~ .: Consecuencia de esta general dominación vitalista.fué la es- cuela de Moutpellier, la IDaS. importante sístematízaeióu de la medicina con finalidad práctica en los siglos XVII y XVIII. Admite esta escuela dos causas inmateriales de los fenómenos de la vida bumana: una superior é inteligente (alma ó sentido íntimo) y otra que dí rige los actos inconscientes de desarrollo y conserva- ción del individuo (fuerza ó principio vital). Estas fuerzas influ- yen directamente sobre los órganos y son independientes de las leyes físicas y químicas. La escuela de Montpellier representa -un retroceso; pOI' el que sE1vuelve á Van Helmont y 8tahl, modi- ficando sólo algún detalle de sus afirmaciones. La practica m é- dica se resiente de la falsa orientación fisiol0gica~ mis coterrá- neos, los médicos ampurdaneses de los siglos XVII y X'VIll fueron .fuertemento influidos p.or Mo ntpell ier yen sus trabajos demues- tran, salvo pocas excepciones, de las cuales fué representación -rnuy valiosa mi antepasado Suñer, la turbación de las ideas fisio- -lógicas y uosológicas. - La favorable influencia de dicha es- -cuela se basa eu-Ia precisión y la exactitud de la observación clínica, mas el problema de la enfermedad es todavía para ella -totalmente dietinto y aparte del problema fisiológ-ico. MOntpellier ha extendido su acción hasta nuestros días-o Los , médicos actuales pueden ser divididos en dos categorías, de filia- ción distinta: los médicos críticos y los médicos sistemáticos. los primeros son los más, afortunadamente; los todavía super- .vivientes entre los segundos forman, en su mayor parte, en la generación que va desapareciendo. Me refiero á los médicos sis- ternátieos de buena fe, no á los quese mueven con miras extra científicas .. De 111 posición filosófica del médico' crítico, del médico cientí- fico, trataremos en seguida. Veamos ahora como se nos ha tras- mitido la tendencia de Mo ntpell ier, la cual, á su vez, recibió la orientación de' las escuelas dogmáticas, a través de 8tahl y de Van Helmont principalmente. . . El animismopuro de Recamier consideró el alma como cama .ún'ica de los fenómenos vitales y las enfermedades como altera- ciones anímicas, por las cuales se 'perdería' el equüibrio; la si- -nergia orgánica. 'Hahi).emann atribuyó tarnbién la enferrriedad al desequilibrio de la fuerza' vital; desequilibrio dinámico,que debía ser corregido por el. dinamismo de', los medicamentos, El sistema homeopácico, fuertemente 'influido por la atmósfera me- 312 .REVISTA VETERINARIA DE ESPA~A tafisica de la época, se funda en la observación sintomática y de los efectos de los remedios; los .cuales no actúan sobre el órgano y la función perturbados, sino sobre la naturaleza medicatriz, .manifestación del principio vital, que se esfuerza en la espontá- nea curación de la enfermedad. Como se ve, la homeopatía, tanto en su base filosófica, como en sus aplicaciones prácticas, no se preocupa de la actividad orgánica y menosprecia ei fenómeno flsiopatológico. A pesar de ello, ha llegado hasta nuestra época y cuenta con. algunos par-tidarios, último legado de las escuelas dogmáticas, II El origen del moderno concepto de función fisiológica se en- cuentra en la noción de las propiedades vitales. Mientras los,' mas en todos los tiempos consideraban la vida como el resultado de la acción de un principio vital sobre los órganos-e- investiga- ran ó no, por otra parte, los mecanismos ñsiológicos-c-otros, con espíritu más agudo, se dieron á estudiar las propiedades que distinguen los seres vivos, la materia viva, de los cuerpos inani- mados. Y, ya en el siglo XVII, Glisson señala como carácter fun- damental de los seres vivos, la irritabilidad, por la cual se nu- tren, sienten y se mueven. Esta idea de la excitabilidad ó irritabilidael- propiedad esen- cial del mundo vivo - manifestación de la vida y causa, á su vez, de fenómenos fisiológicos, fué posteriormente adoptada por .Haller, quien dividió hl excitabilidad en dos modalidades: la propia ele la fibra muscular (irritabilidad propiamente dicha) y .la de la fibra nerviosa (sensibilidad) y por Brown,que uuificé, definitivamente, el criterio .de la excitabilidad (incitabilidad), considerándola como propiedad común y característica de los seres vivos, por la cual se distinguen del mundo inanimado. La vida se sostiene por la incitación, Nuestas ideas de hoy acerca de la acción de los estímulos y de las reacciones de la materia viva en nada difieren de aquellas otras. En el concepto de excitabilidad descentralizó el problema de la vida y su influencia debía sentirse bien pronto en la clínrca.le cual, como dijera Claudio Bernard, fatalmente y al poco tiempo, sig-ue las orientaciones de la fisiología. Cullen, Brown mismo, Rasori y Bro ussais aprovecharon la noción de irritabilidad en medicina práctica, pero todos ellos, aplicando dicha noción pre- cipitada y defectuosamente, c.rearon efímeros sistemas. Es el re- sultado conseguido en todos los' casos en que C01~ pocos hechos fundamentales, por muy ciertos que ellos sean, se ha pí,etendi.dO REVISTA' VETERINARIA UE ESPAÑA" 313 construirtoda una-cíencía práctica: El objeto á' obtener nunca debe ser más amplio que los medios para obtenerlo. El investi- gador no debe considerar la magnitud del andamiaje lógico á llenar, no' debe predeterminar. el volumen ni, la trascendencia que tendrá su obra, sino deducir de, ella simplemente las ense- ñanzas que á la buena le proporcione, , La medicina de Broussais, anatómico y fisiólogo, se resintió de la pretensión de aplicar prematuramente la fisiología á toda la clínica, de pretender adaptar 3. ideas demasiado pronto gene- ralizadas las más distintas enfermedades y los más.variados es- tados morbosos. El análisis clínico fué insuficiente y; por tanto, la terapéutica' equivocada. «Hay, afirma Sydenham, dos clases de gentes que impiden por igual el progreso de la medicina: los que en nada contribuyen á la evolución de la ciencia y adoran con razonamientos y no comprenden que no es posible conocer la naturaleza sino con una muy paciente experiencia y el estu- dio cotidían o», Bichat, sin vanas pretensiones de "sistematizar la medicina, amplió y completó la doctrina de las, propiedades vitales, lle- gando a la noción anatómica y fisiológica del tejido. La vida de los órganos se explica por las propiedades vitales de los tejidos que los constituyen: la sensibilidad' y la contractibilidad -la excitabilidad - son las cualidades fundamentales de la materia viva, Estas propiedades distinguen los seres vivos de los seres inorgánicos. , La noción de las propiedades vitales es todavía en Bichat fuertemente ':jitalista, pues que dicha propiedades, no sólo se disting-uen' de las características de la materia inorgánica, sino que se oponen á ellas, de modo que la vida resulta «el conjunto de propiedades vitales que resisten á las propiedades físicas ». Según Bichat, los tratamientos deben obrar sobre las propieda- des vitales para r,.!3stituirlas á su tipo natural. Esta tendencia terapéutica recuerda las ideas de todos los espiritualistas, pero en la explicaoión de la vida de Bichat no se refiere á una entidad agente, sino á un modo peculiar de .ser la materia viva que la distingue de 'lo inanimado. Este concepto, mas Ó menos trans- formado, es el mismo que informa la actual escuela n eovitalista científica de "que nos ocuparemos en seguida. Sólo la idea de lucha, de oposición entre lo vivo ,y ,la inanimado ha- desapa- recido. El concepto filosófico de Chauffard, el neoanirnismo, tendió el puente desde Bichat á las ideas contemporáneas. El alma, el principio agente no existe como entidad metafísica separada del cuerpo yde los órganos. Se confunde el alma con las propieda- des específicas de la materia, con la actividad del órgano, con la, 314 REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA función .. En el organismo se desar.rolIan fenómenos mecánicos que la vida anima con actividades nuevas, desconocidas en el mundo físico. Nos