Petroni, Satíricon 85-87. (Ed. Akal Trad. Carmen Codoñer)
"Cuando me desplacé a Asia, al
servicio de un cuestor, busqué alojamiento en Pérgamo. Allí, instalado
ya a gusto, no sólo por lo confortable de la casa, sino por la
extraordinaria belleza del hijo del dueño, me tracé un plan para no
despertar las sospechas del cabeza de familia. Así que, siempre que se
mencionaba durante la comida las relaciones sexuales con jovencitos, me
ponía tan pálido de ira, me negaba con tan sombría severidad a que mis
oídos se vieran alcanzados por conversaciones obscenas, que la madre,
sobre todo, me veía como único entre los filósofos. Y ya había
comenzado yo a llevar al muchacho al colegio, yo a organizar sus
estudios, yo a instruirle y darle normas de conducta para que ningún
seductor fuera admitido en el hogar".
"Un día estábamos descansando en la sala de estar porque al ser fiesta
había quedado reducida la jornada escolar y, como la tertulia se había
prolongado, nos había dado pereza retirarnos. Poco más o menos a
medianoche me doy cuenta de que el muchacho estaba despierto. De modo
que, en un susurro apenas perceptible, hice una promesa: "Venus, señora
mía, si le doy un beso a este muchacho y no se da cuenta, mañana le
regalaré un par de palomas". Al escuchar el precio de mi capricho el
muchacho comenzó a roncar. De modo que, acometiendo al simulador, le
hice objeto de unos besitos. Contento con estos comienzos me levanté
muy temprano por la mañana, le llevé un par de palomas bien
seleccionadas -ya las estaba esperando- y cumplí con mi promesa".
"A la noche siguiente, como se me ofreciera la misma oportunidad,
cambié de deseo y dije: "Si lo acaricio bien acariciado y no se da
cuenta, si se deja, le regalaré dos gallos de pelea". Ante esa promesa
el efebo, sin que nadie le presionara, se me arrimó y -en mi opinión-
concibió el temor de que yo me durmiera. Al verlo preocupado me mostré
condescendiente y me cebé en todo su cuerpo aunque sin alcanzar el
clímax. Después, cuando se hizo de día le llevé -él estaba muy
contento- todo lo que había prometido".
"Cuando la tercera noche se me presentó la ocasión, me acodé junto al
oído del supuesto durmiente y dije: "Dioses inmortales, si consigo un
orgasmo pleno y satisfactorio mientras está dormido, a cambio del
placer obtenido, mañana le regalaré al muchacho el mejor de los
caballos macedonios; ahora bien, con una condición: que no se dé
cuenta". Nunca el efebo durmió tan profundamente. De modo que, para
empezar, llené mis manos de sus pechos blancos y juveniles, luego quedé
prendido en un beso sin fin y, por fin, se me dieron unidos en uno
todos mis deseos. Por la mañana, tomó asiento en la habitación y se
puso a esperar, cosa ya habitual. Sabes cuánto más fácil es comprar
unas palomas o unos gallos que un caballo. Además, yo también temía que
un regalo tan grande hiciera sospechosa mi amabilidad. Así que, después
de pasearme unas cuantas horas, volví a mi alojamiento y lo único que
hice fue dar un beso al muchacho. Pero él, mirando hacia todos lados,
mientras me rodeaba el cuello en un abrazo me dijo: "Por favor, señor,
¿dónde está el caballo?".
"Como con esta ofensa me había cerrado el camino, tuve que volver a
aprovechar las oportunidades. En efecto, al cabo de unos días, como un
acontecimiento parecido nos hubiese colocado en la misma situación,
cuando percibí que su padre roncaba, me puse a rogarle al efebo que
hiciera las paces conmigo, es decir, que me dejara hacerle feliz y
todas esas cosas que dicta un ansia de placer desmedida. Pero él,
profundamente irritado, no decía más que: "Duérmete o se lo digo
inmediatamente a mi padre". Nada es tan difícil que una mala
inclinación no logre arrancar. Mientras insiste en decir "Despertaré a
mi padre" logré violentarlo y le arranqué un goce total haciendo como
que se resistía. Cuando se hubo quejado durante un rato de que lo había
engañado, me había burlado de él y puesto en evidencia ante sus
compañeros de estudios con los que había presumido de mis regalos, me
dijo: "Bueno, para que veas, no voy a ser igual que tú. Si quieres,
hazlo otra vez". Yo, dejando aparte la ofensa, hice las paces con mi
muchacho y, después de aprovecharme de su concesión, caí dormido. Pero
no se conformó el muchacho con la repetición, estando como estaba en
plenas facultades y en una edad que lo inducía a aguantarlo todo. De
modo que me sacó de mi profundo sueño y me dijo: "¿No te apetece?"
