REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA Vol. X Barcelona: Agosto-Septiembre : 1916 ARTÍCULOS ORIGINALES Quimioterapia de la tuberculosis tisiógena POR EL DOCTOR PEDRO FARRERAS r l' Según.la experiencia, la manera mejor de combatir la tuberculo- sis tisiógena es procurar el aumento de las reservas nutritivas del cuerpo, especialmente de las grasas, mediante reposo, buenos alimentos, aceite de higado de bacalao, arsénico, etc., y, al mismo tiempo, fomentar las oxidaciones orgánicas, mediante aire puro, medicamentos eritróticos o hemoplásticos, gimnasia respiratoria y vida en sitios como el mar y las montañas, donde, además de ser puro el aire, la luz es rica en rayos ultravioletas, de gran poder: oxidante. Todos estos medios acrecientan las fuerzas y activida- des bact erioliticas del organismo en general y acaso activan de modo particular las acciones lipásicas o lipolíticas, de gran impor- tancia para destruir la coraza cérea y así facilitar la disolución total del bacilo de Koch. Como indiqué ya en una comunicación al 1 Congreso Español Internacional de la Tuberculosis (r), -convendría crear en el cuer- po acciones lipolíticas potentes contra la cera bacilar. Mas esto no es fácil. El hecho, tan frecuente, de la producción sucesiva de tubérculos en un mismo enfermo, indica, desde luego, que una pri- mera localización de bacilos tisiógenos no lleva consigo la creación de funciones lipásicas y bacteriolíticas capaces de impedir el arrai- go de .ulteriores inoculaciones de los mismos bacilos. Esta consi- deración y el precario fruto de los numerosísirnos intentos de inmunización antituberculosa, nos hacen volver .los ojos hacia la quimioterapia del mal originado por los bacilos ácidorresisten- tes de Koch. . ** * La quimioterapia de la tuberculosis tisiógena se persigue desde hace muchos años. N o voy a citar los numerosos medicamentos ensayados; me limitaré a exponer los más acreditados y los que me parecen más racionales. Al mismo tiempo. deseo impugnar la moda perjudicial o innecesaria c1eac1ministrar cal y lecitinas. 28 .' 434 REVISTA VETERIJ-;ARIA DE ESPAÑA Mientras no se invente o descubra otro superior, el iodo será uno de los fármacos mejores contra la tuberculosis tisiógena in- cipiente. Además de dirigirse de modo preferente hacia los focos morbosos, de activar la vida de los tejidos leucopoyéticos y de aumentar así las defensas orgánicas, el iodo se fija más o menos en la capa cérea del bacilo tisiógeno y es un antisépt ico pode· roso. Sabido es que se combina con las grasas, especialmente con los ácidos grasos no saturados. El escollo principal de la terapéutica de la tuberculosis tisiógena es la simbiosis primordial entre los bacilos de Koch y algunas células del organismo. Im- pedir esta simbiosis es lo primero que se impone para evitar la tisis. Y, para esto, hay que atacar la capa de ácidos grasos del bacilo, pues ella causa la proliferación constitutiva del tubérculo, como he demostrado en otros artículos (2). Los notabilísimos efectos curativos del iodo en la sífilis y en la actinomicosis, que tienen algunas analogías con la bacilosis de Koch, también justifican el empleo de aquel cuerpo en esta enfermedad. El éxito del iodo en algunos reumáticos, quizá se debe a que se trataba de casos del reumatismo tuberculoso de PoncetvPor lo demás, la experiencia secular demuestra lo venta- j oso del uso de substancias que contienen iodo (esponj as que- madas, berros) contra el escrofulismo, el linfatismo y la inape- tencia. Pero el iodo no cura las bacilosis de Koch algo avanzadas j no se puede usar en grandes dosis, por ser tóxico, ni durante largo tiempo, sin producir efectos tisiógenos (enflaquecimiento, catarros, degeneraciones -grasientas de los músculos, etc.). El arsénico tiene mucha: semejanza terapéutica con el iodo. Corno éste, se halla, de preferencia, en el cuerpo tiroides, tiende a fijarse sobre todo en tejidos enfermos, activa la vida de los órganos linfoides y hemopoyéticos, estimula el apetito, cura el linfatismo y el reumatismo crónico, a menudo tuberculosos; es remedio de la sífilis, y se ha usado tópicamente con éxito en el lupus y en la actinomicosis. La cal tal vez facilita la calcificación de los focos tuberculosos. Como el arsénico y el iodo, tiene predilección por los focos enfer- mos o reblandecidos. Abunda en los alimentos; por esto no es me- nester administrarla en forma de fármaco, como se hace con de- masiada frecuencia. Sin embargo, asociada con el ictiol, tal vez sea útil. El ictiol cálcico, según Schutze, aumenta la fagocitosis, el apetito y el peso, disminuye la fiebre y hace desaparecer los bacilos de la expectoración (3).. . . El ácido láctico, en solución al 1 %, disuelve los bacilos de Koch. ¿Por qué, siendo éstos ácidorresistentes? Porque, a la vez que ácido, es alcohol secundario: CH'-CH -- OH - COOH ~ Alcohol secundarto y, como veremos en seguida, los cuerpos con función alcohólica tienden a combinarse con los ácidos grasos. . 'ARTICULOS ORIGINALES 435 La rareza de la tuberculosis en los músculos, probablemente se debe a la presencia del ácido láctico en estos órganos. y acaso se deba también a la producción abundante de ácido láctico en la musculatura la relativa rareza de la bacilosis tisiógena en los, individuos muy musculosos. Por desgracia, el ácido láctico solo puede usarse tópicamente, y sabido es que obra bien contra el lupus y contra las ulceraciones d.e las fauces, de la faringe y del intestino, producidas por el ba- cilo de Koch. ' ' Él ácido glicerofosfórico, tan usado contrala tuberculosis, tiene libres dos funciones alcohólicas y dos ácidas: ' CH'-OH} Al coho l primario I C H-OH} Alcohol secundario I' OH1 grupo ácido , CH'-o-PO/ " OH 1 grupo ácidu Las alcohólicas pueden combinarse con ácidos grasos y las ácidas con cuerpos de función básica o alcohólica, como la colina: CH' / OH - C H' - C H" - N -CH' ~o 1" OH CH' originando las lecitinas, de las que tanto se abusa en la bacilo- sis de Koch. La colina, en solución al 20 %' disuelve los bacilos tisiógenos, por combinarse, como el ácido láctico, con los ácidos grasos de dichos gérmenes. Combinada con el ácido bórico, forma la borcolina. El enzytol, preconizado contra los tumores malignos y contra los tu- bérculos producidos por el bacilo de Koch, es una solución acuosa de borcolina al 1%. La colina (y 10 mismo la borcolina) no sólo disuelve los bacilos de Koch, sino que destruye las neoplasias producidas por estos y los tumores malignos, como los rayos X, el radium y el mesotorio. Mas, como estos agentes, ataca los tejidos normales, particularmente los tiernos del feto (4). No realiza, por lo tanto, las condiciones de nosotropia o etiotropia que requiere la quimioterapia creada por Ehr1ich, y ... primum non nocere. Las lecitinas, hoy tan en moda, obran principalmente por la colina que contienen. Así como hemos atribuído la rareza de la tuberculosis muscular a la presencia del ácido láctico en los, músculos, podríamos atribuir la relativa rareza dela tuberculosis de los centros nerviosos' a la colina de las lecitinas del encéfalo y de la médula espinal. REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA Las lecitinas no se deben dar en inyecciones porque no son innocuas, ni se deben ingerir en forma de fármacos, porque, como la cal, abundan .en alimentos tan sanos como los huevos, leche, sesos, etc. Con el nombre de lecuiil se ha elaborado una leciiina cúprica, que también se preconiza contra la tuberculosis tisiógena, en píldoras, aplicaciones externas e inyecciones intravenosas {las hipodérmicas e intramusculares son muy dolorosas). Tiene todos los inconvenientes de las lecitinas, más lbs del cobre, aunque, según la condesa de Linden, de Bcnn (5), la combinación del co- bre con la lecitina es la menos tóxica de todas las cúpricas. Strauss (6) y lo mismo Eggers y Oppenheim (7) y lVIehler y Ascher (8) dicen haber obtenido buenos resultados dellecutil en tuberculosis lúpicas. Stern (9), en cambio, no.Moewes y J auer (ro) tampoco han advertido el menor efecto curativo en la tuberculosis pulmonar del hombre, ni en la experimental de los conejillos de Indias. Wells, de Witt y Corper (r i) dicen que así como los compuestos de iodo y los de arsénico tienen gran afinidad para los tejidos alte- rados o necrosados, en los que penetran fácilmente, los coloides como las lecitinas y los metales pesados como el cobre no tienen semejante propiedad, y por está no pueden tener efecto terapéuti- co alguno contra la tuberculosis tisiógena. La condesa de Linden (r z) preconiza también el uso del azul de metileno, según ella de gran afinidad para el bacilo tisiógeno y para los tejidos alterados por este gérmen. Operando en conejillos de Indias, dice que ha obtenidoresultados notables. . El azul de metileno se na usado ya con algún éxito en la ente- ritis ulcerosa de los tuberculosos, pero no ha dado resultado al- guno contra la tuberculosis pulmonar. N o es inofensivo del todo y es poco antiséptico. Se ha tratado de utilizar el oro, pero, como todos los metales pesados, no tiene avidez para los tejidos enfermos. Para dársela Gustavo Spiess ideó el asociarlo con la cantaridina, substancia electiva de tejidos alterados por el"bacilo de Koch, pues la inyec- ción de un diezrniligramode la misma determina en los focos en- enfermos una reacción caracterizada por exudación serosa (Lie- breich). Mas,como es tóxica, fué preciso desintoxicarla, cosa que logró Adolfo Feldt condensándola con etilendiamina. Una vez desintoxicada, F elot y Spiess la combinan con cianuro de oro y al preparado que resulta le Ua.rnanaurocantán. . Segun Spiess y Feldt, por la asociación con cantaridinetiíen- diamina se disminuye la organotropia del cianuro de oro y, en cambio, se aumenta la nosotropia, tanto, que produce verdaderos efectos curativos, (i3). El cianuro de oro es uno de los antisépticos más. enérgicos contra el bacilo de K ochoSegún Behring es todavía bactericida eri la dilución de r:2.000,000. Por esta propiedad lo han ensayado muchos autores contratuberculosis tisiógena y 'contra: los lupus producidos pOl:lel ibacilo de. Koch (r4). Resulta efica.l!, pero no realiza el ideal quimi?terápico, pOlo muy tÓXÍ<;:.0. '_L 1 ser ~ ARTICULOS ORIGINALES 437 Spiess y Feldt explican (I5) los buenos resultados del aurocantán por un aumento de los procesos de oxidación. El oro, como todos los metales, dicen, es un portador de oxígeno. Como la luz, obra catalíticamente activando las oxidaciones Y' aumentando la pig- mentación cutánea, que es un proceso de oxidación. La energía ultravioleta también activa los procesos oxidantes. Por lo tanto, la combinación de ambos factores ha de resultar poderosamente curativa. Notemos de paso la gran analogía entre la manera de obrar de este medicamento y el modo de obrar del mar y de las montañas, en donde suelen ser puros los air"es y ricas en ray03 ultraviole- tas las radiaciones del sol. ** * Los agentes quimioterápicos que acabo de citar distan mucho de obrar contra los gérmenes y lesiones de la tubercu- losis tisiógena con la gran eficiencia del salvarsán o el mercurio contra-la sífilis, la quinina contra el paludismo. el ioduro potásico contra la actinomicosis y el ácido salicílico contra el reumatismo. Pero, mientras no dispongamos de otros más eficaces, no debemos desdeñarlos; al contrario, hemos de aprovechar oportunamente toda su virtualidad. Y, para esto, debemos utilizarlos lo más precozruenie posible. El iodo, por ejemplo, debemos usarlo así que se inicien las pri- meras manifestaciones de linfatismo y escrofulismo, si queremos verlas desaparecer con rapidez, y debemos recurrir al arsénico, al reposo, al aire puro, a los buenos alimentos y a los medicamentos hemoplásticos, en cuanto apunten los primeros fenómenos de ane- mia o descaecimiento, Si tardamos mis, nada lograremos. Hemos de .ver constantemente la tuberculosis. tisiógena como una espada inexorable sobre la cabeza de todos los linfá ticos, anémicos, pretuberculosos y escrofulosos. Y hemos de pensar que sólo es curable cuando es en extremo incipiente, para diag- nosticarla cuanto antes y esgrimir cuanto antes contra ella los precarios recursos quimioterápicos de que disponemos. Bibliografía . (1) P. FARRERAS, Pr ofil a x!s general d e la tuberculosis en el ejército. 1. Congo Esp. In t, de la Tub., Barcelona, 1910. .. (2) P. F'-RRERA.S. Sobre la enfermedad de ]ohne, Re v. Veto de Esp." IX, 6 (mayo-junio 1915), Pág. 280.-ID, Tubercui osís y para v pseudo tuberculovis, Ibi d , X, 6 (junio 1916.) (3) SCEIUTZE; Zur Chemotherapie der'Tuberkulose XXX Coog. Alemán de Med , lnt., 1913.-10. Behandlung der Tub mlt. Kalziumichthyol, IV Congo Alemán de Fisiote- rapia, 1913. ' (4) WRRNER y LICEIrRNBRRGRR, Deuts. Med. Woch., 1916, 0.° 39 (Cit. por El mes Terapéutico, mayo-junio, (916). (5) FRAU GRAFIN V. LINnE>1: Die Chemotherap!e m!t Kupferpraparaten und Methylen- bla.i. Lupus-A'rasc hus-Sí tzuug de, Deuts . Zentr. Kom. zur Bekampf der Tub., Berlln, 27, .x.,1913. (6) ·A. STRAUS. D!e aussere Tuberkulose und í h r e Behaodlung mit Lezlthlnkupfer (Lekutil). Lupus-Ausschu ss-Lttzung des Deutsch. Ze n tr , Kom. Zur Bek a m pf der Tub. REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA Berlín, ~7, X. 1913.-Id. Die Lekutylbehandlung der Tuberkulose, Be!'!. kl. Wocb, 1915, n. ° 41. (7) EGER8 v OPPENHEIM. Dtscusíón del trabajo citado de Strauss en la sección del lupus del Comité alemán central para la lucha contra la Tub., Berlín, 27, X, 1913. (8) H. MEHLER y L. ASCHER. Chemotherap!e der Tuberkulose, Munich. Med. Woeh., 1913, n.? 19.. . (9) K. STER.V, Kupfertherapie bei ausserer Tuberkulose. Med. KI., 1913, n.· 11. (10) C. MOEwEs y ]ANER, Kupferbehanlung der Luugentube r kulo se, Munch. Med. Woch. 1914, n ,s 26. (11) W;¡A puede enorgullecerse la' ciencia contemporánea, no demuestra positivamente que el calentamiento a 55° mata el fermento, l1esde Buohrrer se viene creyen- do así; pero falta saber si mata el fermento o suprime la condición indispen- sable de su actuación, Señores: en la tesis que ascencioualrnente venirnos desarrollando hemos llegado ya a un punto en que la recapitulación se impone, Nos espe,ra el es- tudio de la irimunidad natural, sobre la que hemos adelantado ya algunas ideas inconéxasy Yagas; pero antes de emprender la marcha por este camino, neis es preciso fijar los hechos más culminantes de que se desprende la inmu- nidad adquirida. En los últimos años del siglo pasado, .el concepto de la inmunidad, limi- tado hasta entonces a los agentes microbianos, tornó una extensión v astisíma al advertirse que la inyección parenteral de tejidos, sangre, productos secre- torios, albúminas vegetales, determinaba en el or[anismo las mismas reac- ciones q1,lela inyección de ciertas especies microbianas o sus productos, De la suma de 'trabajos en aquellas fechas emprendidos resultó una conclusión por nadie discutida y plenamente justificada: la inmunidad resulta de la nutrición por substancias inmunóg enas. Ya no se la consideró como la con- secuenéia de una simple adición de la substancia vacirral, sino como el resul- tado de una elaboración nutritiva de esta substancia, de su asimilación, Con ese paso de avance, una cuestión que parecía ser de la exclusiva compe- tencia de los bacteriólogos revestía UIi aspecto fisiológ ico, elevándose a una más alta jerarquía toda vez que tendía a incorporarse a una ciencia superior. La nutrición por 'substancias inmunógénas fué concebida entonces según el criterio dominante a la sazón respecto a la nutrición general. Verdad que ya entonces apuntaban ideas que tendían a rectificarlo: pero no 'se había formado un cuerpo 'de doctrina con ellas, ni habían tomado est'ado en los dominios de la ciencia, Se ere.a entonces que el flujo alime'n:ticio procedente de la absorción, alimenticia suministraba directamente a las células elementos asimilables o de recambio; no se dudaba en aquellas fechas que un enema de peptona, por ejemplo" constituía de sí un verdadero nutrimiento, Era, pues, rraturalísimo que quien condensó en forma de teoría la idea que flotaba en el ambiente, diese por supuesto, .sin que se le ocurriese la menor duda acerca de este punto, que la' materia inmunógena ingresada al organismo por la vía parentérica 'suministraba a la materia viva elementos de renovación, Y así es como vino la teoría -de Ehrlich, captándose el asentimiento universal. 'Fué el verbo de su tiempo, Con ella se explicó cómo nos nutrían los cuerpos inmunógenos y cómo con- esa nutrición se adquiría la inmunidad, Aplicando' la teor.a de' las cadenas laterales a este punto, supuso que las moléculas ali- menticias de los cuerpos inmunógertos al fijarse en los receptores daban lugar a la Ior'mación de nuevos productos. El mecanismo de esta Ún-mación resul- ta obscurisimo: en ningún punto se ve claro cómo de los primeros 'nacen lo secundas" La metabolia transformatriz queda en la teoría con una franja negra, 'como un espacio sombrío en cuyo, seno no sabernos lo que ocurre; el hecho, sin embargo, es inconíesado y queda oculto bajo la hojarasca de explicaciones verbales, Se da por absolutamente cierto, que de la fijación de las moléculas alimenticias ha .resultado la formación de cuerpos .nuevos. de cuerpos que antes no existían, Lógicamente nada hay que objetar a esta con- clusión, una vez adoptado el punto de partida;' pero falta demostrar si lo \ ARTICULaS ORIGINALES 459 que nos parece personalmente lógico es verdad. Aquí la experimentación, que es la que nos expone la verdad objetivamente, es suplantada por el razo- namiento. Ha ingresado una substancia inmunógena; ha sido 'fijada en los 'receptores; se han producido substancias nuevas; estas substancias son las que inmunizan. Así se razona, y lo que hay de cierto en el razonamiento es. que con el ingreso de la substancia inmunógena se ha creado la inmunidad mediante uria acción nutritiva intermediaria; mas como no nos preocupamos de investigar experimentalmente en qué consista esa aoción intermediaria, nada sabemos ni de cómo se fija esta substancia, ni de cómo se incorpora, ni de cómo inrnuníza. En realidad, en ia teoría de Ehrlich se sal'ta del hecho de la ftjación en los receptores al hecho de la formación de cuerpos nuevos, y como' nada se sabe ni de su naturaleza ni del mecanismo que ha presidido a su formación por no haberlo investigado, se imaginan tales como deben ser para explicar con ellos los fenómenos propios de la inmunidad, considerándo- los al efecto como substancias que tienen la propiedad de neutralizar los efec- tos de las toxinas o como substancias que favorecen la acción de la alexina. Así es como el.razonamiento lógico y no la experimentación viva nos conduce a la concepción de los anticuerpos especificas.' Cada cuerpo inmunógeno determina la formación de su contrario, y así es como el organismo fabrica el antldoto que ha:'de neutral'izar el tóxico bajo la forma de una antitoxina. La 'Iaguna. que en esta teoría se salva de un salto, fué colmada poco a poco por el progreso de los ti'empos. De día en dia se percataban los fisiólogos más profundamente de que la materia viva ni se deja penetrar ni es accesible a la materia ambiente. Cada ag rupación celular homogénea vive en su medio; fuera de-ese su ambiente natural, su vida ya no es posible. Puede el ag ua disol- ver en su masa los más variados productos sin que se rompa la afinidad de sus componentes y deje de ser agua; no puede la materia viva ser penetrada por la materia exterior sin que se quebrante la uniformidad de S)1 composición. Lo que vive subsisté a condición de que se cierre a la acción del mundo ex- terior, creándose-un mundo aparte y propio. Necesita, sin embargo, renovarse: mas los materiales de renovación no pasán a formar parte de sus edificios rnolcculares sin ser previamente modificados, púes tal como son exferiorrnen- teno ajustan y precisa amoldarlos. El objetivo que persigue la materia viva al organizarse no es Otl'O que el de crearse un medio cerrado; el plan que pre- side al desenvolvimiento de la organización compleja no parece ser otro que el de mantenerse en ese aislamiento defendiéndose de la irrupción de la materia exterior. Esto no son filosofías, sino hechos que están a la vista de quien quiera verlos. Ved, señores, cuántas precauciones toma la natura- leza en los organismos superiores para evitar el ingreso de la materia extraña en el medio .interno, Las digestiones gastrointestinales no actúan sobre ella de una manera uniforme; su fin no se limita a hacerlas solubles; va más allá, y sobre cada una ejerce una acción especial siempre con lamira de adaptar- las a las conveniencias del medio; luego los epitelios.r Ia linfa y la víscera central continúan la obra modificadora, no permitiendo el ing'~eso de la ma- teria exterior al medio interno hasta tanto que no pueda perturbar ni alterar la uniformidad de su composición. Y esta obra no para aquí. Cada agrupa- ción celular homogénea vive precavida contra los productos que particular- m'ente Pueden serie extraños elaborando zymasas que los adaptan a su es- pecial modo de ser. En los ambie'n:tes intercelulares, vastos remansos donde REVISTA VETERINARIA DE ESPA~A / los materiales de renovación discurren apaciblemente, todavía continúa la obra que g'l"oseramente se inició con la insalivación, Seria muy largo de contar cómo de aquella fe ciega que se tenía en los enemas nutrimenticios de peptona se ha venido a parar hasta aquí. Es la obra mancomunada del esfuerzo de cuantos investigaban' abnegadamente, ' que' de día en día sedimenta y acaba por cristalizar en forma de ciencia definitiva, Con ella queda desplatada la concepción de Ehrlich. que resumía el común sentir de su tiempo, Aquello pasó, y empieza lo otro, puesto que el progreso humano siempre resulta de un cambio en el punto de vistadesde el que se estudian las cosas, Sigue siendo absolutamente cierto que la inmu- nidad resulta de la nutrición alimentada con substancias imnunógenas; lo que se cae en ruinas, desde el nuevo punto de vista, es el modo oomo se, con- cebia esa nutrición. La i'nyección parenteral de estas substancias suministra al' medio materias extrañas, moléculas angulosas, verdaderos pedruscos inadecuados para la edificación de la materia viva, mientras no 'sean debida- me'n'te pulidos y adaptados. a su propia configuración, estableciéndose entre unas y otras encajes o afinidades queno existen en estas condiciones, y que darán lugar ara anabolización y al recambio, ' Tras una perturbación momentánea, provocada por la irrupción insólita' de fa materia extraña, la readaptación defensiva, comienza, y comienza po- niendo en juego los mismos mecanismos que se emplearon desde la insaliva- ción hasta el hígado y desde el hígado hasta los remansos intercelulares, con la diferencia de que éstos ya vienen ancestralrnénte. preestablecidos y aquéllos han de improvisarse. Estimulada la zymog enia celular -con la pre-. senda de la materia he'terólog a, empieza por adaptarla en mínimas propor- ciones y esto facilita su incorporación en cantidades mínimas también, y come esa incorporación presupone la elevación de- su potencial energético al potencial de materia viva, de ahí que sea esa misma materia la que elabore un zumo digestivo que especializa su acción sobre la materia en mal hora importada, Progresivamente se refuerza esa acción a medida que la incorpo- r';'ción es más abundante, aum'entarido así la aptitud funcional para la pre- paración del nutrimiento, Dos hechos muy prmcipales ,se destacan en la nueva 'concepc,ión de la nutrición aiJ:imentail"acon cuerpos inmunóg enos. Es el primero la incorpora- ción de una substancia especifica; es el segundo el reforzamiento de los fer- mentos que han de actuar sobre la materia en bruto de que aquélla procede, La naturaleza de esta substancia en riada se parece a la del anticuerpo. No es una substancia de reserva con que el organismo cuenta para neutralizar un tóxico si se ofrece, ni es una substancia que al depositarse Sobre el antígeno malhechor lo anula para favorecer su lisis; es una materia viva. incorporada a los plasmas t'al como se incorporan las 'demás y con las que se oonfundi'ría en la masa común, como si también procediese de la absorción Tntestinal, de no elaborar zymasas especificas cuya misión es la de digerir una cierta materia que ¡ngr~só en el medio sin preparación de ninguna clase por venir de una vía abierta contra natura, Contra ella estaban indefensos' los elementos celulares que sufrieron su a~Tesión; mas con sólo incorporarla, elevando su potencial energético al mismo potencial de la materia plasmática procedente de la absorción intestinal, quedaron prevenidos contra una nueva irrupción por contar con reservas disponibles para reducir la materia extraña en propia ARTICULaS ORIGINALES o nutrimiento, cerrándose de nuevo el medio a la materia exterior, Contra la materia procedente de la absorción intestinal no había necesidad de tomar estas precauciones por venir ya preparada mediante mecanismos funcionales ancestralmerrte preestablecidos: mas como el caso nuevo no estaba previsto hubo que improvisar una defensa creando al efecto una función zyrnótica 'red~ctcira de lo heterólog o. Esta función es antitóxica cuando digiere una materia, tóxica; no lo es cuando digiere una rnateria inofensiva, Ni en uno ni en otro caso defiende al organismo creando anticuerpos, sino descompo- niendo la materia extraña o simplemente modificando su configuración mole- cular si con esto basta, ' Nos nutrimos" pues, ,por los cuerpos inmunógenos de una manera muy diferente de como se viene suponiendo, Se cree que de la fijación de astas' cuerpos resulta misteriosamente la neoformación de anti:cuerpos dotados providencialmente de propiedades defensivas, cuando es lo cierto que lo que resulta de esta incorporación es la exaltación y la intensificación de una zy- mogenia específica que confiere al organismo la aptitud dig estíva de la ma- teria intrusa y esa aptitud es lo que constituye la defensa, nada más que eso, Esa aptitud no se adquiere únicamente para los cuerpos inmunóg enos, como si sólo contra ellos debiera prevenirse la materia viva; se previene contra ellos ); contra todo lo que es extraño, como un régimen de vida, como la ley de su conservación, Lo mismo aparece y progresivamente se intensifica la zymoge- nia Celular ante el bacilo pestoso o la toxina diftérica que ante una peptona o el sencillo azúcar de caña; lo que tiene que lo primero es de gran utilidad práctica para la vida humana y lo segundo sólo despierta un interés cientí- fico y no vital, ya que podemos pasa:rnos de saber cómo se desintegra la primera' o disocia ,el segundo sin quebranto alguno, Ved, pues, señores, cómo, en última y suprema síntesis, todas las defensas de la vida en la inmunidad adquirida son reductibles a un solo factor: a una cierta zymog enia celular intensificada con la' incorporación de la substancia específica procedente de los cuerpos inmunógenos, y las defensas de la, vida en la inmunidad natural, ¿de qué resultan? 'He aquí la nueva cuestió'n que pasaremos a estudiar, VIII I SUMARIO, Defensas naturales que preseruaw la materia viva de la infec- ción 'o la putrefacción,-Estas defensas resultan del acto de nutrirse la materia viva con las substancias bacterianas,-Bacterias inofensivas y bacterias pató- genas=-L nactivación de los fermentos bacteriotiiicos por las bacterias patógenas, -La muerte local o general de la materia viva es la condición determinante de la infección o la putrefacción,-A qué llamamos bacteriolisinas naturales y cómo determinan la inmunidad natUl'al,- Valor de la teoría de las defensas físicas,-Comensalismo,-Las resistencias individuales a una infección no dependen del coeiicente nutritioo>« Variación cualitativa de estas resistencias según los individuos,-Causas de que resulta=i-Estado patógeno y estado sapro- fítico de las bacterias=s-Persistenci a de la substancia específica o vacinal en las especies saprofíticas,- Vías de ingreso de estas substancias al organismo en estado natural, -A bsorción de las bacterias del medio ambiente por el aparato REVISTA VETERINARIA -DE ESPAÑ A respiratorio y sus efectos uacinales.s-s-Deie-nsas locales de este aparato=s-Deiensas locales de la boca.