REVISTA VETERINARIA" DE ES~PA.ÑA Vol. IV Barcelona: Agosto 19 ro N.O 12 TRABAJOS ORIGINALES Dif~renciación ae la naturaleza a~las carn~s POI" BENIGNO G." NEIRA Veterinario Municipal de Barcelona Los procedimientos empleados hasta el presente para diferenciar las carnes, atendiendo á su naturaleza, ,ó sea al animal-de donde proceden, son muchísimos, y, si bien es cierto que en teoría son á cual mejor, en cambio, una vez llevados al terreno de la práctica, nos encon-tramos que la mayoría de ellos, no sólo son confusos, sino deficientes, y muchas veces no sirven más que para dictaminar al estilo de los célebres doctores de El Rey que rabió. I Suscintamente enumeraré los .priucipales'procedimien- tos conocidos, haciendo un ligero estudio de ellos, procu- randa detenerme un poco más en el método de los sueros precipitantes, 1)01' ser, á mi juicio, el que nos puede condu- cir mejor al fin que nos proponemos, si bien en la práctica tenemos que luchar con los inconvenientes que van apare- jados átodo procedimiento quJ requiere trabajos previos y que no siempre están' al alcance del Veterinario Inspector, á quien, de pronto, se exige un dictamen de esta índole. El examen histológico es el más deficiente y hoy está 'Completamente abandonado. Se funda en la diferenciación morfológica de los elementos anatómicos que forman los tejidos de los distintos animales, y cuya diferenciación, sola- mente puede apreciarse después de constantes y muy repe- tidos estudios de observación. Por otra parte, los caracteres diferenciales, señalados por los histólogos (Borgeau, Nozoti, Zocoli, Savaresse,' Jungers, Lisi,: etc.), que se dedicaron á 'esta clase de estudios, no son los mismos y por lo tanto se- Tía necesario, para poder llegar á un fin práctico, que cada uno por sí mismo, previo un estudio detenido, apreciara la diferencia de caracteres, pues cuantas descripciones se há- 462 . HEVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA' gan sobre las distintas formas de los elementos anatómicos, resultar-án siempre confusas en la practica por ser distinta la. manera de apreciar cada uno, detalles visuales tan insig- nificantes. Bástenos saber que estas diferencias las estable- cen comparando el espesordela fibra muscular, elnúmero, forma y diámetro del ancho del sarcolema) distancia de los discos. de Bowm:an y dimensión de las células adiposas: Warringhsholzrecurre á la diferente manera de estriarse los músculos en el caballo yen el buey. En el pr-imare dice que es estriado más sencillamente que en el segundo. Como fá- cilmente se comprende) esta apreciación carece por completo- . de valor práctico. " En cuanto al índice de refracción de las grasas) no da mejores resultados que el examen histológico. Nusseberger . señala las ci fras sigui en tes á la tem pera tura de 40~. INDICE AL REFRACTÓMETRO DE ZEIS Grasa ordinaria" "caballo 53'1 á 54'1; buey O á 49 ; cerdo Oá 51'9 » intramuscular- » ~5'2 á 59'8; » 48 á 50'5; Por lo tanto toda grasa que da un punto refractornétrico superior Ó igual á 52 contiene) al menos, mezclada grasa de caballo. El análisis químico de las carnes puede proporcionarnos datos de bastante importancia para poder diferenciarlas, La grasa de caballo contiene (procedimiento Hubl), de 74 á 85 de iodo, mientras que la de buey !lO tiene más que de 4,0. á 58 Y la de cerdo de 60 á 61. La importancia de este dato desmerece muchísimo al considerar, que si mezclamos la. grasa de buey con la de caballo) nos' dará. una cifra media igual á la de cerdo. Por lo tanto) esta clase de análisis ca- . rece por completo de valor, siempre que se tratade la ins- peccióu de embutidos otras substancias ú en las que la carne I se presenta en pequeñas porciones. No es este el único' in- conveniente de este procedimiento) sino que las cantidades de iodo señaladas pOI' LInos autores (Hasterl ich), que son las anteriormente anotadas, difieren de las de otros (Bre- m er y Nussberger), 80á 94 para el caballo) 35 á 44 para el buey y 59 á 63 para el cerdo, dé todo lo cual se desprende que este procedimiento n o aventaja en nada á los ante- rieres. 