• .r REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA Vol. IV Barcelona-Masnou: Mayo 1910 N.O 9 TRABAJOS REPRODUCIDOS DISCURSO DE CONTESTACIÓN AL ACADÉMICO ELECTO DR. D. AUGUSTO PI Y SUÑER ' POR EL ACADÉMICO DE NÚMERO : D. RAMÓN TURRÓ (1) El Probhma clínico ILUSTRÍSIMO SEÑOR: SEÑORES: , Al tomar la palabra en esta solemnidad académica no trataré de predicar á convencidos, enalteciendo los méritos de Pi y Suüer : es ya un antiguo couocido de la casa. Ftiísteis vosotros los que amparásteis sus ,primeros trabajos sobre la Antitoeia renal, laureándolos con el Premio Garí. Aquella doctrina, 'atro- pelladamente expuesta por apremios del tiempo, de la que reci- bístei s las prirnicias.vpr-obada al fuego de una experimentación incontrastable, ha sido ya integrada en el cuerpo de la .cíencía como una conclusión definitiva. Ya no se habla de la- secreción interna de los riñones; no se habla tampoco de aquel filtro inte- ligente que elegía en la sangre las substancias que debía elim i- llar para que no perjudicasen al organismo. El Dr. Pi tuvo la intuición clarísima de que el epitelio renal, al fijar ciertos prin- cipios nocivos, depurando la sangre, desempeñaba una función en el fondo' idéntica á la del hígado, y bastó que plantease el problema bajo esta, nueva forma para que elmundo sabio acep- 'tase como natural y lógica la solución propuesta, pues ya es sabido que cuestión bien planteada es cuestión que se resuelve por sí misma. En eso estriba principalmente el mérito de ese trabajo. La obsesión del ?'i1~ón'filt?·o impedía concebir como podía eliminar la glándula. el exceso de urea ó de principios tóxicos preexistentes en la sangre, dado que las condiciones mecánicas de la filtración fuesen las mismas de antes; mas, al abandonar ese punto de vista, bastó considerar al, epitelio renal dotado de afinidades electivas para con esos productos catabólicos, para que, haciéndose súbitamente la luz, se comprendiese el m eca- ,1) Véase el número anterior. I 338 REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA nismo de esa función poco antes tan misteriosa r En un trabajo anterior, qU0 no tuvo la resonancia de éste (sin que me explique la razón de. tan singular fenómeno) había descubierto que los productos de la desintegración hemátíca eran fijados por la cé- lula hepática: constituyéndose de esta suerte en fuentes de la secreción bilí ar. Con la hematoporfirina y un macerado de hí- gado llegó á obtener hasta in vit?'o productos biliares. Esta idea le orientó hacia el nuevo descubrimiento, reflexionando que el epitelio renal podía hacer con ciertos productos catabólicos lo q UB hacía el hepático con los procedentes de la desintegración hemática y de ahí la depuración de la sangre que por la glán- dula circula. Las ideas son como las cerezas: enfilan unas con otras. Ved, pues, como un trabajo, hondamente pensado y de- mostrado, que casi pasó desapercibido del mundo S8 bio, dió lugar á otro descubrimiento que ha sido recibido can honores reg-ios. No he de hablaros de otros trabajos del recipiendiario. Sólo os recordaré, por ser de mayor cuantía, su Memoria sobre fa Vida anaerobia, en la que palpita el germen de nuevas y fecun- das ideas; su admirable síntesis acerca las adaptaciones motrices del tubo gastrointestinal al contenido alimenticio; os recor- daré también la intuición patogenésica de la diabetes pancreá- tica experimental que así puede ser glucosúrica como hiperazo- túrica, según las condiciones y, pOI' último, su reciente obra Fisiología General; escrita con la colaboración de Hodrigo Lavin, glor ia del profesorado español. Yo no sé si me ciega el entu- siasmo que los dos autores me inspiran ó el afecto que les pro- feso , pero sinceramente os digo q u e estimo esta obra por la probidad científica que en ella resplandece, las vistas originales que informa un buen número de cuestiones y la claridad de la exposición, equiparable á la de Wervorn, hoy clásica, y como un verdadero monumento de la ciencia española. Grandes deben ser los merecimientos del Dr. Pi Y Suñer yen. algo muy sólido deben basarse, cuando el día de su elección tuvo lugar en esta casa un espectáculo nunca visto, que ha de-v jada en la memoria de todos un' gratísimo recuerdo. Los que aspiraban a cubrir la vacante del malogrado Dr. GÓngora(al-. guno de los cuales ha sido honrado posteriormente con las pal- mas académicas), al enterarse de que se presentaba el Dr. Pi, se retiraron espontáneamente, rindiendo pleitesía al mérito supe- rior. Aquí comparecieron aquel día compañeros que, por acha- ques de edad, no pueden compartir ya nuestras tareas, con harta dolor suyo y nuestro, sólo por darse el gusto de aclamarle. Nues- tro digno Presidente, de pie en Sil sitial, pronunció su nombre de pila y sus dos apellidos, paterno y materno, genealóg'icos ea \. .H.EVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA 339 la medicina catalana, y sin más quedó proclamado académico electo. ¿ Qué mas puedo deciros en su elogio después de haber evocado ese recuerdo '? Cierto, señores, que la simpatía y Iaa.dmiración que los ya viejos profesamos al hijo es comola continuación de la simpatía y la admiración que profesábamos al padre, aquel varón justo, aquella alma noble, aquella intélig encia poderosa que no llegó á darse cuenta nunca de que era sabia y excepcionar. Hace un momento os recordaba el Dr. Pi que el que tiene 'el honor de di- rigiros la palabra había, sido encargado de leer el discurso inau- gural del curso de 1896 por no poder hacerlo ya su padre. Os referiré episódicamente como fué el encargo. Cuando empe- zaba á planear el tema de ese .discurso estaba ya muy enfermo, pero nadie acertaba a diagnosticar la enfermedad que padecía, por no acusar en' ning-una entraña lesión ostensible. No' tenía nada, al decir de los médicos, y, sin embargo, envejecía muy aprisa. Caído el cuerpo, lacias las mejillas yel.Iabio inferior, teñida la piel de tenue tinte ictérico, cubierto el rostro de una palidez mate, parecía que el fuego de un pensamiento interior, calcinado su cerebro, le devorase el organismo. De aquella jovia- lidad expansiva del hombre de antes, de aquella risa franca, genuinamente ampurdanesa, de aquel tono benévolo con que solía departir, de aquellas censurasdichas sin acritud y sin ma- licia, que hacían, sonreír al amigo a quien las dirigía, no que- daba ya nada, nada más que un espíritu irritable, cuyas vehe- mencias, por bondad nativa, procuraba reprimir. Glosando el tema de su discurso, lograba in teresarle en la conversación. Cuando ni aun 'así lograba disipar sus negras melancolías, le Ilevaba 111 contra sútilmente, y si alcanzaba mi objeto, reapare- cía el hombre antiguo, con sus razonámientos serenos, con Sil lógica ingenua, con todo el abundante caudal de sus conoci- mientos, siempre inagotable. Una tarde, Paseo de Gracia arriba. [e acompañaba a su casa. Andaba despacio, muy despacio, con [a frente inclinada y la diestra sobreel chaleco apretando la re- gión precordial. Hablaba de su fin próximo con la serenidad de Sócrates la noche de la cicuta, y hacía reflexiones tan tristes sobre el valor de la vida humana, que yo no sabía que contes- tarle, porque la emoción me dominaba. Al despedirnos, al pie de [a escalera, fué cuando me encargó la lectura de su discurso y acepté sin acertar con una frase que pudiese animarle. El doctor Robert, que nos había visto, se tropezó conmigo y me preguntó: i P?'O que te en Pi'? Yo, recordando una frase plástica, m uy usada eu mi pueblo, 'le contesté: No Ita se, P?'O la terra el crida. No me , equivoqué. Cuatro meses después moría en Rosas, su villa natal, el mejor de nuestros amigos. 