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Universitat Autnoma de Barcelona

Literatures vernàcules

La literatura malgache es, ante todo, una literatura oral cuyos géneros corresponden a diversas formas artísticas de la oratoria. Los géneros poéticos propios de la literatura tradicional malgache (kabary, sôva, hainteny, ohabolana, etc.) surgen de un mundo cuyos valores estéticos, culturales y sociales se vieron durante siglos poco expuestos a contactos con el exterior y que transforma en materia poética los referentes naturales. La musicalidad y el ritmo ocupan un lugar preponderante, de modo que la elección de una determinada entonación conlleva la introducción de ciertos valores poéticos en lugar de otros e incluso orienta la interpretación de los tropos. En un principio, el kabary fue un comunicado oral de tipo político o administrativo que la autoridad transmitía al pueblo para informar, por ejemplo, de la realización de trabajos colectivos como la construcción de presas o de obras de canalización de aguas. El kabary ritual es un componente indispensable de las ceremonias públicas (bodas, funerales, exhumación) que requiere la utilización de un discurso solemne, armonioso y estructurado, ilustrado convenientemente por proverbios y refranes. El kabary tradicional, que puede alcanzar una gran riqueza y complejidad retórica, se desarrolla en cuatro etapas: el preámbulo, las excusas previas, los saludos y deferencias y el contenido propiamente dicho. En función de este último se distinguen diferentes tipos de kabary. El nupcial, por ejemplo, consiste en un intercambio de discursos entre los representantes de los novios durante el cual cada familia expone los méritos del contrayente en vista a obtener una negociación favorable. Del talento y la habilidad desplegados por cada mpikabary (orador) depende la defensa de los intereses de la parte que representa y la credibilidad social de la misma.

El hainteny es una creación oral colectiva que se practica en momentos importantes para la comunidad. Emparentado con el pantum malayo, este género mantiene vínculos con otros géneros tradicionales como el ohabolana (proverbio, sentencia en uno o dos versos), del que toma el ritmo aunque es de mayores dimensiones, o el kabary, del que se distingue por su temática lúdica y a menudo erótica que provocó su censura por parte de los misioneros. El contexto de producción oral es la justa poética en la que se van alternando preguntas y respuestas con abundancia de enigmas y adivinanzas. La acumulación de figuras de estilo tanto en el plano del significante como en el del significado hace del hainteny tradicional un género difícil y obscuro al que ningún otro iguala en cuanto a complejidad temática y densidad retórica. La publicación en 1913 de Les Hain-tenys (sic) merinas (sic), poésies populaires malgaches recueillies et traduites par Jean Paulhan da a conocer este género poético en Europa. Pero Paulhan lo convierte en un género superior a los demás e intelectualiza su interpretación, además de fijar sus formas. Sin embargo, a diferencia de la selección editada por Paulhan, el hainteny, como género oral que es, carece de versión definitiva. La traducción escrita dificulta también la restitución de la polisemia que le es propia. Trabajos más recientes insisten en la necesidad de volver a situar al hainteny en su contexto de producción, señalando, por ejemplo, que el carácter enigmático de esta forma poética constituye a menudo una estrategia de contestación política.

El hira-gasy es un género oral en el que se articulan expresión poética, canto, música y danza. El origen de esta especie de opereta popular remontaría al siglo XVI y se iniciaría con los concursos musicales que tenían lugar en la región merina. La unificación del país iniciada por Andrianampoinimerina conllevó la ampliación de los arrozales y la construcción de diques. Para entretener a los trabajadores se hacía venir a grupos de artistas que ejecutaban piezas musicales, bailaban, cantaban y realizaban acrobacias además de recitar discursos poéticos. La unión de todos estos elementos dio lugar al hira-gasy (canto malgache), que se convirtió en una manifestación artística enormemente popular e indispensable para animar las celebraciones sociales. Durante la colonización, el poder de convocatoria de estas manifestaciones artísticas era visto con desconfianza por las autoridades. El hira-gasy incorporó en esta época ropas e instrumentos occidentales (violines, trompetas). Cada representación se estructura en varias partes: al inicio se pronuncia un kabary que, como ya se ha visto, posee a su vez una estructura específica; después siguen las danzas, para acabar con un momento de diversión en el que los actores realizan acrobacias. Las representaciones tienen lugar al aire libre, principalmente durante la estación seca (de mayo a octubre), menos calurosa. El público es el único juez de las cualidades de los actores (mpihira gasy) -artistas autodidactas a menudo procedentes del medio rural que pueden llegar a ser muy admirados- y de las del espectáculo: coreografías, vestuario, contenido temático. Este último es muy variado y va adaptándose a cada época: el hira gasy constituye un espacio público donde se debaten las condiciones de vida y los problemas cotidianos de la población y se sensibiliza al público sobre cuestiones actuales como la violencia de género, el alcoholismo o el sida. En los mercados pueden encontrarse copias con las canciones de mayor éxito y es frecuente que los cantantes locales se inspiren de éstas para sus composiciones.

Los géneros narrativos (mitos, cuentos) tradicionales malgaches están protagonizados a menudo por Zatovo -sobre todo en las producciones de los Bara (sur de la isla)-, quien rechaza la creación divina llegando a acusar de loco al creador y convirtiéndose en su rival. Zatovo es un eterno descontento con su situación que siempre está cambiando de lugar (cueva, tierra, cielo). Aunque supera todas las pruebas que le pone Dios, nunca consigue resolver su insatisfacción en la tierra, donde se degrada llegando a matar y a devorar a su hijo para calmar su apetito. A diferencia de los géneros narrativos, que reciben una apelación común, otros géneros orales poseen particularidades propias a cada región. Así, el sôva tsimiethy, por ejemplo, es el nombre que recibe este género prosódico en la región noroeste del país (Tsimiethy). El sôva requiere un trabajo de creación personal y original tanto en el contenido como en la forma de la composición y en su presentación. Los artistas de este género, cuyo aspecto improvisado es sólo aparente, necesitan un período de reflexión y de práctica, por lo que suele tratarse de personas de una cierta edad. Los discursos pueden referirse tanto a objetos de la creación -animales, plantas-, al creador, Zanahary (Dios en malgache), o a valores tradicionales o actuales (la forma de vida de los vazaha, la necesidad de mantener el orden social, etc.).