463 Sansón señala en 1858 la existencia del glicógeno en los, músculos .Y Niebel lo utiliza para caracterizar las carnes. Posteriormente otros muchos autores (Troter, Aldehoff, Bu- jard, Pfluger, etc.) indican la cantidad de glucógeno 'exis- tente en las, distintas especies y todos ellos difieren, no sólo 'en la cantidad señalada á cada especie; sino también según la región de donde procede-el músculo y el tiempo transcu- rridodesde el sacrificio. El procedimiento más sencillo para averiguar la cantidad 'de glucógeno (Brucke-Kültz), consiste en reducir el músculo á pulpa adicionaridole el 4 por 100 de sosa cáustica y en el extracto acuoso obtenido á 100° se precipitan las substan- ciasproteicas. por el licor de Brucke y el ácido clor-hídr-ico. En la solución obtenida se precipita el glucógeno por el al- cohol. Una vez lavado y seco se pesa á 110°. Los medios anotados anteriormente nos dejan en com- pleta impotencia para poder apreciar la naturaleza de las carnes, pues si bien !lOS prdporoionan algunos datos que pudieran hacernos sospechar, no sor¡ lo suficientemente claros para dictaminar, sin temor: pe equivocarnos, yen la misma duda nos dejan ou-os muchos procedimientos, de cuya enumeración prescindo, por no hacer demasiado pe- 'sado este trabajo, entrando de lleno en la descripción del método p'e los sueros precipitantes. Tehistowitch fué el primero que descubrió que el suero de animales, á losouales previamente se les había inocula- . 'do 'suero de otro de distinta especie, tenía la propiedad de precipitar fuertemente el suero de la especie del animal que había servido para prepararlo. ' Esta es la base principal sobre la cual se asienta el pro- cedimiento. para poder apreciar la diferenciación de las car- nes y prescind ierido de las múltiplesaplicaciones que hasta en 'medicina legal puede darnos este método, nos concretare- mos á su estudio desde nuestro punto de vista. ¡ Pasaremos por alto' el mecanismo de producción de las precipitinas, por no ser objeto de este artículo el estudio de la reacción 'biológica de las carnes y sus causas fundamen-' tales, concretándonos únicamente, á la descripciónde los procedimientos técnicos para poder diferenciar las carnes por el método de los sueros precipitantes. ' Bajo el supuesto de que queramos proporcionarnos sue- REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA ro precipitante de caballo (y lo mismo es para las demás especies), buscaremos un animal sobre. el que vamos á ha- cer las inoculaciones (conejo óperro, por lo regular), el cual es inútil advertir que debe estar en perfecto estado fi- siológico. . La substancia, líquido ó extracto orgánico que seha de inyectar, varía según el procedimiento señalado por distin- tos autores. Así vemos que Meissemer y Herboet, Kister, Wolf y Nicolás, dicen" que debe inyectarse suero sanguíneo asépticamente recogido y esterilizado á 55°. Nótel ha obte- nido suero precipitante de caballo, tratando la carne de este animal, finamente cortada, por una solución de sosa al 1 por 100 durante tres horas á 37°, Y á razón de una parte de carne por dos de líquido, sometiendo el todo á la acción de . la prensa é inyectando al conejo la substancia así obtenida. Piorkowski dice que es preferible el empleo de la materia albuminoide de la carne tratada por el método de Blumen- thal. Rupein aconseja inyectar sim plemente el jugo muscu- lar obtenido asépticamente por medio de prensas (sistema Klein.) . Petrini de Roma emplea un procedimiento para obtener el líquido inyectable que es uno de los más prácticos y úti- < les, pues reúne la ventaja de poder preparar de una sola vez la cantidad suficiente para las distintas inyecciones que de- ben practicarse, conservándose perfectamente duránte mu- cho tiempo. Además, el procedimiento para su obtención es de lo más sencillo; consiste en reducir á pulpa una cantidad determinada de carne, adicionándole una pequeña cantidad de agua; se filtra y se le añade una solución fenicada al 5 por 100 en la proporción de 5 por 1,000. El líquido obtenido por cualquiera de los procedimientos anteriores debe inyectarse en el conejo. Unos practican las inyecciones debajo de la piel, y otros, en cambio, dicen ha- ber obtenido un suero precipitante más activo si-las inocu- laciones son intraperitorieales ó intravenosas. Debe comen- zarse por inocular de 2 á 4centíi:netros cúbicos cada tres ó cuatro días y sucesivamente aumentar la dosis hasta