-Adaptación de los fermentos defensivos del epitelio intestinal a la flora microbiana==Substancias uacinales que suministra al organismo la absorcion intestivuü.s=Dejensa del intestino-u-En qué sentido la inmunidad natural puede. considerarse como nativa J' cómo se adaptan las variantes indivi- duales a las variaciones del medio. La materia orgánica es un excelente medio ,de cultivo para toda clase de gérmenes, sean inofensivos, sean patógenos, mas esa misma materia, elevada al potencial energético de materia viva se opone a su implantación y a su vegetación. Algunas veces, sin embargo, una especie dada, bien aisladamente, bien en simbiosis con otras, logra arraigar cultivándose en ella, y al estado morboso que con ello se crea es a lo que denominamos infección; cuando pier- de su potencial energético y es reducida a materia inerte, sufre la invasión de variadísimas especies bacterianas que la descomponen, descomposición que conocemos con el nombre genérico de putrefacción. ¿Con qué medios cuenta la materia viva para preservarse de la infec- ción o de la .putrefacción? Se sabe desde muchos años que hay células libres en los 'humores que apresan los gémenes y los digieren una vez englobados en su masa; se sabe también que en esos humores se funden más o menos activa y rápidamente: se sabe, por último que de los plasmas' celulares cabe extraer fermentos bac- ter ioliticos dotados de una gran potencia. Con estos factores se defiende el . organismo de la infección y de la putrefacción. Las alexinas o bacteriolisinas naturales que los humores contienen son de naturaleza zymótica. Con admitir que su naturaleza es zymótica ya damos por supuesto que son de origen celular, quedando con ello descartada la vieja cuestión de si eran propiedades nativas de los humores o si esas propiedades les vienen a estos humores de los elementos celulares. De su actividad pro- ceden, de esos elementos vivos se desprenden como de sus naturales fuentes de producción, tal como de ellos proceden todos los fermentos que atacan la materia heteróloga que introducimos en el organismo por la vía parenteral, Al considerar aisladamente las bacteriolisinas parece que la naturaleza les ha confiado la misión especial de defender la materia viva de la invasión de los gérinenEls, pues de no existir: sobre ella se implantarí'an y vegetarían tal como vegetan en la materia orgánica inerte. Si ahora no sucede así, es porque los plasmas celulares elaboran y exudan zumos que las digieren, sin consentir su implantación; esos zumos, diluidos en los humores, impiden 'a su vez que puedan ser convertidos en caldos de cultivo. Mirada así la cuestión, resulta' verdaderamente providencial la existencia de las bacteriolisinas en las células y los humores, pues de suprimirlas el organismo pasaría a ser pasto del parasitismo. Esas razones finalistas no satisfacen, sin embargo, al cri- terio rectamente científico. .Indudablemente sin las bacteriolisinas la materia viva-se pudriria.iperono han sid~ dadas previsoramente para que-no se pudra. Como la rama de la umbría no crece-en el sentido en que la luz brilla por bus- carla sino que es esa misma luz la que estimula su crecimiento en este sentido, así las bacteriolisinas no han sido creadas-para la digestión de las bacterias sino que son esas bacterias mismas las que han predeterminado la creación de estos fermentos en los. plasmas celulares. No nos preocupemos, pues, de. -. ARTICULaS ORIGINALES la finalidad de estas defensas; preocupémonos únicamente de investigar las condiciones de que resulta su nacimiento. Ya hemos expuesto anteriormente que la presencia de una materia hete- rólo¡;a én el medio intraorgárúco provoca una reacción celular creadora del fermento adaptado que ha de modificar su composición o estructura molecu- lar dirig iéndola de modo que la transforme en nutrimiento. Así hemos visto que el almidón, la grasa, el azúcar de caña, la peptona, no son afines conla materia viva mientras bajo la acción de los fermentos defensivos no se esta- blezcan estas afinidades, facilitando así la anabolia o el recambio. Lo propio pasa con las bacterias y sus productos. Si los fermentos bacteriolíticos no procediesen con esas materias extrañas de una mariera análoga a como pro- ceden las lipasas sobre las grasas, las amilasas sobre el almidón, o quedarían confinadas corno cuerpos indiferentes en el seno del organismo o bien con su vegetación substraerían de la materia viva elementos nutritivos y dejarían en ella sus productos determinando su irremediable descomposición; no, su- cede así; sino todo lo contrario precisamente, por ser estas bacterias las que suministran a la materia viva elementos de reparación una vez hayan sido debidamente preparadas. Esa materia puede renovarse con las albúminas grasas e hiJd.ratos de carbono procedentes de las bacterias de la misma manera que con las que proceden del reino vegetal o animal y para ello necesita solubilizarlas y luego reducidas a nutrimiento: los medios que para conseguir- lo emplea en estado natural son las bacteriolisinas diluídas en los humores. No sabemos en qué consisten las acciones zymóticas que descomponen la substancia bacteriana, como no sabemos en qué consiste la acción que disocia el azúcar de caña o desintegra una peptona; juzgamos de su existencia por los efectos que determina y por la misma razón que lla'mamos invertina a la primera, peptolisis a la segunda, denominamos bacteriolisis a la que de- termina la fusión y digestión de las bacterias. Con unas y con otras la materia viva subviene a sus necesidades tróficas; con todas ellas prepara en su medio los elementos con que ha de renovarse y reparar su desgaste incesante; mas al proceder con las bacterias de la misma manera que procede con toda materia extraña impide su vegetación por' fundirlas en el sitio mismo en que debieran implantarse, de suerte que se defiende de esa vegetación, que deter- minaría bien la infección, bien la putrefacción, precisamente porque se nutre con ellas. El concepto de las bacteriolisinas naturales consideradas como fermentos digestivos de una cierta clase de materia heteróloga o consideradas como medios de defensa o preservadores de la vegetación bacteriana, cambia radicalmente. En realidad 'no existen en los humores fermentos encargados de la misión especial de fundir las bacterias salvaguardando así a la materia viva de su vegetación; lo que sí existen son fermentos que propenden a con- servar la uniformidad del medio en que viven los elementos celulares redu- ciendo la materia heteróloga furtivamente introducida, sea como fuere y venga de donde viniera, a nutrimiento. La materia viva no trata de defen- derse de las bacterias; de lo que trata es de salvar el medio que ella misma se creó y dentro del que únicamente su vida es posible, de la ingerencia de pro- ductos extraños en los cuales no hallaría elementos de reparación ni de re- cambio. Tanto es así, que si nos fuera posible ingresarle unas tras otras las grasas, las proteínas Y los hidratos de carbono aislados de una especie dada, REVISTA VETERIKARIA DE ESPAÑA las bacteriolisinas actuarían sobre' estos productos de la 'misma manera . que actúan sobre los bloques bacterianos que sintéticamente los contienen. Reducido el problema de la inmunidad natural al problema delanutrición alimentada por substancias bacterianas, la idea de una lucha entre un ele- mento vivo y otro elemento vivo debe abandonarse por ser puramente ima- ginativa, como inspirada, mas que en la realidad, en la apariencia, de las cosas. En condiciones normales, las bacteriolisinas naturales son de tan podero- sos. efectos que asombra la facilidad con que desaparecen la mayor parte de las especies saprcñticas cuando son inyectadas en grandes cantidades por la vía venosa o subcutánea. No sucede lo mismo con las especies patógenas. una mínima porción basta para que el germen arraigue y vegete. Inyectad bajo la piel del muslo de un conejo un c. c. de cultivo de estreptococus urae y al cabo de cortas horas os será difícil recoger del sitio inyectado la porción suficiente para observar su degeneración progresiva en la platina del micros- copio; inyectad en cambio en una de sus orejas una reducidísima cantidad de estreptococo procedente de una erisipela y observar. is que se implanta y vegeta difundiéndose por fa región y con frecuencia por el organismo de modo que a su muerte obtendréis su cultivo sembrando sangre del corazón. ¿De qué depende que en el primer caso los gérmenes en vez de proliferar se ex- tinguen yen el segundo se cultivan en el seno del organismo como en un tubo de cultivo? ' El problema de la infección está estrechamente ligado con el problema de la inmunidad natural, tanto, que sin la clara compresión de las energías de; que resulta la primera es imposible hacerse cargo de las condiciones que han de ser puestaspara que la segunda prospere. Para dilucidar como la mat'eria viva deja de resistir a la implantación de los gérmenes necesitamos ante todo saber cómo resiste a esta implantación. Aunque teóricamente se. reconoce que la infección es función de dos factores, uno interno o propio del organís-. mo, otro externo o propio del germen infectante, por lo común la investiga- ción se preocupa más del segundo que del primero, como si el conocimiento de la virulencia del germen bastase para explicarlo todo independientemeute de los efeotos que esta virulencia determina. Así comprendida, la infección es vista unilateralmente. , Los gérmenes patógenos se implantan en la materia viva cuando por la acción de sus productos o por la liberación-de sus principios tóxicos al ser reducidos a materia soluble, son inactivadas las bacteriolisiuas defensivas. Los medios que determinan esa inactivación son muy poco conocidas. El más conocido es el que determina la coagulación de los plasmas y con ella la de las zymasas bacteriolíticas. Algunos autores han estudiado la necrosis coagulante que determina el bacilo pestoso. Si basta la instilación del culti- vo en las narices de la rata o del cobaya sin efracción alguna para la determi- nación de la pneumonia, es porque con la coagulación rápida del protoplasma epitelial el bacilo vegeta sobre l'a mucosa inerte oon la misma facilidad con que vegeta sobre la superficie del ag ar nutritivo. Un efecto análogo determina la fusión del bacilo tuberculoso. Con matar la materia viva que se implanta se fragua el nido en que prolifera, punto de partida de la formación de la célula gigante y ulteriormente de la del tubérculo. Otros medios de inactivación de las zymasas bacteriolíticas existirán, ARTICULaS ORIGINALES a más, del apuntado, que ni remotamente sospechamos. Cuando estudiaba la potencia bacteriolitica del jugo tiroideo sobre el B. antlwacis me encontré una vez con un cocus del tamaño del aurantiacus, que no supe clasificar, que no' alteraba el jugo, en apariencia al menos, y no obstante lo inactivaba completamente. Aislado y cultivado el caldo fué inoculado a cobayas y a conejos pequeñas y grandes dosis, resultando inofensivo. Unas gotas de cal- do' filtrado bastaban para inactivar cinco y diez c. ·c. de jugo tiroideo. Cito el hecho sin otra mira que la de dar una idea de los misterios que quedan por descifrar en el mecanismo íntimo de la infección. Sea cual fuera el medio que inactiva los fermentos que suministran a la materia viva elementos de renovación, la vida de esa materia queda en sus- penso si esa ina~tivación es transitoria, o extinguida si es definitiva. Las bac- terias, por, abundantes que.sean, no infectan la materia viva mientras se nutra con ellas. 'Esas bacterias, al penetrar en el medio en que viven los elementos celulares, desempeñan el mismo papel que desempeñan los granos de almidón que eventualmente penetraron en él, el mismo que desempeña el hilo de cat- gut que los atraviesa, los detritus celulares que en él cayeron, los grumos de albúmina; esos cuerpos extraños son atacados y su materia es homog eni- zada 'con la del medio y así es como desaparecen de nuestra vista esos granos de almidón, ese catg ut, esos detritus, esos grumos y esas bacterias; mas si ocurre que esas bacterias al ser atacadas por los fermentos liberan tóxicos o substancias que los inactivan de una u otra manera, la materia viva, impo- tente ya para renovarse por no disponer del medio que prepara la materia renovable, ha perdido su potencial energético y se ha convertido en materia inerte. Entonces ros .papeles se truecan: la bacteria, que no es atacada por los fermentos de la materia viva, ataca a su vez con los suyos a la materia inerte de la que extrae sus elementos nutrimenticios y en la que deja sus pro- ductos excrementicios, y así es. cómo se implanta y vegeta. La conditio sine qua non de esa vida parásita o de esa nueva vida es la misma, absolutamente lamisma, que la de la vida celular, También esas bacterias han de conservar la uniformidad de composición del medio que' se han creado y del cual se nutren y de ahí La necesidad de transformar por medio' de sus fermentos la' materia heteróloga. del ambiente exterior; lo que para ellas es un trabajo de renovación y descomposición nutritiva, resulta ser un trabajo de descom- posición para la materia que atacan, y he aquí lo que constituye el verdadero fondo de lo que llamamos infección, y he aquí también por qué llamamos patógenas a las bacterias que acusan este daño. Véase, pues, cómo lo que determina la infección no es la implantación y la vegetación del parásito, sino la condición que le hace posible, esto es: la indefensión de la materia viva. La infección presupone siempre, a más del parásito, la supresión de una condición vital por ser el producto de uno y otro factor. No basta la presencia-del germen, aunque sea en srantles canti- dades, para que exista: es indispensable su' implantación y vegetación con- secutiva. . 'Cuando los fermentos bacteriolíticos no son inactivados por los tóxicos bacterianos sino por otras causas, un traumatismo, por ejemplo, basta que se implanten las especies no patógenas sobre la región traumatizada o redu- cida a la fn\ferior condición de materia inerte, para que la infección sobreven- ga. y. la razón es clara. La proliferación de esas bacterias sobre la materia 30 REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA ambiente presupone la descomposición de esa materia al suministrarles elementos de nutrición yeso precisamente es lo que constituye la esencia de la infección; no serán ellas las que hayan inactivado las defensas, tal como ocurre con las especies patógenas, pero, presupuesta esa inactivación, se comportan con esa materia como se comportan aquéllas; bajo este 'aspecto no hay vida parásita quv por el hecho de serlo no sea infectiva. Cuantos se atienen a su experiencia personal al juzgar de los hechos, haciendo caso omiso de las teorías que a la sazón imperen, llevan corno en- tallada en la mente la prenoción de que la infección presupone la supresión de una condición vital, de una indefensión, El' sano juicio clínico siempre ha visto con horror, ahora con los micro- bios y antes sin ellos, en el organismo, lo que está muerto y procura, como pueda, abrirle una salida o quitarlo; esa eliminación se le impone como una necesidad perentoria aun cuando no se entienda de -una manera clara y defi- nida que lo que está muerto, por no nutrirse no crea fermentos que puedan transformarlo y por ende curarlo. A la vista delToco inflamatorio que de improviso aparece en un sitio dado de una superficie cruenta, al cirujano no se le ocurre creer que ep. ese sitio quedó el germen y que por ese motivo germina aquí y no en otros por haberlos barrido de ellos una asepsia rigurosa. Como si le iluminase la prein- tuición de que esta.implantación es debida al germen y a otra cosa, se afana en buscar en qué pueda consistir esta otra cosa y cree hallarla, por ejemplo en el punto die sutura que mortifica al tejido; esa cantidad de materia local- mente muerta se infecta por su indefensión. Supuesto que la mortificación no dependiese de una' causa mecánica sino de la virulencia del germen, siempre queda en pie la tesis de que la infección no depende de su vegetación aisladamente sino de la condición que la hace posible. Contra las exageraciones de los teóricos, empeñados en no ver en la infec- ción más que el efecto de uno de sus dos factores con exclusión" del otro, ha protestado y seguirá protestando siempre el'buen sentido. Entre dos ciru- janos, uno de corte seguro, otro con corte que magulla el tejido, la desigual- dad de infecciones que en los operados sobrevienen ni pueden ni deben ser explicadas a priori por ser la asepsia del primero más escrupulosa que.la del segundo, sino por la impericia técnica de éste. . Na!da más cierto que son los microbios que consigo trae la espina los que infectan la herida cuando se clava; pero obramos muy cuerdamente cuando más nos preocupamos de quitar la espina que de matar los microbios, ya que sin la espina la nutrición que cicatriza la herida los matará y con la espina difícilmente los matarán los baños o fomentos antisépticos. Los c:¡ue atribuyen al germen el papel preponderante en la patogénesis de la' infección creen haber descubierto su origen en la solución de corrti- nuid'ad que le abrió la puerta de entrada y no advierten que no es la aber- tura sino la lesión que la bordea lo que constituye la verdadera puerta de entrada; sin ella, el germen al penetrar se habría disipado bajo la acción de materia viva. Cuanto puede influir sobre la condición vital que preserva a la materia viva de la implantación del germen es naturalmente aceptado como causa pre\iisponeiJ:t:e de la infección por ajeno que sea a la infección misma. Así: nadie nos quita de la cabeza que a la clierrtazz no 18;ha:brlan sobrevenido las ARTICULOS ORIGINALES anginas que padece de no habérsele muerto una hija; que de no haberse in- dig'estado el cliente b con el último atracón no habría contraído el tifus; que la pulmonía no habría atacado a d de no haber tomado un sorbete helado después de una gran fatiga. Todos convenimos en que ni las anginas, ni el tifus, ni la peneumonía pueden presentarse independientemente de su condi- , ción etiológica externa; pero todos convenimos también, cuando nos atenemos a la realidad de los hechos, que de no haber sido 'anulada una cierta condición Interna qU,e dificulta la implantación del germen, aquella causa no surtiria efecto: Cómo una pena, la indigestión o la fatiga modifica la receptividad para estas infecciones, no es cosa fácil de averiguar; pero ello es que existe un enlace o algo que vincula estos hechos al parecer inconexos, Así, y por el mismo estilo, podríamos seguir extrayendo de la observación empírica nuevos datos demostrativos de que la infección presupone siempre la anulación o la supresión de una condición vital, como podríamos aducirlos de la observación experimental que 'prefija las condiciones eh que aquella supresión se obtiene; mas yo, señores; Creo que no hay necesidad de insistir para poner en claro que la materia viva que suministra a otros elementos vivos materiales de renovación se hace objeto de 'una descomposición que la rebaja al grado de materia inerte; el enunciado resulta evidente por sí mismo. De ahí que, como os indicaba anteriormente, la verdadera condición genética de la infección no consiste en la vegetación del germen, sino en lo que la hizo posible, El que se atiene al hecho de esta vegetación y con ella se lo explica todo sin pasar de ahí, no ve mas que un lado de la cuestión; pene- "tiran más en su entraña el clínico o el experimentador que se preocupan del factor interno que la facilitó. Las defensas de la materia viva dependen de la vida misma y la vida es la nutrición. A la vista de la substancia o del cuerpo extraño introducido , eventualmente en el medio homogéneo que los propios elementos celulares se crearan, comprendemos que la homogeneidad de ese medio sería destruí- da si cambiasen directamente unas moléoulas con otras y se estableciese a la vez comercio químico entre estas substancias y las propias de la célula. Así pasa en el mundo fisico: mas los elemtons vivos, como os decía.anteriormente al desarrollar la tesis de Abderhalden, se crean un mundo aparte, un mundo especial inaccesible a' esas causas que serían mortales de necesidad si bajo la acción de los fermentos no se restableciese la uniformidad del· medio. La defensa del medio es la defensa de la vida celular; si ella subsiste con la misma identidad de composición a través de la vida individual y a través de las [e- 'neraciones, es porque siempre le son suministrados los productos de repara- ción bajo una misma forma. Los orígenes de esos productos varían al infini- to; tanta es la variedad de sus formas moleculares como la de sus proceden- cias; ,mas la forma enque pueden ser incorporadas siempre es la misma y así es como se concibe que un, edificio cuyos materiales de construcción se re- nuevan constantemente subsiste siempre de la misma manera. Las proteasas, las amilasas, las lipasas, desempeñan respecto a las materias proteicas, ami- laceas o grasas, el mismo papel que desempeñan las bacteriolisinas sobre la materia bacteriana. El. organismo no posee contra los gérmenes un si:stema de defensa especial o montado ad hoc; con ellos procede de la misma manera que procede con lo que le es extraño, trátese de substancias solubles, trátese de cuerpos sólidos; no es que de ellos se defienda destruyéndolos O elirniná.n- REVISTA .YET.ERINAR:A DE ESPAÑA, dolos: es que al adaptarlos 'a su modo de ser los utiliza como nutrimiento y la defensa resulta de esa adaptación, puesto que sin esa adaptación la materia viva deja de serlo por ser incapaz ya de elevar a un cierto potencial la materia inerte. Lo que visto de Tejos nos parece una' lucha entre un ele- mento vivo y otro elemento vivo, visto de más cerca no es más que el sumi- nistro perenne de la materia inerte a la materia viva. A las energías reducto- ras de la materia bacteriana a nutrimiento las llamamos bacteriolinas natu- rales; a lo que resulta de su acción lo llamamamos inmunidad natural. En otro tiempo se creyó que el organismo era preservado de la invasión microbiana por estar físicamente cerrado a su acceso, Se daba entonces una importancia extraordinaria a la puerta de entrada. Esta concepción, profesa- da como artículo de fe durante la época listeriana (y quizá no haya error que I más útil y provechoso haya sido para la humanidad como lo fué éste), se cua'rteó cuando se vino en conocimiento de que el organismo más se parece a una criba que a una fortaleza inaccesible. El epitelio que tapiza las cavi- dades interiores no está tan ajustado que impida el paso de la vegetación bacteriana a más profundos territorios si nada más que esto se opusiese a su propagación. Está. demostrado, por otra parte. que el intestino es un filtro muy imperfecto. Tal como, hoy vemos las cosas no se concibe cómo puede invocarse la impermeabilidad del epitelio como un medio de defensa sin que uno se pregunte, y no sin asombro, qué es lo que defiende al epitelio mismo, toda vez que ese muro está más necesitado de defensa contra las ma- sas bacterianas que con él conviven que los territorios celulares que abriga. El simple buen sentido nos evidencia que ese muro epitelial no se pudre por contar con medios de defensa más eficaces que los físicos. Las defensas físicas pueden invocarse más razonablemente en el tefumen- to externo, sobre todo en la cúbierta exterior; mas por debajo de la capa epidérmica ya no se explica cómo se evita la putrefacción si la materia viva no se defiende por sí misma. Los gérmenes tienen fácil acceso al interior dei organismo, en unas partes más que en otras. En las regiones que más inaccesibles parecen a su penetra- ción es posible demostrar su existencia y en verdad que es difícil comprender cómo pueden llegar hasta allí. Béchamp, en los primeros tiempos de la pans- permia, , sostenía con calor la tesis de q.ue los gérmenes no procedían del exterior sino de los gránulos protoplasmáticos que denominaba microzymas. La tesis cayó en el olvido después de un debate solemne habido en la Acade- mia de Medicina de París; pew de ese olvido pueden salvarse algunos de los experimentos con que pretendía demostrarla. Véanse dos muestras. Decapitaba un perro de modo que la cabeza cayese directamente sobre una, fuerte solución de bicromato o sublimado corrosivo, y cuando al cabo de unos días la abría comprobada que las partes profundas de la masa encefá- lica, no alcanzadas por la momificación, estaban podridas. Asimismo: asido el riñón del perro por la propia arteria lo sumergía en una de las dichas soluciones y al cabo de unos días comprobaba al abrirlo que la masa profun- da no endurecida estaba también podrida. Con estos experimentos viene a demostrarse que la asepsis intraorgánica dista mucho de ser tan absoluta como se ha creído, El organismo no sólo es fácilmente accesible a los gérmenes del medio sino que se conlleva perfectamente con cierta vida parasitaria en sus órganos ARTICULaS ORIGIN'ALES más recónditos, vida que Fuede ser inofensiva o patógena. Ln este último caso, como las defensas químicas conserven su tono, nada pasa; pero si esas defensas menguan, pueden reaparecer infecciones antiguas, sin necesidad de un nuevo contagio. Recuétdanse al efecto los memorables trabajos de Grawitz, los instructivos experimentos de Roux respecto del carbunco sin- tomático, y sin apelar a una mayor erudición, de escaso lucimiento por lo fácil, evocad, cuantos me escucháis, vuestra experiencia personal, y con- vendréis conmigo en que ni el organismo es una fortaleza cerrada al acceso de los gérmenes, ni con sus poderosas defensas químicas logra extinguir en su seno una cierta vida parásita con la que convive sin quebranto. La fácil penetración de los gérmenes en los ambientes celulares y el co- mensalismo que soportan sin que se' altere la normalidad, nos demuestra que lo que realmente preserva al organismo de la vegetación parasitaria son las fuerzas digestivas que desarrolla sobre estos elementos extraños. Esas fuerzas no son iguales en unos y otros individuos de una misma especie, sino muy variables, Al parecer cada individuo posee un coeficiente de re- sistencias para ciertas y determinadas infecciones que le es propio o personal, y ese coeficiente parece ser independiente del coeficiente nutritivo, Atinada- mente observa M. Salazar en nn trabajo, que no tiene desperdicio, que no son los individuos más fuertes y vigorosos los menos predispuestos al conta- ,¡¡ioni los que mejor triunfan de la infección, Sujetos cuyo metabolismo es sumamente activo y cuyos órganos desempeñan sus respectivas funciones 'con regularidad perfecta, pueden ser víctimas de la infección con mayor fa- cilidad que otros cuyo estado-fisiológico no puede buenamente ser comparado con el de aquéllos. El vulgo de las gentes distingue la buena de la mala carnadura y no la vincula ni de Ía edad, ni del sexo, ni del tono nutritivo, sino de que unos la tienen y otros no, conforme la experiencia le enseña que en unos las heridas cicatrizan con facilidad pasmosa y en otros se eternizan, o que unos se repo- nen del daño traumático ,maravillosamente y otros no. En unos y otros la implantación y vegetación de los' gérmenes viene respectivamente regulada por su coeficiente de inmunidad personal, por sus mayores o menores resis- tencias. Claro está que hay discrasias y estados patológicos (la diabetes en primer término) que tienden a borrar estas diferencias; claro está que la miseria fisiológica los uniforma a todos; pero esto no invalida el hecho. En las grandes' epidemias se comprueba la existencia del mismo fenórne- no, Cuantos me escucháis recordáis la epidemia tifica ocurrida en Barcelona . en el último trimestre de 1914. Su origen hídrico fué descubierto desde los primeros momentos por el Laboratorio Municipal de mi dirección. El caudal infecto era el de Mancada situado al N. E.. de la población; la epidemia se difundió únicamente en los distritos de la urbe que consumían estas aguas, Todos pudisteis observar lo que se observa siempre en esta clase de epidemias. En unas mismas familias, expuestas igualmente al contagio por consumir las mismas aguas, unos individuos se infectan desde los primeros días, otros más tarde, como si las agresiones debieran repetirse en ellos para vencer las resistencias que se oponen al contagio, y otros permanecen refractarios, En los propios individuos atacados comprobasteis, como se comprueba siem- pre, que en unos la infección prendió con facilidad, presentándose el diag- nóstico de una manera franca; en otros se desarrolló más borrosamente, 47° REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA 'como si contaran con un caudal de energías mayor para oponerse al mismo; y en otros, por' último, fué tan benigno .que casi pasó inadvertido. La hemo- cultura primero y la reacción aglutinante después demostraron en mi labora- torio que hubo tifódicos cuya temperatura no rebasó de 37'5, que los hubo que curaron en 9 días, otros en 7 y 6, Y hubo el caso de una niña, positiva- mente infectada, cuyo malestar no excedió de los 3 días. De faltar la compro- bación experimental, nadie diría de ellos que' pasaron el tifus. En vista de estos datos, no es aventurado creer que fueron muchos los contagiados 'que no llegaron a saberlo, y, descendiendo un grado más en la escala, fueron también muchos los que llevaron el germen maligno en el intestino con vida puramente saprofítica. Del tifus decimos lo que es igualmente aplicable a toda clase de epidemias agudas. La infécción hidrica al difundir el cólera en una población procede como la infección tifógena, bien' que de una manera más rápida y ejecutiva. Unos se infectan desde los primeros momentos, otros más tarde, otros no se infectan; en unos el cuadró sombrío de la intoxicación colérica se desarro- lla rápida y pavorosamente, en otros en forma de colerinas más o menos graves, en otros en forma de despeños' sin mayor trascendencia y los hay que no acusan novedad ostensible, llevando la vírgula en su intestino como un comensal que no importuna. Cabe decir de la viruela, escarlatina, sarampión, tifus icterodes, peste, etc., lo 'que hemos dicho del tifus o del cólera, con sus naturales variantes según fueren ellas. Esas mayores o menores resistencias a la infección o ese mayor o menor grado de inmunidad natural de que gozan los individuos, no puede buenamen- te ser explicado por los azares del contagio-que hace presa en unos y no en otros por pura casualidad; por ser el hecho tan general y repetirse con la misma forma, debe ser-atribuído a un factor o condición individual que con- fiere a unos organismos mayores defensas que a otros y así es como viene interpretándose universalmente. Sabemos en qué consisten estas defensas, y pues observamos que en unos son mayores que en otros, es nátural suponer que son ellas las q'ue preservan más o menos. Al ingerir agua contaminada por el bacilo eberthiano, el germen no empieza por implantarsé en las pla- cas intestinales sino que pasa a la sangre determinando inicialmente una ver- dadera septicemia, localizándose después en esas placas de Peyer, en el bazo, etc. Es pues, natural, creer que los individuos que oponen una menor resistencia a la vegetación de esos bacilos que del intestino han emigrado a la sangre no poseen unos fermentos defensivos dotados de la misma potencia que los, individuos que o impiden la repululación mostrándose refractarios' o la dificultan en un grado mayor. Lo propio cabe decir de la peste, Conce- bimos que la pulgaqueconsuaguijónintJ:oduceparenteralmente el germen maligno determina la implantación del mismo y su propagación ulterior por las vías linfáticas; pero concebimos que el foco sea yugulado in situ por una defensa que confiere al sujeto un grado mayor de inmunidad ,natural. En unos y otros los medios de importación del elemento irifectante son los mismos y, sin embargo, el germen prende en unos yen otros no, o prende desigualmente en ambos. ¿De qué puede depender lo que determina esa diferencia? Yo, señores, no quisiera razonar, Sobre estas verdades, que por ser empí- ARTICULaS ORIGINALES 471 1 ricas parecen irreductibles a una explicación teórica. No desconozco que e oficio de razonador 'en tales· cuestiones está expuesto a graves quiebras; repugna, sin embargo, admitir que sólo por los azares de la suerte unos individuos cuenten con mayores energías defensivas que otros. El hecho responde indudablemente a condiciones; lo que hay es 'que no sabemos en qué consisten. Para ponernos en camino de descubrirlas, yo os invito a seguir- me en la hipótesis que voy a formular, admitiendo provisionalmente 'el supuesto. Imaginemos que la población de los distritos de Barcelona alimen- tados con las aguas del caudal de Mancada tres meses antes de haberse contaminado el manantial, hubiese sido vacunada contra el tifus en la siguien- . te forma: un tercio con una primera vacuna, otro tercio con dos y el último con tres. Si al epidemiarse esta población hubiésemos comprobado que en el primer tercio los casos menudearon más que en el segundo y en el tercero fueron rarísimos, y si además hubiésemos comprobado que la benignidad de la infección guardaba una estrecha relación con el grado de vacunación, sin vacilar un momento atribuiríamos tan lisonj eros resultados al reforzamien- to conseguido por medio de la vacunación. Recordemos ahora que ese refor- zamiento es .una consecuencia, nada más que una consecuencia de la incor- .poración en los plasmas de una substancia específica que confiere a los hu- mores una mayor aptitud digestiva del antígeno eberthiano, razón por la cual los bacilos que del intestino emigran a la sangre yen ella proliferan para implantarse luego en ciertos órganos, se encuentran ahora con que son más fácilmente digeridos. Así nos explicamos los. hechos, apoyándonos en el precedente de' haber sido nosotros mismos los que hemos vacunado a los in- dividuos todos de esa población; mas si fuésemos nuevos en el lugar y nadie nos enterase del proceso vacinal que en ella se ha provocado, en vista de que unos individuos resisten más que otros y mi tercio de ellos se comporta como si fuesen refractarios, creeríamos que esos distintos grados de inmunidad 'vienen preestablecidos por la naturaleza misma, p.or