Título: Óxidos de identidad. Memoria
y juventud rural en el sur de Chile Autor: Yanko González
Director: Verena Stolcke – Carles Feixa (UdL)
El objetivo fundamental de este trabajo es dar cuenta y resolver,
tanto a nivel teórico como empírico, los problemas
constitutivos de la juventud como construcción cultural
en el mundo rural del sur chileno, teniendo como referente
el desarrollo del sujeto juvenil como actor social en el contexto
nacional y latinoamericano.
La primera parte de la tesis aborda el estado del arte del
problema donde se inscribe esta investigación: aquellas
identidades juveniles “invisibles” y “emergentes”,
que actualmente se manifiestan en las juventudes rurales.
Esta sección analiza el transcurso histórico
de las identidades juveniles en Chile, ordenando este proceso
desde el “privilegio” de ser joven -elites y mesocracias
masculinas ilustradas-, hasta los actores omitidos –juventudes
rurales y urbano populares-. Para ello se recurre a aportes
teóricos de la llamada “nueva historia”
y las teorías generacionales. La segunda parte de esta
investigación, se focaliza en las juventudes rurales.
Se discuten algunas obras de historia rural y regional, puntualizando
los antecedentes que permiten distinguir las transformaciones
que ha atravesado el mundo rural y sus habitantes como sujetos
de un espacio distintivo. Finalmente se propone una reelaboración
conceptual sobre identidad juvenil con el objetivo de contribuir
a resolver los vacíos que enfrentan las teorías
en la producción de conocimiento sobre el colectivo
juvenil rural. Aquí se propone y desarrolla el concepto
de identidad juvenil como un continuum. Esta segunda
parte se cierra con las estrategias teóricas y metodológicas
desde donde fue construido el estudio etnográfico:
Historias de Vida.
La tercera parte de esta tesis desarrolla el resultado de
mi trabajo de campo en el Distrito rural costero de Chaihuín
en el sur de Chile. Allí se exploran las diversas constituciones
identitarias juveniles en tres generaciones: 1935-1960; 1961-1989
y 1990-2003. Los resultados de la investigación permitieron
concluir, entre otros aspectos, que hasta mediados del siglo
XX predomina un tipo de adscripción juvenil contrastante
con el mundo urbano en la medida que el marcador biológico
(edad) perfila a un actor con escasa diferenciación
con respecto al conjunto de la comunidad. La soltería
es el marcador que sintetiza dicha condición: el estrecho
intervalo que media entre la dependencia y la independencia
a la unidad doméstica y el colectivo social mayor.
La urgencia por incorporarse como agentes productivos y el
obligado retraso de la emancipación familiar (en el
caso de los varones, por una norma consuetudinaria, la llamada
“ley de los 25” [años]), los compele a
comprimir el tiempo de soltería y casarse velozmente.
En la segunda generación estudiada, las transformaciones
de tipo productivo (labores de pesca y recolección
de mariscos); la mayor oferta educativa y la modernización
de la sociedad urbana, desencadenarán una alteración
en la soltería, reconvirtiéndola en una adscripción
juvenil con una densidad biográfica mayor. El surgimiento
del “pololeo” [noviazgo informal] es un dispositivo
que ayuda a prolongar la soltería de esta generación,
juvenilizándola pero, a su vez, abrevia esta
juvenilización, por la mayor permisividad
sexual que trae aparejado el pololeo, el que desemboca en
una descendencia a sustentar. Las mujeres arribarán
a esta “breve juventud” debido a la migración
laboral (servicio doméstico). El pololeo –como
constructo cultural urbano-, y muchos bienes simbólicos
de un mercado juvenil emergente (moda, música y revistas
juveniles), serán apropiados y transmitidos por ellas
a los varones. No obstante, la juvenilización
de las muchachas será un proceso abortado debido a
que al regresar a la comunidad de origen, el prototipo identitario
“joven y mujer” tendrá una precaria existencia.
La última generación estudiada es la que presenta
el más alto grado de adscripción identitaria
juvenil. Entre otros aspectos, este fenómeno se manifiesta
en el consumo y apropiación de la música, la
que juega un papel capital como elaborador y aglutinador identitario.
Así, desde fines de la década de los 90’
comienzan a surgir lo que denomino “protoculturas juveniles”,
muchachos unidos en torno a la música y estilo de la
cumbia sound (llamados “cumbiancheros”)
y el heavy metal (llamados “metaleros”),
que se han convertido en los agentes estructurados y estructurantes
de las alteraciones en el mundo rural del sur chileno.
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