El surgimiento de la literatura malgache moderna es inseparable de la colonización (1896-1960). Los misioneros protestantes ingleses emprenden, paralelamente a su labor proselitista, la elaboración de una ortografía malgache. Radama I acaba adoptando el alfabeto latino en 1823 con el fin de hacer de la escritura un instrumento de gobierno eficaz.
Los misioneros utilizan la lengua con fines propagandísticos, tanto políticos como religiosos, traduciendo la Biblia en malgache (1833) y difundiendo una producción considerable de textos científicos, didácticos, escolares y de lectura, además de los religiosos. La pasión malgache por el canto llevó también a los misioneros a componer cánticos en malgache a partir de conocidas partituras religiosas inglesas. Después de su expulsión, bajo el reinado de Ranavalona I, los cristianos siguieron reuniéndose de manera clandestina para rezar y cantar, desarrollando composiciones poéticas propias. En estas composiciones, mayoritariamente anónimas, se subrayan la fe en la vida eterna y la confianza en Dios para poder superar las duras pruebas de la existencia. Al finalizar el reino de Ranavalona I en 1861, el país abre de nuevo sus puertas a los misioneros. Las congregaciones protestantes, luteranas, anglicanas y católicas editan volúmenes de cánticos religiosos y, bajo el impulso de los misioneros protestantes, adaptan la métrica europea a los cantos malgaches. Se instaura la Sekolin’ ny efapolo lahy, escuela que formaba a pastores y administrativos, y las revistas asisten a los pastores en su labor proporcionándoles modelos de sermones. La separación entre la iglesia y el estado que conllevó la colonización debilitó la fuerza de la primera, que tuvo que poner a prueba su inventiva para encontrar otras vías de ganar fieles. Cuando Victor Augagneur sustituye a Gallieni en 1905, la separación entre la iglesia y un estado laico y librepensador que posee su propia tribuna en la prensa se convierte en rivalidad. Con la aparición del diario Basivava (El charlatán) en 1906, surge un círculo literario de poetas ávidos de novedades y de progreso. Uno de ellos, Rainizanabololona, conocido como Júpiter, modifica algunos aspectos de la métrica establecida por los misioneros en un intento por acercarla más a la sonoridad y al ritmo de la lengua malgache. Los autores cristianos encuentran en el relato breve un instrumento aún más eficaz que los artículos de reflexión, que corrían el riesgo de ser censurados si eran demasiado explícitos. Siguiendo el modelo del célebre Pilgrim’s Progress de John Bunyan, anteriormente traducido al malgache, estos relatos narran el combate del cristiano contra el pecado y, sobre todo, la destrucción que conllevan los vicios y el librepensamiento. Los partidarios de este último contraatacan en el diario Masoandro (Sol) proponiendo, en un estilo más directo, historias que atraían a los lectores hacia las realidades del mundo y del amor.
En 1916, después del proceso contra el movimiento patriótico Vi Vato Sakelika que condena a la deportación a escritores de prestigio y cierra buena parte de los periódicos, la literatura parece entrar en un período de letargo que dura hasta 1922, cuando un armisticio hace posible el regreso de los artistas en el exilio. Aparecen periódicos (Tsarahafatra o Sakafon-tsaina) que ceden sus páginas a nuevas voces como las de Jean-Joseph Rabearivelo, Samuel Ratany, Jean Narivony o Rafanoharana. Abandonando toda preocupación política o religiosa, los autores adoptan una postura nostálgica y pesimista para evocar el sufrimiento físico y moral del hombre. Los impuestos coloniales, los trabajos forzados, las expropiaciones o las epidemias dan forma a una reflexión sobre la miseria de la condición humana que también aparece en los relatos, donde son temas dominantes la muerte y la fatalidad del destino. La nostalgia del pasado (Embona sy hanina ny lasa) y el fracaso sobre los que escriben los poetas que habían regresado del exilio es abordada de modo diferente por los más jóvenes quienes, influenciados por los poetas románticos franceses, evocan un sentimiento inexplicable procedente del contacto con la naturaleza.