llegar á 10 ó 12 para el conejo, y 40 á 50 para el perro, no echando en olvido que un suero tendrá su poder precipitante en re-, lación directa del tiempo que el animal fuere sometido á las inpculaciones. Para sangrar al animal sometido al trata- REVISTA VETERINARIA DÉ ESPAÑA 465 miento debe esperarse al quinto sexto día á contar desde ó la última inyección, procurando recoger la sangre lo más asépticamente posible y lo' mismo al separar el suero del coágulo, adicionando una parte de solución fenicada al 5 por 100 por cada 10 partes de suero, conservándose de esta manera activo lo menos durante seis meses. Cuando se trata de comprobar si un producto contiene carne de caballo, por ejemplo, se empieza por cortar fina- mente una porción de la carne en cuestión y se pone á ma- cerar durante .doce horas en una solución acuosa de cloruro de sodio adicionado de 0'50 por 100 de ácido fénico (una parte de carne por 50 de solución salada fenicada), cuidando de agitarlo á intervalos. Pasado este tiempo se filtra procu- rando que el líquido quede completamente claro. Una vez obtenido este líquido, se mezcla enuntubo de ensayo en la proporción de 2 cenümetros cúbicos por' uno de suero pre- cipitante, se coloca dicho tubo en un local fresco y se acom- paña de otro tubo testigo, se examina cada hora, y si á las doce horas el líquido permanece transparente, puede ase- gurarse que aquella carne no es de caballo. Igual procedimiento se observa cuando se trata de averi- guar SI un producto contiene carne de animales de otra es- pecie, variando solamente el suero precipitante según la especie que tratemos de buscar. De cuanto llevamos dicho sobre los distintos medios co- nocidos para apreciar la naturaleza de las carnes fácilmen- te se desprende que sólo este último procedimiento es el que nos proporciona resultados más positivos máxime cuan- do la reacción puede obtenerse sobre el líquido obtenido por maceración de carnes en .conserva secas, lo mismo ó que de trozos de vísceras, etc. Réstanos todavía oir la última palabra sobre esta cues- tión que para la inspección de substancias alimenticias es de gran trascendencia. . 466 HEVISfA VETEHINAHLI. VE ESI'A5IA Falta un mataüero po~ ANGEL SABATÉS y MALLA Veterinario Municipal de Barcelona Es Barcelona, sin disputa ni exageración, la ciudad del mundo donde. se- consume mayor número ele gallinas y co- nejos, 'y, sin embargo, estas carnes se sacrifican libremente con sólo una iuspeccrón á su llegada en el mercado en .vivo 'JI otra á su venta en trozos al detall. . Estas dos inspecciones son perfectamente comprendidas y desempeñadas, y sus efectos se notan en las estadísticas ,de decomisos bromatclógicos; pero ¿,bastan por sí solas para asegurar la integridad sanitaria ele las materias sometidas, dada su naturaleza orgánicft y objeto final f Sin duela que no, porque en este caso también bastaría para las carnes ele los bóvidos, óvidos; cáprielos y pórcidos, y vemos como el Excmo. Ayuntamiento cuida, y con razón, de someterlas á un nuevo examen rigurosísimo en vivo y en canal, á pesar de haberlo sufrido ya en su desem barco y sornetérselas de nuevo en su expendición al público consumidor. No será ello debido, con seguridael, á ,que el organismo del conejo y el de la gallina sufran menos contingencias mor- bosas que las restantes carnes comestibles, pues el conejo, como los otros animales, se halla afecto por in numerables . afecciones, y la gallina, por razón de su mayor graelo térrni- ·co natural, aparte de las dolencias patógenas de carácter in- . ' feccioso (pasterelosis, etc.), es muy propensa á la asfixia, á consecuencia de la cual mueren á centenares ep cada expe- dicion , procedente de im portación lejana. Yconlo quiera que el mercado barcelonés se provee de los de Rusia, Tul" ' quía, Italia y Portugal" entre otros, de aquí lo dificil cohi- bir en absoluto la distracción de alguna bandada de esas aves que, muertas y bien muertas, tienden el cuelo hasta, quién sabe si en el propio estómago de los que por deber hemos de fiscal izar su huida. ¿,Es esto ignorancia'? ¿,Es mala fe~ No y no; es imposibilidad de poder llenar perfectamente .REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA 1[67 uu cometido por, carencia de medios indispensables. En