3Jll HEVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA Perdonad me esta Ilota triste en un día de fiesta como el de hoy; mas por ella coleg-iréis los motivos que tengo j-ara couocer las ideas que informaban el discurso del padre. Estas mismas ideas son las que informan el discurso del hijo hasta un extremo ral, que ha habido momentos en que me pareció oir al primero, después de un silencio de doce años, con un metal de voz un poco más grave que el suyo, Tened por seguro que, como hoy JI os hab lase, nos expondría los m ismos hechos y las mism as ideas que acabáis de oir, desarrollando el ,tema suavemente, sin iro- nías y sin apurar la crttíca, como el agua mansa que va al mar á través dela llanura. Para el padre, como para el hijo, el mundo de los fenómenos constituye el mundo de la ciencia práctica, Más allá de lo que se toca y de Io que se ve es posible que haya folgo que no acusan los sentidos. No lo niegan; tampoco lo afir- man: 1'0 soslayan como un coto vedado á la pesquisa experirnen- tal. único problema que les preocupa, Contrariamente á la tesis positivista, creo que-el problema metafísico existe. El mundo de lo suprasensible es tan real corno el mundo de lo sensible, Desde que el hombre es hombre se pre- ocupa de su origen y de su fin, de lo real exterior y de 10 real interior ó QG su espíritu, y hay que reconocer que esta obsesión de todos los tiempos y de todas las generaciones no es vesánica, sino que responde á una necesidad suprema de la inteligencia, bien así como el hambre responde á una necesidad fisiológica del organismo; mas también debemos convenir que el razona- miento especulativo y el experimental se mueven en una órbita tan distinta, que debe rechazarse como intrusión intolerable la ingerencia del primero en el segundo. Sea cual fuere el fenó- meno natural que se explique especulativamente de hecho, queda tan desconocido como si no se hubiera explicado;_ á la postre, esa explicación resulta ilusoria siempre, Sobria y magistralmente nos ha expuesto el Dr. Pi la dife- rentes fases porque ha pasado el concepto de los fenómenos biológicos hasta llegar al concepto mecanicista de la ciencia experimental. Ha sido una visión cinematográfica, cuyas vistas fueron muy bien elegidas y cuya película f'ué admirablemente l' royectada. Una concl usión general se desprende de esa -Iabor : J el fenómeno biológico es científicamente conocido cuando es re- ducido á sus condiciones flsicoquímicas. Mientra~ en 'este fenó- meno queda algo de vital, queda algo también 'de imcomprensible, ya que no sabemos ni cómo aparece nicuá ndo aparece; -mas cuan, , do conocernos las condiciones' que lo determinan, el misterio se desvanece, y lo que poco antes se presentaba como espontáneo ó vivo, se presenta ahora como un simple fenómeno mecánico. REVISTA VETERINARIA DE ESPA'ÑA Imaginad, señores, las funciones . del estórnagoenuua época anterior á Spallanzini.·Con asombro observaréis-que esta víscera prepara los alimentos con tal pericia, que a cada hno deellos Jo trata según sus cualidades ylaa conveniencias del org anismovy en vista 'de estas. maravillas; sin sentirlo v sin razo nailo , conce- biréis en esa víscera {lila virtud oculta, ún - arqueo indescifrable que todo lo regulay dispone como el cocinero esperto adereza y condimenta los guisos según sea su naturaleza. He aquí un con- junto de fenómenos que se nos aparece -de una manera g-lobal y sin saber cómo ni cuándo, y precisamente por esta Yazóu los atr'ibuimos á una virtud oculta, á un p1'incipiu?n fiendi, sin el cual n o Ilegar íamos á explicámóslo. La explicación nos resulta satisfactoria mientras no conozcamos otra. Durante varios siglos los hombres rnás series y reflexivos del linaje humano se-han contentado con ella, sin' sospechar siquiera que esa explicación, puramente especulativa, n o- explica nada. 'Llega, sin rembargo, un día en que un abate italiano, de ese bloque amorfo que lla- mamosdigestíóu, desglosa un fenómeno claro, y terminante al observar que el alimento se hace soluble merced á un ciertojugo que goteadaIas-paredes del estómago. He aquí un fenómeno químico-que lo mismo tiene lugar en la víscera que in oitro ; el arqueo misterioso, el principium. fiendi de ladigesti6n, en el que creíamos con fe inquebrantable, -e desvanece ante el' fenómeno químico que avanza. " ¿ Córn o se ejerce la acci6n del jugo' sobre 'él alimento ~ Nuevo misterio. En el mundo físico siempre hemos visto que existe una equivalencia entre la acció n y la reacción, y nos hallamos ahora Con que un sólo gramo de jugo basta para digerir ciento y más de carne. El caso es raree-el hecho insólito. La razón humana no permanece impasible "ante esa sorpresa inesperada y 'se lanza anhelante en busca de su explicación é imagina en este humor un principio víta.l.q ue le comunica una actividad muy distinta de la actividad química, puesto que no se agota como ésta. He aquí otra: explicación especulativa por la cual afirmamos rotun- damente que el fermento.es vivo. Refléxiouemos un momento. ¿ Qué queremos decir cuando decimos que el fermento es vivo? Nada más que esto: que no sabemos como actúa sobre esos cien gramos ele materia proteica y; precisamente porque lo ignora- mos, concebimos un p1'incipiúm fiendi de su so lubilidad, ohede- cien do á la necesidad lóg-ica de referir el efecto á su causa. El día que un mortal afortunado, explorador en esas tierras ignotas, 1108 enseñe que hay enzimas que al actuar sobre la materia albu- minoide, acumulan el ,a'gua en' su seno, cl.escomponiendo dicha materia por hidrolf sis, aquel día nos explicaremos el fen6meno Llela solubilidad, el principio vital' se habrá esfumado como un REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA vapor tenue y uu sencillo fenómeno químico ocupará en nuestra mente el lugar que ocupaba poco .an tes la explicacínn vitalista. La verdad es que siempre, obedeciendo á un impulso natural de la inteligencia, tendemos á explicarnos especulativamente lo que todavía no acertamos á explicarnos experimentalmente, Tomemos, por vía de ejemplo, uno. de esos fenómenos de defensa orgánica de que nos habla Pi al rebatir el neovitalismo. El esta- filococo germina in siu: en la piel herida. Como nada se opu- siera á su proliferación, invadiría exuberante todo el organismo, como invade las capas del matraz de caldo donde ha sido sem- brado. Mas la, vida está alerta, y como si conociera el peligro, localiza el foco. He aquí la explicación especulativa del fenó- meno, he aquí la 'Vismedicatrie. ¿ Quién dudara de que la obser- vación es real? Nadie, pero hay que distinguir el hecho obser- vado y la explicación que los impacientes adelantan sobre el mismo, parser dos cosas diferentes. De que el foco infectivo se Iooal ice y extinga no se infiere que haya un principio previsor qp.e salve el organismo de la infección; semejante inducción es ilegítima, es arbitraria y es ilusoria. El día que la experiencia nos haya mostrado el modus operandi de esa reacción defensiva y hayamos visto que los gérmenes son 'digeridos por los humo- res y por los leucocitos que los engloban por procesos de natu- raleza química, idénticos en el fondo á los del jugo gástrico cuando disuelve briznas de carne, al poner de manifiesto ese hermoso espectáculo, el experimentador puede argüir al vita- lista: «¿Ves como aquí no hay ninguna acción vital? ¿Ves como todo es fisíccquímíco s ¿Ves como lo que tú concibes es una vana pompa que revienta liviana en el aire? ¿ No sería más r cuerdo concebir menos, refrenando tus impaciencias yobservar más ?» Ante ese lenguaje persuasivo, la razón especulativa in- siste y clama: «Pero esos leucocitos que acuden ¿ qué son IDaS que una manifestación de la, vida? Yesos enzymas que resuel- ven las bacterias enemigas ¿ qué son más que el producto de la reacción vital de los tejidos?» I Otra vez el fantasma metafísico surg-e cerrando el paso a la investigación experimental; otra 'Vez se pretende explicar el fe- nómeno que la observación acusa, no por fenómenos anteceden- tes que lo determinan, sino por alg'o invisible é impalpable, qUH se concibe como su causa. Decidles que los leucocitos no acuden al sitio atacado por su impulso espontáneo ó vital, sino porque el estafilococo elimina una substancia que les excita por quimo- taxia positiva, y contestaran que de todas maneras lo que 'mueve al leucocito es algo vivo, a se, aun cuando obedezca á estímulos externos; decidles que los tejidos fraguan enzymas bacteriolíti- cos, no por un principio vital inmanente, sino por meras trans- REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA 343 formaciones químicas de una materia preexistente, y quizás se encojan de hombros desdeñosamente y os digan que esas qui- meras no se demostraran jamas, E! problema de la vida reaparece algo mas lejos de donde es- taba á medida que nuevos descubrimientos nos ponen de mani- fiesto fenómenos en cuya existencia ni siquiera se soñaba. Con un descubrimiento sucede algo parecido á lo que ocurre cuando se enciende una luz en un sitio obscuro. Donde nada se veía se dibujan los objetos mas cercanos con perfecta claridad una vez iluminados; algo mas lejos se divisan otros de contornos más borrosos y en los planos profundos, en que las tinieblas vencen la luz, se proyectan vagas.penumbras que no se sabe ya si son objetos reales ó cosas fantásticas. De la misma manera, á me- dida que con la aplicación persistente del método experimental vamos reduciendo los fenómenos vitales a simples transforma- ciones de movimiento, siquiera sea por la inercia del hábito contraído, damos por supuesto que los fenómenos que á la vista tenemos