Durante los años treinta, la defensa de la soberanía nacional y de los valores ancestrales dio paso a la supresión de los trabajos forzados y de la censura en la prensa así como a la creación de sindicatos. Mientras que las escuelas católicas se inclinan por un modelo de enseñanza de tipo francés, las protestantes se convierten en bastión del nacionalismo malgache. Es la época del hytady ny very (en busca de los valores perdidos): desde el diario Fandrosoambaovao (El nuevo progreso), un grupo de críticos y de autores se reúnen para recuperar los valores culturales del pasado y defender la lengua y la literatura malgaches. Diversos periódicos se hacen eco de este esfuerzo dedicando sus páginas a cuestiones lingüísticas, organizando concursos de kabary y multiplicando las recomendaciones a los jóvenes autores para que combinen los discursos poéticos tradicionales con las aportaciones de la poesía extranjera. La prensa ofrece traducciones al malgache de poemas europeos clásicos con el fin de mostrar que un buen dominio de la lengua malgache permite expresar sentimientos universales. Liberada de las exigencias de la métrica, la poesía malgache moderna cobra un nuevo vigor.
La literatura malgache en francés busca la obtención de un reconocimiento exterior sin renunciar a encontrar una expresión propiamente malgache. J
ean-Joseph Rabearivelo (1901-1937) nace con la colonización y comparte con otros intelectuales malgaches el sentimiento de indignación que provoca el expolio material y cultural. Su voluntad de abrirse al mundo le llevó a aprender varias lenguas extranjeras y a mantener correspondencia con escritores de todo el mundo. Pero la administración francesa vio en él a un malgache educado a la europea cuya amistad con destacados nacionalistas producía desconfianza; ello truncó sus deseos de viajar a Francia para dar a conocer su obra con motivo de la Exposición universal de 1937. Con excepción de un reducido grupo de amigos, tampoco encontró Rabearivelo el apoyo que necesitaba en el ambiente artístico de Tananarivo donde era considerado como un aliado de los franceses. Este doble rechazo contribuye a hacer de su vida una sucesión de crisis sentimentales, morales y artísticas en medio de acuciantes problemas materiales. Después de una primera etapa de aculturación voluntaria en la que el poeta se impregna de poesía romántica y simbolista apropiándose de manera bulímica de la lengua y de la literatura del colonizador -La coupe de cendres (1924), Sylves (1927) y Volumes (1928)- Rabearivelo impone un giro a su creación rompiendo con la métrica clásica y la poesía francesa del XIX. La composición en versos libres le lleva a reinventar en los años treinta una expresión poética muy metafórica que quiere ser propiamente malgache. El autor practica simultáneamente la escritura poética en malgache y en francés.
Presque-songes (1934) y Traduit de la nuit (1935) son el resultado de este trabajo. La combinación de imágenes oníricas con elementos tomados de la naturaleza y de la vida cotidiana confluye en la creación de una voz poética muy personal en la que se entrelazan dos lenguas y dos culturas. Su reivindicación de las formas poéticas orales, sobre todo del hainteny, le lleva a publicar un conjunto de canciones colectivas (Vieilles chansons des pays d’Imerina). Rabearivelo es también autor de dos novelas de corte histórico ambientadas en el siglo XIX: L’aube rouge (1925) y L’interférence (1928). Este último título es revelador de los efectos desastrosos que tuvo para el poeta el sentimiento de traicionar tanto sus orígenes malgaches como su formación francesa. Su muerte voluntaria, cuidadosamente puesta en escena, traduce la imposibilidad de conciliar estas dos culturas. Tuvieron que pasar veinte años para que volviera a leerse su obra en Madagascar a raíz de la publicación, en 1957, de Lova. Con la Independencia, en 1960, llega la consagración del poeta y la reedición de dos de sus obras fundamentales. Rabearivelo, de quien se edita y traduce sobre todo la obra poética en francés, se ha convertido en el poeta nacional malgache de mayor resonancia internacional.
Flavien Ranaivo (1914-1999) descubre su propia cultura a través de la reinvención del hainteny que Jean Paulhan realizó para el público francés e intenta restituir en francés la sofisticación retórica y el carácter enigmático de estas composiciones poéticas. El trabajo retórico y el dominio de las posibilidades expresivas de la lengua del autor de L’ombre et le vent (1947), Mes chansons de toujours (1955) y Retour au bercail (1963) son notables. Sin embargo, Ranaivo privilegia excesivamente el sentido primero o aparente del hainteny, esto es, el amoroso, reduciendo de algún modo el alcance original de este género polisémico.