ninguna época de la historia ha habido 'ejército alguno que haya alcanzado grandes epopeyas por la sola: fuerza de sus brazos. ' . Son necesarias armas y en nuestro caso el fuerte princi- pal es el matadero, donde como criba higiénica, se selecciona . -el grano y se desecha la parva en beneficio siempre de la población que confiadamente se nutre de las sustancias que :se la ofrecen, en la creencia de que ellas no han de intoxi- carla.' y otrosí, en pro de .nuestro asunto: la gallina, substan- cia eminentemente pa:ra enfermos y convalecientes, ¿,no ha de merecer, si cabe, más y mejores exigencias higiotécni- .cas que las dem~s carnes? . ¿,Por qué, pues, no se le conceden, por lo menos, las - mismas preem inenciasf _ ¿,Acaso se teme una exacción en exceso extraordinaria' . I para implantar mejora tan relevante? Siéndolo mucho, nunca alcanzaría su gasto al valor moral, aparté del mate- rial.vque significaria; pero ni aun se necesita ·tropezar ante obstáculo tan bajo como es el de naturaleza pecuniaria, . pues poco nos ha de costar demostr-ar (como ya lo hemos intentado en anterior campaña en la prensa diaria local y corno pretenderemos proseguir hasta conseguirlo) lo fácil- mente factible de la reforma con sólo manifestarse prácticos los ánimos de que se halla poseída la ilustre Comisión ofi- -cial del Municipio de esta ciudad. . Según estadísticas más ó menos aproximadas á la reali- dad, se consumen, .por término medio, en Barcelona de siete á diez mil cabezas diarias de pollería, de cuya cifra la mayor parte la componen las gallinas, después los conejos, pollos) etc. S} todas estas unidades pasaran por el matadero y por derechos de inspeccióu rsauitaria devengaran sola- mente cinco céntimos ,de peseta cada una) cantidad que no modificaría para nada la tar-ifa de venta) se recaudaría tam- bién diaria la suma de QUINIENTAS PESETAS, Ó sea de CIENTu {)CHENTA y DOS MIL QUINIENTAS PESETAS anuales que respon- derían sobradamente de. los gastos de implantación (amor- tizable) y alimentación) siendo uno de los principales el co- rrespondiente á personal) que nosotros consignamos en la forma siguiente: 468 REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA Pesetas Un jefe técnico, director de todas las operaciones del estable- cimiento, dotado con el sueldo anual de . . . . . . . 5,000 Un facultativo sanitario auxiliar o agregado á las funciones del anterior con . . . . . . . . . . . 3,500 Un subjefe ele oficina administrativo encargado de este de- partamento con . . . . . . . . . . . 3,500 Un oficial auxiliar de oficina y receptor, con . 2,500 Dos prácticos ayudantes en la inspección facultativa en vivo y en canal, con 2,500 pesetas. . . . . . . . . . . . 5,000 Un marcador de carnes . . . . . . . . . . . . . . 2,000 Cuatro mozos correspondientes al servicio de puertas, lim- pieza y vigilancia, con 1,500. 6,000 Suman en total. 27,500 Restado este total del de ingreso, se obtiene aún un so- brante de CIENTO CINCUENTA Y CUATRO MIL PESETAS anuales para las exigencias de baldeo, laboratorio, reparto de car- nes y otras derivadas del funcionalismo y atender aún á los réditos y fondo de amortización del capital invertido en la habilitación del local destinado al efecto, todos los cuales ni la pena merecen de ser mencionados ante la grandeza de la obra á que responderían. . . Después de lo apuntado, .que creemos de positiva cer- teza, no sabemos explicarnos á que pueda obedecer la au- sencia de un centro fiscalizador, tan importante desde el punto de vista sanitario, por cuanto beneficiaría también á los que á primera vista parecen exonerados, los abastecedo- res. En efecto: en la actualidad, cuando una expedición de gallinas llega en malas condiciones, al ser sometida á obser- vación, sucumben muchas por causas muchas veces que no obedecen á ningún agente infectivo y sólo por efectos trau- máticos del viaje. Todas estas expediciones que hoy no pue- den entregarse al mercado, con la existencia de un mata- dero, podrían ser sacrificadas en el mismo, y,previa rigu- rosa inspección, entregar las reputadas como sanas á la venta é inutilizar las restantes, en la seguridad de salvar en este último caso las dos terceras partes ó más de las sacri- ficadas, mientras que hoy, lástima da ver como sucumben