desconocer la condición que en realidad la ha establecido. No es disparatado suponer que nos hallamos en una situación parecida cuando justipreciamos los distintos grados de in- munidad natural de que están dotados los individuos ante una infección dada. Damos por supuesto que sus células desconocen la substancia inmuni- zante por ignorar la. forma en que puede haber ingresado reforzando sus fermentos defensivos y en eso nos fundamos para creer que sus mayores o 'menores resistencias es un don que nativamente les concedió naturaleza; mas como pudiéramos sospechar con fundamento que esa substancia espe- cífioa no es desconocida de los plasmas, aun cuando concretamente ignoramos en' cada caso particular cómo les fué suministrada desde el mundo exterior, entonces consideramos la inmunidad natural como una inmunidad adquirida que no sabemos como se adquiere. , . La idea de que el orgamsmo se defiende de las agresiones químicas del ml}ndoexterior cuando conoce la materia agresora por haberla integrado en los plasmas, parece existir en la mente bajo la forma de una prenoción. Un novelista inglés, de 'ünaginación fecunda, Wells, cuenta que los habitantes del planeta Marte descerídieron sobre la tierra y la sojuzgaron con los recur- sos de su poderosa inteligencia; mas si contra los guerreros marcianos nada pudieron los hombres, pudo con ellos nuestta flora microbiana, que tos de- voró por no estar adaptados a la misma comolo estamos nosotros. Fijando el 472 REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA sentido de las palabras, ya comprenderéis, señores, que adaptar quiere decir conocer .la. substancia a.gresora., llevarla dentro como el potencial creador del fermento qué ha de oponerse a su acción. La observación empírica ha enseñado a sabios y profanos que el que emi- 'gra a un país donde reine una endemia cOFe mayor peligro que sus natura- les mientras no se haya. aclimatado. Aclimatarse no significa adaptarse al clima, sino conocer una substancia que le fué desconocida mientras vivió en.su tierra. Si los naturales de este país resisten más a la endemia que el emigrante es por llevar en sus plasmas, en una u otra forma, la substancia del germen que es d'esconocída en los plasmas de aquél, y si entre esos mismos naturales hay quienes resistan más que otros 'y quienes se muestran refrac- tarios al contagio, es por hallarse con un cierto grado de inmunidad, más o menos eficaz, que adquirieron sin saber cómo. Cuando una epidemia nueva invade una población causa más estragos que cuando se repite, y no precisamente por existir mayor número de vacu- nados; es la masa misma de la población la que está en condiciones de mayor inmunidad, como si de la primera a la segunda hubiere quedado algo en el medio ambiente de que los organismos se hubieren aprovechado y les con- fiere mayores resistencias. Con' este hecho está emparentado este otro: si una epidemia se hace endémica en una población o se prolonga excesivamen- te, no resulta tan peligrosa como al principio ni aun en el caso de recrudecer por aumentar la virulencia del germen., Como estos hechos no tienen más que un valor empírico, no demuestran la verdad de la tesis con la clarividencia de la ciencia experimental, En la inmunidad adquirida prefijamos con exactitud las condiciones.que la deter- minan, y como pasamos del antecedente al consecuente según nos vienen impuestos uno y otro objetivamente, no nos inquieta la incertidumbre de si procedemos mal, pues nuestro juicio es seguro; mas en la inmunidad na- tural inferimos del consecuente al antecedente, remontándonos del hecho a la condición casual que lo determina y como ·ese paso ascendente es sub- jetivo, nos queda el resquemor de si acertamos o nos equivocamos. El ánimo se inclina eh favor diela hipótesis al considerar que el organismo se connaturaliza con las especies más peligrosas, 'como si se fortaleciese con- tra ellas, cosa que no sucedería si estas especies no e;xistiesen en el mecho en que vivimos, lo que indica claramente que sus respectivas substancias espe- cíficas han pasado a formar parte de nuestro propio cuerpo; de no ser así, nos hallaríamos ante ella en fa misma situación del que emigra a un país endemiado: Sin embargo, el ánimo vacila, como eJ. fiel 'de una balanza entre dos pesos, cuando recordamos que acusan grados distintos de inmunidad natural respecto de infecciones cuyos agentes desaparecieron desde larguí- simas fechas. ¿De dónde puede sacar el organismo eh estos casos las substan- cias inm'unizantes si no existen ya en el medio los antígenos respectivos? Concebimos que al prolonga'rse una epidemia tífica, de una u otra manera la masa de la población adquiera respecto de ella una mayor inmunidad, pero es difícil comprender que cuando el germen ha desaparecido ya al ex- tinguirse la epidemia y reaparece al cabo de tres o cuatro generaciones, todavía existan individuos más refractarios que otros. Concebimos que gér- menes tan exóticos como el vibrión colérico o el bacilo pestífero lleguen 'a reforzar las resistencias individualmente, al introduéirse en el organismo por ARTICULaS OR1G'NALES 473 vías y por mecanismos muy obscuros sólo por el hecho de existir en el medio; mas cuando la epidemia se ha extinguido y no queda ya vestigio de sus gér- .menes productores, buenamente no se comprende cómo los organismos pue- den conocer esas substancias específicas. En este punto quizá seamos víctimas de un prej uicio. Nosotros damos por supuesto 'que cuando se extingue una epidemia con ella desaparece milagro- samente su germen productor, cortándose bruscamente el comercio que pu- dieraexistir entre su substancia y el organismo. Este modo de razonar es algo aventurado. Se sabe de un uan número de especies bacterianas' que per- duran en la naturaleza en estado saprofítico; de algunas de ellas ni remota- . mente se sospecha el saprofitismo y sin embargo ha sido plenamente demos- trado. De no haber observado en los cultivos la deg enración progresiva del bacilo fimico, nunca hubiéramos sospechado que aquella bacteria rígida, impermeable a la tinción ordinaria y de tan lenta generación, conocida como un tipo clásico, fuese la misma bacteria viva que germina densamente en veinticuatro horas, tan fácilmente impregnable por los colman tes básicos, bacteria que se cultiva en ciertos medies naturales conservando sus propie- dades ácidorresisterrtes y una cierta virulencia, Del colibacilo, que fué con- siderado corno un comensal del intestino, se sabe hoy queestá tan difundido en la naturaleza que cabe dud-ar si reside en el intestino habitualmente por preexistir con tal abundancia en el medio ambiente o si existe en ese medio por preexistir en el intestino, Sabemos del vibrión colérico, especie franca- mente exótic-a, que vive algunos años en el país donde fué importado, repro- duciéndose la epidemia al llegar la estación oportuna; mas también puede existir sin que la epidemia recidive. En 19II, por indicación de la Dirección General de Sainidad, me trasladé a Ripoll, centro de una comarca invadida por el 'cólera el año anterior, y pude comprobar de la manera más clara y terminante en las preparaciones que mostró el doctor García Ibáñez, dele- I gado sanitario del Gobierno, la presencia de vibriones en los excrementos de algunos portabacilos, Bien persuadido de que cuando la epidemia se ha extihgui'do los vibriones desaparecen y reaparecen mientras éstos existan, daba por seguro que' rebrotaría con la entrada de la primavera y así lo comu- niqué a la superioridad, Y en efecto: lle¡:;ó el verano y nada ocurrió, ¿Quién nos asegura, de no prejuzgar a priori una cuestión de hecho, que esa especie no siga todavía formando parte de la flora microbiana de la comarca? Ignoramos qué es del germen de la peste una vez ha pasado ya la epidemia, Lo más que imaginamos es que su vida se prolonga bajo formas latentes en las ratas, de las que acaba también por desaparecer, dando con ello por Supuesto que su vida saprofítica no puede perpetuarse en los medios natura- les bajo formas y funciones muy lejanas de los tipos primitivos, Por ser puramente de origen humano no concebimos el saprofitismo del [ermen eberthiano, y así creemos con la mayor b1:lenafe que cuando desapa- rece de las aguas que contaminaban la población es cuando la epidemia se extingue; mas al imaginar así las cosas no adaptamos nuestro pensamiento a la continuidad de estas cosas mismas, pues no es de suponer que estas bac- terias pasen del ser al no ser repentinamente. . Para nosotros el vibrión colérico. los .gérrnenes tifógenos o pestosos, son arquetipos lógicos y no cuerpos vivos que al degenerar se alejan de esas for- mas conceptuales y por este motivo tiramos una linea de separación entre las REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA 474 especies saprofíticas y las patógenas cuyo valor es más subjetivo que objetivo. De poder seguir el tránsito de un estado al otro, tal corno lo hacemos con los cultivos del bacilo tuberculoso, observando paso tras paso la degradación funcional y morfológica de esos cuerpos vivos, es muy posible que en la flora microbiana del medio en que vivimos hallásemos parientes lejanos, quizá .seculares, de especies que en otros tiempos devastaron las tierras pobladas. Así pasa con las especies veg fajes superiores cuando sdn transportadas a un medio adverso. Dificilrnente mueren: s'e adaptan, modificándose sus carac- teres y siguen perpetuándose indefinidamente. Es naturalísimo creer que lo propio sucede con las especies bacterianas. La degeneración de las bac,terias patógenas y su cultivo indefinido en la naturaleza es un hecho demostrado respecto de algunas especies, respecto' de otras una hipótesis probable que espera la comprobación experimental. Lo que sí parece demostrado es que lo primero que pierde una especie pató- gen?- con su degradación funcional es la virulencia y lo último sus propiedades vacinales, que pueden debilitarse extremadamente sin que lleguen a extin- guirse. Por la presión o por el calor, el B. anihracis se atenúa sin que cualita- tivamente su substancia específica se pierda o cambie en otra por mucho que se prolongue la acción' atenuante, como en otro tiempo sostuvo Buchner; los' cultivos' de peste abandonados se atenúan de tal manera con el tiempo, que resulta muy difícil regenerarlos sin que en ese estado de degradación química hayan perdido del todo sus propiedades vacinales. Estos y otros hechos parecidos, que nos sería fácil acumular, nos demues- tran que la vida sa:profítica de las bacterias no lleva consigo aparejada la transmutación de unas especies en otras. La acción del medio puede modifi- car profundamente el quimismo funcional de estas células y su morfología, no tanto, sin embargo; que lascambie en otras con facilidad, ya que, según hemos visto, la materia viva se mantiene viva en tanto que adapta el medio a sus necesidades. y no en tanto que se adapta a su acción pasivamente. Reconozcamos lealmente, a pesar de todo, que la vida saprofítica de las I especies bacterianas ha sido hasta hoy una vida casi inexplorable: sabemos muy poco acerca de este punto. No tratamos, pues, de averiguar bajo qué formas existen en el medio ambiente antígenos que el organismo demuestra ostensiblemente conocer con su¡s reacciones digestivas, pues ese coto, en el estado actual de nuestros conocimientos, está poco menos que cerrado. Sólo sabemos que de ro existir en el medio esa pluralidad de materias anti- , génicas no provocarían en la materia viva las reacciones que determinan y pues el organismo se. comporta ante ellas, como un reactivo fisiológico que las acusa, damos por supuesto que, bajo una u otra forma, 'preexisten inte- grados en sus prasmas y admitimos por ende su existencia exterior. Admitido el supuesto, queda con él planteado el problema de cómo esta pluralidad de especies bacterianas pasa al seno del organismo y es conocida de los plasmas, Las vías naturalmente abiertas al acceso de los gérmenes del mundo exterior son dos: el aparato respiratorio y el aparato digestivo. Cons. tituye el primero una vía de absorción poderosa. Los microbios que levanta el aire del suelo y mantiene en suspensión,' una vez aspirados son retenidos en Iras ramificaciones bronquiales, pues sabido es que no se expele ninguno como no sea con los exudados que se expectoran. El volumen del aire que pasa a. través de ese vastisimo filtro en las veinticuatro horas es enorme, y ARTICULOS ORIGINALES 475 si tenemos en cuenta que esa función empieza al nacer y es incesante durante toda la vida, nos formaremos una idea del número de especies y el número Gérmenes que por esa vía ingresan en el seno del organismo. Esas bacterias, ni vegetan ni se acumulan pasivamente en el filtro; bajo la acción de los fer- mentos bacteriolíticos son digeridas con igualo mayor energía que los culti- vos saproñticos que inyectamos bajo ¡¡i. piel,'y de ahí una fuente abundante y perenne de substancias' específicas procedentes de las especies bacterianas con las' que 'el organismo se está vacunando constantemente, La diferencia que pa.rece existir entre esos procedi'rnientos de vacunación naturales y 'los medios técnicos por la ciencia empleados es más aparente que real. Nosotros tomamos una especie aislada, cuya toxicidad moderamos prudencialmente y la, inyectamos, y cuando nos parece que el organismo se ha fortalecido ya an'te sus posibles agresiones, volvemos a repetir la ope- ración con el mismo germen más virulento o bien aumentando su número por segunda y hasta por tercera vez. Como queremos elevar a un mayor gra- do esa vacunación hasta alcanzar los límites de la hiperinmunización, repe- timos la operación forzando espaciadamente las dosis durante un lapso .de tiempo relativamente, largo', Si se ofrece quedeseamos obtener un suero poli- valente, ya contra varias 'razas de una misma especie, ya contra una variedad de especies cuyo papel etiológico en la infección que deseamos combatir pa- rece ser múltiple o no estar bien persuadidos de que el organismo procederá simultáneamente con ellas como procedió' con una sola, reíorzándose sus de- fensas conjuntamente. Pues bien: la naturaleza no procede de esta manera simplificada. En bloc recibe los microbios del ambiente exterior, bajo la acción de la presión atmosférica, y lqs fermentos defensivos' q ue exudan los epitelios de la mucosa que tapiza las vías de recepción o los humores interce- lulares actúan sobre ellos. La naturaleza no prefija ni las especies que han de ingresar por esa vía ni el número de gérmenes tal como técnicamente prefijamos nosotros el ingreso parenteral de estos factores y por ser así com- , prendemos que las defensas sean reforzadas para un gran número de especies que ni sabemos cuáles son 'ni sabemos tampoco para cuáles lo son más que para otras; sólo sabemos, que para ciertas especies hay variantes según sean los individuos, bien que- desconozcamos las condiciones que las han creado. De esto resulta que en todos los individuos comprobamos la existencia de bacteriolisínas defensivas cdntra ras especies del ambiente exterior y en al- gunos una defensa mayor respecto alguna o algunas de estas especies. En un lote de niños igualmente expuestos al contagio diíterógeno obser- vamos que en unos la infección resulta fácil revistiendo formas graves, en y otros resulta más difícil reviste formas más be'nignas y otros se comportan como si fueran refractarios. Si no tra.tamos de explicarnos estos hechos, acepfá:ridoles' tales como la observación los presenta, nos limitaremos a con- testar que la ülmunÍdaid natural protege más a unos individuos que a otros; mas si, pasando la valla queIimita en este punto el conocimiento humano, tratamos de explicarnos cómo es que las resistencias a la infección son mayores en unos individuos que en otros, no nos parecerá gratuita ni infun- dada, la suposición de que puedan haberse reforzado de la misma manera que se refuerzan en un caballosegún sean las cantidades que haya recibido de materia vaé:lri~l. Desde luego has parecerá natural que la bacteria difte- rógena, que puede suministrar al organismo substancias específicas desde las REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA vías respiratorias cuando las infecta, puede también suministrarlas cuando no se implanta ni vegeta por no ser atacada y digerida por los fermentos defensivos; es posible que estas substancias puedan ser suministradas tam- bién por ei bacilo pseudo-diftérico, 'ya que no hay una línea de separación entre la especie tipo y esas primeras degradaciones, sino un tránsito que ob- jetivamente nos es muy difícil apreciar; es posible también que formas de degradación más lejanas todavía de ras ptopias del pseudo-bacilo puedan suministrar substancias específicas cuya forma química, -bien que muy distante de la forma primitiva de la toxina diftérica: conserve aún propieda- des vacinales. ¿Por qué hemos de dar dogmáticamente por supuesto que el ing reso de esos productos al seno del organismo por las vías respiratorias no puede aumentar las propiedades antitóxieas de los humores? ¿Hemos' de rehusar a esos procedimientos de vacunación, preestablecidos por la natura- leza misma, toda eficacia sólo porque técnicamente difieren de los proce- dimientos que el hombre ha inventado para conse¡;uirla?' - La retención de la bacteria tifógena en las ramificaciones bronquiales es, muy posible que pueda infectar directamente, esto es, independiente- mente de la emigración bacilar por la vía intestinal; mas si una y otra pue- den .infectar, evidentemente una y otra pueden vacunar más o menos media- namente si los fermentos defensivos al digerir las bacterias retenidas en los bronquios o emigradas desde los intestinos al medio interno suministran a la nutrición celular substancias específicas. Buenamente no se descubre qué diferencia existe entre esas bacterias así importadas al organismo y las que nosotros ingresamos por la vía parenteral al apretar el-émbolo de la jerin- guilla de Pravaz; uno de ellos es un procedimiento preestablecido por la .r¡a- turaleza misma, cuyos efectos justipreciamos a posteriori bajo la forma de una mayor o menor inmunidad natural; por el otro apelamos a un proce- dimiento ideado por nosotros mismos, cuyos buenos efectos prejuzgamos el priori según la práctica nos lo ha enseñado; mas uno y otro método tienen un fondo común: el ingreso de una misma substancia al ambiente celular, Si, admitido ese punto de vista, consideramos Iueco que entre la especie tipo y las formas pseudo-tíficas media una degradación, el más y el menos de una misma cosa, y consideramos que esa degradación puede continuarse en los medios naturales en que se desarrolla la vida saproñtica, ¿por qué no hemos de atribuir a esa flora una eficacia vacinal que baste a' explicarnos la diversi- dad de resistencias individuales que se acusan en la inmunidad natural? En estos y en la mayoría de los casos concebimos sin esfuerzo' que el aca- rreo aspiratorio de gérmenes virulentos al seno del organismo puede deter- minar un 'cierto estado de vacunación ínfimo, mediano o mayor según sean las condiciones en que es dado; concebimos también que ese reforzamiento puede tener lugar por esos mismos gérmenes atenuados por los agentes na- turales y mantenidos en formas saprofiticas ya muy distantes de las especies tipos, Teóricamente convenimos todos que el organismo se adapta a la natu- raleza de su medio ambiente, y abundando en esta idea nos parece natural que a medida que ese medio nos amaga con peligros mayores se acrecienten en aquéllas resistencias; 0'10 que es igual: al p-eguntarnos cómo se adapta el oq;anismo a su medio, es cuando advertirnos que precisamente por sumi- nistrar ese medio más cantidad de substancias específicas aquel orraniSl1lO se fortalece contra sus a:..;resionespor vacunarse con ellas de una manera ARTICULOS OR1GI:-IALES 477 natural. Por. donde se ve que no es indispensable padecer la infección para triunfar de nuevos contagios: basta que el organismo haya podido incorporar la substancia específica que le ha sido suministrada desde el medio de una manera más o menos fortuita para que sus resistencias hayan también. aumentado, C,on respecto a las especies inofensivas incurrimos en un error gravísimo cuando damos desdeñosamente por supuesto que no debemos preocuparnos de ellas por el hecho. de serlo, No hay bacteria que sea inofensiva por sí misma; lo es por las defensas que la funden y la transfornianennutrimiento. Como estas defensas no existieran, al cultivarse en los humores los descom- pondrían y al cultivarse e~ las células las matarían, dado que un elemento vivo no puede nutrirse de otro elemento vivo sin que éste le suministre ele- mentos nutrimenticios y por ende lo descomponga reduciéndole a la condi- ción de materia inerte. Sólo cuando dejamos de precisar la significación de las palabras (,infección» o (,putrefaccióm podemos decir, seducidos por las apariencias, que hay bacterias dañinas y otras que no lo son; toda bacteria es dañina si logra implantarse y vegetar; su vida es incompatible con la vida' del excipiente sobre que vegeta, cómo la de éste lo es con la de aquella. Las bacterias patógenas se diferencia, según hemos visto, de las inofensivas, por poseer la capacidad de. inactiv ar los fermentos de la materia viva; mas tampoco esa acción es valorable por' sí, sino en relación con el grado de la defensa pues con sólo aumentarla lo patógeno pasa a ser inofensivo. Así: la segunda vacuna carbuncosa no es ya patógena cuando con la primera va- cuna se han reforzado los fermentos bacterioliticos que digieren los elementos bacilares nuevamente ingresados; así inmuniza temporalmente una inyec- ción 'preventiva de suero antidiftérico precisamente porque evita mediante su lisis la implantación del germen sobre la mucosa; así también la inyección masiva de agua salina.: con s610 reforzar transitoriamente la bacteriolisis humoral, evita temporalmente la infección. Sea cual fuere el procedimiento empleado para reforzar la defensa orgánica, siempre resulta que se evita el daño que irremisiblemente causa: la implantación y vegetación del germen, sea patógeno, sea inofensivo. , Véase, pues, cómo por las vías respiratorias afluyen al organismo cuantas especies existen en el ambiente exterior, sean patógenas, sean pseudo-pató- ~;eilas,sean próximas o lejanas de su estado de pureza típico. Como conserven eri una u otra forma propiedades vacinales, bajo la acción de los fermentos digestivos que las' transforman en nutrimiento, suministran substancias es- pecíficas a ios plasmas €lue pueden reforzar en uno u otro sentido las defen- sas naturales según que abunden más o menos qUe otras en el medio, Así se explica que el organismo se connaturalice con los peligros que le asedian, aumentando sus defensas a medida que la infección se hace más Jnminente; así se 'explica que se adapte a su medio. En, realidad, es el medio mismo el que le suministra, con las materias vacinales, los recursos con queha de refor- zar sus resistencias, Esas formas de vacunación naturales son tan distintas de las formas técnicas actualmente en uso, que parecen puramente.imagina- tivas; mas si reflexionamos que entre las bacterias que ingresamos por la vía parerrteral (cuya digestión y asimilación inmuniza) y las que incrusta sobre los epitelios y espacios intercelulares de las vías aéreas la presión at- mosférica (también reducidas corno aquéllas a materia asimilable) no existe 478 REVISTA VETER1~AIUA DE ESPAÑA -----------------------------------------------------~-------- otra diferencia que la del modus operandi, convendremos en que es arbitrario suponer que las primeras refuerzan las defensas y las segundas no, y po.r tan-- to nada tiene de fantástica esa forma natural de vacunación. . Tal como concebimos que el organismo en su totalidad se adapta a los peligros del medio ambiente, debemos entender que el aparato respiratorio se adapta localmente al flujo incesante de los gérmenes que 'recibe y retiene. El buen sentido nos indica que si tan gran numero de gérmenes fuesen reci- bidos en el espacio cerrado de una serosa o en un parénquima visceral, se infectarían sin ningún género de duda; no sucede así en el aparato respira- torio, por cuanto ante el estímulo' de la materia heteróloga, que solicita la actividad de losepitelios, su materia viva crea fermentos que lenta y progre- sivamente se adaptan a la naturaleza de esta materia, transformándola de modo que puedan nutrirse con ella. La mucosa que tapiza las vías aéreas empieza por inmunizarse localmente contra la flora microbiana que la inun- da; filog enéticamente esa materia viva ya viene predispuesta para la crea- ción de ciertas zymasas propias de la constitución de la misma, tal como su- 'cede con todo protoplasma diferenciado, y en presencia del estímulo externo esas zymasas se refuerzan a medida que los materiales de reparación se re- nuevan con los que el medio suministra y así es como esa materia viva se adapta localmente al medio especial que en su vida se desarrolla. Esa defen- sa química local se regula precisamente por la cantidad y cualidad de la ma- teria heteróloga que en realidad la crea y a la que responde; en su auxilio viene otra defensa de naturaleza física; la que resulta del movimiento' ince- sante del epitelio vibrátil que dificult~ en gran manera la implantación de' los gérmenes. A pesar de una y otra defensa, las vías aéreas no se libran de un cierto comensalismo que se mantiene en los exudados. EL aparato digestivo es la' segunda vía por la que el mundo. exterior provee al organismo de substancias .específicas que pueden reforzar su in- munidad natural. Toda la flora microbiana del medio en que vivimos pasa por ella; un buen número de sus especies se hacen sus huéspedes habituales; otras, proliferando o no en ese medioextraorgánico.vno se perpetúan en el mismo. En la boca se han diferenciado un gran número de especies comensales. algunas de ellas patógenas y aun en estado intenso de virulencia. Su cultivo. sin ser adherente al epitelio, se encostra en la mucosa ele las encíasy en la superfici'e superior de la lengua, en UI10S individuos más que en otros. Im- punemente soporta la mucosa bucal la vecindad de esas grandes masas bac- terianas sin que se infecte, cuando bastaría una dilución de las mismas en otros territorios celulares para deterrrÍinar su implantación. Esa defensa no es física, sino química. Hasta en el caso de.abrir una solución de continuidad en el tejido vivo facilitando el acceso de los gérmenes, observamos que la herida difícilmente se .iníecta, lo cual demuestra que la zymogenia defensiva' es activísima. Cuando esa zymogenla se atenúa por una causa intercurrente (ptialismo mercurial, yodismo, infección tífica, etc.), el cultiv.o se densifica extraordinariamente; si esa causa anula localmente la defensa epitelial (aftas, placas diftéricas, etc.), adquiere entonces el cultivo un relieve como no se obtiene en los medios nutritivos. usuales. Así como en la boca observamos en condiciones normales o sin que inter- venga el arte una mayor o menor limpieza microbiana que sólo podemos atri- ARTICULaS ORIGINALES 479 buir a sus nativas defensas, así también cabe conjeturar que la flora del tu- bo gastrointestinal viene en cantidad y calidad autorregulada hasta cierto punto por las defensas del mismo, 'Los autores que han estudiado esta flora desde un punto de vista taxonómico o clínico parten del supuesto de que el medio de cultivo es en ese tubo tan inerte como puedan serlo los preparados en el laboratorio, y es muy posible que esta idea no sea exacta. Por de contado que cuando se cambia el régimen alimenticio se cambia también la flora mi- crobiana y que cuando se modifica es ésta también modificada; pero, a pesar de ser así, es de creer que en igualdad de composición del medio y de siembras, las especies microbianas no se desarrollan en unos individuos de la misma manera que en otros por preexistir condiciones internas que autorregulan has- ta cierto punto el desarrollo de unas u otras. La demostración experimental del enunciado es difícil si no imposible; mas teniendo en cuenta que los epi- telios que tapizan el tubo exudan zumos que atacan la masa alimenticia y con ella los cuerpos y productos bacterianos que forman parte de la mezcla, zumos que reactivan algunos fermentos digestivos, nos parecerá ya más comprensible que eh esa .masa las especies no germinen ilal como germinar lan si fuese totalmente inerte. Se sabe que los fermentos digestivos no atacan los cuerpos bacterianos, bien que ataquen sus productos dado que su composición no difiere de la de los alimentos. El hecho no impide, sin embargo, que a los productos so- lubles procedentes del cultivo se sume la substancia de la bacteria que se resuelva por autolisis y la de las bacterias que son atacadas porlos fermentos de otras especies antagonistas. Del vibrión colérico se sabe que se disuelve bajo la acción de la bilis, acción que parece ser. debida a su alcalinidad. Yo he demostrado, en efecto, que esta bacteria, como el bacilo del muermo y el 'eberthiano, se furlde instantáneamente en las soluciones de sosa a 0'50 % y más lentamente a 0'25. Debemos admitir además que el epitelio intestinal estimulado por esos productos exuda zumos bacteriolíticos 'como todos los elementos celulares, zumos que no se diluyen en el medio interno sino en la masa alimenticia a que están abiertos corno a su ambiente natural. La dilución de estos fermentos en la masa alimenticia es un factor que debe tenerse en cuenta para la clara Comprensión de que esa masa no se comporta respecto al desarrollo de la flora microbiana como un caldo de cultivo. Se sabe que el número de especies existentes en el tubo digestivo es rela- tivamente escaso durante el régimen lácteo, que ese número es más limitado .Lodavía en los primeros días que en los meses sucesivos; se sabe también que ese número crece durante el régimen mixto y acaba por ser extraordina- rio en el régimen común. El epitelio intestinal regula sus defensas según las agresiones microbianas de una manera tan perfectamente adaptada, que a pesar de convivir con tan gran número de especies ni consiente su implanta- ción, infectándose, ni las múltiples agresiones químicas de que es objeto perturban su funcionamiento normal. Esta adaptación no es innata, sino ad- quirida; se preestablece con el concurso del tiempo a medida que los plasmas epiteliales conocen las substancias agresoras. La escasa flora a que se adap- ta el aparato digestivo del niño de un'a manera gradual y progresiva no pue- de ser alterada con la ingerencia de especies nuevas, aunque sean banales, sin ocasionar graves trastornos. Tal como se adaptan los fermentos dig esti- REVISTA VETEPTNARIA DE ESPAÑA vos a la naturaleza química de los alimentos, se adaptan 'también los fermen- tos defensivos elaborados y exudados por el epitelio intestinal a las substan- cias heterólogas procedentes de las distintas especies bacterianas. Diríase que así como los primeros no saben digerir un alimento dado sin un previo aprendizaj e, así los segundos no saben defenderse de la agresión de una espe- cie mientras el plasma .que los crea no conozca, por haberla incorporado, la substancia agresora. En realidad un epitelio inadaptado es un