y no acertamos todavía á explicarnos mecánicamente, lo serán cuando maduren y les llegue su turno ; mas cuando darnos un salto y generalizamos, afirmando que llegará un día que el amiboismo leucocitario, las reacciones neuronales ó la creación de zimasas,serán reducidos á procesos fisicoquímicos transportamos la cuestión desde el lugar donde actualmente es- tamos á un sitio tan distante riel ambiente en que nos movemos, que también se nos figura que proyectamos sobre ún fondo obs- CUl'O penumbras fantásticas, Y, sin 'embargo, si retrospectiva- mente ojeamos el camino recorrido hasta In fecha; si recordamos que aquel caiidu. innatus, alma de la vida, ha sirio reducido á una combustión que identifica el hogar fisiológico á la lumbre del carbón; si advertimos que, por síntesis, se obtienen como puestos ternarios y hasta cuartenarios; que los estados coloida- les ponen en camino de descubrir las formas elementales de la materia viva; que, dada la estructura de los discos de la fibra estriada, [(1 propia; concentración muscular queda ya casi redu- cida á un fenómeno mecánico; que la formación del almidón, el glucógeno, la clorofila, resultan de procesos químicos, como lo son las desintegracicues catabólicas sin la intervención de nada q!le no sea puramente químico; que la asimilación celular, como la absorción intestinal, vienen fundamentalmente regula- das por las leyes osmóticas: i, no es natural y lógico creer que, puesto que lo vital va retrocediendo á medida que la marea crece, llegará un día eu que se demuestre que esa cosa desconocida, irreductible hasta hoy á fenómeno mecánico, que seg-uimos lla- mando vida sólo por darle un nombre, no responde á algo real, subsistente pe?' se, sino que responde á una especulación ilusoria 3H REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA por medio dela cual designamos lo que somos aún. impotentes para explicar'? Ante la ciencia exper-imental entendemos que sólo es vivo todo aq uello que se nos aparece como irreduotible á un proceso ñsiccquímico; el día que es reducido á un mecanismo deja de serlo. La vida, pues, no es un ente real; con esa palabra designamos todo lo que ante nuestros sentidos se exhibe como espontáneo, y lo espontáneo es el misterio, es lo incomprensible, lo que en apariencia no es causado. Tales, señores, la idea madre que informa la labor de la fisiología moderna. La instauró Lavoissier con su intuición iu- mortal de la calori..'icación; la aplicó instintivamente Juan Müller con sus tendencias mecanicistas; la formuló con su palabra diá- fana Claud io Bernard en los últimos años de su vida, cuando la cruel enfermedad, que acabó con él, le confinara en su casa, N os engañaríamos si creyésemos que en nuestros, días ese credo se ha impuesto y es universalmente acatado. En nuestros tiempos, al lado de la falange de experimentadores puros que se preocupan de 'explicar los fenómenos biológicos sin miras tras- cendentes, se ha formado una n umerosísima falange de filósofos, que, al parecer, rinden un acatamiento incondicional á los dicta- dos de la ciencia, y q ;le, sin embargo, interpretan los fenómenos biológicos desde un punto de vista especulativo. Me refiero al monismo objetivo y al psicomonismo, que pretenden sistematizar lo conocido y lo desconocido, adelantándonos una llueva con- cepción metafísica del universo. ¿ Se compagina con la pureza del método experimental esa tendencia que, hoy por hoy, todolo avasalla'? ¿Son, realmente, como tantos creen, Haeckel en Alemania, Le Dantec en Francia, el verbo de la ciencia, ó bien constituyen u na desviación del verdadero método .Y su sistema, oelu] umbra sicut fu,mus, pasará como tantos otros '? El Dr. Pi nos ha hecho una exposición breve y sencilla deJas ideas que apuntan los modernos vitalistas, juzgándolas' severa- mente. Con sólo recordarla, reconoceréis q ue d« una manera más ó menos tímida, para no chocar abiertamente con el espíritu d,el método experimental, se sostiene que los fenómenos que no pue· den explicarse mecánicamente pueden serlo teleológicamente, dando por supuesto que esta explicación es tan valedera como la anterior. Por lo común, son naturalistas los que así piensan 1no fisiólogos en el senticloestricto de la palabra, y si alguno de estos últimos hay, no repara en la enorme trascendencia de sus im- premeditadas concesiones. En este punto, señores, hay que plantear una cuestión previa. ¿ Cuando podremos decir' de un fenómeno biológico que es cien- REVJSTA VETEHINARIA DE ESPAÑA 345 tíficamente conocido? Ivspirándonos en los dictad-os del método experimental, la contestación es clara: cuando conocemos sus antecedentes d ete rm nautes, esto es, las causas que lo crean. De í antig-uo sabemos 'que los ani 111 ales desarrollan un cierto grado de calor; mas conocer fa existencia empírica de este fenómeno no es lo mismo que conocer¡o científicamente; este conocimiento lo alcanzaremos cuando hayamos descubierto las causas ó las condiciones determinantes de la calorificación. De todos los fenó- menos biológicos podemos decir lo mismo. Son innumerables los fenómenos vivos 'cuya existencia se acusa empíricamente ante nuestros sentidos y muy contados aquellos que hemos podido reducirá un mecanismo exacto que nos dé cuenta de cuando aparecen, bajo qué forma, con qué intensidad y cuando cesarán. Todos aquellos que aparecen y no sabemos como, :001' lo impre- vistos, son comparables á la caja de sorpresas que abre el niño sin saber lo que hallara dentro; en cambio, todos aquellos cuya aparición nos es dable prever proféticamente, por conocer sus causas, son los que están bajo nuestro dominio y formamos con ellos ese cuerpo de doctrina que-llamamos ciencia. Precisando así el sentido de las palabras, cuando Diesch, por ejemplo, nos habla de aquellas plantas cuyos esquejes forman yemas ó raíces, según más les convenga, como si una intención les inspirase la mejor manera de adaptarse al medio, enuncia un fenómeno bio- lógico irrecusable y enuncia un j uicio personal que sera reCU'S8- ble mientras n o lo demueatrevEl botón enterrado se desarrolla en forma ele raíces, mientras el botón libre Se abre {¡¡ la lus en 'el aire ambiente. ¿, Córn o Y He aquí el verdadero problema experi- mental. El medio q ue rodea el botón contiene de sí las verdaderas condiciones determinantes de las raíces 6 de la yema; esas con- diciones son extrínsecas al botón, por constituir las causas ex- ternas que predominan la forma de su ulterior desarrollo. Driesch no lo ve así, y como no sabe que existe-un mecanismo que un día le pondrá de manifiesto los resortes escondidos, las ocultas acciones que prefijan la forma de ese desarrol!o, imag-ina que estas causas no son externas, sino que son internas é inherentes al esqueje, y que esa virtud interior, inmanente en el cuerpo vivo, desarrolla raíces en el sitioque ha de suministrarle ele- mentos solubles de crecimiento -y yemas en el aire que ha de Suministrarle elementos de nutrición gaseosos. Ahora bien: no escapará á vuestra penetración que el entronizar ese criterio como criterio de ciencia, no sólo se piensa de una manera for- malmente muy distinta de como piensa el experimentador, sino que se hiere de muerte al método experimental. Las causas que predeterminan la formación de yemas 6 raíces no residen en el botón; no es por una virtud interna Ó pOl' una entelequia ima- / 346 REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA ginaria que se ha de resolver la disyuntiva, sino por las condi- cioaes del medio ambiente. ¿. Cuáles son estas condiciones? Aquí empieza la tarea del experimentador. Suponed que esas condi- ciones no influyen en la sucesión de los fenómenos que se van desarrollando, soldándose unos con otros á manera de una serie ó de una cadena; suponed que todo resulta de una intención 6 de una voluntad interior, yal experimentador ya nada le queda que hacer: la especulación le ha condenado á eterna holganza. Con frase feliz llama Pi al juicio teleológico 1tnjuicio inver- tido, Así es en efecto. Mientras Driesch imagina que la entele- quia del vegetal desarrolla raíces para absorber los elementos y del suelo yemas para respirar, el experimentador imagina que porque se han desarrollado raíces se absorben esos humores y se respira por las hojas precisamente porque se formaron yemas; uno y otro razonan de una manera inversa. Lo que para el pri- mero es sujeto deljuicio , para el otro es predicado y vicevers"a. Nada mas estéril para el progreso de la ciencia que la con- templació nde esas entidades místicas á las que se atribuye la virtualidad de los fenómenos. Concebid, por ejemplo, el riñón como un filtro inteligente