| Resum: |
¿Han desaparecido del mapa las áreas culturales? ¿Se han substituido por otras categorías que emanan, no ya de la noción de cultura sino quizás de otros ámbitos que inviten también a la comparación entre sociedades? ¿Por qué, y cómo, clasificamos los pueblos indígenas de América hoy? A pesar de la sucesión de defunciones atribuidas al concepto, en las últimas décadas han aparecido una serie de publicaciones encaminadas a resucitar, no tanto el área cultural como conjunto coherente de rasgos que emanan y constituyen una cultura, sino la clasificación misma como objeto (Bender, 2017; Halbmayer, 2017 y 2020; Martínez Mauri y Halbmayer, 2020) para, en aras a la comparación inherente a la antropología, organizar, intelectual o cartográficamente, la realidad sociocultural, sea esta en base a lenguas, a elementos materiales o inmateriales de la cultura, o, finalmente, a identidades surgidas de reflexiones y luchas de las propias sociedades indígenas. La antropología puede haber logrado diluir las fronteras entre agrupaciones humanas, pero no así las sociedades, las concernidas y las globales. Fronteras territoriales para reivindicar el territorio, fronteras concebidas laxas, como laxos sus contenidos. La «impureza» ha penetrado la clasificación, pero persiste, en la etnología y las sociedades amerindias, una inconsciente o plenamente consciente voluntad clasificatoria. |