En un espacio donde la literatura es esencialmente oral y acompañada a menudo de música y danzas, el prestigio de la escritura en francés permanece paradójicamente intacto. Cuentos, proverbios y relatos breves (Contes des îles de la lune de Abdallah Said, 1995) son géneros muy populares. Las ficciones se centran en Comores y en sus problemas sociales, políticos y económicos: la pobreza, la violencia familiar, la obsesión por la virginidad, etc. En 1985 aparece la primera ficción comorense firmada por Nassur Attoumani: La République des imberbes. Otras dos novelas de Abdou S. Baco, Brûlante est ma terre (1991) y Dans un cri silencieux (1993), así como Un coin de voile sur les Comores, de Hamza Soilhaboud (1994), son también protagonizadas por jóvenes que intentan encontrar su lugar en medio de una historia convulsa. La última presenta a un grupo de adolescentes que busca recobrar la pureza original de la época lejana en que la isla estaba habitada por los yinn (que vivían, según la leyenda, dentro del tronco de los árboles) dedicándose a su país, arrasado por la violencia y a la represión política. En los primeros textos abundan las descripciones de tipo etnográfico y las escenas típicas de la vida cotidiana: ceremonias, reunión de personalidades, escuela coránica, ritos de nacimiento, etc. La preocupación de los autores es a la vez documental y pedagógica; buscan dar a conocer las peculiaridades de la sociedad comorense a un público fundamentalmente extranjero. La tradición invade el discurso literario y se somete a debate. La palabra ritual, propia de las sociedades orales, aparece abundantemente representada en el texto: el manejo de los códigos propios de esa palabra tradicional traduce la pertenencia del narrador a la sociedad comorense, lo que autoriza al escritor a criticar su sociedad desde dentro, a denunciar el inmovilismo político y la autoridad de la religión. Nassur Attoumani, que se autodefine como un “empleado de la limpieza cultural”, aborda con un estilo satírico e iconoclasta todos los tabúes de Comores, incluida la esclavitud. En Nerf de bœuf (2001), un esclavo capturado en África para trabajar en una plantación de Mayotte huye junto a sus dos compañeros, un malgache y un indio, y declara que es extranjero a una tierra que los esclaviza. Attoumani denuncia igualmente el deber de sumisión impuesto a las mujeres o el sistema de enseñanza del Corán, basado en la memorización. En Le Calvaire des baobabs (2000), el autor ridiculiza la superstición de quienes rechazan la ciencia racional pero acuden a hechiceros, brujos y yinns cuando piensan que la religión musulmana no les ayuda. La historia de Comores, sobre la cual se conservan pocos escritos, ninguno anterior a 1800 en el caso de Mayotte, es especialmente permeable a la circulación de discursos más preocupados por la mitificación del pasado y por intereses personales (magnificando, por ejemplo, los orígenes de un linaje dinástico en detrimento de otro), que por el estudio de los hechos. Aunque las cuestiones políticas reciban un tratamiento diferente según se trate de autores de Mayotte o de Comores, la literatura plantea de manera general la difícil relación de estas islas con una historia violenta (práctica de la esclavitud por parte del sultanado, guerras intestinas, colaboración con el poder colonial). Los personajes de las ficciones de Salim Hatubou (Contes de ma grand-mère, 1994 ; Le sang de l’obéissance, 1996 ; L’odeur du béton, 1998; Les démons de l’aube, 2006) no dudan en señalar los pactos entre franceses y notables de Mayotte o en oponerse a los matrimonios de conveniencia. Además de denunciar los usos perversos de la tradición y la aculturación, Hatoubou defiende la nación comorense y señala como anacrónica la apropiación francesa de Mayotte. Este autor, que practica también la escritura cinematográfica y el cómic, es el creador de la editorial Encres du Sud en Marsella, donde vive un importante contingente de inmigrantes comorenses. Abdou Salam Baco se indigna en Dans un cri silencieux (1993) contra el falseamiento de la historia y el silenciamiento de la aportación africana al mestizaje cultural comorense por parte de quienes representan el saber. Muchos autores, sobre todo poetas, permanecen inéditos o publican sus obras en la prensa local con alguna excepción como Saindoune Ben Ali (Testaments de transhumance, 1996).
En la década de los noventa, los estudios socio-políticos ocupan un lugar importante de la producción escrita: Le Pouvoir de l’honneur (Sultan Chouzou, 1994), Comores, les nouveaux mercenaires (Pascal Perri, 1994), Faisons de l’histoire à Mayotte (Moussa Attoumani y Jean-François Gourmet, 1995). Una serie de autores dramáticos irrumpen con fuerza alejándose de la deriva etnográfica de sus predecesores para hacer de la literatura un espacio contra-discursivo que intenta colmar los silencios de la memoria insular y denunciar la confiscación de la historia por parte de los discursos oficiales.
Con una vehemencia mayor a la de Attoumani en La Fille du polygame (1992), Patrice Ahmed Abdallah (Le Notable répudié, 2002) acusa a la clase dominante de todos los vicios, mientras que Alain-Kamal Martial (La rupture de chair, 2001) reprocha al poder musulmán el silenciamiento de la herencia africana y de la esclavitud a la que fueron sometidos los bantúes y condena el papel histórico de Andriantsouli. Soeuf Elbadawi, iniciador con Jean-Luc Raharimanana del proyecto literario Dernières nouvelles de la Françafrique (2003), regresa a Comores después de haber trabajado en Francia como crítico cultural y de arte. Autor de poemas, relatos y teatro, desarrolla un proyecto literario marcado por el compromiso en Moroni, donde dirige su propia compañía de teatro (OMcezo). Nassuf Djailani aparece en la escena literaria con Une saison aux Comores (2005), cuyos relatos breves quieren ser un revulsivo “contra la amnesia que roe las memorias de los pueblos dominados”, y con un libro de poemas (Roucoulement, 2006). Desde Mayotte, Djailani propone una escritura “afónica” que combina silencios con restos de sonidos, palabras e historias. Aunque Salim Hatubou señala las consecuencias negativas de la balcanización (Hamouro, 2005), las relaciones entre las diversas islas siguen estando ausentes del panorama literario a pesar de la importancia histórica de la circulación y del mestizaje entre estos espacios (Ranaivoson, 2008). A imagen de un archipiélago dividido por los cadáveres de los kwassa-kwassa, precarias embarcaciones de inmigrantes clandestinos que abandonan las Comores para alcanzar la costa de Mayotte, el texto se convierte en caja de resonancia fúnebre del mutismo insular.
En 2000 ve la luz en Moroni la primera editorial comorense, KomÉdit, con distribución en las otras islas del archipiélago, La Reunión y París, que abre paso a nuevos autores : Mohamed Chammousidine, Nacira Nahouza, Nassuf Djailani, etc. Al igual que Encres du Sud, su homólogo marsellés, KomÉdit no se limita a publicar autores comorenses (1). El precio de los libros y las deficiencias del sistema educativo, muy diversificado, siguen planteando un obstáculo a la generalización de la lectura.
(1) Señalemos también Les éditions du Baobab en Mayotte.