epitelio casi indefenso, y decimos casi y no totalmente indefenso porque en él ya preexisten filogenéticamente tendencias zymóticas que los estímulos de la materia exterior orientarán y reforzarán ulteriormente. La ingestión fortuita de bacterias nuevas determina trastornos análogos a los que determina la ingestión de una leche nueva; en uno y otro caso la materia viva de los plas- mas glandulares o de los plasmas moldeados en los epitelios no saben cómo deben comportarse o reaccionar, porque su acción no es prevista.. En este últi- mo caso el trastorno se evita o se atenúa pasando insensiblemente y no de una manera súbita de la primera leche a la segunda; en el primero se evita impidiendo el acceso de los gérmenes por medio de la esterilización de la le- che y aparatos de succión. En uno y otro caso, bien a las claras demuestra la suavidad del tránsito la necesidad de una adaptación previa. En general, los pediatras, al investigar la etiología de las diarreas infantiles se han preocupado del germen productor sin tener para nada en cuenta la adaptación del tubo intestinal; no conciben que las bacterias banales, sólo por el hecho de ser nuevas, pueden causarlas. En su sentir, el' calentamiento de la leche resulta provechoso, no por eliminar las bacterias extrañas o des- conocidas del conducto, sino por eliminar únicamente las que son patógenas, dando con ello por supuesto que las demás son indiferentes. Ese criterio es recusable por lo exclusivista desde el momento que debemos tener en cuenta· el estado de inmunización del conducto gastrointestinal. Sin dudar que haya especies dotadas de tan acentuada agresividad química que deben conside- rarse como francamente patógenas, como el bacilo de la diarrea verde, el bacilus perjringens, el vibrión colérico, el bacilo disentérico, etc., es racional. a la vez admitir que de ingerirse en el estómago del recién nacido las mismas especies bacterianas que .cabe aislar a los diez meses de lactancia, con las que conviene perfectamente en esta época, se determinarla en el sujeto' un grave trastorno por hallarse 'inadaptado. El adulto soporta impunemente en su intestino la presencia de bacterias que el intestino del niño no soporta- ría ni por su número ni por su calidad; en éste no determinan el efecto que en aquél determinarían, no porque las bacterias dejen de ser las mismas sino porque las defensas del intestino han sido r~forzadas en grado altísimo al pasar de un período de la vida o otro período. De nuevo recordaremos en este. punto cuán erróneo es el concepto de la virulencia de un microbio cuando la. consideramos como una propiedad independiente. de la materia viva en que ha de manifestar sus efectos. La virulencia de un microbio no es mensurable en el microbio mismo; lo es por los efectos que determina y estos eÚctos son mayores o menores según sean las defensas. Virulentos son los bacilos trficos y paratíficos, y se comportan como inofensivos en el intestino de los indivi- duos sólidamente vacunados por la naturaleza. misma; esosmismos micro- bios trasladados a un intestino más indefenso resultan peligrosísimos. Asi- . mismo: no hay bacteria que pued,a considerarse como inofensiva mientras · ARTI€uLOS '0R;"GINkLES pueda vet:.etar 'sobre la materia vi .a, pues sólo por el hechc .de implantarse en ella y extraerle elementos de nutrición ya la mata, es decir, la infecta o descompone, que en el fondo es 10 mismo. ' , . ' " Ciertas y determinadas diarreas" diferenciables como tipos nosológicos, serán debidas etiológicamente a .bacterias especiales, como ocurre con la infección disentérica bacilar o la infección colérica, ,por ejemplo: mas si bas- ' ta la infección de la mucosa gastrointeatinal para .deterrninar ese síntoma global, es indudable que ese síntoma puede responder a infecciones múltiples determinadas por especies que estimamos actualmente comó .inofensivas sólo por no tener en cuenta su potencialidad patógena ante la indefensión de la mucosa sobre la que germinan; ,basta que sus fermentos defensivos sean reforzados mediante una adaptación irimunizante-previa, para q,ueesas mismas especies subsistan en el conducto corno inofensivas, desaparezca el peligro 'de la infección y con ella el síntoma culminante que la ponía de ma- nifiesto, La cuestión cambia de aspecto según que la resolvamos tomando , como punto de partida de la investigación al ¡;ermen que determina el sín- drome morboso o al grado de inmunidad que haya alcanzado la mucosa gastrointestinal que recibe 'su acción, Si el epitelio g,astrointestinal resiste a las agresiones químicas de las subs- tancias heterólogas procedentes de las especies bacterianas es porque los fermentos defensivos que exudan al digerirlas modifican su configuración y estructura molecular de modo que resultan inofensivas. En realidad no son atacados por 10s gérmeI).es sino por sus productos y al ser bañado:s por ellos resultarían agresivos si modificasen su estado físico, bien fluidificándo- los, bien coagulándolos. o sin modificarse su composición combinándose con sus elementos o con' alguno de ellos, en cuyo caso dejarían de conservarse como son y descenderían del rango de materia viva a materia inerte, Esta~ modificaciones físicas o químicas, qUE) onstituyen lo que designamos con el c nombre de agresion, no pueden tener lugar ¡¡arque el fermento idóneo, siem- pre adaptado a la naturaleza del estímulo que la célula recibe, modifica él estado de la materia agresora de modo que no lo sea, Estos fermentos, sinem- bargo, tan adec~ados a la naturaleza de la materia exterior, 'no son un pro- ducto espontáneo, y corno tal misterioso, de los plasmas epiteliales; ellos presuponen la incorporación de estas substancias elevándolas al potencial energético de materra viva siempre parcialmente liberable bajo el estímulo de la materia ex-terna, reproduciéndose así en cada caso particular el mismo .hecho que tuvo lugar cuando esa materia extraña fué incorporada como propia, El pro caso de esa incorporación es el mismo proceso fisiológico qu.e descrito queda al tratar de la inmunidad adquirida. El acceso de la materia vacinal al medio interno por la vía parenteral, o por la infección del or¡;anis- roo o de alguna de sus partes, ro inunda de materia extraña, la cual reacciona la materia viva creando los fermentos que han de transformarla en pro- PÜt o asimilable. Así también: la absorción acarrea al medio interno los pro- ductos 'microbi~nos, como los demás productos alimenticios, y alas remansos nutrimentici.os de las células epiteliales del conducto digestivo llegan esos productos, 'como llegan a todas partes; con ellos se nutren, reparando el des- gaste que experimentan, repitiéndose aquí el mismo fenómeno que hemos des- crito -respecto del fermento pépsico al' adaptarse cualitativa y cuantitativa- mente a la digestión de la leche. Por el mero hecho, decíamos allí, de ingresar 31 REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA en el medio interno un producto de una procedencia especial, las glandulillas pepsígenas se rehacen de sus pérdidas con substancias oriundas de ese pro- ducto y de ahí que el fermento que elaboran sea el propio de la leche y no de otro alimento. Lo propio sucede aquí. Los epitelios intestinales, abiertos a un ambiente exterior, reciben estímulos especiales y a ellos se adaptan exu- dando fermentos idóneos que atacan la materia agresora y como esas pér- didas son específicas, las avideces del plasma tienden a reincorporar del medio fisiológico las que pueden .compensarlas y así es como se inmunizan localmen- te contra su acción. Mientras así se defienden de los productos solubles microbianos y de los demás que impregnan sus superficies externas, derraman sobre el contenido. intestinal sus propios fermentos, y como los fermentos que atacan los productos microbianos son los mismos que atacan los cuerpos bactéricos, de ahí resulta que la masa alimenticia, a más de la acción de los fermentos digestivos, 'sufre la de los defensivos epiteliales que poseen la propiedad de actuar sobre aquélla y reactivar a los primeros, y a mas la de' actuar sobre cuerpos bacterianos que habían escapado a su acción. En cuantas especies han sido ensayados el fermento pépsico y los fermen- tos pancreáticos, se ha comprobado que no las digieren; es de creer, sin em- bargo, que los zumos epiteliales vertidos sobre la masa alimenticia se com- portan con ellas de una manera análoga a como se comportan todas las cé- lulas respecto al medio en que vierten sus bacteriosilinas. La demostración experimental del hecho resulta tan difícil en este punto como en los. demás territorios celulares por no poder captar los zumos aisladamente y ensayar- los in uitro, tal como lo hacemos respecto del jugo gástrico o del pancreático; mas todo el mundo admite que los productos de la .zymogeriia epitelial se vierten sobre el contenido gastrointestinal, reactivando ciertos fermentos digestivos y completando la digestión de la masa alimenticia; es de suponer, pues, que con esa zymogenia se adquiera también la capacidad de autorregu- lar hasta cierto punto el desarrollo de la flora microbiana al impregnar la masa de zumos bacterioliticos, acción que puede ser más intensa respecto de una u otra clase' de bacterias según fuera el estado de inmunización del epitelio respecto de las mismas. La observación de las cosas, serenamente consultadas, nos inclina a creer que los fenómenos de fermentación y putre- facción que tienen lugar en el estómago e intestinos, con la formación de productos como el alcohol, ácido butírico, acético, amoníaco, fenal, etc., algunos de ellos muy nocivos, no dependen de la ingestión d~ 10s agentes que las determinan únicamente sino que están 'regulados por una condición inter- na, por una defensa fisiológica que conserva la normalidad de la VIda. Si la masa alimenticia se comportase realmente como un medio de culti- vo inerte con respecto a la germinación de la suma enorme de especies en ella sembradas, se hace' difícilmente comprensible la regularidad con que esa germinación se desarrolla según los tramos del conducto por los que pasa, pues aun cuando pueda invocarse para la explicación del hecho la uniformi- dad de composición del medio, no puede invocarse asimismo la uníformídad de las especies sembradas dado. que el mundo exterior las suministra en con- diciones variadísimas. Aquí debería pasar algo' semejante a lo que pasa con un lote de matraces de caldo abandonados que se infectan -con especies variadísii:nas a pesar de la identidad del medio nutritivo. Normalménté en el conducto digestivo no se desarrolla, por ejemplo, unas vetes más el bacilo ARTICULaS ORIGINALES amilobacter y otras el bacilo acético, bien que la cantidad en que son sembra- dos uno y otiro cÍe una manera fortuita debe variar al infinito; normalmente las bacterias de la putrefacción serán ingeridas en una comida en un mayor número que en otra según sea cruda o cocida, por ejemplo, y sin embargo el olor del excremento que acusa sus efectos no varía al compás de esas va- riaciones fortuitas sino que subsiste sensiblemente igual. Claro está, que si exageramos la nota o cambiamos la composición' del medio modificando el régimen, la flora microbiana del conducto digestivo cambiará radicalmente; pero pensándolo bien, debemos convenir en que sin necesidad de extremar las cosas hasta' ese punto, esas variaciones deberían sobrevenir cada día y, sin embargo, no sobrevienen, como si fuera puesto algo por parte del sujeto que hasta cierto punto lo impide, Por otra parte: si imaginamos una paresia en la contractilidad del tubo digestivo, una acción morbosa que inhiba o atenúe la zymogenia epite- lial, una causa perturbadora, en suma, de esa condición interna reguladora de la flora intestinal, inmediatamente comprobamos el predominio de la vegetación de unas especies sobre otras presentándose fermentaciones anó- malas, signos de putrefacción; con meteorismo, constipación, diarrea, etc., 'como si realmente fuera verdad que la germinación de las especies en el contenido alimenticio se desarrollasen de una manera arbitraria una vez anulada lá condición' fisiológica que hasta cierto punto la regulaba. 'La hipótesis de que los fermentos defensivos del epitelio gastrointestinal se vierten y mezclan sobre el contenido alimenticio y ejercen una acción bac- teriolítica sobre las especies microbianas que regula su 'desarrollo, nos pare- ce muy aceptable, De esa acción digestiva ha de resultar un impedimento púa la vegetación libre y una atenuación de los gérmenes de la misma masa. Sin la. secreción de estos fermentos no se concibe la defensa de las paredes del tubo digestivo. Poco antes os indicaba que en las encías y en la superficie superior de la lengua se cultivan los microbios, de una manera más o menos densa según sean los individuos, sin infectarlas por no implantarse en la materia viva, defensa que no se explica sin la intervención de los fermentos defensivos que impiden la adherencia. A lo largo del tubo gastrointestinal los microbios no se cultivan sobre el epitelio como en la boca: se cultivan en la masa alimenticia. Una defensa física contribuye poderosamente a que· así no suceda: los movimientos propios delconducto, movimientos que ni en el estómago ni en los intestinos gruesos son tan eficaces. como en los intesti- nos delga/los. Estos últimos están animados de movímientos múltiples tan sabiamente combinados que todas las partes de la masa son puestas en in- mediato contacto con las paredes y claro está que .E!sa movilidad ha de difi- cultar de un lado la vegetación de los gérmenes en1a masa y de otra la forma- ción del cultivo adjunto al epitelio; en el estómago yen los intestinos gruesos esa defensa física es menor y queda anulada en Jos tramos intestinales infe- riores donde la materia excrementicia se acumula y solidifica en espera de la contracción vermiforme que ha de expulsarla. Mas ni en unas ni otras regio- nes los microbios se cultivan como en la boca en condiciones normales y no se concibe como durante los períodos de reposo del saco estomacal o del conducto intestinal esa vegetación no tenga efecto si con la exudación de los zumos defensivos no se protege el epitelio. La actividad zymogénica epitelial de estas regiones en vez de ser perió- _ _ _REVISTA VET)'RINARIA DE ESPAÑA dica como lo es la secretoria, es constante, y en vez de estar condicionada co- mo' esta del refle] ismo nervioso, obedece al estímulo directo del anth eno exterior, De ahí resulta que cuando con la ingestión las paredes del estómago gotean su jugo, arrastran los productos zymóticos acumulados en el epitelio y en los espacios intercelulares, arrastre que viene favoredido luego por los movimientos del saco que revuelven el contenido. Lo propio cabe decir de la segunda digestión. De esta manera los fermentos defensivos son acarrea- dos al seno de la masa alimenticia en el momento en que más falta hacen ya para complementar la digestión de los productos de la .materia amorfa sobre que actúan, ya para iniciar la digestión de los cuerpos bactéricos que escapan a los fermentos, secretorios, ya para prefijar en la misma masa las condiciones en que ha de vegetar la flora bacteriana. La absorción intestinal acarrea luego al seno del organismo substancias específicas procedentes de las más variadas especies que todo el mundo con- sideraria vacinales si ingresasen por la vía parentérica. Sea cual fuere su vía de ingreso, ellas se incorporan en los plasmas y cuando observamos que en presencia de la materia heteróloga de que proceden, esos plasmas se compor- tan como si la conociesen, creando bacteriolisinas que las atacan y digieren (a unas con mayor energía que a otras), es ló¡;ico pensar que esas variantes individuales no brotan del azar sino de un reforzamiento cuyas condiciones nos escapan. Como no se concibe que el tubo digestivo pueda resistir las agre- siones químicas de que es objeto por parte de las bacterias queen su contenido se cultivan si no se inmuniza localmente contra ellas, tampoco se concibe que el organismo pueda resistir la autointoxicación que determinaría la absorción de los productos celulares de la flora gastrointestinal si contra ella no estuviera debidamente vacuna:do. Esta idea, ya emitida en r8g8 en el Congreso de Medicina de Wiesbaden de una manera luminosa y clara por Friedrich "V[uller', o ha sido integrada como doctrina científica por la forma n artificiosa como viene estudiándose la inmunidad. El cultivo deun buen núme- ro de especies, huéspedes habituales del tubo digestivo, en el seno del orga- nismo, determinaría a no dudar infecciones peligrosísimas y las de'terminaría por sus productos solubles; esos mismos productos absorbidos en bloc pasan al seno de ese organismo diariamente y no le autointoxican. La razón de esa indemnidad hay que buscarla indudablemente' en los mismos mecanismos que predeterminan la innocuidad de las más fuertes toxinas a medida que en los plasmas crece la aptitud transformadora por medio de los fer'mentos defensivos; la prueba de' ello está en que cuando ese estado de vacunación falta, como' ocurre en el niño, la ingerencia de especies extrañas en el intes- tino' resulta peligrosa para éste y tóxica para el organismo; la prueba de ello está también en que cuando el desarrollo de la flora microbiana deja de estar autorregulado por causas, externas o causas interrras y unas especies predo- minan sobre otras en una forma a la que no está adaptada el organismo, la absorción insólita de productos heterólogos para cuya digestíón nd se cuenta, con fermentos debidamente reforzados, determina una intoxicación por pro- ductos microbianos. I \ ' En' el problema de las autointoxicaciones de origen intestinal a nosotros no nos interesa, por ser ajeno a nuestro objeto, la determinación del coefi- ciente tóxico del conterrido excrementicio ni tampoco la>determinación quí- mica de los productos de que se compone; lo que· a nosotros nos interesa ARTICULaS ORIGINALES hacer constar es que en ese contenido existen productos solub1es microbia- nos, tóxicos muchos de ellos, que normalmente ingresan en el organismo sin agredirlo como si estuviera contra ello sólidamente vacunado, y que cuando esos productos aumentan ex témporáneamente por modificarse el desarrollo de la flora microbiana fuera de lo común y regular bajo la acción de causas externas o internas, el organismo acusa sus agresiones como si no estuviese ahora vacunado' en la misma forma que lo estaba antes por haber cambiado la cantidad o la cualidad, o las dos cosas a lavez, de los productos ingresados. 'El, hecho acusa, por parte del organismo, una adaptación a una cierta flora bacteriana en el primer caso y una manifiesta inadaptación e\:t el segundo. Esa adaptación y también esa inadaptación deniuestra palmariamente, si bien lo reflexionamos, el ingreso global de substancias vacinales, su incorpo- ración en los plasmas, el reíorzamíento de los fermentos que han de neutra- lizar las agresiones de las substancias heterólogas en la medida en que hayan sido reforzados y no más; en suma: la existencia de una vacunación preesta- blecida parla vía intestinal de una naturaleza en el fondo idéntica a la que experimentalmente preestablecemos por la vía parentérica, Con retrogradar a los primeros tiempos de la vida en que el tubo gastrointestinal se va adap- tando laboriosamente tinas ,tras otras a determinadas especies, compren- deremos que el organismo no está vacunado como lo está el adulto, razón por la cual se muestra incomparablemente más sensible' que éste a las agresiones microbianas que le vienen de este' lado. El aparato digestivo y el aparato respiratorio son para el organismo dos fuentes continuas de substancias vacinales de cuya incorporación resulta el reforzamiento de sus defensas contra las agresiones microbianas; mas para -que como vacinales puedan considerarse es menester que concibamos la inmunidad natural de una manera muy di:ferente de como la venimos con- cibiendo. En la actualidad sé entiendeque las bacterias son fundidas por ciertas células autónomas o por ciertas propiedades de los humores, sean o no de origen celular, que eso, todavía se discute, con objeto dé preservar al organis- mo de su implant'ación y cultivo, como si la naturaleza, previsora de sí, le hubiese dotado de estos recursos para salvaguardarle de su acceso. Una vez .disueltas esas bacterias, las defensas naturales ya cumplieron la misión que les fué encomendada y no hay que inquirir qué es de estas substancias específicas solubles que en el seno del organismo quedaron, Nadie se pregun- ta si son o no 'vacinales, si, se incorporan o no en los plasmas, si refuerzan o no las defensas naturales contra los mismosgérmenes cuando el caso se re- pite. De ser inyectadas por la vía parerrteral no dudaríamos en afirmar que ínmunízan, pero por sólo el hecho de haber sido reducidas a materia soluble por 1:3, alexina o los plasmas amebiformes Ilo se las concibe ya como vacinales por partir del supuesto conceptual de que una cosa es la inmunidad natural y 0tr:a cosa es la inmunidad, adquirida, Si esa materia no puede estimarse co.mo vacinal miradas las cosas desde este punto de vista, menos podrán considerarse como tales las substancias procedentes de las vías respiratorias o las vías digestivas. Encastillados en ese prejuicio, tan ilegítimo como in- fundado, ni si\luiera se nos oéurre pensar que por una, 'y otra vía recibe el or¡;a,nismo un caudal de substancias microbianas (cerrando los ojos a sus fuentes de origen y cerrándolos también a su destino ulterior); bien persuadí- REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA dos de que con saber que los humores funden las bacterias y los leucocitos las exterminan, ya conocemos en qué consisten las defensas naturales de la vida.. . La observación nos pone a la vista hechos decisivamente demostrativos de que esas alexinas yesos fagocitos no bastan para impedir que el organismo se pudra. Los mismos leucocitos que defienden el epitelio intestinal defienden al peritoneo, la misma alexina bañ~ a unos y a otros territorios celulares, siendo teóricamente iguales sus defensas, y a pesar de esta igualdad de defen- sas no nos admira que en un caso de perforación el peritoneo se infecte mOT- talmente balo la acción de los mismos microbios que el tubo intestinal soporta impunemente. ¿No denuncia el hecho por parte del intestino una defensa mayor que por parte del peritoneo? Lo propio cabe decir del aparato respiratorio. Las vías aéreas soportan impunemente la presencia de gérmenes que no soportaría el envolvente pleural, y de tal modo nos ciega la supersti- ción mental de 'que sólo la alexiria y el fagocito deíiendena la pleura y al pulmón, que pasamos de largo ante el hecho que nos demuestra lo contrario. Indudablemente la inmunidad natural no puede ser concebida como una función protectora de la materia viva; esa defensa: no es adventicia: nace del hecho mismo de vivir; o lo que es' igual: de nutrirse a expensas de otro ele- mento también vivo.· La fusión de las bacterias en los humores o su apresa-' miento por los leucocitos no protege a los elementos celulares por dificultar su acceso hasta ellos. El comensalismo que en los territorios más recónditos se nos pone de manifiesto algunas veces y la pertinaz agresión de que son objeto los territorios celulares abiertos al medio ambiente, pudriri'a irremi- siblemente la materia viva si no contase más que con esa protección exterior. Hay algo más que eso en el proceso de que resulta la Inmunidad natural, De la misma manera que el germen que engloba el leucocito proliferaría en el seno del plasma en que anida si no crease fermentos que lo digieren y trans- forman en nutrimiento, así la materia viva, moldeada en las texturas celu- lares o amorfa en los prasmas circulantes, sería la presa de 'los gérmenes si como el leucocito no crease fermentos que los resuelven en substancias ali- menticias. Elleu¿ocito no se infecta con los gérmenes que apresa a condición de que sé nutra con ellos; si por causa de a o b no puede digerirlos es a su vez digerido por aquéllos y una vida parásita se desarrolla en el seno de ese plas- ma inerte: su defensa no resulta del acto mecánico de englobar, sino del hecho químico de vivir. Esa célula libre es la imagen plástica de la defensa natural. 'Sin zumos defensivos, cuantas bacterias contactan con los elementos celula- res los penetrarían con la contigüidad progresiva die su vegetación, tal como sucede cuando esos zumos' faltan o son inactivados: si esos zumos no. se diluyesen en los humores circulantes, esos humores serían fácilmente con- vertidos en caldos suculentos de cultivo. Esas bacterias son substancias potencialmente asimilables y con ellas se comporta la materia viva tal como se comporta ·con todas las substancias del mundo exterior reductibles a nutrimiento; al fin y al cabo esas bacterias son albúminas, son hidratos de carbono, . son cuerpos grasos fundamentalmente idénticos. a los del reino vegetal, y como no concebimos una lucha entre el gluten y el fermento que lo desintegra, tampoco debíamos concebirla entre el microbio y materia viva. No lo entendemos así cuando miramos la inmunidad natural desde un punto de vista antropomorfo, imaginando una' defensa y una agresión, meros ARTICULOS ORIGINALES, productos de nuestra fantasía; de observar los hechos tales como son en la realidad.objetiva, ni hay tal a:-;resión ni hay tal defensa: no hay más que una transformación, de la materia que ha de saturar las avideces químicas del elemento vivo, Ante el acto nutritivo, la materia microbiana no es más ni menos que una substancia incorporable como otra cualquiera; mas como quie- ra que de no habe~ 'sido debidamente digerida para su asi~ilación los ele- mentos vivos que la contienen hubieran vegetado en el organismo, descom- poniéndolo total o parcialmente, de ahí que, confundiendo el consecuente con el antecedente, con::ibamos que ese organístnoque impide la vegetación se defiende de la misma, cuando es lo cierto q,le esa defensa que le atribuí- mas resulta del acto mismo de nutrirse, Mirar las cosas de otra manera' es proceder corno el físico antiguo cuando no comprendiendo que el a§;ua ascen- día por un tubo .vacio por.la presión atmosférica ima jinaba que la naturaleza 'tenía horror al vacío y que ese horror la impulsaba, Concebida la inmunidad natural como la resultante de una nutrición alimentada por substancias bacterianas, se nos hace fácilmente comprensi- ble lo que hay de nativo en esa inmunidad y lo que hay de adquirido, El huevo al germinar en el claustro materno y el organismo naciente que inter- cambia con la materia exterior se nutren en condiciones muy distintas; mas de los plasmas que se organizan en el primer caso y de esos plasmas ya orga- nizados al abrirse al comercio químico con el mundo exterior, nos son des co- nocidas ciertas substancias específicas, La res preñada vacunada contra el carbunco, vacuna a su vez al feto suministrando a esa materia que se orga- niza substancia vacinal que confiere a sus plasmas la aptitud de crear fer- rnentos idóneos para una determinada substancia heteróloga del mundo ex- terior que llamamos B. A nthracis. Tal como ha sido incorporada esta substan cia en los plasmas, confiriéndola una mayor aptitud dtgestiva, de un deter- minado antígeno, .debemos entender que lo han sido con cuantas substancias vacinales han pasado de la madre al feto, procedan de infecciones pasadas. procedan de las vías respiratorias, procedan de las vías digestivas; no sabemos ni cuáles son, ni en qué cautidad.han sido incorporadas; pero sí es lóg ico pen- sar que la suma de substancias específicas que confieren a la madre una cierta aptitud digéstiva de las bacterias de que procedían, a cuyo estado lo llainamos inmunidad, han sido trasladadas al hijo, que las conserva hereditaria mente confiriéndole a su vez la aptitud de crear fermentos defensivos contra cier- tos productos exteriores, Y he aquí, señores, lo que hay de verdaderamente nativo en la inmunidad natural, lo que en el organismo que nace se nos da . como preestablecido. Los orígenes de esas bacteriolisinas nativas son los mismos que la de cuantos fermentos crea la materia plasmática a medida que , se organiza; todos presuponen la incorporación de una determinada canti- dad de materia inerte elevada al potencial energético de materia viva, y como ese potencial es parcialmente Iiberable siempre que esa materia inerte reaparece de nuevo como materia incorporable, de ahí que entre el organismo y los materiales de que procede existan una suma de correspondencias exactas y precisas, tan exactas y precisas como las que se establecen entre las impresiones que reciben los sentidos y los objetos á. que corresponden. Proponerse averiguar cómo el feto vacunado por' su madre contra el carbunco reacciona de modo contra esa substancia específica que neutraliza su agresión y;la=t~ansforma en inofensiva, es lo mismo que proponerse averiguar cómo EE\'I5TA \'E::ERI:-;.'