encontramos -todavía en el dominio de las ideas de Bichat sobre las propiedades vitales y, por otra parte, ya se considera la vida como funcionalismo de la materia viva. Considerada superflua éinverosímil la existencia de un princi- pio vital, antropomórfico en sus acciones y aparte de la materia viva, no va, en efecto, gran distancia entre las ideas! de Chauf- . fard y las hoy corrientes. La diferencia es, en el fondo cuestión de nom bres. Claudio Bernard (verdad es que en cierto rnodo de ideas vitalistas) no se distingue de Chauffard al llegar á las últi- mas explicaciones de los fenómenos vitales, y actualmente - en especial por la mayoría de las escuelas alemanas - sostiénense ideas equivalentes al pretender explicar la intimidad del fenó- meno biológico. El mismo Juan Müller se esforzaba en encontrar ex.plicacio- nes mecánicas de la vida, supuesta siempre la acción de un principio vital característico. Forzan do un poco el concepto, po- dríamos decir que Müller fué el último vitalista. Vitalista enel sentido de aceptaren la función de la materia viva la interven- ción de agentes distintos de los que actúan sobre el mundo inor- gánico. La fuerza vital debía de ser una' fuerza especial, propia de ros seres vivos y diferente de las fuerzas naturales, aun cuando sometida á las, leyes físicas y químicas. Hoy, demostrado que la actividad de la materia viva tiene el mismo origen energético que las demás actividades naturales, el concepto filosófico de la vida, según Müller, pierde su valor, y si admiramos el rigor científico, la conquista de nuevos métodos y la tendencia á uni- ficar el problema de la vida propios del gran fisiólogo alemán, no podemos menos que contradecir su idea de una fuerza vitál es- pecífica. Existen, sí, en lo vivo,' propiedades especiales, nuevas coordinaciones fenomenales, éngranajesde acciones, transfor- maciones materiales y 'energéticas aparte, diferentes cualitativa y cuantitativamente de las que se dan en el mundo inorganico, pero las fuerzas que animan "la materia viva son las mismas fuerzas que mueven una máquina, encienden pn arco v01taico.Ó producen una descomposición química. " ' -' . Lavoisier, demostrando la realidad de la conservación de ma- teria; Mayer, Clausius y Helmoholz, descubriendo la conserva- ción y trasmutabilidad de la energ-ía, y Berthelot, enseñando el origen químico de las acciones vitales, prestaron á la fisiolog"ía bases sólidas en las cuales asentar todo el edificio lógico de dicha ciencia. Deotro lado, el descubrimiento 'de la célula, el estudio detallado y sismático de la anatomía patológica, las investig"a- dones acerca de los agentes infectantes, el análisis químicO, REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA 315 cada día mas minucioso, de la materia viva y una observación clínica exacta y detenida. han construído sobre los conocimientos biológicos generales, sobre el enunciado y la resolución del pro- blema fisiológico, el monumento magnífico de la medicina con- temporánea. . Pero esta medicina no está libre todavía de preocupaciones metafísicas. A pesar de la obra" decisiva de Claudio Bernard=- .. presión la. más completa de la modestia científica - el espíi-itu humano no puede resistir al ansia: de una explicación final y se lanza incorregibJ.einente á las especulacrones sobre de las causas primeras. Por esta razón -:- siendo todos los sabios deterministas en la aplicación de los métodos y en las deducciones de los re- sultados obtenidos - es todavía muy densa la atmósfera metafí- sica de la biología y, por ende, de la medicina. Después de Bernard, el genial planteador del problema fisiológico tal como hoy se concibe y el definidor de.la enfermedad y después de los esfuerzos l~eal.i~ados por las escuelas alemanas, buscando darse cuenta de la posición del problema patológico, y de les cuales trataremos más tarde, se han producido reacciones en diverso sentido dentro.del campo de la biología. Debemos, pues, al es- tudiar el actual momento clínico, indicar, siquiera somera- mente, el estado de la metafísica biológica' y señalar las nuevas tendencias, que pretenden de nuevo explicar el. fenómeno en los seres vivos por la presencia y la actividad de un principio director, de un agente inmaterial que actuaría sobre la materia viviente. Los neovitalistas forman diversas escuelas que suelen ser cla- sificadas en tres grandes grupos: el neovitalismo psícolég+co, el cual, no encontrando reductible á. un fenómeno fisiológico· el misterio de la conciencia humana, intenta resolverlo por el roza- miento especulativo (Bunge (1),' Rindfl.eisch (2), Neumeister (3); el neovitalismo mecanicista científico, derivación directa, según ó veremos, de ·la idea de las propiedades vitales, conservándola todo su sentido vitalista (Bohr (4), Heidenhain (5), Herwig (6), etc.); y el neovitalismo teológico, el mas lozano .. que supone la exis- (1) Lehrbucñ del' physiologische und p athologiscñe Chemie, - 4.' Edic., Leipzig, 1898. Lehrbucn del' Physiologie des Menschen. - 2.· Edic., Leipzig, 1905. (2) Neovitalismus, - LXVII reunión de naturalistas y médicos alemanes en Lu- beck,1895. . . (3) Betrach tungen i¡ber das Wesen der Lebenserscheinungen, - Jena, 1903. (4) In Nagel's Handbuch der Physi%gie des Menschen. - Tomo I. - 1.' mitad, pá- gina 54. - 1905. (5) In Hermann's Han db uch. der Physiologie des Menschen. - Tomo V; pág. 1. -1883. (6) Al/ege",eine Biologie. _ 2.' edición, 1906. Mechanick. 316 . REVISTA ~VETE.EÚÑARIA DE ES~ÁÑA tencia 'de principios especiales, obedientes ti. un 'plan' preestable- cido (Driesch '(1); Reinke (2), Naeg'eli(3), etc.). ,. Dejando: aparte el. neovitalismo 'psicológico, cuyo estudio nos, separaría de .nuestro cometido, hemos de ocupamos-de los otros dos grupos neo vitalistas : el mecanicista y el-teológicovBi primero apenas siconstituye doctrina y," si se' omite el nombre de vitalismo, su concepto, de conducirse la: materia viva de un modo especial - por las especiales propiedades - sera aceptado por, todos los modernos fisiólog·os.Es un vitalismo puramente formal.. No supone la existencia de un principio vital agente, sino el encadenamiento especifico de los mecanismos vitales, por el cual aparecen nuevas propiedades. El estudio de los cambios gaseosos respiratorios, por-parte de Bohr, y de la trasudación de los plasmas á través de las paredes vasculares y' de las 'serosas (Heiudenhain) (4), han probado que no todos los' fenómenos fisio- lóg-icos se desarrollan. estrictamente como en el mundo inorgá- nico, sino que, algo hay en ellos propio de la materiaviviente. Este vitalismo atenuado se limita, como se ve, á atribuir propie- dades especiales a los seres vivos. Pero los 110m bres, los apelativos han ocasionado, no pocas veces, grave dalia al progreso científico. Coneeptos idénticos presentados en diferente forma y con distinta etiqueta.se han combatido, en ocasiones furiosamente; del nombre deriva fácil- niente un concepto secundario que obscurece y deforma la idea principal. Por ejemplo, en el caso presente lo fundamental del neovitalismo científico no se contradice con el mecanicismo, pero las consecuencias, la' aceptación de una, fuerza vital específica (O, Hertwig) que por sus propiedades recuerda la de Müller,.ó de una acción vitalista (G. Wolff) (5) y el hecho de señalar pompo- samente con un nombre .lo que no es más que expresión de la incapacidad de explicar, en el estado actual de la ciencia, los mecanismos de todos los fenómenos vitales, separan a los neovi-, y (1) Die l.ocotisation. morpbog enetisclier Vorgang:e.:....Archiv für Eutwickeluogsmecha- n ick, - Tomo VIII. . St u dien über das Regut aticnuermcgen del' O,·ga?