ignominiosamen te cien tos de cabezas CJ ue podrían haber sido aprovechadas, sin perjuicio para la salud pública. Una sola expedición que salvara cada importador, le bastaría para pagar los impuestos de matadero correspondientes á REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA 469" los años de su' existencia. He aquí) pues) como los prime- ros interesados han de ser los que) á primera vista) han de· sufri r la exacción. - Los que han de oponerse con Emergía son los mercade- res de carnes insalubres) los mercaderes. de derechos roba-- dos áquier:es el negocio se les iría de la mano) sino del todo (creemos que sí), por lo menos no alcanzaría la prodi-- galidad de ahora. Repetimos: las dos inspecciones que sufre la volatería .de consumo en Barcelona, con ser todo lo delicada que debe' .por parte de los dignos compañeros que la tienen á su cargo es insuficiente para poder afirmar categóricamente que toda la carne quede ella comemos es buena. Precisa) es de suma necesidad un matadero para galli-- nas) conejos y demás.comprendidosen el grupo de pollería .. lUgo acerca n~la viru~la POR ESTEBAN TRULL Veterinario Municipal de Barcelona Una de las enfermedades que con bastante frecuencia reclama la atención del Veterinario Inspector en los mata- deros, es la viruela del ganado lanar; afección que podemos: descubrir al practicar la inspección en vivo ó en los depar= tamentos de matanza) al practicar el desuello de las reses. v.En cumplimiento de las disposiciones de la ley de Sanidad vigente) se ordena el secuestro y aislamiento de las ataca-- das y sospechosas en el primer caso y el decomíso total é inutilización de las reses en el segundo) pudiendo aprove- charse las pieles después de desinfectadas y secas. Con tal rigor se cumple dicha ley en los mataderos de- esta ciudad) que comprobada la existencia de dicha enferme-- dad después del degüello; se practica el decomiso total) cual- quiera que sea el número de manchas ó pústulas variolosas que se observen en el sujeto de referencia; tanto si interesan el tejido conjuntivo subcútáneo ó el muscular) como si se- hallan limitadas á-la piel; lo mismo si está en uno como en . r . .1470 HEVíSTA VETEI.\lNARIA DE ESPAÑA -otro período; prescindiendo casi siempre de indagar si la puerta de entrada fue alguna herida externa) ó sifué por el .aparato respiratorio) así como de otros detalles innecesa- -rios) toda vez que el resultado final siempre es el decomiso. En la mayol' parte de los casos) no existe la menor duda acerca de la verdadera naturaleza de la enfermedad que nos -ocupa, pero se 'presentan ocasiones en que) para mayor se- . guridad del diagnóstico emitido) ó por ser muy limitadas y j)OCO características las manchas ó pústulas de la piel) se -ordena la evisceración para poder apreciar euJas vísceras -en general y en el pulmón en. particular) la existenciaó .ausenciade lesiones variól icas. Ocurre á lo mejor', que por .no ser apreciables á la vista) ni al tacto) las lesiones de esta víscera) se pone en duda ó se niega en absoluto) sean de viruela las 'lesiones visibles de la piel) y como según en que período se encuentre) el de erupción por ejemplo) 110 es imposible con fundir sus manchas con 'equimosis' produci- .. as por oteas causas; puede sobrevenir d un dualismo profe- -sional, siempre lamentable) en el modo. de apreciar esta cuestión, difícil de resolver á ciencia cierta) por la carencia de medios que la aclaren- inmediatamente. . Teniendo esto en cuenta y guiados únicamente por el .buen deseo de ver si nuestras humildes' fuerzas, nos, per- m itían aportar algún dato concreto acerca de la relación ·que pudiera existir entre las lesiones de la piel y mucosas -con las de las vísceras ; importancia de las mismas) según se presenten localizadas o generalizadas; en la forma regu- Iar ó irregular) en uno ú otro período) etc., etc., nos dsci- ·dimos á estudiar detenidamente los casos que se nos pre-: 'sentaran en la práctica de la inspección) examinando todos los órganos con el mayor cuidado posible. Los r-esultados . hasta hoy)' no nos permiten sentar ninguna conclusión) ya -que han sido muy pocos los casos pl'es~ntaelos y que dentro -de la benignidad) entre ellos ha 'habido ele todo un poco; puesto que han aparecido' reses con