El tercer gran nombre de la poesía malgache en francés es Jacques Rabemananjara (1913-2005). Cercano a los poetas de la négritude y cofundador de Présence africaine y del MDRM, Rabemananjara es elegido diputado en 1946 y hecho prisionero en 1947 por haber participado en la insurrección. Sus mejores poemas los escribe en la prisión. De regreso a Madagascar en 1960, participa en el gobierno de Tsiranana y en la vida política de su país hasta los años noventa. La poesía de Rabemananjara es la expresión privilegiada de una alianza entre lirismo y política -en Antidote (1961) condena duramente a los colonizadores- que rechaza el preciosismo. Poeta comprometido con la resistencia de los pueblos colonizados, Jacques Rabemananjara es conocido principalmente por su largo poema Antsa (1948), que escribe desde la prisión después de saber que iba a ser fusilado. Antes de ser amnistiado en 1956, escribe otro poema en la prisión de Nosy Lava: Lamba, nombre de la túnica tradicional malgache y signo de identidad de una isla cuya topografía adopta en su poesía la forma de un cuerpo de mujer. Rabemananjara es también autor de obras de teatro en verso inspiradas en la historia y en las leyendas de Madagascar (Dieux malgaches, 1947; Agapes des Dieux, 1962).
Con la independencia, la expresión literaria de la malgachidad se convierte en prioridad y autores como Elie Rajoanarison abandonan el francés por el malgache, convencidos de que la calidad de una obra no debería depender del prestigio de la lengua escogida.
Dox (1918-1978), el más prolífico de los poetas malgaches además de músico, hombre de teatro y gran promotor de la lengua de su país, elabora una obra escrita principalmente en malgache. Sus composiciones poéticas en francés están recogidas en Champs capricorniens (1991). Estas reivindicaciones no conllevan necesariamente la desaparición automática de los patrones de escritura coloniales y dan lugar a la celebración de un nacionalismo idealizado. En Au seuil de la terre promise (1965), Robinary propone un viaje iniciático hacia el alma malgache en el que se mezclan ficción, memorias y poesía y que es también una lectura particular de la Historia. Algunos autores se desvían de estas temáticas, como Richard Raherivelo en Aux portes de la nuit (1966), obra poética de carácter marcadamente intimista. En los años ochenta muchos poetas siguen la estela de la Negritud, como Jacques Rabemananjara, quien condena a los nuevos profanadores de la isla en Thrènes d’avant l’aurore (1985), mientras que otros se refugian en el exotismo para cantar la belleza paradisíaca del paisaje. Las tendencias se diversifican. David Jaomanoro (Quatram’s [sin techo] j’aime ça), Raharimanana (Poèmes crématoires) o Jean-Claude Fota (Cris d’île) exploran nuevas vías de expresión poética recurriendo a menudo a imágenes violentas que expresan tanto la miseria como el sentimiento amoroso. Esther Nirina practica una escritura poética densa y sobria en Silencieuse respiration (1975), Simple voyelle (1980), Lente spirale (1990) y Rien que lune (1998). Por su parte, Hery Mahavanona dedica su obra poética a la región Tanala (sudeste del país) de donde es originario (Urgence d’écriture pour l’émergence annoncée du mont Ikongo, 1999; Lumière océane du petit matin, 2004; Cauchemar de chlorophylle, 2008).
En esta sociedad de literatura oral, la narrativa goza de una representación menor que la poesía. Escrita en 1928, aunque editada en 1987, L’interférence de Rabearivelo recrea la decadencia de la realeza y la conquista colonial ofreciendo una visión crítica de ambos. También de corte histórico, Sous le signe de Rasaizy (1956) se sitúa en la época precolonial y Au seuil de la terre promise (1965), en plena colonización.
Robinary se sirve del marco histórico para desarrollar una intriga amorosa, en el segundo caso entre un europeo y una joven malgache. Las historias protagonizadas por animales de Contes et légendes de Madagascar de Rabearison recrean un universo maravilloso. El mismo autor adopta una escritura realista en Les voleurs de boeufs (1965) para condenar el robo de bueyes. La simbiosis entre los valores ancestrales y los cristianos puede apreciarse en estas novelas, especialmente en Ma gracieuse disgrâce (1972), donde Rabearison narra la historia de un gobernador que cae en desgracia bajo el mando de Tsiranana insistiendo en la resignación y la aceptación del destino. Por su parte, Pelandrova Dréo propone una evocación de tipo etnográfico de la vida de los Antandroy en Pelandrova, su única novela (1976).
