L.Q. Cincinnat (Gredos. Trad. de )
[...] entonces, cuando alguien corrió hacia él y le exhortó a que se adecentara más, entró en la cabaña y después de vestirse se presentó ante ellos. Entonces, todos los que habían ido a escoltarle le saludaron no por su nombre, sino como cónsul, le vistieron con una ropa bordada en púrpura y, después de colocar delante de él las hachas y las demás insignias de su cargo, le pidieron que les acompañara a la ciudad. Él, aguardando un poco y entre lágrimas, habló así: “Entonces, este año mi campo quedará sin siembra y correremos el peligro de no tener de qué alimentarnos”. Luego, abrazó a su mujer y encargándole que se ocupara de los asuntos de la casa, marchó a la ciudad. Me vi impulsado a contar esto por ninguna otra razón que la de dejar claro a todos cómo eran los dirigentes de la ciudad de Roma en esa época, que vivían del trabajo de sus manos, eran modestos, no les disgustaba una pobreza honrada y no perseguían poderes reales, sino que incluso rehusaban los que les ofrecían.
