| Resumen: |
En 1948, en uno de los primeros balances que se realizan de la poesía del exilio republicano de 1939, "La poesía española del destierro en América", Francisco Giner de los Ríos definía el poema "El desterrado" como "la divisa de todos nosotros, la cifra de nuestro ser desterrado" (1948: 4). También la exquisita sensibilidad lectora de Angelina Muñiz-Huberman ha entendido la poesía final de Díez-Canedo como ejercicio de esa poética propia que, a su juicio, genera todo exilio, y particularmente a El desterrado como un libro en el que, además de darse explicación al sentido de la existencia que se buscaba en su obra anterior, se ofrece una "verdadera síntesis de la esencia final, tal vez el poema más representativo del significado del exilio español de 1939. Donde el sueño ya no es lo importante, sino el despertar. Donde nada se pierde" (1999-2000: 284; 1999: 139-254). |