La preferencia por el relato corto es indudable, siendo la marginación y la exclusión urbanas uno de los temas privilegiados: Tsilavina Ralaidimby (Pitiny), Bao Ralambo (Blastomycose, Une fleur pourpre), Jean-Claude Fota (Radevil ou la damnation, L’escale). David Jaomanoro (L’appel de la nuit, Une belle victoire), Jean-Luc Raharimanana (L’enfant riche) o Liliane Ramarasoa (La journée d’un caïd) narran la lucha por la supervivencia de los niños de la calle. Con excepción de algunos textos que oponen la degradación de la ciudad al espacio tradicional rural (L’épingle de sûreté, de Jean-Claude Fota), predominan los autores que presentan a este último de un modo más problemático (Le retour de Étienne Mandahatra; Grand-Mère, de Christiane Ramanantosa). Michèle Rakotoson y Élise Ravoson abordan la degradación del fihavanana (principio de solidaridad entre los miembros de la comunidad): la primera refiere en tercera persona el monólogo interior de un campesino refugiado en una iglesia después de una inundación (La complainte d’un naufrage); la segunda narra otra inundación provocada por el derrumbe de una presa hidráulica mal construida a causa de la corrupción (Eau la vie Eau la mort). La escritura, bastante tradicional en general, se vuelve en ocasiones discontinua y enigmática para transmitir el caos interno y externo de una sociedad dislocada.
La insularidad sigue siendo el denominador común de estos autores. Los textos se construyen a partir de un centro mítico, la isla, que parece haber roto toda relación con el exterior y desde la que el andafy (más allá del mar) y la reflexión sobre la alteridad resultan problemáticas: todo lo que no es el Sí-mismo, ese centro desde el que emana el discurso, constituye un elemento de discordia. Así, muchos textos ponen más el acento en las perspectivas futuras que en las causas que han llevado al país al actual estado de postración, mostrando la voluntad de salir adelante a pesar de los problemas, aunque también la dificultad de enfrentarse con el pasado y con la memoria. Aunque autores como Charlotte- Rafenomanjato (Le Pétale écarlate, 1985) ofrezcan una visión más optimista del encuentro entre modernidad y tradición, la proverbial calma y dulzura de los malgaches choca con la violencia extrema que atraviesa buena parte de la literatura en francés de la isla, desde David Jaomanoro en Funérailles d’un cochon (1994) hasta Jean-Luc Raharimanana pasando por Chronique d’une saison carcérale en Lémurie de R. William Rabemananjara (1990). Michèle Rakotoson evoca una infancia marcada por la figura del abuelo, Dadabé, en el relato del mismo nombre (1984). El recorrido de diferentes partes de la isla que llevan a cabo los personajes de sus novelas se transforma en un viaje iniciático hacia los orígenes de un país en descomposición en Le bain des reliques (1988). La destrucción de los pilares de la sociedad tradicional (la novela muestra a unos campesinos inhumanos que han olvidado el principio de solidaridad o fihavanana), la miseria y la corrupción política son los desencadenantes del viaje que se traduce en una búsqueda de sentido a la existencia: Henoÿ. Fragments en écorce (1998) narra el periplo de Tiana en busca de su esposa desaparecida que le lleva a confrontarse con los lugares de infancia y con los fantasmas del pasado, mientras que Lalana (2002) despliega la lenta agonía de un joven enfermo de sida y de su amigo durante su recorrido a través del interior de la isla.
Jean-Luc Raharimanana (1967-) es quien va más lejos en la desintegración de la sintaxis y de la continuidad narrativa haciendo de la violencia un principio poético que huye de la gratuidad y del miserabilismo. Tortura, violación, asesinato coexisten en la escritura delirante de este último. El autor malgache contemporáneo más reconocido y premiado de la actualidad vive en Francia desde hace más de veinte años donde ha iniciado proyectos como Dernières nouvelles de la Françafrique (2003) y Dernières nouvelles du colonialisme (2006).