Todavía no era demasiado molesto el regalo. Por tanto, bien que mal,
entre jadeos y sudores, molido yo, consiguió lo que quería y yo de
nuevo caí dormido agotado por los goces. No había pasado ni una hora
cuando empezó a pellizcarme y a decirme: "¿Por qué no lo
hacemos?" Entonces yo, tantas veces despertado, completamente
pálido de ira, le contesté con sus mismas palabras: "Duérmete o se lo
digo inmediatamente a tu padre".
Text llatí
[LXXXV] EVMOLPVS. "In Asiam cum a quaestore essem stipendio eductus,
hospitium Pergami accepi. Vbi cum libenter habitarem non solum propter
cultum aedicularum, sed etiam propter hospitis formosissimum filium,
excogitaui rationem qua non essem patri familiae suspectus amator.
Quotiescunque enim in conuiuio de usu formosorum mentio facta est, tam
uehementer excandui, tam seuera tristitia uiolari aures meas obsceno
sermone nolui, ut me mater praecipue tanquam unum ex philosophis
intueretur. Jam ego coeperam ephebum in gymnasium deducere, ego studia
eius ordinare, ego docere ac praecipere, ne quis praedator corporis
admitteretur in domum.
Forte cum in triclinio iaceremus, quia dies sollemnis ludum artauerat
pigritiamque recedendi imposuerat hilaritas longior, fere circa mediam
noctem intellexi puerum uigilare. Itaque timidissimo murmure uotum feci
et: "Domina, inquam, Venus, si ego hunc puerum basiauero, ita ut ille
non sentiat, cras illi par columbarum donabo". Audito uoluptatis pretio
puer stertere coepit. Itaque aggressus simulantem aliquot basiolis
inuasi. Contentus hoc principio bene mane surrexi electumque par
columbarum attuli expectanti ac me uoto exsolui.
[LXXXVI] Proxima nocte cum idem liceret, mutaui optionem et: "Si hunc,
inquam, tractauero improba manu, et ille non senserit, gallos
gallinaceos pugnacissimos duos donabo patienti". Ad hoc uotum ephebus
ultro se admouit et, puto, uereri coepit ne ego obdormissem. Indulsi
ergo sollicito, totoque corpore citra summam uoluptatem me ingurgitaui.
Deinde ut dies uenit, attuli gaudenti quicquid promiseram. Vt tertia
nox licentiam dedit, consurrexi ad aurem male dormientis: "Dii, inquam,
immortales, si ego huic dormienti abstulero coitum plenum et optabilem,
pro hac felicitate cras puero asturconem Macedonicum optimum donabo,
cum hac tamen exceptione, si ille non senserit". Nunquam altiore somno
ephebus obdormiuit. Itaque primum impleui lactentibus papillis manus,
mox basio inhaesi, deinde in unum omnia uota coniunxi. Mane sedere in
cubiculo coepit atque expectare consuetudinem meam. Scis quanto
facilius sit columbas gallosque gallinaceos emere quam asturconem, et,
praeter hoc, etiam timebam ne tam grande munus suspectam faceret
humanitatem meam. Ergo aliquot horis spatiatus, in hospitium reuerti
nihilque aliud quam puerum basiaui. At ille circumspiciens ut ceruicem
meam iunxit amplexu: "Rogo, inquit, domine, ubi est asturco?"
[LXXXVII] Cum ob hanc offensam praeclusissem mihi aditum quem feceram,
<mox tamen> iterum ad licentiam redii. Interpositis enim paucis
diebus, cum similis casus nos in eandem fortunam rettulisset, ut
intellexi stertere patrem, rogare coepi ephebum ut reuerteretur in
gratiam mecum, id est ut pateretur satis fieri sibi, et cetera quae
libido distenta dictat. At ille plane iratus nihil aliud dicebat nisi
hoc: "Aut dormi, aut ego iam dicam patri". Nihil est tam arduum, quod
non improbitas extorqueat. Dum dicit: "Patrem excitabo ", irrepsi tamen
et male repugnanti gaudium extorsi. At ille non indelectatus nequitia
mea, postquam diu questus est deceptum se et derisum traductumque inter
condiscipulos, quibus iactasset censum meum: "Videris tamen, inquit,
non ero tui similis. Si quid uis, fac iterum". Ego uero deposita omni
offensa cum puero in gratiam redii, ususque beneficio eius in somnum
delapsus sum. Sed non fuit contentus iteratione ephebus plenae
maturitatis et annis ad patiendum gestientibus. Itaque excitauit me
sopitum et: "Numquid uis?" inquit. Et non plane iam molestum erat
munus. Vtcunque igitur inter anhelitus sudoresque tritus, quod uoluerat
accepit, rursusque in somnum decidi gaudio lassus. Interposita minus
hora pungere me manu coepit et dicere: "Quare non facimus?" Tum ego
toties excitatus plane uehementer excandui et reddidi illi uoces suas:
"Aut dormi, aut ego iam patri dicam". <. . .>