\f;,>, esa materia inerte ha sido elevada al potencial energético de materia viva, Hoy por hoy ese propósito e~ un desvarío, Sólo sabemos que el hecho existe y lo enunciamos bajo formas figuradas 'al decir que los plasmas aj.reaccionar contra una determinada substancia antigénica proceden como si la conocieran. Las bateriolisinas en el organismo naciente, como cuantos fermentos en él existan, no son atributos espontáneos de la materia viva o hijas de una cosa oculta que así las impone ante la mirada del que las absenta; ellas resultan de los mismos mecanismos que preestablecen la inmunidad adquirida, ellas presuponen como ésta la incorporación de una substancia específica, sólo que por ignorar cómo hasido da'da y cuándo lo fué se nos figura que esun don na- tivo de la materia viva, como. si el hecho careciese realmente de precedentes determinantes sólo porque nosotros los desconocemos, Los orígenes hereditarios que atribuimos a los fermentos bacteriolíticos de que resulta la inmunidad natural, nos permiten comprender que pueden ser más débiles o fuertes por- condiciones preestablecidas por-la herencia mis- ma y nos permite comprender a la vez cómo pueden ser reforzados cuando se establece 'un comercio activo entre el organismo y la materia ambiente, De cuanto hemos eecpuesto anteriormente se desprende claramente que los fermentos bacteriolíticos del organismo que se abre a la vida exterior se encuentra en la misma situación que hemos descrito respecto del 'jugo gás- trico 'cuando es estimulado a reobrar sobre un alimento desconocido, Como aeste último, para digerir bien, le es forozoso distinguir un alimento de otro y adaptar su cualidad y su cantidad a la cantidad y composición del alimen- to ingerido, así los primeros pueden reforzarse a condición de distinguir unas de otras las substancias bacterianas e incorporarlas y así ,es como los plasmas llegan a conocerlas, creando- cada vez que' determinados estímulos acusen su presencia los fermentos reaccionales -idóneos que las han de trans- formar en nutrimiento, SI esos fermentos nativos no 'existen, la presencia de la materia heteróloga puede crearlos tal como la presencia del azúcar decaña crea la invertina, tal coino la materia heteróloga suministrada exouo o por la placenta las' creó en la 'materia viva en vías de organización, La Inmunidad natural no es dada con tasa fija; ella aumenta con el desarro- llo funcional; el organismo se fortalece contra las agresiones del medio a me- , dida que se adapta a esas agresiones y ello depende de que se vacuna contra ellas como el medio las suministra la primera materia; si ésta le falta,resta inerme como aquellos marcianos de que nos habla Wells y de que os hice men- ción anteriormente, Ved, pues, señores, como entre la muchedumbre de substancias de que, se compone 'el organismo deben contarse las que proceden de las especies bacterianas parser alimenticias como las demás, La incorporación de unas, y otras determina urias mismas reacciones zymóticas respecto alás cuerpos _ que, origmariamente proceden, comportándose' en este punto la materia de viva con perfecta unidad funcional; mas al comportarse con las bacterias tal como lo hace con el aceite o una grasa animal, con una albúmina pro ce- dente de un vegetal o de una determinada especie animal.revita un daño ulterior (que no se produciría de no atacar ese aceité o' esa-albúmina) 'por impedir que esas bacterias arraiguen y vivan a sus expensas ocasionando su muerte, La materia inmunóg ena que nos defiende de, esas infecciones se me- taboliza corno la que' no nos defiende; 'ella se g asta más 'o menos 'segúnsea, y A.RTTCl'LOS ORIGINALES por esto la inmunidad pasa si los mismos materiales de reparación no subvie- nen a ese desgaste. En los órganos en que ese metabolismo es más activo las resistencias a la infección parecen ser mayores, tal como ocurre en el sis- tema nervioso y el muscular; grado de inmunidad local que no debe ser vinculado globalmente del coeficiente nutritivo, sino aisladamente de la ma- teria inmunógena que al desgastarse libera mayor cantidad de fermentos defensivos. Tales son, señores, las ideas, en buena parte nuevas, referentes a la inmu- nidad, así natural como. adquirida, que deseaba exponeros. En el transcurso de esta exposición, que habéis seguido fase por fase con una constancia y una atención benévola que muy de veras os agradezco, he procurado filiar, en la medida de lo posible, las varias teorías' que sucesivamente se han for- mulado sobre tema tan interesante, poniendo 3'03- pesetas. Coste total: 351,033'03 pe- setas. ' Nave de matanza y oreo de ganado lanar.-Es un pabellón con planta de forma rectangular, paralelo a la nave de ganadovacuno. Tiene dos puer- tas, una en comunicación con el vestíbulo central donde se encuentra el lavadero' ~e despojos, ..; la otra en la parte opuesta; enfrente a la del pabe- llón de apriscos, con el cual pued~ ponerse en comunicación cerrada, para AR';rICULOS ORIGINALES 495 Iacilitar la entrada de las .reses, formando con vallas movibles un pasillo en la calle que separa ambos edificios, . La ventilación y la' iluminación están aseguradas por dos' grandes ven- tanas con doce postigos cada, una, situadas en los extremos de la nave, y ademáspor claraboyas de un metro de altura que existen en toda la lon- gitud dé los' muros laterales, entre la' cornisa de éstos y el arranque de la cubierta. . El suela y las paredes son de cemento, estando éstas revestidas de már- mol hasta la altura de dos metros, 'Hay dos fu~ntes ('con mangas para el lavado del suelo y-paredes. ~atadero de Huescav--Nave de sacrificio y oreo de Teses lanares, La nave mide 25 '75 metros de longitud y 9 metros de anchura. De al- -tura, hasta la; cornisa, 4 metros;' 5 metros hasta el arranque de la cubierta, y 7' metros hasta el caballete. El sacrificio de las reses se practica a degüello en dos atarjeas, y se desuellan y evisceran colgadas en .ganchos de bastidores metálicos situados a lo largo de aquéllas para 40 reses. . Existen para el oreo cuatro perchas movibles a torno, pudiéndose col- gar en cada una cuarenta y siete reses. El pesado de las canales oreadas, para el adeudo municipal, se practica con la romana instalada en la 'misma nave. Náve de sacrificio y oreo de ganado vacuno y de cabritos.e-Es un pabe- llón 'de forma, dimensiones y construcción semejantes a las de la nave de ganado la.nar, / REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA La mitad de la nave se destina a la matanza y oreo de reses "acunas y la otra mitad para los cabritos. Por una puerta, comunica con el vestíbulo central y el lavadero de des- pojos, y por la otra que ;e abre frente a la principal del pabellón de establos puede ponerse en relación con éste para la entrada de reses, en la misma forma que la nave de ganado lanar con los apriscos. El suelo, lo mismo que el). la otra nave, está ligeramente inclinado hacia la atarjea de dejüello y desagüe. Próximos a las paredes existen dos burla- deros. Matadero de Huesca.-Nave de sacrificio y oreo de ganado vacuno. El sacrificio de reses bovinas se hace 'por degüello. previa acción de la puntilla. . El pesado de la carne oreada se ejecuta en la romana de la nave de ganado lanar. Para el oreo hay nueve perchas, una para cada res, que pueden ele- varse y descender a torno. Para el oreo de los cabritos, dos perchas para 105 reses. En la atarjea de degüello hay ganchos para desollar y .eviscerar de 12 a 15 de estas reses a la vez. Naves de sacrificio y de oreo del ganado de cerda.-Estas, con el pabe- llón de porquerizas, constituyen un solo edificio independiente de los demás. La parte central en realidad es un vestíbulo, pero en ella se efectúa el sa- crificio. El ala derecha forma la nave de oreo con los cuartos de salazón. ARTICULaS ORIGINALES 497 El ala izquierda- compone un pabellón donde se encuentra el lavadero de despojos y las cochiqueras para los cerdos que se sacrifican con destino a la venta pública. Vestíbulo o nave de matanza de cerdos.-Es una sala que mide lO'55 me- tros de longitud, unos 8 metros de anchura y 6 de altura. El suelo y las paredes son de cemento, hallándose éstas revestidas de mármol hasta unos 2 metros de altura. En la parte posterior del vestíbulo, separadas de la sala de éste por un tabique incompleto, se encuentran dos calderas, un depósito de agua que las aÍimenta y la carbonera. El depósito tiene de capacidad unos 500 litros y otro tanto aproximadamente las calderas. La extracción del agua ca- liente de éstas se efectúa en la nave de sacrificio, mediante dos grifos colo- cados en la cara anterior del muro de separación. Por la parte lateral derecha comunica el vestibulo con la nave de oreo, y en la pared lateral izquierda hay dos puertas, una para entrar en el lava- dero o triperia y otra en relación con el pabellón de cochiqueras. Solo se pueden, a la vez, sacrificar, escaldar, depilar y eviscerar tres cer- dos. Después de practicadas estas operaciones, los despojos y las canales son conducidos con carretillas de mano ala triperia y a la nave de oreo, respectivamente. Nave de oreo de cerdos.-Como hemos dicho, es contigua a la anterior nave, con la cual está en comunicación por una puerta. La planta es de forma rectangular. El suelo y las paredes son de cemento, Matadero de Huesca.-Nave de oreo de ganado de cerda y cuarto de salazón. 32 ~EVISTA VETEH1NA.R1A DE ESPAÑA hallándose éstas recubiertas de mármol dos metros a partir del suelo. Para la ventilación existen seis ventanas. En el fondo de la nave, separados de la sala de oreo y entre sí por tabi- ques incompletos se encuentran -tres compartimientos para salazón, pro- visto cada uno de dos plataformas de madera ad hoc. Esta nave tiene 14'60 metros de longitud, 8 metros de anchura y unos S. metros de altura. Hay dos perchas-ascensores para colgar las reses; una para veinte cer- dos y otra para diez cei:dillos. Quetia en la nave espacio suficiente para poder instalar otras dos perchas iguales si fuera preciso. Para pesar las carnes hay establecida una romana dentro de la misma sala. Tripería.-Es un pequeño departamento .situado dentro del pabellón de porquerizas, de las que se halla aislado por dos tabiques incompletos. Sirve para la limpieza de despojos de ganado de cerda. El suelo y las pare- des hasta la altura de dos metros, son de cemento y lo restante de éstas revocado a la cal. Comunica por una puerta con la nave de matanza y tiene dos verrtanas., En el centro hay dos pilas de cemento con cuatro grifos cada una. En el fondo se ven dos mesas de ma!dera. Al pie del tabique incompleto más largo existe una atarjea para recoger las aguas sucias y en el mismo muro, a altura conveniente, se hallan 29 ganchos numerados para colgar / los hígados y pulmones con objeto de que sean fácilmente inspeccionados. PorquerizaS.-Las porquerizas destinadas a cerdos que se han de sacri- ficar para la venta, forman con la tripería un solo pabellón de planta rec- tangular. La parte de éste correspondiente a aquéllas está dividido en once cochiqueras independientes. y numeradas: Por una puerta esta en comuni- cación con la nave de sacrificio; y por otra situada en el extremo opuesto, con el patio de recepción de esta clase de ganado. Además de estas dos puertas, coadyuvan a la ventilación e iluminación del local seis ventanas; Además de dichas porquerizas, "hay- próximas a ellas; seis Individuales para cerdos de particulares, adosadas al muro posterior de cerramiento del Matadero, en comunicación-directa co~ el-patio de recepción, en'donde se halla también el estercolero. . , . En el proyecto primitivo, el sitio que ocupa dicho patio (carrocera y mercado de ganados) estercolero y porquerizas, estaba destinado para la instalación de un horno - crematorio, pero este tan importante elemento' higiénico dejó de establecerse, según tenemos entendido por motivos eco- n6micos. . Apriscos y establos.-Constituyen dos pabellones independientes rec- tangulares, de iguales dimensiones, y perpendiculares y adyacentes a las naves de sacrificio. y oreo de ganados lanar y vacuno, respectivamente, de las que se .hallan separados por dos .calles ,de 3'50 metros de anchura que pueden cerrarse, para facilitar el paso de los reses, con vanas metáli- cas movibles adosadas a las respectivas puertas de comunicación, que, están frente a frente. - Las dimensiones de. estos pabellones son: 25 metros de longitud, 8 me- tros de anchura y unos 5 metros de altura. ARTICULaS ORIGINALES 499 Matadero de Hucs ca.e=Int e rt'o r del pabellón de apriscos. El pabellón de apriscos está dividido en diez compartimientos inde- pendientes, adosados a las' paredes y separados entre sí y del' pasillo cen- tral por pequeños. tabiques de ladrillo, y por portezuelas que se abren y cierran deslizando sobre' rieles. El suelo está todo empedrado. Por una puerta comunica con el patio. de recepción y apartado correspondiente. El pabellón de establos se compone de un patio o vestíbulo, un pasillo. lateral y cuatro boyerizas independientes para cinco o seis reses cada una. Las boyerizas y 'el vestíbulo están en comunicación con el patio de re- cepción y aquéllas también con el pasillo lateral y el vestíbulo, por donde .son conducidas las reses a la nave de matanza. Los establos están provistos de pesebres y burladeros, y tienen el s~elo empedrado, lo mismo que los apriscos. Servicio de agua limpia y evacuación de las sucias.-El agua de que se surte el Matadero es del mismo origen que la potable que bebe la población. En el ángulo posterior derecho d~l Matadero y a unos cinco metros del suelo se encuentra instalado un depósito de agua de cincuenta metros cúbi- cos de capacidad. El Matadero puede además servirse directamente de agua Que el Sr. Ortega ,Morejón, no hubiese leído la referida ley no me ex- traña; pero lo que sí me extraña es que el Sr, Alarcón, que fué celoso cum- plidor del cargo de Inspector de Higiene Pecuaria y 'Sanidad Veterinaria con el carácter de interino de la provincia de Madrid no haya parado mien- tes en este artículo, que de modo tan rotundo, tan categórico, deroga todo lo referente a policía sanitaria de los animales domésticos y por tanto el precepto legal que creó los Inspectores provinciales de Sanidad Veterinaria, Que el artículo 15 de dicha ley da la cesantía a los Inspectores Provin- ciales de Sanidad Veterinaria queda demostrado averiguando el origen 33 REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA de estos cargos. El artículo 185 del Reglamento de policía sanitaria de los animales domésticos publicado por Real orden de 3 de julio de 1904 dice textualmente: «Ejercerá las funciones de Inspector provincial de Veterinaria para los .fines y funciones que en este reglamento se señalan, aquel Veterinario de la Junta Provincial de Sanidad que sea por ello propuesto al Gobernador respectivo .• · > . El articulo 186 señala las obligaciones que corresponden a este Inspector y que no copiamos por creerlo innecesario ·a nuestra argumentación. Ahora bien: como el Reglamento de policía sanitaria de los animales domésticos ha quedado derogado por el artículo 15 de la citada ley, es indudable que han quedado sin efecto los cargos que se crearon al amparo del mismo. Los Gobernadores civiles que han leido esta ley, no han creído nece- sario extender la cesantía al Inspector Provincial de Sanidad Veterinaria, porque promulgada la ley quedó derogado el artículo 185 del Reglamento de policía sanitaria de los animales domésticos e ipso lacto todas las obliga- ciones y derechos que de él se derivaban. Y como dichos carpos eran gra- tuitos y honorarios, no había derechos adquiridos, ni se perjudicaban inte- reses, nadie se ha preocupado de extender el cese a tales Inspectores que ocurrió en 18 de diciembre de 1914. Suprimidos dichos cargos, no se echó de menos su desaparición parque la misión de aquellos Inspectores la ha asumido el Inspector provincial de Higiene y. Sanidad Pecuarias, cuya gestión en la práctica es mucho más eficaz y de mejores resultados que los suprimidos Inspectores, por la mejor : organización que ha dado el Ministerio de Fomento a estos servicios, y por la remuneración y mejor reglamentación de su intervención. La Sanidad veterinaria ha ganado con el cambio y la riqueza pecuaria está mejor ga- rantida en la actualidad que en los tiempos que regía el Reglamento de policía sanitaria de los animales domésticos. . La última duda que manifiesta el Sr. Ortega Morejón sobre la compe- tencia de la persona que desempeña actualmente esos servicios, queda des- vanecida diciendo que es un Veterinario que ha ganado la plaza en reñida oposición. Esta competencia hubiera sido más discutible cuando los Lns-. pectores de Sanidad dirigían estos servicios. Al promulgarse la ley de epi- zootias. cayeron por tierra fas pretensiones de dicho señor y de otros que trabajaron lo indecible por ahogar la referida ley, y ahora parece que les molesta el triunfo de la Veterinaria libre. Asamblea de Vetericarios de la provincia de Ciuda d Real La Asamblea de VeterinariOs.-Se celebró el 19 de agosto en el palacio de la Diputación provincial, concurriendo a ella el Goberna- dor civil, varios Diputados provinciales, D. Eusebio Malina, y muchos corn- pañeros de la provincia. . ARTICULaS OR1GlNALES 515 Después de un hermoso discurso del Sr.' Gobernador ensalzando la im- portancia de nuestra. carrera, comenzó la Asamblea su tarea bajo la pre- sidencia de D. Leoncio Vega. . El Inspector pr.ovincial de Higiene pecuaria Sr. Marín desarrolló su ponencia sobre (,Clasificación de las Inspecciones municipales de higiene pecuaria», en cuya discusión intervinieron los Sres. Melina, Herreros, Morales, Barcina y Moraleda, proponiendo este último la creacción de un organismo intermediario entre el Inspector municipal y el provincial, Puestas a vota- ción las conclusiones de la ponencia del Sr. Marin, fueron aprobadas. Seguidamente D. Angel Herreros Utrilla leyó su ponencia (,Estudio clínico terapéutico y profiláctico de la 'peste porcina», que fué escuchado con gran atención y que mereció los mayores elogios. Gr-\J.po de cornpañer os asistentes a la Asambjea de Veterinarios de Ciudad Real D. Agustín Molina dió lectura, a continuación, de su ponencia (,Orga- nización de las inspecciones de substancias alimenticias», en cuya discu- . sión intervinieron, entre otros, el señor Herreros Gómez que pidió se hi- ciese obligatoria la inspección de las carnes de 'cerdo sacrificado en las casas particulares: y el Sr. Morales, que pidió se equiparase el sueldo del.'Inspector de carnes con el de los Inspectores Pecuarios.' En la segunda sesión de esta Asamblea el Sr. D. Eusebio Melina leyó. un notable trabajo acerca del intrusismo profesional y la manera de ejer- Cer la profesión en los pueblos, abogando por la constitución de la Federa- ción Veterinaria nacional. También se aprobaron en la misma sesión una tarifa de precios de he- rraje para la provincia, y las conclusiones generalES siguientes. Primera. Para-que la mejora pecuaria sea una.realidad tangible, es REVISTA' VETERINARIA DE ESPAÑA de urgente necesidad proceder a una racional clasificación de las Inspec- ciones municipales de Higiene y Sanidad pecuarias, dotándolas de condi- ciones que permitan al Inspector dedicar a este servicio todo el interés que merece. Segunda. Como elementos fundamentales de. esta clasificación deben considerarse la riqueza pecuaria cuantitativa y la extensión superficial de cada término, que son los que principalmente constituyen la unidad de trabajo en la Inspección pecuaria,. municipal, a base de las cuales se crearán las zonas pec~,arias, a cargo de otros tantos Inspectores, cuyos sueldos osci- larán entre mil y tres mil pesetas, entendiéndose que se conservarán los derechos adquiridos y que no se adscribirán a.la cabeza de zona los pueblos en que actualmente exista nombrado Inspector hasta que, por cualquier circunstancia, vaquen aquéllos. Tercera. El sueldo de cada zona pecuaria se deducirá calculando a razón de 0'06 pesetas por équido y bóvido, 0'03 pesetas por cabeza de ga- nado lanar; caprino y de cerda y 0'01 pesetas por hectárea.' Cuarta. Estas plazas se proveerán por concurso de méritos y por opo- -sición, según su categoría: debiendo el .personal a su cargo depender direc- tamente del Ministerio de Fomento y estar pagado por él, completándose así el Cuerpo N acional de Higiene y Sanidad pecuarias, de cuyo escalafón formarán parte. integrante los Inspectores municipales. Quinta. Que en todas las provincias se haga una clasificación análoga a la que, 'con relación a ésta, queda aprobada. Sexta. El servicio de inspección de substancias alimenticias urge orga- nizarlo y reglamentarlo en forma racional y científica por medio de una ley votada en Cortés, único modo de garantir la salud pública. . Séptima. Elservicio sanibtrio de inspección de esta~ substancias debe' tener carácter nacional aunque se preste a los Municipios, encargándose el Estado de cobrar y abonar a los Inspectores los sueldos que en su día' determine la ley. Octava. Para el mejor servicio de inspección y mayor garantía de la salud pública, los actuales Inspectores Veterinario~ titulares constituirán '. el Cuerpo Nacional de Jnspección de Substancias alimenticias, formado por un Inspector general, cuarenta y nueve Inspectores provinciales e Inspec- tores municipales en número suficiente para cubrir el servicio en todos los pueblos. Novena. En beneficio de la riqueza e intereses pecuarios es de rigu- rosa necesidad la creación de un Instituto regional de Higiene y Sanidad pecuarias anejo al Laboratorio provincial de Higiene de Ciudad Real, con los rnismo,s deberes y derechos que los seis regionales "existentes y bajo la inspección o dirección del Inspector provincial dé Higiene y Sanidad pe- cuarias. Décima. Que se. haga una' moción pidiendo protección oficial .para .el Veterinario D. Joaquín Ravetllat, residente en Salt, por sus eminentes y beneméritos trabajos de bacteriología. Undécima. Que en igual sentido se abogue por la concesión de la gran Cruz del Mérito Agrícola a D. Eusebio Molina por .sus incesantes tr~bajos . en pro de la riqueza agro-pecuaria. Duodécima. Que el Gobierno nombre auxiliar de' la Cátedra de Hísto- .: ARTICULaS ORIGINALES logía de fa Escuela de Veterinaria de Madrid a D. Félix Gordón Ordas, orgullo presente y gloria futura de la Veterinaria española. Palacio de la Diputación, 21 de agosto de 1916.-tEl Presidente de la- Asamblea, LEONCIO VEGA.-El Secretario general, AMADEO BARCINA. -~* * * Conferencia del' Sr. Gordón.e=El Sr. Cordón, que en principio había desistido de acudir a esta Asamblea, porque, amargado por los deseng a- ños, quiere apartarse temporalmente de la lucha profesional activa, no pudo substraerse a los requerimientos de los organizadores de la Asamblea: y concurrió a· ella y dió una conferencia magistral, como todas las suyas, de la que reproducimos el siguiente extracto: «La Veterina:ria-dijo-ha sido y es la Cenicienta de las profesiones médicas; se la moteja, no se la ve como lo que es, la madre de la Medicina. No se ve de ella más que la ruda parte material y no ven en ella lo que es arte, ciencia y poesía. . Yo me he :lmpuesto-aíj.ade-una cruzada mística haciendo un 'apos- tolado para vindicar .el honor y prestigio de la 'clase en la cual soy un caso esporádico dentro de ella, pues en ninguno de mi familia existen veterinarios. No concibe como no ha llegado a verse todavía la grandeza de la Vete- rinaria, que' viene a constituir un verdadero sacerdocio biológico. Es una injusticia social, que como todas las injusticias tiene un fondo de justicia y de verdad. Otras profesiones-agrega-han sufrido también el desdén de la sociedad, fundandoIa causa del tenido para ésta en el menosprecio en que la pusieron aquellos antiguos tipos-de albéitares ridiculizados en el teatro del siglo XVII; pero ya la ciencia zoológica se ha quitado, reivindicándose, aquel sambe- nito, relegando al olvido aquel prototipo arcaico de, lavativa y trote. Sin embargo, la pereza mental de 'las' gentes sigue viendo aquel tipo, no habiendo hecho todavía justicia completa, con su conceptuación reivin- dicadora, al veterinario moderno. Afirma con argumentaciones documentadas que de la Veterinaria 'arran- ca la ciencia .bacteriológica que tan incalculables beneficios ha reportado a la especie humana, probando suficientemente que antes que Pasteur, que se vanagloriaba de aspirar a ser veterinario otro veterinario, fué el iniciador de las vacunaciones. Habla de los orígenes de la policía Sanitaria, y recuerda que en el capí- tulo XXI de 'las leyes de IVlesta (año 1429) se balbucea ya lo que después había de ser una ley perfecta que tuvo sus orígenes tres siglos antes en España que en Francia y otras naciones, empezándose a marcar las reglas y disposiciones sanitarias parecidas.a las que un siglo después (1553) se - ,formularon en el Consejo de Santiago que estatuyó las disposiciones pro- hibitivas de matar reses con dolor o alguna otra enfermedad análoga bajo pena de 1.000 maravedíes. Con esto-exclama-c~mprenderán los ajenos a la profesión los mere- cimientos que tiene la Veterinaria. - y aña~e: (,Cuando empiece un verdadero resurgimiento de,la patria, cuan- do se exploten las energías nacionales dormidas, la Veterinaria podrá ocupar el lugar que la corresponde.» ' REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA Como final obligado de todas las Asambleas, se celebró un banquete presidido por el Gober~ador civil y al que concurrieron el Sr. Cordón, el Sr. Molina, representantes de la prensa de la capital y muchos compa- ñeros. Se pronunciaron entusiastas brindis, haciendo votos por el engrande- cimiento de la Veterinaria, y se elogió a los organizadores de la Asamblea D. Diego Marin y D. Leoncio Vega, que se empeñaron en que ésta resul- tase un éxito' y lo lograron con creces. . ·ARTÍCULOS TRADUCIDOS Novedades de cirugía de guerra (~) POR E~ DR. H. WÉNGER, de Munich De la clínica quIrúrgica de la Facultad Veterinaria de Munich. Jefe: Profesor Dr. Mayr l. Proyectiles. Los proyectiles de las infanterías alemana, inglesa y rusa, están recubiertos por la envoltura llamada camisa y son cilíndricos, afilados u ovales por un extreme y planos por el otro. Contienen un núcleo de plomo .. Si se hacen muescas, incisiones o cortaduras en la camisa, la punta sedobla o rompe y produce destrozos mucho mayores en las partes blandas y en los huesos (Friedrich 48, Kischner S2). Si se corta directa- mente la punta, entonces puede producir con seguridad lesiones más ex- tensas. Esta transformación en bala dumdum, la completan todavía los ingleses rellenando la punta de la camisa con aluminio y dejando detrás 'el núcleo de plomo. Estas balas, por fuera, son iguales a las demás, -pero se distinguen fácilmente con 'los rayos Róntgen (Stargard, S2, Meyer-Krií.- mer, S2, Haemisch, S2). La punta u ojiva es más blanda, se deforma fá- cilmente al chocar y estalla en la zona de contacto del núcleo. Los franceses tienen una -balarnaciza de cobre con la punta' ligeramente doblada . . Normalmente, los proyectiles de la infantería producen un orificio de entrada y otro de salida lisos (acción de la punta· de las balas alemana y francesa '(Fessler, 47), Si se disparan 'de cerca, en vez de un conducto liso, producen desgarros (Schonwerth, 34; Krecke, S7; hasta en las partes blan- das (Kraske, 36; Schlange, 44), Igua1 acción destructora se produce si 'la bala encuentra dentro del cuerpo una parte dura; entonces cambia el eje de giro y produce un orificio de salida grande (Krecke, 'S7): Si choca, 'du- (l¡ Resumen de los articulas más tmporrantes para la cirugía veterinaria de las Hojas de medicina de campaña de la Munchener Medizini8chen Wochen8cllri¡t, 1914 (números 32·52) Y 1915(números 1·4). La. cifras que siguen a los nombres de los autores marcan los div:ersos números. .' - . ARTICULaS TRADUCIDOS rante su trayectoria antes de llegar al cuerpo, entonces hiere de ludo y, en este caso, también está destrozado el orificio de entrada (Schonwerth, 34, Nippe, 41). Con la bala francesa, los impactos de lado son más frecuentes que con la alemana; la rusa y la inglesa se comportan como la última (Rieden- ger, 38). Theralla, (43), atribuye los impactos de lado, más frecuentes, del proyectil francés, a que tiene la punta ligeramente doblada. Kolb, 43; Kreittnoir, 42 y Lenné, 42, describen grandes heridas por balas dum-durn. A juzgar por su composición, es inverosímil que los proyectiles de la infantería tengan acción tásica; Carecen de arsénico, fósforo y antimonio; a lo sumo, podría ocurrir una intoxicación por absorción de cobre con el fusil francés. La resorción de cobre, no es conocida.' El anillo de laca sos- pechoso no es tóxico (Straub, 34). La intoxicación plúmbica, revelada por granulaciones basófilas 'en la sangre (Lipp, 3), no se-ha comprobado para las balas de chrapnell. Las balas de chrapnell y de granada producen heridas graves, con ex- tensos destrozos (Krecke, 37). Las heridas de flecha de aviador no han solido ser graves (Volkmann, 37); sil) embargo, también han producido casos de muerte (Grünbaum, 43). n. Medidas quirúrgicas generales. En primer lugar, se trata de con- servar las fuerzas de los heridos con el mayor cuidado posible, para que, con la rapidez mayor, puedan volver a ser útiles para el servicio de campaña. Por esto se debe prescindir muchas veces de las intervenciones grandes y preferir un tratamiento expectante. Las operaciones grandes deben diferirse y practicarse después, en condiciones más favorables, en salas de opera- ciones adecuadas y buenas. Las lesiones principales son heridas de las partes blandas y fracturas por proyectiles, máso menos. complicadas. Tenemos pocas noticias de lesiones inmediatamente mortales. Los datos se refieren. principalmente a pacientes. tratados en hospitales. Por esto las cifras estadísticas, en su mayor parte, Son relativas, esto es, se refieren al número de enfermos de la sección o clase correspondientes de heridas. Una herida .simPle en las partes blandas, con trayecto liso, se considera estéril. El proyectil no se vuelve 'estéril por el calentamiento que sufre durante la trayectoria. Realmente produce una infección insignificante, que el cuerpo domina con las defensas propias. Las heridas pequeñas no deben tocarse ni sondarse (Angerer, 32). El tratamiento mejor y más sen- cillo es un vendaje oclusivo con material estéril, después de haber pintado con tintura de iodo las inmediaciones de la herida. Además, el descanso del miembro enfermo conviene, incluso cuando no existe fractura alguna. La embrocación de la piel con tintura de. iodo debe evitarse, por irritar la piel según Herzeg (43) y Zur Verth (34); las pequeñas heridas con fractu- ras .también se tratan de modo conservador. (Brentano, 40); naturalmente, . 'mediante un vendaje inamovible. Las heridas con hemorragias de vasos pequeños, pueden dejarse sangrar sin cuidado durante algún tiempo. Así es expulsado el material infeccioso y la herida puede considerarse como estéril. Una pequeña cantidad de san- gre dentro del vendaj e, no sólo no perj udica, sino que, por el contrario. Una vez coagulada y desecada, contribuye al reposo de la parte y a la su- jeción de la cura. 520 REVISTA 'VETERINARIA DE ESPAÑA En las heridas pequeñas de proyectiles que no chocaron en su trayec- toria, no hay que temer el tétanos; por esto no está contraindicado el tra- tamiento conservador. Otra cosa ocurre con las grandes heridas de partes blandas producidas por cascos de granada, shrapnell o impactos de lado. Además del peligro del tétanos (Jakobsthal, 41), es muy grande también . él peligro de infección con agentes patógenos. Los trozos de ropa del "estua- rio, partículas de tierra y cuerpos extraños, deben ser extraídos y los teji- dos triturados extirpados. No es necesario refrescar la herida. Las bolsas y los senos deben dilatarse; los vendajes renovarse con frecuencia; Kryger, (40), sólo ha observado supuraciones abundantes después de curas húme- das. El tratamiento puede coadyuvarse por medio del estasis y el aire caliente (v. Angerer, 32). , Si hay lesiones óseas cerca o dentro de estas grandes heridas de partes blandas, deben extraerse las esquirlas sueltas asequibles. Las balas que han quedado clavadas y son fáciles de extraer, también deben extraerse; de lo contrario, se las deja y se las extrae más tarde, si es menester. Las heri- das longitudinales anchas de partes blandas las reúne A. Muller (51) con emplasto adhesivo y vendas. En las heridas contusas graves y en las frac- turas, hay que amputar. Se recomienda el muñón abierto (Merckle, 47) y la operación en dos tiempos (v. Angerer, 47), esto es, la corrección ulterior de la amputació~. Los rayos X con todos sus accesorios, permiten establecer la situación . de las fracturas, esquirlas, balas y cuerpos extraños. La posición de un cuerpo extraño se fija, ora por impresiones estereoscópicas (Loase, 44), ora marcando determinados puntos fuera del cuerpo, con masas opacas y examinándolas después en una placa (Wachtel, 47), ora clavando agujas estériles durante la iluminación- y fotografiándolas después (Hastert, 52). El vendaje no debe permanecer en las partes que, al ser iluminadas, pue- den aparecer opacas y alteradas (Loase, 44). Para inmovilizar las fracturas sirven los vendajes con almidón o engrudo, las férulas de alambre, las de madera o el yeso (Lange, 37; Baeyer, 38; Mest, 49; v. Redwitz, 52; Potpescbmgg, 4). La aplicación lo más preco~ posible del vendaje inmoviliza dar, impide la resorción de las materias sép- ticas del pus (Kolb, 43; Hohmann, 4). Deben evitarse los cambios de cura, porque cada nuevo vendaje produce fiebre (Brentano, 40). Por esto debe anotarse la fecha de la cura (Hannes, 49). Las fracturas complicadas con heridas grandes de las partes blandas, necesitan frecuentes cambios de cura. En estos casos, para economizar material, se recomienda el vendaje fenestrado enyesado, mejor que el vendaje con tablillas (Krecke, 43; Hohmann 4). Las ventanas, es decir, las aberturas hechas en la capa de yeso, se man- chan fácilmente con la secreción de la herida, se ablandan y se pulverizan. Para evitarlo se han propuesto diversos medios: parafina (Trumpp, 49): batista de Billroth (Kahleyss, 1), seccionarlo con patrones metálicos .