Su voluntad es devolver la vida a través de la escritura a las víctimas silenciosas de la historia de su país para ofrecerles una sepultura de palabras que no traicione el ritmo y la expresión propias de la oralidad malgache. En Lucarne (1996), un lenguaje poético exigente predomina sobre tramas apenas esbozadas en las que centellean imágenes crueles como la de una madre que abre el vientre de su hijo muerto para depositar droga o la de un niño que se ha tragado cien francos malgaches para que no se los roben y que recibe por ello una tremenda paliza. Rêves sous le linceul (1998) prosigue la exploración sin concesiones de la indigencia extrema y la anomia más brutal por medio de una sintaxis rota y un léxico cuya crudeza desafía todos los tabúes. Así como en Madagascar girar el cuerpo de los muertos en los rituales funerarios forma parte de la veneración a los antepasados -cuya influencia en la vida de sus familiares puede ser muy poderosa-, Raharimanana les da la vuelta a las palabras, a los acentos y a las voces desde el convencimiento del poder del lenguaje. En su trabajo literario, poética y política son una misma cosa. El narrador anónimo de Nour, 1947 (2001) es el único superviviente de un grupo de rebeldes que llega a Ambahy, islote desierto de la costa este, transportando el cadáver descompuesto de su mujer. En el trabajo de memoria que lleva a cabo este personaje, donde se mezclan historia y leyenda, pasado y presente, se dan cita recuerdos personales, relatos de sus compañeros de armas, manuscritos, rumores. El autor no hace concesiones al lector en un texto cuyo hermetismo requiere un conocimiento profundo de la tradición malgache. Za (2008) es el título donde el autor va más lejos en su proyecto de crear una lengua propia. El personaje-narrador del mismo nombre, cuyo hijo aparece muerto en un barrio pobre de la capital, expresa, desde la locura y transformando la lengua hasta volverla irreconocible, todo el horror de su pobre existencia de desheredado. El teatro de Raharimana constituye un espacio donde se articulan la denuncia del abuso de poder, de la manipulación en nombre de la tradición, de la radicalización de las desigualdades sociales y la expresión violenta de la alienación que todo ello genera: en Le Prophète et le Président (1989) dos locos asesinan a los vigilantes de un psiquiátrico y liberan a sus compañeros para someterlos a su dominio. Las presiones del Ministerio de Cultura y del gobierno malgache llevaron a la Alianza francesa a prohibir su representación para impedir un incidente diplomático. En los últimos montajes, el autor parece alejarse del hermetismo para lograr un mayor impacto político. Las puestas en escena de Thierry Bédard de Madagascar 47 (2007) y de Les cauchemards du gecko (2010) van en esta dirección. En el primer caso, el autor vuelve sobre la insurrección de 1947, abordada anteriormente en Rêves sous le linceul y Nour, 1947 ; en el segundo, abandona el espacio insular para denunciar la dominación del Norte sobre el Sur y la lógica mercantilista de la globalización bajo la mirada atenta y silenciosa del gecko, reptil que no cierra nunca los ojos.
Johary Ravaloson reorienta el rol del escritor poscolonial definiéndose a sí mismo como un autor dégagé –liberado- como reacción a la figura del escritor engagé (comprometido). Artista plástico, Ravaloson reivindica el derecho de escoger libremente los temas de su escritura poniendo entre paréntesis el contexto inmediato de miseria y de corrupción. Después de haber vivido en Francia y en La Reunión, publica algunos relatos breves (La Porte du Sud, 2003) y un libro de viajes y reflexiones fruto de su encuentro con los escultores en madera de la región Zafimaniry (Zafimaniry intime, 2009). En 2010 aparece su primera novela, Géotropiques, reflexión sobre el amor y la muerte con la pasión por el surf y la literatura como telón de fondo.