que separa dela sangre los principios nocivos al organismo, y como no es dable barrun tal' lo que piensa esa inteligencia, no llegaréis a saber jamas cuando au- mentará Ó dismíuuirá la diuresis variará la composición urina ó ria. Debéis esperar pacientemente á que una feliz casualidad os lo ponga de manifiesto, revelando los enig-mas de la nueva es- finge. En cambio, cuando concebís la función renal tal como teóricamente concebimos el desarrollo de las raíces ólas yemas, , esto es, sometida á la acción de causas exteriores, entráis enlas vías de una labor fecunda. Inyectáis urea en las venas y obser- váis que su acción es, más ó menos acusada y á lo mejor, con esos ensayos pacienzudos, os encontráis con el hecho inesperado de que substancias hay que inhiben la secreción. Yasí,)ig'ando las causas COJl los efectos, os adcctrmáis hasta tal punto acerca del riñón, que se os va destacando en la monte como una má- quina que funciona de un modo funciona de otro, según sean ó las propulsiones externas que la pongan en móvimiento. ¿ Diréis, fascinados por el razonamiento teleológico, que las árboles en las umbrías se estiran porque buscan la luz? El q'ue así piensa soslaya el verdadero problema de la ciencia; lo re:- plantea el que observa que la luz al actuar sobre las hojas activa la función clorofiliana, almacenando energía, y como el árbol se nutre más y mejor donde hay más luz, por esto crece en la dirección de la luz más intensa. El que se explica este fenómeno por una tendencia, por una causa interna, no llegara nunca a descubrir en los vegetales una función tan trascendental como REVISTA VETERINARIA DE ESPA~A 347 la clorofiliana, COlpO el que refería la digestión gástrica á un anqueo no se llamará nunca Bpcllanzano , ni Fodor Metschni- ó koff el que invoque la vis medicatrio: para explicarse las defensas orgánicas. Erigid ahora en criterio de ciencia esa manera de interpretar los fenómenos; generalizad la tesis, sistematizando todos los sucesos del universo mundo por medio del razonamiento teleo- lógico, y entonces comprenderéis claramente que, contra el apo- tegma fundamental de la ciencia experimental, conocer un fenó- meno no' es asistir á .un nacimiento mediante la previsión del conjunto de circunstancias que presiden á su génesis, sino sim- plemente determinar las relaciones en que esta respecto los fenó- menos consecuentes. LD que interesa, según nuestro criterio, netamente positivo, es conocer sus antecedentes determinantes; mas lo que interesa, según esa .nueva forma del criterio especu- lativo, es conoc.er la directriz que impulsa al fenómeno para su ordenación teleológica. Desde ese punto de vista nuestra con- cepción del mundo queda reducida á un tropismo universal; un impulso inmanente lo mueve todo y las series fenomenales se encadenan, según sea la finalidad de la directniz, Ante un hecho nuevo que la 'observación empírica arroja á nuestro paso, no de- bemos preguntarnos por su origen ó por las condiciones genera- les que .han determinado su aparición en el espacio, sino el objeto que con-él se propone la naturaleza, el fin que persigue . .En términos escuetos podrían definirse el neovitaJismo y el mo- nismo, diciendo que son un determinismo al revés de como lo entiende la ciencia experimental. 'Todas las mudanzas, todas las transformaciones naturales son el producto de la energía que anima álos seres. Desde un punto de vista objetivo ó puramente materialista, cuyo representante más genuino es Haekel, esa energía es ciega, hasta que evolutivamente llega á revelarse en los seres organizados bajo h forma de sensibilidad, primera- mente, y bajo la forma de fenómeno intelectivo, más tarde. Desde un punto de vista subjetivo ó idealista, uno de cuyos represen- tantes más ilustres ha sido, hasta hace poco, Wervorn , esa energía es la misma energía psíquica que determina, bajo una forma in- consciente, las mutaciones fenoménicas hasta que se siente asi- misma en ese acto que llamamos conciencia. Nosotros, señores.sno podemos discutir esas abstrusiones me- tafísicas; mas, volviendo ,por los fueros del método experimental. debemos rechazar de los dominios de la ciencia, como una intru- sión sacrílega, ese criterio. Las cosas son como son por los ante- cedentes que las determinan, no por la dirección que lógicamente les atribuímos. Ese principio directriz no viene acusado por la observación directa, no es un hecho comprobable; es un supuesto 3~S I dogmático. El monismo y el neovitalismo suponen en la energía algo más de loque ve el físico. Ni Mayer, ni Clausius, ni Helm- holtz, ni Thyndall, etc., han concebido las transformaciones ele la energía más que como equivalentes ele un movimiento pre- existente. ¿, Con qué derecho se atribuye á la energía algo que no es' movimiento? De la concepción de ese algo 'se toma pie para abalanzarse temerariamente á la deducción de que el fenó- meno de la conciencia resulta, como los demás, de una transfor- mación: de la energía; mas los que profesamos Iareligión de los hechosy no consentimos que se mixtifique la observación, sabe- mos bien que esa energía monista no es la misma energía de que nos hablan los físicos, sino uno de aq ue llos ens rationis de los que iróuicameute decía el P. Secchi que u o son espíritu ni máteria porque en realidad no son nada. Lo que científicamente llamamos movimiento se define por una relación de espacio y tiempo; 10 q ue-llamamos fenómeno de conciencia es un fenó- meno que aparece sólo en el tiempo y por ende ante el tribunal de la experiencia viva no puede ni confundirse ni mucho menos identificarse con el movimiento; entre uno y' otro fenómeno subsistirá siempre aquella línea divisoria que tan sabiamente trazara Descartes. Después de haber combatido las intrusiones de la especula- ción en Jos dominios de la ciencia experimental; después ele haber sostenido el oriterio-rad icalísimo de que los fenómenos , naturales sólo se explican satisfactoriamente invocando la acción de losantecedent6s q u e los determinan y que tocio lo que se aparte de esa norma resulta siempre á la postre una ilusión tran- sitoria, quizá debiéramos preguntarnos: ¿ Es que no existe IDaS que. 'el mundo de los fenómenos y á su encadenamiento debe consagrarse toda la actividad de la inteligencia humana? No es este el momento de debatir esa magna cuestión, pero yo creo que todas las representaciones que nos sugieren los sentidos ca':' rrespcuden á algo real, á aquella cosa en si de que nos-habla' Mant, cuya existencia no puede demostrarse por medio de los séntidos, ya que en sí misma no esun fenómeno sino su support; creo que los estados de concienci'a ó los fenómenos psíquicos no forman aquella serie flotante de que nos habla Stuard Mill, sino que están ligados á algo real interior á lo que corresponden como el color corresponde á alg-o exterior que en sí mismo es incoloro ócomo el sabor corresponde á algo que ensí mismo no es sápido. Aquella concepción dualista de Aristóteles, el genio .más excelso que ha honrado al linaje humano, será eternamente la con cep. ción metafísica del buen sentido. Bl'iÍló en los tiempos medios, como una luz que fulgura, con San Anselmo y Santo Tomá's; se REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA 34\1 eclipsó en el período febril del re nacim íeuto y hoy renace como el verbo divino que vuelve á ligar las series feuorneuales á una realidad viva, desmintiendo que nuestra inteligencia viva su- mida en un mundo de meras apariencias. Mas el dominio de esas grandes verdades inexperimentables del orden suprasen- ó sible es muy distinto del de las verdades sensibles; cada uno se mueve en una órbita distinta y tan 'intolerable es, 'que en nom- bre de la ciencia experimental se vulnere la verdad metafísica, como lo es que en nombre, de la especulación se pretenda expli- car los hechos empíricos que la experimentación, siempre tardía, !lO ha logrado aun reducir áun mecanismo. Los ímpettis de la razón humana son vehementes; el ansia de hallar la causa de 10 que empíricamente acusan los sentidos la m ueve á suplantar la explicación natural por la especulativa, y así extingue su cu riosidad irrisoriamente. Nada le es mas difí- cil al hombre que darse cuenta de lo que positivamente n o sabe; la vanidad le impulsa COInO el viento las velas de la nave, y 1:l'ee saber hasta laque ig·nora. Por tan supino motivo la escuela experimental es cátedra de desconfiados, catecismo de la humil- dad, de esa virtud, profundament.e cristiana, que no practican los que todo lo llevan forrn u lariam ente resuelto en su credo. Nada mas fácil que inventar explicacion es ; la sabiduría no con- siste en pensar