abundante erupción pulmonar y cutánea á la vez; alguna con abundantes man- -chas en el pulmón) y muy pocas 811 la piel) y otra que no te nía ninguna lesión en el pulmón) y solamente) algunas pús tulas debajo de la cola y en la región ingui nal . En elaparato digestivo no hemos hallado n inguna lesión digna de ser mencionada. HEVISTA, 'V'ETEHI:-iAHIA DE ES1'AÑA 471 Contrastaba esta variedad numérica de lesiones con la uniformidad del período'y carácter de la enfermedad, puesto 'que habiéndose observado en cuatro ocasiones diferentes" las cuatro fueron de forma regular y carácter, benigno ; ha-. llándose tres en el período de erupción y la cuarta en el, 'siguiente ó sea el, de secreción, ' Ahora bien, si tenemos en cuenta que cuando la infección tiene lugar por las vías respiratorias, el virus se difunde por el organismo, apar-eciendo una erupción pu lmoriar y cu- ltánea; al paso, ,que si penetra por inoculación intracutánea ;aparecen, según unos, la manclia primero y la pústula des- pués en el mismo' punto de la inoculación,' ~no podremos atribuir mayor virulencia de la sangre en la primer-a mane- rade presentarse que en la segunda ó sea cuando se limita á la piel? Según otros autores, cuando laincculaciónha .sido intracutauea, una parte del virus se cuítiva en el mismo punto, mientras que otra parte es absorbida COIl rapidez y ¡transportada pOI' los vasos linfáticos y sanguíueos al pulmón. :y mucosas alejadas del sitio de la inoculación ; con lo cual, nos encontramosen el caso recíproco del anterior, es decir, ,que en ambos casos debertamoshallar lesiones en el pul-o món y en la piel. , -Si esto fuer-a exacto en todos los casos, cuando única- mente existieran lesiones en la piel ó en esta y en el tejido' 'subcutáneo, ~ tendríamos que ':¡¡tribuitlo á la poca virulencia -dela sangre ñ al brillante estado de las defensas orgánicas ,de los sujetos atacados'? Esta es la explicación que nos pa- -rece más racional y adecuada, pero si así no fuera, con fia- mos en que po faltara quien conmás autoridad científica y mayores conocimientos, terciando en el asunto objeto de 'este tema, se.digrie aclarar y vulgarizar todo lo posible el sinnú- mero de, datos relacionados c()n la invasión, evolución y , -consecuencias que S2 der-ivan de dicha enfermedad, en la seguridad de que al' hacerlo, demostrará indudablemente su .amor á la riqueza pecuaria, al p8.1"que contribuirá segura- mente á la extinción de una enfermedad que tantos perjui- ocios ocasiona. Interin llega momento tan deseado, y aún que sea sepa- 'rándonos del motivo principal del presente trabajo, vamos ;á tratar- ligeramente de la viruela, sometiendo á la conside-' mación de los compañeros, los comentarios que en muchas 472 REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA ocasiones nos ha sugerido el ejercicio del cargo de Inspec- tor sanitario en los distintos mataderos de esta ciudad) al' - tener que aplicar la legislación vigente al pie de la letra) comentarios que se podrían condensar en la siguiente pre- gunta: ¿,es justo el decomiso total de las reses lanares ata- cadas de viruela regular ó benigna) sin fiebre) sin compli- cación de ninguna clase) sin alteraciones musculares) excepción hecha de las lesiones correspondientes á las pús- tulas ó manchasyy en buen estado de carnesf Verdaderamente es de lamentar) que en una nación como la nuestra) cuya riqueza ganadera deja tanto que de- sear) exista en la Ley de policía sanitaria de los animales- domésticos) un artículo tan terminante como el 126) que dice : « La carne de los animales enfermos de viruela) no- podrá ser destinada al consumo público ». Como no hace- distinción de ninguna clase) resulta que lo mismo se deco- misa é inutiliza la que está atacada de viruela irregular ó- maligna y) por consiguiente) con fiebre) lesiones internas,. alteraciones musculares profundas) complicaciones septi- cémicas) etc., etc., que la que se presenta con erupción re- gular y carácter tan benigno que ni hay fiebre) ni lesiones- musculares) decoloración) infiltración edematosa) ni ningún otro síntoma más que las manchas equimósicas ó las pús- tulas aisladas y muy escasas algunas veces) lo cual- no es" obstáculo para que la res esté en buen estado de carnes y hasta en pleno cebamiento. Mientras