Como género importado de Europa, el teatro a la italiana comienza su andadura en el siglo XIX bajo la influencia de las misiones hasta configurarse, a partir de los años veinte del pasado siglo, un tipo de teatro que sufrirá pocas variaciones hasta finales de los años cuarenta y que cuenta aún hoy con adeptos. La influencia del hira gasy y del konsertra masina (concierto religioso) conlleva la introducción del canto en el teatro (denominado kalon’ny fahiny o canto de antaño): al inicio del drama, el coro anuncia mediante el canto la intención moral de la obra que se desarrolla a lo largo de tres actos (cada uno de ellos implica un cambio de espacio) donde los diálogos se alternan con una veintena de cantos. Muchos críticos malgaches han condenado esta práctica por considerar que repite información ya proporcionada en los diálogos, interrumpiendo la emoción dramática y privilegiando el musical por encima del teatro. Pero el teatro sin música nunca ha sido popular. El contenido moralizador debe poder deducirlo el espectador de la trama y del comportamiento de los personajes. El bemiray (amalgama) invita a presentar un mundo de contrastes y de acontecimientos imprevisibles habitado por héroes cuya humanidad se refleja en el hecho de que poseen cualidades opuestas (valentía y cobardía, por ejemplo). Salvo raras excepciones, la acción se desarrolla en Madagascar, ya sea privilegiando el maravilloso malgache, la sociedad o la historia. En su voluntad de rehabilitar el patrimonio cultural malgache, el teatro también se impregna de la tendencia a la simbolización propia de la tradición. Agape des Dieux de Rabemananjara (1962) hace del lago Tritriba el símbolo del fin de la esperanza para los enamorados incomprendidos o rechazados por su medio social. Robinary retoma un tema semejante en Au seuil de la terre promise (1965) mientras que en Le prince de l’étang de Charlotte Rafenomanjato el protagonista es un lago que distribuye justicia gracias a sus misteriosos poderes (la presencia de espacios de agua estancada no es ajena a la tradición malgache, que ve en el agua una amenaza de disolución de la tierra). En Sambany (1980), obra escrita originalmente en malgache, Michèle Rakotoson pone en escena a una mujer rechazada por todos a causa de su esterilidad. Las obras de corte social buscan educar al espectador mostrando a personajes marginales (prostitutas, mendigos) o recreando episodios históricos de la era precolonial que traducen la necesidad de superar las diferencias entre regiones para consolidar la nación, como L’oiseau de proie de Charlotte Rafenomanjato, centrado en la conquista del pueblo sakalava por Radama en el siglo XIX, o Le rebelle de Josette Rakotondradany, que refiere las maniobras de Andriananpoinimerina para unificar el reino y el suicidio colectivo de un grupo de malgaches betsileo que rechazan someterse a la dominación merina. David Jaomanoro y Michèle Rakotoson abandonan las formas clásicas para experimentar a través de la mezcla de registros, los juegos de palabras o el discurso enigmático y romper, así, con la voluntad didáctica del teatro tradicional y con las normas del mismo, como la prohibición que impide a los personajes inferiores en la jerarquía social mirar directamente a sus superiores o dirigirse a ellos elevando la voz. Aunque el público, amante sobre todo del hira gasy en malgache y del teatro tradicional expuesto más arriba, permanece ajeno en su mayoría a estas obras que, al estar escritas en francés, son representadas principalmente en centros culturales y universidades.
En un país donde reinan la pobreza galopante y la inestabilidad política, la cultura no constituye una prioridad de los programas de desarrollo. Algunos esfuerzos recientes en materia editorial no impiden que los autores distribuyan sus textos inéditos entre sus conocidos y en asociaciones culturales o que los editen a cuenta de autor. Grupos como Sandatra o Fivohy (literatura en malgache), o la Société des écrivains de l’océan Indien (literatura en francés), buscan dinamizar y promover la creación literaria a la vez que aspiran a conectar con un público más amplio. Pero el paso de una literatura escrita, reducida a una élite, a otra cuya producción y consumo se realice a mayor escala (caso de las novelas populares de Rapatsalahy/Idealy-Soa) requiere resolver la cuestión de la edición y del establecimiento de circuitos de producción y de difusión locales. La sacralización de la cultura escrita, ajena a buena parte de la población, no ha conseguido por suerte acabar con la oralidad. La difusión de obras de teatro y de poesía a través de la radio y de la televisión y, más recientemente, de Internet, favorece nuevas formas de interacción entre oralidad, escritura y audio-visual que modifican la aprehensión del fenómeno literario en Madagascar y que merecerían más atención por parte de instituciones y crítica.