(Noll, 49). También se puede-y precisamente en las heridas que supuran y se- gregan mucho está indicado el tratamiento abierto de las mismas (Schede, 42)-aplicar un vendaje circular enyesado por encima y por debajo de la herida y unir las dos partes con tiras de metal, tablillas, etc. Además de la inmovilización, el tratamiento técnico completo de las fracturas requiere también la extensión. Las disposiciones para la exten- • , J ARTICULaS TRADUCIDOS "52I sión en la cama con poleas, etc., son inadecuadas para campaña, donde los pacientes están expuestos a repetidos ~ inesperados transportes. Aquí hay que trabajar con tablillas y.vendajes adhesivos. Sin embargo, se ha obser- vado que, a pesar de los vendajes con extensión, quedan acortamientos óseos de 6-8 centímetros (Schloessmann, 2). Sólo queda pues la extensión con yeso y ésta realmente se puede obtener bastante completa, a) con mor- dazas de distracción (Schnée, "46), b) mediante un vendaje enyesado que se aplica durante la anestesia extendiendo la parte y teniéndola en semi- flexión (Schlossmann, 2). Para sosegar el paciente, Zur Verth (34) y Albrecbt (41), dan mucha mor- fina. Como anestésico se usa principalmente cloroformo con el aparato de Rotb-Trager (v. Angerer, 32), el de Junker (Perthes, 47) o el método de las gotas (Albrecbt, 41. La reducción de la circulación sanguínea de Klapp no es adecuada, por el peligro de trembosis (v. Angerer, 32). Las opera- ciones ligeras se pueden practicar en la embriaguez etérea o con anestesia de las vías nerviosas. Esto último incluso permite la enucleación indolora del globo del ojo y amputaciones. Los preparativos del operador son reducidos, al contrario de los de la cirugía de tiempo de paz. Desinfección de las manos con alcohol (alcohol sólido, grotán, según Supfle. 39), iodo-bencina, solución al 1 por 100 de tin- tura de iodo (Linkelhend, 39), guantes de goma estériles y encima guantes de hilo estériles. El cirujano debe trabajar con los menos instrumentos" posibles, preparárselo todo por sí solo, no dejarse suministrar nada (Pert- hes, 47);así está seguro de que todo está bien. Es preciso alcanzar lo mejor con los recursos más sencillos posibles. Estos principios también son váli- dos para el veterinario que tanto ha de operar fuera de salas de operacio- nes no sólo en tiempo de guerra, sino también en tiempo de paz. El campo operatorio se prepara como en la primera cura: alcohol, ben- cina, tintura de iodo (v. Angerer, Graser, 36). Como antisépticos que bas- ten por si solos para la limpieza y desinfección de las heridas citaremos: la tintura de iodo, el bálsamo del Perú (Fossler, 47, v. Angerer, 32), brea de abedul (Heusner, 52), aserrín tostado (Harnner, 36), orthizon (Walther, 44) y, para la epitelización, rojo escarlata o pellidol (Bonderf, 44; Kaupe, I), la luz artificial intensa (Thedering, 50)" El mastisol que sirve de aglutinante: puede substituirse por soluciones de resinas de coníferas indígenas en benzol (Dieterich, 62; Linkenfeld, 39). El étery el cloroformo, como" disolventes, tienen inconvenientes. En vez del mastísol, Danielsen (47), alaba el traumaplasto. En caso de necesidad, en vez de tintura de iodo, se, usaría solución al 5 por 100 de bromo en clo- roformo (Feist-Bonhof, 4). Rostock, (47) emplea mastisol en vez de bálsamo del Canadá, para incluir preparaciones microscópicas. Si los proyectiles han herido ·vasos grandes, en el caso de que los heridos no mueran desangrados en el campo de batalla, la intervención del cirujano no es ya tan esquemática como en las heridas de las partes blandas. Las hemorragias pueden cohibirse artificialmente por la ligadura, por vendas elásticas y por taponamiento (v. Angerer). La coagulación facilita también -Ia hemostasia. En la ligadura de los vasos de los miembros hay que procu- rar que la zona separada de la circulación "sea nutrida por otro lado. De lo contrario sobreviene la gangrena (Kiecke). La formación de"la circulación 522 REVISTA VETERINARIA DE ES¡>~ÑA colateral dura 14 días. Los signos de que existe circulación colateral son la pulsación y el estasis venoso distales (Klapp). El tratamiento de los hematomas debe diferirse, por el peligro de las hemorragias consecutivas (A. Muller, 4). Al propio tiempo hay que considerar que la presión del he- matoma dificulta el desarrollo de la circulación colateral. Werner (36), usa, para impedir los hematomas, vendajes con una compresa constituida por una esponja de goma. También se debe vigilar el uso de la ligadura elás- tica: La venda de Esmarch no debe estar puesta más de dos horas (Krecke) ... Wullstein (7), vió aparecer la gangrena después de una compresión de pocas horas, y, en cambio, Klapp (37), después de una compresión de 48 horas observó una zona de necrosis, pero ningún otro daño, ni hemorragia con- secutiva. Otro medio hemostático es el fomento de la coagulación y de la trombosis por medio del taponamiento. Si se usa para el taponamiento Pengawar Djambi, hay peligro de tétanos, según Jacobsthal (41). Si se- forman aneurisma, deben operarse inmediatamente (A. Muller, 4). Orth (47) sólo los operó al cabo de 14 días, uno por ligadura. (bilateral) (siendo indi- ferente que haya o no circulación colateral) y dos por pasaje de sangre. Las hemorragias por corrosión, es decir, las que se forman en heridas existentes desde algún tiempo, con frecuencia se cohiben sólo con limpieza (Klausner, 48). Además, debe usarse la vía ordinaria de la ligadura. A veces es menester amputar en hemorragias muy graves . . Kronheimer (1) usa suero humano en las hemorragias parenquimatosas sépticas. La pérdida de sangre se compensa con solución salina fisiológica sub- cutánea, intravenosa y rectal (v. Angerer): Para prepararla, se puede usar también agua de pozo hervida y Yiltrada (Horcher. 32). Según zur Verfh (34), la alimentación rica en sales yI el cloruro cálcico, son profilácticos contra las hemorragias. . ill. Tr.atamiento de las diversas partes del cuerpo. El sitio del cuerpo herido no es de menos importancia que los proyectiles y su acción para la clase de tratamiento. En las partes blandas del cuerpo hay, a veces, heridas de las vías nervio- sas. Por las relaciones funcionales mutuas, es conveniente describir la, ac- ciónde los proyectiles, a la vez, en el cráneo, el encéfalo y los nervios .. El cráneo puede ser herido de diversas maneras (Hancken, SI). r.-r or .simples contusiones; producen fenómenos de depresión. 2. Por heridas óseas' sin lesión encejálicq; la herida ósea se dilata y tapona; el curso es bueno. 3. Por heridas de la bóveda craneal del encéfalo por proyectiles tangenciales; las heridas tangenciales (Danielsen, 47), se deben tratar opera.toriamente de. modo esquemático. Exteriormente, se ve poco (Ochler, 47); fenómenos de compresión; examen rontgenológico; al abrir, se hallan esquirlas óseas primitivas y se producen hemorragias consecutivas (Holz, 46). Las ~squir- las y los trozos triturados del encéfalo son extirpados. Peligro de meningi- tis y de prolapso cerebral. Es controvertido el resultado de la punción lum-. bar para disminuir la presión. 4. Para las heridas de bala en el encéfalo el pronóstico es desfavorable" (Heinecke, r ; Hancken, 6), hasta: desesperado. (Danielsen, 47). Las heridas de f.usil son de mejor pronóstico que las de shrapnell. Krocke describe también heridas por granada. Los proyectile? cercanos al orificio de entrada son extraídos. 'El encéfalo. es un órgano de I l· ARTICULaS TRADUCIDOS 523 contenido blando; por la propagación de la presión del proyectil, puede estallar como la vejiga; el hígado, el bazo, el globo del oj o, la órbita (Kirsch- . ner, 62). En los abscesos encefálicos, Barany aplica con éxito tubos de desagüe (4). Kolb (43), observó en heridas del cráneo y de la cabeza pará- lisis del maxilar inferior, y Kraske (35), parálisis facial del lado opuesto, parálisis del brazo yde la pierna: y afasia . . Las heridas de bala en la médula espinal ofrecen un cuadro desesperado: parálisis transversal (Holz. 45), por herida, compresión o hemorragia; in- continencia de materias. estercoráceas. La liberación de la médula produce .alivio, mas 'no curación. Las consecuencias ulteriores son infección ascen- dente de las vías urinarias y peligro de meningitis (Guleke, 45). Los nervios están interesados a menudo en las heridas de las partes blan- das. Por lo regular, no están seccionados, sino distendidos o contundidos (Holz, 45). Las consecuencias son parálisis periférica motora y sensitiva. La regeneración y la curación se realizan a partir de la cuarta semana, Las parálisis afectan principalmente los nervios radial, ciático, tibial y peroneo (Hohmann, 49). Las porciones periféricas de los nervios curan tan fácilmente como las centrales. El cuadro sintomático no permite afirmar con certeza si el nervio está seccionado total o parcialmente. Las hemorra-. gias en las vainas nerviosas también' producen parálisis periférica tem- poral. . Al examinar la excitabilidad eléctrica es necesario tener en cuenta que la de nervios incluídos en los tejidos fríos (exangües) está disminuída y la de los nervios de tejidos. edematosos aumentada (Spielmeyer, 2). v. Angerer es partidario de.Ia .sutura .nerviosa inmediata; Spielmeyer pre- fiere la tardía. Los nervios deben separarse del -tejido calloso o cica.tri- cial (parálisis por compresión) y dejarlos en el seno de grasa blanda o de substancia muscular, Los engrosamientos cicatr iciales de las terminaciones nerviosas deben seccionarse (Hohmann). Después de la operación, trans-· curre un año y más, hasta que la función reaparece. De los órganos de los sentidos son heridos principalmente los oios. Los proyectiles de la infantería ocasionan, según Fleischer, (3), efectos explosi-. vos: en el bulbo y en la órbita, de modo que salta el ojo directamente. En, lasheridas graves del globo del ojo está indicada la enucleación, aconsejada también por Reine (39) en la' infección del bulbo. Klausner (49) conserva .el globo del ojo todo lo posible, incluso cuando se retrae. El peligro d.e la oftalmía simpática no es de temer. Las heridas simples 'las producen prin- cipalmente cuerpos extraños (Reine, 39). Las partículas de hierro son extraí- das con el imán. Las de cobre y latón se dejan: ora no 'producen-reacción alguna, ora supuración aséptica. 'En la luxación del cristalino se practica da iridotomía, para equilibrar las diferencias de presión. Las heridas de la córnea se tratan con los medios ordinarios: azúcar, pomada de ·co,caína,· tartrato amónico. La córnea es de suyo estéril. También se presentan tras- tornos visuales en casos en los que nada objetivo se advierte.' Se trata de contusiones .del globo del ojo, edema de la retina o compresión del nervio óptico por fractura de la base del cráneo. Estos estados sonpasajeros, En el oído. Klausner señala roturas del tímpa'no (49). Fuera de la du- reza de' oído. como causa de inutilidad para el servicio militar; nada se ha publicado d~ otopatías. Para completar el estudio de las heridas de la cabeza hemos de recordar 524 las de la nariz, de la lengua (Krecke, 37) y de la:s mandíbulas. Los dientes suelen ajustarse unos sobre otros; los flojos se procura conservarlos. Las soluciones de continuidad suelen tratarse mediante alambres atados a los dientes (Mühlenkamp, 49). Los fragmentos del maxilar superior, que no se pueden juntar con los inmediatos por medio de alambre, son extirpados (Greve, 41). Klausner (49) no quiere vendajes difíciles y procura la. excre- ción de la s~liva y secreciones. La boca debe lavarse mucho-con agua oxi- genada. Albrecht (41), hace un vendaje de cabeza y pecho en las heridas de la cabeza; para las de la cara la fijación es dificil. . En las extremidades se presentan principalmente las heridas de los vasos, nervios, articulaciones y las fracturas descritas en la parte general. Los autores, muchos de los cuales ya hemos citado, han publicado poco sobre casos especiales. Albrecht prefiere la amputación secundaria y ob- tiene buena curación de los muñones. Merckle preconiza la amputación abierta en las fracturas óseas graves. Kraske amputó en heridos del brazo. Krecke relata lesiones de vasos y nervios en heridas del brazo y no consi- .dera del todo jnalo el pronóstico. También observó gang,rena después de heridas vasculares de la pierna. Las heridas de la pantorrilla son muy dolo- rosas, por lo extenso de las lesiones musculares. Las heridas óseas afectan el radio, el cúbito, el húmero, el fémur, los metacarpianos y los huesos del tarso. En las fracturas de la pierna no hay mucha movilidad si sólo afectan a un hueso. Klapp tiene la impresión de que las infecciones ligeras favore- cen la formación del callo. ·En las grandes fracturas del pie, en las que no se puede aplicar extensión alguna, Burger (1) usa el método de Klapp, de la extensión, mediante alambres que atraviesan el calcáneo. , Las fracturas del muslo han dado mucho que hacer, a juzgar por lo mu- cho que se ha escrito de ellas. Schloessmann (2), recomienda para el trans- porte vendajes enyesados .que comprendan la pelvis. Potpeschnigg (4), en caso de urgencia, fija el, muslo con mantas y en ellas envuelv'e casi del todo al paciente. Lange aplica el vendaje enyesado en extensión, con anillo y estribo. v. Rotwitz, describe el empleo de una tablilla para vendaje (v. más arriba). Hass (50), construyó una férula especial, con brazos transversales. Riedel (50), describe la sutura subcutánea de la rétuta, pa~a las fracturas de la misma, incluso' para las antiguas. .. Según Klapp, la infección de las articulaciones es de temer después de las heridas por arma de fuego. Según Krecke, las más de las veces hay un derrame intraarticular, 'Aplica un vendaje inamovible sin operación. Bren- tano (v. más arriba), evita los cambios frecuentes de vendaje. Kaiser (SI), hace practicar ejercicios después de la curación de las heridas articulares, para mejorar la función. Ritschl (3), también da oonsejos p¡ua mejorar el funcionamiento de las articulaciones anquilosadas. Schede (51), ha cons- truido una férula de resorte, que obra de modo ccntinuosobre las articula- ciones rígidas. , Erlacher (SI). observó edema por esiasis en las extremidades inferiores que dificultaba el movimiento, pero no era peligroso. Friedrich (4). da indi- caciones acerca de la profilaxia y la terapéutica de los enfriamientos: 1, . calzado no demasiado apretado; quitarse a menudo los zapatos y airearlos. 2. ~vitar el permanecer inmóvil largo tiempo sobre nieve, barro yagua. 3· El arrodillarse produce trastornos circulatorios por compresión de 105 ARTICULOS TRADUCIDOS 525 vasos. 4. Tener elevado el miembro enfermo, arnasarlo; calor seco, baños calientes para lks partes afectas. 5. La operación sólo está indicada si ha y gangrena. En el tratamiento de los estados musculares espasmódicos Baeyer (4), logró resultados aplicando floja una venda no elástica, en torno de la extremidad. Piensa que obra excitando los nervios inhibitorios. Los balazos del tórax y del abdomen han originado muchas publicacio- nes, a causa de su gran importancia. Generalmente los balazos del pecho son de buen pronóstico. Esto se debe a que los casos graves mueren ya en la primera línea o durante el trans- porte. El tratamiento es, las más de las veces, conservador (Ritter, 3; v. Angerer, Albrecht). Naturalmente, la intervención del cirujano depende de la clase de la herida. Las heridas de la pared torácica se tratan como las heridas sencillas. La cavidad pleural herida de balazo tiene gran resistencia a las infecciones (Reiche 3). Se debe evitar la entrada de aire en la cavidad pleural, por el conducto de la herida. Ocurre que los orificios de entrada y salida supuran o hasta se transforman en flemones sépticos, pero el pulmón permanece estéril (Ritter, 3). El pneumotórax puede reabsorberse, si no es muy grande .•Si se acumula mucho aire, pasa del tórax al tejido subcutáneo y origina un extenso enfisema de la piel y de las partes blandas (Kraske; Kroh, 47). En cambio, el tratamiento consiste en incisión en el cuello, ma- saje y ventosas (Ritter). No suele haber otro peligro. El acúmulo de sangre en la cavidad pleural (hemotórax), y los. exudados serosos o hemorrágicos, en parte, son resorbidos. El esputo sanguinolento falta en casos leves (Kolb). Por aspiración de aire pueden producirse infección y hasta putrefacción (príncipe Luis Fernando, 48); punción ydesagüe: también resección costal y drenaje; el curso es bueno; quedan adherencias. Otra complicación es el empiema; punción expiradora y vaciamiento del saco pleural; curso favo- rable. La pneumonia suele aparecer si antes hubo tos (van der Velden, 3). La complicación con pneumonía es. curable (Toeniesen, 3). También se presentan heridas del corazón en los balazos del pecho. j urasz (.3.3),des- cribe la sutura del corazón con inclusión de un trocito de músculo cutáneo. Los síntomas de las heridas del corazón son: pulso pequeño, cianosis, disnea e hinchazón de las venas del cuello." Las heridas de bala del abdomen que hay que tratar no son de tan buen .pronóstico como las del pecho. Si hay perforación intestinal, sólo hay espe- ranzas de que la operación tenga éxito feliz durante las primeras 6 horas. Después de este plazo está indicado el tratamiento conservador: mucha morfina, vejigas de hielo y supresión absoluta de todo alimento, pues el intestino lo más vacío posible constituye la mejor profilaxia para la buena marcha de las heridas de bala en el abdomen (además ropa limpia; zur Verth). Está prohibido el transporte (Graser, 35)' Naturalmente, no todas las heridas son desesperadas. Las de las paredes del vientre son de pronóstico favorable (Rotter, 49). Los balazos que atraviesan el peritoneo, sin herida intestinal, también son de curso favorable; tratamiento' conservador. Payr (33) aconseja para todas las heridas de bala del abdomen la laparo- tomía prepelviana inmediata y desagüe. Enderlen (43) demora la opera- ción hasta que el pulso se hace pequeño y aparece la tensión de la pared abdominaL L3. operación es peligrosa 14 horas después, desesperada 18 horas más tarde. V. Angerer "1 Albrecht tratan los balazos del vientre de modo 526 REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA conservador. Albrecht y Scblange (44) operan sólo cuando hay prolapso. La procidencia. del intestino, según Riedinger, es.más frecuente en las heridas por incisión y punción que en las heridas de bala (38). Se debe intervenir lo más rápidamente posible, con arreglo al esquema siguiente: 1, evitar que el intestino retroceda 8,1peritoneo. 2, lavar la parte procidente con agua caliente estéril y luego con agua oxigenada; nada de iodo. 3, ver si ha y per- foración intestinal. 4, dilatar las heridas. 5, examinar. la cavidad abdomi- nal, para ver si hay heridas intestinales (tenias, contenido intestinal). 6, dejar entrar de nuevo el intestino. 7, para el transporte, se cubre· la procidencia con gasa estéril y se fija la gasa en los bordes. Los abscesos que se producen por heridas intestinales curadas por adhesión, sin operación, se deben abril' oportunamente (Scblange, 44). Lebenhefer (36) describe la acción de violencias obtusas sobre la pared abdominal. Pueden. producir heridas intestinales los golpes, caídas, coces o el paso de un carro por encima. Se pueden herir el intestino, el bazo, el hígado y el páncreas. Las lesiones intestinales pueden alcanzar todos los grados' y estados inflamatorios. Los síntomas son diversos: shock, perito- nitis incipiente, mejoría pasajera, anemia (vasos). El diagnóstico debe inferirse de la tensión de la pared abdominal, de la sensibilidad a la presión y de la punción. El pulso, la temperatura" los vómitos y la percusión, son signos inseguros. De lesiones viscerales especiales se han descrito balazos en la pelvis (Kólb), con lesión del recto y de la vejiga (caso salvado, Krecke), en el l riñón, en el bazo (Scblange), salida o extracción de proyectiles de la vejiga (Nobilin, 45; Pitzner, 45), heridas testiculares (Krecke), COE. castración hemilateral (Danielsen, 47), uretrales (catéter. permanente, ídem) y fístula uretral (Kolb). ' IV. Infecciones. Las infecciones modifican las heridas de bala. Hay que citar: la piociánica (Brentano, 40; Bollag, 49); no perjudica la curación de las heridas, pero causa gran secreción en las granulaciones: es muy re- sistente a los antisépticos y el mejor modo de combatirla es una cura con acetato de alúmina al 2 por 10~);la erisipela, rara (Albrecht, 41), flemones, frecuentes (Kolb, 43), supuracjón (Scblange, 44, y otros) y gangr~na tras ligaduras, heridas de granada (Klausner. 48), congelación (Friedrich, 4), flemones gaseosos (Wullstein, 4) 'y gangrena del pulmón (Ritter, 3). El asunto del tétanos oeupa gran espacio en las publicaciones. Esta- en- fermedad se presenta en la guerra en o' 3 por 100 de todas las heridas (Eunike, 43), sobre todo en los Vosgos (Madelung, 52); se puede reducir, a veces, pero no suprimir del todo. No se dispone de una inoculación profiláctica, como contra la víruela.· Sólo se puede inocular profilácticamerrte con 'antitoxina (suero) las personas en las cuales, por la clase de la herida (Lexer, '47) es de temer el tétanos, El ataque contra el tétanos tiene lugar de tres modos: 1, . contra el microbio. 2, contra sus toxinas. 3, contra 'los síntomas. Para combatir los bacilos introducidos en el cuerpo se' han propuesto diversos medios que tienden a dificultar la vida de aquéllos. El agente del tétanos es llevado a las heridas, principalmente, por cascos de granada, por tierra y por trozos de ropa sucia (Kreuter, 40; Eunike, 43; Simon, 48). Un tratamiento antiséptico es más que inseguro, Los antisép- ticos obran sólo superficialmente. Las heridas' deben abrirse ampliamente, ARTICULaS TRADUCIDOS para que pueda entrar en ellas el aire (Muller, 46; Feller, 48) y tratarlas con agua oxigenada y otros medios análogos que desprendan oxígeno. También está indicado el tratamiento con aire caliente (Heisler, 52). El frío (Feller, 48) y los baños calientes (Müller, 46). dificultan el desarrollo del bacilo. La: luz ultra-violeta de lámparas de cuarzo (Simon, 48; Jakobs- thal, 48), es un medio excelente para destruir los' esporos. La amputación de la parte herida no suspende la incubación (Kreuter, 40; Hochhaus, 46). El germen también parece circular con la sangre. " La toxina tetánica se combina con las VÍas nerviosas (astas anteriores). Terapéuticamente no se puede obrar sobre la toxina combinada (Kirch- mayr, "37). Sólo' es posible neutralizar todavía la toxina circulante o la que se va formando, Por esto se trata ya la herida con torundas cargadas de antitoxinas o con suero seco" Por lo demás, al cuerpo se aplica' también abundante antitoxina por las vías hipodérmica, intravenosa, subdural y endoneural. El tratamiento profiláctico con suero, es mucho más racional que el terapéutico (Jacobsthal, 41). Terapéuticamente, se inyectan diaria- mente' de 100 a 600 unidades antitoxínicas, sin temor al peligro de la ana- . filaxia (Simon, 45; Dreyfus, 51), La enfermedad suérica se caracteriza por disnea, exantema y vómitos. N o suele ser peligrosa, pero a veces exige la traqueotomía. Rothfuchs, 46) usó con éxito salvarsán en vez de suero. Drechsler (42) toma trasudado peritoneal. Para poder intervenir terapéuticamente lo antes posible, conviene co- nocer y tener en cuenta los síntomas iniciales, Consisten en (Hochhaus, 46; Kreuter, 40), dolores tensivos, hipersensibilidad, insomio, sudores, tras- tornos de la deglución, dolores reumáticos, etc. ' La incubación oscila entre 4 días y 3 semanas (Hechhaus, 46; Eunike, 43)· Cuanto más tiempo permanecen "latentes dichos síntomas, tanto mejor es el pronóstico (Kirchmayr, 37) y tanto más leve la marcha. El tratamiento sintomático del tétanos declarado es antiespasmódico y narcótico. 1.' N arcóticos. Morfina, opio, hidrato de cloral, pantopón, paralde- hido (Vólker, 43), luminal (Müller, 46; Kühn, 46), uretano (Spannuth, 4), preparados salicílicos (Müller, 46). " 2. El sulfato magnésico ha resultado un antiespasmódico apropiado (Eunike, 45 y otros) Se usa en solución del 1 al 3 por 100 en inyección in- travenosa, subcutánea (¡pero no en la grasal) o intradural (en narcosis). Los diversos sitios de aplicación no modificari esencialmente su acción. Esta' es como la del curare (Straub, 1): parálisis de las terminaciones mo- toras de los músculos voluntarios. Paraliza la respiración.-Contiaveneno: cloruro de calcio (también eserina, Volker, 43); las sales de magnesio son venenos cardíacos; pero la respiración cesa más pronto que la actividad cardíaca. El sulfato magnésico es absorbido con diversa rapidez, siendo más lenta la resorción por la vía medular; por esto los efectos de la inyec- ción intradural son demasiado débiles. Después de absorbido es eliminado rápidamente. La acción antiespasmódica depende de la cantidad de sal que circula con la sangre. La terapéutica magnésica permite, al mismo tiempo, el empleo de narcóticos, pues' 'éstos obran sobre otros puntos. 3. Fenol según Bacelli. Inyecciones de 10 ce. cada una de soluciones 'al 2 Ó 3 por 100, subcutáneas, repetidas diariamente, obran como calman- 528 I tes. El tratamiento se combina con la cauterización dé la herida con ácido fénico (Volker, '43). 4. El paciente debe aislarse. Reposo severísimo, alimentación rectal, inyección subcutánea de cloruro sódico, u:travenosa de glucosa (Hochhaus, .46). 5. Si los narcóticos no bastan para calmar los espasmos, entonces sobre- vienen espasmos respiratorios y dispnea, por el espasmo del diafragma y de los músculos costales. En estos casos la terapéutica puede ser (J ehn, 40): pneumotórax artificial con inspiración y espiración de aire (¡sólo teórico!), sección de ambos nervios frénicos para suprimir el espasmo del diafragma y aumento de la presión inspiratoria. Cuando hay muchos recursos contra una enfermedad, suele ser porque ninguno es eficaz, y así ocurre aquí. En el tétanos está indicado usar al mismo tiempo los más tratamientos posibles. Los flemones gaseosos tienen gran importancia, por su mal pronóstico. Se deben a un bacilo anaerobio (Fraenkel) que produce un enfisema maligno del tejido subcutáneo y de la musculatura, origina destrucciones, trombosis y evoluciona sin supurar. Artificialmente se puede producir en el conejo.. Pronóstico serio; tratamiento: incisiones, agua oxigenada y medios que desprendan oxigeno. Según Franke (45), son raras las infecciones mixtas. La enfermedad evoluciona con fiebre alta. La amputación, cariando por lo sano y lo mismo por las partes atacadas, es eficaz, pero no siempre. v. An- gerer aconseja la amputación precoz; Brentano espera. La gangrena 'ga- seosa se suele presentar en heridas de granada (Klausner); según Klapp, también después de cauterizar una herida. Produce trombosis considerables, por lo cual debe amputarse cuando falta el pulso periférico (Stich, 47)' La incubación dura 2 días (Kla'Usner). Piel rojo osbcura, crepitación, sonido mate, propagación rápida y pus, a menudo fétido, en la herida. El desarro- llo de la gangrena 'es favorecido por las trombosis y por el gas, que se halla muy comprimido (Wullstein, 4), . . Payr (2) describe una forma superficial benigna. Curación mediante numerosas incisiones pequeñas. (Monatshejte jür Prahiische Tierheilkunde, t. XXV]:, pág. 460)-Tradu- cido por P. F. ARTíCULOS EXTRACTADOS BACTERIOLOGIA SCHREIBER,'0, director y SncKDoRN, W., jefe técnico del Instituto bacteriológico y suetológico de Landsberg. Examen y valoración de la malleína.-La gran difusión del muermo durante la guerra requiere gran ARTICULaS EXTRACTADOS 529 uso de malleina y el nstituto bacteriológico de Landsberg se ha visto pre- cisado a elaborarla. Se trataba de obtener una malleina. de poder uniforme y constante, no sólo cualitativa, sino cuantitativamente. La prueba de dosis determinanadas de malleina en abundantes équidos muermosos tiene la invencible contra, como dice Schnürer de la falta de un material igualinente infectado y que reaccione de igual modo. Por otra parte, no es cosa de que los institutos bacteriológicos y' orrológicos, que han de tener ya numerosos caballos para fabricar sueros, tengan también abundantes caballos muer- mosos para ensayar y valorar la malleína. Tampoco se puede adoptar el proceder que recomienda Schnürer de inocular a la vez intracutáneamente y en distintas zonas de la piel de un caballo muermoso dosis determinadas de malleinas diferentes; y averiguar la cantidad de substancias activas de cada una por el grado de hinchazón, que se puede medir con facilidad, porque no sabemos si un mismo caballo muermoso reacciona de distintas maneras a la inyección de una misma dosis de malleína según el período de la infec- ción, o si caballos muermosos diferentes reaccionan también diferentemente a una misma dosis de. una misma malleina. Se puede, probar la malleína en conejillos de Indias infectados artifi-_ cialmente, pero, hasta hoy, todas las tentativas hechas para valorarla de este modo se han- estrellado, de igual suerte que las pruebas análogas para valorar la tuberculina (Klirnmer). Además, como advierte Schnürer, los result'ados obtenidos así no pueden aplicarse a los équidos, porque los cone- jillos de, Indias no enferman de modo epidémico. Schreiber y Stickdorn. han ensayado la malleína eh gatos infectados de muermo artificialmente. Tanto en los conejillos como en los gatos han examinado la temperatura del cuerpo antes y después de las inyecciones de malleína, y antes y después de infectarlos artificialmente. En gatos muermosos hicie'ron también con': éxito la oftalmorreacción. Pero todas estas pruebas, así como.las de la innocui- dad del preparado en équidos sanos, únicamente dan resultados cualitativos. Queda la prueba de la fijación del complemento. Teniendo en cuenta que todas las malleinas son extractos de bacilos de muermo, Schreíbery Stickdorn han tratado de valorarlas como si se tratase de los extractos . o,~ntígeilOs empleados para la prueba de la fijación del complemento, Ya,' para esta prueba, Miessner y Trapp ensayaron la malleina de Foth, en vez de los extractos de gérmenes muérmicos, propuestos por Schütz y Schubert. Obtuvieron resultados muy variables, que atribuyeron a que las malleinas no siempre tenían igual valor. Schreiber y Stickdorn los han obtenido más constantes. Ello se explica porque han empleado siempre un suero de igual poder y malleínas diversas, mientras que Miessner y Trapp operaban con malleínas y sueros de diverso poder. Schreiber y Stickdorn llaman. unidad de antígeno o de extracto (E.E. iniciales de Extract-Einheit) a la dosis mínima de malleína capaz de fijar el complemento con el suero muér- mico, y calculan y designan el poder de las malleínas por el número de unidades de extracto que contienen.' . Se dirá que quiz las substancias que impiden la hemolisis no son las á que producen las reacciones en los organismos infectados de muermo. Mas, aunque así fuese, si se preparan uniformemente las malleínas, cont¡l}frán. dichas substancias en igual proporción. Además, según la teoría de Sb))ütz . • la malleína obra en el organismo infectado como en la fijación del comple- C; 34 ~ , I REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA mento, combinándose, por un extremo, con el amboceptor o antimalleína y, por el otro, con el complemento. En opinión de Miessner y Trapp, la fijación del complemento en el muermo es una reacción biológica específica de un antígeno y un anticuerpo; al contrario de la reacción de la sífilis. En fin, según observación unánime de varios autores, en la prueba ocular tiene más importancia la concentración de la malleína que su calidad y su cantidad (Marioth, Klimrner, Schnürer, de Blieck), y precisamente la con- centración se puede determinar con la prueba de fijación del complemento. Schreiber y Stickdorn examinan las malleínas cualitativa y cuantita- tivamente. Las pruebas cualitaiiuas comprenden el examen de los caracteres físicos; el de, la innocuidad, el de su comportamiento en conejillos de Indias y gatos normales y el de las reacciones específicas en équidos y animales de laboratorio muermosos. La prueba cuantitativa se reduce a la dosificación de las malleínas por medio de la fijación del complemento. Veamos ahora cómo proceden: 1.0 Examen tísico.