la ley esté en vigor' nos guardaremos 'muy mucho de faltar á sus mandatos) aunque según nuestro modesto criterio) sea excesivamente- riguroso el citado artículo; y si bien es verdad que) como vul- garmente se dice) « no hemos de ser más papistas que el' papa») no creemos sea faltar á nuestro deber llamar la aten- ción de quien corresponda) por si se cree razonable intro- ducir alguna modificación en el espíritu de la ley) que bien pudiera hacerse sin que peligrara la higiene) y en beneficio de la ganader+a nacional) que tan necesitada de protección se halla. Dos clases de causas nos han inducido á tratar de este asunto; unas próximas y otras remotas. Las primeras han sido debidas á haber tenido que intervenir- en decomisos de reses variolosas que presentaban lesiones de poquísima im- portancia; las segun das, son las opiniones de los que anh ,1 REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA 473 " I tratado de inspección de carnes, la débil resistencia del vi- rus varioloso y el hecho de que todas las especies, incluso la humana, sean refractarias á la acción del virus de la vi- ,rue].a del ganado lanar. Casi todos los autores, tanto nacionales como extranje- ros, que han tratado de dicha enfermedad, en llegando al capítulo de utilización de las carnes, se muestran partidarios de que se aprovechen para el consumo las de los animales .atacados de viruela benigna, exenta de complicaciones, es- tado febril, caquéctico, sin alteraciones musculares, etc., etc., y se decomisen totalmente las que se hallen en caso contra- rio. En el tratado de inspeccióh de carnes, de J. Rerines, ex inspector del servicio sanitario del Sena, que se acaba de publicar en estos días, y que,. por lo tanto, podemos con- siderar como portador de las últimas impresiones, descu- brimiE;lntos, adelantos, etc., etc., en su página 277, dice así: « Si las alteraciones. de la viruela son poco marcadas,ó bien localizadas, no motivan más que, un espurgo de las partes .atacadas; pero si existen lesiones en el tejido conjuntivo , subcutáneo, pulmón, 'ganglios y músculos á la vez ó en el caso de que las alteraciones musculares tuviesen un aspecto repugnante, entonces estará justificado el decomiso total». En honor á la brevedad,omitimos las opiniones de otros .autores eminentes, así como también prescindiremos de establecer comparaciones entre las disposiciones arriba mencionadas, con las dictadas en otros países y hasta en el nuestro, referentes á enfermedades que, como. la tuberculo- sis, á pesar de ser tan contagiosa y transmisible entre algu- nas e!9pecies entre sí y entre la de los bóvidos ,y la del hom- bre, ha merecido de los legisladores sanitarios el honor de ser proclamada más ó menos decomisable, según la mayor menor importancia de las lesiones tuberculosas, de donde ó viene el consiguiente aprovechamiento de las carnes, previo' espurgo ó esterilización según los casos. Otra de las causas remotas hemos dicho que era la débil resistencia del virus varioloso, el cual se' destruye en tres minutos, de 56° á 58° de temperatura, siendo muy poco re- sistente también á la acción de los antisépticos; y, por fin, el hecho de que estando el mayor grado de virulencia limi- tado las pústulas y á su contenido, ó bien á los productos .á de secreción y excreción contaminados por aquéllos, 1:0 se 474 HEVISTA VETEIU:-IAhd' DE ESPAÑA ha conseguido contagiar al hombre, ni á. otras especies, consideradas" por lo tanto, como refractarias á dicha en- fer medad. El insigne Nocard inoculó, sin resultado algu- no, á muchos de sus alumnos con virus puro,. cuya -gran virulencia demostraban dos carneros testigos. Otras veces se han intentado transmisiones de virus varioloso, sin ha- berse producido más que un absceso localizado en el punto de la inoculación. También ha habido matarifes y cortantes que se han ino- culado, á lo mejor, productos sépticos, por heridas en manos ybrazos, que luego se han achacado á la viruela, y quien sabe si fue debida la infección á otra causabien distinta. Expuestos á grandes rasgos los principales motivos que' en el extranjero les han inclinado á dictar disposiciones me- .nos severas que en España, en lo que á la viruela del gana- .do lanar se refiere, terminamos este humilde trabajo, dado