Un poema es distancia
años, días, un tiempo indefinido
en el que fuimos algo o dejamos de serlo.
Un brevísimo espejo, de repente,
como el abrir de una ventana
en cuyo vidrio desfila todo el cielo.
Una tarde imprecisa
como convalecer de otras infancias.
El ruido de los trenes, una estación lejana,
el frescor del armario en el verano,
un sabor de café bajo unas palmas.
Un poema es tocar con la garganta
el peso de las cosas, su palabra,
decir la sombra,
un silencio del parque por el agua
un galope de velas por el alma.
Un poema es estar
volver a estar
leve de instante,
donde el tiempo duraba
y no sabíamos.
“Jomi” García Ascot.
Recorre en la totalidad de la obra paciana, la infatigable tarea de examinar la expresión, de cómo encontrar la forma para referir realidades tangibles o abstractas, no la idónea, sino la correspondiente, justa y precisa. Es importante advertir el matiz existente entre equivalencia y exactitud- aunque a menudo se utilicen como sinónimos- Paz no ansia sugerir, sino referir unívoca y inequívocamente. Este lema resume el propósito de los tratados sobre la palabra de Paz, pero, además, evidencia la dificultad de ese ambicioso proyecto. La limitación es el propio lenguaje, la condena del soporte que instaura un tiempo y el engarce de sonidos: la eterna paradoja, decir lo imposible:
Las frases que escribo sobre este papel son las sensaciones, las percepciones, las imaginaciones […] que se encienden y apagan aquí, frente a mis ojos, el residuo verbal: lo único que queda de las realidades sentidas, imaginadas, pensadas […] aunque no sea sino una combinación de signos[1] […] en el otro lado, allá donde unos ojos leen esto que escribo y, al leerlo, lo disipan (Paz, 1974:56).
Con cualidades inherentemente humanas –hecho en sí significativo de esta contienda entre lenguaje, realidad y expresión-, el autor inicia el poema a comentar intentando caracterizar su fluctuar, pues la poesía es, en esencia, movimiento en estado puro. Como ente dinámico y mutable puede tomar diferentes manifestaciones y abarcar todos los ámbitos y saberes: “La realidad – todo lo que somos, todo lo que nos envuelve, nos sostiene y, simultáneamente nos devora y alimenta- es más rica y cambiante, más viva que los sistemas que pretenden contenerla” (Paz, 1963:95). La poesía es capacidad ante la imposibilidad del ser humano, no obstante, es también el medio de redención con la naturaleza, el mundo y, por extensión, uno mismo. No se trata de un mensaje divino ni mágico, pues su alcance es superior “es irreductible a cualquier otra experiencia”[2] la concreción de este código se hace a través de la PALABRA- en mayúsculas-, pero ésta, tal y cómo Paz la define en su Fábula no es, sino, un intermediario, un trámite para dar accesibilidad a la comunicación, en primera instancia y al conocimiento posteriormente:
Todo era de todos
Todos eran todo
Sólo había una palabra inmensa y sin revés
Palabra como un sol
Un día se rompió en fragmentos diminutos
Son las palabras del lenguaje que hablamos
Fragmentos que nunca se unirán
Espejos rotos donde el mundo se mira destrozado (Paz, 1998:194).
