Els orígens del teatre a Roma

Livi, Ab urbe condita VII, 2 (Ed. Gredos. Trad. de José Antonio Villar Vidal)

Durante aquel año y durante el
siguiente, en que fueron cónsules Tito Sulpicio Petico y Gayo Licinio
Estolón, siguió la epidemia. Por eso, no se llevó a cabo nada que
mereciese se recordado, si exceptuamos que, para conseguir la paz de
los dioses, hubo un lectisternio, el tercero desde la fundación de
Roma. Y, como la virulencia de la enfermedad no se aliviaba ni con
remedios humanos ni con la ayuda divina, dominadas las mentes por la
superstición, entre otros recursos para aplacar la cólera divina se
organizaron también, dicen, unas representaciones teatrales; era una
novedad para un pueblo guerrero, pues su único espectáculo había sido
el circo.
Por lo demás, se trató de un hecho de poca monta, como
suelen ser todos los comienzos, y además de origen extranjero. Sin
ningún texto en verso, sin acción escenificadora de textos en verso,
unos ludiones, traídos de Etruria, danzando al son de la flauta ejecutaban unos movimientos no carentes de gracia al estilo etrusco.
Comenzaron
luego los jóvenes a imitarlos, a la vez que se intercambiaban chanzas
en versos toscos acompasando los gestos a las palabras. Recibió así
aceptación el espectáculo y, al ser practicado con frecuencia, cobró
impulso. A los actores vernáculos se les dio el nombre de histriones, pues al ludión en etrusco se le llama ister.
Éstos no se cruzaban, como anteriormente, de forma improvisada unos
versos toscos y sin ritmo, como los fesceninos, sino que representaban saturas
con música ininterrumpida, con un canto regulado ya por la flauta y un
movimiento acompasado. Algunos años más tarde, Livio, que fue el
primero en decidirse a abandonar la satura
y dar unidad a la obra mediante un argumento, representaba, como es
lógico, sus propias obras -ocosa que hacían todos por entonces- y se
cuenta que, al ser llamado para actuar con mucha frecuencia,  se
le debilitó la voz, pidió permiso y colocó delante del flautista a un
muchacho para que cantase, y él representó la parte cantada con
bastante más fuerza en el gesto, porque no tenía el impedimento de
tener que utilizar la voz. A partir de ahí los histriones comenzaron a
tener a mano un cantor y su voz quedó reservada exclusivamente para los
diálogos. Una vez que, con este sistema, las representaciones teatrales
se fueron apartando de la risa y la chanza incontrolada y el juego se
fue transformando en arte, los jóvenes dejaron a los histriones la
representación de las obras de teatro y comenzaron ellos a
intercambiar, según la vieja costumbre, bromas mezcladas con versos; de
ahí lo que, después, se llamó exodia
y se incorporó, sobre todo, a las atelanas. Este tipo de
representación, importado de los oscos, lo tuvo en sus manos la
juventud, que no consintió que lo contaminaran los histriones; por eso
se mantiene la norma de que los actores de atelanas no sean separados
de sus tribus y cumplan el servicio militar como quien no tiene nada
que ver con la profesión comediante. Entre los humildes comienzos de
otras instituciones me pareció que debía reseñar también el origen de
los juegos escénicos, para que quedase patente de qué sensato principio
se llegó a esta insensatez de ahora, apenas soportable por los reinos
más opulentos.

Text llatí

[2] Et hoc et insequenti anno C. Sulpicio Petico C. Licinio Stolone consulibus pestilentia fuit. Eo nihil dignum memoria actum, nisi quod pacis deum exposcendae causa tertio tum post conditam urbem lectisternium fuit. Et cum uis morbi nec humanis consiliis nec ope diuina leuaretur, uictis superstitione animis ludi quoque scenici, noua res bellicoso populo—nam circi modo spectaculum fuerat—inter alia caelestis irae placamina instituti dicuntur; ceterum parua quoque, ut ferme principia omnia, et ea ipsa peregrina res fuit. Sine carmine ullo, sine imitandorum carminum actu ludiones ex Etruria acciti, ad tibicinis modos saltantes, haud indecoros motus more Tusco dabant. Imitari deinde eos iuuentus, simul inconditis inter se iocularia fundentes uersibus, coepere; nec absoni a uoce motus erant. Accepta itaque res saepiusque usurpando excitata. Vernaculis artificibus, quia ister Tusco uerbo ludio uocabatur, nomen histrionibus inditum; qui non, sicut ante, Fescennino uersu similem incompositum temere ac rudem alternis iaciebant sed impletas modis saturas descripto iam ad tibicinem cantu motuque congruenti peragebant. Liuius post aliquot annis, qui ab saturis ausus est primus argumento fabulam serere, idem scilicet—id quod omnes tum erant—suorum carminum actor, dicitur, cum saepius reuocatus uocem obtudisset, uenia petita puerum ad canendum ante tibicinem cum statuisset, canticum egisse aliquanto magis uigente motu quia nihil uocis usus impediebat. Inde ad manum cantari histrionibus coeptum diuerbiaque tantum ipsorum uoci relicta. Postquam lege hac fabularum ab risu ac soluto ioco res auocabatur et ludus in artem paulatim uerterat, iuuentus histrionibus fabellarum actu relicto ipsa inter se more antiquo ridicula intexta uersibus iactitare coepit; unde exorta quae exodia postea appellata consertaque fabellis potissimum Atellanis sunt; quod genus ludorum ab Oscis acceptum tenuit iuuentus nec ab histrionibus pollui passa est; eo institutum manet, ut actores Atellanarum nec tribu moueantur et stipendia, tamquam expertes artis ludicrae, faciant. Inter aliarum parua principia rerum ludorum quoque prima origo ponenda uisa est, ut appareret quam ab sano initio res in hanc uix opulentis regnis tolerabilem insaniam uenerit.

 

Campus d'excel·lència internacional U A B