ÚS1ll~ll. - Ibid , Tomos IX, y XL A n al y tische Tlieorie del' org anisctien Eút nrículu ng . - Leipzig, 189,4, . . Die orfranische¡[ Rég ul atinnen , -.r:eipzig; 1903. .' , I Del' Vitalismus alsGesehichte "ná Lehre, - Leípaig, 1905. -Ph.ilosopliie des Org a nischen, - Lcipzig, 1909. ' (2) \ Die WeU ais Th.at . - Berlio, 1899, E.inl~i!ullg·in die th eoretische ~iologie. ~ Bcr Iin , tgQI. . . (3) Mectuinisclt-pliisiotogische Theorie de>' A bs'tam1llullgslehl'e _ Munich y Leip- zig,1884. , .. (f.i versuche 1l1!d F;'~ge :¡Ul' Leh re "on del' Ly'mphbildun~. _ PA'ügers Archiv ~To- mo XLIX; pág. 209, - 1891. . (5) MechalZismus u"d Vitalismus. - Leipzig, 1905. REVISTA', Y;F;TERfN.ARIA. DI)r ~S·PAÑA.' 317 talistascieutíficos.de losunecáuícístas, por más quesus'opiuic- nes pc, sehallen en el'fondo-:¡nuy distantes." . El;neovitalismoteleo;lógico ti1ene más-Imporjancia.dentro de la biolog'ia,y Jla de ser 'de. nrayor ,j:o.fluenci.a,.en'su desarrollo;' Puede decirse que es el yitahs.mó,de los oaturaltstas, de ios que se ocupan vpreferentemente. de Jaa formas, node los fisiólogos. Como dice.Dastre (1), los, fisió)ogos,me'ts afines pOl' su objeto de; estudio y por sus métodos á los ñsicos y á los químicos, son,' en general, mecanicistas.; los naturalistas, atormentados por' la morfogenía, vitalistas, -Y" en efecto, e~ rreovitalismo filosófico ó teleológico ha sido creado.para explicar fenómenos de desarrcllo.. regeneración, producción de formas, La mayor parte de n eovita- . listas-teleológ-icos está constituida por filósofos no bi(>logos,teó- Icg os ynatural istas, especialmente botánicos, i Tanto se echa de ver sobre la orientación mental la influencia de los estudios más. familiares! " . ' . Entre dichos neovítalistas, Driesch afirma que el pecho de que en un mismo sistema equipotencial tome el fenómeno dirección distinta, según las necesidades biológicas, supone la existenoia de una libertad de acción, de, una arbitrariedad, sólo posible por la intervención de .un .princípio superior no mecánico, de una' especial entelequia' del sistema. El ejemplo, entre otros muchos posibles, del tronco de .Ios tubularios y .el del' en.dodermo y ecto- dermo delas gástrulas de losequinodermos ó de algunos tejidos vegetales, que pueden indistintamente, después de la separación de determinadas 'partes, dar lugar á yemas raíces, indica, ó según Driesch , que tales .sisternas - equipotencíales, según él los llama -'- pueden. actuar en direcciones diferentes sin la-inter- vención de una causalidad mecánica conocida. Esta libertad en la acción no se acomodaría á la rig-idez de los-mecanismos fisicos y químioos, con lo cual volveríamos á entronizar la idea del ca- pricho en la naturaleza viva, tan combatido por Claudio Bernard y expulsada definitivamente de la ciencia por el determinismo. Afor~unadamente, entre otros sagaces contradictadores, Rhum- bler (2) ha .podido demostrar qlle los casos de Drieschy otros tantos equivalentes no prueban la intervención de un principio especial, sino sólo nuestro desconocimiento de .los factores que ocasionan que él fenóme~o se produzca una vez en una dirección y otra en dirección distinta, Como ignoramos las condiciones de- terminap.te~ -pues la ciencia' no es completa ni en su totalidad definitiva - nos es .imposihle predecir el resultado, (1) La uieet la mort . - París, 1905. (2) , Piscusipn 'acerca· de Ia ponencia de Driescli en. el V,-' Congreso internacional de ZOologia. - Berlín, 1901. , -. " " , / 318 REVISTA VETERINÁ.RIÁ DE ESPAÑA Reinke, por otra parte, sostiene que, en efecto, nada diferente: de lo .mecáníco se observa en la fenomenología orgánica ; los hechos 'em el mundo vivo pueden ser reducidos á mecanismos físicos y químicos, pero la dirección de los mismos, su congruen- cia á la finalidad parece demostrar que su funcionalismo obedece á un plan preestablecido. Las energías físico-químicas son las únicas que se manifiestan en el ser viviente, pero están dirigi- das «como un ciego por su lazarillo », parece que un doble los acompañe á la manera de su sombra (Dastre). A esta guía de las fuerzas naturales la llama Reinke ladominante~ Tales ideas son reproducción, en lenguaje moderno, de las ideas animistas . de, Chauffard. El contenido metafísico del neovitalismo teleológico es exce- sivo para que pueda ser aceptado ni como hipótesis de trabajo. Según esta doctrina, las fuerzas materiales en los seres, vivos obedecerían á fuerzas espirituales, dominantes, inteligentes, so- brenaturales'. Aparece nuevamente el concepto del capricho de la naturaleza viva, concepto que se basa-únicamente en la inca- pacidad actual de 'explicar ciertos fenómenos biológicos. Mas porque hoy estos fenómenos se produzcan de modo que no poda- mos conocer todavía el detalle de su mecanismo, no estamos au- torizados á deducir' que aparezcan sin sujetarse á relaoiones fenomenales en .su diabien determinables. Lo lógico en esta situación no esriegarja 1'egelméissigkeit del fenómeno, sino de- clarar humildemente que ignoramos sus condiciones datertni- nantes. La hipótesis de Reinke sería' innecesaria si ya no fuese peligrosa por el retroceso que representa y por el ,misterio en que nuevamente envuelve los fenómenos vitales, haciéndolos de ' distinta 'naturaleza y hasta colocándolos en oposición con las, demás actividades naturales. , Además de las indicadas, y en actitud más ó menos declarada, hay que señalar las ideas de otros muchos biólogos" naturalistas y pensadores cercanas al vitalismo. 'Citaremos, en primer tér- mino) a Guillermo Roux (1), quien, por su solo exfuerzo, ha ,. , creado toda una ciencia, la mecánica del' desarrollo, y él cual, siendo, en su) opinión, mecanícista convencido, sospecha que exista una adaptación misteriosa, merañsica, entre el objeto Y la función, una adaptací'ón funcional gue respondería á una ya existente determinación de las 'cosas,' un 'verdadero teologisIllO. Recordaremos luego á Eimsr- (2), con su ley del crecimi'ento 01" (1) Gesanimelte Abhandlungen übe,' Entsuicklungsmech anick derOrg anisnien, _1.eip- zig,1895, ' ' (2) Die Erüsteh.urig del' Arten auf árund vom Vererben eruiozben er Eigenschafte11 nacñ den GesB/{en org anisclten. Wachsens, - Jena, 1888, REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA 319 gánico ordenado, Naegeli (1) y sus causas' de un crecimiento forzado Haake (2) y la idea de una necesidad inmanente de equi- , librio universal, 'Schneider (3) aceptando también en los seres vivos la existencia de una específica fuerza vital teológica, Strec- ker (4) con sus disquisiciones acerca de la vid» acción, la mayor parte de neodarwinístas con la hipótesis del plan de evolución preestablecido, etc. Ocupa una posición intermedia Bütschli (5) con su doctrina del mecanicismo restringido ó interrumpido. «Para hacer el 01'- ganismo concebible inteligible bastará atribuir al mismo las é leyes constitutivas del mundo inorgánico y resolver el modo de existencia de los vivos en el. de los minerales ». La vida se des-' arrolla según las mismas leyes que el mundo inorgánico -leyes universales - pero lo desconocido precisamente es la mecánica, que no nos puede explicar todavía los fenómenos vitales. Este es un, mecanicismo biológico interrumpido por el agnosticismo respecto de las leyes de lo inorgánico. El mecanicismo de Bütschli se interrumpe de nuevo al llegar á las facultades psíquicas, que considera fuera del problema y que tampoco pueden explicar las leyes mecánicas. El mecanicismo de Biitschli es doblemente res- tringido: en lo físico y en lo psíquico, y el autor no se ¡resuelve acerca del problema de fuerzas vitales específicas, Giard (6) es también agnóstico en lo que se refiere á lo teológico, afir- mando que, ni de mucho, es antifinalista. En el estado actual de reacción vitalista, más ó menos intensa, según los autores, yde continuación, frente á este'movimiento metafísico, de monistas materialistas á ,lo Haeckel (7) y á lo Vog't (8) y del gTUpOmucho más numeroso de mecanicistas 6 energetistas, como Houssay (9), Verworn (10), Gleason Spaulding (11), Braeunig (12), Le Dantec (13), Ostwald (14), Dastre (15), etc., ¿ qlié posición deberemos adop- (1) Loc. cit. (2) tiie SchlJpfung des Menschen und seiner Ideale. - Jena, 1895. (3) ,Vitalisn;us. ~ Viena y Léf pz ig , 1903, Einfurung in die Descendent etheorie, - Jena, 1906, (4) De¡' Kausatiuitsprineip in der Biologie. - Leipzig, 1907, (5) Mech.anismus und Vitalismus. - Leipzig, 1903. (6) Le neovit alisme et la fina lité dans le Biologie. - Paris, 19U4. (7) Freie w isseuscnaft únd freie Lehre, - Stuttgart, 1878, (8) Physiologische Briefe, - Tubingen, 1845, _ (9) Nature et sciences natureites, - París, 1903, (10) 11 mode,.no vitalismo, - Trad. ital. .re la Deu.tsche Kiinic , 1901. Allgemeine Phisiotogie, 5,' edición. - Je na, 1909, Die Frag e nach den Gren:¡en del' Erkenrüniss . - Franckfurt, 1908, (11) .The contrar y: arui the contradictor y: in biology, - Thc Mo nist, 1903, (12) Mechanismus und Vitalismus, - Leipzig, 1907. (13) Traitide Biotogie, - 2." edición. - París, 1906. Elemen ts de Philosophie biotogique, -:- París, 19U8. (14) Grundriss der Naturplülosoptue, - Leipzig, 1908, (15) Lec. cit. . 