~Varia de amarillo claro a moreno turbio. No indica el poder ni la concentración de la malleína. Depende de la clase de caldo y de las temperaturas empleadas para concentrarlo. Los extractos preparados por el método de Schütz y Schubert son claros como agua. El color de la malleína seca también varía entre moreno y amarillo pálido. Corno es muy higroscópica, es preciso lavarla varias veces con alcohol para obtener un polvo fino. Aun así, pronto forma grumos, _incluso en tubos cerrados con 'cera. Pero esto no menoscaba el valor del preparado. _Sin ernbargo.. según las investigaciones de Schreiber y Stickdorn, la proporción de unidades de extracto es máxima en las malleínas no desecadas del todo y sólo tratadas una vez con alcohol. La solubilidad en el agua o en suero artificial también varía. Mientras la preparada por los autores, obtenida por los 3- métodos de preparación conocidos, es perfectamente soluble, la obtenida por simple concentración de caldos _ cultivo forma precipitados de o posos. No obstante, agitándola, se disuelven todos los elementos útiles de la misma, La reacción es aníótera o débilmente ácida, pero nada importa. 2.° Examen de la inmocuidad: Cada malleina se prueba pintando con ella el saco .palpebral de caballos sanos, para ver si produce reacciones no específicas o irritaciones. La mayoría de las malleínas no producen reacción alguna. Pero las hay que' producen lagrimeo, cosa que merma su valor. Para ver si este lagrimeo era debido al excipiente,' pintaron la conjuntiva de varios équidos con agua con 50 % de glicerina o con 0'5 % de ácido fénico, sin obtener el menor lagrimeo. Este lo atribuyen a la elevada pro- porción de sales del caldo empleado, producida por la concentración del mismo. Las pruebas se hacen en 30 caballos sanos de distintas edades, y se repiten a las 24 horas en el mismo ojo y conIa misma malleina, 3. ° Ensayo en conejiltos de Indias y gatos sanos. Las malleínas son inyectadas en el peritoneo de conejillos de Indias a los que luego se inyecta cultivos de muermo muertos. Mientras antes de la inoculación (y lo mismo en los conejillos en cuyo abdomen se inyectó previamente agua destilada) la temperatura oscilaba entre 38'50.-y 37'50, en los tratados previamente con malleína se observa un descenso de I~ 2 Ó 30 (Zo-. por término medio) 6-8 horas después de inyectarles los cultivos muertos. Pero de la cuantía del descenso térmico no se puede inferir la pmpor?ión die substancias activas ARTICU:LOS EXTRACTADOS 53,1 contenidas en el preparado utilizado, pues, en muchos animales, cultivos muertos muy diluidos producen una reacción más violenta que preparados co¡;ícentrados. En los gatos Jóvenes ocurre Io contrario; 2-7 horas después de fa -inyección intraperitoneal de ma}Jeín;;t la temperatura sube de 1'20 a 2°.;Mas esto tampoco sirve para valorar la malleína, ya que simple caldo concentrado produjo en un gato testigo u.n aumento térmico de 1'30. 4. ° Reacciones específicas en caballos y animales de laboratorio muer- IM$os.-En los caballos muermosos todas las malleínas producen oftal- morreacción positiva. Esta no se logra' producir en conejillos de Indias infectados artificialmente de muermo., En cambio, en los gatos artificial- mente infectados pueden obtenerse reacciones' conjuntivales positivas desde los tres días de la infección, con extractos concentrados, pero no con extractos no concentrados. Larnyeccíón intraperitoneal de malleína en un gato muermoso hizo subir su tempertaura desde 40'4° a 41°, en 6 horas. Pero nada característico resulta de comparar esto con lo cjue pasa en gatos sanos malleinizados. Las inyecciones intraabdominales de malleína en gatos y conejillos muermosos tampoco ,influyen el éxito letal del animal, de modo que permitan la valoración de aquélla, , 5,0 Examen cuantitativo mediante la fijación del complemento.-Esta se hace con arreg lo a la técnica de Schütz y Schubert. Diluyen, o 'o3 gr. de malleína seca en 20 G. c. de solución salina fisiológica y con ella llenan los tubo.s 'en dosis crecientes para valorarla y resulta, por ejemplo, que la can- tidad mínima de malleína capaz de impedir la hemolisis esla de 0'0'5 c. cúb. de esta solución, Como esta dosis de 0'05 es la unidad de extracto, para calcular las unidades de extracto contenidos . en los 0'03' gr. de malleína disueltos en los 20 de suero fisiológico bastará dividir 20 por 0'05, y se ob- tendrá como cociente 400;, por.Io tanto, dicha malleína contenía 400 uni- dades de extracto. Otra malleína no diluída da, como dosis mínima, 0'005, y, corno se usa en la de 1 c. cúb., resulta que l. c. c. contiene 200 unidades de extracto; po.rque '1:0'00'5=200. En las malleinas secas ocurre que cuanto Jnás secas o más lavadas con alcohol, menos poder tienen. En 'cambio las líquidas dan valores más constantes. Los métodos de preparación mej ores parecen los que recurren a fa antiforrnina (Schultz y Altmann, Schnürer, Miessner y Trapp), pero 'hay que desclorarlas perfectamente, calentándolas, porque sino, sedan 'hemoliticas. 'Puede operarse con malleína de 400' ó de 200 unidades de extracto, pero en las reacciones dudosas Schreiber y Stick- dorn r'ecomiéndan repetir la prueba con la' de 400 .unidades de extracto. P: F. (Berl. tier. Woch, '1915, n.v 47,) PATOLOGIA y CLINICA H 'BELOTTI. E.~Acción de los gases asfixiantes en los caballos del eiércíto. El autor, que es capitán veterinario del ejército italiano, ha tenido ocasión de observar los estragos que 'producen en el ganado los gases asfixiantes emplea~os por los austriacos, en .el sector del bajo Isonzo. Los équidos que sucumben bajo la acción de dichos gases presentan el cuerpo hinchado, 'y se parecen a los caballos que construyen los niños clavando cuatro .palillos en una patata. El cuello, el tronco la cabeza y los 532 REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA demás miembros son muy redondeados. La piel es tan tirante que sorprende no verla dislacerada. La región inguinal se presenta muy vesiculada y con la piel" de color amarillo. Los animales conservan la rigidez cadavérica y tienen la boca completamente abierta, con la lengua fuera, ojos abiertos, enormemente agrandados y casi saliéndose de la cabeza; narices dilatadas, obstruídas por grumos de sangre, Todo esto se explica teniendo en cuenta que la absorción de los venenos gasiformes (fácilmente solubles en el agua) que se efectúa poI' las vías aeró- .genas es muy enérgica, tanto, que cdmienza en la nariz. Al abrir el cadáver y especialmente la cavidad abdominal sale un sas nauseabundo, parecido al hedor que exhalan los équidos cuando se inicia el proceso de la putrefacción. En los diversos tejidos, en las masas musculares más profundas y e~ los órganos de las cavidades torácica y abdominal aparece una coloración ictérica muy evidente, con intensa congestión. Los demás órganos se presentan casi con el volumen y consistencia normales. El hígado, a juicio del autor, parece ser la víscera que sufre con mayor intensidad la acción venenosa de" los gases. Aunque conserva· el mismo volumen, su color y su consistencia cambian enormemente. Parece cocido, y es elástico como la goma. En las vías aéreas se ve abundante espuma,·y se observa catarro de la mucosa nasal, de la laringe y de la tráquea, El tejido pulmonar se presenta muy congestionado y con numerosos focos hemorrág icos. Si se hace un corte profundo en los lóbulos éstos exhalan un olor que recuerda el bromo y el cloro y que oblig.a a salir por un momento del sitio en que se practica la autopsia. Del corte, además, sale un poco de sangre negruzoa incompletamente coagulada. Los riñones son tan flácidos que parecen de gelatina y en su irrterior ofrecen lesiones de glomérulo-nefritis. En algunos animales también se pudo, observar equimosis de la mucosa gástrica. El" cerebro y la medula espinal no muestran .alteracíón alguna digna de mención. . Las lesiones descritas hacen. pensar al autor que los gases asfixiantes contienen principalmente cloro y bromo, que al ponerse en contacto co~ las mucosas húmedas producen H. Cl y H. Br. causantes de la intensa irritación de aquéllas y de una manifiesta descomposición de la sangre. in Nuovo Ercolani I?-úms.24 y 25. 1916.) GALLEGO A.-Las cirrosis hepáticas en las distomatosis. En este intere- sante artículo, del laboratorio de Histología y Anatomía patológica de ·la Escuela de Santiago, el autor se- ha propuesto esclarecer las lesiones hepá- ticas tan frecuentes en la distomatosis y entre ellas de las cirrosis. De su labor experimental saca estas conclusiones provisionales: 1.'" Las cirrosis hepáticas son lesiones frecuentes en la distomatosis del carnero. 2."' Por la disposición que afecta el tejido conjuntivo en dichas cirrosis, pueden agruparse en las tres categorías, tan perfectamente estudiadas por Charcot en el hombre, que son: cirrosis anular, insular y unicelular. 3.'" Rara vez se encuentran estos tres tipos de cirrosis en estado puro, pues lo frecuente es hallarlos asociados (cirrosis mixtas). ARTICULO'S EXTRACTADOS 533 4.':' Las cirrosis comienzan, ya por la: v enilla supra-hepática, bien por la venitla porta, ora por la arterilla hepática o, én fin, poi el canallculo biliar (c-irrosis peri-supra-hepática, peri-portal, peri-portoi arterial, peri- biliar). Con' frecuencia, las cirrosis peri-supra-hepática y peri-portal coexisten (ci- rrosis biocuosa). 5." . Las células hepáticas parecen conservar su integridad, faltando las diferentes degeneraciones, o apareciendo, cuando más, una ligera dege- neración grasosa' y una pigmentación biliar. Sin embargo, algunos lobulillos hepáticos están nécrosados y con intensa infiltración micro celular (absceso lobulillar) . 6." Los vasos del hígado (vena: supra-hepática, venilla porta y arte- rilla hepática) presentan frecuentemente lesiones inflamatorias (endó y peri-ilebitis yendo y peri-arteritis). 7.a' Tales lesiones ocasionan' comúnmente obstrucciones vasculares que; seguramente, coadyuvan, a la producción de la ascitis y a los edemas intersticiales del intestino, tan frecuentes en la distomatosis. 8.a Las numerosas células que infíltran los espacios portas y hasta los mismos lobulillos hepáticos, corresponden casi en totalidad a la categoría de los leucocitos eosinófilos. 9.a . La reacción eosinófila local no sólo no es caracteristica de todas las parasitosis, sino que hasta no hemos podido encontrarla en un caso de distornatosis. (Gaceta de Ciencias Pecuarias, agosto 1916. pág. 230-244.) PFEILER.-'-Estudios· 'acerca del suerodiagnóstico del muermo.-u.so de extractos polivalentes para las inuestigaciones orrológicas, pl'incipalmente para la fijación del complemento.'---La prueba de la fijación del comple- mento no descubre todos los casos de muermo. Pfeiler ha sometido estos casos a otros métodos (conglutinación, reacción C. H.) Con motivo de la ¡;uerra, su instituto de Bromberg ha tenido que realizar 400, 700 Y más pruebas hernáticas diarias y, en vez de la doble investigación de la aglu- tinación y la fijación del complemento, efectuó, en cada muestra, la cuá- druple de la aglutinación; la fijación, 1a conglutinación y la reacción C. H. La fijación es la que" descubre más casos recientes, pero falla en casos inveterados. (Estos; en cambio, los revelan la conglutinación -Y la reacción C. R,) Para mejorar el método de la fijación, Pfeiler ha ensayado los extrac- tos polivalentes y tiene la impresión de que mejoran considerablemente la técnica. Pero el enorme trabajo impuesto a su laboratorio por la guerra no le permite probar cada suero con muchos extractos, para lo cual, por otra parte, a menudo falta la cantidad necesaria de suero. Hay ,que dejar estas investigaciones para tiempos más tranquilos: Por lo que atañe a la aglutiruicion, se ve que unas estirpes de bacilo muer- migeno sirven mejor que otras'. ¿Servirán también unas mejor que otras para fijar el complemento? Para resolver esto es .menester, ante todo, titu- lar con la-mayor exactitud los extractos o antígenos formados por las di- versas estirpes. Hecho esto y examinados numerosos extractos distintos, .Pfeiler ha obtenido resultados altamente discrepantes. Por esto piensa que \ conventlría recurrir a los extractos polivalentes. (P. F. Berl. tier, Woch. 1915, números 34 y 35'.) 534 REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA PFEILER, W.-¿Por qué rracasan en Alemania, en la práctica, las ino- culaciones preventivas contra la peste ·porcina?-La sueroterapia preven- tiva contra la peste porcina, que da resultado en Hungría y en América, no lo da en Alemania. ¿Por qué? Porque ·no se tienen en cuenta las rela- ciones entre la infección y la inmunidad. Esto se debe tener en cuenta en todas las infecciones que se combaten mediante inmunoterapia. En ciertos casos, el fracaso de las inoculaciones de suero Rara ·evitar la peste porcina, se debe a infecciones secundarias. Per-o, además, intervie- nen otros factores, principalmente la cantidad. de virus ·;;¡nfecta:nte. ·Si un cerdo que ha recibido una inyección preventiva de suero contra-la-peste porcina, recibe, durante las tres semanas que dura la proteoeíén ~ inmuni- dad originada por el suero, pequeñas cantidades de virus, este cerdo puede . transformar la inmunidad suérica o pasiva en activa y resistir, después, infecciones masivas. Pero, si durante las tres semanas de inmunidad pa- . siva recibe tanto virus que su inmuni\:iad suérica no basta para neutrali- zarlo, sobreviene la infección. El cerdo no se llama sin razón así; hoza sin cesar su yacija empapada d-e sus propias deyecciones, e ingiere sin cesar virus pestoso, si hay en la pocilga cerdos pestosos o que lo eliminen. Generalmente la higiene de las pocilgas 0 tiene un ligero sabor a cocida, aun después de enfriarla rápidamente; la manteca aflora con mayores dificultades en la leche pasterizada; la mayor parte de la albúmina se coagula y la lecitina es destruida parcialmente; los fosfatos solubles son, en parte, transformados en fosfatos tricálcicos insolubles; los fermentos solubles son destruidos en totalidad, etc .• Desde hace algunos años se practica con excelentes resultados en Amé- rica .Y desde hace poco tiempo en Alemania, otro .método de pasterización de la leche destinada, al' consumo. Este método, llamado en' América «hol- ding proceesv y en Alemania «Dauer pasteurisierung» consiste' en calentar la leche en grandes recipientes a temperaturas relativamente poco eleva- 'das (63° en general) durante un tiempo bastante largo (20 a 30 minutos). Durante el calentamiento se agit,a constantemente la leche, pero procurando que no se forme espuma. . Este método de pasterizar ha sido SOmetido a una prolija serie de expe- riencias en el laboratorio bacteriológico de la Estación central-de experien- cia agraria fExperiinental faltets, de Suecia, en el invierno yen la primavera del' 1914-1915.' Los resultados obtenidos han sido muy satisfactorios y pueden ser considerados como concluyentes, habiéndose hecho las pruebas en las condiciones de la práctica.' Así se ha demostrado: que la leche pasterizada durante 20 Ó 30 minutos a 63° no adquiere el sabor de cocida; este gusto se presenta' en cuanto se llega alos 65°. En la leche pasterizada a 63° la manteca aflora con;la misma rapidez que en la leche no pasterizada; pero a 65°, aflora con más dificultad. El calentamiento a 63° na ataca a la albúmina ni a los fosfatos solubles, pero sí empieza a ejercer influencia sobre aquélla y éstos a los 650. Los fer- mentos solubles permanecen intactos 2 los 630. . En cuanto a la riqueza en flora bacteriológica de la leche pasterizada durante 20 a 30 minutos a 63°, las experiencias han demostrado que esta leche se conserva uno o más 'días que la leche sin tratamiento alguno, según la temperatura de conservación. La acción bactericida de esta pasteriza- ción es muy, satisfactoria: generalmente más del 95'5 % de los microbios de la leche perecen por el calentamiento. Las investigaciones realizadas sobre esta flora bacteriológica de la leche pasterizada han 'probado que en, los casos en que la leche después de calentada se. ha reinfectado con los fer- ARTICULOS EXTRACTADOS mento s lácticos orclin~rios (lo que siempre sucede, cuando la leche ·pasa por refrigeradores, .tubos ... antes de' ser envasada en los recipientes d,e dis- tribución), esta leche se acidifica como en estado normal, pero natural- mente con más lentitud que la leche no paster zada. La flora microbiana es visiblemente la misma en una y otra leche. En cuanto al valorhigiénico de la leche pasterizada con el método antes citada", el autor realizó experiencias con .el bacilo tuberculoso, por ser el germen más resistente al-calor. de todos los microbios patógenos que pueden . encontrarse en la leche, para determinar el poder bactericida. Las leches que Barthel ha utilizado ~n estas experiencias proceden de vacas atacadas de tuberculosis mamaria, diluídas en la proporción de 1:100 en leche pura y tratada la mezcla en las ,condiciones corrientes de la práctica o sea paste- rización en el aparato adoptado para-este género de .calentamiento. Las muestras de leche pasterizada no eran centrifugadas; la manteca f el sedimiento eran mezclados ppr agitación, para que resultase leche com- pleta icon cada muestra se hacían inyecciones intramusculares a' cobayos. Los animales infectados con la leche' tuberculosa hatada .como se ha dicho, pero no pasterizada; se sacrificaban después de seis semanas: los .que habían recibido inyecciones de leche pasterizada, después de tres meses. En total se hicieron inoculaciones en 70 cobayos. La siguiente tabla indica, los nisul- tados de .esta prueba: Tempera-tura I Duración de la pasterización en minutos de Animales de Pasteurización 10 70 30 45 control 60° --.----- --- --- ++ 61° --- --- +++ 62° -- ---- +++ 63° --- ___ o +++ 63° --- --- +++ 63° -- ++ ,63° --- +++ 63° --- +++ 63° -- ++ -- ++ + 63~ Cada signo o -. representa un cobayo; + indica que el animal ha sido atacado de tuberculosis; -. que no ha sido infectado. Esta tabla demuestra que ninguno de los cobayos inoculados con leche pasterizada ha sido infectado de tuberculosis, ni siquiera cuando la pas- terización ha sido hecha a 60° con la duración mínima de !O minutos. Todos los animales testigos fueron atacados de tuberculosis generalizada. Los re- sultados son, por lo tanto, feha~ientes y definitivos, Y.concuerdan muy bien con los obtenidos .precedentemente por los investigadores americanos T. Smith, Russely Hastings, Resenau, en sus experiencias de laboratorio. Podemos sentar la conclusión siguiente: que la pasterización de la leche por prolongacióri dE'1calentamiento, como se hace en la práctica, es decir, sosteniendo la temperatura de 60-64° durante 20-30 minutos en aparatos de agitación continua, es de suficiente eficacia para eliminar todo peligro de transmisión de la tuberculosis por medio de la leche. 35 .546. REVJSTA VETERI~ARIA DE ESPA~A ----------------------------.-------------------------------- Si además tenemos presente que este método de pasterización no in- fluye en modo alguno apreciable en la calidad de la leche desde el punto de vista de su valor alimenticio, debe aconsejarse que toda leche destinada al consumo directa-y que no proceda de vacas tuberculosas, debe ser sometida a. una pasterización por 'el método antedicho. De esta manera el aprovisionamiento de las grandes ciudades con leche, higiénica está resuelto de una manera sencilla y práctica.--(Kungl. Landt- brus-akodemiens nandlingar ocb Tidshrijt. N. 7 Estokolmo, 1915. Extrac- tado por el autor para el Bol. de Informaciones agrícolas y Pat. vegetal, enero, 1916), PRUCHA,HARDINGY WELTER.--Contaminación de la leche en los dife- rentes recípientes en que se manipula hasta que se embotella.s--Los auto- res se propusieron averiguar la contaminación bacteriana que la leche expe- rimenta, al ponerse en contacto con los distintos utensilios 'que sirven du- rante las manipulaciones hasta que se embotella. Antes de empezar las experiencias los utensilios fueron lavados según la costumbre. Los resultados se resumen en el siguiente cuadro: Todos los utensilios esterilisados N. o de bacterias por e.e, 1. Leche al salir del establo , . 2,558 2. Leche embotellada . 3,875 Utensilios lavados.--Botellas esterilisadas 3· Aumento debido a los cubos . .57,°77 4. Aumento hasta la filtración . 1.'),353 5. Aumento debido al filtro .......................•.. 172,763' 6. Aumento debido al refrigerante : . 19,841 7· Aumento debido al aparato embotellador.· . 247,6II 8. Aumento total en la leche embotellada ' '" 515,203 (SCience. Sepbre. 1915, p. 353). . ZOOTECNIA CLARKLEWIS, N.--Efectos de la substancia pituitaria en la producción de huevos de gallina.--La intimidad existente entre la glándula pituitaria y el aparato genital, indujeron al autor a demostrar experimentalmente los efectos de esta glándula en la ovulación de la gallina. La substancia pituitaria fué preparada de los cerebros de mamíferos en crecimiento, aprovechando únicamente el lóbulo anterior de la glándula y administrándolo en forma de polvo mezclado con los alimentos a la doslS de 20 miligramos de substancia fresca .por ave y por día.' . Las gallinas elegidas para la experiencia pertenecían a la raza tibor- nense blanca, de cresta indiv-sa. Las conclusiones obtenidas de 'las experien- cias son las siguientes: . <: ARTICULOS EXTRACTADOS ,547 I.a La administración de substancia de la glándula pituitaria (lóbulo anterior) aumenta la producción de huevos en la gallina, cuya fecundidad estaba en el período de disminuci ÓP. Estos resultados se han conseguí do en dos experiencias: la primera can 35 gallinas, tenidas en gallinero completa- mente aisladas: la segunda con 655 gallinas en libertad. 2.& Los efectos de esta substancia se perciben desde el cuarto día des- pués de la primera. toma, y duran algunos días después de administrar l~ última dosis. 3." La fertilidad de los huevos obtenidos de las gallinas sometidas a este tratamiento, fué mayor. El autor opina que los resultados negativos que se han obtenido en otras experiencias deben atribuirse' al origen de esta substancia, pues él utiliza substancia pituitaria extraída del ani- mal en. vías de desarrollo. Seguramente, otros experimentadores se sir- . vieron de material obtenido de animales adultos.-(The [our. 01 Biologi- cal Chemistry, Octbre. 1915. N. 3, p. 485-491.) HORN, E. W.-Experiencias de alimentación con nopal (Opuntia) hechas en la India britÍínica.-Como en España, sobre todo en la zona meridional, abunda tanto el nopal ; chumbera (Opuntia.), hemos creído interesante recoger ~ste extracto del Boletin de Infofmaciones agrícolas (marzo 1915) sobre el valor alimenticio del nopal. Para determinar la posibilidad del empleo del nopal (Opuntia) como forraje en tiempo de carestía o escasez de alimentos, la vaquería guberna- tiva de Kirdee efectuó algunas experiencias de .alimentación. Seis bueyes fueron' aliment~dos con una me'zcla de cien partes de nopal y seis partes de semillas de algodonero, a razón de' 72 kgs. p.or. 100 kgs. de peso vivo y por día, durante seis meses. Se preparó el nopal, quemando sus espinas y después manoseando las pencas. La composición del forraje de.nopal Iué la siguiente: Es taclón seca Estación humedad % % Humedad . 79.32 92.65 Extracto etéreo . 0.78 0.,22 Albuminoides .. . . 0.68 0.31 Hidratos de carbono . 11.61 4·37 Celulosa . 2-48 0.85 Cenizas " .. " . .]-13 1.60 Al principio de la experiencia los animales estaban en condiciones lamentables y poco a poco sufrieron una mejoría: 4 animales, de 6, comieron sin esfuerzo la ración desde el primer momento; los otros necesitaron algún tiempo para acostumbrarse. También se dió con resultado este forraje a un rebaño compuesto de 'vacas y búfalos de leche en raciones diarias de 6-4 kgs. por cabeza y a animales jóvenes. En conclusión, los resultados de estas experiencias demostraron que la mezcla de nopal y semillas de algodón, es capaz, no sólo de-conservar los animales, sino que sirve para que adquieran vigor cuando están débiles por falta de nutrición.-C. S. E. (De-partmenc o] AgricultU1'e. Bombay, Bulletin 58. de 1913. Bombay, 1914·) REVISTA VETERIr;"ARlA DE ESPAÑA WESTER, J.-Sobrela esterilidad de los machos cabrios.e=Según el autor, la esterilidad en la especie caprina es debida sobre todo a los machos, al paso que en el ganado bovino ocurre lo contrario. La esterilidad del macho cabrío puede ser parcial y temporal o bien total y pe1'manente. La primera se observa en los casos siguientes: 1.0, cuando el macho cabrío está debili- tado por una enfermedad; 2.0, cuando está mal alimentado; 3.°, cuando cubre' un gran número de cabras y no posee generalmente bastante esperma para fecundar a todas. Sin embargo, se trata generalmente de un carácter individual, porque hay ejem,plos de potencia sexual excepcionales; así un macho cabrío flameríco 'cubrió en un sólo día 17 cabras y en una sola esta- ción 350, sin que la m,ayor parte hayan necesitado ser cubiertas una se- gunda vez. Todos estos casos de esterilidad pueden ser curados. La segunda clase de esterilidad, o sea la total y permanente, puede ser provocada por diversas 'causas, figurando entre las principales las siguientes: 1. Criptovqwuiia y hermafroditismo. Esta anomalía se observa más fre- cuente mente en el macho cabrío que en el caballo y el toro, pero sus con- secuencias son menos graves en el primero. 2. Esterilidad por oclusión de los canales seminiteros. Esta es la forma de esterilidad más frecuente y la que produce mayores pérdidas en la cría del ganado caprino. Da 25 machos estudiados por el autor, 22 tenían este' defecto. El cierre de los canales seminíferos es debido a una induración del testículo, del epidídimo o del hilio ; generalmente de los tres al mismo tiempo. El proceso de induración comienza con frecuencia en el testículo, donde el esperma, por consecuencia del cierre de los canales seminíferos, forma núcleos calcificados. Si no hay más que Una .parte de canales cerrados.Ja fecundidad del macho cabrío 11,0 está impedida; si los canales se: cierran poco a poco, el animal llega a ser completamente estéril. Si el canal del epidídimo ,está completamente cerrado, la esterilidad del macho cabrío es absoluta, aun cuando haya en el testículo Una gran cantidad de esperma. Los machos cabríos que presentan estas anomalías, COnservan su afi- ci ón a cubrir las hembras, 'pero éstas permanecen infecundas porque el esperma no contiene espermatozoides. Cuando la enfermedad está en un período avanzado, es bastante fácil reconocerla; entonces los testículos son pequeños y blandos, el hilio es grueso y lo mismo el epididirno. En cam- bio, al principio, la enfermedad es difícil de reconocer sin el examen del esperma. Esta anomalía. según el autor, es, probablemente, hereditaria. La esterilidad de los machos cabríos es una enfermedad universalmente extendida, pero es más frecuente en unos países que en otros. Cuando' se com,pren bodes para la reproducción, termina diciendo el autor, debe asegurarse ante todo la buena conformación de los .órganos geni- tales; y no se deben comprar los machos demasiado jóvenes, a fin de poder hacer el examen en una fase avanzada del padecimiento.' Cuando la 'este- rilidad sea difícil de reconocer, deberá recurrirse al examen microscópico elel semen. iDeutsch, Tier, Woch" 25 diciembre ele 1915~ Ref. en el Bol. de Ln], Agrícola, abril, 1916). DISPOSICIONES OFlCIALE5 549 DISPOSICIONES OFIC1ALES 1 Real orden disponiendo que todas las expediciones de conservas de carnes y productos del cerdo que se remitan a los Estados Unidos, o a sus posesio- nes, vayan aco inpañadas de ún certificado expedido p'or. el Veterinario Inspector de carnes del punto. de procedencia de los productos, y en el cual han' de hacerse constar los extremos que. se mencionan; .Vista la Real orden del Ministeno del digno cargo de V. E. trasladando a este Centro copia del escrito presentado por el Presidente de la Unión Antillana de Puerto Rico, en el que se ruega se acompañe a las remesas de carnes conservadas o productos de cerdo certificación de un Veterina- rio que tenga registrada su firma ante el Cónsul de los Estados Unidos en la población en que se expida, y que dicha certificación acredite la bondad y condiciones sanitarias de las carnes o' productos de cerdo a que se con- traiga; y como quiera que en la actualidatl en España sólo ocho Veterina- rios tienen su firma registrada ante los Cónsules de los Estados Unidos, por lo que con frecuencia se embarcan para Puerto Rico y América del Norte los mencionados productos sin el requisito expresado, negándose en este. caso las Aduanas al despacho de tales artículos, con graves perjuicios para. remitentes, receptores y para fabricantes o productores españoles; por todo lo cual el Presidente de la citada entidad estima de urg encia que por ese Departamento ministerial se gestione que en los puntos de origen de dichas substancias existan Veterinarios que, teniendo registrada su firma en la forma antes expresada, puedan certificar respecto de las con- diciones de los productos. de cerdo y. carnes conservadas que allí s~ embar- can para los puertos de los Estados Unidos y sus posesiones. Estimando de urgencia la necesidad 'de adoptar cuantas medidas sean conducentes con el fin de evitar los perjuicios que al comercio puede pro- porcionársele por el incumplimiento de que queda hecha relación. , S. M. el Rey (q. D.' g.) ha tenido por conveniente disponer: l. ° Que todas las expediciones de conservas de carnes y productos del cerdo que se remitan a los Estados Unidos de América o a sus posesiones, vayan acompañadas de un certificado expedido por el Veterinario inspec- tor de carnes del punto de procedencia de los productos, y en el que se haga constar la clase de ganado de que proceden, y que ha sido reconocido antes y post morte m y que reúne buenas condiciones higiénicas. 