Quedan 59 días para que el RU sea un Estado tercero respecto a la UE y las posibilidades una salida sin acuerdo son cada vez mayores. La sesión de ayer en el Parlamento británico lo confirma.
Repasemos dónde nos encontramos.
Tras dos años de negociaciones, hace unos meses el RU y la UE concluyeron un acuerdo para la salida ordenada de la UE. Dicho acuerdo incluía un período transitorio de más de un año (hasta diciembre de 2020) que permitiría que durante todo ese tiempo el RU, incluso siendo un Estado tercero, siguiera disfrutando plenamente de todas las libertades de la UE (libre circulación de mercancías, libre prestación de servicios, libre circulación de personas), dando así tiempo para llegar a un acuerdo sobre las futuras relaciones entre la UE y el RU, algo que solamente comenzará a negociarse cuando el RU sea un Estado tercero. El acuerdo de salida va acompañado de una declaración política sobre ese futuro marco de relaciones, pero breve y genérico.
Uno de los puntos más complejos en el acuerdo de salida es la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda. La idea de los negociadores (había coincidencia entre la UE y el RU) era de que debía evitarse una frontera física entre las dos Irlandas. Ahora bien ¿cómo lograr esto? Durante el periodo transitorio esto era sencillo, pues, como hemos visto, todo seguiría igual, pero ¿y después? La solución que se halló fue la de que tras el fin del periodo transitorio el RU seguiría integrado en un territorio aduanero común con la UE (artículo 6 del Protocolo sobre Irlanda en el Acuerdo de Salida), de tal manera que no sería necesario establecer dicha frontera porque no sería necesario realizar ningún control fronterizo entre las dos Irlandas. Además, se establece una zona de libre tránsito de personas entre el RU e Irlanda (artículo 5 del Protocolo sobre Irlanda). El coste para el RU sería que no podría establecer aranceles propios mientras siguiera vinculado al territorio aduanero común.
Como es sabido, el acuerdo de salida fue rechazado por el Parlamento británico y la duda se extiende sobre qué es lo que puede pasar ahora. Hace dos días, Carles Górriz publicaba una entrada sobre las distintas posibilidades existentes en este mismo blog y ayer asistíamos a una sesión del Parlamento británico que da cuenta de lo complicado de la situación en la que nos encontramos y de la dificulta de avanzar hacia una solución diferente a la que cada día parece presentarse como única posible: la salida sin acuerdo.
Ayer era el día en el que el Parlamento británico debía abordar “el plan b”; esto es, decidir qué camino emprendería una vez rechazado el acuerdo al que llegaron hace unos meses el Gobierno británico y la UE, un acuerdo que, de momento, sigue su tramitación en las instituciones europeas. Fue aprobado por el Consejo el pasado 11 de enero y ha sido remitido al Parlamento europeo para su aprobación, probablemente en las próximas semanas.
Varias posibilidades se abrían en medio de una enorme confusión. El punto de partida era una declaración de la Primer Ministro británica, Theresa May, de 21 de enero. Respecto a dicha declaración se habían presentado distintas enmiendas que fueron votadas en el pleno.
Interesa destacar que en la declaración de Theresa May se rechazaba la posibilidad de un segundo referéndum y la de revocar la notificación de salida; esto es, de renunciar a abandonar la UE. Esto es importante porque, como es sabido, en el mes de diciembre de 2018 el Tribunal de Luxemburgo dictó una sentencia en la que estableció que el RU podía retirar unilateralmente la declaración de salida antes de la fecha efectiva de ésta; aunque siempre cumpliendo con las exigencias constitucionales del RU. No puede descartarse que el RU utilice esta posibilidad; pero en la sesión del Parlamento británico de ayer se rechazó esta posibilidad.
Lo finalmente aprobado por el Parlamento (puede consultarse aquí) incluye:
- el rechazo a una salida sin acuerdo.
- el rechzo a la solución acordada para la frontera entre las dos Irlandas.
- conminar a la Primera Ministra a acordar con la UE una salida alternativa a la pactada.
- rechazar una frontera “dura” en Irlanda
Y, como hemos visto, rechazar tanto una prórroga del plazo de dos años fijado en el artículo 50 del Tratado de la UE como, implícitamente, la retirada de la notificación de salida.
Así pues, el plan británico es convencer a la UE para que reabra las negociaciones sobre el acuerdo de salida con el fin de modificar la solución pactada para la frontera entre el RU y la República de Irlanda. La respuesta del Presidente del Consejo, Donald Tusk, no se hizo esperar:
O sea:
- no habrá renegociación del acuerdo de salida.
- podría haber prórroga del plazo de los dos años, pero siempre que exista una propuesta del RU que la justifique y no más allá de las elecciones al Parlamento Europeo del mes de mayo (la referencia al funcionamiento de las instituciones europeas). Advierte que para esta extensión es necesaria la unanimidad.
- de lo que se puede hablar es del marco de relaciones futuras.
¿Qué es lo que puede esperarse de estas posiciones encontradas?
Creo que la propuesta de renegociación del acuerdo de salida no tiene ninguna posibilidad. Recordemos que en el momento de aprobarse el acuerdo alcanzado ya comenzaron a manifestarse tensiones dentro de la UE (España y Gibraltar, Francia y las pesquerías). El equilibrio es inestable y no parece posible modificarlo.
Por otra parte hay una cuestión de tiempo. El texto actual se cerró en noviembre y todavía no ha sido aprobado por el Parlamento europeo ¿cómo podría negociarse y aprobarse un texto de aquí a 59 días (recordemos que el Parlamento británico ha rechazado pedir una extensión del plazo)?
Así pues, no habiendo posibilidad real de renegociar el acuerdo de salida ¿cómo articularán los británicos dos posiciones incompatibles entre sí: rechazar una salida sin acuerdo y rechazar el único acuerdo posible?
Tan solo hay una vía para conseguir satisfacer ambas cosas: quedarse en la UE; pero ¿serán capaces de asumirlo? Y para ello sería necesario que el Parlamento británico aprobara una ley que así lo estableciera, pues por ley se adoptó también la decisión de abandonar la UE.
Mi impresión es que los diputados británicos todavía no han asumido la posición real en la que se encuentran y comienzan a verse sobrepasados por las circunstancias. Aprobar ayer dos propuestas contradictorias y no dar entrada a la única que podría reconciliarlas, la permanencia en la UE, quizás justifica el título de esta entrada.
Quedan 59 días y las posibilidades se van cerrando.
Puede consultarse una versión en inglés de esta entrada aquí.
