| Resumen: |
La historia, al menos la tradicional, es claramente impersonal. La poesía, por el contrario, es plenamente íntima y personal. El comic permite transportar la historia impersonal al ámbito de lo íntimo. Así, alimenta imaginarios que después pueden redirigirse hacia lo real. Del mismo modo, la estética, con su consecuente placer, y la relectura permiten una distancia que el afán explicativo i concreto de la historia tradicional no siempre acoge. El comic reconstruye, la historia sólo describe. El placer visual y empático de la lectura del cómic redirige el aprendizaje hacia el cuerpo, lo que lo vuelve mucho más potente, más interesante, creativo, estable y sólido, y mucho más integrado. Como docentes, es responsabilidad nuestra establecer herramientas didácticas que, en lo tocante al conocimiento del pasado, permitan a quien estudia historia a enfrentarse a uno mismo, a conectar con las personas en su entorno, y a replantearse su lugar en el mundo, y su relación con ese mundo para, en lo posible, modificarlo y dirigirlo hacia un futuro deseable. La forma tradicional y factual del aprendizaje de la historia en modo alguno forman en estas cuestiones. Y es aquí, entonces, donde el cómic se vuelve claramente una herramienta fácil, compleja y de interés para la concreción de una didáctica rica, y basada en quién aprende más que en quien enseña. Otra historia es posible para construir otro mundo posible. |