Tesis - maig 2005  Número 2

Título: Óxidos de identidad. Memoria y juventud rural en el sur de Chile

Autor: Yanko González

Director: Verena Stolcke – Carles Feixa (UdL)

El objetivo fundamental de este trabajo es dar cuenta y resolver, tanto a nivel teórico como empírico, los problemas constitutivos de la juventud como construcción cultural en el mundo rural del sur chileno, teniendo como referente el desarrollo del sujeto juvenil como actor social en el contexto nacional y latinoamericano.

La primera parte de la tesis aborda el estado del arte del problema donde se inscribe esta investigación: aquellas identidades juveniles “invisibles” y “emergentes”, que actualmente se manifiestan en las juventudes rurales. Esta sección analiza el transcurso histórico de las identidades juveniles en Chile, ordenando este proceso desde el “privilegio” de ser joven -elites y mesocracias masculinas ilustradas-, hasta los actores omitidos –juventudes rurales y urbano populares-. Para ello se recurre a aportes teóricos de la llamada “nueva historia” y las teorías generacionales. La segunda parte de esta investigación, se focaliza en las juventudes rurales. Se discuten algunas obras de historia rural y regional, puntualizando los antecedentes que permiten distinguir las transformaciones que ha atravesado el mundo rural y sus habitantes como sujetos de un espacio distintivo. Finalmente se propone una reelaboración conceptual sobre identidad juvenil con el objetivo de contribuir a resolver los vacíos que enfrentan las teorías en la producción de conocimiento sobre el colectivo juvenil rural. Aquí se propone y desarrolla el concepto de identidad juvenil como un continuum. Esta segunda parte se cierra con las estrategias teóricas y metodológicas desde donde fue construido el estudio etnográfico: Historias de Vida.

La tercera parte de esta tesis desarrolla el resultado de mi trabajo de campo en el Distrito rural costero de Chaihuín en el sur de Chile. Allí se exploran las diversas constituciones identitarias juveniles en tres generaciones: 1935-1960; 1961-1989 y 1990-2003. Los resultados de la investigación permitieron concluir, entre otros aspectos, que hasta mediados del siglo XX predomina un tipo de adscripción juvenil contrastante con el mundo urbano en la medida que el marcador biológico (edad) perfila a un actor con escasa diferenciación con respecto al conjunto de la comunidad. La soltería es el marcador que sintetiza dicha condición: el estrecho intervalo que media entre la dependencia y la independencia a la unidad doméstica y el colectivo social mayor. La urgencia por incorporarse como agentes productivos y el obligado retraso de la emancipación familiar (en el caso de los varones, por una norma consuetudinaria, la llamada “ley de los 25” [años]), los compele a comprimir el tiempo de soltería y casarse velozmente. En la segunda generación estudiada, las transformaciones de tipo productivo (labores de pesca y recolección de mariscos); la mayor oferta educativa y la modernización de la sociedad urbana, desencadenarán una alteración en la soltería, reconvirtiéndola en una adscripción juvenil con una densidad biográfica mayor. El surgimiento del “pololeo” [noviazgo informal] es un dispositivo que ayuda a prolongar la soltería de esta generación, juvenilizándola pero, a su vez, abrevia esta juvenilización, por la mayor permisividad sexual que trae aparejado el pololeo, el que desemboca en una descendencia a sustentar. Las mujeres arribarán a esta “breve juventud” debido a la migración laboral (servicio doméstico). El pololeo –como constructo cultural urbano-, y muchos bienes simbólicos de un mercado juvenil emergente (moda, música y revistas juveniles), serán apropiados y transmitidos por ellas a los varones. No obstante, la juvenilización de las muchachas será un proceso abortado debido a que al regresar a la comunidad de origen, el prototipo identitario “joven y mujer” tendrá una precaria existencia. La última generación estudiada es la que presenta el más alto grado de adscripción identitaria juvenil. Entre otros aspectos, este fenómeno se manifiesta en el consumo y apropiación de la música, la que juega un papel capital como elaborador y aglutinador identitario. Así, desde fines de la década de los 90’ comienzan a surgir lo que denomino “protoculturas juveniles”, muchachos unidos en torno a la música y estilo de la cumbia sound (llamados “cumbiancheros”) y el heavy metal (llamados “metaleros”), que se han convertido en los agentes estructurados y estructurantes de las alteraciones en el mundo rural del sur chileno.

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