320 tar~ El estudio.ñsiológico, dice Bernard, «debe desterrar, en el mo- 'mento actual de la ciencia la investigación quimérica de la causa primera de la vida, que, corno todas las causas primeras de cual- quier orden que sean, resulta inaccesibleá la inteligencia». «Los sistemas ñsiológicos y patológicos de aplicación terapéutica no están en la naturaleza sino en el espíritu de los /bombres, Todos los sistemas metafísicos que las ciencias han creado en un período embrionario, Iuego que la ciencia se ha constituído son olvidados y desaparecen como medios de trabajo provisionales, que luego resultan inútiles ». El progreso no está en restaurar los antiguos los sistemas y las disputasenconadas de sus partidarios; se liaHa en estudiar ,y llegar á conocer la ley de los fenómenos. Loeb ha dicho espiritualmente: «si habéis renunciado á transformar el cobre en oro, ¿ por qué queréis toda vía convertir la materia Inorgánicaen materia viviente y una especie en otra ?» Seg'ún se ve, ni la biología ni su principal aplicación práctica en la medicina, han podido evitar completamente la ingerencia metafísica en la explicación de los fenómenos fisiológicos, ni, por lo tanto, de sus alteraciones morbosas. La medicina no debe ocuparse de si existe ó no nn principio rector que los hechos no demuestran; las disquisiciones sobre el mismo se encuentran por completo fuera del campo de estudio. Hay que reducirse á bus- car las condiciones determinantes de los fenómenos vitales y, de este modo, ascendiendo poco á poco en el conocimiento, abarcar ca-da vez mayor número de hechos conocidos y relacionarlos según el criterio de causalidad. na explicación metafísica pre- matura es perjudicial, porque, por lo menos, embota el estímulo y, además, porque desvía la dirección de las iri.vestigaciones. Por este motivo, expuesta ya la situación del problema fisiológico ante la meta.física á JcIargo de la evolución del conocimiento biológ.ico y en el actual momento, para, llegar finalmente al es- tudio del problema patológico. en su aplicación práctica - el pro- blema clínico --.; es necesario detenernos 'un instante en analizar ciertos fantasmá metafísicos que se yerguen todavía, resistieúdo á la corriente de ideas de la medicina contemporánea, Son muchos los residuos depositados en n~estra, mentalidad por la influencia de largos siglos de vitali 1110. i1'Bn cierta es la afirmación de Schopenhauer d que la Muerte es el gran reser- vario de la Vida . .Aparte la indicada id a, de lo neovitalistas en las regione de 10 'especulativo, qu dan otros conceptos de influencia indudable sobre el ejercicio clinico, los cuales recuer- dan la, nocién de las propiedade vi ales como modo de ser espe- cial ele los tejidos: una especie deprmcipío animador s¡ti genM'iS, propio de los tejidos, ala-o así" como un arqueo de menor cuantía. 321 Uno de tantos ejemplos lo constituye el llamado todavía, en sen- tido vulgar, flúido nervioso, otro la tonalidad orgánica, conside- rados en abstracto.: Si -rebuscáramos en lo fisiológico y en lo patológico encontraríamos otrQs casos de reminiscencias vitalis- tas, que tienen Ea importancia. terapéutica. Debem os ocupamos, especialmente,-en demostración de la tesis -c-ya que es noción universalmente aceptada .en patología y ya que de ella, trató mi padre en su recordado discurso - de la idea de las defensas or- gánicas . .Este concepto en la forma.hoy corriente es una manifestación de vitalismo. Así como hubo 'un tiempo en que se suponía la existencia de un flúido vital.animador de las funciones y encar- .gado de devolverlasla normalidad una vez hubieran sido altera- das, de una vis medicatri«, causa primordial de la resistencia de los organismos á Iasenfermedades (otro ejemplo más de aquella ley general de la psicolog-ía humana, por la cual donde observa .un hecho, al parecer espontáneo, ha de atribuirlo á la infiuencia de una causa antropomórfica, de un especial principio, un ens actuante, una voluntad), es hoy aceptada, generalmente, la exis- tencia de un algo, por cuya acción se defiende el organismo, Este algo, por lo común, .no se define, mas no por ello la fe, en su realidad, es menos efectiva', Y, en efecto, i los hechos simplemente observados hablan á ,favor de la existencia de una actividad defensíval Por )0 común, toda enfermedad tiende espontáneamente á la curación, Com- probado elhecho y estudiados Jos mecanismos de alguno de los casos particulares, hase; naturalmente, supuesto, aun sin quererlo ni siquiera sospecharlo, la íntervencíón de una especial innomi- nada, íudefínida entidad, reguladora de los resorte" vitales. Se agruparon todaslas reacciones defensivas conocidas, constituyen- do una serie de funciones coordinadas, expresión, en el caso mas atenuado, de una tendencia teológica, cuyo resultado ha de ser la vuelta del organismo enfermo al estado de salud J j Es tan có- modo para el espíritu )lUmano buscar la explicación de unos fenómenos en un agente superior (mas menos definido, según ó los tiempos y sus tendencias filosóficas), que de un golpe satis- faga sus exigencias de casualidad! Jylasno olvidemos que estas explicaciones no ,explican nada j i son simples desviaciones de la iI).teligencia, según la línea de menor esfuerzo! Preguntemos á la mayor parte de los médicos si realmente cree en la existencia de un prineipio vital ordenador, que se en- carg:ue de resistir ante las enfermedades y, sin duda, que la res- puesta será negativa. Pero sí nosotros no presentamos ya la pre- g'unta á luz tan cruda; si, atenuando 'su violencia, tratamos de inquirir los grados de fe en' una natural tendencia finalista, de 322 la que resulte que el organismo es una máquina ordenada con miras á una resistencia, .el resultado de nuestra investigación será positivo y nos convenceremos de que la mayoría de los médicos prácticos y de los patólogos supone en el organismo una espe- cial y preestablecida dirección de las reacciones morbosas, cuyo objeto es retornarlo á la salud una vez que su normalidad sea alterada. Esta impulsión teológica en nada se distinguiría de aquella otra, ya recordada, que dirigiría el crecimiento, según Eimer, y tampoco de la que, en opinión de Pauly (1), fundándose en las conquistas de la escuela de Pa~low, coordinaría las funcío- nes vitales en relación con las exigencias de un principio inma- nente. Y es que la forma' del concepto 'rnetafísico de un principio director ha evolucionado sin tocar apenas el contenido filosófico. Lo que primero fué un soplo, fué más tarde un agente motor inmaterial, luego un principio, en seguida una ordenación y ahora una tendencia. Pero subsiste siempre un quid extramecá- nico, imagen de la conciencia y de la voluntad humana, de ac- tuación más ó menos finalista. Considerando objetivamente el conjunto de. acciones defen- sivas, estudiando .los mecanismos conocidos tal corno se hacía en el discurso de mi padre y procurando llegar á comprender cómo existen las reacciones de defensa, 'se verá prontamente que, por lo común, el problema ha querido ser resuelto invirtiendo los términos: no hemos de preguntarnos si nos defendemos porque vivimos y para vivir, sino si vivimos.porque nos defendernos. Las funciones de defensa son simplemente un resultado de la selección natural .'