Yo también soy Arguedas
IndÃgenas o no, muchos peruanos reconocen en Arguedas la imagen de la complejidad conflictiva de su origen o de su contexto. El vÃdeo acaba con la imagen y las palabras en quechua de Máximo Damián Huamani, el violinista indio a quien Arguedas dedicó El zorro de arriba y el zorro de abajo, su gran novela póstuma, junto con Emilio Adolfo Westphalen, el gran poeta del que este año también se conmemora el nacimiento.
José MarÃa Arguedas narra su infancia y las circunstancias que le llevaron a formar parte del mundo indÃgena. Y Alicia Maguiña canta una composición suya dedicada a José MarÃa Arguedas, "una canción que integra la música de la costa y de la sierra", según las palabras de la compositora.
José MarÃa Arguedas canta Carnaval de Tambobamba
Asà comenta Arguedas esta canción, que se canta en Tambobamba en las fiestas de carnaval, en el artÃculo antropológico El carnaval de Tambobamba en La prensa, Buenos Aires, 15 de febrero de 1942.
"El carnaval es en febrero, en el tiempo de la creciente, cuando el ApurÃmac es turbio, cuando su sonido aumenta y se vuelve áspero y verdaderamente salvaje. La lluvia es feroz en la quebrada, casi siempre cae en tormenta, suena y causa espanto. El eco de la lluvia se produce en todos los grandes barrancos, las cumbres de los cerros parecen temblar, por las pequeñas hondanadas de las faldas bajan torrentes negros que arrastran piedras y árboles. Todo va al rÃo grande. Y el agua del ApurÃmac, cada vez más alta, más turbia, se revuelve en grandes remolinos y tumbos, quebrándose en los recodos, salpicando, se atropella y truena. Parece el germen de la lluvia, la imagen del cielo enfurecido y oscuro.
Es el tiempo del carnaval. En estas noches, cuando la voz del rÃo suena con su máximo poder, en todos estos pueblitos de la quebrada, prendidos sobre el abismo, salen a cantar y a bailar el carnaval, el canto guerrero, que es como la ofrenda al rÃo crecido y terrible, al cielo agitado y a la noche lóbrega.
En algunos pueblos la canción es tierna y amorosa, pero en el ApurÃmac hondo, en Tambobamba, por ejemplo, es triste. La de Tambobamba debe ser muy antigua. Yo no conozco otra canción más cruel y hermosa: [...]
Una incontenible desesperación despierta este canto, una tristeza que nace de toda la fuerza del espÃritu. Es como un insuperable deseo de luchar y de perderse, como si la noche lóbrega dominada por la voz profunda del rÃo se hubiera apoderado de nuestra conciencia, y se canta sin descanso, cada vez con más ansia y con más angustia. Es un desenfreno de tristeza y de coraje. Toda la esencia del vivir humano agitada con ardiente violencia en todo nuestro mundo interior sensible. Los que no saben el quechua escuchan el canto con mucha gravedad y adivinan todo lo trágico y cruel que es su contenido.
Espero llegar a Tambobamba, al mismo pueblo, y cantarlo en la plaza, en coro con la gente de la quebrada, con cincuenta guitarras y tinyas, oyendo la voz del gran rÃo, confundido en este canto que es su fruto más verdadero, su entraña, su imagen viviente, su voz humana, cargada de dolor y de furia, mejor y más poderosa que su propia voz de rÃo, rÃo gigante que cavó mil leguas de abismo en la roca dura.
Guillermo Rochabrun. UNA SESION DE CANTO
El 22 de Noviembre de 1969 un dÃa sábado, apenas seis dÃas antes del disparo fatal con el que José MarÃa Arguedas se quitara la vida, tuvo lugar en su casa de Chaclacayo un largo encuentro familiar y amical. Estuvieron con Arguedas y su esposa Sybila Arredondo, MarÃa Rosa Salas, Jesús Ruiz Durand, Carolina Tellier, hija de Sybila, y la dama chilena Gaby Heinecke, quien fuera esposa del historiador Rolando Mellafe. Estuvo también presente Diego Cisneros, Hijo de MarÃa Rosa, en ese entonces de 3 años. Per seguir llegint ...
Algunas canciones relacionadas con la sesión de canto en que Arguedas enseñaba a MarÃa Rosa Salas cómo cantar los cantos quechuas: en la primera, canta Arguedas ; en la segunda MarÃa Rosa Salas canta, años después.
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