Porsenna

Intents de restablir el poder etrusc per part de Porsenna

T.Livi, Ab urbe condita II

Habíanse refugiado los Tarquinios con Larte Porsena, rey de Clusino. Allí, uniendo súplicas y consejos, le pedían no consintiese que príncipes oriundos de Etruria, que tenían su misma sangre y su mismo nombre, viviesen en el destierro y la miseria. Mostrábanle “que no convenía dejar impune la costumbre naciente de expulsar reyes; que la libertad tenía demasiados atractivos por sí misma; que si los reyes no defendían con tanto ardor sus tronos como empleaban los pueblos en conquistar la libertad, muy pronto quedarían confundidos todos los rangos, no habría en los Estados distinciones ni categorías y terminaría el poder real, admirable intermediario entre los hombres y los dioses”. Persuadido Porsena de que sería ventajoso para los toscanos que hubiese en Roma un rey de raza etrusca, marchó contra la ciudad al frente de poderoso ejército. Hasta entonces, jamás se había apoderado del senado terror tan profundo; tan temible era en aquella época el poder de Clusino; tan grande era el nombre de Porsena. No se temía solamente a los enemigos, sino a los mismos ciudadanos  de Roma, porque asustado el pueblo, podía recibir a los reyes en la ciudad, y comprar la paz a precio de la libertad. Así fue que, mientras duró el peligro, el Senado empleó con el pueblo todos los medios de seducción. Ocupáronse ante todo de procurarle víveres y enviaron gentes a los volscos y hasta a Cumas para comprar trigo. El monopolio de la sal,  que se vendía a precio excesivo, se retiró a los particulares y se reservó al Estado. Libertose al pueblo de los derechos de entrada y en general de todo impuesto. Dejose a los ricos solamente la carga de contribuir a los gastos del Estado, puesto que podían soportarla, mientras que los pobres le pagaban demasiado elevado criando sus hijos. Esta condescendencia del Senado conservó tan bien la concordia entre los ciudadanos, hasta durante los horrores del sitio y del hambre, que los últimos como los primeros mostraron igual aversión por el nombre de rey, y en lo sucesivo nadie pudo jamás por medios ilícitos hacerse tan popular, como lo fue el Senado gracias a su prudente gobierno.

Text llatí

[9] Inde P. Valerius iterum T. Lucretius consules facti. Iam Tarquinii ad Lartem Porsennam, Clusinum regem, perfugerant. Ibi miscendo consilium precesque nunc orabant, ne se, oriundos ex Etruscis, eiusdem sanguinis nominisque, egentes exsulare pateretur, nunc monebant etiam ne orientem morem pellendi reges inultum sineret. Satis libertatem ipsam habere dulcedinis. Nisi quanta ui ciuitates eam expetant tanta regna reges defendant, aequari summa infimis; nihil excelsum, nihil quod supra cetera emineat, in ciuitatibus fore; adesse finem regnis, rei inter deos hominesque pulcherrimae. Porsenna cum regem esse Romae tutum, tum Etruscae gentis regem, amplum Tuscis ratus, Romam infesto exercitu uenit. Non unquam alias ante tantus terror senatum inuasit; adeo ualida res tum Clusina erat magnumque Porsennae nomen. Nec hostes modo timebant sed suosmet ipsi ciues, ne Romana plebs, metu perculsa, receptis in urbem regibus uel cum seruitute pacem acciperet. Multa igitur blandimenta plebi per id tempus ab senatu data. Annonae in primis habita cura, et ad frumentum comparandum missi alii in Volscos, alii Cumas. Salis quoque uendendi arbitrium, quia impenso pretio uenibat, in publicum omne sumptum, ademptum priuatis; portoriisque et tributo plebes liberata, ut diuites conferrent qui oneri ferendo essent: pauperes satis stipendii pendere, si liberos educent. Itaque haec indulgentia patrum asperis postmodum rebus in obsidione ac fame adeo concordem ciuitatem tenuit, ut regium nomen non summi magis quam infimi horrerent, nec quisquam unus malis artibus postea tam popularis esset quam tum bene imperando uniuersus senatus fuit.

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