(Richet) (2); es cierto que las enfermedades curan, en su mayor parte, espontáneamente, i pero reflexione- mos un momento en lo que sucedería en caso contrar.io! Ideas de lucha, tan arraigadas en biología y, por lo tanto, en patología, derivan de la imagen darwiniana del St?:~t!l!llefor lije;· nos representarnos el organismo continuamente acechado por múltiples enemigos 'de los que á duras penas se defiende. Pero tal lucha no existe, porque es la lucha, con vencedor y vencido y con miras á un objeto, una de tantas ideas imagen de la actua- ción humana:Entre los vivos subsiste el más apto; esto es, aquel para el cual el medio es más- apropiado ó que puede lenta ó rápi- damente adaptarse á las condiciones ambientes. '. Así como en nuestros días se ha podido observar que lugares abiótos abierticos, en un momento dado, á la vida por diversas circunstancias - generalmente industriales - se pueblan, en (1) Die Anwen d u ng des ZlIJeckbegriffs and die o rg a n ischen Kiirper-Zeitsch t tür den Ausbau del' Ent nsicketungsleñr e, - Tomo 1, pág. ~6.-190i. (2) l/ unct ions de defense, Plzysiologie: t ro uau x de laboratoi,'e.':"'Tomo 111, pág. 458. París, t895. . . REVISTA .vETERINARIA DE ESPAÑA 323 poco tiempo, de seres vivos, derivados de algunas de las especies que hasta dichos lugares han podido llegar y que son más me- ó nos,transformadas para adaptarse á las .nuevas condieíones de vida, mientras que otras especies de territorios vecinos, para las cuales el nuevo medio es desfavorable, no pueden subsistir en el mismo, y del mismo modo q ue cada terreno abandonado á sí mismo se cubre de especial vegetación, no siempre idéntica á la de tierras vecinas ó del mismo clima, y que en un caldo de cul- tivo infectado aparecen unas especies microbianas y otras en otro caldo distinto, de diferente composición, sometido á tempe- ratura diferente, etc., existen las especies actualmente vivientes porque encuentran condiciones de vida' adecuadas.' Modifique- mos las condiciones físicas y químicas de la Tierra y de la vida, si es que la vida es posible, cambiará totalmente. De la misma manera que las condiciones externas - y el pro- blema es, en el fondo, el mismo - influyen las condiciones in- ternas, que hacen posible ó imposible la adaptación á las prime- ras. De 'estas condiciones, las más importantes son el poder de resistir á los estados, ad versos - estados de enfermedad por in- fluencias desfavorables del medio - y la capacidad reproductora. Estas dos circunstancias deciden el porvenir de las especies. De lo cual resulta que una variación enlas propiedades fisiológicas que haga una especie -:- y por ende al hombre ~ menos resis- tente, ó á una disminución de la proliflcidad de la misma, podrán determinar, si son suficientemente intensas, la desaparición de la especie. No busquemos funciones de defensa intencionales, sino afirmemos que Iasespecies existen porque tienen un espe- cial fisiologismo que las hace resistentes ante determinadas ac- ciones que las hace adaptables. El simple hecho de la existencia de una especie implica la aptitud, la posibilidad de conservación dentro de las actuales condiciones de vida - y una de tales con- diciones es la enfermedad - y hace innecesaria la hipótesis de un principio defensor ó de una coordinación funcional con objeto determiúado. El origen de la noción de las funciones defensivas, constitu- yendo un conjunto cóordínado y teleológico, se encuentra en un doble error qué se ha perpetuado en toda la historia de la cien- cia. .En primer término, atribuir á las reacciones orgánicas los caracteres de las reacciones conscientes, voluntarias, por la indi- cada innata propensión del espíritu humano á exteriorizar, á ob- jetivar sus, propias cualidades; luego, á considerar al hombre como el centro del universo. ' Creyendo que el hombre debe existir, es consecuencia lógica que - pues vive resistiendo á toda clase de enfermedades - su- poner que exista también un principio director, más ó menos ,1 324 REVISTA VETERINARIA' DE ES'PAÑA, vergonzante, que combine y organice los medíos de defensa, Mas considerada la cuestión por fuera del interés humano, se co.mprende toda la inanidad de esta última inconsciente pero tan extendida manifestación del vitalismo. Nosotros, en el concepto general del mundo, por encima y aparte de la ciencia experimental, no somos finalistas ni antifi- nalistas, es un mundo ultranatural , al que no llegan. 1GBencade- namientos lógicos ; pero en ·10 objetivo, en lo, que ya desde Aristóteles se dijo, es únicamente objeto de la ciencia, una expli- cación de conveniencia, por la adecuación á una causa) nos pa- recerá siempre; como antes hemos dicho, una explicación que .nada explica, un juicio invertido, III Los sistemas médicos, fundados en un concepto metafísico del la vida, han causado, en todo tiempo, daño no escaso á la medi- cina clínica. Se polarizan las ideas en una sola dirección, y. el hombre, ínñuídoeutoucea por el apriorismo, en lugar de razonar friamente sobre los hechos, parte del principio de autoridad, pre- teude adaptar los hechos al razonamiento y deforma inconscien- temente su visión de lo reaL Así se han dado tantas exageraciones terapéuticas en todos los tiempos.y así son posibles todavía sistemas médicos, cuando para el médico crítico, que viene en. la realidad, en la desapasio- nada obs.ervación empírica y eu el experimento, h1111- muerto y no volverán. Admitida de modo más ó menos concreto la exis7 tencia deuna entidad directora á cuyo arbitrio estén sujetas las activjdaclesbioJógicas - ya una,fuerza vital, ya .un principio coordinador cualquiera; de cuya influencia dependa la normali-. dad funcional - la consecuencia natural sera influir subre esa, fuerza maravillosa, con cuya colaboración devolveremos la salud al organismo enfermo. Hoy no se sostienen estas ideas en forma descarnada, como en el sistema de $tahl, por ejemplo, ó en el de la escuela de Muntpelli er ó en el h.ahnemannismo puro, mas, como comprobé- , ción de la natural tendencia á las explicaciones ultI'anaturales, quedan Orientaciones terapéuticas que responden ~ la antigua idea. No otra cosa 8S el concepto terapéutico, vago y abstracto tan repetido y consecuencia de .la noción analizada en el ante- ríor capituló, de conseguir el reforzamiento de las resistencias orgánicas, y aquel otro de estimular .por diversos medios 'el tono general de-las actividades vitales. El éxito, por ejemplo, de la doctrina de Ehrlich en la explicación de los fenómenos de inmu- nidad -estriba en. ser una sistematización, por la cual se pretende : REVisTA, VETERINARIA' DE' ESPAÑA explicar, una seeíe de fenómenos que de otro m oda nos a-parecen inconexos, dado el estado presente de los conocimientos de in-. munidad, - .,' , ' Indudablemente, estos -ej emplus res ultan m u.y palió os- como lo resultarían del mismo modo cuantos pudiéramos invocar en apoyo de nuestra tesis -'- al compararlos' con la influencia en otros tiempos delos sistemas sobre la medicina práctica. No ha sido en balde el enorme progreso de la biología.' Pero si la misma biología especulativa no ha podido despren- derse del todo. de lo que Verworn ha llamado mecanismos psico- lóg-icos' ancestrales, ¿ qué extraño que la medicina clínica, en relación más inmediata con la vida de todos los días, que ha de sufri-r más directamente la influencia del pensamiento vulgar, siempre con' gran retraso respecto del pensamiento científico, continúe todavía prácticamente 'influída por explicaciones extra- naturales '? Importa, por lo tanto, en todo mamen to, puntualizar exacta- mente el problema fundamental en el ejercicio clínico. La medi- cina es 'la aplicación de los conocimientos biológicos con el objeto de curar las enfermedades. Pues que la enfermedad resulta de una alteración del ñsiologísmo normal , precisa estudiar este normalfuncionalismo para luego <;:onocer sus posibles alteracio- nes. El problema patológico e5, pues, en último término, el pro- blema fisiológico más Ia-lnvestigaeión de los mecanismos patoló- gicos y del quantum de perturbaeión • . El problema de la enfermedad ha sido cuestión de todas las, épocas; siempre ha yreocupado intensamente al hombre la na- turaleza de aquel estado, que le coloca en inferioridadfuncío- nal; que le ocasiona sufrimientos y que amenaza su existencia. De todo lo que llevamos expuesto se deduce.que las primitivas ideas acerca de la enfermedad habían de serpuramente cntoló- gicas, Se consideraba la enfermedad como una entidad pertur- badora, Ideas suficientes acerca del problema patológicono se tuvieron ni pudieron tenerse hasta que se hubo planteado el pro- blema ñsiológico. . . La escuela ñslológica de Berlín', 'con Müller á su cabeza y Virch ow y Cohnheím. más tarde, unificaron el problema ñsioló- gi'co y el patológico, .demostran do. por ,una labor inmensa que, según palabras de mi padre, «lo morboso deja de ser un estado, dinámico opuesto al. estado sano ,y contrario á las leyes que n or- ' malmente rigl?n. el organismo, resultar.do sólo un modo de ser de la ,Individualidad viviente que se diferencia por una diferente intensidad fenomenal del tipo de regularidad que constituye el estado sapo:"1as leyes que, gobiernan la organización viva son inmutables; lo que varíason las condiciones de los fenómenos' 326 REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA que de las mismas dependen: normales en el estado de salud anormales en el-de la enfermedad ». Hoy, todavía patólogos distinguidos, discuten la naturaleza de la enfermedad, pero sin apartarse del concepto por todos ad- mitido; esto es, de que consiste todo el proceso ó el estado morboso en simples alteraciones, más 6 menos intensas, de la normalidad funcional. «Con la instauracjón del método experi- mental 'en patología acabaron los dualismos entre ésta y la fisio- logía ». En efecto, todos los que en los últimos tiempos han trata- do del problema de la enfermedad, Bouchard (1), Letamendí (2), Gimeno (3),9-arcía Solá (4), J. Pi Y Suñer (5), Roger (6), Chante- messe (7), Corral y Maestro (8), Lubarsch (9), Albrecht (lO), Ebs- teín (11), Marchaud (12), Adami (13), Hansernann (14), Rib- bert (15), Schwalbe (16), Aschoff (17), etc., etc." han resuelto, desde distintos puntos de vista, que no podemos desarrollar por no extender en demasía este discurso, la cuestión de la esencia de la enfermedad, pero han dado ya como cosa fundamental. indiscutida, que las funciones en lo patológico no son otra cosa que perturbaciones cuantitativas, en mas 6 en menos; de las funciones normales. Reconocido por todos que la enfermedad de por sí nada agrega de peculiar al organismo, sino que se reduce á una alteración cuantitativa de alguno de los mecanismos biológicos, nutritivos D funcionales - se trate .siempre, como quiere Ribbert, de una hipostenia funcional ó, como acepta la mayor parte de patólogos, , unas veces de una depresión del tono fisiológico y otras d e una sobreactividad ---..:, cuál será nuestra ¿ conducta delante del en- fermó'? ¿, Cómo resolver 10s problemas que su observación nos presente '? (1) Ther apeutique des maladies inf ectieuses, -'Paris, 1889. (2) Patología general. - Madrid, 1883. (3) Patologia general. - Valencia, 1886. (1.) Patotogia general. - 2." edición, - Madrid, 1893. , (5) El problema actual de la Patologia. - Barcelona"lg97, (6) Bouchárd. - Patolog ie géne,·ale. - Tomo 1. - París, 1893, (7) Pathologie générale et expérimenrale, - París, 1901. (8) Etementos de Patologia general. - Va,lIadolid, 190'4. (9) Die allegemeine Pathologie, ~ Leipzig, 1905: (10) -Kranhneit,'-« Zeitschrif t fúr Paüiotogie, - Tomo J, 1997. (11) Zu,' Gescñiclite del' Entsuicklung' des Krankheitsbegriffes, _ Scientia, 1908. (12) Krehl y Marschand. - Handbucti del' allgemeine Pathologie. - Tomo 1. - A/lge- meine A ctiologie, 1908. , (13) Principies oj Pathology. - Tomo 1. - Filadelfia, 1908. (14) Deseenaene urui Pathologie. - Berlín, 1909. (15) Lehrbucn der at tg emeine- Pathologie und der pathologikche .!natontie, - 3.' cdi- ció n, - 1908. Das Wesen derKrankheit . - Berna. 1909. (16) Ueber densñegriff de¡" Krankheit, - Zeitsch1"ift.jü.r Pathotogie. -'Tomo I1I.-1909, (17) Ueb." den Krankñeitsbegrrff "nd uer urandte 8'egriffe, - Deutsche medisinischs Wochenschrijt, n .? 33, - 1909. REVISTA VETERINARIA DE E;SPA~A 327 Este enfermo nos revelará sus síntomas, pues que es síntoma la manifestación perceptible de las alteraciones patológicas. Pero por debajo de estos síntomas, muchas de tales alteraciones nos pasarán y pasarán al enfermo inadvertidas:' motivo por el cual' 'buen número de enf~rmedades no es diagnosticado en los pri- meros tiempos y no son infrecuentes, los casos en que llega la muerte sin que previamente se acusara mal alguno. . Tal ausencia de manifestaciones no quiere decir que el mal no exista, sino que las lesiones materiales y las alteraciones del funcionalismo se desarrollaron tan sordamente, que no llegaron á manifestarse en forma sintomática. Por esto nosotros defin i- mas la enfermedad diciendo que es aqueI1a alteración del fisio- lcgísmo que causa sufrimientos, inhabilita funcionalmente un territorio orgánico constituye ó una amenaza para la vida. Es tan falso considerar la enfermedad comp un especial ente ontológico, corno atribuirla por completo, siguiendo opinión ge- neral, a las reacciones del organismo. En una enfermedad 'infec- ciosa, CMo ~l más evidente de acción' agresiva y de reacción orgánica, elenfermo no es invadido sin resistencia por la bac- teria infectante, y la mayor parte de síntomas depende de las manifestaciones reaccíonáles ; pero hay otros casos en que la reacción es nula ó casi nula, y entonces los síntomas son por defecto funcional, por las alteraciones que al ñsíotogismo local y al estado general ocasiona la actuación insuficiente del órgano enfermo, Entre los dos extremos se extiende toda una gradua- ción y son posibles múltiples combinaciones de síntomas reac- cicnales y síntomas por, defecto funcionaL A lo indicado se podría objetar acudiendo á la sútil distinción de Wírchow.vecordada recientemente por As eh off', entre el pro- ceso y el estado morboso, reservando únicamente para el pri- mero el nombre de enfermedad; pero como el concepto vulgar, que en el caso' presente constituye autoridad (Laveran y Teissier), no disting'ué de estados morbosos pasivos y activos, y como, en relación con dicho concepto, podríamos citar gran número de fenómenos fisiopatológicos no r eaccí ona.Ies, que son general- mente considerados como síntomas, y el conjunto de estos sín- tomas como enfermedades. riosotros llamaremos enfermedad a todo:estado de anorma;id~d funcional, con lesi6n 6' sin lesión conocida, que dé lugar á los indicados estados de inferioridad fisiológica . . Ante la enfermedad, ante los síntomas, ¿, qué debe hacer el .clínico e El estado es de pOl' sí desagradable y en no pocas oca- siones amenaza al enfermo. Como el síntoma no aparece arbitra- riamente, sino queobedece á un mecanismo fisiológico causal, el médico práctico debe, ante todo, inquirir el origen, la etiología REVISTA VÉTEIÜNARIA bE ESPAÑA' de la enfermedad, la patogenia del síntoma, lafunción prímiti- vamen teperturbada y procurar restituirla a su grado de norma- lidad. 