mucho sino en pensar bien y en callarse cuando buenamente no se puedehablar Debe admitirse como irrecusa- ble lo que la' observación exhibe ante los sentidos y acatarlo con devoción fervorosa, y debe admitirse sin lanzarse á el ucubracio nes estériles, repri tn ién d ose prudentemente. Si en los dominios' de la ciencia pura se impone esa actitud espectante ante lo que no podemos explicarnos, imagínese hasta que punto se impone ese criterio ante el problema ctínico por razones de orden moral que á todos se os alcanzan, El clínico que tuerce Ó menosprecia los hechos por no empalmar con sus opiniones personales ó sus preocupaciones de escuela, es algo peor que un hombre que yerra: es un hombre que peca. Ante la complejidad del problema clínico nos decía el Dr. Pi (y concluyo porque estoy abusando de vuestra bondad) el médico 110 debe preocuparse de explicarse lo que tadavía no se explica; debe aceptar lo que imperativamente le impone la observación. No importa que los síndromes no se desarrollen según teórica- mente debieran desenvolverse, ni importa que todo suceda al revés de como debiera ocurrir, según nuestros prejuicios perso- nales. Los hechos siempre tienen razón y contra los hechos no se discute. El ejercicio clínico es, ante todo, una virtud, y el que la posee está siempre dispuesto á abdicar de sus ideas ante la REVISTA VETERINAh.A DE ESPAÑA majestad augusta de la observación em pmca. Es de lamentar que no siempre se proceda así y se tenga más fe en lo que se opina que en el testimonio de :los sentidos. En un discurso de nuestro lronorable compañero el Dr. Fargas, he leído que Sem- melweisstrataba los puerperios como se hace ahora, mucho an.tes de Pasteur y Lister. La tentativa no cuajó, y ridiculizado por las cuchufletas de sus sabios compañeros, tuvo que renunciar á su cátedra y se murió de pena. Aquellos sabios' tan orondos y hue- ros se nos figuran hoy una nube de mosquitos que mataron fl picaduras á uno que 10 era de verdad, sin darse siquiera cuenta del delito que cometían. Para ellos, como para cuantos les imiten, Sq ha escrito en un libro santo que tienen ojos y no ven, narices y oídos y no oyen ni huelen; son espíritus soberbios que sólo creen en sí mismos y renuncian á rectificar los errores de su mente, apelando al testimonio de 'los sentidos. Se cuenta de un médico rural, de la escuela de Broussais, que cuando tenía q 1Ie practicar una sangría en ciertos procesos infectivos, llevaba consigo al cura de la parroquia Con los santos óleos. Ocurrió una vez que en lugar del cura le acompañó un fraile predicador á quien la caridad inspiraba pensamientos su- blimes, Cuando sacó la lanceta y se disponía á heril' la vena hin- chada, se volvió al fraile y le dijo: «Siempre' he observado que estos enfermos mueren á consecuencia, de la sangría, pero corno la ciencia me ordena que sangre .. ,» Y al aplicar la hoja homi- cida el fraile le contuvo, asiéndole por la muñeca, y le dijo estas palabras: «Tú que observas, tú eres la ciencia; i lo demás es vanidad, nada más que vanidad!» El enfermo no fnésangraclo y curó. He aquí el verdadero criterio clínico cuando no puede inspi- rarse en la ciencia experimental. Así nos lo ha expuesto el Dr. Pi, como habéis oído. j Bien venido sea á esta casa el hombre que así piensa! j Bien venido el 'joven ele juicio m~cluro! HI!: DICHO. r REVISTA VETEi:U:,AR!A ~E ESPAÑA 3;'¡l TRABAJOS TRADUCIDOS Los cambios osmóticos y la acción ~~ les cloruros en patologí.a POR PANISSET) L La introducción de los métodos científicos rigurosos en biología demuestran que los actos vitales se reducen en úl- timo análisis á fenómenos físicos ó químicos. I Limitada la fisioquímica á un dominio exclusivamente teórico) por largo tiempo, hoy día dicta las leyes que rigen los cambios biológicos. En esta ciencia) todavía nueva) los fenómenos osmóticos han sido considerados como de gran importancia, puesto que 'permiten explicar un número de hechos de la fisiología vegetal; en el organismo del hombre yen el de los animales parecen desempeñar un importante papel, y se nota su intervención en un grupo de procesos fisiológicos y patológicos. Los cambios hldricos, la osmo- sis entre la sangre y los tejidos) se efectúan bajo la influen- cia de migraciones moleculares de sales del plasma) cloru- ros en particular. Por esta razón) la cuestión de los cloruros que en patología médica adquiere tanta importancia) hállase ligada estrechamente á la cuestión de los cambios osmó- ticos. Antes de exponer el estado actual de nuestros conoci- mientos sobre este interesante capítulo) es útil recordar al- gunas nociones de física molecular que permiten explicar y comprender el mecanismo' de estos fenómenos. ' Cuando' dos soluciones' salinas de diferente concentra- ción molecular son separadas por una membrana que no deja pasar más que el disolvente (mernbrana-semi-permea- ble), se verifican cambios que tienden á establecer la igual- .uad ele concentración molecular en las dos soluciones; el disolvente va de la solución menos concentrada á la que lo es más, la cual diluye poco á poco. La solución salina con- centrada atrae el agua con una fuerza proporcional á la 352 REVISTA \1 ETERINARIA DE ESPAÑA diferencia de concentración de las dos soluciones; esta fuerza constituye la tensión ó presión osmótica. La solución salina más concentrada se denomina hipertonica; la que lo es menos) hipotónica. Cuando se. ha establecido el equili- brio á continuación de los cambiososmótieosr-Ias .solucio- nes de la misma concentración son isotónicas. Para determinar en que sentido se efectuarán los cam- bios osmóticos) es preciso conocer la concentración mole- cular de las soluciones en contacto) es decir) el número de moléculas salinas disueltas en cada uno de los líquidos. Esta medición que exige análisis largos y delicados, se substituye por la determinante del punto de congelación de las soluciones (crioscopiai, Realmente existe) entre el punto de congelación de un soluto y su concentración molecular) una relación que per- mite considerar el descenso térmico notado como, medida del número de moléculas disueltas; cuanto mas la solución es concentrada) más abajo se halla el punto de congelación del disolvente. - _ Estas leyes y estos fenómenos son rigurosamente exac- tos por las soluciones hechas con una sola substancia) pero son todavía más verdaderas cuando se trata de soluciones com plexas}. así es) que tienen aplicación á todos .los líqui- dos del organismo. Para aplicar estas nociones ála biolo- gía de la célula) no hay más que considerar el plasma en donde se efectúan los cambios necesarios. á la nutrición ce- lular. El protoplasma' es separado del plasma intersticial por una membrana del medio ambiente; esta membrana no deja pasar más que el agua y retiene las sales) llenando de esta suerte el papel de un t.abiqu.e. sfmipermeable. . .. -, El protoplasma) que es el SItIO de Ul1 metabolismo per- manente) á cada instante se lTIodi6ca en su equilibrio mo- lecular por las variaciones nutritivas aportadas y por los actos secretorios. Esta célula sumergida en un medio inte- rior) el plasma intersticial) repartido en todo el organismo muy abundantemente) es sitio de fenómenos poco ac- tivos; por consiguiente) ofrece una concentración molecular casi constante. Bajo la influencia de estas diferencias ele , concentración) se establecen entre la célula y la linfa cam- bios osmóticos que tienden á establecer la igualdad de con- centración) el equilibrio osmótico. La concentración del REVlsrrA VETERlNARIA DE ESPAÑA 353 plasma intersticial, es el Iímite de concentración de Jos de- más humores del organismo; pero el equilibrio. no se ob/ tiene jamás de una manera definitiva en razón de la estabi- lidad misma del protoplasma. Estos incesantes cambios son la' característica: de la molécula viva. Si por un instante el movimiento intramolecular de los elementos' de la célula sufre m.odificaciones que terminan en un estado estable) la vida se interrumpe) la muerte ha llegado. . Los cambios osmóticos -se producen bajo la influencia de las ~Tariaciones de cantidad de sales de los humores del 01'- . ganismo. Entre las salesminerales del plasma) de las sero'- sidades 'y dé los diversos Líquidos orgánicos, corresponde un lugar preponderanteal cloruro de sodio. Esta sales abun- dante y como su molécula tiene un peso poco considerable) • 'se repite infinitamente en las soluciones que la constituyen; esta cuestión de nombre, de concentración molecular) esel factor másimportante de la presión osmótica. El papel del cloruro de sodio se halla de' hecho favorecidopor su cons-· titución química. Los elemeutos sodio