á luz, obedeciendo á los dictados de nuestra conciencia; ya, que al haced o así, no nos guía otro objeto que el de contri- , buir enalgo 'al fomento y defensa de una de 'las fuentes de riqueza del país, en la creencia de que no por ello se perju- dicaría la salud pública; pues de lo contrario) en lugar de .pedir atenuantes, seníarnos los primeros en solicitar agra- vantes á la citada Ley de policía sanitaria. La reaccién ~~ RQcháix y Ihevencn POn. J. FARRERAS Vete r inar ° Municipal de Barcelona Esta reacción constituye un nuevo método para averi- guar si .la leche que adquiere el- comprador; ha sido ó no hervida, ':f se funda en la acción que da e1 piramidón en . presencia de los oxidantes que se evidencia por el color. violeta que resulta de la reacción. Para operar sen:ecesitan los siguientes reactivos : 1.0. Soluciónal 4 por lOO' de pirarnidón. . 2.° Agua oxigenada á 12 volúmenes. 3.° Sulfato de manganeso,. ó cloruro de calcio en solu- ción al 1/•. · / REVISTA VET'ERINARIA DE ESPAÑA 4. ° Solución de ácido acético al '/ .. 'He aqu! la Í11'aner'a de hacer la rea~ción' : En una cápsula óen un matraz se echan unos 20 c. 3 - de leche) se añaden algunas gotas de la sol ución de áci- do acético y. se agita) con objeto de aglomerar las mate- rias albuminóideas coaguladas. Se deja el líquido en reposo) .. para que se clarifique y, por decantación, se echa en un filtro. De este liquido filtrado) se. vierten 2 c." en un tubo de ensayo y se añaden 4 ó 5 gotas de agua oxigenada y.de 2 o 3 c.' de la solución de piramidón. Agítese con- ra-· pidez y caliéntese ·poco á poco. Si la leche ha sido hervida no se efectúa la reacción; en cambio) si es cruda) aparece inmediatamente una. coloración violeta que adquiere el má-· ximum de intensidad y desaparece, muy pronto. Cuanto más sé calienta más aprisa aparece la coloración) más in- tensa se presenta' y más aprisa desaparece. Hay que tener en cuenta que al calentar el tubo, la temperatura no exceda, de 60 65° .. ó L~ reacción de Rochaix y Thevenon puede hacerse tam- bién en frío) pero se revela con mayor lentitud. Si previamente se añade 'á la mezcla) solución de cloruro de-calcio, ó sulfato de manganeso) el color violeta aumenta. La explicación de esta nueva reacción reveladora) la dan- sus autores diciendo que en la leche cruda la caseína ó el caseinato de cal) descompone el agua oxigenada) cosa que no acontece con la leche cocida porq ue la caseína soluble se precipita sobre la caseína en suspensión y forma un en- grudo que no deja descomponer el agua oxigenada) y) por- tanto) no puede ver-ificarse la reacción. MáS sobre ~I lira POI\ Jos s HERREHA DE LA ROSA Veterinario Municipal de A lca lá (Cádiz) Después de leer el trabajo sobre el tir~ publicado en la. REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA) yo que he estudiado este defecto por espacio de muchos años) ,"oy, á exponer mis ob, servaciones, que no por ser mías) sino por estar tomadas ere 476 REVISTA VETERINARIA D~ ESPAÑA 'las caballer-izas al pie de los animales, y repetidas durante un número considerable de años, las creo de algún valor. Desde luego, yo no veo en el defecto que se conoce con .el nombre de tiro una enfermedad, sino un vicio, que lo suelen padecer caballos que son casi siempre de tem- .peramentc nervioso; eso no ofrece duda de, ninguna clase; el vicio recae siempre sobre estos caballos. Muchos dicen que los animales que padecen este defecto están expuestos á cólicos, malas digestiones, etc., y en ello ven una causa para rescindir los contratos de compraventa de estos. ani- males; tal vez sea cierto cuando lo dicen personas de reco- nocidad capacidad científica, pero yo que he visto muchísi- mas caballos con tiro aquí en España y fuera de aquí en América del Norte y del Centro, me parece que hay una confusión en el estudio de este defecto, y fijando' yo mi atención sobre esto y no habiendo podido en mi incesante -deseo, encontrar, como consecuencia de dicho defecto, un caso patológico, me he puesto á hacer un estudio minucio- S6 del fenómeno, y de él he sacado lasl siguientes conclu- , -siones-: L." El tiro no se puede considerar como una enferme- -dad, sino como un vicio. ' a 2. La permanencia en la caballeriza, el ocio y el trato ~ Biblioteca u I ~ ZARAGOZA