2.° Que, para que dichos certificados produzcan los necesarios efectos, los Inspectores que tengan que expedirlos deberán registrar su firma ante las autoridades consulares de dicha nación. 3. ° Que los Inspectores que hagan reconocer su firma en la forma indi- cada, lo comuniquen a la Inspección general de Sanidad del reino a fin de que en todo momento puedan resolverse las consultas que sobre este asunto pudieran hacerse; .y REVISTA VETERINARIA DE ESPAÑA 55° 4. o Que para conocimiento de los exportadores de estos productos y del comercio en general se publique esta Soberana disposición en la Gace'ta de Madrid y Boletines oficiales de las provincias, dándose conocimiento de la presente resolución al Ministerio de Est do a los efectos 'procedentes. Lo que de Real orden lo digo V. E -,para su conocimiento y efectos pro- cedentes. Dios guarde a V. E. muchos años. Madrid, 25 de agosto de 1916: ~Ruiz [iménez, Señores Gobernadores civiles de las provincias. (Gaceta del 28.) CURIOSIDADES El valor terapéutico de las frutas Es innegable que el limón purifica la sangre, penetrando por todas las mucosas y glándulas. Su uso moderado, .pero continuo, llega a vitalizar puntos atrofiados de la mucosa en gargantas enfermas. Disuelve las forma- ciones litiásicas y las concreciones reumáticas y gotosas y es antiséptico, Su acción provoca la contracción de los vasos; de aquí su poder hemostático. Los higos. y los 'dátiles son excelentes alimentos y pectorales. La naranja es de efecto más suave que el limón. El zumo de la naranja penetra en las mucosas. La corteza contiene principios amargos de alto valor estomacal.' , La manzana, reina de las '.frutas, contiene hierro, y por eso se recomien- da a las personas anémicas, por ser excelente formadora de sangre. Es rica en oxígeno fácilmente asimilable, que, pasando a la sangre, activa el trabajo pulmonar, razón por la que ,es muy útil a los asmáticos. ' Además de estas propiedades, nutre el bazo ,y alimenta el 'cerebro, de donde resultan los grandes triunfos alcanzados por la medicina naturalista en la curación de las enfermedades nerviosas. La manzana es también una magnifica ·somnífera. Una sola manzana comida de ~oche nos dispone para un sueño. tranquilo y reparador. La pera es muy nutritiva, por contener cal para la formación ósea. Su acción diurética es suave. al organismo. - ' - Las ,cerezas son también muy nutritivas, no debiéndose. con todo,' usar en gran cantidad, porque irritan los intestinos: Los melocotones y los damascos animan las paredes del estómago; obran favorablemente en' el pulmón y en el hígado y estimulan la secreción cutánea. .Las uvas purifican la sangre, el pulmón, el hígado y el bajo vientre. CURIOSIDADES 55I El poder muscular de los animales El poder muscular, de, algunos animales salvajes es extraordinario. Cuenta un viaj ero que vió en el Canadá un lince cuyas dimensiones eran muy poco mayores que las .de un gato, arrastrar a un ciervo durante más de . ochenta varas. El león y el tigre tienen fama de forzudos y lo son. U n león de' regular edad puede romperle la columna vertebral a un búfalo de un solo zarpazo. Pero de todos esos animales. grandes, el oso es el más forzudo. U n oso polar fué hallado por una expedición comiéndose a trozos una ballena de quince pies de largo y de un peso de tres toneladas por lo menos, y aquel oso-tenía que haberla sacado del agua y puesto sobre el témpano, en. donde estaba aquella enorme mole. ,EJ po.de!:_d~}as ..mandíbulas de la hiena es tal, que pulveriza con toda facilidad los huesos más voluminosos, El lobo de Iosbosques de Norte América tiene también tal fuerza de dientes, qu.e mata a un caballo a mordiscos con toda facilidad. Generalmente' lo ataca d~ costado: Tal es la fuerza de los dientes, que saca bocado de la carne del caballo con la misma facilidad con que un hombre puede sacarlos de un pedazo de queso fresco. Mucho se ha mentido al hablar de la fuerza de los gorilas.. pero, sin exagerar, se puede afirmar que si los provocan o hieren, pueden dar patadas suficientemente fuertes para romper la cabeza de. un hombre como si fuese un coco. Los reptiles tienen también mucha fuerza. . «Una vez-e-cuenta Hammerstein-s-una serpiente boa de diez pies de largo, perteneciente a un encantador de serpientes, era tan dócil que a veces andaba suelta por la habitación de su dueño. En cierta ocasión, se encontraba el encantador sentado en una silla leyendo. cuando oyó un violento crujido que le hizo ponerse de pie rápidamente. La silla donde él estaba sentado se desmoronó, hecha astillas. Había sucedido que la víbora, enroscada en la silla, tocó, al moverse, algún clavo que 'sbbresalía de la madera, lasti- mándose. En el paroxismo del dolor, contrajo los músculos y estrujó la silla, haciendo añicos las patas de la misma.i CONSULTAS EL ERROR COMO CAUSA ,DE NULIDAD·.DE LA VENTA DE ANIMALES Consulta.-Un cliente mío compró un caballo en una de las últimas ferias celebradas en un pueblo próximo. El vendedor le aseguró que el caballo era castrado, y bajo esta condición lo adquirió el comprador, pues de ningún modo. deseaba un caballo entero. A. los pocos días de tenerlo en su cuadra , observó qu~ ,el caballo se encabritaba con frecuencia, que intentaba echarse sobre los que tenía cerca, y en fin, que su indocilidad era impropia de' un 552· REVISTA VETERJNAJÚA DE E~PAÑ,'I. caballo castrado. Me lo trajo a mi clínica y en seguida pude observar que el caballo era criptórquido. El comprador, considerándose víctima de un en- gaño, ha requerido al vendedor para que le devuelva el dinero y deje sin efecto el contrato, a 'lo cual ha contestado éste que no quiere devolverle el precio porque' la criptorquidia no es un vicio redhibitorio y q-ue,.aunque así fuese, ,por haber transcurrido 40 días desde que se efectuó la venta, y por haberse celebrado ésta en una feria, no está obligado a responder de los defectos del animal vendido. Y yo ·pregunto: ,¿No hay un medio legal' que ampare al comprador contra las asechanzas de ese vendedor de mala fe? A. S. (Prov. de Barcelona). Contestación.-El único medio que existe es pedir judicialmente la nulidad del contrato, fundándose en. que ha habido error en el consenti- miento. Para que un contrato surta todos sus efectos jurídicos y tenga eficacia legal, debe reunir los tres requisitos señalados por el artículo 1261 del Código civil, a saber: consentimiento de los contratantes; objeto cierto que sea materia del contrato y causa de la obligación que se establezca. Para que el consentimiento (único requisito que ahora nos interesa), sea válido, debe ser puro y espontáneo, es decir, no debe haberse prestado por error, violencia, intimidación o dolo. El consentimiento que adolezca de alguno de estos vicios, será nulo, según dice el artículo 1265 del Código civil. Pero no todo error invalida el consentimiento. Para que. esto ocurra, y por consiguiente para que pueda pedirse la nulidad de un contrato fun- dándose en que ha habido error, es necesario que éste recaiga sobre la subs- tancia de la cosa que fuera objeto del contrato o bien sobre aquellas con- diciones de la misma q~e principalmente hubiesen dado motivo para cele- . brarlo. (Art. 1266 del Código civil.) . Ahora bien: en el caso que se consulta, la condición principal que tuvo en cuenta el comprador fué la de que el caballo era castrado, como el vendedor le aseguró, pues de haber sabido que era entero no lo .hubiera adquirido. Es, pues evidente, que aquí hay error en el consentimiento, y que por recaer este error en la condición del caballo qué principalmente tuvo en cuenta el comprador al celebrar el contrato, se puede pedir la nulidad de este último. Nada importa que la venta se haya hecho en una feria y que hayan tr ans- currido más de 40 días de celebrado el contrato, porque estas excepciones. que podrían invocarse con fundamento si se tratase de ejercitar la acción redhibi toria por vicios ocultos del animal vendido, no tienen, en el caso que se consulta, valor alguno, porque aquí no se trata de la obligación que asume el vendedor de responder del saneamiento por los defectos ocultos de la cosa vendida, sino de un contrato anulable porque el consentimiento, que es uno de sus requisitos esenciales, está viciado por error. SAGRIFlérO DE CERDOS EN CASAS PARTICULARES Consulta.~En· el número de junio último de esta REVISTA he leído su opinión sobre la inspección del. ganado de cerda destinado al consumo pú- blico. Pero en estas islas casi- todos los vecinos sacrifican un cerdo en su CONSULTAS 553 propia casa para su consumo, lo cual constituye un día de júbilo para la familia y parientes a quienes se acostumbra á invitar. Y ahora-pregunto yo: ' si estos cerdos que cada vecino sacrifica en su domicilio sin destinarlos a la , venta ni al consumo público, deben' ser inspeccionados microscópicamente, ¿se puede obligar al Veterinario a que practique esa: inspección en el domi- cilio de cada vecino? Toda vez que las disposiciones vigentes obligan al Ins- pector a: reconocer las reses que se sacrifican para el consumo, ¿deberán pagar los particulares los honarios que devengue el Inspector cuando la autoridad les exija que sean reconocidas dichas reses? M. B, (Prov. de Baleares.) Contestación.-La primera. parte de esta consulta queda contestada con sólo leer la Re'al orden de 2I de marzo de I914, cuyo párrafo 5.° dice así: ~Queda prohibido el sacrificio de los ganados vacuno, lanar, cabrío y de cerda, en las casas particulares.» Como esta Real orden no hace distinciones entre ias reses destinadas al consumo público Iy las destinadas al consumo particular, y es un principio elemental en la interpretación de los textos legales aquel que dice «allí donde la ley no distingue, no se debe distinguir», opinamos que la prohibición establecida en el párrafo 5.° de la Real orden antes citada debe aplicarse' indístintamente, tanto si las reses se destinan al consumo público,' como si se destinan al consumo particular. Si: la autoridad local, por tolerancia excesiva o por no poderse 'substraer a la- costumbre inveterada de esas islas, consiente que los particulares sacrifiquen en sus casas el c~rdo para su consumo, exigiendo, sin embargo que el Veterinario examine las carnes, es evidente que en tal caso dichos particulares son los únicos que deben sufragar este servicio, y, .puesto que lo pagan, pueden exigir que el Inspector practique el reconocimiento en casa de los .mismos. CRÓNICA EXTRANJERA Cuidados a los caballos que se embarcan en los vapores+-El servicio veterinario del ejército inglés ha dado las siguientes instrucciones en lo que concierne al transporte 'marítimo de los caballos: ' I. ° Reconocimiento antes del embarque'. S6)0 se embarcarán animales sanos: Todo caballo que tenga temperatura superior a 39°_1.) otro signo de enfermedad contagiosa, será rehusado. 2.,0 Limpieza.-Los estiércoles se empezarán a tirar inmediatamente que se produzcan y se continuará así durante toda la travesta. No debe permitirse. deyecciones por ninguna parte. 3.°, Desinfección.-Tiene gran importancia, y se practicará con los objetos susceptibles de ser contaminados por los excrementos de los ani- males infectados. 554 ~(EVI~TA VETERINARIA DE E';PAÑA 4. ° Disciplina.-El oficial veterinario debe ser enérgico: ejercerá una constante vigilancia en el abrevadero, en la alimentación, en la distribución de camas, en el ejercicio, etc. La cooperación disciplinaria y enérgica de todos los auxiliares es factor indispensable. . . 5.0 Separación de lo-s caballos o mulos enfermos. En cuanto un animal aparezca enfermo, se le pondrá en un sitio bien aireado, porque así son mayores los éxitos de curación y menores los peligros de infección, La pri- mera indicación en el tratamiento de un caballo enfermo a bordo es ponerle al aire fresco .. 6.0 Tratamiento de los enfermos.-No intentar ningún tratamiento cuando la lesión sea incurable; esto es contrario a los principios higiénicos, y puede determinar la infección de los animales próximos. Evitar toda medicación que no sea indispensable: las precauciones higiénicas y los cuidados individuales son mucho más eficaces que las drogas, a bordo de los barcos. 7.0. Ventilación.-Contando con la cooperación de la oficialidad del barco, deben intentarse- todos los medios imaginables para asegurar la . ventilación: mangas de aire, ventil'adores, etc.; vigilar- constantemente. la renovación del aire. , 8.0 Neumonía gangrenosa.-Todo animal atacado de neumonía séptica debe ser inmediatamente sacrificado, antes queel olor de gangrena permita confirmar el diagnóstico. El cadáver debe arrojarse al" mar y la cuadra o plaza y todos los arneses serán cuidadosamente desinfectados. 9.0 Cuadras.-Está 'muy recomendado' el que los animales viajen en libertad en cuadras formadas por vallas que puedan contener 5 a 10 caballos, según la disposición de la nave. Los animales resabiados o áriscos debe aloj arse solos en plazas indi- viduales. Contrariamente a las ideas corrientes, los caballos en libertad están menos propensos a caerse y por consiguiente a herirse, que los que se atan. " 10. Alimentos, bebidas, etc.-El agua se distribuirá con la mayor abun- dancia y frecuencia que sea posible. Los caballos están muy expuestos a cólicos y sus complicaciones, como a la debilidad cardíaca resultante de causas dietéticas; la avena debe distribuirse con gran mesura. Es preferible que no la prueben los tres primeros dias.iDesde el cuarto o quinto se dis- tribuirá diariamente 1 kilo; el sexto 1 f, y nunca se pasará I de 2 kilos diarios, El salvado húmedo y salado y el heno pueden darse a voluntad. Deben distribuirse tres piensos por día, . ~1. Ej~rcicio.-Los caballos en largas travesías; deben pasearse cuantas veces lo permita el tiempo; si viajan en libertad, ésta compensa largamente la falta de paseo. ! 12. Vértigo ....:....Estaenfermedad 'es semejantea la epilepsia del hombre; se recomienda poner al animal al aire fresco, duchas en la- cabeza de' agua Iría: en el momento que un animal presente síntomas inquietantes, debe llevarse próximo a una escotilla a que se refresque. ' 13· Pasillos de servicio, Desparramar cenizas con largueza sobre las plataformas cuando el tiempo esté seguro, y a todo lo largo' de los pasillos de servicio, cada vez que se desplaza un animal. BIBLIOGRAFíA 555 BIBLIOGRAFíA' D. GARCÍAE IzcARA."--Compendio de Cirugía Veterinaria, obra escrita sobre la base de la traducción del Compendio de P. ]. Gadiot. Un tomo en 8.0 de 781 páginas, con 436 grabados, 20 ptas. Madrid, 1916, imprenta de Hijos de Nicolás Moya. El señor García e Izcara tradujo, en 1906, el compendio de Cirugía del profesor Cadiot, de Alfort. A pesar de haber hecho muchas adiciones a ésta traducción, el serrar García e Izcara la consideraba, sin embargo, como una obra incompleta y no estaba conforme con el orden de distribución de los asuntos, ni con algunas ideas expuestas en ella. Por estas razones ha compuesto el compendio que describo, «sobre la base de dicha traducción», como él mismo confiesa, tal vez con demasiada modestia, ya que, además de haber variado el plan y de haber substituído algunas opiniones de Cadiot por otras, hij as de su experiencia clínica perso- • nal, ha enriquecido aquella tr.aducción con adiciones considerables, tanto en ideas, para las cuales ha tenido en cuenta las mejores obras clásicas y modernas; como en grabados, muchos de ellos dibujados, 'muy bien por cierto, por su hijo don Angel y por el alumno don A. Arciniega. Es innegable que con tantos y tan valiosos elementos y con-sus grandes autoridad y' experiencia, el señor García e Izcara hubiese podido componer un libro de cirugía veterinaria completamente suyo y figurar en la portada del mismo como autor incondicional, que' así suelen hacerse sobre todo las obras didácticas, y, realmente, sólo pueden hacerse así. De todos modos, estas modestia y abnegación del señor Garcia e Izcara realzan mucho su enorme valer y' nos honran a todos. Y, sea como fuere, ló cierto es que la obra de que hablo es una de las me- jores y acaso la más útil de todas las modernas de veterinaria. Dudó que haya otra que diga eh menos paginas tantas cosas indispensables para-Ia práctica diaria delv eterinario. Si, hace más de un siglo, para Bourgelat, las opera- ciones quirúrgicas eran ya, con razón, la parte más considerable del arte, [con cuánto más motivo lo son para nosotros ahora, con el vuelo que han logrado, la desinfección y asepsia, el amasamiento, la electroterapia, la hidroterapia y, sobre todo: las inyecciones y las operaciones indispensables 'para practicar las inoculaciones preventivas y reveladoras, tan copiosas y de tanta trascendencia! - Pues el Compendio de Cirugía Veterinaria que acaba de ofrecernos el señor García Izcara expone admirablemente' toda esta pal'te mus consi- derable del arte, Salvo la Obstetricia, de la que tiene ya publicado un hermoso tratado-en colaboración con el profesor López Flores, el Compendio que ana- ,lizo comprende todas las materias de las cirugías 'general y especial del inolvidable Sainz y Rozas, más las operaciones que últimamente han adquirido importancia, como el drenaje de la yugular, las del silbido laríngeo, ·la de la matadura de la cruz, la punción del pericardio, la resección costal, algunas de las que se practican en el abdomen y.en las extremidades y, REVISTA VETERINARIADE ESPAÑA desde luego, las que requieren la desinfección, la asepsia, la hidroterapia, la electroterapia, el amasamiento, las inyecciones diversas y las inocula- ciones profilácticas y diagnósticas. . El plan y el espíritu práctico que informan este, compendio, recuerdan también a los de los libros análogos, ya citados, de Sainz y Rozas. Pero la exposición que de las operaciones hace García e Izcara es más concisa y no es' redundante. No: describe, por ejemplo, la castración del gato y del conejo, porque no difiere de la misma, operación en el perro. Tampoco trata de las intervenciones .que no tienen gran interés práctico y, digámoslo todo, tampoco arremete contra los demás autores con la saña dé Sainz y Rozas. . En muchos de los asuntos tratados brillan las 'ideas y apreciaciones del señor García e Izcara, siempre plausibles. Su labor personal descuella mucho en el capítulo que trata de las inoculaciones, pero también se advierte a cada paso, v,. gr., en la descripción de la sangría, al juzgar los efectos de la introducción de aire en- las venas, al tratar de la cura. de las hernias umbili- cales, de las castraciones, etc" etc. Por todo lo expuesto, el Compendio de Cirugía Veterinaria del señor Garcia e Izcara es una obra que deben adquirir todos los veterinarios que sepan español y quieran tener compendiada en las menos páginas y con la mayor claridad posibles la p'arte más considerable del arte: veterinario actual, acaso no superado por otro alguno en complejidad y trascendencia, DR. PEDRO FARRERAS NOTICIAS Con el presente número recibirán nuestros suscriptores el-último pliego del M anual del Veterinario Inspector de mataderos, mercados y oaquerias. Euel próximo número reproduciremos el primer pliego de esta obra, en el que hemos de introducir algunas modificaciones surgidas durante el tiempo que la misma ha estado .en publicación. Por consiguiente, .al encuadernarla, nuestros suscriptores deberán substi- tuir .el primer pliego que ya tienen en su poder PQr el que publicaremos en el próximo número.. , 1, * * * En el mes de noviembre empezaremos a publicar en la.REvIsTA, en igual forma' que el Mcnua; 'del Veterinario Inspector de Mataderos, Me'ycadoS y Vaquerías, un libro que seguramente verán con muchoagrado nuestrvf suscriptores. Es EL MATADEROPÚBLICO; escrito por nuestro estimado compañero de' redacción don Cesáreo Sanz Eg aña, cuyos estudios y tra- bajes en materia de organización y funcionamiento de mataderos le han valido merecida notoriedad. Norrcrx.s ~ __________________________ . ~_____ 5 57 La obra del señor -Sanz Egaña, inédita y totalmente. nueva dentro la bibliografía veterinaria española, trata magistralmente todas las cuestiones técnicas y económicas que se plantean en el matadero moderno. y que .el Inspector de carnes no debe en manera alguna desconocer, si aspira a con- quistar la dirección técnica de aquel establecimiento municipal. EL MA'IA- 'DE RO.PÚBLICOserá en este sentido una. ampliación de muchas cuestiones que en elM anual del Veterinario Inspector :sólo han podido ser tratadas someramente, porque el objeto de esta obra responde a una finalidad dis- tinta. Creemos cjue constituye un verdadero acierto publicar EL. MATADERO PÚBLICO continuación del Manual del Veterinario 'Inspector, pues ,por la a íntima rela¿ión ,que existe entre los asuntos que en las dos obras 'se tratan, la una será el indispensable complemento de la otra, y ambas constituirán la mejor fuente de información española .a que podrán acudir nuestros com- pañeros Inspectores de carnes. En honor de Ravetllat.s-En algunas Revistas profesionales se ha lanzado la idea de publicar reunidos en un volumen los trabajos de nuestro C0qlpa-' ñero señor Ravetllat yrepartirlo luego profusamente a la clase y entre sena- dores, diputados y personajes de valía, con. objeto de que se hiciera justicia a la genial labor de nuestro ilustre compañero, Para nevar ala práctica esta idea, se ha ptopuesto abrir una suscripción entre los.lectores de Revistas deVeterinaria y de la de, Medicina que dil:l~e el doctor Chabás, ferviente admirador del señor Ravetllat, invitándoles a que contribuyan con una peseta a costear los gastos que ocasione la publi- cación 'de la obra de referencia, , La' idea no puede ser' más ,excelente: pero creemos que la -mejor manera de realizarla sería abriendo una suscripción en cada colegio de Veterinarios para que los compañeros contribuyesen con la cantidad que estimasen conveniente, y que allí donde no hubiere colegio se ~nGargase de recaudar los fondos ei Inspector provincial de Higiene pecuaria, Además, se podría gestionar de la Diputación provincial y del Ayuntamiento de Gerona que adquiriesen mi. determinado número de ejemplares, y, tal vez, puesto que aun no se ha publicado la inversión dada a las siete mil y pico de pesetas recaudadas en la suscripción «Para el pleito»; se podría destinar a la obra de Ravetllat el sobrante quehayá quedado,. . Brindamos estas ideas a los iniciadores del homenaje a Ravetllat, y nos ponemos a su disposición para coadyuvar a realizar la empresa. . Prácticas de Bactel'iologia.-Organizadas por don Cayetano López, Inspector de Higiene Pecuaria de Barcelona, y don Pedro González, Ayu- dante del Laboratorio municipal, se inaugurarán en breve en esta capital unos ~ursillos intensivos de Técnica bacteriológica y reacciones de inrnu- nidad., Estos cursillos, esencialmente prácticos, durarán unos lS dias (tam- bién los habrá de 8) y sólo se admitirá a los rriismos un número de alumnos muy're\:lucido. El primer cursillo, empezará en 20 de octubre y sólo se admi- tirán 10 alumnos, de los cuales ya hay actualrnente-j- de inscritos. para más detalles, dirigirse a don C, López, calle de Valencia, 206, 1.°,1.0 Barcelona. 558 REVISTA VETERDIARIA DE ESPAÑA Medidas acer.tadas.-EI nuevo director: del Mercado de Volatería de Barcelona ha interesado de la comisión de Hacienda del Municipio de esta ciudad que todas las aves, conejos y huevos que se consuman en la misma pasen por el mercado; que sería conveniente establecer en el mercado un matadero de aves y conejos; que se destine un departamento que reúna las debidas condiciones de depósito de las aves decomisadas; que el transporte de los conejos y aves que se decomisan en las estaciones se efectúe en sacos de lona herméticamente tapados y 'de fácil desinfección y, por último, habi- litar un departamento para la observación de aves enfermas. Injusticia reparada.-EI Ayuntamiento de esta capital, a propuesta del concejal doctor Mesa, ha acordado ,que en lo sucesivo deje de formar parte del tribunal de oposiciones a Veterinarios municipales el vocal médico que hasta hoy venía formando parte del mismo. . El vocal médico, que la mayor parte de las veces desempeñaba un papel desairado, será substituído de ahora en adelante por un veterinario. Días pasados una comisión del Colegio, compuesta por su presidente don Antonio Darder y los compañeros señores Marcó y Sugrañes, fué a vi- sitar al doctor Mesa manifestándole el agrado con que todos los compañeros habían recibido el referido acuerdo. Resumen de las enfermedades infectocontagiosas que han atacado a los animales domésticos en España durante los meses de abril y mayo de 1916, según datos remitidos por 'los Inspectores de Higiene Pecuaria: ABRIL Enfermedades En~~.:"os '. exis tían I Invaslo- I I nes ende CUrados mes el IMuertos o sacrifica. Quedan enfermos ~nn ~~:foers la fecha dos Rabia .. ' 80 79 Carbunco bacteridiano , 246 9 237 Coriza' gangrenoso . 2 Carbunco sintomático 8 19 27 Peste bovina. Perineumonía contagiosa 7 29 3 30 3 Tuberculosis 1 43 42 2 Muermo. 9 6 13 2 Influenza. 23 89 57 13 42 Fiebre aftosa Viruela 6,219 6:i 18 4,786 495 7,056 Agalaxia contagiosa. 126 56 '86 .5 91 Ourina., ,. 60 4 1 21 42 Mal rojo o roseo la 324 .497 347 291 183 Pulmonía contagiosa, . 702 2,066 5.44 1.236 988 Cólera de los porcinos, 288 905 159 687 341 Triquinosis, ,,' , , 4 4 Cisticercosis. , , , , , , 10 10 Cólera y difteria de las aves. 20 513 62 426 _ 45 3,619 861 2,518 166 1,796 Sarna Distomatosis ,:'1 4,656 6,317 295 1,718 Estrongilosis 38 ~2 30 I 1 1 '7 Madrid, 31 de mayo de 1916.-El Inspector general del Servicio de Higiene y Sanidad pecuarias, D. GARcíA E IZCARA.- V.o B.o: El Director general, D'ANGELO. • NOTlCIA'3 559 MAYO Enfermos Invasio- Muertos que Enfermedades existían nes en el Curados sacrif!ca- mes de o Quedan enfermos en el mes la fecha dos anterior Perineumonía contagiosa 3 59 6 53 3 Viruela. . . . . . . '7,056 4,024 4,881 492 5,707 Carbunco bacteridiano - 413 5 408 - Carbunco sintomático Mal rojo o roseola - 12 595 - 12 - 114 183 388 276 Pulmonía contagiosa. ~ 988 1,518 467 1,458 581 Cólera de los porcinos 347 930 280 780 217 Tuberculosis. .. 2 47 - 48 1 Influenza. 42 123 100 i6 49 Durina. 40 21 - 10 51 M.uermo 2 5 - 5 2 Rabia 1 58 - 59 - Sarna 1,796 1,354 972 15 2,163 Distomatosis 4,656 778 208 595 4,631 Estrongilosis. 7 6 10 3 - Agalaxia contagiosa: , 91 123 54 ~ 160 Triquinosis . \ - 2 2 - Cisticercosis . .. - 4 - 4 - Cólera y difteria de las aves .. 45 201 12 176 58 Madrid, 30 de junío de 1916.-El Inspector general del Servicio de Higiene y Sanidad pecuarias, D. GARCIA E IZCARA.- V.o B.»: El Director general, D'ANGELO. Proyecto excelente.-Don Emiliano Sierra y don Manuel Gutierrez, del Colegio de Veterinarios de' Jaén, han dirigido una circular a los compañeros de las demás provincias, proponiendo la creación de una sociedad anónima compuesta por todos los veterinarios de España, 'dedicada a la fabricación de herraduras y clavos y al seguro de' ganados en todos sus aspectos. Para reunir el capital necesario se ha pensado en emitir acciones de 500 y de 50 pesetas cada una, amortizables en muy pocos años. Además, figu- raría aneja a la misma sociedad una Caja de ahorros y de pensiones para la vejez de los compañeros asociados. La simpática iniciativa de los señores Sierra y' Gntiérrez debe ser acogida por la clase con 'todo el entusias~lo que merece el laudable fin que la inspira .. Pequeñas noticias.-Por espacio de cuatro días hemos tenido el gusto de contar en nuestra compañía al catedrático de la Escuela de Veterinaria de Zaragoza nuestro querido amigo don Pedro Moyana, que vino a Barce- lona en compañía de las autoridades ypersonalidades distinguidas de Zara- goza, para asistir a la inauguración del magnífico edificio construido ex profeso para el (,Centro Aragonés», de esta caprtal." Durante su breve estancia entre nosotros, el señor Moyana visitó vatios laboratorios. y centros de investigación científica y fué obsequiado con un banquete íntimo al que concurrieron amigos y ex discípulos del ilustre profesor. • El señor Moyano se despidió muy satisfecho de las atenciones de que fué objeto y convencido de que no en vano llamó Cervantes a Barcelona «ar- chivo de Út cortesía». I(EVlS'IA VETE){I:-1.~RIA DE ESPAÑA -Después de brillantes ejercicios de oposición ha sido nombrado Ins- pector J efe de los servicios veterinarios del Municipio de Pamplona nuestro distinguido compañero don Eduardo Beperet, a quien felicitamos por su triunfo. -Nuestrp querido amigo y compañero don Juan Roí Codina, que en eltranscurso de pocos meses ha visto morir a su padre ya su padre político, acaba de perder ahora a una hija de trece años que era el encanto de su hogar. . . Bien sabe nuestro amigo la parte que tomamos en el hondo pesar, q,ue en estos momentos tortura su corazón. -En Cambrils acaba de fallecer don Juan Miralles y Morató, ';1nmuchacho inteligentísimo que en mayo último acabó la carrera' en la Escuela de Zara- goza. Durante sus estudios obtuvo matriculas de honor en casi todas las asignaturas , y si la muerte no le hubiese arrebatado de entre nosotros tan prematuramente, habría conquistado con toda seguridad, un lugar pree- minente en nuestra profesión. -Un suscriptor nuestro nos ruega la inserción de esta noticia: (,Sehalla vacante la plaza de Veterinario del pueblo de Corbins y su agregado Torre- lameo (Lérida), con una iguala de 3,000 pesetas, pudiendo desempeñar dicho cargo quien lo desee.» --Con el alma dolorida por recientes ingratitudes y. desengaños, el señor Cordón ha decidido retirarse temporalmente de la vida profesional .activa. Su oratoria elocuerrtety deslumbradora, que ha recorrido toda la península en cruzada de redención, despertando aspiraciones y anhelos en el veterinario-rural, ha sufrido un paréntesis. Nosotros deseamos que nuestro ilustre amigo lo aproveche para reponer su salud, algo quebrantada por el exceso de trabajo, y creemos qUBsu amor a la Veterinaria y su temperamento de luchador han de volverle en breve en el puesto que hoy deja con senti- miento de todos los buenos compañeros. Necrologia Don José Rodríguez García.-Acaba de fallecer en Barcelona- el Veteri- nario militar retirado don José Rodríguez y García. Hombre de vasta y sólida ilustración, trabajó mucho y bien por la clase y por la nación a que pertenecía. S~s escritos están informados del mejor .espíritu. Fué, sin duda, uno de los veterinarios más cultos de su tiempo. En. estos últimos .años, a pesar de sufrir una enfermedad que le tenia sumamente decaído, seguía no obstantelamarcha de la ciencia y leía con avidez los libros de Veterinaria más modernos que se publicaban en Europa. " Conocedor perfecto de varios idiomas,' había hecho traducciones exce- lentes de obras muy extensas de agricultura y zootecnia, algunas de las cuales no llevan Su nombre. Su traducción del M anual de inyecciones traqueales, de Levi, despertó el más vivo interés. . Su muerte constituye una pérdida muy sensible, que deploramos pro- fundamente -Ó, .J. horta., hnprelor Geronn, 11 - Rnrcpll'lnlL