y cloro que forman su molécula). son fácilmente disociables en las soluciones) y estos elementos disociados, que tienden á escapar) ejercen una presión que se junta á la presión osmótica ya creada por otras atracciones moleculares. Estas consideraciones teór-icas SOB suficientes para demostrar la' importancia de los cambios 'osmóticos eu los fenómenos biológicos) y como estos cambios se hallan bajo la dependencia de la riqueza en cloruros «le los constituyentes orgánicos. Estas concep- ciones originales sobre los fenómenos osmóticos de los or- ganismos vivientes fueron emitidas por Awinter desde 1896; Hamburger hizo experiencias del mayor 'interés. En Fran- cia se han efectuado numerosos+trabajos sobre esta cues- tión; Awidal..Achard, Carrión, López ... etc., han efectuado investigaciones clínicas confirmadas y completadas por el. estudio experimental. Relacionados con los procesos osmó- ticos se nos revelan ahora cierto número de fenómenos fi- siológicos. '. . . . . La absorción de alimentos secos y) sobre todo, sales ó azúcares, y la sudación, entrañan una pérdida de agua que debe ser reemplazada para restablecer la concentración mo- lecular de los' humores deshidratados. De ello resulta para el organismo una intensa necesidad deagua, necesidad que 3~4 REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA percute al sistema nervioso y produce la sensación de sed. La eliminación renal se efectúa bajo la influencia de la actividad epitelial específica y -de la presión sanguínea) pero es completada por el agua que atraviesa elglornerulo, para restablecer la concentración normal del suero: Sin destigu- rar el papel activo del epitelio) la absorción de Ias solucio- nes por las mucosas se explica por las leyes de la ósmosis. Entre la solución y el plasma) se efectúan cambios que tien- den aestablecer la isotonia entre los dos líquidos. El conocimiento de los fenómenos osmóticos permite in- I terpretar ciertos hechos experimentales cuya explicación. racional no teníamos todavía. Hemos dicho que el plasma celular tiende aponerse en equilibrio osmótico. con el líquido que baña las células. Si se substituye el líquido por soluciones salinas de diferente concentración se rompe el equilibrio; se efectúan cambios entre las células y el plasma que motivan su rápida altera- ción; la solución no isotónica) obra como un verdadero tó- xico. Por este mecanismo puede explicarse la hernolisis que se efectúa después de inyectar en las venas agua e e,sti- lacla ó una solución hipotónica cualquiena. Esta noción de osmonoci vidad ha hecho conceder una gran importancia al título de las soluciones que se inyectan debajo de la piel ó en la circulación sanguínea. Como suero artificial) es menester utilizar una solución de cloruro de sodio isotónica ó suero sanguíneo. La solución al 7 por 1)000 que se concentra 8,1 autoclave) se aproxima bastante á la concentración del plasma circulatorio para no ejercer "ac- ción nociva. . Las modificaciones que sobrevienen consecutivamente á las inyecciones de suero artificial) ofrecen". 'un interés muy .particular por el hecho de ser-muy usadas en terapéutica. Se han apreciado sus buenos efectos en el curso de las su- fermedades infecciosas) generalmente inexplicables) y sus inconvenientes) sus' peligros parecen ser desconocidos de un gran número de clínicos. . La solución fisiológica de cloruro ele sodio inyectada de- bajo la piel ó en las venas) producelá misma acción ; sus efectos son diluir la masa de sangre y) en consecuencia) dis- minuir la concentración molecular; el exceso de líquido introducido es eliminado por los cambios osmóticos' más HEVISTA VE~ERINAHIA DE ESPAÑA 355 activos, y por el aumento de la presión sanguínea) produ- ciéndose poliuria. Los hechos pasan así cuando los riñones funcionan bien; pero cuando son alteradas sus funciones es incompleta la' eliminación) y retenido el cloruro introducido en el orga- nismo. Si persiste este estado) en lugar de una dilución pasajera de la sangre, se tiende á restablecer el equilibrio osmótico) con cambios entre la sangre y los tejidos; el l í- '[luido se acumula en' el plasma intersticial) y se observan edemas) hidropesía. El efecto es marcadamente perjudicial. Es menester) pues) ser circunspecto en el uso del suero artificial, conociendo apriori el funcionamiento renal) y no ' administrarlo como se ha hecho 'con frecuencia sistemáti- camente en todas las enfermedades infecciosas. Conocido, el peligro de la retención clorurada) que modifica siempre en un sentido nefasto. los cambios osmóticos) habría) quizás) ventajas en substituir el cloruro de sodio por el sulfato de sosa cuyas moléculas) fácilmen te disociables) favorecen al 111is1'110ítulo los cambios osmóticos y cuya retención t no ofrece tanto peligro. ' , El mecanismo regulador de la nutrición protoplásmica que funciona bajo la influencia de las variaciones de COI1- centración salina, y en particular de su riqueza en cloruro de sodio) parecen' desem peñar un 'importan te papel desde el punto de vista fisiológico) y no parece menor en patolo- ' gía la importancia de los fenómenos osmóticos. ' En el estudio de las nefropatías se puede llegar á la de- mostración de que los estados mórbidos engendrados por las lesiones renales) están ligados ála perturbación de los cambios osmóticos; -Ia crioscopia de la orina es uno de los rn ás preciosos medios de diagnóstico. Gracias á la determinación fácil del punto de congela- ción se ha comparado la concentración molecular de la orina a' la del suero por su riqueza respectiva en cloruros ... ) y se han llegado á clasificar las nefritis según los datos proporcionados p,01' estos métodos. Tales estudios han de:- mostrado que las nefritis van siempre acompañadas de im- permeabilidad renal) pero la retención es electiva; sólo las nefritis parenquimatosas son las caracterizadas por la re- tención del cloruro de sodio; en las nefritis intersticiales es la urea que se acumula en el organismo. 355 REVISTA' VETERINA.RIA DE ESPAÑA Las leyes de la ósmosis, no sólo han servido para expli- car las perturbaciones en la eliminación renal, si que tarn- 'bién la patogenia de los edemas, que se manifiestan en el curso de las uefropatías. Hasta el presente la prod ucción del edema, se atribuía al aumento de la presión sanguínea; ( 'desde ahora parece bien claro que Ja hidroniia'brígtica se debe á una modificación de los cambios osmóticos. Los edemas, al parecer, son debidos á la retención en elorga- nismo de' los materiales que \ no se han eliminado por la ' orina ; estos productos de desecho se fijan sobre los tejidos, J'. resulta un aumento en la concentración molecular del , plasma. El plasma, muy rico en sales, puede restablecer su concentración primitiva compatible con el equilibrio osmó- tico, reteniendo el agua introducida , por una vía cualquiera; , ' resultando' de ello un aumento de peso que se .trad uce por la formación del edema intersticial y otros edemas; pudiendo llegar hasta la hidropesía. Observaciones numerosasIian evidenciado la parte debida á los cloruros en la patogenia de estos edemas. Efectivamente, el, cloruro de sodio es el, qu'e frecuentemente no se elimina en suficiente cantidad por el emuntorio renal lesionado. Hechos experimentales han venido ha constituir otros elementos de prueba. Si durante algunos días se introduce cloruro de sodio (ingestión de suero fisiológico), en un or- ganismo cuyo riñón está lesionado, se producen después de' un tiempo determinado, edemas localizados ,que luego se general.izan. Cesando de administrar la sal, el peso de los enfermos disminuye y los edemas se reabsorben .. No ofrece un interés teórico solamente el conocimiento .de como se forman los edemas, puede proporcionar indica- ciones terapéuticasde la mayor im portancia, Lo más peli'- , geoso de todo es la sal marina; cuando la indicación lo reclame, todos Jos' esfuerzos tenderán á elimir1arla del ré- gimen de la manera más absoluta (cura' de declorüi'ación). Los buenos efectos del régimen lácteo, en las nefritis, van, ligados, sin duda, á la pobreza en cloruro de sodio, de este alimento. Quizás fuera posible, alimentando vacas con un alimento pobre en sales, y suprimiendo la que los produc- tores añaden á la ración, obtener una leche todavía más dé, b.! en cloruros que constituyera un alimentodeclorurado mas ventajoso. .. REVISTÁ VETEIUNARIA DE ESPAÑA 35'7 Los edemas de las cardiopatías tienen su origen en per- turbaciones mecánicas' de la circulación. Por lo tanto) los edemas que se manifiestan en los asistólicos se acom pañan de la emisión de orina, pobre en cloruros; de este hecho parece deducirse