Se parte pues de una expresión amputada, carente de plenitud, pues ella misma no es íntegra, sino una fracción. La invención surge como elemento de salvación pues permite otro espacio de la conciencia, así pues, el componente imaginativo es esencial para trocar la realidad. Este cambio no es una distorsión ni un reflejo de esos “espejos rotos” sino una forma de disipar las nebulosas alrededor de la realidad, de dar luz sobre el referente -objeto o no- y también sobre su significado. El lenguaje en ese punto concreto, desempeña la función clave de comunicación, de conexión entre significado, significante, emisor, receptor y verdad, entendiendo este término como origen. La meta de esta unión consiste en la reconciliación con ese anhelado origen en un nuevo tiempo, para aplicarlo sobre otro, es decir, el compendio del pasado, el presente y el futuro, estableciendo, de esta manera un nuevo orden temporal, a la vez perpetuo como inexistente. Esta concepción del tiempo paradójica es la que el autor propone como marco necesario para conseguir dicha meta, de ahí que la imaginación adquiera un rol principal en las consideraciones de Paz sobre las posibilidades de expresión humanas, y eso, se refleje en sus composiciones:
¡Eralabán, sílabas arrojadas al aire una tarde[…] Allá el lenguaje consiste en la producción de objetos hermosos y transparentes y la conversación es un intercambio de regalos, [….], un insólito brotar de imágenes que cristalizan en actos […]Idioma de vocales (Paz, 1998:276).
Sin embargo, este éxtasis alcanzado en algunos poemas se deslíe en otros, muestra clara de que se da, por parte del autor, una revisión sin descanso a esta problemática, pues no logra una solución que le satisfaga.
Lo dicho no es esto o aquello que callamos, tampoco es ni-esto-ni-aquello: no es el árbol que digo que veo sino la sensación que siento al sentir lo que veo en el momento en que voy a decir lo que veo […] el árbol no es árbol, tampoco es una sensación de árbol: es la sensación de la percepción de árbol que se disipa en el momento mismo de la percepción de la sensación de árbol[3] (Paz, 1974:50).
Paz introduce en esta reflexión la presencia de un tú que es a la vez incluyente de él y apelativo al lector, es decir, dialoga consigo mismo a la vez que capta la atención de un tercero, consiguiendo un efecto doblemente eficaz:
Si no lo sabías, ahora ya lo sabes: todo está hueco; y a penas digo todo-está-hueco, siento que caigo en la trampa: si todo está hueco, también está hueco el todo-está-hueco […] las cosas se mueren sobre esta página (Paz, 1974:51).
Es imperioso apuntar estas claves, para tratar de comprender desde dónde se parte al intentar esbozar algún comentario de los poemas de Octavio Paz. Acorde con las reflexiones del autor y atendiendo sus advertencias sobre la palabra, esa entidad tan plural como imprecisa, es posible, ahora, postular distintas lecturas en cada composición, que se esconden revestidas por la fuerza de la metáfora. De este modo, es viable aproximarse a un sentido conjunto, no total, pues nunca puede serlo debido a las restricciones ya comentadas, que permitirá dilucidar, un punto al menos, la agónica sensación de imposibilidad que el poeta quiere transmitir. Así pues, en esa misma línea, no se pretende explicar, ni siquiera clarificar sino inducir, a través de conjeturas, a una lectura que instigue la reflexión.
“La poesía” se incluye dentro de la sección de Calamidades y milagros [1937-1947] recogido en el poemario Libertad bajo palabra[4]. Apareció por primera vez publicado en 1941 en Letras de México, tomo III y posteriormente se recogió en 1942 en el artículo “Narciso. Poéticas Mexicanas modernas” en la revista Tierra Nueva.[5]
[1] Esta misma idea se encuentra en poetas como Juan Ramón Jiménez: “La poesía es un intento de aproximación a lo absoluto por medio de los símbolos” (Jiménez, 1998:80).
[2] “Pero poesía y magia tienen por lo menos un elemento en común: la analogía. El poeta encanta el lenguaje por medio del ritmo” (Xirau, 1993:92).
[3]Obsérvese algunos de los métodos escriturarios de las vanguardias utilizados en este fragmento por parte de Paz, hecho que incide en las restricciones del lenguaje.
[4] Acerca de las diferentes ediciones, revisiones y enmiendas de este texto se recomienda el estudio introductorio de Enrico Mario Santí en la editorial Cátedra. El poema se incluye en el anexo, p.10.
[5] Véase imagen en el anexo, p.9.



