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Universitat Autònoma de Barcelona

Maurici i Seychelles : Generalitats

A diferencia de Reunión, donde la mayor parte de la población es de origen africano, la mayoría mauriciana está formada por los descendientes de los indios que fueron contratados para trabajar en las plantaciones. Esta predominancia del componente indo-mauriciano constituye la principal especificidad cultural y social de la isla, conocida como “Little India”. Los árabes habrían sido los primeros en avistar la isla aunque no llegaron a instalarse. A principios del siglo XVI, Mauricio figura en un mapa portugués con un nombre árabe, Dina Mozare (1). A finales del siglo XVII unos cuantos colonos holandeses se instalan en la isla trayendo consigo un primer contingente de esclavos. El balance de la colonización holandesa no es positivo: importación involuntaria de enfermedades, extinción del célebre dodo, tala desmedida de árboles y algún topónimo que ha permanecido hasta hoy (Mauritius, nombre que recibe la isla en honor al príncipe holandés Mauricio de Nassau, Pieter Both, Plaines Wilhems). En 1643, los franceses se instalan en Fort-Dauphin rebautizando la isla con el nombre de Île de France. La llegada del gobernador Mahé de La Bourdonnais en 1735 marca el inicio de una época de prosperidad que convierten a Mauricio en una colonia rentable. Se llevan a cabo importantes obras de urbanización. A finales del siglo XVIII, los británicos comienzan a interesarse por la isla, que se ha convertido en un enclave marítimo estratégico. Los franceses capitulan en 1810 dejando la administración en manos de la corona británica. Sin embargo, el escaso número de británicos que se instaló definitivamente en la isla permitió a los propietarios franceses, que contaban con la colaboración de la iglesia católica, mantener su lengua y sus costumbres (2). Con la apertura del canal de Suez, Mauricio pierde su posición estratégica en el Índico. A partir de los años treinta del siglo XX, comienzan los movimientos sociales de reivindicación de una mayor libertad. En 1968, la independencia se hace efectiva y sube al poder Seewoosagur Ramgoolam, jefe del partido de los trabajadores, que defiende sobre todo los intereses de los indo-mauricianos. Se introduce un sistema parlamentario de tipo británico que autoriza la creación de nuevos partidos políticos como el PMSD (Partido Mauriciano Social Demócrata), que defiende los intereses de los franco-mauricianos y de los “criollos”, y el MMM (Movimiento Militante Mauriciano), de orientación izquierdista. Mauricio se convierte en república en 1992. La política de liberalización económica y el desarrollo del turismo ha dado lugar a un crecimiento notable de la economía, aunque también ha conllevado importantes problemas medio-ambientales. Con todo, las desigualdades sociales siguen siendo enormes.

Contrariamente a lo que sucede en la vecina isla de Reunión, el término «criollo» no designa en Mauricio al conjunto de sus habitantes sino a los de precedencia africana (descendientes, por lo tanto, de esclavos). Cada comunidad interioriza su propia visión del país, de Mauricio, de modo que, como afirman a menudo los mauricianos, el mejor lugar para tomar conciencia de la pertenencia común a una misma nación sigue siendo el extranjero. A su llegada, los coolies (trabajadores contratados) ocuparon los alojamientos que anteriormente habían ocupado los esclavos. “Esclavo después del esclavo” (Torabully), figura donde se concentran todas las ambigüedades –esclavo voluntario, malaba déyien (malabar “de rien”, insignificante), aliado de la oligarquía azucarera, el coolie aprende a dominar la propiedad (recreando su relación fundadora con la Maati, la tierra madre) y la organización política. A diferencia del esclavo, cuya humanidad es totalmente negada, el coolie se aferra a su lengua, sus costumbres y sus textos fundadores que han atravesado con él el kala pani, el mar prohibido. Marcado por su adhesión al significado del viaje, al contrato inicial que puede mejorar mediante la ley, el coolie se convertirá en contable, historiador y escriba, en artesano del texto jurídico que, paso a paso, irá adaptando a su estrategia de ascensión social. Hasta los años sesenta, su relación con el francés es conflictiva: la esclavitud tuvo lugar bajo la dominación francesa mientras que algunos gobernadores británicos mostraron una actitud más protectora, aunque no por ello menos ambigua, respecto de los coolies, que se refugian en el inglés, lengua de prestigio que los emancipados francófilos no dominan, como una forma de compensación cultural y política. El coolie, que reivindica sus derechos en inglés, y el emancipado, que se sirve del francés, se dan la espalda. El acceso a la modernidad y a las nuevas tecnologías, cuya exportación constituye, con el turismo, la principal fuente de ingresos de la isla, no ha comportado la desaparición del modelo de comunidades separadas heredado del sistema de plantación colonial. La acumulación de capital simbólico en torno a «lo criollo», tanto a la lengua como las producciones culturales que la utilizan, se ve, así, comprometida en un campo literario problemático, dado que los autores, para consolidarse como tales, dependen del reconocimiento exterior.


(1) “Del levante”. En el mismo mapa, Reunión es llamada Dina Margabim (del poniente).
(2) Ello, y una mayor proximidad con el criollo, explica la permanencia de la lengua francesa en un país ocupado por Gran Bretaña entre 1810 y 1968 en el que el sistema de enseñanza sigue el modelo británico.