'El prim erdeber del médico es el conocimiento de los me-- canísmos fisiológicos y sus posibles alteraciones. , ¿ Pero la clínica ha de ser una sierva humilde de la fisiología? Si entendemos exclusivamente por fisiología la de laboratorio y de experimentos en los animales, y se reduce la clínica á la ob- servación rutinaria de enfermos con aplicación simple inme- é diata del remedio al síntoma, nunca resolveremos prácticamente la cuestíón presentada, y de este modo no construiremos jamás una medicina científica. Mas, en cambio, con una observación 'clínica consciente, aquella que se eleva del 'síntoma al trastorno fu-ncional patogeuético, se crea ñsíclogía; porque del estudio del -funcionalismo perturbado 'se pueden deducir importantísimas enseñanzas respecto de las funciones en estado normal. La ob- servación clínica es un método de investigación que complete y se completa con el experimento en el laboratorio. Yo de mí sé . decir, dentro de la extrema humildad de mis trabajos, que mi' doctrina - afortunada ciertamente por la aceptación q ue ha encontrado - de la antitoxia renal, germinó ante et enfermo;' tiene filiación clínica, y sólo en busca' de la confirmación halló hospitalidad en el laboratorio. ' La naturaleza enferma ha 'de ser interrogada por el clínico en la, misma disposición de espíritu y con igual preparación 'que el experimentador' practica vivisecciones. Ya' Claudia -Bernard afirmara que el médico experimentador es el 'médico del porve- nir; aquel médico q ue-se .esfuerza por salir de la práctica ~mpí- rica y por llegar al segundo grado de la medicina experimental, el conocimiento de los mecanismos. En estas circunstancias rea- lizará una buena, observación, «su diagnóstico será seguro y su pronóstico exacto, su conducta no se ajustará á ning-ún sistema y se distí ng-uirá de los médicos dogmáticos en que, en lugar ~e reducirse ála clasificación de las enfermedades y á la cornproba- ción de los efectos de los remedios, penetrará, con la ayuda de, la experimentación, en la explicación de los fenómenos vitales». «La clínica debe constituir, necesariamente, la base de la medi- cina: plantea el problema, y la ñsiotogja explica luego los fenó- menos observados». (1): , \ Tan' funesto para la- clínicaresulta el ejercicio ,por rutina, la práctica que ya en otra ocasión llamamos de formulario, como la inoportuna- aplicación de ideas' fisiológicas ínsúficientes, que no coordinen con la realidad del hecho clínico. La prematm·a. influencia ele unos pocos conceptos de físiclogía expedmental , '.1 .. 1 (1) Iritroduction á l'étúde de la Médecine expérinientale, - París, 1865, REVÍSÚ VETERINARiA: 'DÉ ESPAÑA sobre toda la complejidad de lbs problemas de la clínica expone á.tremendoeerrores ; los mismos que resultaban de' aquella des- crita ansia de generalización, origen de los sistemas médicos, Se necesita un ponderado equilibrio y UI! sano juicio crítico para , I , desentrañar todo el valor de lo que nos dice la observación clí- nica. No limitara el médico su área de visión ni sera tampoco un razonador teorizante. Sydenham escribía que la primera cuali- dad del médico ha de ser el sentido común. Evite convertirse en el artesano que aplica ciegamente tal remedio a tal enfermedad, é igualmente en el teórico que, partiendo de UD síntoma, levanta toda una construcción de hipótesis patogenéticas, y terapéuticas para llegar á un cuadro clínico fantástico que no corresponda al caso. El médico 'de hoy estará á la altura de su cometido sólo cuando, sabiendo observar, conociendo perfectamente la explo- ración, pueda Ilegal' á comprender él estado de alteración mor- bosa, la causa de la enfermedad - cuando' sea determinable - y aplicar los medios terapéuticos apropiados. El problema clínico, como se vé, no es, pues, el problema pa- tológico, aun 'cuando este último constituya la base del primero. La patología debe ser constituída experimentalmente como la fisiología, de la que es modalidad. No' podemos predecir en que tiempo sera resuelto el problema patológico, ya que queda toda- vía muchísimo desconocido en fisiología; 'de modo que larguísi- mos siglos pasarán, sin duda, antes, que se cumpla la esperanza de Letamendi' de poder terminar con ecua:ciones los fenómenos vitales normales y patológicos. i Tal es la complejidad de la vida y tan difícil~l conocimiento de todas las condiciones físicas, químicas ó físicoquímicas de un fenómeno biológico ! Pero la' aplicación clínica es urgente, es de todoslos d ías ; se trata de resolver un problema material, la curaci6n de un pade- cimiento, y es necesario, ante las exigenoíaa- de la realidad, acu- dir á una solución pragmática. Si el estado actual del conoci- miento fisiológico consiente la aplicación al caso particular de los hechos conocidos, en buena hora ; 'pero' si ';el estado de la' ciencia patológica no aporta todavía esclarecimientos suficientes que permitan una conducta lógica, partiendo del mecanismo pa- togén:lco, es necesar:io 'acudir áuna.solución • . '. • provisional :'ia 'ób- .-" r' servaci6n hipocrática. .' . ' El problema patológico va poco.á pecoo-esolviéndose ; su ob- jeto ha de conseg-uirse por vía experimental j etÍ su ho~'a se- llegará al resultado. El problema clínico' ::;e,plantea á cada mo- mento, particularizado con aspectos diversos, con finalidad prac- tica iume'díata. Estaresolución debe ser científica en cuanto se pueda ; razonada siempre, fundada enTos resultadospráctícos obtenidos aunqu~ no se expliquen. En la solución del problema 330 . REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA clínico aplicamos el criterio de utilidad al conocimiento bioló- gico; no se desentiende de la organización teórica, pero su prin- cipal objetivo será el beneficio de la acción. La clínica exige una gran flexibitidad en la aplicación de los conoéimientos fisiológicos y momentos de intuición para, en las exigencias urgentes, suplir con la 'experiencia empírica lo que la ciencia experimental no nos haya dicho todavía. Este es el motivo del éxito en todas las épocas del genio clínico, no otra cosa que el hombre de sentido común, de juicio rápido y certero, de espíritu sintetizador y al mismo tiempo practico, que observa acertadamente y descubre relaciones fenomenales por otros in-- advertidas'. . y he aquí como una vez mas coincide. la noción vulgar - por tantos siglos elaborada - con la que procede del estudio analí- tico de los factores que constituyen la medicina contemporánea. Es que, á pesar de las diferencias de dirección y de modo de actuar, los mecanismos mentales del hombre son siempre los mismos y aun por caminos distintos se llega, en último término, después de mas ómenos prolongada divagación, al mismo re- sultado. Y hoy ~ aparte 1;1,enorme diferencia en cantidad de hechos conocidos - en el eoncepto general de la medicina, esta- mos donde llegó Hip6crates; porque Hip6crates planteó ya de modo definitivo «el Problema clínico» y nos enseñó la manera de resolverlo : la. apreciación humilde y desapasionada de la rea- lidad morbosa y 'la congruente aplicación del caudal de conoci- mientos biológicos en cada época adquirido. . HE TERMINAr¡O TRABAJOS EXTRACTADOS TERAPÉUTICA QUIRÚRGICA DUPUIS y V ANDEN. Método práctico para prolon- gar la anestesia local. - La mezcla cocaína-adrenalina preconizada por Foisy, es de uso corriente en los hospitales franceses . . La adrenalina retarda la absorción de la cocaína y pro- longa su acción anestésica. . . Mientras que la solución de cocaína da á los quince !l11- nutos de inyectada una anestesia de veinte i cuarenta mrnu- tos, la mezcla. cocaína-adrenalina da, después de quin~e minutosya mentados, una anestesia de dos horas y medIa á tres. REVISTA VETERI'N'ARI'A DE ESPAÑA 33r Se preconiza la siguiente solución: Clorhidrato de cocaína, , . • 25 á 30 centigramos Clorhidrato de adrenalina,.. V gotas,', . Agua destilada. " .. . . .. lO CG, por la anestesia del pie se inyecta la mitad de esta solución á 10 largo de cada nervio plantar. Puede subtituirse la cocaína por la stovaína en razón de su menor toxicidad, pero si se ha de em plear sola) su acción es más corta. Con la mezcla stovaína-adrenalina, se obtiene los mismos efectos que con la mezcla cocaína-adrenalina. La alipina y la novococaína proporcionan análogas ven- tajas que la .stovaína, - J. B. - (Annales ele tnédecine oéte- rinaire, mayo de 1907) páginas 271-276. GALBUSERA. Las fracturas de los miembros en, los bóvidos.