la' retención clorurada debida al mismo mecanismo que la aparición del edema enr'a insuficiencia renaL En el curso de las enfermedades que se acompañan de perturbaciones generales de la nutrición (anemias diversas) caquexia cancerosa), los edemas que se observan deben atribuirse á lamisma causa. Las ascitis son debidas con frecuencia á perturbaciones secundarias de la circulación, y) pOI' lo tanto) los camhios osmóticos intervienen en su producción. Se sabe que el ré- gimen declorurado ,provoca diuresis y una disminución de la ascitis) mientras que la cloruración 'va siempre acornpa- ñada de un rápido aumento de líquido ascítico. En la produccion del edema) nosotros estudiamos el pa- pel de la retención clorúrica, que se ve perfectamente estable~, cielo y es una cuestión que no debe ya discutirse. Pero hay á resolver todavía un problema: el de saber porque ,el organismo retiene los cloruros. Se han propuesto dos hipó- tesis para explicarlo : para unos el riñón es impermeable á los cloruros) y el edema va siempre ligado á la insuficien- cia rerial ; para otros, en el organismo enfermo se fabrican substancias que atraen los cloruros. Esta teoría aceptada en Alemania disminuye la importancia concedida á los fe- nómenos fisicoquím.icosque no entrarían en juego más que secundariamente "en ocasión ele los fenómenos secre- torios. 'La cuestión no está resuelta, púo los hechos anuncia- dos en el curso de este trabajo son suficientes para demos- trar, que) primitivos ó secúndarios, los cambios osmóticos se efectúan bajo' la influencia de variaciones cloruradas de los humores del organismo, ocupando en los fenómenos generales de la nutrición un lugar preponderante. ( Trad uccí ón ele J" BA RCELÓ ), (Reoue gén'é1'ale de Leclainclie, n ." 55, tomo V. " 358 REVISTA VETERIi,iARIA DE ESPAÑA DIAGNÓSTI~O [lE LA TUBEHCULOSIS Desviación '~el complemento POR" JULES BLIER En una comunicación dirigida por Marmorek á la Aca- demia de Medicina de París) el 8 de febrero último) fija en un 95 por 100 los resultados exactos obtenidos en el diag- nóstico de la tuberculosis con el empleo del método de la desviación del complemento. . Aun cuando en el número de esta REVISTA del mes de oc- tubre último ya se expusieron los.procedimientos modernos de diagnóstico y entre ellos el método de la desoiacion del complemento) creemos no estará de más reproducir el si- guiente trabajo de M. Jules Blier publicado en La Semaine .'Veterinaire, teniendo en cuenta la importancia universal que ya adq uiriendo dicho método.' . Se designa con este nombre un procedimiento' experi- mental) cada día más empleado en medicina humana, para diagnosticar las enfermedades capaces de I110dificar el estado ,humoral de los individuos y que no dejará de utilizarse muy prontoen veterinaria, Por otra parte) se ha comprendido Ja posibilidad de sacar partido de él en 'provecho de]. trata- miento del muermo) lo que seguramente habría ocurrido ya) si excelentes procedimiento de laboratorio no hubiesen conquistado desde hace tiempo la hegernonta para esta últi- ma afección. Desde luego, deja entrever algunos fenómenos íntimos de la inmunidad, por lo cual puede cautivar al teórico; no obstan te) hay 'ocasiones en qué proporci on a' en el hospital una precisión que no era dable e peral' de la clínica) prin- cipalmente en materia de la eguinococosis .(según ,Vein- berg) y de la sífilis ( egún Wassermann), _ Desgraciadamente para el gran público científico, esta precio aconquista permanecerá todavía en la obscuridad 'ó poco menos ba tante tiempo por do razone : en primer lugar porque hay necesidad de presta¡' mucha atención para Ilegar á compr nderla perfe amente y 11 segundo térmi- REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑi 369 / no) porque los numerosos autores que se han ocupado de dicho método) han bautizado con.distintos nombres algunas sustancias fundamentales de la desviación ; habiendo. aten- dido más á su notoriedad personal que á la sencillez de su exposición. La verdadera clave de los fenómeno de la inmunidad actualmente conocidos) estriba en la siguiente ley: Cuando ,á un individuo de la especie A se le inyectan micro- bios) sustancias albuminoides) productos de origen orqanico, elementos fl{jw'áclos ó toxinas de la especie B se provoca en lCL especie A) la formacioti ele sustancias que tienen la propiedad ,generaL de oponerse á la acción de productos ele la especie B. El elemento introducido es el antígeno) el que opone re- sistencia es el anticuerpo; resultando exacta esta ley de an- tígenos y anticuerpos si) entre otros productos) se inyectan oibriones coléricos á la cabra (en cuyo caso se habrá formado un cuerpo especial en la cabra) llamado por los autores) sensibilizador colérico); inyectando glóbulos rojos ele caballo al conejo se formará en el conejo un cuerpo eensibiliaador para glóbulos rojos del caballo) )-10 mismo pasará) si inyec- tamos, toxina diftérica- á un caballo) puesto que se formará. un sensibilisador especial en el caballo) para la toxina difté- rica y así sucesivamente en todos los casos que' puedan ser incluídos en la ley enunciada. Imaginemos) para cerrar la lista) que se inyectan á. un cobayo) espermatozoides de un hom bre; se formará. un ien- sibilisador petra espermatosoides del hombre) que la medicina legal podrá u ilizar lJara la demostración de ciertos hechos punibles. _ Este ejemplo) tan extraordinario) desde luego) demues- tra cuan general es la ley de antígenos y anticuerpos. ~CuáLés'son las propiedades del sensibilizador ~ Nos li- mitaremos á la exposición de hechos concretos. Se extrae suero de la cabra y se Ie añaden vibriones coléricos que se disuelven en él (1); se vuelve á extraer sue- ro y colocado en dos tubos) se calientan á 70° el uno y á 55° el o ro. Se añaden luego vibriones en Jos dos tubo y se lle- . van á la estufa; después de lo cual no se observa ninguna disolución en el uno ni en el otro) pero añadiendo a los dos (1) Al mismo tiempo son coagutados y agtutinados: fenómeno debido á las coaguljnas que I;lO entran en Iínca en la desviación de! complemento: " ::HiO REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA, tubos suero normal procedente de un animal normal ele cual- qUÚ:.?7'a especie, la disolución tiene lugar) pero únicamente en el tubo calentado á 55°. Resulta, púes) que ésta es debida á dos sustancias: una qua se llama sensibilizadora, y no existe más que en los sujetos vacunados contra el vibrión colérico (que aquí es el antígeno) y es destruida á la temperatura de 70°; y otra que completa la acción de la primera) se encuen- tra en todos los sueros (recibe el nom bre de complemento ó aleccina), y se destruye á una temperatura de 55°. En resumen) y robust=cierido la idea) por otra parte) dire- mos que se puede representar el fenómeno gráficamente di- ciendo: que para que el vibrión colérico sea disuelto tiene que estar rodeado de una doble envoltura formada por el sensi- bilizador y por el complemento. Dedúcese de aquí la cense- 'cuenci:::tsiguiente: si ponemos dentro' de un mismo tubo cierto número de vibriones coléricos) seilsibiliz~dores y tam- bién suero normal (cuyo suero lleva consigo su correspon- dientecomplemento) resultará que) la totalidad de éste) va á ser empleado en combinarse con el sensibilizador y recípro- camente) si notamos que en mi. tubo en el cual hemos colo- cado vibriories coléricos) suero á 55° de un sujeto sospechoso de cólera y alexina ó complemento procedente de un animal normal) donde todo este complemento ha sido empleado)' podemos afirmar que dicha .alexina se ha combinado con los vibriories coléricos y también con el sensibihzador propor- cionado por el sujeto sospechoso y como conclusión inrne- diata : que el sujeto que ha proporcionado el suero está efec- tivamente atacado de cólera asiático. Este es el fundamento del método ; pero se nos objetará diciendo: ¿ Cómo sabremos que la alexina se ha combinado ó se ha dejado desviar) estando atraída por -los vibrioues co- Iéricos y por el sensi bilizador ~\ ¿ Hay para está algún -reac- tivo, comparable al papel de tornasol del químico que, tiene la facultad de descubrir la presencia de un ácido f , Podemos contestar afirmativamente v lo demuestra el si- guiente experimento: inyectando' á' un" conejo cada cinco días) durante un mes, glóbulos rojos de caballo previamente lavados se formara un sensibilizador para glóbulos de caba- llo. Sangrado el animal) y recogido el suero) lo calentaremos á 55°) añadiéndole glóbulos normales de caballo) los cuales, hay que layar con el' suero calentado. Se aislan por centri . REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA 361 fugación y mezclados con suero normal de un animal cual- quiera) se disuelven en seguidayadquiriendo el conjunto un color rojo. ¿,A qué ha sido debido el cambio de color? A que al pasar los glóbulos por el suero preparado han arrastrado al sensibilizador-glóbulo-caballo, que se combina con la ale- xina del suero normal proporcionado pOI' el animal cual- . quiera; y á que estos glÓbnlos entonces pueden ser disuel- tos por el mismo mecanismo que hemos visto antes para el vibrión colérico. Púo si en lugar de mezclar. estos glóbulos con suero normallo hubiésemos hecho dejándolos caer en nuestra mezcla de vibr-ioncscolér-icos, nos hubieran demostrado cla- ramente si en el tubo quedaba alexina. En caso negativo (si el sujeto es colérico) los glóbulos no se disolverán y el.cou- . junto queda incoloro; en caso afirmativo (si el sujeto no es colérico) los glóbulos se combinarán con la aléozirui que liabra quedado sin desviar) siendo disueltos) y el todo se irá volviendo rojo .. EJ fenómeno) oculto hasta aquel momento) se traducirá en un cambio objetivo JI visible) exactamente igual al que se experimenta cuando el papel de tornasol es atacado por:. un ácido. . Se comprende quela práctica de este método en el labo- ratorio ha de ser muy compleja. Nosotros hemos dado esta liegra descripción de él) haciendo abstracción de detalles de técnica) con el objeto de contribuir á vulgarizar un procedi- miento de diagnóstico, que quizás proporcione á la medici- rta humana, para ciertas afecciones) ignoradas hasta hoy) . éxitos semejantes á jos obtenidos con la tuberculina y la maleína en medicina veterinaria. (Traducción de E. Trull] 362 REVISTA VETERINARIA PE ESPAÑA TRABAJOS EXTRACTADOS PATOLOGÍA Y CLÍNICA ADRIÁN. Broricopneumonía gangrenosa tratada por las inyecciones intratraqueales antisépticas. 1 La yegua Faoeur, de '7 años) presenta señales de bren- copneumonía' con tendencia á la gangrena, Revulsivos, fu- migaciones calientes antisépticas, antifebriles y electuarios á base de trementina) con gránulos de digital. Durante tres días siguen agravándose los síntomas. Se hace la revulsión en los costados y se recurre al tratamiento de. Gotti (inyecciones intratraqueales, mañana y tarde) de 10 cc. de una solución de formol al 4 por 100). EL trata- miento fue bien tolerado durante dos días; estas inyeccio- nes provocan en seguida accesos de tos violentos y se subs- tituye el formol por la fórmula de Masson y Vazeux: Creosota . . . . . . . '. . . 1 gramo Alcohol. . . . . . . . . . . . 40 » Agua ' ' .. 40 )) Una inyección diaria de 20 ce. Estas inyecciones son repetidas durante cinco días, inte- rrumpidas durante tres) en razón de los edemas desarrolla- dos al nivel de las picaduras) luego repetidas durante seis días. En tal momento se considera la curación como cierta. Sin embargo) cuatro días después del final del trata- miento) .se nota un.aliento fétido y la temperatura sube lige- ramente. Se repiten -lasinyeccionés traqueales de lasolu- ción creosotada durante cirico días más, bajando la dosis de 20 cc. el primer día) á 10 cc. el último. La curación es definitiva. " . II El caballo Epoqneul, de 8 años) es afectado de una colee- ción purulenta de los senos frontales y maxilares y adrni- tido en la enfermería el día 24, de diciembre de 1904. El11 de enero se le practica la trepanación . . Por la noche se observa una tos y el aire espirado tiene un olor gangrenoso. La auscultación, denota la broncopneu- manía en el lado izquierdo. REVISTA. VETERINARIA DE EspAÑA 363 Se utilizan las inyecciones intratraqueales de formol á 4· pOI"100 á la dosis de 10 cc. pOI' día. ' . La curación fue completa á fin de febrero. El autor es- tima que estas dos observaciones demuestran el valor real de las inyecciones traqueales antisépticas para combatir 'la fetidez del aire espirado Ji la tendencia de la mucosa brori- copulmoriar á la inflamación gangrenosa. J. --:-:- B. - (Bulle- iin de La Sociétc de sciencies oeterinaires de Lyon, sesión del 16 de marzo de 1907, páginas 141-146). CARRÉ. Etioiogía de la congestión intestinal del caballo. - Entre las enfermedades del tubo digestivo del caballo, se conoce una entidad morbosa bien definida, ca- racterizada clínicamente por cólicos de extremada violencia que aparecen bruscamente, mucosas inyectadas de color muy subido que, se presenta, con frecuencia, en los caballos fa- tigados por un trabajo excesivo. Las lesiones son caracte- rísticas: el ciego y el intestino grueso, particularmente in- teresados, ofrecen un color rojo obscuro, la mucosa desor- ganizadase transforma en un coágulo rojo negruzco; el hígado es, á veces, asiento de un proceso de desorganiza-. ción, el bazo grueso, blando, negro en el corte. La inser- ción de los VEtSOS sobre el intestino es rodeada de un edema abundante, sanguinolento. El estómago yel intestino del- gado SOI1) algunas veces) los únicos interesados, juntos ó separadamente. La orina puede ser más ó menos subida de color basta adquirir el tinte marcado de café. El corazón es amar-illento, friable. El endocardio izquierdo es sern brado de numerosas hemorragias subserosas, las válvulas ,pre- sentan vegetaciones fibrinosas, índice de una reciente infla- rnación (Petit). , . En la etiología de este estado) nos hallamos actualmente en presencia de dos hipótesis: ' La La pr-imera, que emana de Bollinger, acusa la trorn- ,bosis de las arter-ias colicas por un coágulo que procede de un aneurisma vernirnoso de la gran mesentérica (acción mecánica y notoriamente insuficiente para explicar las le- siones ele intoxicación general). . 2.a MM. Petit Ji Ligniéres, reconocen la imposibilidad de explicar la génesis de estas lesiones por la acción de una toxina microbiana. Lignieres coloca en la mucosa in- testinal el origen de esta secreción tóxica) debida á un mi- crobio hipotético todavía. Ilustrado por sus observaciones precedentes sobre el bacilo de Preisz-Nocard v ciertas afecciones del carnero (1), Caeré ha podido comprobar fácilmente el agente específico de la congestióh intestinal del caballo. (L) Reu ue générale de MMeci!.e \fé¡érillail·e, 1.0 de abril de 1908 y 15 de enero de HilO. 364 REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA Dice Roux: lo notable que ofrece el trabajo de Carré so-' bre esta cuestión) es el examen dé lasrelaciones de ,autop- sia de los carneros muertos de caquexia aguda) mal rojo.:o muertos por la toxina de Preisz-Nocard, para comprobar la identidad absoluta de estas lesiones ylas que se hallan en el caballo muerto de Congestión intestinal. ' Los carneros muertos de la enfermedad natural no le han permitido hasta el presente encontrar con exactitud el. ,lugar del cultivo del microbio. Recientem erite, dos corderos enviados de un rebaño il1- fectadó se pusieron á morir. Sacrificados, la sangre del co- razón dió un cultivo puro de bacilos de Preisz-Nocard, , La suerte le deparó cuatro caballos atacados de cólicos violentos. Estos caballos fueron sangrados de la yugular y la 'sangre fué sembrada en caldo. , ' Dos caballos curaron y la sangre que se había sembrado res ultó estéril. Los dos caballos que murieron ofrecieron lesiones típi-. cas de congestión intestinal sobre el tubo digestivo y sobre el corazón. La sangre de estos dos animales dió un cultivo de bacilos de Preisz-Nocard. El autor formula las siguientes conclusiories ; t ." La congestión intestinal del caballo no es una afee- ,ción del tubo digestivo; es una infección general del' orga- nismo provocada por el bacilo de Preisz-Nocard, y las le- siones halladas son debidas al veneno segregado por este microbio, 2.a El dictado de congestión intestinal es. absoluta- mente inexacto; la lesión intestinal puede ser insignificante ó no 'existir) y la acción tóxica mostrarse únicamente sobre el estómago y sobre el corazón. - J. B. (Reoue générale de Médecine Vetérinaire, 1.0 de abril de 1910) páginas 384-385). ¡ COLSON" Rotura del esófago eri el caballo. -'- Lla- mado par;?- visitar un caballo atacado de cólico) el autor en-' c~entra al enfermo de pie coq los miembros anteriores rí- gidos, mucosas inyectadas, respiración disneica y pulso pequeño,· , " .1,., " 1, ',. ' , Se cree ante una indigestión estomacal y prescribe frie- Clones revulsi vas) inyecciones de pilocarpina, etc. El 'en- formo muere con inusitada rapidez. ' " En la autopsia se halla el estómago casi vacío. Nada ele anormal en el abdomen. El esófago hasufrido una rotura en su parte ~orácica' á dos centímetros del cardias por el ' borde superior. En el canal se encuentra un fragmento de aguja de un eentí,metro de longitud fijado 1 erpenelieular- l1'~enteal mayor eje de la pared y p