- La curación de las fracturas en los miembros de los animales de la especie bovina) se opera con mucha mayor faeilidad que generalmeute se cree. No es indispen- sable recurrir á un- aparato de suspensión complicado) es suficiente improvisar un sistema de sostén que, impida el acostarse al animal) permitiéndole el apoyo sobre los miera- bros sanos. El miembro enfermo, sobre el cual se aplica una cura adecuada) instintivamente se sustrae del apoyo. En Cerdaña, son siempre tratadas las fracturas de los rumiantes, á no ser que se trate de una fractur-a complicada. Esto es debido á que los animales) generalmente hablando) no están en condiciones 'de aprovechar para la carnicería; para ello es preciso que los engorden antes de matarlos. El enfermo no se mueve de la plaza durante cincuenta días. Al cabo de este tiempo), si la curación es completa) puede el animal volver á trabajar ó de lo, contrario se apro- vecha perfectamente para la carnicería. En pocos meses el autor ha visto más de veinte casos de curación de fracturas de los miembros. En un caso de frac- tura del húmero no pudo obtenerse la curación pero elani- mal había engordado y fue vendido por carné á un precio remunerador. La curación se ha conseguido en las fracturas' del radio :( del metatarso. En un bóvido de 3 años) afectado de una tl'actura del metacarpo, la soldadura de las superficies de los huesos se efectuó de una manera irregular, pero el ani- mal pudo ser utilizado todavía. El autor recuerda igual- mente un caso de fractura completa del tibia) en un toro de 3 años) cu~'a curación fué obtenida en sesenta días, - J, B. (La Clínica veterinaria, 17 de abril de 1909) p. 241). 332 INSPEC:CIÓN' DE~'ALiMENTÓS, '" BOUGE~T:, Lók bacilosdé ra;tubercri10~i~ en la san- gre, en los músculos y ganglios linfáticos de los ani- males de .matadero en relación con la inspección de carrres.i-» Este terna, de-especial importancia práctica) 'que implica una cuestión siempre de actualidad) 'fuétratado po-r el autor en una conferencia que dió en. la Sociedad Veteri- naria ;d:e Berhn. He aquí la cuestión: ¿, Hasta qué límites debe considerarse nociva la' carne de -animales tuberculosos! Mientras-á juicio de Gerlach -era la caseificación de JOB-gan- glios 'linfáticos comprendidos en el ambiente del órgano en- ferrrroj-para Johne la norma que. se debía: tener presente era la generalización de} proceso tuberculoso) ó-seala difusión de éste) de losórganos enfermos,pri~itivament~ á,0tl~,C{S-1?-e 8 . no -tenranrelaciones directas con 'aquellos: La: g~ríer'ahzacIOn representa) según Johne, 'la prueba: positivadeque «'el',vÍ~ rustuberculoso 'ha invadido la grande circulación y' hain- testado la: carne, solamente en" este caso) dice él) hay deré- cho y obligación de excluir la carne del consumo »: Al principio)' el concepto de Johne parece aceptable; y todavia énel estado actual de nuestros conocimientos acerca del origen y difusión de la tuberculosis en. el cuerpo; nopúede tenerse muy en cuenta: Bougert hace 'notar- que espe'CÍal-' lUe?te. en muchos casos es .imposible decidir si la: tub~rc1!: l"OSIS de un órgano debe considerarse como primaria.vó Arciníega Y y Montferrer. .Añastr-o. . - CANFRANC (Huesca), D. Esteban Inspectores de tercera clase ,. Gaví n y Abadía. POr-.:TEVEDRA, don José Gar-cía HUELVA, D. Guillermo Moreno Buela. Amador. LEÓN, D. Félix Núñez y Méndez. TERUEL, D. Carlos Diez BIas, VIZCAYA, D. Martín Ciga y Le- SANTANDER, D. Carlos Santiago cuna. Enríquez. REVIST·l\ VETERINARIA. DE ESPAÑA 335 lRúN (Guipúzcoa), D. Francisco CARTAGENA (Murcia), D. Antonio Pastor. Mor-aleda y Burillo. ZAMORA,D. .Froilán Fernández PORT Botr, Ú. Andrés Benito y Silva. I García. ORENSE,D. Javier Prasio y Rodrí-. -TUY(Pontevedra), D. Martín Lá- guez. zaro y Cal vo. SEGOVIA, . Rufino Portero y Ló- D VALENCIADE ALCÁNTARA(Cáce- pez. res), D, Santiago Herr-ero y CASTELLÓN, DiJuan Miralles'Más, Gonzálei. LOGROÑO, Felipe Gómez Cha- D. VERÍN (Orense),. D. Román. Er- .morro. . gueta y Sanz . ALMERÍA,D. Lázaro 'Lechugaiy VILLANUEVADEL FREsNO (Bada- Rornán. ' joz), D; José Rubio y García. GUADALAJARA, Angel Martín y D. LA FREGENEDA (Salamanca), Puebla. D. Francisco Castillo Estre- PurGCERDÁ(Gerona), D. Pedro mera RoseH y V:ilá. BENASQUE (Huesca), D. Severo -PALENCIA, Fidel Ruiz de los D Curiá Martínez. Paños. ALCAÑICES(Zamora), D. Prota- CANARIAS, D. Agustín Fornells sio García Salmerón y Rodri- Plana. guez. TARRAGONA,D. Antonio Panés FARGA.DE MOLES (Lérida), don Rodríguez. . Teodoro Moreno Amador. . LUGo, D. Niceto José García Ar- PAYMOGO (Huelva), D. Manuel mendáriz. . Moreno Amador. Hora era ya de que este asunto, quizás el que más se ha discutido en Veterinaria, llegase á su fin, y que' el Cuerpo de Inspectores de Higiene Pecuaria y Sanidad Veterinaria, empezará á prestar los trascendentales servicios que le están encomendados en beneficio . de la ganadería patria. Que tenga mucha suerte y acierto en el desempeño de su delicado cometido, es lo que sinceramente deseamos á los nuevos Inspecto- res á quienes reiteramos nuestra más cordial enhorabuena. NU'evo académ.ico. -.:,. ha sido nombrado Lo de la Real Academia de Medicina de Barcelona, nuestro estimado amigo y colaborador de esta REVISTA, el notable fisiólogo Dr. D. Augusto Pi y Suñer. El trabajo leído en el día. de tan' brillante fiesta académica, fué interesantísimo como lo es todo cuanto hace el Dr. Pi y Suñer. La contestación al discurso del nuevo académico, la hizo nuestro ilus- tee director Dr. Turró. Como quiera que ambos discursos merecen ser conocídos de todos cuantos ejercen la medicina, es por lo que en este número pu blicamos el del Dr. Pi y Suñer, y en el próximo lo haremos del de nuestro director. . . Congreso Veterinario. - Según .circular del Colegio oficial de Veterinarios de la provincia de Valencia, el Congreso Veterinario que debió celebrarse en dicha capital en noviembre último, conmo- tivo de la.Exposición regional, decididamente tendrá lugar én el pró- 336 REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA ximo: mes de mayo, coincidiendo con la Exposición Nacional Valen- ciana. La ~rimera ~esión del Congreso Veter-inar-io está señalada, defin:itivatnente;·para·el día 15 de mayo y la sesión de clausura será el dia 22 del mismo. Los congresistas tendrán las ventajas siguien- 'tes: 'rebajas 'en los viajes, facilidades en los alojamientos, asistencia á todos los actos y fiestas, unReglamento, un libro de actas.imemo- rías y publicaciones, una guía médica de Valencia, una medalla con- memorativa del Congreso, rebaja de precio para visitar la Exposi- ción, etc., etc. Como el tiempo vuela, deben apresurarse todos los Veterinarios españoles á inscribirse como congreS1stas, dirigiéndose á D. Ramón Gómez, Presidente del Colegio de Veterinarios. A l'os colegiados del Colegio oficial de Veterinarios de la provincia de Barcelona . ....:... señores colegiados pueden Los pasar á recoger los trtulos, previo el pago de las seis pesetas correspon- dientes á la última anualidad, fados los días laborables, de tres á cinco de la tarde, en el domicilio del Secretario del Colegio, calle de Muntaner.n." 10, bajos, á donde se dirigirá toda la corr-espoudencia. También se remitirán por correo siempre que el' interesado lo so- licite. Si en ias listas de colegiados hul)iera algún error TI omisión, se suplica el pasar aviso á la Secretaría, para su rectificación, Oposiciones. - El día 20 de agosto comenzarán en la Escuela de Veterinaria de Madrid, los ejercicios de oposición para cubrir vein- ticinco plazas de veter-inariosmilitares con arreglo á las bases pu-' blicadas en la Gaceta de 2 de marzo de 1907. Las instancias se ad- mitirán en el Negociado de Veterinaria del Ministerio de la Guerra, hasta el 101de agosto. ' El ganado en Espafta. - Según el último censo publicado, el número de cabezas de ganado existentes en 1909 en- España- islas é adyacentes era el siguiente: Ganado caballar, 494,853; mular, 864,555; asnal, 834,709; vacuno, 2,317,478; lanar, 15.471,183; cabrío, 3.285,320; cerda 2.296,011 y came- llos en las islas Canarias, 3,336. -' ~i¡'o¡,afi. La Académica, de Serra !l'" y llussell. llonda l1ui.ersidad, 6;. Teléfo.óS_61